El descubrimiento y dominio del fuego significó un
gran avance en el desarrollo cognitivo y cultural de las poblaciones humanas
del paleolítico. Sin embargo, este fenómeno significa un complejo proceso del
que aún no tenemos todas las claves, pero si las suficientes como para conocer
con cierto rigor cuándo, dónde y cómo se produjo.
Los
seres humanos frente a la Naturaleza
La evolución del género Homo sitúa a los seres humanos en ambientes hostiles donde hay que
sobrevivir con las armas que la misma naturaleza nos ha ofrecido. Es el axioma
más claro de la evolución: la supervivencia del mejor adaptado para poder
procrear y mantener la especie o propagar sus cambios. Pero la adaptación es el
resultado de múltiples factores que, en su unión funcional, consiguen conductas
más adecuadas para la supervivencia en cada medio ambiente específico.
En las poblaciones humanas la capacidad de
adaptación fue aumentando progresivamente, lento al principio pero con un gran nivel
de aceleración en las etapas en las que el Homo
sapiens inició su andadura por el Viejo Mundo. Nadie duda que estos avances
adaptativos se lograron gracias a las capacidades cognitivas y emocionales
que todos los humanos de nuestro género tuvieron. En este contexto, el fuego
representa un avance tecnológico y social de gran envergadura, pues cambiaría
radicalmente la conducta humana, aumentando su sociabilidad, comunicación,
tecnología de todo tipo, el desarrollo de la cocina, posibilidad de poblar
espacios geográficos de clima frío, etc.
Si hay una manifestación cognitiva que más se
relaciona con los cambios conductuales es, sin duda, la creatividad, pues constituye un aspecto central del ser humano,
siendo cada vez más fundamental para la comprensión de la compleja naturaleza biosocial de la mente (Malafouris, Gosden y Overmann, 2014). La
creatividad es un constructo psicológico
formado a partir de la interacción funcional de diversos factores de diferente
origen (Oliveira et al. 2009), como
son otras capacidades cognitivas racionales
(simbolismo, autoconciencia, lenguaje, abstracción, etc.) y emocionales (motivación intrínseca y
extrínseca; confianza
en sí mismo, valor, tenacidad, entusiasmo, etc.); de factores personales y sociales (acervo
cultural, relaciones sociales, personalidad, formas de pensamiento, etc.) en contextos medioambientales determinados,
por lo que en gran parte dependería del adecuado desarrollo evolutivo de las
mismas (evolución cognitiva). Es un claro ejemplo de sinergia o acción de dos o más causas cuyo efecto
es superior a la suma de los efectos individuales. En Psicología se trataría de
la unión de diversas capacidades cognitivas para producir una emergencia
cognitiva, o la aparición de
una capacidad cognitiva superior en eficacia adaptativa que la que pudieran
presentar las capacidades que la forman por separado. La existencia de algún
mecanismo cognitivo relacionado con la creatividad debieron de estar presente
en las poblaciones humanas que lograron utilizar y controlar el fuego.
En general, se define a la creatividad como la
capacidad de producir nuevas conclusiones y resolver problemas determinados en una forma original. Sin
embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas
veces éstos se producen de forma fortuita o no intencionada cuando se está buscando otra cosa distinta o simplemente
ninguna, admitiéndose la existencia de un descubrimiento importante, aunque sea
independiente de lo que esté estudiando. En este último caso se define como
otra forma de creación no intencionada o buscada, denominándose como serendipia.
Cómo se pudo utilizar y controlar el
fuego
El
fuego, como proceso natural, debió de ser conocido y temido por todos los
humanos de nuestro linaje. Sin embargo, en pequeña escala puede ser un
atrayente psicológico muy importante, consecuencia de la luz y el calor que
despiden, del bienestar que ofrece a su alrededor, de su capacidad de ahuyentar
animales peligrosos y de sus importantísimas cualidades culinarias y
tecnológicas. Su uso y control por parte de las primitivas especies humanas
supuso un enorme avance conductual en todos los sentidos, aumentando en mucho
su capacidad adaptativa. Sobre el origen cognitivo de las conductas
relacionadas con el control del fuego debieron de ser una serendipia más que un proceso creativo, pues en los
primeros periodos de la evolución cognitiva humana el desarrollo de la autoconciencia
aún distaba mucho de lograr los niveles adecuados para buscar intencionadamente
tal control, hecho clave en la diferenciación de los dos procesos. Su
conocimiento en pequeña escala (p. e. pequeños fuegos residuales tras un
incendio natural) debió de enseñar a estos primitivos humanos las cualidades y
ventajas de su mantenimiento y/o primitivo control, lo que una vez aprendido se
sumó al acervo cultural y se trasmitió constantemente de generación en
generación en todos nuestro género. Pero, ¿cómo se logró su control, o la
posibilidad de poder tener fuego en pequeña escala siempre que fuera necesario?
