viernes, 4 de mayo de 2012

Evolución cultural. Metodología y formas de estudio II (comentarios)

El desarrollo de la Arqueología cognitiva, que precisamente trata de aclarar las cuestiones sobre la conducta humana, ha avanzado muy poco. En este campo, la mayoría de los procesualistas han desarrollado amplias teorías generales sobre la conducta humana (Donald, 1991; Renfrew, 1993; Noble y Davidson, 1996;Mithen, 1998), pero siempre han existido importantes problemas en la aplicación de sus conceptos generales a las particularidades contextuales de cada yacimiento, así como en la explicación de problemas arqueológicos concretos en sus aspectos del cómo y porqué de su producción en ese momento y lugar. Las críticas se centran en el aspecto un tanto especulativo de sus contenidos, así como cierta falta de objetividad al reflejar conceptos y formas de pensar del propio investigador. 

A los postprocesuales les es muy difícil realizar trabajos generales a partir de sus estudios contextuales, pues les falta una metodología que pueda compaginar ambos campos de aplicación, lo que ha limitado su desarrollo práctico y teórico en la Arqueología cognitiva.

El Estructuralismo siempre intentó realizar valoraciones generales (características procesuales) que poder aplicar a los datos particulares de cada yacimiento (valores postprocesuales), por medio de las propias características formales de su teoría, lo que puede ser interesante en el intento de estudiar objetivamente las realidades conductuales del pasado (Hernando, 1999). Sin embargo, como corriente metodológica pocas veces ha constituido una gran alternativa coherente y duradera en Arqueología. Primero, porque estudia temas muy variados sobre lingüística, gramática, psicología, etc., con una compleja relación entre sí, y de todos con la Arqueología. Segundo, por su principal problema que siempre ha sido el desconocimiento de las estructuras básicas y generales (psicológicas y neurológicas) que van a regular la conducta humana, así como sus características evolutivas y de su relación con el medio ambiente en el que viven.


Con los adecuados conocimientos psicobiológicos se puede desarrollar un modelo básico y común de todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura que pueden tener diferentes poblaciones humanas en un preciso tiempo y lugar. Lo único común de los seres humanos serían los factores estructurales propios de nuestro género, con las diferentes capacidades de cada especie humana. Las características de la conducta humana relacionadas con la Biología evolutiva, Neurología, Antropología social, Psicología, Lingüística y Sociología, debidamente interrelacionadas (interdisciplinariedad), ofrecen un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va ha desarrollar nuestro pensamiento y conducta, teniendo una base común en el género Homo. No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción cultural (económica, tecnológica, social y simbólica), sería distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. Su realización dependería de la interacción de múltiples factores, los cuales a su vez actúan con diferentes formas e intensidad. En definitiva, la percepción de la naturaleza (sentidos) y su procesamiento (sistema nervioso) son iguales para todos los componentes la misma especie, pero cada grupo humano iría creando una estructura social y personal diferente, dependiente de su propia complejidad socioeconómica, cultural y lingüística. El Estructuralismo, con un adecuado conocimiento psicobiológico, puede ser el método más adecuado en los estudios sobre el desarrollo cultural y cognitivo.

- Comentarios metodológicos
El trabajo publicado por Francesco d’Errico y Chris B. Stringer en el 2011 y que he reflejado en el anterior spot (Evolución cultural. Metodología y formas de estudio I), está muy en la línea de la Nueva Arqueología o Procesualismo. En esta metodológica la adaptación al medio ambiente (sobre todo las variaciones climáticas) y la demografía son los principales motores del desarrollo conductual. La hipótesis de la adaptación a las variaciones medioambientales como mecanismo de cambio cultural, obviando las características cognitivas y su influencia sobre este desarrollo conductual, siempre se ha realizado con estudios muy genéricas en el tiempo y espacio, poco correlacionados con épocas y lugares más restringidos y delimitados, por lo que presentan diversas discordancias arqueológicas.

Curiosamente, en el inicio de su trabajo exponen que la cuestión del origen de la conducta moderna es objeto de un animado debate entre diversas disciplinas (Primatología, Arqueología, Paleoantropología, Genética, Biología evolutiva, Psicología y Lingüística). La progresiva integración de los resultados de estas disciplinas permitiría a los investigadores indagar en las viejas preguntas acerca de quiénes somos y de dónde venimos, sobre nuevas bases. Es decir, expresan la utilización interdisciplinaria de estas ciencias, aunque en el trabajo se limiten a usar los datos exclusivamente arqueológicos, olvidándose de las aportaciones que estas ciencias ofrecen. Veremos algunas anomalías desde la Arqueología cognitiva, o desde una visión interdisciplinaria.

- Origen evolutivo y cultural de la conducta humana
La argumentación de que los prerrequisitos cognitivos del comportamiento humano moderno ya estaban en gran medida entre los antepasados de los neandertales y de los seres humanos modernos, y la afirmación de que son las necesidades adaptativas las que vas a promover la evolución cultural sobre unas capacidades cognitivas ya creadas evolutivamente, implica muchas consecuencias interdisciplinarias que no son tenidas en cuenta, pero que marcan las características del desarrollo cognitivo y cultural humano.

En esta línea se sitúa Renfrew (2008) con su sapient paradox, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro sabio no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años), por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) dirigida sobre todo después del nacimiento por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas de nuestro cerebro, que se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del cerebro. La plasticidad neurológica y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje (conducta plenamente humana: enseñanza por otros miembros de la sociedad).


- El papel de la demografía
Una serie de recientes estudios han analizado el papel de la demografía en el surgimiento y la pérdida de las innovaciones culturales. Se llega a la conclusión de que el número y tamaño de las poblaciones y el grado de interacción entre ellos son factores clave en el surgimiento, mantenimiento, propagación y la pérdida de las innovaciones culturales (Powell et al. 2009; Shennan, 2001). Especulan que el tamaño de las poblaciones de HAM en África podría haber alcanzado un umbral crítico sobre el 100 ka. Cuanto mayor es la densidad de población, mayores son los contactos entre los grupos, permitiendo la acumulación de innovaciones y evitando de manera significativa su desaparición. Así, el cambio cultural en la MSA se acelera y crece, pues su desarrollo era beneficioso para la supervivencia de los individuos y sus grupos. Esto inicia un mecanismo de retroalimentación, que conduce a un aumento adicional en densidad de población y de los contactos, repitiéndose sucesivamente. Sus resultados son importantes porque proporcionan una explicación de la emergencia o la pérdida de las innovaciones sin recurrir a los cambios mutacionales o especiación como causa.

