martes, 5 de julio de 2011

Mecanismos de evolución cultural

Tras ver los componentes teóricos de la Arqueología cognitiva y de su constitución como un método interpretativo de la conducta humana en el Paleolítico, puede parecer que todas estas consideraciones son muy teóricas y de dudosa utilidad práctica dentro del registro arqueológico. Sin embargo, su aplicación como método explicativo del registro arqueológico parece indicar otra cosa, sólo hay valorar las posibilidades que sus fundamentos teóricos nos ofrecen.

Primero, nos permite desarrollar un modelo multidisciplinar sobre la conducta humana basado en lo común de todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de sus numerosas culturas. Lo cierto es que su utilidad se limitaría al uso conjunto de los factores comunes o estructurales de nuestro linaje, que podemos obtener de los conceptos actualizados de la Biología evolutiva, Neurología, Psicología, Paleogenética, Lingüística y Sociología. Con estos datos coordinados se elaboraría un estructuralismo funcional, es decir, una base psicobiológica sobre la que se va ha desarrollar nuestro pensamiento y conducta. 

Segundo, este modelo teórico (estructuralismo funcional) nos ofrece unas pautas precisas, útiles y adecuadas para el estudio de la conducta humana, y que podemos ver resumidas en el siguiente cuadro.


Tercero, sus aplicaciones ya han sido realizadas en las primeras etapas de la conducta humana, las cuales pueden verse todas en Internet.

Hasta ahora su utilización ha sido muy limitada, quizás por la falta de las conclusiones que se han podido deducir de la orientación anteriormente expuesta (estructuralismo funcional), así como por el restringido concepto de su propio campo de actuación. Tradicionalmente se ha relacionado con las conductas claramente simbólicas (arte, religión, conductas espirituales y de representación o división social y política, etc.). Esta asignación teórica de tareas a estudiar es cierta, pero ni es todo ni corresponde al principio por donde analizar el simbolismo humano. Igualmente, falla en una verdadera compresión de la naturaleza humana, concepto fundamental para comprender nuestra conducta (simbólica o no).

Hay que conocer los parámetros evolutivos, psicobiológicos, sociales y lingüísticos que van a marcar todo desarrollo conductual. En este contexto el registro arqueológico es un verdadero diario de cuándo y dónde se fueron produciendo los cambios culturales, pero a veces su interpretación ofrece muchas dudas, siendo en este punto donde la Arqueología cognitiva ofrece una nueva y mejor fundamentada posibilidad de aclaración.

En situaciones muy dudosas (abundantes en el Paleolítico medio e inicio del superior) tenemos muy pocos criterios fundamentados para deducir el simbolismo de los objetos o conductas susceptibles de tal asignación. Puede ser más definitivo a la hora de establecer un simbolismo moderno (adornos) valorar el medio ambiente cultural, tecnológico, social y cognitivo, que el simple hallazgo de unos escasos objetos de dudosa interpretación (p. e. conchas perforadas o no), pues tal perforación se realiza habitualmente de forma natural, y la curiosidad humana ya ha sido demostrada en las antiguas poblaciones humanas.

Opino que hay que profundizar mucho en las cusas y condiciones que producen el cambio (evolución) conductual entre las poblaciones humanas del paleolítico. Los cambios conductuales se producen cuando se pueden realizarse y existen las condiciones adecuadas para su producción. En este sentido, la simple evolución no es suficiente para su inmediata realización. Todo cambio requiere la coordinación de los siguientes aspectos:

1.– Evolución neurológica de las capacidades cognitivas que posibilitarían estos cambios.
2.- Desarrollo de estas capacidades en función de las características medioambientales (socioculturales, demográficas, tecnológicas, ambientales, lingüísticas, etc.) donde vivan las sociedades humanas. Sería la emergencia de ciertas capacidades cognitivas.
3.- Necesidad de crear, trasmitir y almacenar la información necesaria para la realización y cambio conductual (lenguaje). 

Como de todas estas condiciones sólo poden conocerse (con relativa seguridad) los aspectos relativos a la conducta de un determinado periodo y lugar, deben de ser estos datos los que nos pongan sobre la pista de una conducta simbólica. Aportando mayor seguridad que el simple hallazgo de elementos dudosamente simbólicos en un medio social, demográfico, cultural y tecnológico que sólo pueden aportar ejemplos de un desarrollo cognitivo y cultural poco elaborado, con un simbolismo primitivo y lejano del considerado como moderno (Rivera, 2010).


jueves, 23 de junio de 2011

Etnología y Prehistoria

La Etnología siempre ha tenido cierta relación con los estudios prehistóricos, tanto es así que en muchas universidades constituye una asignatura de igual importancia que cualquiera del total del programa lectivo. Desde el inicio de la Prehistoria como disciplina se ha intentado sacar conclusiones de los pueblos actuales que presentaban unas formas de cultura y desarrollo tecnológico aparentemente muy parecidas al que pudieron tener los seres humanos paleolíticos. Mucho se ha hablado de estas comparaciones, pero los resultados son poco satisfactorios.







Imagen de aborígenes australianos con su primitiva cultura material (útiles de piedra, lanzas de madera, bumerang, etc.) con ciertas semejanzas a un impreciso periodo paleolítico. 






