martes, 25 de febrero de 2020

Adaptabilidad del genero Homo


Siempre se ha comentado que el éxito de supervivencia y expansión geográfica del género Homo se debe a su gran capacidad de adaptación. Sin embargo, no se ha matizado lo suficiente sobre las características de esta capacidad, que en general se asumía como las variaciones biológicas que favorecían las adaptaciones a los diversos ecosistemas en los que podemos comprobar su existencia en el pasado.

Su poder adaptativo llevo a las poblaciones humanas a expandirse por todo el mundo

A lo largo del siglo XX la característica más importante que se resaltaba sobre las capacidades adaptativas humanas se ceñían a los cambios morfológicos que podíamos apreciar en los fósiles de las diferentes especies de nuestro linaje. Naturalmente, no se podía marginar totalmente los aportes que la cultura (tecnología, sociabilidad, lenguaje, etc.) podía aportar en este proceso, pero se consideraban como consecuencia directa de la neuroevolución.

Tradicionalmente, la Arqueología ha explicado los avances socioculturales como formas de adaptación ecológica, donde las principales fuerzas impulsoras son la variabilidad medioambiental y la dinámica poblacional (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Se estaría destacando la gran flexibilidad y capacidad para producir innovaciones que las poblaciones humanas modernas adquirieron con la evolución (Kandel et al. 2015; d´Errico et al. 2017).

En este contexto, ya puede apreciarse el inicio de un cambio de paradigma, pues la adaptabilidad se atribuye más a la existencia de ciertas capacidades cognitivas  (flexibilidad y capacidad de innovación) que a la simple variación morfológica como principal mecanismo adaptativo a las variaciones ecológicas (medioambiente, clima, geografía, geología, etc.). Efectivamente, los estudios de adaptabilidad, aunque mantengan cierta importancia al medio ambiente en general, comienzan a valorar más los cambios cognitivos que se producen en las poblaciones humanas. Así, se inician los desarrollos de dos básicas ideas dentro de nuestra adaptabilidad:



Todas las especies viven y se desarrollan en un medio ambiente determinado (nicho ecológico), pero solo las poblaciones del género Homo tienen con él una relación dinámica, pues pueden cambiar sus características mediante su particular interacción. La causa es una especial forma de relación social entre los miembros de sus comunidades, así como una mayor capacidad de captación, procesamiento, asimilación y transmisión de la información que la naturaleza nos ofrece, con lo que se mejoraría la capacidad de cambio y, por tanto, de adaptación. Su realización se produce mediante el aprendizaje social, la creación y desarrollo del lenguaje humano, y a la emergencia de nuevas capacidades cognitivas como la ampliación de la memoria de trabajo, desarrollo de la teoría de la mente y de la autoconciencia. Estas capacidades cognitivas actuando en adecuada coordinación permiten que la construcción de este nicho sea un proceso de permanente acumulación y transformación, en el que las conductas, las herramientas y las ideas se van mejorando de generación en generación. Estos conceptos reflejan la importancia de la cultura, creando los llamados nichos culturales y/o cognitivos (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009; Rivera and Rivera, 2019).

En el inicio de nuestra evolución se produciría un mecanismo de adaptación básicamente similar al visto en las demás especies biológicas (la adaptación anatómica y/o fisiológica como cambio de la biología). Pero de una forma paralela, muy lenta al principio y más rápida a lo largo de la evolución de nuestro linaje, se iría desarrollando las formas culturales humanas, las cuales, a su vez, irían produciendo desarrollos cognitivos, mediados por los  procesos de coevolución y emergencia cognitiva.

La cultura ejercería una presión selectiva cada vez más importante, la cual moldearía la estructura de la red neurológica que procesa los parámetros de aprendizaje y de adquisición de datos, es el efecto Baldwin (Bateson, 2004). Así, la anatomía del cerebro puede seleccionarse para acomodar mejor los requisitos físicos o neuronales de los procesos y representaciones aprendidas (Lotem et al. 2017), es decir, se crearía un nicho de características cognitivo-culturales (Rivera and Rivera, 2019).

Anatómicamente se ha podido comprobar el cambio de la básica estructuración funcional que ejerce de fundamento neurológico a estos procesos. En los lóbulos posteriores del cerebro conocemos el área de asociación parieto-temporo-occipital que sería el receptor e integrador de las aferencias sensitivas externas (áreas primarias visuales, sensitivas y auditivas). Esta información integrada, que puede ser asociada (simbolizada) por sonidos o señas apropiadas, en función de los procesos de atención tendría que pasar al lóbulo frontal para su correlación emocional, procesamiento racional y la producción de una respuesta motora si es necesaria. Las vías nerviosas que pueden realizar esta función no están del todo bien conocidas, pero podemos destacar dos importantes áreas y fascículos de los que tenemos una comprobación anatómica de su evolución o desarrollo funcional: el Precúneo o Precuña y sus conexiones con el Lóbulo Prefrontal (Bruner et al. 2014) y el área de Wernicke y la importante evolución del fascículo arqueado, que llega tanto al área de Broca como al Lóbulo Prefrontal (Rilling, et al. 2008).