Sin duda alguna el aumento de la interacción social entre los miembros del grupo y de todos estos con otros grupos, favorece el desarrollo cognitivo en varias facetas (autoconciencia y su ubicación espacial y temporal).

- Similitud cognitiva entre HAM y HN
Loa autores indican que en tal escenario, la "modernidad" y su "cultura acumulativa" es el producto final de una evolución cultural de características saltacionales en las poblaciones humanas que eran en gran medida cognitivamente modernas, y con independencia de su afiliación taxonómica.
Llegan a una conclusión que sin un adecuado fundamento fuerza los datos del registro arqueológico. Las poblaciones de HAM y HN tienen un ancestro común, pero que en él estuvieran ya todas los condiciones cognitivas para una conducta moderna y simbólica es mucho decir. Los datos que se necesitan para llegar a tal conclusión tienen diferente origen:

+ Biología evolutiva. Ambas poblaciones provienen de un ancestro común con una antigüedad que se ha calculado en unos 500 ka. Desde entonces se ha producido una evolución diferenciada en paralelo con sus propias características evolutivas, las cuales con toda seguridad no fueron exactamente iguales.

+ Tal evolución diferenciada dio lugar a unas formas anatómicas y neuroanatómicas (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003) claramente diferentes, sin poder precisar su importancia sobre el desarrollo conductual.

+ La única base de igualdad que podemos apreciar en estas poblaciones se basa en el análisis del registro arqueológico. En este contexto, se ha asimilado que la conducta simbólica y moderna de estos humanos (HAM y HN) era muy parecida (d’Errico et al. 2003), por lo que sus capacidades cognitivas fueron similares y las formas de desarrollo también. Naturalmente las posiciones evolutivas y anatómicas se ignoran, pues no aportan nada al estudio de la conducta y sólo son un estorbo a las conclusiones conductuales que han llegado.

Sin embargo, la propuesta similitud conductual, cuando nos referimos a zonas geográficas con abundante información, no se cumplen con las características que loas autores desearían. Esto pasa en el oeste de Europa durante la transición paleolítica. La forma de evolución en mosaico (Straus, 2005) es muy clara. Poblaciones de HN viven mayoritariamente en un Musteriense más o menos desarrollado, y sólo algunos neandertales (Chatelperoniense y Uluzziense) adquieren una tecnología claramente del Paleolítico Superior. Igualmente, sólo algunas poblaciones chatelperronienses y uluzzienses adquieren un claro comportamiento simbólico (adornos), todo ello a pesar de vivir en áreas geográficas muy próximas entre ellas (Rivera, 2009), donde sus condiciones climáticas y posiblemente demográficas serían muy similares. No parece que estas condiciones puedan por sí solas explicar todos los mecanismos de cambio cultural.

Los datos nos confirman la coexistencia de importantes diferencias culturales en el mundo del Neandertal (Musteriense más o menos evolucionado intercalado ente el Chatelperroniense y Uluzziense), las cuales convivieron varios milenios en lugares geográficos muy próximos, lo que es un claro exponente de una particular conducta de intercambio cultural y sociabilidad intergrupal, lo que siempre habrá que tener en cuenta al estudiar las características culturales del neandertal, tanto en sus propias poblaciones como en su comparación con las pautas conductuales desarrolladas por los HAM.

Incluso las conductas modernas del Chatelperroniense y Uluzziense, en su distribución geográfica relativamente bien delimitada, presentan suficientes diferencias tecnológicas y simbólicas como para afirmar no son culturas homogéneas. Así se observa en su pobreza en la Península Ibérica, la concentración de la tecnología ósea y de adornos en muy pocos yacimientos franceses, y a la mayor parquedad simbólica y variedad tecnológica italiana. Sólo algunos Chatelperronienses y Uluzzienses pudieron desarrollar comportamientos modernos. Existe una importante limitación en dos de los aspectos más importantes que definen a una cultura como moderna, es decir, de una conducta reflexiva y flexible en sus manifestaciones. Los adornos sólo se encuentran en 7 yacimientos, mientras que la tecnología ósea está restringida a tan sólo 12 yacimientos, del largo centenar que se conocen del Chatelperroniense, del Uluzziense y perduración del Musteriense. Estas escasas manifestaciones modernas indican que el Chatelperroniense y Uluzziense, en general, son unas culturas del Paleolítico Superior en el sentido cronológico y tecnológico (con su industria lítica). Sólo algunos pequeños núcleos presentaron totalmente las características modernas del último periodo Paleolítico.

- Conclusiones
Por tanto, la citación de los factores sociales y demográficos, provocados por el cambio climático, para explicar la aparición asincrónica, desaparición, y re-surgimiento de rasgos culturales modernos entre las poblaciones africanas "modernas" y "arcaicas" de Eurasia, es una condición necesaria pero insuficiente para explicar satisfactoriamente los mecanismos del cambio conductual.

La influencia cultural es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral, tanto neurológica como psicológicamente. En este contexto, el lenguaje adquiere un papel predominante, tanto que sin él la humanidad no hubiera podido alcanzar este desarrollo cultural y simbólico. Es decir, el desarrollo de las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.