Actualmente, se ha llegado a la conclusión de que los modelos etnológicos no deben ser aplicados directamente, pero sirven para tomar conciencia de la variabilidad de la conducta humana y crear hipótesis de trabajo. De lo primero estoy de acuerdo, pero lo segundo habría mucho que matizar.

I.- Variabilidad de la conducta humana. Aunque los actuales procesos de globalización van unificando las formas culturales, continúa siendo patente la gran diversidad cultural que existe en las diferentes comunidades humanas. Parece ser una constante que caracteriza el desarrollo de nuestras formas culturales. Sin embargo, tal variabilidad actual es la consecuencia de un complejo y desconocido desarrollo cultural que debió de comenzar en el paleolítico, hace cientos de miles de años. Podríamos limitarnos a la aparición del Homo sapiens, con lo que el periodo de desarrollo cultural se limitaría a unos 150.000 años. La variabilidad en un hecho consumado, pero ¿qué semejanza pueden tener las culturas de nuestra época con las del paleolítico?, y lo que es más complejo aún ¿qué seguridad podemos tener en cualquier analogía que establezcamos?

Un ejemplo de esta variabilidad cultural entre poblaciones modernas (de iguales capacidades cognitivas, pero diferente medio ambiente y desarrollo cognitivo) lo constituye el estudio de los indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales. Se llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los conocidos en nuestras sociedades (Hernando, 1999). Si en la actualidad existen estas diferencias de desarrollo cognitivo, más posibilidades habrá de que se produjeran en las culturas paleolíticas.

II.– Creación de hipótesis de trabajo. El uso de la Etnografía, además de servirnos de comprobación de la variabilidad de la conducta humana, ha estado orientada en la posibilidad de creación de hipótesis de trabajo sobre las formas de culturas de las poblaciones paleolíticas. Lo cierto es que, salvo algunas utilizaciones sobre temas simbólicos (enterramientos, arte, etc.), muy pocas veces se ha utilizado como referente hipotético de las conductas de los yacimientos humanos de este periodo. La razón es la que se apuntó anteriormente, la total falta de seguridad e imposibilidad de comprobación. Estas hipótesis parten de la base de la igualdad cognitiva de los humanos del presente con las poblaciones (al menos con el Homo sapiens) del paleolítico. Aunque esta premisa es cierta, no dice toda la verdad que hoy día conocemos. Las capacidades cognitivas del Homo sapiens (actual y del paleolítico) son las mismas, pero su desarrollo no. Esta última consideración es la que menos se ha tenido en cuanta, y la que más dificulta la posibilidad de que las culturas del presente puedan parecerse a las del pasado.

En muchos medios arqueológicos se sigue trabajando con los patrones psicobiológicos de desarrollo cultural y cognitivo propios de épocas ya superadas. Los conceptos evolutivos, genéticos, neurológicos y psicológicos que van a marcar todo proceso de desarrollo conductual, tienen unos patrones de comportamiento mucho más flexibles que los rígidos conceptos utilizados en el siglo pasado. El cerebro humano consigue su definitiva estructuración conductual (elaboración de redes neurales) por medio de la influencia del medioambiente con el que interactúa. La evolución, al aumentar las áreas asociativas terciarias (de gran potencialidad conductual si se desarrollan adecuadamente) posibilitó el desarrollo de los patrones conductuales de naturaleza simbólica que nos caracteriza. Pero las características del medio ambiente necesario para tal desarrollo hay que crearlas, mantenerlas y transmitirlas generacionalmente, lo que explica la imperiosa necesidad de un lenguaje; así como de tiempo para crear este determinado ambiente cultural (nicho cultural).

Estas características, ya comentadas a lo largo de este blog y que forman el fundamento de la Arqueología cognitiva, son las que impiden la asimilación de las formas culturales del presente con las del pasado, ni siquiera como modelo de hipótesis, pues la conducta de las poblaciones humanos de estos periodos (presente y paleolítico) corresponden a dos situaciones cognitivas y conductuales muy diferentes. Una está en pleno proceso de elaboración de sus elementos más básicos (individualidad social y personal, conceptos de tiempo y del espacio), y la otra lleva miles de años de desarrollo tras alcanzar esos elementos básicos que posibilitan su evolución.

Por tanto, existe una importantísima diferenciación de desarrollo cognitivo (no de capacidades) que justifica la existencia de diferentes evoluciones culturales, basadas en la libre y diferente interpretación de los conceptos de naturaleza abstracta, como son la individualidad social y/o personal, el tiempo, el espacio y, en definitiva, el mundo simbólico que se está creando.

Es en los temas estrictamente simbólicos donde más se han utilizado estas comparaciones, puede que por la falta total de un método de análisis que posibilite su estudio, y la necesidad de exponer hipótesis con un mínimo de referencias que ofrezcan cierto soporte aparentemente científico. Un ejemplo lo tenemos en la traslación de los encargados de materializar la relación entre el mundo material y el espiritual del presente al pasado. Cualquiera de las figuras descritas por la etnografía para establecer las relaciones de los humanos con un mundo espiritual (brujo, chamán, hechicero, etc.) le otorga unas características infundadas para su aplicación a las sociedades paleolíticas. Primero, por no conocer las características del desarrollo espiritual del paleolítico, que tendría sus propias connotaciones consecuencia de la demanda social del periodo. Segundo, el proceso de desarrollo espiritual se produce a lo largo del Paleolítico superior, teniendo diversas características en sus diferentes periodos, pues todo desarrollo cognitivo y cultural es un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, y toda generalización siempre es excesiva y engañosa.

