martes, 25 de junio de 2019

Conservación alimentaria en la Prehistoria


La caza y recolección fueron actividades primordiales de la actividad humana en la prehistoria. Sin embargo, el desarrollo de las poblaciones humanas no solo se logró mediante su producción, sino que también fue consecuencia de otras actividades de gran trascendencia. Me refiero a la propia planificación de la caza y recolección para periodos en los que estas actividades estaban muy limitadas fundamentalmente debido a los cambios climáticos característicos de cada tiempo y lugar. Pero esta planificación pasaba inexorablemente por mantener lo mejor posible los excedentes alimentarios logrados en las épocas de mejor clima. La conservación y almacenamiento de estos excedentes fueron fundamentales para la supervivencia humana. Como toda actividad humana su logro se debió a la actuación conjunta de las capacidades cognitivas de cada periodo (cognición social, emocional y tecnológica).


En la prehistoria la mayoría de los avances conductuales se deben al desarrollo de de la cognición causal, al apreciar en la naturaleza formas, procesos o hechos que al relacionarse de forma fortuita, recurrente y simultánea ofrecen unos resultados que pueden utilizarse para el mejoramiento de la conducta (serendipias). Este proceso implica necesariamente que deben de existir los objetos, hechos o recuerdos para que se pueda producir la relación causal, lo que explica la ascendente producción en complejidad de la conducta humana. La percepción y utilidad de los procesos de serendipias impulsa su imitación y, si era posible, con ciertas mejoras (creatividad) cuya intensidad y complejidad irían en consonancia con el aumento de los niveles de cognición causal, expansión de la memoria de trabajo, desarrollo de la teoría de la mente y autoconciencia, todas ellas interactuando entre sí y ofreciendo un intrincado proceso de coevolución cognitiva.


Desde el inicio del género Homo se produjo un progresivo y variado aumento de las fuentes de alimentación que puede apreciarse en los datos de los yacimientos. Comenzando por los más elementales grados de la cognición causal (grado 1, causa-efecto), serían el resultado del conocido método de prueba y error (algo se come, y si no pasa nada se sigue comiendo, pasando al acervo cultural del grupo). Siguiendo por conductas más complejas consecuencia del desarrollo de los mecanismos de preparación para su consumo (asar, cocer, condimentar, ahumar, salazonar, etc.); y el almacenamiento y/o conservación de lo sobrante (almacenaje adecuado, tratamientos especiales), requiere el uso de múltiples capacidades cognitivas a la vez. Seguiremos estas actuaciones a lo largo de la historia de nuestro linaje, en función del nivel de desarrollo cognitivo alcanzado por las poblaciones humanas dentro de los nichos cognitivos-culturales que caracterizaron nuestra conducta y evolución neurológica y cognitiva (mecanismos de evolución cognitivo-cultural).

I.- Cognición arcaica o básica.

Se formó con la simbolización (inicio de un protolenguaje) de las ideas elementales relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, por medio de sonidos y/o gestos socialmente conocidos (emocionales, señalización, etc.). Pudo tener cierto desplazamiento cognitivo de la acción (acciones fuera del aquí y ahora), aunque de forma muy limitada. Esto facilita las acciones conjuntas (convivencia, tecnología, logística, etc.), y desarrollaría el concepto social del grupo. Se relaciona con el Homo habilis, Homo erectus, ergaster, antecessor, rodhesiensis, georgicus y heidelbergensis), y con el Olduvaiense y Achelense como formas de cultura. Cognición causal grados 1, 2, 3/4. Corresponde a un periodo más largo (desde 2,5 Ma hasta los 250/200.000 B.P.), por lo que hay que valorar la heterogeneidad (geográfica y temporal) y lentitud de su desarrollo.

Almacenamiento y/o conservación. En este periodo no conocemos evidencias arqueológicas de métodos de conservación de alimentos, por lo que se supone que se consumiría hasta su finalización o mientras que su deterioro no lo impidiera. Sin embargo, los datos obtenidos en algunos yacimientos como el de Torralba (Díez, 1993) y el de La Cotte (Callow y Cornford, 1986) indicarían que algunas poblaciones, ya en tiempos avanzados de este periodo, obtuvieron carne en grandes cantidades, lo que plantearía la necesidad de intentar su conservación. El interés por conservar los alimentos y las conocidas relaciones de causa (frío, desecación y ahumado) y efecto (comida por más tiempo), dentro del marco de la serendipia, hacen que al menos puedan ser considerados como posibles (cognición causal de grados 1-3). La refrigeración (frío de cuevas, hielo, etc.) y la deshidratación o secado al aire de los alimentos pudo mantener la carne y algunas frutas y verduras en condiciones comestibles más días. Cuando se usa el fuego es posible que existieran ahumados, es decir, que trozos de carne sometidos a una exposición suficiente de humo de las hogueras cercanas, actuando más el humo que el calor del fuego, aunque su uso en este periodo es difícil de asumir.