* BRUNER, E.; MANZI, G. y ARSUAGA, J. L. (2003): Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages. PNAS. 100, (26): 15335-15340.
* D´ERRICO, F.; HENSHILWOOD, CH.; LAWSON G.; VANHAEREN, M.; TILLIER, A. M.; SURESSI, M.; BRESSON, F.; MAUREILLE, B.; NOWELL, A.; LAKARRA, J.; BACKWELL, L. y JULIEN. M. (2003): Archaeological Evidence for the Emergence of Language, Symbolism, and Music–An Alternative Multidisciplinary Perspective. Journal of World Prehistory 17 (1): 1-70.
* DONALD, M. (1991): Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition. Harvard University.
* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
* MITHEN, S. (1998): Arqueología de la mente. Barcelona. Crítica.
* NOBLE, W. y DAVIDSON, I. (1996): Human Evolution, Language and Mind. Cambridge: Cambridge University Press.
* RENFREW, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
* RENFREW, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047
* RIVERA, A. (2009): “La transición del Paleolítico Medio al Superior: el Neandertal”. ArqueoWeb, vol. 11(1).
* SHENNAN, S. (2001): “Demography and Cultural Innovation: A Model and Its Implications for the Emergence of Modern Human Culture” .Cambridge Archaeology Journal. 11: 5-16.
* STRAUS, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67. 

martes, 1 de mayo de 2012

Evolución cultural. Metodología y formas de estudio I


Los estudios sobre las formas de evolución cultural en el paleolítico siempre han sido uno de los principales objetivos de la Arqueología. Las diferentes metodologías de explicación arqueológica (Historicismo, Procesualismo, Postprocesualismo, Estructuralismo, etc.) han intentado ofrecer una coherente explicación de estos problemas en tan complejo periodo. Sin embargo, muchas han sido las dificultades (metodológicas y culturales) que han impedido la realización de unas conclusiones que satisfagan suficientemente. Este problema se acentúa aún más si nos referimos a los aspectos simbólicos y cognitivos de las poblaciones que crearon tales avances culturales, pues los estudios relacionados con estos temas siempre han tenido una enorme dificultad específica. Sin embargo, el uso de la Arqueología cognitiva ha sido y continua siendo un método escasamente utilizado por la arqueología tradicional en el estudio de la conducta humana.

Un buen ejemplo de este tipo de trabajos sobre las formas de desarrollo cultural lo tenemos en un artículo realizado por Francesco d’Errico y Chris Stringer publicado en Philosophical Transactions B (2011). En este trabajo los autores intentan ver, a partir de los datos arqueológicos de Europa, Asia y África durante el Paleolítico medio y MSA y la transición al Paleolítico superior, como se fueron produciendo los cambios conductuales que se desarrollarían plenamente en el último periodo paleolítico.

Dada la gran extensión de esta entrada, he creído oportuno dividirla en dos partes. En la entrada actual se expone el trabajo de estos autores con cierto detenimiento en sus principales apartados y conclusiones. En la siguiente entrada estableceré algunos comentarios sobre el artículo y el punto de vista de la Arqueología cognitiva.

Los autores plantean tres modelos modelos:
- Aparición rápida. La cognición moderna es única para nuestra especie, siendo la consecuencia de una mutación genética que se produjo aproximadamente sobre el 50 ka en África, entre los humanos anatómicamente modernos ya presentes.
- Surgió gradualmente. La modernidad cultural se ha ido forjando en África desde al menos 200 ka, a partir del origen de nuestra especie en ese continente.
- Resultado de un proceso discontinuo. Las innovaciones indicativas de la cognición y conducta moderna no se limitan a nuestra especie, apareciendo y desapareciendo en África y Eurasia entre 200 y 40 ka antes de ser plenamente consolidadas.

La cuestión se centra en cuales fueron los factores que condujeron la evolución cultural de nuestro linaje, de cuya interacción emergieron las características humanas tales como la cognición moderna, el lenguaje, la imaginación, el arte, las creencias religiosas, etc. La modernidad cultural se puede apreciar por determinadas conductas que dejan pequeños restos arqueológicos (directos e indirectos) detrás de ellos, lo que nos lleva a inferir su aparición en las antiguas poblaciones humanas donde existan elementos de cultura material con señales de modernidad. Por lo tanto, la evaluación de la certeza de los modelos anteriores depende de los rasgos culturales calificados de "modernos", suponiendo que dejen un duradero y confiable rastro en el registro arqueológico.

La lista de tales conductas susceptibles de ser consideradas como modernas y visibles en el registro arqueológico es amplia, aumentando según nos acercamos a las culturas del Paleolítico superior. Destacan la explotación de ambientes costeros, con una mayor complejidad de recolección de alimentos, tales como el uso de redes, trampas, pesca artes de pesca; uso complejo del fuego para la conservación de la cocción de alimentos; gestión de los ecosistemas; la producción y enmangamiento de herramientas piedra; la invención de herramientas especializadas formando conjuntos de adaptación a ambientes extremos; mayores densidades de población que se aproximan a los de las modernas de cazadores-recolectores; complejidad de herramientas, los estilos de los cuales pueden cambiar rápidamente a través del tiempo y el espacio; las estructuras, como cabañas que se organizan para diferentes actividades; transporte de materiales valiosos a grandes distancias; objetos formales de hueso, marfil, cuerno, concha; las tradiciones musicales; el cruce del mar y la tecnología de navegación; ornamentación personal en forma de pintura corporal y adornos personales; el arte, incluidas las representaciones abstractas y figurativas; pruebas para las ceremonias o rituales; tratamiento complejo de los muertos, etc.


Ejemplos de materiales citados en el texto representativos de los avances culturales y simbólicos, tanto de los HAM como de los HN (d´Errico y Stringer, 2011)


Dan especial importancia, junto con otros muchos autores, al papel fundamental que desempeñan los comportamientos simbólicamente mediados en la creación de las culturas modernas. Esta innovación, que ha demostrado la capacidad de intercambio, almacenamiento y transmisión de información codificada dentro y entre los grupos, viene desempeñado un papel crucial en la creación y el mantenimiento de la técnica y las convenciones sociales, creencias e identidades que caracterizar a todas las sociedades humanas conocidas.

La revisión de la evidencia arqueológica contradice la idea de que la aparición de importantes innovaciones tecnológicas y de la cultura simbólica fuese el resultado de un cambio brusco en la cognición humana, ocurrido en Europa o en África aproximadamente 40-50 ka, o simplemente en África hace aproximadamente 60-80 ka. Esta evidencia arqueológica también muestra que no hay acumulación ininterrumpida de innovaciones o el crecimiento exponencial, tanto en África (HAM) como en Europa (Neandertales). Durante el período comprendido entre aproximadamente 160 ka y ka 20 aparecen complejas tecnologías, adaptación a los ambientes hostiles, grabados, pigmentos, adornos personales, herramientas de hueso y las prácticas funerarias. Estos avances culturales muchas veces aparecen, desaparecen y reaparecen en diferentes formas, lo que sugiere discontinuidades importantes en la transmisión cultural. La naturaleza discontinua en el tiempo y el espacio de este proceso, y los elementos comunes encontrados en ambos hemisferios (Europa y África), indican que las condiciones locales debieron de tener un importante papel en la aparición, difusión y la eventual la desaparición o la continuidad de las innovaciones cruciales en diferentes regiones. Estas condiciones locales han sido estrechamente relacionadas con el tamaño y la organización de los sistemas culturales y los ajustes ecológicos a los que están sometidas estas poblaciones, lo que a veces hace que desaparezcan.