El uso de la Etnología queda relegado a ofrecernos datos sobre la variabilidad de las culturas humanas, pudiendo incluso ofrecernos datos sobre la generalidad de procesos muy universales (conductas espirituales, religiosas, necesidad de intermediarios con el mundo inmaterial, etc.), pero nos obliga a buscar metodologías apropiadas en su explicación científica, y a basarnos estrictamente en los datos arqueológicos, con el fin de limitar los criterios subjetivos que tanta incertidumbre introducen en el trabajo de la Prehistoria.


HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 56 (2), p. 19-35.

sábado, 11 de junio de 2011

Artículo en Zephyrus (Enterramientos musterienses)

El estudio del simbolismo en el paleolítico siempre ha suscitado mucho interés, aunque se ha centrado sobre todo en aquellos periodos en los que sus manifestaciones ofrecían unas claras muestras de su producción (adornos, manifestaciones gráficas, enterramientos con ajuares, etc.). Cuando sus manifestaciones son muy dudosas debido a lo escaso de los restos arqueológicos que nos han llegado (p. e. enterramientos del Paleolítico medio), las propuestas sobre el posible simbolismo que pudieran tener son dispares y a veces opuestas. La causa de estas discrepancias no radica solo en la escasez o mala conservación de los restos arqueológicos, sino que se debe a la falta de un método adecuado para su estudio, lo que facilita interpretaciones que no pasen de las meras opiniones de los autores que sobre tales datos prehistóricos se han manifestado.
Con respecto del simbolismo en el Paleolítico tenemos una serie de conceptos que deben de estar siempre presentes:

- Nunca tendremos la certeza absoluta de lo que pudo pasar.
- La realidad de lo que pudo pasar con gran seguridad se parece o ya ha sido mencionada en las innumerables teorías que hasta la fecha se han dicho, ya sea en su totalidad o de formas muy parecidas.
- Lo importante de las teorías no es lo que dicen, pues bastantes pueden ser posibles, sino el soporte teórico de carácter científico que la produce y fundamenta como una hipótesis (además de ser creíble y lógica).

En este blog he realizado numerosas entradas tratando sobre el simbolismo humano en el paleolítico, haciendo muchas veces referencia a los artículos publicados en diversas revistas. Precisamente, quizás el más interesante de ellos, por tratar del tema de los enterramientos musterienses, no se podía ver en Internet al estar el último número de la revista Zephyrus sólo en papel. Recientemente la han pasado a pdf, por lo que ya puede verse todo el artículo (Rivera, 2010).


En este artículo no sólo se tratan los temas de la muerte y antropofagia del Paleolítico medio, sino que en la primera parte se establece un modelo estructural del simbolismo humano y se justifican las particularidades del posible simbolismo de este periodo, dejando esbozado su continuación en el Paleolítico superior (manifestaciones gráficas, ajuares, adornos, conductas espirituales y religiosas, etc.), lo que estoy preparando en la actualidad.

* Rivera, A. (2010): Conducta simbólica. La muerte en el Musteriense y MSA. Zephyrus. Vol. LXV 39-63.

domingo, 22 de mayo de 2011

Componentes teóricos de la Arqueología cognitiva

La Arqueología cognitiva, al ser una rama de la Arqueología con pocos años de desarrollo, es muy poco conocida y utilizada como método interpretativo del registro arqueológico. Además, muchas veces sólo se explica dentro de la teoría y metodología arqueológica (casi siempre de paso y con poca profundidad teórica), estando ausente de la mayoría de los estudios arqueológicos habituales. Las causas son varias, destacando la complejidad de sus componentes teóricos (neurológicos, psicológicos, sociales y lingüísticos) que se escapan plenamente de los contenidos metodológicos de los estudios de Prehistoria. Igualmente, se aprecia la falta de unas conclusiones claras que poder llevar a la interpretación del registro arqueológico. Presenta muchas ideas, pero pocas formas metodológicas que puedan ser útiles al prehistoriador. Habría que destacar su amplia utilización en aquellos casos en los que el simbolismo es uno de los elementos principales de los datos arqueológicos. Destacan los estudios de las representaciones gráficas (mal llamado arte prehistórico, pues es arte para nosotros pero hay muchas dudas de que tal concepción existiera en aquella época), enterramientos con ajuares, los adornos personales, el uso de colorantes, etc.

Aunque parezca que representa una unidad de estudio teórico unificado, la realidad es que existen diversos enfoques y, por tanto, conclusiones diferentes respecto de la cognición humana y sus manifestaciones en el pasado. De sus problemas históricos ya hablé en una anterior entrada (Arqueología cognitiva). En la actualidad, con las ideas más seguras y desarrolladas, cualquier teoría cognitiva que aplicar a la Arqueología debe de tener en cuenta los siguientes condicionantes:

