martes, 26 de junio de 2018

La cocción en el Paleolítico (adaptación y/o evolución cognitiva)

El uso del fuego para cocer favorecía el aumento de la gama de alimentos utilizados, tanto de formas vegetales (raíces, bulbos o granos demasiados duros para comer) o animales. La cocción favoreció el uso intensivo de los nutrientes de la caza y recolección, la masticación y su asimilación en personas con grandes carencias de dientes, la eliminación de numerosos patógenos y exotoxinas, aumentando la digestibilidad general. Se incrementó enormemente el rendimiento energético y nutricional de los alimentos al poder cocer huesos troceados y crear formas de caldo al que se podrían añadir otras sustancias muy variadas (carne, vegetales, etc.) (Carmody et al. 2011; Speth, 2015; Zink et al. 2014). El uso del fuego como técnica de cocina se relaciona con objetos de forma cóncava (pieles, tripas, corteza de árboles, etc.) que contengan agua en su interior, pues pueden ponerse al fuego sin que se queme la parte en contacto directo con el calor, siempre y cuando continúe con agua, la cual hervirá y podrá cocerse en ella los alimentos (Speth, 2015).

Paleolítico medio

Su utilización se ha visto mediante testimonios indirectos, como sería el caso del descubrimiento en el Paleolítico medio europeo de una masilla alquitranada usada para afianzar los enmangues, obtenida de una combustión reductora (sin oxigeno) de la corteza de abedul, lo que lo relaciona con complejos mecanismos de cocción del agua (Pawlik & Thissen, 2011; Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017). Los procesos de cocina y obtención de masilla (los dos son serendipias) parecen independientes, pero es muy posible que la cocción sea la causa del otro. Al buscar formas cóncavas donde poder hervir el agua (corteza de abedul) de alguna manera el proceso adquirió formas reductoras (pobreza de oxigeno al estar más o menos enterradas o aisladas del aire) obteniéndose fortuitamente la brea de abedul, que al enfriarse adquiría consistencia sólida, además de adherirse a lo que estuviera en contacto, siendo utilizado en el enmangue de útiles líticos (Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017).

Sería otro ejemplo de serendipia, aunque en su desarrollo práctico se aprecian indicios de creatividad, para lo cual se precisaría una cognición causal desarrollada (grados 4, 5 y 6), como veremos más adelante. Otro indirecto testimonio arqueológico del uso del fuego en cocina ha sido establecido al relacionarlo con la paulatina disminución del tamaño de los dientes de los neandertales que se inició alrededor de los 100 ka, tendencia que podría sugerir el uso de comida más blanda y nutricional (cocinada), favoreciendo los fenotipos de dientes más pequeños (Wrangham & Conklin-Brittain, 2003). Igualmente, las prácticas de cocina relacionadas con la cocción se asocian con la molienda de los vegetales para su consumo (Henry et al., 2014; Speth, 2015). En Mozambique se ha constatado el uso de semillas (sorgo) por los primeros HAM hace al menos 105 Ka, lo que implicaría el uso de alguna forma de molienda no documentada (Mercader, 2009). En este contexto, se ha documentado utensilios para moler o morteros de piedra, los cuales se utilizaron para producir ocre en polvo, pero sin datos de su uso en la molienda de cereales (Roebroeks et al., 2012). La mejor evidencia se encuentra en los granos de almidón extraídos de un cálculo dental de un neandertal en Shanidar, pues están distorsionados de forma que sugieren una preparación culinaria en presencia de humedad (Henry et al. 2011). El origen de las posibles formas de molienda se explica con el desarrollo de la cognicióncausal de los grados 4, 5 y es posible que el 6 en periodos más recientes.

Grado 4: Comprensión diádica-causal separada. Este grado depende de la capacidad de tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero de diferente etiología. Una directa observación sensorial y otra un recuerdo de experiencias similares, con el fin de comprender su relación causa-efecto. Se establece un razonamiento causal consciente del efecto observado (ropa en una silla) a la causa inobservada (su dueño, al que podemos reconocer, la dejó allí). Se observa una expansión de la memoria de trabajo para mantener más de dos representaciones mentales desiguales a la vez. Se reafirma la teoría de la mente al pensar que el otro actúa como lo haríamos nosotros.

Grado 5: Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica. Lo mismo que el anterior pero con especies biológicas diferentes. Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies, realizado de forma indirecta (e. g. rastros de su desplazamiento) y con experiencias previas. Igualmente requiere cierto desarrollo de la memoria de trabajo.

Grado 6: Comprensión causal inanimada. Atribuir causas a objetos inanimados (e. g. ver caer una manzana cuando hay viento). La causa no se percibe directamente, sino que se infiere. Requiere la utilización de la memoria de trabajo y cierto desarrollo de la flexibilidad conductual (ligada al lenguaje y autoconciencia).