Un tema especial sería la imprescindible necesidad del agua y de cierto control en su uso, lo que se puede explicar por medio de serendipias. Sería el caso del despiece de herbívoros, pues su tubo digestivo contendría muchas veces los alimentos ingeridos con anterioridad con gran cantidad de líquido que no se derramaba. La gran utilidad de su uso como continente de agua parece evidente (cognición causal grados 1-3). Igualmente, pudieron ser utilizados formas vegetales (cañas de bambú, frutos de corteza dura que puedan ser perforados, etc.), pero en todos estos casos no existen testimonios arqueológicos directos que nos confirmen su uso en este periodo, y es muy posible que necesitasen una cognición causal más desarrollada, como sería el grado 6 (atribuir causas a objetos inanimados: estanqueidad de estos restos vegetales


II. Cognición primitiva.
Este periodo se caracteriza por el desarrollo de los conceptos de individualidad social y personal, así como de una mayor ubicación temporal y espacial. Sería fundamentalmente descriptiva, lingüística, sin descartar una base gesticular, con elementos sintácticos elementales e inconscientes. Se iniciaron conductas complejas (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a los HN de cultura musteriense y a los primeros HAM en África y el Próximo Oriente. Cognición causal grados 4 y 5. Las conductas culinarias en este periodo son más homogéneas, solo al final del Paleolítico medio y del Middle Stone Age (MSA) se producen algunos avances tecnológicos y culinarios, aunque con pocos documentos arqueológicos. Hay que tener presente que existe un importante desfase cultural entre las culturas de África y Europa. El MSA es más avanzado pudiendo incluso situarse al siguiente periodo (conducta moderna básica). Tras esta indicación se incluye en el periodo primitivo por no alterar la secuencia temporal.

Almacenamiento y/o conservación. Solo con algunas técnicas de almacenamiento o de conservación se pudieron afrontar con éxito los periodos fríos conocidos a lo largo del Pleistoceno (Gamble, 1999). Sin pruebas arqueológicas que lo confirmen, en este periodo se debieron de continuar e incluso aumentar los procesos de conservación del secado, de refrigeración y/o congelación en climas adecuados, y los ahumados (cognición causal de grados 1-4 y cierto nivel del 6). Un dato interesante lo tenemos en el uso del ocre, pues es un importante repelente de insectos, lo que pudo utilizarse en este periodo para la conservación de alimentos (Hawkins et al., 1998).

III.- La alimentación en la conducta moderna básica y elaborada.
En la conducta moderna básica se alcanza un importante incremento de la individualidad social y personal, junto con una ubicación temporal y espacial perfeccionada, lo que impulsa un pensamiento y lenguaje de nivel argumentativo. Sería el inicio de un simbolismo consciente y social, al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (marcar las diferencias sociales o individuales y gestionar conductas complejas). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales. Su simbolismo pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana. Cognición causal grado 6.

Con la conducta moderna elaborada, tras el desarrollo anterior y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja. Se caracteriza por el desarrollo de un simbolismo social, espiritual y religioso progresivamente complejo, que emerge en etapas sucesivas. Este simbolismo tendría un lenguaje argumentativo y metafórico, siendo consciente, intencionado y utilizado para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea con HAM durante el Auriñaciense, aunque es posible que se produjera antes en otras áreas geográficas. Cognición causal grado 7.Con la conducta moderna (básica y elaborada) se inicia las conductas autoconscientes e intencionadas en las poblaciones de HN y HAM, relacionándose con el desarrollo de la cognición causal de los grados 6 y 7. Se inician fundamentos para el desarrollo de la creatividad, ampliando los logros de la serendipia.

A. - Cazadores y recolectores. Las poblaciones del Paleolítico superior, Epipaleolítico y/o Mesolítico fueron cazadores-recolectores, donde las técnicas de cocina y conservación de alimentos sobrantes van a desarrollarse en gran medida.

Almacenamiento y/o conservación. Durante el Paleolítico superior la conservación continuaría con las técnicas ya conocidas de deshidratación o secado al aire que se verían favorecidas en climas secos y fríos. Para la congelación se colocaban en el interior de fosas excavadas en el suelo, que en condiciones periglaciares estaba siempre congelado, donde podían conservarse durante largo tiempo (serendipias y cognición causal grados 6-7). Con parecidos fundamentos cognitivos los ahumados de carne o pescado parece que sí podrían realizarse, pero los datos arqueológicos son muy escasos y de interpretación dudosa. Así, en la cueva del Buxu (Asturias) se ha documentado en un recinto cerrado con numerosos restos de hogares y útiles relacionados, como anzuelos que podría sugerir como una zona dedicada a los procesos de ahumados (Menéndez, 1992). En el norte de Europa hace unos 9.200 años se ha encontrado un mecanismo de conservación de pescado mediante la fermentación anaeróbica o sin oxígeno (Boethius, 2016), que es posible mediante el uso de serendipias y ciertas labores creativas (cognición causal grados 6-7).

B.- Agricultores y ganaderos. En las áreas donde se van a desarrollar la agricultura y ganadería, el registro arqueológico nos muestra una tendencia progresiva hacia ellas. Parece que su desarrollo se produciría por una paulatina acumulación de serendipias (valoración positiva de ciertos conocimientos sobre las plantas y animales susceptibles de domesticación), que se fueron perfeccionando con procesos creativos de mejora, dentro de una cognición causal del grado 7. Con la producción de excedentes se incrementarían las técnicas de conservación y almacenamiento.

Almacenamiento y/o conservación. Con el desarrollo de la cognición causal en grado 7 comienzan a crearse avances tecnológicos buscados (creatividad), aunque siempre las serendipias tendrán un importante papel. El desarrollo de la cerámica permitiría el transporte y almacenamiento del agua y de alimentos (cereales, grasa, carne, vegetales, etc.) en lugares adecuados (frescos y secos), que al poder taparse se aislará de la invasión de insectos y de los múltiples depredadores. Serán los antecedentes de la creación de pozos y/o silos que se fueron creando de forma paralela al desarrollo de la agricultura.