Del conocimiento sobre el fuego natural se puede deducir que existieron dos
alternativas como fuente primaria de su utilización (Menéndez, 1996; Gómez de la Rúa y Díez Martín, 2009):
- El
mantenimiento permanente de fuego encendido (fuego o ascuas) obtenido de un
fuego natural. Tal proceso parece complejo de mantener constantemente.
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Imagen del Rincón del vago |
- El
descubrimiento de mecanismos de producción de fuego. El más factible sería el
de la producción de chispas al golpear piedras adecuadas (pedernal, pirita o marcasita), lo
que se pudo aprender del frecuente trabajo del tallado lítico y la relativa
variedad de piedras que para tal fin se utilizaron. Sin embargo, el uso de útiles
líticos para encender el fuego están prácticamente ausentes en el registro
arqueológico hasta finales del Paleolítico superior, aunque hay que valorar que
este tipo de herramientas son difíciles de reconocer en los conjuntos de
artefactos, aunque se establecen criterios basados en el microdesgaste para
identificar las utilizadas en la producción de chispas (Sorensen
et al, 2014).
Igualmente,
por medio del uso de maderas con una constante y rápida frotación se produce un
sobrecalentamiento que acaba por prender material altamente inflamable (hojas,
yesca y madera finas muy secas). No obstante, tal procedimiento solo está
registrado a partir del Paleolítico superior, aunque sí tenemos datos del
abundante trabajo de las herramientas líticas con la
madera. Es posible que de esta interacción (herramientas líticas trabajando
intensamente sobre madera) se adquiriera el concepto de su calentamiento por el
roce intensivo y continuado.
Dónde y cuándo de las primeras muestras
del uso de fuego
Existen
datos sobre la presencia de fuego (arcilla quemada) en yacimientos de África
oriental datados sobre un millón y medio de años (Chesowanja, Olorgesailie y
Koobi Fora), pero la prueba más antigua de cierto control y uso del mismo sería
la presencia de huesos y útiles quemados, junto con restos de maderas carbonizadas
y agrupados en lugares concretos, formando los primeros hogares conocidos (Gómez
de la Rúa y Díez Martín, 2009; Menéndez
et al. 2011). Con estas
características los datos más antiguos sobre el uso y control del fuego son de aproximadamente
un millón de años en la cueva de Wonderwerk (Sudáfrica) donde se encontró huesos,
hojas y piedras quemadas, indicando un uso intencionado del fuego posiblemente
para cocinar alimentos. El yacimiento tiene una tecnología Achelense (Paleolítico inferior), y se sitúa a unos treinta
metros de la entrada, lo que descarta la aparición fortuita de las llamas y
muestra la intencionalidad de la creación de la hoguera. Huesos de animales calcinados,
además de hollín en las piedras y restos de hojas quemadas, apuntan al uso del
fuego para la preparación de alimentos. Los análisis muestran una combustión
inferior a los 700 grados centígrados, lo que apunta a la utilización de
hierbas y hojas, aunque no se descarta el uso de leña, que podría haber
desaparecido del yacimiento por la descomposición natural de los restos
orgánicos. Anteriores a estas fechas no tenemos ningún dato que indique su
existencia controlada, es decir, que existan hogares que indiquen su uso
controlado en medios humanos de hábitat (Berna,
et al. 2012).
En estas poblaciones humanas hay que tener en cuenta
su dispersión geográfica y su débiles formas de comunicación. Estas características
demográficas nos indican que el descubrimiento de cualquier control del fuego
no tiene porqué extenderse a otras comunidades humanas más o menos lejanas,
ofreciendo un aspecto de heterogeneidad en el tiempo y en el espacio muy
amplio. Así, el fuego en Europa no llegaría antes del 700 Ka., como se ha visto
en los yacimientos franceses de La Grotte
de L’Escale (Bouches-du-Rhône)
con cronología dudosa situada entre 600-300 Ka. (Bonifay, 1976); en Terra Amata (Niza) con una cronología
comprendida entre 400-250
Ka. y en Lazaret más recientes con
150 Ka. (Niza) (Gómez de la Rúa y Díez Martín, 2009;
Menéndez, 1996). Sin embargo,
el uso sistémico no parece que se generalizó en el Viejo Mundo (Europa, África
u Asia) hasta fechas más recientes (200 Ka.).
En el Próximo
Oriente tenemos datos del uso controlado del fuego de unos 300 Ka. En la cueva
de Qesem (Israel) se han descubierto en
el centro de la cueva un gran depósito de ceniza de madera mezclada con trozos
de tierra y de huesos. Estos materiales se calentaron en repetidas ocasiones y
a altas temperaturas (Shahack-Gross et al. 2014).