GRADOS DE COGNICIÓN CAUSAL

GRADO
CONCEPTO
EJEMPLO
CARACTERÍSTICAS
NECESIDADES
1
Comprensión causal individual
Relación entre una causa y su inmediato efecto

Golpe-caída

Individual
Percepción y atención
Aprendizaje por condicionamiento
2
Comprensión diádica-causal

Dos agentes diferentes por turnos en una acción conjunta
Dos agentes en una acción común alternante
Social
Entendimiento diádico-causal básico
¿Inicio de la teoría de la mente?
3
Lectura coespecífica de la mente ajena

La intención causal de las acciones de otros son similares a las mías.
La mirada de otro nos puede indicar sus intenciones
Social
Tus deseos, intenciones y creencias son similares a los míos. Mismos efectos
Inicio básico de la teoría de la mente

4
Comprensión diádica-causal separada

Tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero diferentes en su producción (sensorial y memoria).
Conespecífico Pistas que se alejan de una fuente de agua, Inferir que sus autores saciaron su sed y se fueron a comer o descansar
Social
Observación sensorial y recuerdo de experiencias similares, comprender su relación causa-efecto existente entre ellos.
Teoría de la mente
Expansión de la memoria de trabajo
5
Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica

Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies,
No- conespecífico
Comprensión de la causa-efecto: rastros de su desplazamiento
El desarrollo y diferencias entre los grados conespecíficos 3 y 4 y el grado 5 (no-coespecífico), es gradual dependiendo de la experiencia previa
Desarrollo de la memoria de trabajo
Experiencia  anterior
6
Comprensión causal inanimada


Atribuir causas a objetos inanimados

Caer una manzana cuando hay viento
Causa efecto

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual, autoconciencia

7
Comprensión de la red causal

Nodos causales específicos de un dominio se conecta o enlaza a las redes causales de otros dominios diferentes

Ciencia

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual,
lenguaje autoconciencia

Como puede comprobarse siempre se relacionan hechos, objetos, animales, personas, recuerdos que se perciben en ese momento o se tienen en la memoria. Esta podría ser la explicación del desarrollo de la cognición causal, donde dos o más estímulos de igual o diferente origen (sensoriales o memorísticos), creados por una percepción de forma simultánea y reiterada, son capaces, en un momento preciso, de relacionarse mediante mecanismos sinápticos y crear una red neurológica nueva, con una respuesta conductual diferente y nueva. La cual se acumula en el acervo cultural del grupo y serviría como nuevo elemento memorístico que correlacionar con otros elementos sensoriales obtenidos de la observación del medio ambiente. Sería el caso se la utilización de las piedras calientes que vemos en el siguiente apartado.

Paleolítico superior

Arqueológicamente vemos un desarrollo de la cocina para hacer hervir al agua y cocer los alimentos, mediante el uso de piedras calientes. En un medio donde echar el agua (tripas, pieles, madera), se introduce piedras calentadas al fuego de forma continuada hasta que hierva, continuando hasta que la comida esté hecha (Speth, 2015). El testimonio arqueológico es el hallazgo de piedras térmicamente alteradas (FCR) por los reiterados calentamientos al fuego y su enfriamiento más o menos brusco al introducirlas en el agua que se pretende hervir. Con estas características aparecen en el inicio del Paleolítico superior, haciéndose comunes al final del periodo y sobre todo en el Mesolítico (Nakazawa et al. 2009; Chatters et al. 2012).

Esta técnica parece una mejora creativa de la tecnología ya conocida en el Paleolítico medio de hervir el agua. La motivación podría haber sido por el aumento de los comensales o la necesidad de aumentar la duración de los envases (pieles, tripas, etc.), por medio de un calentamiento indirecto en lugar de exponerlos directamente al fuego (Speth, 2015). En este desarrollo se podría inferir cierta conducta creativa, consecuencia de la unión de diversos procesos, como son el conocimiento de la cocción en pieles húmedas, el interés de la meta culinaria y social (motivación) y la relación de hechos conocidos (piedras calientes), para realizar el traslado al agua del calor. Se precisaría el desarrollo de la cognición causal hasta los grados 4, 5 y el 6

Conclusiones

Se podría asumir que estos avances culinarios, fundamentales en la adaptación humana a cualquier ecosistema, se producen mediante procesos adaptativos al medio. Sin embargo, estas capacidades de adaptación solo son posibles tras cierto desarrollo cognitivo (grados de cognición causal), lo que tiene lugar tras la evolución cultural y social de las poblaciones humanas. No hay que olvidar que la evolución biológica nos dota de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas), tanto racionales (memoria, cierto nivel de funciones ejecutivas, atención y percepción) como las emociones primarias (miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, asco y sorpresa). Nuestras características neurológicas y psicológicas necesitan de un medio ambiente adecuado, que previamente hay que crear (social, económico, tecnológico, lingüístico, etc.), para que las capacidades cognitivas básicas (racionales y emocionales) se desarrollen adecuadamente. Podría definirse como un nicho cultural-cognitivo que posibilite tal desarrollo.