Los partidarios del proceso discontinuo, que podría llamarse modelo “cultural”, argumentan que los prerrequisitos cognitivos del comportamiento humano moderno ya estaban en gran medida entre los antepasados de los neandertales y de los seres humanos modernos, y citan a los factores sociales y demográficos, sin duda provocados por el cambio climático, para explicar la aparición asincrónica, desaparición, y re-surgimiento de rasgos culturales modernos entre las poblaciones africanas "modernas" y "arcaicas" de Eurasia. En tal escenario, la "modernidad" y su "cultura acumulativa" es el producto final de una evolución cultural de características saltacionales en las poblaciones humanas que eran en gran medida cognitivamente modernas, y con independencia de su afiliación taxonómica. La principal fuerza impulsora en este último escenario es a largo plazo la variabilidad climática y del medio ambiente y su efecto en la dinámica de la población. Estas reflexiones demuestran la necesidad de estudiar con mayor profundidad la relación entre el clima, demografía y cambio cultural, con el fin de comprender mejor los mecanismos de transmisión cultural en las poblaciones de HAM y HN.

Los neandertales (HN) desarrollaron técnicas y tipos de herramientas que eran más "avanzados" que los de algunos grupos de africanos de la Edad Media de la Piedra (MSA), aunque lo contrario también se produjo, mientras que en el Próximo Oriente la tecnología era prácticamente idéntica entre las dos poblaciones. Los casos de conductas simbólicamente comparables a las del Paleolítico superior se registran en África por lo menos 100 ka, aproximadamente en 120-100 ka en el Próximo Oriente, y por los menos por lo menos 60 ka en Europa. Esto contradice la suposición de que las innovaciones fundamentales que nos han hecho como somos sólo pueden provenir de los HAM, o han sido asimiladas de los HAM. El origen de las culturas modernas se enlaza directamente con el origen de estas innovaciones que tienen lugar en África a unos 200 ka, o entre 40 y 80 ka en Europa.

Una serie de recientes estudios han analizado el papel de la demografía en el surgimiento y la pérdida de las innovaciones culturales. Se llega a la conclusión de que el número y tamaño de las poblaciones y el grado de interacción entre ellos son factores clave en el surgimiento, mantenimiento, propagación y la pérdida de las innovaciones culturales (Powell et al. 2009). Especulan que el tamaño de las poblaciones de HAM en África podría haber alcanzado un umbral crítico sobre el 100 ka. Cuanto mayor es la densidad de población, mayores son los contactos entre los grupos, permitiendo la acumulación de innovaciones y evitando de manera significativa su desaparición. Así, el cambio cultural en la MSA se acelera y crece, pues su desarrollo era beneficioso para la supervivencia de los individuos y sus grupos. Esto inicia un mecanismo de retroalimentación, que conduce a un aumento adicional en densidad de población y de los contactos, repitiéndose sucesivamente. Sus resultados son importantes porque proporcionan una explicación de la emergencia o la pérdida de las innovaciones sin recurrir a los cambios mutacionales o especiación como causa. Este modelo también se podría desarrollar y aplicar en el surgimiento y desaparición de innovaciones similares entre los neandertales, y la aparición asincrónica de las innovaciones en otros las regiones del planeta. Las diferencias de comportamiento entre HN y HAM, así como entre subpoblaciones diferentes que pertenecen a estos tipos humanos, en gran medida pueden depender del tamaño del grupo y del tipo de cambio de cultural, en lugar de diferencias cognitivas.

Powell et al. (2004) evocan el deterioro climático del MIS 4 como posible factor que conduce a la disminución de la población y el pérdida de la innovación cultural que se observa en el norte y el sur de África después de aproximadamente 70 ka, pero el mecanismo propuesto no puede explicar cómo este deterioro climático podría haber producido una similar desaparición demográfica en las zonas del planeta donde este deterioro climático tuvo consecuencias muy diferentes. Esto nos sugiere que hay que seguir avanzando en este campo, necesitamos una estrategia de investigación que nos permite modelar y cuantificar la relación entre el medio ambiente y la particular capacidad cultural de adaptación, para predecir la respuesta adaptativa al cambio climático, y verificar si el aumento de la propagación de las innovaciones fue el resultado de una expansión o la contracción del nicho ecológico-cultural de una determinada población.

Teorías acerca de las capacidades cognitivas sobre la base de filiación taxonómica, no deben tener un papel a priori. Las herramientas clave serían la arqueología, los estudios paleoambientales, modelamientos climáticos y los métodos de integración de los resultados de estas disciplinas. Actualmente esto parece la mejor manera de reconstruir el momento y el modo de aparición de las innovaciones clave en la cultura material en Europa y el sur de África, para determinar cómo los cambios climáticos han influido en la distribución de los neandertales y modernos las poblaciones humanas de sus pautas de comportamiento en estas dos regiones, así como para comprender los mecanismos que han gobernado la transmisión cultural y el aprendizaje social durante este lapso de tiempo crucial para la evolución de las las culturas humanas. El predominio de África en la historia de los orígenes humanos modernos probablemente se debió principalmente debido a su mayor población geográfica y humana, lo que dio mayores oportunidades para el cambio morfológico y las variaciones de comportamiento, para desarrollar y conservar las innovaciones, en lugar que el resultado de un camino evolutivo especial. Exactamente igual que con nuestra actual diversidad genética, la "modernidad" no era un paquete que tenía un único origen africano en un tiempo y lugar, sino que era un compuesto cuyos elementos se presentaron en diferentes tiempos y lugares, incluidos algunos de fuera de Africa, ya sea compartidos o con un desarrollo en paralelo. Estos avances fueron gradualmente desarrollándose a través de una variedad de caminos y procesos para asumir las formas que se reconocen como la modernidad del comportamiento en la actualidad.