Todos estos datos, expuestos de forma muy genérica, nos indican la necesidad de una Arqueología cognitiva moderna e interdisciplinar, si queremos conocer el fundamento de nuestra evolución conductual y cognitiva


- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian”. Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bateson, P. (2004): The Active Role of Behavior in Evolution. Biology and Philosophy 19 (2), 283-298.
- Bickerton, D. (2009). Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York. Hill and Wang.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures? Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. y Sánchez Goñie, M. f: (2017): Identifying early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. and Märker, M. (2015): Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa. J. Archaeol Method Theory. Vol. 22, (2).
- Lotem, A., Halpern, J. Y., Edelman, S. and Kolodny, O. (2017, July). The evolution of cognitive mechanisms in response to cultural innovations. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114 (30), 7915–7922.
- Rilling, J. K. and Insel, T. R. (1999, August). The primate neocórtex in comparative perspective using magnetic resonance imaging. Journal of Human Evolution, 37, 191-223.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- Tomasello, M. (1999). The Cultural Origins of Human Cognition. Cambridge, MA, US: Harvard University Press.

martes, 10 de septiembre de 2019

Autodomesticación y nichos humanos


Las características de la evolución del género Homo se han relacionado por diversos autores como un proceso de autodomesticación. Se refieren principalmente al proceso por el que nuestro linaje evolucionó anatómicamente de unas formas arcaicas o robustas a los tipos gráciles o modernas del Homo sapiens, lo que principalmente se constata en los últimos 150/50.000 años. Los cambios que acompañan el proceso son primero biológicos o anatómicos y con cierta posteridad culturales (Theofanopoulou et al., 2017).

 Craneos de Neandertal y HAM
Estos estudios identifican y analizan las semejanzas de los datos genéticos y morfológicos estadísticamente significativos entre los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) y otras especies domesticadas. Los resultados obtenidos sugieren que los datos paleogenómicos pueden complementar el registro fósil y respaldar la idea de la autodomesticación en el Homo sapiens, como un proceso que probablemente se intensificó a medida que nuestra especie aumentó su demografía y desarrollo en su propio y exclusivo nicho humano/ecológico información sobre los nichos humanos en El concepto denicho en la evolución humana

Su análisis respalda los intentos de comprender la forma en que pudo realizarse el denominado síndrome de domesticación, explicando que su producción se debería en ciertas alteraciones en la transmisión de información genética a determinados linajes celulares, es decir, por la acción de los genes reguladores u Hox. Su acción se realizaría mediante la interrupción o alteración de la información que vaya a regular los programas de desarrollo de ciertos tejidos celulares durante el proceso de embriogénesis. Sería el caso de la denominada cresta neural (tejido embrionario formado por células migratorias multipotentes, que pueden producir tanto neuronas como células de soporte del sistema nervioso periférico, melanocitos y células endocrinas en las etapas tempranas de su desarrollo) donde los cambios de la programación podrían ser la fuente de las alteraciones que abarcan múltiples sistemas de órganos y estructuras morfológicas (Wilkins et al., 2014). Para más información en Genética de la evoluciónneurológica. Consecuencias arqueológicas y en Genes reguladores u Hox en la evolución y conducta humana



El hecho de que encontraran cambios relacionados con la cresta neural de los HAM en comparación con los neandertales / denisovanos, y que tales cambios también se encuentran en otras especies que pudieron haber sufrido un proceso de autodomesticación, refuerza la hipótesis de que este proceso de forma específica tuvo lugar en nuestro especie. Además de los genes y las vías relacionadas con la cresta neural, se han identificado elementos comunes relacionados con el desarrollo neuronal, la plasticidad sináptica y el mejoramiento del aprendizaje. Estos resultados están en línea con las afirmaciones de otros estudios sobre domesticación donde se la relaciona un cierto tipo de inteligencia (p. e. Hare, 2013; Carneiro et al., 2014; Freedman et al., 2016). Así, se sospecha que los subproductos del proceso de domesticación, como la mejora de la percepción sensorial-motora y las vías de aprendizaje, pueden proporcionar una base para habilidades comunicativas más complejas, incluido el aprendizaje de habilidades manuales y vocales. En este contexto, nuestra especie presenta una evolución anatómica de las regiones parietales del cerebro, involucradas en integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente. Ambos aspectos están involucrados en la capacidad tecnológica y en la complejidad social, dependiendo de los patrones de nuestras etapas vitales (adolescencia o longevidad), y se relacionan con cambios en los niveles de plasticidad cerebral. Es de esperar entonces que estos dos aspectos hayan interactuado a lo largo de la evolución del género humano, y sobre todo en el Homo sapiens (Bruner and Gleeson, 2019).

Los cinco cráneos de Dmanisi -Foto: M. Ponce de León
Como contrapunto se ha evidenciado cierta acumulación de alelos nocivos se ha descrito como el costo de la domesticación (Lu et al., 2006), que, de ser cierto, también podría existir un subproducto en la autodomesticación de los HAM. Un estudio como éste tiene varias limitaciones, pero sin duda nos pone en el camino de comprender la compleja evolución anatómica y cognitiva humana.

Comentarios. En definitiva, lo que se estudia son los cambios morfológicos y cognitivos que tuvieron los seres humanos dentro de su nicho o ecosistema particular (selección natural modificada por la cultura). Los estudios realizados apuntan a cambios producidos por la mutación de los genes reguladores (p. e. de la estructuración, modelación y proliferación de la cresta neural) sobre determinados tejidos en las fases tempranas del desarrollo embrionario. Se propone que unos pocos cambios en los genes Hox son capaces, en las primeras fases de la embriogénesis, de producir una serie de cambios en cascada que podrían tener efecto hasta el final del desarrollo fetal con el nacimiento.

Los cambios son tanto anatómicos como cognitivos, pero el problema surge al valorar cuáles de ellos fueron los más influyentes en la conducta y adaptación de los nuevos seres, de tal manera que serían capaces de cambiar los factores la selección natural en los nichos humanos en los que se produce el proceso evolutivo. En este punto, hay que valorar la gran diferencia existente entre la naturaleza anatómica y cognitiva de los animales susceptibles de domesticación, y la que tuvieron los seres humanos. Si en los primeros los cambios anatómicos parecen ser importantes (p. e. disminución de rasgos físicos que se relacionan con la agresividad) al otorgar a estas especies a un comportamiento más dócil que permita su adiestramiento o utilización alimentaria y/o económica, en los seres humanos estos factores parecen secundarios. Los cambios cognitivos parecen ser mucho más relevantes, pues permitieron profundizar en los caracteres culturales de estas poblaciones y, a su vez, volver a interferir en la selección natural de estos nichos humanos, para lograr un reforzamiento genético en forma de mejoras anatómicas que permitieran un mejor desarrollo cognitivo y mayor capacidad de adaptación a ecosistemas muy diferentes de los originales.