Cuando la evolución neurológica sea suficiente y las características ambientales adquieran un nivel adecuado, pueden producirse nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, escritura, etc.), que se transforman en actividades sociales, culturales, logísticas y simbólicas con un enorme poder adaptativo. 


Carmody, R. N.; Weintraub, G. S. & Wrangham, R.W. 2011. Energetic consequences of thermal and nonthermal food processing”. PANAS, 108, 19199–19203.
Henry, A. G., Brooks, A. S. & Pipermo, D. R. 2011. Microfossils in calculus demonstrate consumption of plants and cooked foods in Neanderthal diets (Shanidar III, Iraq; Spy I and II, Belgium). PANAS, 108, 486–491.
Kozowyk, P. R. B., Soressi, M., Pomstra, D. & Angejans, G. H. J. 2017. Experimental methods for the Palaeolithic dry distillation of birch bark: implications for the origin and development of Neandertal adhesive technology. Scientific Reportsvolume7, Article number: 8033
Mercader, J. 2009. Mozambican Grass Seed Consumption During the Middle Stone Age. Science, vol. 326:1680-1683.
Pawlik, A. F. & Thissen, J. P. 2011. Hafted armatures and multi-component tool design at the Micoquian site of Inden-Altdorf, Germany. Journal of Archaeological Science 38, 1699–1708.
Roebroeks, W., Sier, M. J., Kellberg Nielsen, T., De Loecker, D., Parés, J. M., Arps, Ch. E.S. & Mücher, H. J. 2012. Use of red ochre by early Neandertals. PANAS. 109(6): 1889–1894.
Speth, J. D. 2015. When Did Humans Learn to Boil? PaleoAnthropology, 54−67.
Zink, K.D.; Lieberman, D.E. & Lucas, P.W. 2014. Food material properties and early hominin processing techniques. Journal of Human Evolution 77, 155–166.
Wrangham, R.W. & Conklin-Brittain, N.L. 2003. Cooking as a biological trait. Comparative Biochemistry and Physiology A-Molecular and Integrative Physiology 136, 35–46.

domingo, 29 de abril de 2018

Cognición y conducta


Cognición y conducta son dos términos ampliamente utilizados en los estudios arqueológicos. La conducta porque su estudio constituye el principal fin de la Arqueología, Antropología y Prehistoria; y la cognición o capacidades cognitivas porque se considera como causante de tales manifestaciones conductuales. Su unión (causa-efecto) parece muy clara, pero las características de tal unión no están muy claras entre los que se dedican al desarrollo práctico de las disciplinas académicas antes mencionadas.

Algunos ni siquiera se lo piensan, otorgando a cada especie humana las capacidades cognitivas que la evolución les ha concedido. Otros, trabajando dentro del marco temporal de cada especie, opinan que se debieron de producir las mutaciones que favorecieron o potenciaron las características conductuales que aumentaron significativamente la adaptación humana a los diversos ambientes (más o menos hostiles) en los que consiguieron sobrevivir y desarrollarse. Sin embargo, conocemos dos criterios que desmienten en gran parte tales aseveraciones, uno arqueológico y otro psicobiológico.


- Arqueología. En los intentos de establecer una correlación entre las capacidades cognitivas humanas y los datos arqueológicos, Colin Renfrew descubre lo que ha denominado como sapient paradox. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace más de 100.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico y complejo) no aparecen hasta fechas que sitúa sobre el 60.000 BP (p. e. en África en Bomblos), pero las conductas propias de nuestro sabio cerebro no se establecieron hasta mucho después de forma definitiva hasta el inicio del Paleolítico superior (40.000 BP en Europa). Con estas consideraciones arqueológicas las conductas con un complejo simbolismo (religión, lenguaje, arte, etc.) se ven más como trayectorias de un desarrollo cultural que como consecuencia de una innata capacidad biológica producida por específicas mutaciones. Hay que pensar que los cambios conductuales que se aprecian en el inicio de las culturas del Paleolítico superior puedan considerarse como productos emergentes o emergencias conductuales (Renfrew, 2008).

- Psicobiológico. Conocemos que la evolución neurológica tuvo especial relevancia en las áreas asociativas del córtex mediante la acción de los genes reguladores u Hox (heterocronías). Recientemente se ha comprobado que algunos de ellos actúan en la producción de pliegues o girificación del córtex cerebral (Rilling e Insel, 1999; Cela Conde, 2002), como es el caso del gen ARHGAP11B, existente en los Neandertales (HN) y Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) (Florio et al. 2015), del gen TRNP1 (Stahl et al. 2013), o del gen SRGAP2 y sus sucesivas mutaciones relacionadas con el desarrollo neocortical y la plasticidad neuronal (Dennis et al. 2012). Sin duda deben de mediar en los factores de trascripción que inician y paran los procesos del desarrollo realizados por otros genes, como sería el caso del control del tiempo de creación de unidades proliferativas en la formación embriológica del córtex (Flórez et al. 1999; Rakic, 1995). Paralelamente, se producen mejores características de interconexión al tener menor densidad neuronal que otras especies de primates (Semendeferi y Damasio, 2000).