Sin embargo, el Proyecto Genoma Neandertal añade otro nivel de la complejidad de los temas que hemos tratado de desentrañar en este trabajo. Se han identificado un número de genes que parecen ser exclusivas de los HAM, y algunos de ellos pueden estar relacionados con funciones fisiológicas y cognitivas. La probabilidad de que los HAM, dentro y fuera de Africa, tengan pequeños pero diferentes conjuntos de genes 'arcaicos' a través de la introgresión (la introgresión es el movimiento de genes de una especie a otra a consecuencia de un proceso de hibridación interespecífica seguido de retrocruzamiento) que las poblaciones arcaicas pueden haber recibido diversos componentes de genes 'modernos', puede arrojar más luz sobre el complejo tema de la emergencia de la "modernidad conductual". El aumento en la resolución arqueológica (de la mayoría de la evidencia presentada aquí y desconocida hace una década) y nuevos conocimientos sobre nuestra historia genética pueden ayudar a desentrañar los mecanismos que han llevado a nuestros antepasados coevolución genético-cultural.

Sin duda, es un excelente artículo dentro de las directrices de la Nueva Arqueología o Procesualismo, es decir, un buen trabajo dentro de la línea teórica desarrollada en el s. XX. Sin embargo, es muy posible que no se utilicen todas las herramientas que actualmente disponemos para el estudio de la conducta humana, y que configurarán la Arqueología del s. XXI en los próximos años. Esta consideraciones las veremos en la próxima entrada.


* Powell, A.; Shennan, S. y Thomas, M (2009): “Late Pleistocene demography and appearance of modern human behavior”. Science, 324, 1298-1301.

sábado, 7 de abril de 2012

Interdisciplina y Arqueología


Es frecuente que los trabajos arqueológicos se denominen como multidisciplinares, aludiendo al uso conjunto de diversas ciencias en la interpretación de los datos obtenidos en los yacimientos. Así, se usan los propios de la Arqueología, Paleontología (fósiles, endomoldes, etc.), Demografía, Paleoclimatología, Geología, métodos de datación (físicos, químicos y biológicos), Biología evolutiva, Genética y otras muchas que, en diferentes medios, lugares y periodos, se han usado en la interpretación del registro arqueológico.

Sin embargo, tal agrupación de ciencias, aunque parece abrumador por la amplitud de sus contenidos, muchas veces no llega a conclusiones verdaderamente integradoras (interdisciplinario), quedándose en la mera enumeración de datos de escasa articulación entre ellos, o con unos lazos de unión subjetivos pero con poco fundamento. En el caso del estudio del simbolismo y la cognición humana en el Paleolítico el problema se acentúa mucho más, pues las ciencias que más relación tienen con estos problemas (Neurología, Psicología, Neuro y Psicolingüística, Ciencias sociales, etc.) son utilizadas muy rara vez, o con una articulación metodológica muy débil. Parece lógico que exista una buena acomodación metodológica entre las formas teóricas de estas ciencias, pero ¿sabemos realmente lo que esto significa?

La forma de trabajar con estas directrices, tan inusuales en nuestros medios académicos, tiene unas características propias.

- En principio hay que delimitar qué ciencias vamos a usar, lo que siempre hay que debe ser adecuada, ni que sean tan pocas que dejen de constituir un estudio interdisciplinar, ni demasiadas que harían prácticamente imposible asumir muchas teorías y formas científicas relacionadas con el estudio que se trate. Nadie nos puede decir cuales serían las adecuadas en tema y número, por lo que sería nuestro primer reto. En el tema del simbolismo y/o la cognición humana parece que como mínimo deberían ser la Arqueología, Biología evolutiva, Genética, Neurología, Psicología, Neuro y Psicolingüística y Ciencias sociales en general, pues de una forma más o menos directa todas estarían relacionadas con la conducta humana.

- Muchas de estas ciencias presentan, dentro de su cuerpo doctrinal, generado a lo largo de su evolución histórica, diversas teorías más o menos opuestas o parecidas. Pero ninguna de ellas tiene la suficiente comprobación teórica como para desbancar a las demás, o por lo menos alcanzar un nivel predominante. El principal problema que se nos plantea es que para poder realizar tal proceso hay que conocer las diversas tendencias teóricas que existen en cada ciencia, lo que es realmente difícil. Esta dificultad es el primer y principal obstáculo que encontramos en el uso de la interdisciplinariedad en la Arqueología y, casi seguro, en todos los demás problemas a los que queramos aplicarla.

- La elección de una u otra tendencia teórica de las que puedan existir dentro de cada disciplina, va a depender del grado de correlación o comprobación que se obtenga con las demás ciencias. El fin primordial es alcanzar un buen consenso teórico entre las tendencias académicas de cada ciencia y entre todas las disciplinas que hayamos elegido. Así, la elección no depende de nuestro criterio o de la influencia parcial de una determinada ciencia (subjetividad), sino del conocimiento adecuado y de la acomodación teórica entre ellas. La correcta acomodación interdisciplinar es un fundamento que da más fiabilidad a cada una de las ciencias utilizadas.

Es en este sentido cuando aparece en verdadero concepto de la interdisciplinariedad, que como podemos imaginar ha sido muy poco usado en Arqueología. Podríamos definirlo como la búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado.

La siguiente pregunta podría ser: ¿Es esto posible en la Arqueología?


En cierto modo hay diversos autores que sí han realizado trabajos interdisciplinares, aunque muy pocos con las ciencias que mencionadas al principio. La elección y uso de las mismas queda muchas veces limitada por la gran dificultad que entraña el introducirse en campos doctrinales ajenos al propio, y no sólo una vez, sino varias veces. Aunque se reúnan diversos autores de cada ciencia, estos deben de tener un suficiente conocimiento de las demás disciplinas, para que el trabajo en conjunto tenga un mínimo de fluidez teórico y poder llegar a conclusiones válidas. Analizaré brevemente las diversas tendencias teóricas de estas ciencias, en relación con su posible utilización interdisciplinar con la Arqueología.

* Biología evolutiva. En apariencia pudiera ser donde más consenso pudiera haber, es donde se inicia la diferenciación teórica. Por supuesto las diferencias no se centran en la aceptación o no de la teoría de la evolución, sino sobre los mecanismos de variación morfológica. Tales mecanismos dependen las mutaciones genéticas sobre los diferentes tipos de genes (funcionales y reguladores), y sobre las diversas formas de expresión genética que tienen lugar durante el desarrollo embriológico. Los mecanismos de cambio morfológico de origen heterocrónico y embriológico solo se están teniendo en cuenta muy recientemente.
Es muy común admitir que los procesos evolutivos son la consecuencia de cambios progresivos y adaptativos, por lo que todo cambio debe representar una ventaja adaptativa que haga que se mantenga generacionalmente. El axioma es totalmente válido, pero no recoge toda la realidad evolutiva. Su principal problema radica en su propia sencillez y fácil asimilación de su enunciado, pues salvo los dedicados a la Biología evolutiva, es muy útil para cualquier explicación sobre el desarrollo arqueológico, psicológico y neurológico, aunque los postulados recientes de estas tres ciencias no estén plenamente de acuerdo en la exclusividad de dicha forma evolutiva.
Por otro lado otros autores siguen diferentes criterios de cambio morfológico. Es ampliamente conocido la forma de los equilibrios puntuados, en la que los cambios pueden ser más rápidos, no todos tienen por qué ser en principio adaptativos, y hay que considerar el valor adaptativo del conjunto de los cambios en el sujeto como individuo y como miembro de una sociedad que le va a apoyar. Esta segunda dirección teórica explica muchas de las características conductuales humanas como mecanismos evolutivos de carácter exaptativo (psicológicamente podrían corresponder con las emergencias cognitivas). Hay que recordar el aspecto de mosaico en la evolución humana, por lo que el cerebro pudo tener un proceso evolutivo diferente al que modificó otras partes del cuerpo, incluso que ambas tendencias se produjeran en diferentes fase en el mismo órgano.

* Arqueología. Con su aplicando parece que todo está ya dicho sobre la evolución, y que deben ser los datos arqueológicos los que se deberían acoplar a su enunciado. El problema es que la Arqueología se empeña en mantener ciertos criterios opuestos. Es el caso de la famosa sapient paradox” expuesta por Renfrew (2008) y que sin duda requiere otra explicación.
Aparte de las consideraciones teóricas a favor de una u otra orientación evolutiva, creo que el registro arqueológico y los recientes datos de la Neurología y Psicología deben de decir algo sobre el desarrollo histórico de los cambios morfológicos,

* Neurología. La concepción sobre la realidad neurológica humana ha cambiado mucho en estos últimos años, pues se ha desarrollado un nuevo consenso sobre la realidad del cerebro humano. Este es concebido como un órgano con características muy dinámicas en su funcionalidad cerebral. Depende mucho de la información externa para su definitiva configuración, así como para su mantenimiento funcional (simbólico o no). Tanto es así, que la exclusión temporal de la entrada de estímulos sensoriales produce en pocos días unas graves alteraciones cognitivas. Al nacer es muy inmaduro, pero su definitiva organización funcional (psicológica, simbólica y cultural) depende de la cualidad de los estímulos que recibe dentro de un periodo crítico. Estos mecanismos (plasticidad neuronal, periodo crítico, dependencia sensorial externa) se correlacionan perfectamente con el modelo evolutivo de las exaptaciones, siendo claves para entender la forma y las características que van a condicionar la evolución cognitiva y cultural humana, donde la influencia del medioambiente tiene un papel predominante.
 Así lo han entendido arqueólogos ingleses en el Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge, donde se inició una conferencia en septiembre de 2007, dedicado al tema "Arqueología se una a la neurociencia. Se publicó una edición especial en la revista Philosophical Transactions of theRoyal Society, donde se plasmaron los contenidos de la misma. Este volumen contiene una mezcla heterogénea de las ideas actuales y la investigación de la filosofía, la psicología, la antropología y la arqueología. La selección de los trabajos es diversa y la reunificación disciplinaria es relativamente nueva, careciendo aún de un marco unificador, es decir, de un trabajo interdisciplinario. La falta de elaboración de un modelo que aplicar al registro arqueológico puede ser la causa de que sus ideas no tengan el desarrollo y la expansión académica que se merecen.

* Psicología. Las teorías sobre el funcionamiento psicológico humano han sido diversas a lo largo de su evolución histórica. De las más aceptadas en la actualidad todas contemplan a la evolución biológica como la causa del desarrollo cognitivo humano. Sin embargo, existen orientaciones teóricas divergentes. La llamada Psicología evolucionista es un claro exponente de una teoría opuesta a otros modelos como la Psicología cognitiva: procesamiento de la información. La primera contempla una evolución lenta y siempre selectiva, con lo que da gran importancia a los procesos de carácter innato (módulos cerebrales y cognitivos). Mientras que la segunda ahonda más en los procesos exaptativos y emergentes, con un protagonismo mayor en las condiciones medioambientales. La elección, en función de la conexión adaptable de la interdisciplinariedad, debe realizarse con la Neurología, Arqueología y Ciencias sociales.


* Ciencias sociales (Antropología social, Sociología y Demografía). Las relaciones humanas siempre han pesado mucho en la explicación de la evolución cultural, afectando a todos sus aspectos (desarrollo psicológico, lingüístico, sociocultural, etc.). Aunque existe consenso sobre su importancia, no todos ven el inicio y el desarrollo de la variación conductual como dependiente de las características ambientales en general. En este aspecto, destacan las socioeconómicas (Hernando, 1999) y demográficas (Shennan, 2001) de las poblaciones en donde se producen tales cambios. Cuanto más desarrollados estén y mayor sea la población que interactúa, mayor sería el desarrollo cognitivo y cultural.

* Lingüística. Todos están de acuerdo en la importancia que el lenguaje ha tenido en la evolución cultural humana, pero no sobre la forma y el momento en la que se inició y actuó, ni por supuesto la importancia que tienen en la formación del pensamiento, simbolismo y autoconciencia de los seres humanos, es decir, de los aspectos neurológicos y psicológicos del lenguaje. Sobre todo nos interesa los aspectos neuro y psicolingüísticos del lenguaje, más que la simbolización de los pensamientos a las formas sonoras (habla), gestos (lenguaje de gestos o signos) o cualquier medio que pueda recoger simbólicamente un pensamiento y poder ser entendido por los demás.
La unión interdisciplinar, siguiendo los preceptos indicados al principio, constituye una forma de estructuralismo, que por el uso de los conocimientos psicobiológicos puede denominarse como estructural. Podemos ver un resumen en el siguiente cuadro.



De esta interdisciplinariedad habría que deducir un modelo sobre el inicio y desarrollo de la conducta humana (lo que Renfrew echaba de menos en su trabajo del 2008), el cual pueda ser aplicado a la interpretación de los datos arqueológicos. Pero el modelo debe valer para problemas concretos y no sólo ser una explicación genérica sobre la evolución cognitiva humana.

Un modelo con estas características ha sido desarrollado y expuesto en este blog (estructuralismo funcional), así como su aplicación a diversos problemas arqueológicos. Sin embargo, puede leerse un trabajo realizado según esta metodología en el artículo de la revista Zephyrus (Rivera, 2010). 

* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 56:2, p. 19-35.
* SHENNAN, S. (2001): “Demography and Cultural Innovation: a model and its implications for the emergence of modern human culture”. Cambridge archaeological journal. 11: 1, p. 5-16.

domingo, 4 de marzo de 2012

La cognición humana en arqueología


La teoría y metodología arqueológica nos enseña las diversas formas que dentro de la disciplina se han establecido para la obtención e interpretación de los datos arqueológicos. En este campo científico es posible establecer dos líneas de trabajo que, aunque teóricamente se puedan exponer por separado, forman una unidad explicativa general.

I - La obtención e interpretación de los datos de cada yacimiento en particular. Esta dirección teórica está ampliamente desarrollada, pues en general todo lo relacionado con los yacimientos despierta un gran interés entre los que se dedican al estudio de la Prehistoria.

II - La elaboración de modelos sobre el origen y desarrollo de la conducta humana, a partir de la información anteriormente reseñada. En este apartado el interés y los resultados son mucho más pobres. La realización de la teoría arqueológica parece que ha sido una constante de los países de habla inglesa, donde por el amplio desarrollo de la Antropología sociocultural y una orientación académica más relacionada con las Ciencias Naturales han marcado el camino de las teorías generales de interpretación arqueológica.

En este contexto, habría que señalar cómo Laurence G. Strauss, en un seminario de Doctorado sobre las novedades en el Paleolítico y Mesolítico europeo que ofreció en Buenos Aires (1996), dictó e ilustró muy bien las diferencias entre la escuela norteamericana y la europea:

Yo me he formado como arqueólogo antropológico. Mi meta como paleoantropólogo es la comprensión de los modos de vivir. Las diferencias......son diferencias de paradigma: la manera de definir lo que es importante saber, cómo y porqué; estas diferencias provienen de formaciones académicas muy distintas: la mayoría de los prehistoriadores españoles están formados en las Letras y la mayoría de los prehistoriadores norteamericanos en las Ciencias Sociales con grandes dosis de Ciencias Naturales. Creo que hay un sitio para ambas perspectivas a fin de llegar a una visión completa del Paleolítico. El papel de los prehistoriadores venidos de la tradición antropológica americana o inglesa sería el de proponer y evaluar hipótesis acerca del comportamiento y de la adaptación humana. También quizá, su papel es de mitigar un escolasticismo excesivamente estéril, en el estudio de los materiales de la prehistoria. El papel de los prehistoriadores de tradición humanística europea es de describir, ordenar y estudiar de manera muy detallada y precisa, los materiales con los cuales sólo ellos pueden estar íntimamente familiarizados a largo plazo, y de corregir los excesos de optimismo explicativo de sus colegas forasteros.

En general, la escuela americana aprovecha mejor los avances europeos obtenidos en sus yacimientos, pues siempre los ha utilizado en la creación de líneas teóricas de interpretación arqueológica (Procesualismo, postprocesualismo, etc.). Mientras que en Europa la creación de modelos generales de comportamiento siempre ha tenido un pobre desarrollo. Creo que debemos de prestar más atención a lo que otras ciencias dicen sobre la conducta humana, pues se quiera o no, fue en el Paleolítico donde se crearon y desarrollaron las bases fundamentales de la conducta simbólica humana. Hecho tan trascendente merece un poco más de interés por sus causas (estudios cognitivos, socioculturales, etc.), y no sólo por sus consecuencias materiales (tecnología, arte, conductas simbólicas, etc.).

Es posible que nos tengamos que replantear la pregunta básica de toda ciencia:¿Qué intentamos conocer? La Arqueología siempre ha obtenido buenos resultados cuando su análisis se ha limitado a conocer el cuándo y dónde de los datos arqueológicos, pero que en la explicación del cómo y el porqué de su aparición o desarrollo en cada momento y lugar se han encontrado grandes dificultades.

Las dos últimas respuestas no pueden encontrarse en los yacimientos, por lo que habrá que seguir el camino de la metodología arqueológica. La elaboración de modelos sobre el origen y desarrollo conductual humano se hace imprescindible. Para su realización hay que adquirir la motivación necesaria para su elaboración, absorber los conocimientos de otras ciencias relacionadas con la conducta humana, crear modelos interdisciplinarios y aplicarlos al registro arqueológico.

Es imprescindible establecer una relación de los datos arqueológicos con las capacidades cognitivas de sus creadores, lo que implica elaborar marcos teóricos adecuados. La Arqueologíacognitiva es un enfoque teórico muy poco conocido y utilizado en la interpretación prehistórica. Sus metas estarían encaminadas a comprender, a partir de los datos que nos ofrece el registro arqueológico, el origen y evolución de la conducta del género Homo, es decir, el cómo y porqué del origen y desarrollo de su conducta. 

En los primeros años del desarrollo de la Prehistoria como ciencia no existía un especial interés por las características cognitivas de los homínidos conocidos. Su evolución y diferenciación se explicaba como una consecuencia de los mecanismos evolutivos, los cuales proporcionaban unas capacidades cognitivas propias de cada especie humana, que se manifestarían con unas determinadas formas culturales. Sin embargo, tal teoría no podía sostenerse cuando los datos paleoantropológicos y arqueológicos fueron mostrando grandes lagunas en sus explicaciones. Estas, junto con el desarrollo de ciertas ciencias (Antropología social/cultural, Neurología, Psicología, etc.), indicaban la necesidad de utilizar otras vías metodológicas en el estudio de la conducta humana.

Actualmente la conducta humana siempre a estado relacionada con el simbolismo, aunque no siempre se ha establecido tal relación. Cualquier forma de lenguaje humano (sonoro o gesticular) siempre contiene un fundamento simbólico. Se ha relacionado la modernidad con el simbolismo que la sustenta, por lo que algunos autores reconocen una conducta moderna cuando está simbólicamente organizada, o es completamente simbólica. El simbolismo es lo que nos ha proporcionado las características conductuales que nos definen como seres humanos modernos.

Este último concepto es muy importante en la configuración del último periodo paleolítico, pues, desde entonces, el simbolismo va a ser fundamental en la conducta de los seres humanos de todos los tiempos. Sin embargo, puede encontrarse cierto grado de simbolismo en los dos primeros periodos paleolíticos, sobre todo si tenemos en cuenta que poco a poco se van encontrando conductas y elementos con cierto carácter simbólico en tales periodos, pero es en el último periodo cuando de verdad se aprecia un gran desarrollo, al observar nuevas formas de conducta socioeconómicas, tecnológicas, simbólicas, etc. Aunque, lo que sin duda fue más trascendental y nuevo, sería el tener una clara conciencia del uso simbólico de diversos útiles y conductas (simbolismo consciente o reflexivo). Esto, aporta un nuevo significado a este periodo, pues le separaría con mayor identidad de los anteriores periodos paleolíticos. Es este sentido, no cabe la menor duda que son los que más van a pesar en la conducta humana moderna.

Lo más llamativo del Paleolítico superior sería la adquisición de una nueva mentalidad simbólica, creativa, práctica y, sobre todo, consciente de su realización. Tal logro pudo realizarse por medio del desarrollo pleno de la conciencia reflexiva, y su utilización junto con los conceptos del tiempo y del espacio, que serán utilizados en los intentos de solucionar los problemas que se plantearon en ese momento. El resultado no puede ser más extraordinario, pues se producen nuevas formas de conducta reflejadas en la aparición de adornos corporales, del arte, enterramientos intencionados con base simbólica, la aparición de la religión, aumento de la complejidad social, mejor estructuración y organización de la caza, conservación de los alimentos, estructuración del espacio del hábitat, etc. La aparición en el tiempo de todos estos hechos, se realiza con gran interacción de unos elementos con otros, pero existen ciertos aspectos de dependencia que hay que analizar. Los avances culturales de carácter simbólico tienen que irse elaborando, de una forma más o menos escalonada, en función de las nuevas necesidades demográficas, sociales y medioambientales que se vayan presentando. Hay que tener en cuenta, que para la aparición de unos (como la religión donde se utiliza inexcusablemente un simbolismo consciente), es imprescindible el desarrollo de otros (como sería una conciencia reflexiva). Su falta, imposibilita el inicio de las ideas religiosas y de todas las conductas relacionadas con ella (enterramientos con simbolismo religioso).

El Paleolítico es el periodo de la Humanidad en el que se desarrolló biológica, cultural y cognitivamente, lo que le permitió alcanzar un grado de autoconciencia (inicio del Paleolítico suprior) suficiente como para realizar la conducta considerada como moderna.

La metodología arqueológica ha intentado responder a tan complejas preguntas. La mayoría de los procesualistas han desarrollado ampliamente teorías generales sobre la conducta humana (Donald Merlin, Colin Renfrew, Davidson y Noble, Mithen), pero tienen importantes problemas para aplicar sus conceptos generales a las particularidades contextuales de cada yacimiento. Por su parte, a los postprocesuales les es muy difícil realizar trabajos generales a partir de sus estudios contextuales, pues les falta una metodología que pueda compaginar ambos campos de aplicación. Sólo el estructuralismo, con un conocimiento básico pero suficiente de la psicobiología humana, ha podido realizar cierta elaboración metodológica que les ha llevado a elaborar trabajos genéricos a partir de los particulares datos del registro arqueológico. Se ha realizado por medio de la interdisciplinariedad de las ciencias relacionadas con la conducta humana, creando estructuras metodológicas (estructuralismo funcional) que permitan superar en lo posible el subjetivismo que impera en los estudios sobre la conducta humana en la prehistoria. Un ejemplo de tal desarrollo metodológico lo podemos ver en el siguiente esquema:


Sin embargo, es paradójico cómo numerosos autores de otras disciplinas académicas han tratado estos temas, llegando a conclusiones muy interesantes y, por supuesto, relacionadas con el mundo paleolítico (donde de crearon y desarrollaron), pero que prácticamente no han tenido ninguna repercusión en los estudios arqueológicos europeos. Lo curioso es que cada vez se habla más de los procesos cognitivos en los estudios paleolíticos, del simbolismo humano, y no sólo de su origen geográfico y temporal, sino de las causas y motivos de su producción.

Siendo numerosos los autores que sobre esta han escruto, invito a que lean alguno de las referencias bibliográficas que señalo, puede que les despierte el interés de estudiar los procesos cognitivos paleolíticos con una perspectiva más amplia y mejor fundamentada.

* ÁLVAREZ MUNÁRRIZ, L. (2005): La conciencia humana. En La conciencia humana: perspectiva cultural. (Coord.) Luis Álvarez Munárriz, Enrique Couceiro Domínguez. Barcelona. Anthropos.
* ARDILA, A.; OSTROSKY-SOLÍS, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
* BICKERTON, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York: Hill and Wang.
* BRUNER, J. (1984): Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza. Madrid.
* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona
* DELGADO, J. M. R. (1994): Mi cerebro y yo. Temas de Hoy. Madrid.
* EDELMAN, G. M., y TONONI, G. (2002): El universo de la conciencia. Crítica. Barcelona.
* FLÓREZ, J.; GARCÍA-PORRERO, J. A.; GÓMEZ, P.; IZQUIERDO, J. M.; JIMENO, A. y GÓMEZ, E. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 56 (2), pp. 19-35.
* LURIA A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
* MARINA, J. A. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.
* RAMÍREZ GOICOECHEA, E. (2009). Evolución, Cultura y Complejidad. La Humanidad que se hace a sí misma. 2ª ed. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
* TOMASELLO, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Amorrortu. Buenos Aires.
* MORA, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Alianza Editorial. Madrid.
* SEARLE, J. R. (2000): El misterio de la conciencia. Paidos. Barcelona.
* VYGOTSKY, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.