En esta situación, pensamos que el desarrollo de los cambios cognitivos ya apuntados de una mejor integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente, y de una mejor capacidad lingüística serían mucho más trascendentes a la hora de forzar los parámetros selectivos que los simples cambios anatómicos externos compatibles con una Neotenia funcional, los cuales pueden producirse como efectos colaterales de los cambios neurológicos trascendentales ocurridos en nuestra evolución. Los desarrollo en cascada, el aumento de la inmadurez neurología como consecuencia del aumento cerebral y complejidad funcional, pueden explicar la permanencia en los adultos de las formas anatómicas infantiles.

El término de autodomesticación hay que matizarlo detenidamente, a la vez que separarlo de los procesos de domesticación en animales realizados por humanos de forma intencionada. La espiral de evolución cognitiva que se produjo en los nichos cognitivos-culturales que crearon los componentes del género Homo, tuvo sus propias características en las que destaca su falta de intencionalidad en su creación y desarrollo en la mayor parte del tiempo de existencia de nuestro linaje. Lo que pudo hacerse después de alcanzar formas de autoconciencia y teoría de la mente altamente desarrollada es un tema que se escapa de la Prehistoria, pero que tampoco tendrían mucha relación con la tradicional domesticación realizada en animales. Realmente lo que se produce sería un proceso evolutivo llamado efecto Waldwin.

Bruner, E. and Gleeson, B. T. (2019). Body Cognition and Self-Domestication in Human Evolution. Front. Psychol. 21.
Carneiro, M., Rubin. C.J., Di Palma, F., Albert, F. W., Alföldi, J., Barrio, A. M., et al., (2014). Rabbit genome analysis reveals a polygenic basis for phenotypic change during domestication. Science. 2014; 345 (6200):1074–1079.
Freedman, A. H., Schweizer, R. M., Ortega-Del Vecchyo, D., Han. E., Davis, B. W., Gronau, I., et al.(2016). Demographically-based evaluation of genomic regions under selection in domestic dogs. PLoS Genet. 2016; 12 (3):e1005851.
Hare, B., and Woods, V. (2013). The genius of dogs: how dogs are smarter than you think. Penguin.
Lu, J., Tang, T., Tang, H., Huang, J., Shi, S., Wu, C. I. (2006). The accumulation of deleterious mutations in rice genomes: a hypothesis on the cost of domestication. Trends in Genetics. 2006; 22(3):126–131.
Theofanopoulou, C., Gastaldon, S., O'Rourke, T., Samuels, B. D., Messner, A., Martins, P. T. et al. (2017). Self-domestication in Homo sapiens: Insights from comparative genomics. PLoS ONE 12 (10): e0185306.
Wilkins, A. S., Wrangham, R. W. and Fitch, W. T. (2014). The “Domestication Syndrome” in Mammals: A Unified Explanation Based on Neural Crest Cell Behavior and Genetics. Genetics,

martes, 25 de junio de 2019

Conservación alimentaria en la Prehistoria


La caza y recolección fueron actividades primordiales de la actividad humana en la prehistoria. Sin embargo, el desarrollo de las poblaciones humanas no solo se logró mediante su producción, sino que también fue consecuencia de otras actividades de gran trascendencia. Me refiero a la propia planificación de la caza y recolección para periodos en los que estas actividades estaban muy limitadas fundamentalmente debido a los cambios climáticos característicos de cada tiempo y lugar. Pero esta planificación pasaba inexorablemente por mantener lo mejor posible los excedentes alimentarios logrados en las épocas de mejor clima. La conservación y almacenamiento de estos excedentes fueron fundamentales para la supervivencia humana. Como toda actividad humana su logro se debió a la actuación conjunta de las capacidades cognitivas de cada periodo (cognición social, emocional y tecnológica).


En la prehistoria la mayoría de los avances conductuales se deben al desarrollo de de la cognición causal, al apreciar en la naturaleza formas, procesos o hechos que al relacionarse de forma fortuita, recurrente y simultánea ofrecen unos resultados que pueden utilizarse para el mejoramiento de la conducta (serendipias). Este proceso implica necesariamente que deben de existir los objetos, hechos o recuerdos para que se pueda producir la relación causal, lo que explica la ascendente producción en complejidad de la conducta humana. La percepción y utilidad de los procesos de serendipias impulsa su imitación y, si era posible, con ciertas mejoras (creatividad) cuya intensidad y complejidad irían en consonancia con el aumento de los niveles de cognición causal, expansión de la memoria de trabajo, desarrollo de la teoría de la mente y autoconciencia, todas ellas interactuando entre sí y ofreciendo un intrincado proceso de coevolución cognitiva.


Desde el inicio del género Homo se produjo un progresivo y variado aumento de las fuentes de alimentación que puede apreciarse en los datos de los yacimientos. Comenzando por los más elementales grados de la cognición causal (grado 1, causa-efecto), serían el resultado del conocido método de prueba y error (algo se come, y si no pasa nada se sigue comiendo, pasando al acervo cultural del grupo). Siguiendo por conductas más complejas consecuencia del desarrollo de los mecanismos de preparación para su consumo (asar, cocer, condimentar, ahumar, salazonar, etc.); y el almacenamiento y/o conservación de lo sobrante (almacenaje adecuado, tratamientos especiales), requiere el uso de múltiples capacidades cognitivas a la vez. Seguiremos estas actuaciones a lo largo de la historia de nuestro linaje, en función del nivel de desarrollo cognitivo alcanzado por las poblaciones humanas dentro de los nichos cognitivos-culturales que caracterizaron nuestra conducta y evolución neurológica y cognitiva (mecanismos de evolución cognitivo-cultural).