Ambas acciones evolutivas ofrecen la posibilidad de un aumento neuronal y funcional con un carácter alométrico y cuantitativo (Florio et al. 2015), es decir, de mayor potencialidad (más neuronas y mayor capacidad de sinapsis), pero poca definición funcional. En este contexto, el aumento cualitativo o funcional del córtex es muy dependiente de las aferencias que reciben del medio ambiente. La plasticidad neuronal (Kandel et al. 1997; Flórez et al. 1999), la muerte neuronal (Petanjek et al. 2011), una mielinización amplia y tardía (Bercury y Macklin, 2015) y la existencia de un periodo crítico (Richards y Schmidt, 2002) son procesos neurológicos que parecen indicar la dependencia de las aferencias que reciba el cerebro del medio ambiente para un adecuado desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992; Grimshaw et al. 1998; Flórez et al. 1999).

La mayor potencialidad neuronal y sináptica, a partir de las aferencias externas (sensaciones) e internas (recuerdos de memoria, emociones), forman las redes neurales responsables de nuevas formas de conducta (cognición causal).

Características de la relación cognición conducta

La conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este modelo psicobiológico, social y evolutivo nos lleva a admitir y explicar una serie de procesos que, sobre la evolución cultural humana, observamos en el registro arqueológico en Europa.

- Las capacidades cognitivas que pueden producir conductas simbólicas, estarían presentes en los grupos humanos del Musteriense y del MSA (tanto HAM como HN con algunas diferencias aún no conocidas), pero sin un medio ambiente adecuado (influenciado por el desarrollo tecnológico, la sociabilidad, demografía, evolución lingüística), no se dieron las condiciones necesarias para su desarrollo y manifestación. Es la explicación del hecho de que los seres humanos tuvieran diferentes desarrollos culturales en el mismo tiempo y en diferentes lugares (evolución cultural en mosaico).

- El desarrollo cognitivo y su manifestación conductual no tienen porqué ser homogéneos ni paralelos en los logros tecnológicos, sociales y simbólicos. El registro arqueológico indica que primero se produjo un avance tecnológico, que favoreció el aumento demográfico y, con posteridad, motivó la producción de elementos simbólicos.

- En el análisis de la conducta de una población en un período determinado, hay que valorar la que ofrecen todos sus componentes en su expansión geográfica y temporal, así como sus características medioambientales.

- Los dos grupos humanos (HN y HAM) son la representación de dos Humanidades diferentes, cada una de ellas con unas capacidades cognitivas específicas, que desde luego hay que intentar describir. No obstante, al tener un indiscutible origen evolutivo común, y por tanto neurológico, se producirían pequeñas variaciones (anatómicas y fisiológicas) sobre determinadas áreas cerebrales. Con ello, se apreciarían diferencias de grado la funcionalidad cognitiva, no la existencia de capacidades cognitivas diferentes. Sería la justificación biológica de las diferencias conductuales existentes entre estas dos poblaciones humanas.

Podemos seguir insistiendo en la total igualdad de las dos poblaciones, pero la realidad arqueológica indica que aunque algunos HN tuvieron una tecnología ósea, simbolismo con adornos, un desarrollo social y logístico importante, todo ello presenta unas características diferentes de las que presentaban los HAM del mismo periodo (dos Humanidades). Pues mientras que en los primeros las facetas culturales más complejas (relacionadas con la conducta simbólica y el desarrollo cognitivo de las capacidades cognitivas que lo posibilitan) fueron limitadas en el tiempo y en el espacio (sólo algunos HN tuvieron con claridad tal conducta), entre los HAM se constata un desarrollo generalizado, homogéneo en su complejidad y en constante evolución.



Conclusiones

En definitiva, la conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este medioambiente humano es lo que constituye un nicho cognitivo-conductual donde todos los seres humanos tienen que desarrollarse para lograr las características de su población.
Siempre hay que tener claro que la evolución nos ofrece con nuestro cerebro unas capacidades cognitivas de dos tipos:

- Con cierto carácter innato (capacidades cognitivas primarias): percepción, atención, memoria, algunas emociones, algún nivel de las funciones ejecutivas no bien analizadas.
- Con carácter potencial, es decir, que se desarrollan en función de las características medioambientales en las que se encuentren desde su nacimiento (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, emociones autoconscientes, etc.). Su manifestación conductual entraría en lo que se entiende como desarrollo cognitivo o emergente.