En el Neolítico tenemos múltiples ejemplos de serendipia y creatividad que se van produciendo cada vez con mayor complejidad y utilidad. La tecnología de ahumados se atestigua en Novosibirsk (Siberia) en el yacimiento de Tartas-1 (Gertcyk, 2015), donde se han encontrado pruebas de ahumados de pescado con una antigüedad de 5000 B.P. La extracción de sal para abastecer las redes de intercambio a larga distancia (Weller, 2004: Weller y Dumitroaia, 2005), da pie a pensar en la conservación de ciertos alimentos mediante la sal (salazones, salmuera). La obtención de la sal marina mediante desecación en recipientes cerámicos (tipo cazuela), está bien documentado en el yacimiento onubense de la Marismilla durante el Neolítico final (Escacena et al., 1996). En el Neolítico medio (4500-3500 a.C.) de Cardona (Barcelona) se han encontrado las primeras trazas de aprovechamiento salino en la Península Ibérica (Figuls et al., 2010).



- Boethius, A. (2016): Something rotten in Scandinavia: The world's earliest evidence of fermentation. Journal of Archaeological Science. Volume 66, Pages 169–180.
- Callow, P. y J. M. Cornford (ed.) (1986): La Cotte de St. Brelade 1961-78: Excavations bei C. B. M. McBurney. Norwich.
- Díez, J. C. (1993): Estudio tafonómico de los macrovertebrados de yacimientos del Pleistoceno Medio. Complutum, 4: 21-40.
- Escacena Carrasco, J.L.; Rodríguez De Zuloaga, M. y Ladrón De Guevara, I. (1996): Guadalquivir Salobre. Elaboración Prehistórica de Sal Marina en las Antiguas Bocas del Río. Sevilla. Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
- Fíguls, A.; Weller, O. y Grandia, F. (2010): "La Vall Salina de Cardona: los orígenes de la minería de la sal gema y las transformaciones socioeconómicas en las comunidades del neolítico medio catalán". En Abarquero, A. y GUERRA, F. J. (ed.): Los yacimientos de Villafáfila (Zamora) en el marco de las explotaciones salineras de la prehistoria europea. Junta de Castilla y León, Valladolid, p. 49-83.
- Gertcyk, O. (2015): Fancy some Neolithic smoked fish? The Siberian Times, 6 November.
- Menéndez, M. (1992): “La cueva del Buxu (Cardes, Cangas de Onís)”. Excavaciones arqueológicas en Asturias, 1987-1990. Consejería de Educación y Cultura, Oviedo.
- Rivera, A. and Rivera, S. (2019). Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus. Ludus Vitalis, 27 (51) (in press). 
- Weller, O. 2004. Los orígenes de la producción de sal: evidencias, funciones y valor en el Neolítico europeo. PYRENAE, nº 35, vol. 1 pag. 93-116.
- Weller, O. and Dumitroaia, G. 2005. The earliest salt production in the World: an Early Neolithic exploitation in Poiana Slatinei-Lunca Romania. Antiquity, vol. 79 (306).


miércoles, 24 de abril de 2019

Tres ejemplos de medidas temporales del Paleolítico

Durante el Paleolítico se produjeron importantes avances conductuales y cognitivos de muy variada manifestación arqueológica (tecnológicos, lingüísticos, simbólicos, sociales, culturales, etc.), con el consecuente aumento de su capacidad de adaptación medioambiental. El desarrollo conductual se vio favorecido y aumentado cuando se pudieron realizar cierto controles en su uso, lo que pudo realizarse mediante conductas de medición y conteo en el desarrollo de su acción. Estos dos procesos, aunque muy vinculados en los medios actuales, no son iguales y responden a realidades cognitivas diferentes:

- Medición sería la equiparación de las acciones realizadas (recorrer largas distancias, intercambio comercial, almacenaje, etc.) con unidades o patrones de medida (día, mes lunar, año solar, unidades de volumen, etc.). Su adquisición se realiza mediante la observación de la naturaleza y el reconocimiento de su utilidad (serendipia), siendo posteriormente desarrollada mediante procesos más complejos y buscados (creatividad).

- Cuantificación. Con el uso de estas mediciones se llegaría a los procesos de cuantificación o creación de abstracciones numéricas, mediante el desarrollo de un simbolismo (gráfico, sonoro, mixto, etc.) que representaría a lo que hoy conocemos como números.


Según el testimonio arqueológico los comienzos de las tareas de medición se iniciaron a comienzos del Paleolítico superior, mientras que el inicio de la cuantificación numérica solo tenemos datos arqueológicos a partir del Neolítico, aunque no puede descartarse realizaciones más o menos aisladas de estos hechos con cierta anterioridad.

En otra entrada al blog ya vimos las diversas muestras paleolíticas que se han relacionado con conductas contables o numéricas (conductas numéricas en elpaleolítico), y como tales se han tratado en diversos trabajos sobre este periodo (González Redondo et al., 2010), pero es muy difícil poder aceptar el uso de números. La materialidad sobre la que se plasma estas conductas es muy irregular y da muy poco margen a la creación de analogías (grupos de marcas iguales, que se repiten en varias muestras, ofreciendo una imagen cognitiva de grupos determinados, que al simbolizarlos generarían los números). Sin embargo, existen algunos casos que podemos considerarlos como intermedios o en el camino cognitivo de la creación de la abstracción numérica. Con los escasos datos arqueológicos que poseemos se pueden reconocer tres formas de patrón temporo-espacial (cognición causal 6-7). Aunque con seguridad solo podemos indicar que se refieren a procesos de cuantificación, sin indicar nada sobre lo medido:

- La placa de Abri Blanchard del 30-25 ka (Auriñaciense) en Dordogne, (Francia) (Fig. A) estaría en el comienzo de la andadura cognitiva moderna del Homo sapiens (Rivera y Menéndez, 2011). Tiene 69 marcas de diferentes formas que podrían representar la continuidad de las cuatro fases de la luna, es decir, algo más de dos fases lunares (González Redondo et al., 2004). Esta interpretación sería la denominada cota Marshack (Marshack, 1991). Sin embargo, aunque su representación refleja una clara continuidad que se ajusta muy bien a las mediciones temporales, y las marcas tienen cuatro formas que se pueden acoplar a las fases lunares, la correlación de las mismas es muy irregular, y el número de marcas es arbitrario (69), lo que dificulta su asimilación como calendario lunar, aunque sí parece un registro temporal de difícil compresión en cuanto su finalidad y motivación.

- El asta de reno de Brassempouy del 15 ka (Magdaleniense) en Las Landas (Francia) (Fig. B). La pieza parece ser un soporte de marcas claras y similares entre sí, estando agrupadas intencionadamente en grupos de numeración ascendente (1, 3, 5, 7, 9) que no se repiten. Parece ser una representación de un patrón inespecífico o general, intentando mostrar una serie ordenada de las diez primeras medidas, pues si a estas cinco marcas impares se añade una medida más (señalada expresamente en un lugar preferente o central) tendríamos las otras cinco marcas de numeración pares. Algunos autores (Ifrah, 1997) la consideran como una herramienta aritmética, aunque de utilidad muy discutida. Podría tratarse de un primitivo sistema de medición universal donde se reflejarían ciertos procesos de analogía y simbolización de diversas mediciones, formando la primera plantilla o plataforma de medición conocida, si excluimos a los dedos de las manos con los que comparten la base de medición y/o conteo (10). Estas medidas se adaptan perfectamente a patrones sencillos, como el día. Así, el tiempo de marcha mientras haya luz (causa) puede quedar fácilmente registrado con una marca en una base ósea, piedra o vegetal (efecto), permitiendo su reutilización para el mismo o similar proceso, incluso ampliación y/o remodelación (d’Errico et al., 2017). Podría ser el utensilio más avanzado del Paleolítico en el camino de la abstracción numérica.

- La placa rectangular de marfil de Mal´ta (Irkutskaya Oblast) en Siberia (Rusia) del 18-15 ka (Fig. C), tiene las mismas connotaciones cognitivas y temporales que el caso anterior. Se aprecian múltiples marcas muy similares que parecen ofrecer una importante aproximación al cómputo anual, pues tiene una espiral de 243 señales acompañadas de otras espirales con 122 señales, siendo el total de 365. Además, en la zona siberiana de Mal´ta la duración del invierno es de 243 días, igual que el ciclo de gestación del reno, animal básico en la dieta de la zona, lo que reafirmaría la posibilidad de ser un registro temporal largo (anual) (Frolov, 1974). El registro de largos periodos o de las estaciones climáticas anuales, adquiere especial importancia en algunas poblaciones y periodos. Aunque las notaciones de 365 días son muy complejas de realizar, su necesidad y motivación serían muy importantes en las poblaciones donde el invierno fuera muy crudo, y la adquisición de alimentos estaría muy comprometida, necesitándose una adecuada logística alimentaria estacional (Frolov, 1974). Con el desarrollo de la agricultura y ganadería este control estacional sería totalmente imprescindible.


En general, podemos concluir que en el Paleolítico no se produjo el desarrollo de los números tal y como los conocemos en la actualidad (abstracción numérica), sino que se iniciaron conducta de medición (comparaciones de hechos con patrones determinados uno a uno) y su debido registro en materiales permanentes, principalmente asta y hueso sin descartar otros menos duraderos.


- Bednarik, R. G. (2013). The Pleistocene Art of Asia. Arts, 2, 46-76.
- d´Errico, F., Doyon, L., Colagé, I., Queffelec, A., Le Vraux, E., Giacobini, G., Vandermeersch, B. and Maureille, B. (2017). From number sense to number symbols. An archaeological perspective. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 19; 373(1740). pii: 20160518. doi: 10.1098/rstb.2016.0518
- Frolov, B. A. (1974). Numbers in Paleolithic graphic. Russian. Novosibirsk. Nauka.
- González Redondo, F. A. y Silván Pobes, E. (2004). Pensamiento simbólico y Matemática en el Paleolítico Superior. Boletín de la Sociedad Puig Adam; 68: 78-93. doi: http://scielo.isciii.es/pdf/dyn/v30/07.pdf
- González Redondo, F. A., Martín-Loeches, M. & Silván Ppbes, E. (2010). Prehistoria de la matemática y mente moderna: pensamiento matemático y recursividad en el Paleolítico franco-cantábrico. Dynamis. 30: 167-195.
- Ifrah, G. (1997). Historia universal de las cifras. Madrid. Espasa.
- Marshack, A. (1991). The roots of civilization. New York. Weidenfeld and Nicolson.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011). Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Evolución cognitivo-cultural (Arqueología cognitiva)

Por definición sabemos que la Arqueología cognitiva intenta comprender la evolución cognitiva del género Homo, es decir, su desarrollo cognitivo y cultural en todos sus aspectos. Para su logro es preciso que tengamos muy claro dos conceptos:

I. - Necesidad de la Arqueologíacognitiva, como medio metodológico para su estudio. En el inicio de la no existían formas o métodos para su realización. Dentro del mundo de la Antropología, mejor relacionada con la Biología, es donde comenzaron a realizar intentos de análisis. Sin embargo, todos estos inicios solo ofrecieron más confusión que realidades más o menos aceptadas por la comunidad científica.
II. - Comprensión del significado de evolución cognitivaConcepción del problema o de la separación académica sobre la evolución cognitiva respecto de la morfológica, reconociendo las características de su relación. Tal dicotomía ha tardado muchos años para realización, pues en principio se conceptuaba que la cognición era la consecuencia directa del funcionamiento del cerebro, el cual cambiaba con la evolución y actuaba tal cual.