- La conducta humana siempre es la consecuencia de las capacidades cognitivas de sus creadores. Por tanto, su desarrollo debe pasar por cierto conocimiento y uso de las ciencias que estudian tales procesos (Neurología y Psicología).
 - Estas capacidades cognitivas son consecuencia de la evolución, lo que implica a la Genética y Biología evolutiva.
- Los seres humanos (en el pasado, presente y futuro) siempre han vivido dentro de sociedades, pues por sus propias características biológicas (larga infancia y adolescencia, y un aprendizaje lento) necesitan de su apoyo para la supervivencia y formación. Esto conlleva a explicar sus evoluciones contando con la Sociología y Demografía.
- La propia característica social indica la imperiosa necesidad de poseer un medio de comunicación idóneo (lenguaje). Esto justifica la inclusión de la Lingüística en el estudio de los seres humanos, aunque este sea de carácter histórico (sobre todo si es prehistórico, pues en este caso lo que se estudia no son sólo hechos concretos, sino la propia evolución cultural humana).
- Hay que considerar al registro arqueológico como un diario, más o menos preciso, de los acontecimientos ocurridos en ese periodo. Toda conclusión debe estar, de acuerdo, dentro de lo posible, con los datos arqueológicos actualmente conocidos. Si en el futuro, por medio de nuevos descubrimientos, se cambia las directrices arqueológicas, los datos aplicados de las ciencias relacionadas con la conducta humana deben de tener la suficiente flexibilidad teórica como para poder seguir respondiendo a las cuestiones del nuevo registro arqueológico, así como de mantener la concordancia de todos sus postulados. 


Creo que todos podemos estas más o menos de acuerdo con estas condiciones ¿Dónde radica la desigualdad teórica? Está claro que sólo puede deberse a las diferentes interpretaciones que de tales condiciones se establece dentro del marco teórico de cada orientación. En este contexto, hay una condición que todos debemos de exigir a cualquier método cognitivo: la unión interdisciplinar de los diferentes conceptos que nos ofrecen estas ciencias, no debe presentar oposiciones o ideas opuestas, pues en este caso alguna de ellas estaría equivocadas. La concordancia teórica debe de ser una condición imprescindible. No obstante, las ciencias que he mencionado pueden tener diferentes teorías explicativas de sus contenidos, lo que dificulta su utilización.

* Sobre la Biología evolutiva, que en apariencia pudiera ser donde más consenso pudiera haber, es donde se inicia la mayor diferenciación teórica. Por supuesto no radica en aceptar o no la teoría de la evolución, creo que todos (menos los creacionistas, y estos no entran en estas disquisiciones científicas) parecen estar de acuerdo, pero la realidad es que no es así. La disparidad radica sobre todo en la explicación genética y embriológica sobre los mecanismos de variación morfológica.

En este contexto, aparece la primera gran división teórica. Los que siguen el concepto de una evolución progresiva y adaptativa, por lo que todo cambio debe representar una ventaja adaptativa que haga que se mantenga generacionalmente. Mientras que otros, siguiendo más los criterios de la forma de los equilibrios puntuados, opinan que los cambios pueden ser más rápidos, no todos tienen por qué ser en principio adaptativos, y hay que considerar el valor adaptativo del conjunto de los cambios en el sujeto como individuo y como miembro de una sociedad que le va a apoyar. Este segundo dirección teórica explica muchas de las características conductuales humanas como mecanismos evolutivos de carácter exaptativo (psicológicamente podrían corresponder con las emergencias cognitivas). Aparte de las consideraciones teóricas a favor de una u otra orientación, creo que el registro arqueológico debe de decir algo sobre el desarrollo histórico de los cambios morfológicos y las variaciones culturales con mayor poder adaptativo (en teoría la causa de su triunfo sobre la selección natural). Expondré tres ejemplos:

+ Las primeras y algunas posteriores relaciones culturales con el Homo erectus son del Olduvaiense, siendo las del Achelense más recientes.
+ En Europa y el Próximo Oriente los neandertales durante el Paleolítico Medio estaban relacionados con el Musteriense y sus distintas variantes regionales, sin que ninguna de ellas ofreciera una aparente mejoría adaptativa o de supervivencia. En el inicio del Paleolítico Superior se produce una ruptura cultural entre sus diversas áreas de hábitat, apareciendo una diversidad cultural con cierto aspecto de mosaico. En algunas zonas existen conductas más elaboradas y con un claro aspecto simbólico, como puede observarse en el Chatelperroniense y Uluzziense, mientras que en otros lugares perduran las formas tradicionales del Musteriense, como puede comprobarse en diversas lugares de la Península Ibérica, tanto en el sur como en el norte.
+ Respecto a los humanos anatómicamente modernos conocemos que en África están asociados a diversas culturas englobadas en el MSA, con un desarrollo cultural que se parece más al Paleolítico Superior que al Musteriense, continuando su evolución cultural de carácter simbólico en el LSA. Con aparente independencia de este desarrollo cultural, durante el Paleolítico Medio del Próximo Oriente estaban asociados a un Musteriense levantino, exactamente igual que el desarrollado por los neandertales en las mismas zonas y sin ninguna ventaja conductual. Es en el inicio del Paleolítico Superior cuando observamos unas formas culturales (Auriñaciense arcaico) plenamente simbólicas o modernas.
Parece razonable reconocer que el inicio de una especie con unas determinadas capacidades cognitivas no es causa inmediata del desarrollo inmediato de las posibles conductas que tales capacidades posibilitarían, siendo con posterioridad y dependiendo de las características medioambientales cuando se produciría el cambio cultural.