Fuego y el inicio de la cocina
El
fuego permitía asar la carne, ya sea directamente sobre las llamas o por medio
del calor de las ascuas, que lo más seguro que fueron las técnicas de
elaboración más utilizadas. Un problema que se les planteaba debió de ser la
facilidad con que la carne puede quemarse, lo que, dependiendo del grado de
afectación calorífica, alteraría su posterior ingestión al perder cualidades de
sabor, estar más dura o simplemente incomible al carbonizarse. Este pudo ser el
estímulo creativo que con posterioridad logró formas de cocinar separadas del
fuego en medios acuosos (cocer, hervir), con calor en ambientes pequeños
(hornos) o con otras sustancias muy calientes (freír). En el Paleolítico
inferior no parece factible que los humanos pudieran realizar técnicas de
tratamiento de los alimentos por medio indirecto del fuego, salvo el uso de
piedras planas calentadas sobre un fuego o brasas para colocar encima la carne
(Menéndez, 1996: 62; Speth, 2015). El
uso de guijarros que pudieron ser utilizados para hacer hervir líquidos,
introduciéndoles una vez calentados en odres de piel o en recipientes de
abedul, piedra, etc., no parece probable, dado lo complejo del proceso que
representaría una auténtica acción creativa
más que una simple serendipia propia
de las especies humanas que vivieron en este periodo. Esta última técnica puede
desarrollarse al final del Paleolítico medio, aunque seguro que se utilizó en
el Paleolítico superior. Sin embargo, es durante el Neolítico con el desarrollo
de la cerámica cuando la cocina debió de tener un enorme desarrollo en todas
sus variedades culinarias.
Conclusiones
El uso del fuego es consustancial con el desarrollo
cognitivo y cultural humano, pues gracias a él se pudo sobrevivir en amplias
áreas geográficas por medio del desarrollo de la cocina, el calor controlado
que suponía y la facilitación social que conllevaba. La sociabilidad, el
desarrollo del lenguaje comunicativo, la planificación logística de supervivencia,
su poder de freno frente a animales peligrosos, la luz que proporcionaba y que permitió
la realización de múltiples tareas durante más tiempo, son unos ejemplos de las
enormes ventajas que supuso su uso y control del mismo. Podría decirse que sin
él el linaje humano hubiera desaparecido, o por lo menos sería muy distinto a
como lo conocemos en la actualidad.
- Berna, F.; Goldberg, P.; Kolska Horwitz, L. ; Brink, J., Holt,
S.; Bamford, M. y Chazan, M. (2012): “Microstratigraphic
evidence of in situ fire in the Acheulean strata of Wonderwerk Cave, Northern
Cape province, South Africa”. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 109 nº. 20.
- Bonifay, E. (1976): “Grotte de L'Escale (Saint-EsteveJanson, Bouches-du
Rhóne)”. En H. De Lumley (ed.): 50-56.
- Gómez de la Rúa,
D. y Díez Martín, F. (2009): “La domesticación del fuego durante el Pleistoceno
inferior y medio. Estado de la cuestión”. Veleia,
26 189-216.
-
Malafouris, L., Gosden, C., y Overmann, K.A. (Eds) (2014). Creativity,
cognition and material culture. Pragmatics & Cognition, 22(1).
- Menéndez, M. (1996): Los primeros europeos. Arco Libros.
Madrid.
- Menéndez, M.; Jimeno, A, y Fernández, V. M.
(2011): Diccionario de Prehistoria. Alianza.
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- Oliveira, E.,
Almeida, L., Ferrándiz, C., Ferrando, M., Sainz, M. y Prieto, M.D. (2009).
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- Pickering, T.; Schick, K. and Nicholas Toth,( 2004): "Fifty years of fun with fossils: some cave taphonomy-related ideas and concepts that emerged between 1953 and 2003." In African Taphonomy: A Tribute to the Career of C.K. "Bob" Brain. Center for Research into the Anthropological Foundations of Technology (CRAFT Center), Stone Age Institute, Indiana University Bloomington.
- Shahack-Gross R.; Berna,
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DOI:10.1016/j.jas.2013.11.015.
- Sorensen, A.; Roebroeks,
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expedient strike-a-light model”. Journal of Archaeological
Science. Volume 42, 476–486.
- Speth, J. D. (2015): “When Did Humans Learn to Boil?” PaleoAnthropology, 54−67.
2 comentarios:
Hola Ángel, que interesante la importancia del fuego, ya lo creo. Este verano estuve en Kenia y visite una aldea Masai donde nos mostraron como se hace fuego y me dejaron perplejo, pues en cosa de un par de minutos consiguieron hacer llama por el método de frotar un palo haciéndolo girar con las palmas de ambas manos. Visitamos el interior de sus chozas y efectivamente, allí estaban unas pequeñas ascuas permanentes, pareció un viaje al pasado en pleno siglo XXI.
Hola Juanjo. Que bonito viaje hiciste y seguro que tuviste muchas sospesas de este tipo. Parece mentira que aún continúen usando técnicas de hace más de un millón de años, pero tu testimonio así lo confirma. Sin duda el control del fuego supuso un hito muy importante en nuestra evolución cognitiva y anatómica, pues favoreció en gran medida el desarrollo de la cocina (alimentación) y de la vida social (lenguaje). Supongo que habrás hecho muchas fotos pues el lugar lo merece.
Saludos
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