* Belinchón, M., Igoa, J. M., Riviére, A., (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Bercury, K. K., Macklin, W. B., (2015): Dynamics and Mechanisms of CNS Myelination. Developmental Cell, 32(4):447-58.
* Cela Conde, C. J. (2002): “La filogénesis de los homínidos”. Diálogo filosófico, 53: 228-258.
* Dennis, M. Y., Nuttle, X., Sudmant, P. H., Antonacci, F., Graves, T. A., Nefedov, M., Eichler, E. E., (2012): Evolution of human-specific neural SRGAP2 genes by incomplete segmental duplication. Cell, 149 (4), 912–922.
* Flórez, J.; García-Porrero, J. A.; Gómez, P.; Izquierdo, J. M.; Jimeno, A. y Gómez, E. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Santander. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. 
* Florio, M.; Albert, M.; Taverna, E.; Namba, T.; Brandl, H.; Lewitus, E.; Haffner, Ch.; Sykes, A.; Kuan Wong, F.; Peters, J.; Guhr, E.; Klemroth, S.; Prüfer, K.; Kelso, J.; Naumann, R.; Nüsslein, I.; Dahl, A.; Robert Lachmann, Pääbo, S. y Huttner W. B. (2015), “Human-specific gene ARHGAP11B promotes basal progenitor amplification and neocortex expansion”. Science, 347 (6229): 1465-1470.
* Grimshaw, G. M., Adelstein, A., Bryden, M. P., MacKinnon, G. E., (1998): First-language acquisition in adolescence: evidence for a critical period for verbal language development. Brain and Language, 63, 2, 237-255.
* Kandel, E. E.; Schwartz, J. H. y Jessell, T. M. (1997): Neurociencia y conducta. New York. Prentice Hall.
* Petanjek, Z., Judaš, M., Šimić, G., Rašin, M. R., Uylings, H. B. M., Rakic, P., Kostović, I., (2011): Extraordinary neoteny of synaptic spines in the human prefrontal cortex. PNAS, 108(32), 13281–13286.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”, in Changeux, J. P. y Chavaillon J. (eds.). Origins of the human brain. Oxford. Clarendon Press. 85-100.
* Richards, J. C., Schmidt, R., (2002): Longman Dictionary of Language Teaching and Applied Linguistics. Longman. London.
* Rilling, J. K. e Insel, T. R. (1999): “The primate neocórtex in comparative perspective using magnetic resonance imaging”. Journal of Human Evolution, 37, 191-223.
* Stahl, R., Walcher, T., De Juan Romero, C., Alexander Pilz; G., Cappello, S., Irmller, M., Sanz-Aquela, J. M., Beckers, J., Blum, R., Borrell, V., Götz, M., (2013): Trnp1 Regulates Expansion and Folding of the Mammalian Cerebral Cortex by Control of Radial Glial Fate. Cell 153, 535–549.

domingo, 7 de enero de 2018

Lenguaje como conducta arqueológica

El inicio y desarrollo del lenguaje es un tema muy controvertido dentro de la Arqueología, pues su estudio siempre ha carecido de un modelo de desarrollo cognitivo que poder aplicar a los fósiles y conducta del género Homo. Analizar hechos y conductas de un claro simbolismo sin una línea argumental (metodología) que nos guie en su producción y desarrollo, la mayoría de las veces solo nos conduce a hipótesis fundamentadas solo en las ideas del que las desarrolla. Tal apreciación ha sido manifestada desde hace mucho tiempo, pero poco se ha realizado en su solución. Dos autores de reconocido prestigio lo indican con diáfana claridad (Cela Conde y Ayala, 2001: 489):   

...cualquier propuesta referente a la filogénesis del lenguaje humano tiene que resignarse a ser por el momento especulativa. Pero cabe intentar, al menos, que la especulación se sujete a las pruebas disponibles y se limite al mínimo imprescindible para ofrecer un modelo coherente de la filogénesis de nuestra competencia lingüística.

En primer problema, y puede que el fundamental, reside en la propia concepción que tenemos tanto del lenguaje humano como del desarrollo cognitivo de nuestro género. Del primero se ha hablado mucho y casi siempre se ha identificado como una capacidad propia de nuestro linaje, mediada por cambios genéticos que lo posibilitaban y proporcionaba la ventaja evolutiva para su expansión biológica. Pero el lenguaje humano es un complejo proceso neurológico, psicológico y social que podría definirse así (Rivera, 2009):

Sería la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común).
  
Si seguimos tal definición vemos que existe una íntima relación entre el pensamiento, lenguaje y conducta. Tal relación es una constante en todos los periodos de nuestra historia, pues cada uno de estos procesos cognitivos nos conduce inexorablemente a establecer una relación con los otros dos. En este sentido, no parece lógico analizar el lenguaje con total independencia, salvo en los asuntos de carácter meramente lingüísticos, donde difícilmente se llegaría a alguna conclusión mínimamente aceptable dentro de tal ámbito. Aunque durante el Paleolítico el nivel de desarrollo de cada uno de ellos fuera elemental, no dejan de tener los mismos patrones de actuación que en la actualidad. Por tanto, estamos obligados, en el estudio sobre el lenguaje en la prehistoria, a tener presente la relación de estos tres procesos cognitivos, pues:



- Hablamos sobre lo que pensamos y hacemos.
- Hacemos lo que pensamos, y de ello hablamos.
- Pensamos sobre lo escuchado (lenguaje), observado y realizado (conducta).