Hay que crear un método de análisis de la conducta humana en todas sus épocas. Este es el gran problema a resolver, pues nada existía ni nos decía cómo debería de realizarse. Los supuestos razonamientos lógicos conllevaban una enorme dosis de subjetividad, y pronto se desecharon por crear más dudas que conocimiento real. En la segunda mitad del siglo pasado se comenzó a pensar que la Psicología (ciencia que estudiaba el comportamiento humano en todas sus facetas) podría ofreces unos cauces metodológicos aceptables, lo que favoreció la búsqueda de teorías que podrían acoplarse a los datos arqueológicos. Sin embargo, la Psicología también buscaba métodos científicos que sustentasen sus teorías, por lo solo podía ofrecer teorías con escaso fundamento teórico.

En el inicio de la Psicología, y ante la lógica orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

La necesaria interdisciplina

El estudio de la Psicología y de la propia Arqueología tiene que ser necesariamente abierto a otras disciplinas que las complete. En este camino, y en referencia a la Arqueología cognitiva, existen una serie de ciencias que pueden usarse como complemento interdisciplinar (Biología evolutiva, Neurología, Antropología social; etc.), pero el problema se aumenta al comprobar que, a su vez, estas ciencias son igualmente interdisciplinares.


Con la interdisciplinariedad se intenta una búsqueda sistemática de integración teórica a partir de diferentes disciplinas, partiendo de una concepción multidimensional de los fenómenos, así como el reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget et al. 1973).

La interdisciplina, como método científico adecuado para el estudio de la naturaleza y de todo lo relacionado con el género Homo, constituye un procedimiento teórico no bien conocido, pero muchas veces defendido por la comunidad científica. Sin embargo. la realidad de su utilización nos dice que su uso ha sido y es muy escaso, y que cuando se efectúa muchas veces se realiza bajo formas teóricas limitadas, por lo que es frecuente que se quede en meras intenciones, o en logros muy por debajo de las posibilidades que sus características ofrece.

Metodología interdisciplinaria

La metodología utilizada debería de tener como objetivo el análisis de los mecanismos biológicos, sociales y medioambientales que hicieron posible la evolución cognitiva de nuestro linaje. Para tal fin parece imprescindible realizar un estudio interdisciplinario con las ciencias que estudian tales mecanismos y más influencia tienen en la conducta humana (Biología evolutiva, Neurología, Psicología, Neurolingüística, Antropología social, etc.). Con la coordinación de sus datos más recientes se puede establecer un modelo funcional sobre nuestra evolución cognitiva que nos permita establecer un correlato de su producción temporal desde el inicio del género Homo hasta nuestros días.

En este contexto, el modelo debe de ser psicobiológico (Biología evolutiva, Neurología y Psicología), social (Antropología social) y ecológico (nichos humanos: cognitivos-culturales) como mínimo. Su realización nos ofrece un modelo evolutivo (Estructuralismo funcional) de las sociedades humanas que se adapta perfectamente a los datos arqueológicos obtenidos en todos los periodos.

El motor principal de estos cambios sería la cognición causal (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017), como mecanismo neurofisiológico fundamental causante del desarrollo evolutivo de la cognición humana (social, emocional y tecnológica). La cognición causal se define como la capacidad de establecer y/o reconocer una relación (causa) entre dos o más procesos cognitivos de igual o distinta modalidad (sensorial o almacenada en la memoria), produciendo una conducta o consecuencia (efecto). Sería capaz de integrar colecciones de eventos individuales dentro de una representación organizada de cadenas y redes de relaciones causales (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017). Su desarrollo se produce en el carácter exaptativo de nuestro cerebro, junto con la interacción de otras capacidades cognitivas (coevolución), para poder producir nuevas manifestaciones cognitivas (emergencia), donde la influencia del medio ambiente es determinante (Rivera and Rivera, 2017).

El actual desarrollo de estas ideas está ofreciendo diversos estudios en los que la cultura es el motor de la evolución (efecto Baldwin) y del desarrollo de las capacidades cognitivas humanas. Naturalmente, su desarrollo precisa que se produzca dentro de un nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011; Colagè and d’Errico, 2018; Muthukrishna et al. 2018). El cuadro siguiente expone un resumen del modelo de forma gráfica, pero creo que ilustrativa.



viernes, 19 de octubre de 2018

Conductas numéricas en la Prehistoria


La numerosidad, entendida como la capacidad de entender, representar y usar los números (Coolidge y Overmann, 2012), es un proceso cognitivo que está muy relacionado con numerosos aspectos de la conducta humana. Durante el Paleolítico se produjeron importantes avances conductuales y cognitivos de muy variada manifestación arqueológica (tecnológicos, lingüísticos, simbólicos, sociales, culturales, etc.), con el consecuente aumento de su capacidad de adaptación medioambiental. Varios de estos avances precisaban cierto control en su uso, lo que pudo realizarse mediante conductas de medición y conteo en el desarrollo de su acción.

- Medición sería la equiparación de las acciones realizadas (recorrer largas distancias, intercambio comercial, almacenaje, etc.) con unidades o patrones de medida (día, mes lunar, año solar, unidades de volumen, etc.). Su adquisición se realiza mediante la observación de la naturaleza y el reconocimiento de su utilidad (serendipia), siendo posteriormente desarrollada mediante procesos más complejos y buscados (creatividad).

- Cuantificación. Con el uso de estas mediciones se llegaría a los procesos de cuantificación o creación de abstracciones numéricas, mediante el desarrollo de un simbolismo (gráfico, sonoro, mixto, etc.).
Según el testimonio arqueológico los comienzos de las tareas de medición se iniciaron a comienzos del Paleolítico superior, mientras que el inicio de la cuantificación numérica solo tenemos datos arqueológicos a partir del Neolítico, aunque no puede descartarse realizaciones más o menos aisladas de estos hechos con cierta anterioridad. Esto parece indicar el reciente trabajo sobre el sentido y los símbolos numéricos (d´Errico et al. 2017). Este trabajo se indica la existencia de un fémur de hiena de 72-60 ka del yacimiento Musteriense de Les Pradelles (Francia), lo que lo sitúa dentro del mundo de los Neandertales.

Datos arqueológicos

Las primeras muestras arqueológicas relacionadas con un posible pensamiento matemático se encuentran en el inicio del Paleolítico superior, dependiendo de ciertas características de su propia morfología gráfica. La existencia de sucesivas marcas en soportes principalmente óseos y líticos, consideradas muchas veces como marcas de caza, parece representar un registro medible o contable desconocido. Estas conductas numéricas se han asociado a las plantillas de manos (conteo con dedos); pinturas (corporales, paredes, manos, etc.); muescas en hueso, asta, piedra, etc.; cuentas independientes (conchas, piedras, huesos, etc.); series de nudos en cordones; y registros en materiales biológicos (maderas, hojas, semillas, etc.) que no han perdurado (Overmann, 2017). Su presencia arqueológica es muy irregular, tanto en la distribución temporal como geográfica, y aunque sean deliberadas siempre nos queda la duda de que su finalidad fuera una actividad medible o contable (Barandiarán, 2006; González Redondo et al. 2010).

Los datos arqueológicos mejor asociados a estas prácticas serían las sucesivas marcas que se observan en diversos utensilios y/o soportes, pues adquieren una forma homogénea y regular en su producción, dando la sensación de un acto más o menos continuo en el que se registraría, por simple comparación evento-muesca, los sucesos que se quieren medir y/o contar. Se han encontrado en objetos fácilmente transportables y manejables, aunque su finalidad no estaría bien demostrada (Barandiarán, 2006; González Redondo et al. 2010; Overmann, 2016a). Podemos distinguir dos grandes grupos:

- Realizados en soportes adecuados para su realización, pero que no son útiles. Destacamos la placa de Gorge d´Enfer (1); el hueso de Dolni Vestonice (2); los huesos de Abri Cellier (3); la placa de Abri Blanchard (4); el disco de piedra de Bodrogkeresztur (5); el asta de Brassempouy (6); la placa de la Cueva de Taï (7); la placa de marfil de Mal´ta (8); el hueso de Lebombo (9) y el hueso de Ishango (10). Son los que más posibilidades tienen de representar estas conductas de medición y/o conteo.


- En útiles u objetos de arte mueble con formas más o menos adecuadas para su realización. Tenemos la placa de Geissenklösterle (11); la varilla de Gorge d´Enfer (12); la placa ovoide de La Roche (13); el colgante d´Enfer (14); el colgante de Cueva Morín (15); el metacarpo de La Garma (16); los colgantes de Las Caldas (17); los colgantes de La Garma (18) y los colgantes de Altamira (19). En ellos es difícil distinguir si las marcas son parte del adorno, del útil o corresponden a conductas numéricas.


Por supuesto no estarían todas las muestras conocidas, pero sí las que más parecen mostrar estos aspectos numéricos relacionados con conductas de medición y/o conteo. Siempre quedan dentro de una hipótesis que no puede ser resuelta por las simples características de tales objetos, pues aunque nos parece que indican un posible uso matemático, la falta de conexión con lo medido o contado (si es que había algo que medir o contar) nos impide llegar a conclusiones con una objetividad aceptable.

Conclusiones
El análisis de la conducta humana en el pasado presenta numerosas dificultades, lo que nos induce a valorar la necesidad de introducir nuevos métodos interpretativos que superen estas limitaciones. La Arqueología cognitiva intenta ampliar realizar este cometido mediante el estudio de la evolución cognitiva del género Homo, para lo cual considera imprescindible añadir los valores cognitivos de los seres humanos a las herramientas interpretativas de la Arqueología.

Su aplicación al estudio de la cognición numérica nos proporciona una hipótesis de trabajo muy útil para su compresión durante el Paleolítico. Su desarrollo estaría determinado por la realización de una serie de logros cognitivos-conductuales enlazados entre sí en el tiempo y el espacio, entre los que se destacan el inicio de la medición mediante patrones, la elaboración abstracta de los números, los mecanismos de conteo de hechos cotidianos y la elaboración de operaciones numéricas. Para su realización ha sido precisa la acción conjunta varias capacidades cognitivas racionales (atención, percepción, inhibición, memoria de trabajo, flexibilidad conductual, etc.) y emocionales (necesidad, interés y motivación). Arqueológicamente queda constancia de una importante heterogeneidad temporal y geográfica de su producción, pues sus mecanismos de producción (racionales y emocionales) se deben al desarrollo de las sociedades en todos sus aspectos (nicho cognitivo-cultural).

Este proceso es un claro ejemplo de coevolución cognitiva, producida gracias al carácter exaptativo y de mosaico de nuestra evolución neurológica, la cual en un medio ambiente adecuado es capaz de producir los fenómenos de emergencias cognitivas con sus consecuentes cambios de conducta, entre los que se encuentra las relacionadas con los números.

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martes, 26 de junio de 2018

La cocción en el Paleolítico (adaptación y/o evolución cognitiva)

El uso del fuego para cocer favorecía el aumento de la gama de alimentos utilizados, tanto de formas vegetales (raíces, bulbos o granos demasiados duros para comer) o animales. La cocción favoreció el uso intensivo de los nutrientes de la caza y recolección, la masticación y su asimilación en personas con grandes carencias de dientes, la eliminación de numerosos patógenos y exotoxinas, aumentando la digestibilidad general. Se incrementó enormemente el rendimiento energético y nutricional de los alimentos al poder cocer huesos troceados y crear formas de caldo al que se podrían añadir otras sustancias muy variadas (carne, vegetales, etc.) (Carmody et al. 2011; Speth, 2015; Zink et al. 2014). El uso del fuego como técnica de cocina se relaciona con objetos de forma cóncava (pieles, tripas, corteza de árboles, etc.) que contengan agua en su interior, pues pueden ponerse al fuego sin que se queme la parte en contacto directo con el calor, siempre y cuando continúe con agua, la cual hervirá y podrá cocerse en ella los alimentos (Speth, 2015).

Paleolítico medio

Su utilización se ha visto mediante testimonios indirectos, como sería el caso del descubrimiento en el Paleolítico medio europeo de una masilla alquitranada usada para afianzar los enmangues, obtenida de una combustión reductora (sin oxigeno) de la corteza de abedul, lo que lo relaciona con complejos mecanismos de cocción del agua (Pawlik & Thissen, 2011; Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017). Los procesos de cocina y obtención de masilla (los dos son serendipias) parecen independientes, pero es muy posible que la cocción sea la causa del otro. Al buscar formas cóncavas donde poder hervir el agua (corteza de abedul) de alguna manera el proceso adquirió formas reductoras (pobreza de oxigeno al estar más o menos enterradas o aisladas del aire) obteniéndose fortuitamente la brea de abedul, que al enfriarse adquiría consistencia sólida, además de adherirse a lo que estuviera en contacto, siendo utilizado en el enmangue de útiles líticos (Speth, 2015; Kozowyk et al., 2017).

Sería otro ejemplo de serendipia, aunque en su desarrollo práctico se aprecian indicios de creatividad, para lo cual se precisaría una cognición causal desarrollada (grados 4, 5 y 6), como veremos más adelante. Otro indirecto testimonio arqueológico del uso del fuego en cocina ha sido establecido al relacionarlo con la paulatina disminución del tamaño de los dientes de los neandertales que se inició alrededor de los 100 ka, tendencia que podría sugerir el uso de comida más blanda y nutricional (cocinada), favoreciendo los fenotipos de dientes más pequeños (Wrangham & Conklin-Brittain, 2003). Igualmente, las prácticas de cocina relacionadas con la cocción se asocian con la molienda de los vegetales para su consumo (Henry et al., 2014; Speth, 2015). En Mozambique se ha constatado el uso de semillas (sorgo) por los primeros HAM hace al menos 105 Ka, lo que implicaría el uso de alguna forma de molienda no documentada (Mercader, 2009). En este contexto, se ha documentado utensilios para moler o morteros de piedra, los cuales se utilizaron para producir ocre en polvo, pero sin datos de su uso en la molienda de cereales (Roebroeks et al., 2012). La mejor evidencia se encuentra en los granos de almidón extraídos de un cálculo dental de un neandertal en Shanidar, pues están distorsionados de forma que sugieren una preparación culinaria en presencia de humedad (Henry et al. 2011). El origen de las posibles formas de molienda se explica con el desarrollo de la cognicióncausal de los grados 4, 5 y es posible que el 6 en periodos más recientes.

Grado 4: Comprensión diádica-causal separada. Este grado depende de la capacidad de tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero de diferente etiología. Una directa observación sensorial y otra un recuerdo de experiencias similares, con el fin de comprender su relación causa-efecto. Se establece un razonamiento causal consciente del efecto observado (ropa en una silla) a la causa inobservada (su dueño, al que podemos reconocer, la dejó allí). Se observa una expansión de la memoria de trabajo para mantener más de dos representaciones mentales desiguales a la vez. Se reafirma la teoría de la mente al pensar que el otro actúa como lo haríamos nosotros.

Grado 5: Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica. Lo mismo que el anterior pero con especies biológicas diferentes. Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies, realizado de forma indirecta (e. g. rastros de su desplazamiento) y con experiencias previas. Igualmente requiere cierto desarrollo de la memoria de trabajo.

Grado 6: Comprensión causal inanimada. Atribuir causas a objetos inanimados (e. g. ver caer una manzana cuando hay viento). La causa no se percibe directamente, sino que se infiere. Requiere la utilización de la memoria de trabajo y cierto desarrollo de la flexibilidad conductual (ligada al lenguaje y autoconciencia).