* Sobre Neurología. Actualmente existe un consenso muy extendido entre los neurólogos sobre la realidad del cerebro humano. Este es concebido como un órgano con características muy dinámicas en su funcionalidad cerebral. Depende mucho de la información externa para su definitiva configuración, así como para su mantenimiento funcional (simbólico o no). Tanto es así, que la exclusión temporal de la entrada de estímulos sensoriales produce en pocos días unas graves alteraciones cognitivas. Al nacer es muy inmaduro, pero su definitiva organización funcional (psicológica y cultural) depende de la cualidad de los estímulos que recibe dentro de un periodo crítico. Estos mecanismos se correlacionan perfectamente con el modelo evolutivo de las exaltaciones, y explican, hasta cierto punto, las características del desarrollo cultural humano.

* Sobre la Psicología. En este apartado, también el diferente criterio evolutivo conlleva a diferentes direcciones científicas. La llamada psicología evolucionista es un claro exponente de una teoría opuesta al modelo que propongo (orientación psicobiológica). Hay que indicar que la Psicología es la ciencia que más nos puede aportar sobre la comprensión del desarrollo cultural y cognitivo humano, por lo que su estudio es muy importante.

 * Sobre la Sociología y Demografía. Las relaciones humanas siempre han pesado mucho en la explicación de la evolución cultural. Esta importancia afectaría a todos sus aspectos (desarrollo psicológico, lingüístico, socio cultural, tecnológico, etc.). Por tanto, aunque haya diversas opiniones sobre el mayor o menor peso de su actuación, todos coinciden en su importancia. Sin embargo, el inicio de la variación conductual si sería muy dependiente de la creación evolutiva de las capacidades cognitivas que pueden producirlo. No es lo mismo la existencia de unas capacidades cognitivas emergentes, que la lenta creación de estas capacidades dirigidas por la selección natural y actuando según sus posibilidades desde un principio.

* Sobre la Lingüística. Todos están de acuerdo en la importancia que el lenguaje ha tenido en la evolución cultural humana, pero no todos opinan lo mismo sobre la forma en la que este actuó.

Por tanto, cuando se habla de Arqueología cognitiva hay que intentar conocer que criterios evolutivos, psicobiológicos, sociales y lingüísticos plantea, pues los resultados variarían mucho en función de la elección de sus distintas opciones teóricas. La Arqueología cognitiva (orientación psicobiológica) que propongo creo que ya ha quedado ampliamente explicada en anteriores entradas. No obstante, creo que es necesario analizar las diferencias que plantean las teorías de Arqueología cognitiva planteadas en estos últimos años. 



jueves, 5 de mayo de 2011

Enterramientos neandertales en la Sima de las Palomas

En la Sima de Las Palomas (Torre Pacheco, Murcia. España) se han encontrado numerosos restos humanos que, por sus características, pueden representar el primer enterramiento neandertal del Mediterráneo. Pertenecen a un hombre, una mujer adultos y un pequeño de 10 años del que se desconoce el sexo. Los tres vivieron hace 50.000 años. El trabajo dirigido por Michael Walter (Universidad de Murcia) y publicado en la revista Quaternary Internacional explica el descubrimiento, que destaca por posibilidad de que se trate de un enterramiento intencionado (Walter et al. 2012). Las pruebas a favor de la inhumación son varias:

- Los tres esqueletos conservan aún huesos articulados, lo que indica que se depositaron juntos y no estuvieron expuestos mucho tiempo.
- Los esqueletos tenían los brazos flexionados de forma que las manos les llegaban hasta la cabeza, lo que podría indicar una colocación intencionada. La mujer, de la que se conserva el 85% del esqueleto, tiene las manos junto a la cabeza en una postura poco natural que recuerda a la de otros enterramientos neandertales. 
- Los tres cadáveres se encuentran debajo de varias piedras, las cuales podrían haber sido colocadas por otros congéneres. Sin embargo, al tratarse de un talud de bloques de piedra cementada es posible que pueda deberse a una caída, aunque no es lo más verosímil, según indican sus descubridores.
- Alrededor había herramientas y restos de comida (huesos quemados), aunque similares a los del resto del yacimiento.
- Se encontraron dos garras de pantera sin quemar, de difícil interpretación. 

Los autores apuntan la posibilidad de que se trata de un enterramiento intencionado, incluso de que haya podido existir cierto ritual simbólico en la inhumación. Aunque apuntan otra opción, como es que los tres cadáveres acabasen en esa disposición por accidente, tal vez tras resbalar y caer por una pendiente durante una tormenta, como reconoce el propio trabajo. Pero ofrecen un 70% de probabilidades de que todo esto sea intencionado. Este tipo de hallazgos nos plantean dos incertidumbres de muy difícil solución:

- La intencionalidad del enterramiento.
- La posibilidad de cierta correlación simbólica.

Sin embargo, estos planteamientos teóricos presentan la falta de medios adecuados para su análisis. En general, todo estudio sobre descubrimientos de tal índole se limita a una exposición de supuestos por parte de los descubridores y de los posteriores analistas. La ausencia de una metodología de estudio del simbolismo humano sólo puede aportar opiniones un tanto subjetivas, incluso intencionadas (según los propios intereses de los analistas, tanto a favor como en contra).

Se habla como una posibilidad de difícil aclaración, pero lo que en principio es sólo una posibilidad, los reiterados enunciados (cada vez más inclinados a uno u otro lado), junto con otros casos similares, va configurando una corriente de opinión con un importante componente subjetivo. Tal situación, en vez de facilitar el estudio lo más objetivo posible, va estableciendo opiniones encontradas cada vez más antagónicas, donde lo que parece que en realidad importa no es el conocimiento de la conducta del pasado, sino la confirmación de nuestras propias creencias.

En el intento de encontrar las formulas más idóneas de estudio para los datos arqueológicos que destacan por su ambigüedad interpretativa, se produce una notable falta de interés por las líneas de trabajo que no se alinean en uno u otro lado de las teorías más defendidas tradicionalmente, a pesar de la ausencia de una interpretación minimamente objetiva y fundamentada.

La Arqueología se ha desarrollado mucho en los últimos años, pero no se ha dotado de una teoría que matice y analice los datos referentes al simbolismo, ni ha reflexionado sobre su capacidad, por sí sola, de abordar la cuestión en toda su complejidad. Por ello frecuentemente se ha hecho una interpretación simplificadora de de este tipo de datos concretos y del proceso en general. Por tanto, parece necesario racionalizar el estudio del simbolismo humano y elaborar una teoría multidisciplinar para su análisis. Se trataría de formular hipótesis explicativas, desde formatos multidisciplinares, que no entren en contradicción con los datos fiables del registro arqueológico. 


En este punto. La Arqueología cognitiva creo que tiene un amplio campo que desarrollar, mostrar y difundir. Ya en anteriores ocasiones he matizado tales problemas (Los enterramientos del Paleolítico Medio), por lo que remito a estos spots a los interesados en el tema.

* RIVERA, A. (2002): “Arqueología cognitiva. Elaboración sobre un modelo psicobiológico sobre el origen y desarrollo de la conducta simbólica humana. Su aplicación en la transición del Paleolítico medio al superior”. Tesis doctoral inédita. Departamento de Prehistoria de la UNED, Madrid.
* WALKER, M. J. LÓPEZ-MARTÍNEZ, M. V.; ORTEGA-RODRIGÁÑEZ, J.; HABER-URIARTE, M.; LÓPEZ-JIMENÉZ, A.; AVILÉS-FERNÁNDEZ, A.; POLO-CAMACHO, J, L.; CAMPILLO-BOJ, M.; GARCÍA-TORRES, J.; CARRIÓN GARCÍA, J. S.; SAN NICOLÁS-del TORO, M. y RODRÍGUEZ-ESTRELLA, T. (2012): “The excavation of buried articulated Neanderthal skeletons at Sima de las Palomas (Murcia, SE Spain)”. Quaternary International. 259: 7–21.

jueves, 21 de abril de 2011

Origen africano de lenguaje humano

Recientemente se ha publicado en la revista Science un estudio sobre el origen geográfico del lenguaje humano. Su autor llega a la siguiente conclusión:

Nuestra investigación indica que las aproximadamente 6.000 lenguas que existen hoy en el mundo descienden de un antepasado común en África. Este resultado es muy importante porque representa que todas las lenguas comparten el mismo origen y valida la idea de un ser humano con una lengua materna.

Para su realización se escogieron como muestra los fonemas de 504 idiomas actuales, incluyendo los africanos, los europeos y los del Pacífico y América. Se encontró con que los dialectos que contienen la mayoría de los fonemas se hablan en África, mientras que aquellos que tienen la menor cantidad se hablan en América del Sur y las islas tropicales en el Océano Pacífico. A diferencia de las palabras, los fonemas son los elementos básicos del lenguaje: las vocales, consonantes y los tonos que se emplean. En África hay 100 fonemas, mientras que en Hawai, al final de la ruta de migraciones, sólo se conocen 13 fonemas. El español puede tener un mínimo de 17, y el inglés hasta 45. Esta gran diversidad de fonemas y el gran número de lenguas africanas son evidencias de que el lenguaje se originó en África. Una vez que los humanos expandieron su ámbito geográfico desde África al resto del mundo para colonizar otras regiones, la diversidad fonética se redujo junto con las poblaciones humanas emigrantes. La causa de este menor número de fonemas o de mutaciones sería común.

El denominado “efecto fundador” que existe en genética de poblaciones se produce cuando una población pequeña se desprende de una población original grande para colonizar nuevos territorios y lleva consigo un subconjunto de diversidad de la población original. Es decir, que se produce un “cuello de botella”, y aunque se transmitiera una alta diversidad genética, es probable que se pierda en las poblaciones pequeñas. En este sentido, el mismo escenario se podría aplicar a los fonemas de las lenguas.

Así, el origen de los lenguajes modernos es anterior al éxodo desde África de hace entre 50.000 a 70.000 años, lo que coloca al lenguaje complejo junto con las pruebas arqueológicas más tempranas de la cultura simbólica de África que datan de hace entre 80.000 y 160.000 años. Realmente el lenguaje moderno, parecido a los que se hablan actualmente, puede haber sido la innovación cultural clave que permitió el surgimiento de éste y de otros hitos de comportamiento que llevaron a la colonización del planeta.

Paralelamente, sus estimaciones afirman que el leguaje y los genes evolucionaron de manera similar, por lo que los métodos y la teoría de la biología podrían aplicarse a la lingüística y viceversa. En el plano genético (ADNmt) las poblaciones africanas son las que más variaciones cromosómicas presentan (más tiempo en la producción de mutaciones), mientras que las poblaciones más alejadas o de zonas que se poblaron más tardíamente tienen una tasa de mutación mucho más pequeña.