El pensamiento o actividad cognitiva cerebral es siempre el eje principal de todo el proceso, siendo el origen de lo que hacemos y hablamos. La realización del lenguaje, por tener componentes abstractos, depende de los procesos cognitivos más que de las capacidades de fonación (Cela y Ayala, 2001), aunque su simbolización sonora requiere ciertos condicionantes lingüísticos para que sea efectivo.

Estos componentes abstractos son los que nos van a servir para poder analizar el uso y desarrollo del lenguaje en el Paleolítico. Corresponden a dos grupos de abstracciones claves en el lenguaje y la conducta humana.

- El desplazamiento cognitivo que permite la planificación de las acciones a realizar por la sociedad fuera de los límites de la acción que ocurre aquí y ahora. Su desarrollo facilita una mejor organización de la caza, el almacenamiento de comida como medida previsora, conocer cuándo y por dónde pueden transcurrir las manadas o los animales que pueden ser cazados. La realización de estas conductas, basadas en este desplazamiento temporo / espacial, va a constituir una forma de actuar típicamente actual y moderna, suponiendo un enorme avance en la supervivencia de los seres humanos en los ambientes hostiles de la prehistoria.

- La individualidad social y personal. La primera se produce dentro de la población en donde se vive en oposición a otros grupos; mientras que la personal se realiza mediante la toma conciencia de nuestra propia existencia respecto a los demás componentes de la sociedad. El descubrimiento y desarrollo de tales conceptos psicológicos son los que van a facilitar la aparición de una serie de fenómenos con un claro matiz simbólico, como puede ser la religión, el arte, las conductas funerarias plenamente simbólicas, la elaboración de las conductas políticas y sociales complejas y, en definitiva, todo aquello sobre lo que se va a fundamentar nuestro moderno comportamiento. Para poder lograr una conducta claramente marcada por el simbolismo de sus acciones, estos conceptos deben aparecer y desarrollarse con cierta simultaneidad, lo que aparece con claridad desde el inicio del Paleolítico Superior. En definitiva, lo que se produce es un desarrollo de la autoconciencia, concebida como la emergencia cognitiva resultante de la unión de otros procesos cognitivos (autoconciencia y arqueología).

¿Qué tenemos que buscar en el registro arqueológico?

Como es lógico, solamente podemos conocer aquellos aspectos del pensamiento que produzcan una conducta observable en el registro arqueológico, pero al existir una estrecha correspondencia entre estos tres procesos (conducta, pensamiento y lenguaje), al conocer sólo la conducta, las conclusiones de los otros dos (pensamiento y lenguaje) estarían limitadas por los logros alcanzados en el primero. En este sentido, se ha intentado rastrear aquellas conductas que más trascendencia han podido tener para nuestra especie, y que mejor han quedado representadas en los yacimientos. En teoría la respuesta no puede sernos difícil, ya que se limitaría a las conductas que exijan, para su realización, la adquisición social de tales conceptos (individualidad, tiempo y espacio). Su uso, ampliarían notablemente las capacidades de pensamiento, lenguaje y, sin ninguna duda, la conducta de sus poseedores. Sin embargo, esto no quiere decir que en el bagaje conceptual de estos humanos no existieran otras concepciones abstractas, como ya se indicó en el capítulo cuarto (negación, capacidad de mentir, etc.), sino que con los medios actuales es imposible poder apreciar su existencia en la conducta de los humanos de aquella época.

Por tanto, tenemos tres concepciones abstractas que buscar (individualidad social y/o personal, y las conductas con aspectos temporales y espaciales), en los medios donde exista alguna conexión con su producción o consecuencias. Los principales son:


- Estudios del aparato fonológico, que nos indica la posibilidad de poseer, de una forma muy genérica, un lenguaje articulado, aunque no su realización efectiva en la conducta cotidiana.
- Análisis de los endomoldes que nos ofrecen la anatomía cerebral de los homínidos. Nos muestran signos indirectos sobre el aumento de las capacidades cognitivas y neurológicas que pueden dar lugar a esas conductas específicas del ser humano, pero su existencia tampoco nos ofrece seguridad de su realización cognitiva.
- La conducta arqueológica. Nos muestra la producción efectiva de los cambios cognitivos y lingüísticos. Su análisis, por medio de la Arqueología cognitiva, nos facilita la comprensión de tan complejo proceso, pues obliga a relacionar los tres procesos (una base fonológica determinada, una evolución neurológica adecuada y una conducta consecuente) con las particularidades del medio ambiente cultural y físico. Así, el acervo cultural del grupo serviría de base para todo posible desarrollo cultural, limitándolo en función de su propio nivel de desarrollo. Igualmente, las características sociales, demográficas, ambientales y temporales en las que se sitúa la población de ese determinado yacimiento, indicaría las posibles causas o motivación necesaria para la producción tal cambio conductual.