GRADOS DE COGNICIÓN CAUSAL

GRADO
CONCEPTO
EJEMPLO
CARACTERÍSTICAS
NECESIDADES
1
Comprensión causal individual
Relación entre una causa y su inmediato efecto

Golpe-caída

Individual
Percepción y atención
Aprendizaje por condicionamiento
2
Comprensión diádica-causal

Dos agentes diferentes por turnos en una acción conjunta
Dos agentes en una acción común alternante
Social
Entendimiento diádico-causal básico
¿Inicio de la teoría de la mente?
3
Lectura coespecífica de la mente ajena

La intención causal de las acciones de otros son similares a las mías.
La mirada de otro nos puede indicar sus intenciones
Social
Tus deseos, intenciones y creencias son similares a los míos. Mismos efectos
Inicio básico de la teoría de la mente

4
Comprensión diádica-causal separada

Tener dos o más representaciones mentales al mismo tiempo, pero diferentes en su producción (sensorial y memoria).
Conespecífico Pistas que se alejan de una fuente de agua, Inferir que sus autores saciaron su sed y se fueron a comer o descansar
Social
Observación sensorial y recuerdo de experiencias similares, comprender su relación causa-efecto existente entre ellos.
Teoría de la mente
Expansión de la memoria de trabajo
5
Comprensión causal y mentalidad no-coespecífica

Comprensión de la causa-efecto de las acciones de otras especies,
No- conespecífico
Comprensión de la causa-efecto: rastros de su desplazamiento
El desarrollo y diferencias entre los grados conespecíficos 3 y 4 y el grado 5 (no-coespecífico), es gradual dependiendo de la experiencia previa
Desarrollo de la memoria de trabajo
Experiencia  anterior
6
Comprensión causal inanimada


Atribuir causas a objetos inanimados

Caer una manzana cuando hay viento
Causa efecto

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual, autoconciencia

7
Comprensión de la red causal

Nodos causales específicos de un dominio se conecta o enlaza a las redes causales de otros dominios diferentes

Ciencia

Individual
Memoria de trabajo, flexibilidad conductual,
lenguaje autoconciencia

Como puede comprobarse siempre se relacionan hechos, objetos, animales, personas, recuerdos que se perciben en ese momento o se tienen en la memoria. Esta podría ser la explicación del desarrollo de la cognición causal, donde dos o más estímulos de igual o diferente origen (sensoriales o memorísticos), creados por una percepción de forma simultánea y reiterada, son capaces, en un momento preciso, de relacionarse mediante mecanismos sinápticos y crear una red neurológica nueva, con una respuesta conductual diferente y nueva. La cual se acumula en el acervo cultural del grupo y serviría como nuevo elemento memorístico que correlacionar con otros elementos sensoriales obtenidos de la observación del medio ambiente. Sería el caso se la utilización de las piedras calientes que vemos en el siguiente apartado.

Paleolítico superior

Arqueológicamente vemos un desarrollo de la cocina para hacer hervir al agua y cocer los alimentos, mediante el uso de piedras calientes. En un medio donde echar el agua (tripas, pieles, madera), se introduce piedras calentadas al fuego de forma continuada hasta que hierva, continuando hasta que la comida esté hecha (Speth, 2015). El testimonio arqueológico es el hallazgo de piedras térmicamente alteradas (FCR) por los reiterados calentamientos al fuego y su enfriamiento más o menos brusco al introducirlas en el agua que se pretende hervir. Con estas características aparecen en el inicio del Paleolítico superior, haciéndose comunes al final del periodo y sobre todo en el Mesolítico (Nakazawa et al. 2009; Chatters et al. 2012).

Esta técnica parece una mejora creativa de la tecnología ya conocida en el Paleolítico medio de hervir el agua. La motivación podría haber sido por el aumento de los comensales o la necesidad de aumentar la duración de los envases (pieles, tripas, etc.), por medio de un calentamiento indirecto en lugar de exponerlos directamente al fuego (Speth, 2015). En este desarrollo se podría inferir cierta conducta creativa, consecuencia de la unión de diversos procesos, como son el conocimiento de la cocción en pieles húmedas, el interés de la meta culinaria y social (motivación) y la relación de hechos conocidos (piedras calientes), para realizar el traslado al agua del calor. Se precisaría el desarrollo de la cognición causal hasta los grados 4, 5 y el 6

Conclusiones

Se podría asumir que estos avances culinarios, fundamentales en la adaptación humana a cualquier ecosistema, se producen mediante procesos adaptativos al medio. Sin embargo, estas capacidades de adaptación solo son posibles tras cierto desarrollo cognitivo (grados de cognición causal), lo que tiene lugar tras la evolución cultural y social de las poblaciones humanas. No hay que olvidar que la evolución biológica nos dota de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas), tanto racionales (memoria, cierto nivel de funciones ejecutivas, atención y percepción) como las emociones primarias (miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, asco y sorpresa). Nuestras características neurológicas y psicológicas necesitan de un medio ambiente adecuado, que previamente hay que crear (social, económico, tecnológico, lingüístico, etc.), para que las capacidades cognitivas básicas (racionales y emocionales) se desarrollen adecuadamente. Podría definirse como un nicho cultural-cognitivo que posibilite tal desarrollo.

Cuando la evolución neurológica sea suficiente y las características ambientales adquieran un nivel adecuado, pueden producirse nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, escritura, etc.), que se transforman en actividades sociales, culturales, logísticas y simbólicas con un enorme poder adaptativo. 


Carmody, R. N.; Weintraub, G. S. & Wrangham, R.W. 2011. Energetic consequences of thermal and nonthermal food processing”. PANAS, 108, 19199–19203.
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