Comentario
Hay que tener en cuenta que en estas áreas de África tuvieron mucho más tiempo para ir creando fonemas, con lo que aumentarían su número a lo largo de su evolución cultural. Todas las lenguas presentan un continuo proceso de cambio y evolución, siendo las africanas las que durante más tiempo (milenios) han podido desarrollar su acervo fonético. Por tanto, es lógico pensar que cuando aparecieron los HAM se estarían utilizando un indeterminado número de fonemas.

Las formas culturales y biológicas tienen desarrollos evolutivos propios, los cuales en líneas generales pueden parecer similares, pero en general tienen patrones diferentes. La aparición de los HAM en África (entre 150-200.000 años) no significó en un primer momento un cambio conductual importante, pues culturalmente tendrían el mismo desarrollo conductual y fonético que sus inmediatos ancestros (dentro de los escasos datos arqueológicos del periodo). El lenguaje (primitivo y con pocas abstracciones simbolizadas) ya existía antes de la aparición de los HAM, los cuales con el tiempo y su desarrollo sociocultural irían desarrollando sus manifestaciones lingüísticas (Rivera, 1998, 2009). La historia siempre es un continuum (irregular en el tiempo y espacio), donde sólo nuestra falta de datos es el causante de las aparentes fracturas que aparentemente parecen verse. En este sentido, el origen del lenguaje iría ligado al linaje humano, como éste se originó en África, su lenguaje también se crearía entre sus primeras comunidades, pero no ligado exclusivamente a los HAM.

La genética ofrece un reloj biológico (tasa constante de mutación) que, a pesar de todas sus criticas, nos puede llevar a unas fechas con mayor o menos concreción. Pero la producción de fonemas carece de ningún parámetro de cambio que pueda producir una similar inflexión temporal, y la evolución cultural de los fonemas es mucho más rápida que la evolución genética.

En conclusión estoy de acuerdo de que muchos de los fonemas de las lenguas actuales tuvieran un origen común, y que éste sería África subsahariana, pero su producción no coincidió en exclusiva con la aparición evolutiva de los HAM. En este sentido, donde hayan podido existir grupos humanos de nuestro linaje, debió de existir un lenguaje con sus fonemas y significados más o menos limitados, el cual sería la base sobre la que se apoyaría la formación del conjunto de fonemas que posteriormente se expandirían al resto del mundo.

Sin embargo, hay que ampliar la conclusión que el autor realiza sobre la importancia del lenguaje moderno. Indica que puede haber sido la innovación cultural clave que permitió el surgimiento de éste y de otros hitos de comportamiento que llevaron a la colonización del planeta. Efectivamente el inicio del lenguaje moderno (con los parámetros temporales y espaciales relacionados con la identidad personal) sería fundamental en el desarrollo de la conducta simbólica humana. Sin embargo, el lenguaje no es más que la simbolización de los conceptos abstractos que se hayan podido crear, dentro de la triada fundamental de la conducta humana (pensamiento, lenguaje y conducta). Pero el origen de los conceptos que simbolizar, y que van a marcar el paso de un protolenguaje o lenguaje primitivo a un lenguaje moderno, son realidades que no se dan de forma natural en la naturaleza (individualidad personal y social ubicada en los conceptos temporales y espaciales), siendo necesario que se produzcan en las sociedades humanas condiciones determinadas que favorezcan su conocimiento y abstracción (origen del lenguaje).


* Atkinson, Q. D. (2011). "Phonemic Diversity Supports Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa”. Science, vol. 332, nº 6027, pp 346-349.
* Rivera, A. (2005): Arqueología cognitiva. El origen del simbolismo humano. Madrid. Arcos/Libros
* Rivera, A. (2009): Arqueología del Lenguaje. Akal. Madrid.

viernes, 8 de abril de 2011

Paleoneurología

En estudio del cerebro de los homínidos de nuestro género por medio de sus fósiles siempre ha suscitado un gran interés en los medios arqueológicos, aunque los datos obtenidos sean muy limitados. La fuente principal de estos estudios son los ampliamente conocidos endomoldes (molde interior del cráneo que refleja la forma del cerebro que se acopló a la muestra en estudio). Con ellos se intenta ver su volumen, diversos tipos de relaciones anatómicas (índices) y forma cerebral, para compararlos con los datos de otras especies, y, en particular, con los datos actuales de nuestra especie. En este sentido, conocemos las tradicionales listas de las variaciones de volumen cerebral que presentan los diversos homínidos, así como las pequeñas diferenciaciones anatómicas que pueden verse en los lóbulos cerebrales. Destaca una parte del lóbulo frontal (área de Broca) por su posible relación con el lenguaje, siendo perceptible sobre todo en el linaje humano.

Tales estudios aportan una serie de datos numéricos, fotos a todo color, imágenes tridimensionales, etc. que pueden leerse, verse, y difundirse con gran facilidad, lo que junto con el rigor científico que ofrece la Neurología, son siempre tenidos en cuenta como información fehaciente y relevante. Sin embargo, la información sobre la conducta humana (capacidades cognitivas) ha sido más bien escasa.

Recientemente se ha publicado en la revista American Journal of Human Biolog un estudio que trata de buscar nuevas fuentes de información por medio de las huellas que los elementos vasculares (arterias y venas) han dejado en la superficie interna de los huesos craneales. Con esta información se puede reconstruir la forma geométrica del encéfalo (endomoldes), y encontrar rasgos y caracteres fisiológicos que tienen correlaciones con estas huellas o con la forma cerebral. En fin primordial sería desarrollar hipótesis sobre posibles cambios de funciones cerebrales asociados a cambios de forma cerebral, en las especies humanas extintas. En este sentido, como el cerebro humano gasta una cantidad increíble de energía, una de estas funciones podría ser la termorregulación y la gestión metabólica.

Para tal fin se han utilizado dos técnicas diferenciadas de uso frecuente en los medios neurológicos. Se intenta visualizar el sistema vascular a través de la tomografía que reconstruiría los moldes endocraneales, y por medio de la angiotomografia reconstruyeron el sistema vascular endocraneal, sobre todo las arterias meníngeas y las arteria cerebrales. Al mismo tiempo, con unos modelos numéricos y simulaciones teóricas se pudo investigar cómo el calor se distribuye en los moldes endocraneales en función de la forma y el tamaño. En principio se utilizaron muestras de humanos modernos, para luego pasar a simulaciones en Australopiteco, Neandertal, HAM, y primates actuales no humanos. Aunque el trabajo se centra en las funciones fisiológicas y metabólicas de nuestros antepasados, puede ayudar a conocer la estructura de nuestro propio cerebro.

Se ha encontrado una buena correspondencia entre las arterias meníngeas (riegan las meninges, delgadas capas que envuelven al cerebro, pero no son tejido neuronal) y sus huellas endocraneales (las que quedan en los fósiles). También se ha evidenciado que este sistema vascular, que ha sufrido cambios muy aparentes a lo largo de la evolución humana, está bastante aislado del resto de los sistemas vasculares cerebrales (riego arterial del cerebro). Es decir, se trata de dos sistemas vasculares relativamente independientes, el cerebral y el meníngeo. Sobre todo, en los individuos adultos no parece que estos vasos sigan funcionando como canales para el flujo sanguíneo. Por tanto, o sirven solo en una etapa preadulta (neonatal o juvenil), o sirven solo en momentos de emergencias (por ejemplo en actividad física), o tienen un papel no de regulación térmica/oxigenación sino de protección estructural de la corteza. Por otra parte, los análisis de mapas térmicos cerebrales en los fósiles no apuntan a una función de termorregulación de estos vasos.

Los autores opinan que estos nuevos conocimientos pueden ayudar a conocer cómo ha evolucionado el cerebro humano y qué posibilidades de desarrollo todavía alberga. Es evidente que para entender nuestro cerebro, en su componente orgánica como en su componente cognitiva, hay que saber como ha evolucionado, por qué ha sufrido ciertos cambios y variaciones, y con cuáles consecuencias. Sus estudios continúan con los intentos de desarrollar métodos estadísticos de cuantificaciones de las diferencias entre individuos y entre grupos, complicando los modelos al ir añadiendo a los moldes cerebrales su componente vascular interna o propiamente cerebral.

Sin embargo, este tipo de estudios basados en el análisis anatómico de los restos humanos del pasado presentan una serie de inconvenientes que dificultan su desarrollo y limitan sus resultados.

- Primero, sería conocer las pautas evolutivas del cerebro que estuvieran de acuerdo con los propios datos arqueológicos, pues siempre se han realizado estudios paleoneurológicos con las tradicionales premisas de la teoría sintética de la evolución (los cambios anatómicos deben de ofrecer una capacidad adaptativa mayor que la ausencia de ellos, para que sean seleccionados en los acervos genéticos de cada especie). No obstante, según se comprueba por medio del registro arqueológico, el aumento anatómico del cerebro no siempre tienen una repercusión directa en la conducta de los humanos del momento, como puede apreciarse con el inicio del Homo sapiens.


- Segundo, el desarrollo y aumento de las capacidades cognitivas humanas no depende sólo de las variaciones evolutivas neurológicas, sino que precisan de un medio ambiente adecuado (que no existe y hay que crear) para su desarrollo y aparición de las conductas propias de los seres humanos (capacidades emergentes: p. e. conducta simbólica).

El cerebro de los primeros Homo sapiens era prácticamente igual al nuestro, lo que no supuso en un principio ningún avance conductual relevante. Sería poco a poco, según se fueran cambiando las condiciones medioambientales (sociales, económicas, tecnológicas, lingüísticas, etc.) las que irían desarrollando las capacidades cognitivas emergentes que producirían la conducta simbólica característica de nuestra especie. Este modelo de evolución anatómica, cognitiva y cultural no puede seguirse sólo por las variaciones anatómicas que podemos apreciar en los fósiles de nuestros ancestros.

Creo que la conducta humana debe de estudiarse por medio de los datos arqueológicos interpretados con un modelo que tenga en cuenta los aspectos neurológicos, psicológicos, evolutivos, sociales y lingüísticos (debidamente coordinados) que condicionan toda manifestación conductual. En este sentido, la Arqueología cognitiva (orientación psicobiológica) sería la metodología que mejor cumple tales condiciones.

* Bruner, E.; Mantini, S.; Musso, F.; De La Cuétara, J.M.; Ripani, M.y Sherkat, S. (2011): “The evolution of the meningeal vascular system in the human genus: From brain shape to hermoregulation”. American Journal of Human Biolog, 23 (1): 35-43.