La adquisición de la individualidad

La generación de la conciencia reflexiva o autoconciencia, que posibilita el desarrollo e interiorización del concepto del yo (individualidad personal), sólo es posible si se producen simultáneamente diversos procesos de distinta índole:

- La adquisición evolutiva de las capacidades cognitivas que los sustentan.
- La existencia de una teoría de la mente, es decir, la posesión de cierto conocimiento sobre la existencia de una vida mental semejante a la nuestra en los otros componentes de la sociedad. Es básica en la estructura psicológica del ser humano, tanto en su faceta de individualización personal como en el desarrollo social.
- El concepto de individualidad se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o componentes de los mismos, aunque no siempre tienen el mismo significado.
- Además, para el desarrollo de la individualidad personal es preciso la existencia de una sociedad con un mínimo de complejidad cultural, tecnológica y social, que facilite la diferenciación personal de sus componentes.

Por tanto, la autoconciencia es una capacidad cognitiva adquirida gracias a las capacidades innatas del cerebro, que se desarrolla por medio de una estimulación externa adecuada durante el periodo crítico de maduración neurológica y, como ya vimos en la primera parte del libro, dentro de un entorno social y cultural idóneo.

La manifestación de su existencia se observa en aquellos elementos arqueológicos que pueden ser representativos de tal cualidad. Surgen con la necesidad de elaboración de un simbolismo diferencial por medio de la elección, socialmente compartida, de unos elementos, utilitarios o no, que van a representar tal diferencia. Los útiles líticos, que no son usados para los fines que se les suponen (herramientas o armas), y por tanto carecen de huellas de uso o las presentan con formas extrañas, pueden ser los receptores de las primeras formas de representación social y/o individual para sus poseedores. Además, si se observa una tendencia de perfección estilística e incluso a presentar tamaños que hacen dudar de su utilidad como herramientas, aumentan más su posibilidad de ser elementos con cierta representación conceptual o simbólica. Como es lógico, los elementos simbólicos más claros serían los adornos y pinturas corporales. Estos, deben de estar relacionados con el cuerpo y ser llevados en lugares bien visibles, pues su fin principal es el de manifestar a los demás su diferente identidad personal o social.

La acción en el tiempo y el espacio

La ordenación de la realidad en el espacio y en el tiempo (desplazamiento) es el otro gran grupo de conceptos abstractos que van a caracterizar al lenguaje moderno. Para una óptima utilización cultural de la realidad viviente es necesario ordenarla, siendo los conceptos del espacio y del tiempo los dos elementos básicos utilizados para describir y ordenar la acción (Elías, 1992: 98; Hernando, 1999). Al usarlos con un sentido abstracto, como si fueran entidades reales que pueden manejarse sin estar presentes los objetos a los que se aplica, la acción deja de estar sujeta a los criterios del aquí y ahora. No son realidades directamente observables en la naturaleza, sino abstracciones que nuestra percepción deduce de la realidad a partir de los hechos observados. Normalmente, sólo es posible apreciar en el registro arqueológico una serie de conductas que han dejado su huella, directa o indirectamente, y que serán las que podamos utilizar para comprender la adquisición y desarrollo de tales conceptos. Su interpretación nos ofrece siempre una visión de la realidad más sencilla de la que debieron de tener sus productores, pues no siempre su conducta era capaz de dejar restos observables. No obstante, al ocurrir por igual en todos los periodos, puede servirnos para comprobar su progresivo aumento en su complejidad conductual y lenguaje.

* El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos observar y valorar su uso en las siguientes conductas:
- Utilización de materias primas obtenidas localmente en las áreas de caza y recolección, o fuera de su territorio logístico en lugares lejanos.
- Área de caza y recolección sin ninguna estructuración, o la elaboración de asentamientos ocasionales y estratégicos para un mejor aprovechamiento de la zona.
- Desde un hábitat sin distribución espacial, a la compartimentación del mismo para usos específicos.
- Utilización de los accidentes geográficos (pantanos, precipicios, trampas naturales o elaboradas, etc.), para facilitar la obtención de animales.
- Conocimiento de las migraciones de las manadas de herbívoros, zonas de paso y lugares de abrevadero, para el uso de la caza habitual y estacional.
- Adaptación a ecosistemas de clima más riguroso que la sabana africana.

* El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos apreciar las siguientes conductas relacionadas con su desarrollo:
- Desde el consumo de la comida o la manufactura del material lítico sólo para ese momento, hasta su utilización en periodos muy posteriores. Destacan cualquier forma de almacenaje, tanto de materias primas para futuras fabricaciones de herramientas como de alimentos de cualquier tipo (cestos, silos, áreas determinadas del hábitat).
- Cualquier tipo de método de conservación de los alimentos (frío, salazón, lugares adecuados, etc.).
- Caza estacional en unión con el concepto espacial.
- Uso de asentamientos ocasionales y estratégicos para una mejor utilización del área, en unión con la idea del espacio.