I.- Cognición arcaica o básica.

Se formó con la simbolización (inicio de un protolenguaje) de las ideas elementales relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, por medio de sonidos y/o gestos socialmente conocidos (emocionales, señalización, etc.). Pudo tener cierto desplazamiento cognitivo de la acción (acciones fuera del aquí y ahora), aunque de forma muy limitada. Esto facilita las acciones conjuntas (convivencia, tecnología, logística, etc.), y desarrollaría el concepto social del grupo. Se relaciona con el Homo habilis, Homo erectus, ergaster, antecessor, rodhesiensis, georgicus y heidelbergensis), y con el Olduvaiense y Achelense como formas de cultura. Cognición causal grados 1, 2, 3/4. Corresponde a un periodo más largo (desde 2,5 Ma hasta los 250/200.000 B.P.), por lo que hay que valorar la heterogeneidad (geográfica y temporal) y lentitud de su desarrollo.

Almacenamiento y/o conservación. En este periodo no conocemos evidencias arqueológicas de métodos de conservación de alimentos, por lo que se supone que se consumiría hasta su finalización o mientras que su deterioro no lo impidiera. Sin embargo, los datos obtenidos en algunos yacimientos como el de Torralba (Díez, 1993) y el de La Cotte (Callow y Cornford, 1986) indicarían que algunas poblaciones, ya en tiempos avanzados de este periodo, obtuvieron carne en grandes cantidades, lo que plantearía la necesidad de intentar su conservación. El interés por conservar los alimentos y las conocidas relaciones de causa (frío, desecación y ahumado) y efecto (comida por más tiempo), dentro del marco de la serendipia, hacen que al menos puedan ser considerados como posibles (cognición causal de grados 1-3). La refrigeración (frío de cuevas, hielo, etc.) y la deshidratación o secado al aire de los alimentos pudo mantener la carne y algunas frutas y verduras en condiciones comestibles más días. Cuando se usa el fuego es posible que existieran ahumados, es decir, que trozos de carne sometidos a una exposición suficiente de humo de las hogueras cercanas, actuando más el humo que el calor del fuego, aunque su uso en este periodo es difícil de asumir.


Un tema especial sería la imprescindible necesidad del agua y de cierto control en su uso, lo que se puede explicar por medio de serendipias. Sería el caso del despiece de herbívoros, pues su tubo digestivo contendría muchas veces los alimentos ingeridos con anterioridad con gran cantidad de líquido que no se derramaba. La gran utilidad de su uso como continente de agua parece evidente (cognición causal grados 1-3). Igualmente, pudieron ser utilizados formas vegetales (cañas de bambú, frutos de corteza dura que puedan ser perforados, etc.), pero en todos estos casos no existen testimonios arqueológicos directos que nos confirmen su uso en este periodo, y es muy posible que necesitasen una cognición causal más desarrollada, como sería el grado 6 (atribuir causas a objetos inanimados: estanqueidad de estos restos vegetales


II. Cognición primitiva.
Este periodo se caracteriza por el desarrollo de los conceptos de individualidad social y personal, así como de una mayor ubicación temporal y espacial. Sería fundamentalmente descriptiva, lingüística, sin descartar una base gesticular, con elementos sintácticos elementales e inconscientes. Se iniciaron conductas complejas (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a los HN de cultura musteriense y a los primeros HAM en África y el Próximo Oriente. Cognición causal grados 4 y 5. Las conductas culinarias en este periodo son más homogéneas, solo al final del Paleolítico medio y del Middle Stone Age (MSA) se producen algunos avances tecnológicos y culinarios, aunque con pocos documentos arqueológicos. Hay que tener presente que existe un importante desfase cultural entre las culturas de África y Europa. El MSA es más avanzado pudiendo incluso situarse al siguiente periodo (conducta moderna básica). Tras esta indicación se incluye en el periodo primitivo por no alterar la secuencia temporal.

Almacenamiento y/o conservación. Solo con algunas técnicas de almacenamiento o de conservación se pudieron afrontar con éxito los periodos fríos conocidos a lo largo del Pleistoceno (Gamble, 1999). Sin pruebas arqueológicas que lo confirmen, en este periodo se debieron de continuar e incluso aumentar los procesos de conservación del secado, de refrigeración y/o congelación en climas adecuados, y los ahumados (cognición causal de grados 1-4 y cierto nivel del 6). Un dato interesante lo tenemos en el uso del ocre, pues es un importante repelente de insectos, lo que pudo utilizarse en este periodo para la conservación de alimentos (Hawkins et al., 1998).

III.- La alimentación en la conducta moderna básica y elaborada.
En la conducta moderna básica se alcanza un importante incremento de la individualidad social y personal, junto con una ubicación temporal y espacial perfeccionada, lo que impulsa un pensamiento y lenguaje de nivel argumentativo. Sería el inicio de un simbolismo consciente y social, al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (marcar las diferencias sociales o individuales y gestionar conductas complejas). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales. Su simbolismo pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana. Cognición causal grado 6.

Con la conducta moderna elaborada, tras el desarrollo anterior y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja. Se caracteriza por el desarrollo de un simbolismo social, espiritual y religioso progresivamente complejo, que emerge en etapas sucesivas. Este simbolismo tendría un lenguaje argumentativo y metafórico, siendo consciente, intencionado y utilizado para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea con HAM durante el Auriñaciense, aunque es posible que se produjera antes en otras áreas geográficas. Cognición causal grado 7.Con la conducta moderna (básica y elaborada) se inicia las conductas autoconscientes e intencionadas en las poblaciones de HN y HAM, relacionándose con el desarrollo de la cognición causal de los grados 6 y 7. Se inician fundamentos para el desarrollo de la creatividad, ampliando los logros de la serendipia.

A. - Cazadores y recolectores. Las poblaciones del Paleolítico superior, Epipaleolítico y/o Mesolítico fueron cazadores-recolectores, donde las técnicas de cocina y conservación de alimentos sobrantes van a desarrollarse en gran medida.

Almacenamiento y/o conservación. Durante el Paleolítico superior la conservación continuaría con las técnicas ya conocidas de deshidratación o secado al aire que se verían favorecidas en climas secos y fríos. Para la congelación se colocaban en el interior de fosas excavadas en el suelo, que en condiciones periglaciares estaba siempre congelado, donde podían conservarse durante largo tiempo (serendipias y cognición causal grados 6-7). Con parecidos fundamentos cognitivos los ahumados de carne o pescado parece que sí podrían realizarse, pero los datos arqueológicos son muy escasos y de interpretación dudosa. Así, en la cueva del Buxu (Asturias) se ha documentado en un recinto cerrado con numerosos restos de hogares y útiles relacionados, como anzuelos que podría sugerir como una zona dedicada a los procesos de ahumados (Menéndez, 1992). En el norte de Europa hace unos 9.200 años se ha encontrado un mecanismo de conservación de pescado mediante la fermentación anaeróbica o sin oxígeno (Boethius, 2016), que es posible mediante el uso de serendipias y ciertas labores creativas (cognición causal grados 6-7).

B.- Agricultores y ganaderos. En las áreas donde se van a desarrollar la agricultura y ganadería, el registro arqueológico nos muestra una tendencia progresiva hacia ellas. Parece que su desarrollo se produciría por una paulatina acumulación de serendipias (valoración positiva de ciertos conocimientos sobre las plantas y animales susceptibles de domesticación), que se fueron perfeccionando con procesos creativos de mejora, dentro de una cognición causal del grado 7. Con la producción de excedentes se incrementarían las técnicas de conservación y almacenamiento.

Almacenamiento y/o conservación. Con el desarrollo de la cognición causal en grado 7 comienzan a crearse avances tecnológicos buscados (creatividad), aunque siempre las serendipias tendrán un importante papel. El desarrollo de la cerámica permitiría el transporte y almacenamiento del agua y de alimentos (cereales, grasa, carne, vegetales, etc.) en lugares adecuados (frescos y secos), que al poder taparse se aislará de la invasión de insectos y de los múltiples depredadores. Serán los antecedentes de la creación de pozos y/o silos que se fueron creando de forma paralela al desarrollo de la agricultura.

En el Neolítico tenemos múltiples ejemplos de serendipia y creatividad que se van produciendo cada vez con mayor complejidad y utilidad. La tecnología de ahumados se atestigua en Novosibirsk (Siberia) en el yacimiento de Tartas-1 (Gertcyk, 2015), donde se han encontrado pruebas de ahumados de pescado con una antigüedad de 5000 B.P. La extracción de sal para abastecer las redes de intercambio a larga distancia (Weller, 2004: Weller y Dumitroaia, 2005), da pie a pensar en la conservación de ciertos alimentos mediante la sal (salazones, salmuera). La obtención de la sal marina mediante desecación en recipientes cerámicos (tipo cazuela), está bien documentado en el yacimiento onubense de la Marismilla durante el Neolítico final (Escacena et al., 1996). En el Neolítico medio (4500-3500 a.C.) de Cardona (Barcelona) se han encontrado las primeras trazas de aprovechamiento salino en la Península Ibérica (Figuls et al., 2010).




- Boethius, A. (2016): Something rotten in Scandinavia: The world's earliest evidence of fermentation. Journal of Archaeological Science. Volume 66, Pages 169–180.
- Callow, P. y J. M. Cornford (ed.) (1986): La Cotte de St. Brelade 1961-78: Excavations bei C. B. M. McBurney. Norwich.
- Díez, J. C. (1993): Estudio tafonómico de los macrovertebrados de yacimientos del Pleistoceno Medio. Complutum, 4: 21-40.
- Escacena Carrasco, J.L.; Rodríguez De Zuloaga, M. y Ladrón De Guevara, I. (1996): Guadalquivir Salobre. Elaboración Prehistórica de Sal Marina en las Antiguas Bocas del Río. Sevilla. Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
- Fíguls, A.; Weller, O. y Grandia, F. (2010): "La Vall Salina de Cardona: los orígenes de la minería de la sal gema y las transformaciones socioeconómicas en las comunidades del neolítico medio catalán". En Abarquero, A. y GUERRA, F. J. (ed.): Los yacimientos de Villafáfila (Zamora) en el marco de las explotaciones salineras de la prehistoria europea. Junta de Castilla y León, Valladolid, p. 49-83.
- Gertcyk, O. (2015): Fancy some Neolithic smoked fish? The Siberian Times, 6 November.
- Menéndez, M. (1992): “La cueva del Buxu (Cardes, Cangas de Onís)”. Excavaciones arqueológicas en Asturias, 1987-1990. Consejería de Educación y Cultura, Oviedo.
- Rivera, A. and Rivera, S. (2019). Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus. Ludus Vitalis, 27 (51).
- Weller, O. 2004. Los orígenes de la producción de sal: evidencias, funciones y valor en el Neolítico europeo. PYRENAE, nº 35, vol. 1 pag. 93-116.
- Weller, O. and Dumitroaia, G. 2005. The earliest salt production in the World: an Early Neolithic exploitation in Poiana Slatinei-Lunca Romania. Antiquity, vol. 79 (306).

domingo, 25 de noviembre de 2018

Evolución cognitivo-cultural (Arqueología cognitiva)

Por definición sabemos que la Arqueología cognitiva intenta comprender la evolución cognitiva del género Homo, es decir, su desarrollo cognitivo y cultural en todos sus aspectos. Para su logro es preciso que tengamos muy claro dos conceptos:

I. - Necesidad de la Arqueologíacognitiva, como medio metodológico para su estudio. En el inicio de la no existían formas o métodos para su realización. Dentro del mundo de la Antropología, mejor relacionada con la Biología, es donde comenzaron a realizar intentos de análisis. Sin embargo, todos estos inicios solo ofrecieron más confusión que realidades más o menos aceptadas por la comunidad científica.
II. - Comprensión del significado de evolución cognitivaConcepción del problema o de la separación académica sobre la evolución cognitiva respecto de la morfológica, reconociendo las características de su relación. Tal dicotomía ha tardado muchos años para realización, pues en principio se conceptuaba que la cognición era la consecuencia directa del funcionamiento del cerebro, el cual cambiaba con la evolución y actuaba tal cual.


Hay que crear un método de análisis de la conducta humana en todas sus épocas. Este es el gran problema a resolver, pues nada existía ni nos decía cómo debería de realizarse. Los supuestos razonamientos lógicos conllevaban una enorme dosis de subjetividad, y pronto se desecharon por crear más dudas que conocimiento real. En la segunda mitad del siglo pasado se comenzó a pensar que la Psicología (ciencia que estudiaba el comportamiento humano en todas sus facetas) podría ofreces unos cauces metodológicos aceptables, lo que favoreció la búsqueda de teorías que podrían acoplarse a los datos arqueológicos. Sin embargo, la Psicología también buscaba métodos científicos que sustentasen sus teorías, por lo solo podía ofrecer teorías con escaso fundamento teórico.

En el inicio de la Psicología, y ante la lógica orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

La necesaria interdisciplina

El estudio de la Psicología y de la propia Arqueología tiene que ser necesariamente abierto a otras disciplinas que las complete. En este camino, y en referencia a la Arqueología cognitiva, existen una serie de ciencias que pueden usarse como complemento interdisciplinar (Biología evolutiva, Neurología, Antropología social; etc.), pero el problema se aumenta al comprobar que, a su vez, estas ciencias son igualmente interdisciplinares.


Con la interdisciplinariedad se intenta una búsqueda sistemática de integración teórica a partir de diferentes disciplinas, partiendo de una concepción multidimensional de los fenómenos, así como el reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget et al. 1973).

La interdisciplina, como método científico adecuado para el estudio de la naturaleza y de todo lo relacionado con el género Homo, constituye un procedimiento teórico no bien conocido, pero muchas veces defendido por la comunidad científica. Sin embargo. la realidad de su utilización nos dice que su uso ha sido y es muy escaso, y que cuando se efectúa muchas veces se realiza bajo formas teóricas limitadas, por lo que es frecuente que se quede en meras intenciones, o en logros muy por debajo de las posibilidades que sus características ofrece.

Metodología interdisciplinaria

La metodología utilizada debería de tener como objetivo el análisis de los mecanismos biológicos, sociales y medioambientales que hicieron posible la evolución cognitiva de nuestro linaje. Para tal fin parece imprescindible realizar un estudio interdisciplinario con las ciencias que estudian tales mecanismos y más influencia tienen en la conducta humana (Biología evolutiva, Neurología, Psicología, Neurolingüística, Antropología social, etc.). Con la coordinación de sus datos más recientes se puede establecer un modelo funcional sobre nuestra evolución cognitiva que nos permita establecer un correlato de su producción temporal desde el inicio del género Homo hasta nuestros días.

En este contexto, el modelo debe de ser psicobiológico (Biología evolutiva, Neurología y Psicología), social (Antropología social) y ecológico (nichos humanos: cognitivos-culturales) como mínimo. Su realización nos ofrece un modelo evolutivo (Estructuralismo funcional) de las sociedades humanas que se adapta perfectamente a los datos arqueológicos obtenidos en todos los periodos.

El motor principal de estos cambios sería la cognición causal (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017), como mecanismo neurofisiológico fundamental causante del desarrollo evolutivo de la cognición humana (social, emocional y tecnológica). La cognición causal se define como la capacidad de establecer y/o reconocer una relación (causa) entre dos o más procesos cognitivos de igual o distinta modalidad (sensorial o almacenada en la memoria), produciendo una conducta o consecuencia (efecto). Sería capaz de integrar colecciones de eventos individuales dentro de una representación organizada de cadenas y redes de relaciones causales (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017). Su desarrollo se produce en el carácter exaptativo de nuestro cerebro, junto con la interacción de otras capacidades cognitivas (coevolución), para poder producir nuevas manifestaciones cognitivas (emergencia), donde la influencia del medio ambiente es determinante (Rivera and Rivera, 2017).

El actual desarrollo de estas ideas está ofreciendo diversos estudios en los que la cultura es el motor de la evolución (efecto Baldwin) y del desarrollo de las capacidades cognitivas humanas. Naturalmente, su desarrollo precisa que se produzca dentro de un nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011; Colagè and d’Errico, 2018; Muthukrishna et al. 2018). El cuadro siguiente expone un resumen del modelo de forma gráfica, pero creo que ilustrativa.


Un buen resumen de los mecanismos interdisciplinares que han originado y desarrollado la cognición y cultura humana lo podemos ver en Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus (Rivera y Rivera, 2019)


martes, 26 de junio de 2018

La cocción en el Paleolítico (adaptación y/o evolución cognitiva)

El uso del fuego para cocer favorecía el aumento de la gama de alimentos utilizados, tanto de formas vegetales (raíces, bulbos o granos demasiados duros para comer) o animales. La cocción favoreció el uso intensivo de los nutrientes de la caza y recolección, la masticación y su asimilación en personas con grandes carencias de dientes, la eliminación de numerosos patógenos y exotoxinas, aumentando la digestibilidad general. Se incrementó enormemente el rendimiento energético y nutricional de los alimentos al poder cocer huesos troceados y crear formas de caldo al que se podrían añadir otras sustancias muy variadas (carne, vegetales, etc.) (Carmody et al. 2011; Speth, 2015; Zink et al. 2014). El uso del fuego como técnica de cocina se relaciona con objetos de forma cóncava (pieles, tripas, corteza de árboles, etc.) que contengan agua en su interior, pues pueden ponerse al fuego sin que se queme la parte en contacto directo con el calor, siempre y cuando continúe con agua, la cual hervirá y podrá cocerse en ella los alimentos (Speth, 2015).

Paleolítico medio

Su utilización se ha visto mediante testimonios indirectos, como sería el caso del descubrimiento en el Paleolítico medio europeo de una masilla alquitranada usada para afianzar los enmangues, obtenida de una combustión reductora (sin oxigeno) de la corteza de abedul, lo que lo relaciona con complejos mecanismos de cocción del agua (Pawlik & Thissen, 2011; Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017). Los procesos de cocina y obtención de masilla (los dos son serendipias) parecen independientes, pero es muy posible que la cocción sea la causa del otro. Al buscar formas cóncavas donde poder hervir el agua (corteza de abedul) de alguna manera el proceso adquirió formas reductoras (pobreza de oxigeno al estar más o menos enterradas o aisladas del aire) obteniéndose fortuitamente la brea de abedul, que al enfriarse adquiría consistencia sólida, además de adherirse a lo que estuviera en contacto, siendo utilizado en el enmangue de útiles líticos (Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017).

Sería otro ejemplo de serendipia, aunque en su desarrollo práctico se aprecian indicios de creatividad, para lo cual se precisaría una cognición causal desarrollada (grados 4, 5 y 6), como veremos más adelante. Otro indirecto testimonio arqueológico del uso del fuego en cocina ha sido establecido al relacionarlo con la paulatina disminución del tamaño de los dientes de los neandertales que se inició alrededor de los 100 ka, tendencia que podría sugerir el uso de comida más blanda y nutricional (cocinada), favoreciendo los fenotipos de dientes más pequeños (Wrangham & Conklin-Brittain, 2003). Igualmente, las prácticas de cocina relacionadas con la cocción se asocian con la molienda de los vegetales para su consumo (Henry et al., 2014; Speth, 2015). En Mozambique se ha constatado el uso de semillas (sorgo) por los primeros HAM hace al menos 105 Ka, lo que implicaría el uso de alguna forma de molienda no documentada (Mercader, 2009). En este contexto, se ha documentado utensilios para moler o morteros de piedra, los cuales se utilizaron para producir ocre en polvo, pero sin datos de su uso en la molienda de cereales (Roebroeks et al., 2012). La mejor evidencia se encuentra en los granos de almidón extraídos de un cálculo dental de un neandertal en Shanidar, pues están distorsionados de forma que sugieren una preparación culinaria en presencia de humedad (Henry et al. 2011). El origen de las posibles formas de molienda se explica con el desarrollo de la cognicióncausal de los grados 4, 5 y es posible que el 6 en periodos más recientes.

Grado 4: Comprensión diádica-causal separada. Este grado depende de la capacidad de tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero de diferente etiología. Una directa observación sensorial y otra un recuerdo de experiencias similares, con el fin de comprender su relación causa-efecto. Se establece un razonamiento causal consciente del efecto observado (ropa en una silla) a la causa inobservada (su dueño, al que podemos reconocer, la dejó allí). Se observa una expansión de la memoria de trabajo para mantener más de dos representaciones mentales desiguales a la vez. Se reafirma la teoría de la mente al pensar que el otro actúa como lo haríamos nosotros.

Grado 5: Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica. Lo mismo que el anterior pero con especies biológicas diferentes. Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies, realizado de forma indirecta (e. g. rastros de su desplazamiento) y con experiencias previas. Igualmente requiere cierto desarrollo de la memoria de trabajo.

Grado 6: Comprensión causal inanimada. Atribuir causas a objetos inanimados (e. g. ver caer una manzana cuando hay viento). La causa no se percibe directamente, sino que se infiere. Requiere la utilización de la memoria de trabajo y cierto desarrollo de la flexibilidad conductual (ligada al lenguaje y autoconciencia).



GRADOS DE COGNICIÓN CAUSAL

GRADO
CONCEPTO
EJEMPLO
CARACTERÍSTICAS
NECESIDADES
1
Comprensión causal individual
Relación entre una causa y su inmediato efecto

Golpe-caída

Individual
Percepción y atención
Aprendizaje por condicionamiento
2
Comprensión diádica-causal

Dos agentes diferentes por turnos en una acción conjunta
Dos agentes en una acción común alternante
Social
Entendimiento diádico-causal básico
¿Inicio de la teoría de la mente?
3
Lectura coespecífica de la mente ajena

La intención causal de las acciones de otros son similares a las mías.
La mirada de otro nos puede indicar sus intenciones
Social
Tus deseos, intenciones y creencias son similares a los míos. Mismos efectos
Inicio básico de la teoría de la mente

4
Comprensión diádica-causal separada

Tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero diferentes en su producción (sensorial y memoria).
Conespecífico Pistas que se alejan de una fuente de agua, Inferir que sus autores saciaron su sed y se fueron a comer o descansar
Social
Observación sensorial y recuerdo de experiencias similares, comprender su relación causa-efecto existente entre ellos.
Teoría de la mente
Expansión de la memoria de trabajo
5
Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica

Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies,
No- conespecífico
Comprensión de la causa-efecto: rastros de su desplazamiento
El desarrollo y diferencias entre los grados conespecíficos 3 y 4 y el grado 5 (no-coespecífico), es gradual dependiendo de la experiencia previa
Desarrollo de la memoria de trabajo
Experiencia  anterior
6
Comprensión causal inanimada


Atribuir causas a objetos inanimados

Caer una manzana cuando hay viento
Causa efecto

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual, autoconciencia

7
Comprensión de la red causal

Nodos causales específicos de un dominio se conecta o enlaza a las redes causales de otros dominios diferentes

Ciencia

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual,
lenguaje autoconciencia

Como puede comprobarse siempre se relacionan hechos, objetos, animales, personas, recuerdos que se perciben en ese momento o se tienen en la memoria. Esta podría ser la explicación del desarrollo de la cognición causal, donde dos o más estímulos de igual o diferente origen (sensoriales o memorísticos), creados por una percepción de forma simultánea y reiterada, son capaces, en un momento preciso, de relacionarse mediante mecanismos sinápticos y crear una red neurológica nueva, con una respuesta conductual diferente y nueva. La cual se acumula en el acervo cultural del grupo y serviría como nuevo elemento memorístico que correlacionar con otros elementos sensoriales obtenidos de la observación del medio ambiente. Sería el caso se la utilización de las piedras calientes que vemos en el siguiente apartado.

Paleolítico superior

Arqueológicamente vemos un desarrollo de la cocina para hacer hervir al agua y cocer los alimentos, mediante el uso de piedras calientes. En un medio donde echar el agua (tripas, pieles, madera), se introduce piedras calentadas al fuego de forma continuada hasta que hierva, continuando hasta que la comida esté hecha (Speth, 2015). El testimonio arqueológico es el hallazgo de piedras térmicamente alteradas (FCR) por los reiterados calentamientos al fuego y su enfriamiento más o menos brusco al introducirlas en el agua que se pretende hervir. Con estas características aparecen en el inicio del Paleolítico superior, haciéndose comunes al final del periodo y sobre todo en el Mesolítico (Nakazawa et al. 2009; Chatters et al. 2012).

Esta técnica parece una mejora creativa de la tecnología ya conocida en el Paleolítico medio de hervir el agua. La motivación podría haber sido por el aumento de los comensales o la necesidad de aumentar la duración de los envases (pieles, tripas, etc.), por medio de un calentamiento indirecto en lugar de exponerlos directamente al fuego (Speth, 2015). En este desarrollo se podría inferir cierta conducta creativa, consecuencia de la unión de diversos procesos, como son el conocimiento de la cocción en pieles húmedas, el interés de la meta culinaria y social (motivación) y la relación de hechos conocidos (piedras calientes), para realizar el traslado al agua del calor. Se precisaría el desarrollo de la cognición causal hasta los grados 4, 5 y el 6

Conclusiones

Se podría asumir que estos avances culinarios, fundamentales en la adaptación humana a cualquier ecosistema, se producen mediante procesos adaptativos al medio. Sin embargo, estas capacidades de adaptación solo son posibles tras cierto desarrollo cognitivo (grados de cognición causal), lo que tiene lugar tras la evolución cultural y social de las poblaciones humanas. No hay que olvidar que la evolución biológica nos dota de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas), tanto racionales (memoria, cierto nivel de funciones ejecutivas, atención y percepción) como las emociones primarias (miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, asco y sorpresa). Nuestras características neurológicas y psicológicas necesitan de un medio ambiente adecuado, que previamente hay que crear (social, económico, tecnológico, lingüístico, etc.), para que las capacidades cognitivas básicas (racionales y emocionales) se desarrollen adecuadamente. Podría definirse como un nicho cultural-cognitivo que posibilite tal desarrollo.

Cuando la evolución neurológica sea suficiente y las características ambientales adquieran un nivel adecuado, pueden producirse nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, escritura, etc.), que se transforman en actividades sociales, culturales, logísticas y simbólicas con un enorme poder adaptativo. 


Carmody, R. N.; Weintraub, G. S. & Wrangham, R.W. 2011. Energetic consequences of thermal and nonthermal food processing”. PANAS, 108, 19199–19203.
Henry, A. G., Brooks, A. S. & Pipermo, D. R. 2011. Microfossils in calculus demonstrate consumption of plants and cooked foods in Neanderthal diets (Shanidar III, Iraq; Spy I and II, Belgium). PANAS, 108, 486–491.
Kozowyk, P. R. B., Soressi, M., Pomstra, D. & Angejans, G. H. J. 2017. Experimental methods for the Palaeolithic dry distillation of birch bark: implications for the origin and development of Neandertal adhesive technology. Scientific Reportsvolume7, Article number: 8033
Mercader, J. 2009. Mozambican Grass Seed Consumption During the Middle Stone Age. Science, vol. 326:1680-1683.
Pawlik, A. F. & Thissen, J. P. 2011. Hafted armatures and multi-component tool design at the Micoquian site of Inden-Altdorf, Germany. Journal of Archaeological Science 38, 1699–1708.
Roebroeks, W., Sier, M. J., Kellberg Nielsen, T., De Loecker, D., Parés, J. M., Arps, Ch. E.S. & Mücher, H. J. 2012. Use of red ochre by early Neandertals. PANAS. 109(6): 1889–1894.
Speth, J. D. 2015. When Did Humans Learn to Boil? PaleoAnthropology, 54−67.
Zink, K.D.; Lieberman, D.E. & Lucas, P.W. 2014. Food material properties and early hominin processing techniques. Journal of Human Evolution 77, 155–166.
Wrangham, R.W. & Conklin-Brittain, N.L. 2003. Cooking as a biological trait. Comparative Biochemistry and Physiology A-Molecular and Integrative Physiology 136, 35–46.