Niveles evolutivos del lenguaje.

Es posible establecer una evolución temporal del lenguaje en función de la incorporación progresiva de los diversos conceptos simbólicos que se vayan adquiriendo (individualidad social e individual, concepción del tiempo y del espacio). En este sentido, el filósofo Karl R. Popper y el neurofisiólogo y Premio Nobel de Medicina en 1963, John C. Eccles (1993), establecieron cuatro grados de complejidad lingüística en función de los aspectos simbólicos que caracterizan al lenguaje, los cuales se han reestructurado en siete para una mejor exposición de su desarrollo en el tiempo.

I. - Nivel expresivo o sintomático. Se basa en la expresión del estado de ánimo interno, emoción o sensaciones, correspondiendo con voces, gritos, exclamaciones, etc. No existe ningún tipo de individualidad ni desplazamiento.

II. - Nivel desencadenante o de señalización. Donde se intenta por primera vez comunicar algo a otro ser (alarmas, existencia de comida, etc.).

III. - Nivel descriptivo concreto. Básicamente es el uso de un elemental lenguaje en el que se suman las características de los dos anteriores. Un ejemplo de lenguaje con estos dos niveles estaría en las comunidades de primates. Sería sin desplazamiento, alcanzando el concepto del espacio con un grado circunscrito, con cierta idea de territorialidad existente en muchas comunidades de animales, mientras que la acción siempre se realizaría dentro del concepto de lo inmediato. De esta forma de comunicación parece desprenderse cierto inicio de una individualidad social sin elementos simbólicos (los miembros del grupo conocen quién pertenece o no a él, con consecuencias conductuales muy bien definidas).

IV. - Nivel descriptivo con desplazamiento en elaboración. En el cual se pretenden comunicar hechos sociales y personales cada vez más amplios y complejos. Se asocia ya con los primeros indicios del uso complejo del tiempo y del espacio, es decir, desplazamiento en elaboración pero en sus grados más sencillos. Tendríamos un uso del tiempo y del espacio con cierto desarrollo, pero no de forma generalizada. Aunque no exista forma de conocerlo, es muy posible que en este período sea cuando comienza a relacionarse unos sonidos o gestos con una serie de objetos de unas características comunes, que pueden agruparse como ideas abstractas (árbol, piedra, etc.), lo que puede considerarse como el inicio del simbolismo humano, aunque no esté representado. Se mantiene o incrementa el concepto de grupo o individualidad social, aunque aún sin elementos simbólicos que lo represente.

V. - Nivel descriptivo con desplazamiento elaborado. Pueden aparecer con claridad conductas con desplazamiento elaborado (uso abstracto de los conceptos del tiempo y del espacio) al hablar de hechos que no están ocurriendo en ese lugar ni en ese momento, desarrollándose con formas más amplias, aunque tampoco estaría totalmente generalizado.
La manifestación de la individualidad social puede simbolizarse por medio de ciertos adornos y pinturas corporales, aunque no de una forma generalizada. En determinados lugares, donde exista una gran interacción social y estabilización económica, puede iniciarse la individualización personal por parte de algunos elementos del grupo con mayor diferenciación tecnológica o social. Su diferenciación con la social es muy difícil de establecer, sobre todo en los tiempos más primitivos, pues sus señalizaciones tienden a confundirse al ser similares o incluso iguales.

VI. - Nivel argumentativo. Donde se establece la discusión crítica y razonada sobre las vivencias ocurridas, siendo preciso para su realización el desarrollo de la individualidad social y personal con representación simbólica. En este momento el lenguaje y pensamiento trabajan sobre hechos totalmente abstractos y simbólicos, produciéndose el fenómeno del desplazamiento elaborado de una forma generalizada con los grados de amplio en el tiempo y lejano en espacio. También es ahora cuando se desarrollan conceptos de un matiz simbólico y que no tienen presencia real en la naturaleza, tales como los conceptos de religión, arte, magia. etc.

VII. - Nivel argumentativo y metafórico. Se inicia con la aparición de la escritura o las representaciones gráficas del simbolismo del lenguaje. Produce un mayor desarrollo del desplazamiento con posibilidad de llegar a los niveles históricos.



Este sentido evolutivo implica que, durante todo el desarrollo de nuestro linaje, siempre existió una forma de lenguaje, aunque de complejidad muy diferente. Por tanto, al hablar de lenguaje se debe matizar las características del mismo, indicando el nivel lingüístico alcanzado en sus tres componentes básicos.

- CELA CONDE, C. J. y AYALA, F. J. (2001): Senderos de la evolución humana. Alianza. Madrid
- ELÍAS, N. (1992): Time: An Essay. Basil Blackwell. London.
- HERNANDO, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
- POPPER, K. y ECCLES, J. (1993): El yo y su cerebro. Labor. Barcelona.
- RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid