martes, 10 de septiembre de 2019

Autodomesticación y nichos humanos


Las características de la evolución del género Homo se han relacionado por diversos autores como un proceso de autodomesticación. Se refieren principalmente al proceso por el que nuestro linaje evolucionó anatómicamente de unas formas arcaicas o robustas a los tipos gráciles o modernas del Homo sapiens, lo que principalmente se constata en los últimos 150/50.000 años. Los cambios que acompañan el proceso son primero biológicos o anatómicos y con cierta posteridad culturales (Theofanopoulou et al., 2017).

 Craneos de Neandertal y HAM
Estos estudios identifican y analizan las semejanzas de los datos genéticos y morfológicos estadísticamente significativos entre los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) y otras especies domesticadas. Los resultados obtenidos sugieren que los datos paleogenómicos pueden complementar el registro fósil y respaldar la idea de la autodomesticación en el Homo sapiens, como un proceso que probablemente se intensificó a medida que nuestra especie aumentó su demografía y desarrollo en su propio y exclusivo nicho humano/ecológico información sobre los nichos humanos en El concepto denicho en la evolución humana

Su análisis respalda los intentos de comprender la forma en que pudo realizarse el denominado síndrome de domesticación, explicando que su producción se debería en ciertas alteraciones en la transmisión de información genética a determinados linajes celulares, es decir, por la acción de los genes reguladores u Hox. Su acción se realizaría mediante la interrupción o alteración de la información que vaya a regular los programas de desarrollo de ciertos tejidos celulares durante el proceso de embriogénesis. Sería el caso de la denominada cresta neural (tejido embrionario formado por células migratorias multipotentes, que pueden producir tanto neuronas como células de soporte del sistema nervioso periférico, melanocitos y células endocrinas en las etapas tempranas de su desarrollo) donde los cambios de la programación podrían ser la fuente de las alteraciones que abarcan múltiples sistemas de órganos y estructuras morfológicas (Wilkins et al., 2014). Para más información en Genética de la evoluciónneurológica. Consecuencias arqueológicas y en Genes reguladores u Hox en la evolución y conducta humana



El hecho de que encontraran cambios relacionados con la cresta neural de los HAM en comparación con los neandertales / denisovanos, y que tales cambios también se encuentran en otras especies que pudieron haber sufrido un proceso de autodomesticación, refuerza la hipótesis de que este proceso de forma específica tuvo lugar en nuestro especie. Además de los genes y las vías relacionadas con la cresta neural, se han identificado elementos comunes relacionados con el desarrollo neuronal, la plasticidad sináptica y el mejoramiento del aprendizaje. Estos resultados están en línea con las afirmaciones de otros estudios sobre domesticación donde se la relaciona un cierto tipo de inteligencia (p. e. Hare, 2013; Carneiro et al., 2014; Freedman et al., 2016). Así, se sospecha que los subproductos del proceso de domesticación, como la mejora de la percepción sensorial-motora y las vías de aprendizaje, pueden proporcionar una base para habilidades comunicativas más complejas, incluido el aprendizaje de habilidades manuales y vocales. En este contexto, nuestra especie presenta una evolución anatómica de las regiones parietales del cerebro, involucradas en integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente. Ambos aspectos están involucrados en la capacidad tecnológica y en la complejidad social, dependiendo de los patrones de nuestras etapas vitales (adolescencia o longevidad), y se relacionan con cambios en los niveles de plasticidad cerebral. Es de esperar entonces que estos dos aspectos hayan interactuado a lo largo de la evolución del género humano, y sobre todo en el Homo sapiens (Bruner and Gleeson, 2019).

Los cinco cráneos de Dmanisi -Foto: M. Ponce de León
Como contrapunto se ha evidenciado cierta acumulación de alelos nocivos se ha descrito como el costo de la domesticación (Lu et al., 2006), que, de ser cierto, también podría existir un subproducto en la autodomesticación de los HAM. Un estudio como éste tiene varias limitaciones, pero sin duda nos pone en el camino de comprender la compleja evolución anatómica y cognitiva humana.

Comentarios. En definitiva, lo que se estudia son los cambios morfológicos y cognitivos que tuvieron los seres humanos dentro de su nicho o ecosistema particular (selección natural modificada por la cultura). Los estudios realizados apuntan a cambios producidos por la mutación de los genes reguladores (p. e. de la estructuración, modelación y proliferación de la cresta neural) sobre determinados tejidos en las fases tempranas del desarrollo embrionario. Se propone que unos pocos cambios en los genes Hox son capaces, en las primeras fases de la embriogénesis, de producir una serie de cambios en cascada que podrían tener efecto hasta el final del desarrollo fetal con el nacimiento.

Los cambios son tanto anatómicos como cognitivos, pero el problema surge al valorar cuáles de ellos fueron los más influyentes en la conducta y adaptación de los nuevos seres, de tal manera que serían capaces de cambiar los factores la selección natural en los nichos humanos en los que se produce el proceso evolutivo. En este punto, hay que valorar la gran diferencia existente entre la naturaleza anatómica y cognitiva de los animales susceptibles de domesticación, y la que tuvieron los seres humanos. Si en los primeros los cambios anatómicos parecen ser importantes (p. e. disminución de rasgos físicos que se relacionan con la agresividad) al otorgar a estas especies a un comportamiento más dócil que permita su adiestramiento o utilización alimentaria y/o económica, en los seres humanos estos factores parecen secundarios. Los cambios cognitivos parecen ser mucho más relevantes, pues permitieron profundizar en los caracteres culturales de estas poblaciones y, a su vez, volver a interferir en la selección natural de estos nichos humanos, para lograr un reforzamiento genético en forma de mejoras anatómicas que permitieran un mejor desarrollo cognitivo y mayor capacidad de adaptación a ecosistemas muy diferentes de los originales.

En esta situación, pensamos que el desarrollo de los cambios cognitivos ya apuntados de una mejor integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente, y de una mejor capacidad lingüística serían mucho más trascendentes a la hora de forzar los parámetros selectivos que los simples cambios anatómicos externos compatibles con una Neotenia funcional, los cuales pueden producirse como efectos colaterales de los cambios neurológicos trascendentales ocurridos en nuestra evolución. Los desarrollo en cascada, el aumento de la inmadurez neurología como consecuencia del aumento cerebral y complejidad funcional, pueden explicar la permanencia en los adultos de las formas anatómicas infantiles.

El término de autodomesticación hay que matizarlo detenidamente, a la vez que separarlo de los procesos de domesticación en animales realizados por humanos de forma intencionada. La espiral de evolución cognitiva que se produjo en los nichos cognitivos-culturales que crearon los componentes del género Homo, tuvo sus propias características en las que destaca su falta de intencionalidad en su creación y desarrollo en la mayor parte del tiempo de existencia de nuestro linaje. Lo que pudo hacerse después de alcanzar formas de autoconciencia y teoría de la mente altamente desarrollada es un tema que se escapa de la Prehistoria, pero que tampoco tendrían mucha relación con la tradicional domesticación realizada en animales. Realmente lo que se produce sería un proceso evolutivo llamado efecto Waldwin.

Bruner, E. and Gleeson, B. T. (2019). Body Cognition and Self-Domestication in Human Evolution. Front. Psychol. 21.
Carneiro, M., Rubin. C.J., Di Palma, F., Albert, F. W., Alföldi, J., Barrio, A. M., et al., (2014). Rabbit genome analysis reveals a polygenic basis for phenotypic change during domestication. Science. 2014; 345 (6200):1074–1079.
Freedman, A. H., Schweizer, R. M., Ortega-Del Vecchyo, D., Han. E., Davis, B. W., Gronau, I., et al.(2016). Demographically-based evaluation of genomic regions under selection in domestic dogs. PLoS Genet. 2016; 12 (3):e1005851.
Hare, B., and Woods, V. (2013). The genius of dogs: how dogs are smarter than you think. Penguin.
Lu, J., Tang, T., Tang, H., Huang, J., Shi, S., Wu, C. I. (2006). The accumulation of deleterious mutations in rice genomes: a hypothesis on the cost of domestication. Trends in Genetics. 2006; 22(3):126–131.
Theofanopoulou, C., Gastaldon, S., O'Rourke, T., Samuels, B. D., Messner, A., Martins, P. T. et al. (2017). Self-domestication in Homo sapiens: Insights from comparative genomics. PLoS ONE 12 (10): e0185306.
Wilkins, A. S., Wrangham, R. W. and Fitch, W. T. (2014). The “Domestication Syndrome” in Mammals: A Unified Explanation Based on Neural Crest Cell Behavior and Genetics. Genetics,

martes, 25 de junio de 2019

Conservación alimentaria en la Prehistoria


La caza y recolección fueron actividades primordiales de la actividad humana en la prehistoria. Sin embargo, el desarrollo de las poblaciones humanas no solo se logró mediante su producción, sino que también fue consecuencia de otras actividades de gran trascendencia. Me refiero a la propia planificación de la caza y recolección para periodos en los que estas actividades estaban muy limitadas fundamentalmente debido a los cambios climáticos característicos de cada tiempo y lugar. Pero esta planificación pasaba inexorablemente por mantener lo mejor posible los excedentes alimentarios logrados en las épocas de mejor clima. La conservación y almacenamiento de estos excedentes fueron fundamentales para la supervivencia humana. Como toda actividad humana su logro se debió a la actuación conjunta de las capacidades cognitivas de cada periodo (cognición social, emocional y tecnológica).


En la prehistoria la mayoría de los avances conductuales se deben al desarrollo de de la cognición causal, al apreciar en la naturaleza formas, procesos o hechos que al relacionarse de forma fortuita, recurrente y simultánea ofrecen unos resultados que pueden utilizarse para el mejoramiento de la conducta (serendipias). Este proceso implica necesariamente que deben de existir los objetos, hechos o recuerdos para que se pueda producir la relación causal, lo que explica la ascendente producción en complejidad de la conducta humana. La percepción y utilidad de los procesos de serendipias impulsa su imitación y, si era posible, con ciertas mejoras (creatividad) cuya intensidad y complejidad irían en consonancia con el aumento de los niveles de cognición causal, expansión de la memoria de trabajo, desarrollo de la teoría de la mente y autoconciencia, todas ellas interactuando entre sí y ofreciendo un intrincado proceso de coevolución cognitiva.


Desde el inicio del género Homo se produjo un progresivo y variado aumento de las fuentes de alimentación que puede apreciarse en los datos de los yacimientos. Comenzando por los más elementales grados de la cognición causal (grado 1, causa-efecto), serían el resultado del conocido método de prueba y error (algo se come, y si no pasa nada se sigue comiendo, pasando al acervo cultural del grupo). Siguiendo por conductas más complejas consecuencia del desarrollo de los mecanismos de preparación para su consumo (asar, cocer, condimentar, ahumar, salazonar, etc.); y el almacenamiento y/o conservación de lo sobrante (almacenaje adecuado, tratamientos especiales), requiere el uso de múltiples capacidades cognitivas a la vez. Seguiremos estas actuaciones a lo largo de la historia de nuestro linaje, en función del nivel de desarrollo cognitivo alcanzado por las poblaciones humanas dentro de los nichos cognitivos-culturales que caracterizaron nuestra conducta y evolución neurológica y cognitiva (mecanismos de evolución cognitivo-cultural).

I.- Cognición arcaica o básica.

Se formó con la simbolización (inicio de un protolenguaje) de las ideas elementales relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, por medio de sonidos y/o gestos socialmente conocidos (emocionales, señalización, etc.). Pudo tener cierto desplazamiento cognitivo de la acción (acciones fuera del aquí y ahora), aunque de forma muy limitada. Esto facilita las acciones conjuntas (convivencia, tecnología, logística, etc.), y desarrollaría el concepto social del grupo. Se relaciona con el Homo habilis, Homo erectus, ergaster, antecessor, rodhesiensis, georgicus y heidelbergensis), y con el Olduvaiense y Achelense como formas de cultura. Cognición causal grados 1, 2, 3/4. Corresponde a un periodo más largo (desde 2,5 Ma hasta los 250/200.000 B.P.), por lo que hay que valorar la heterogeneidad (geográfica y temporal) y lentitud de su desarrollo.

Almacenamiento y/o conservación. En este periodo no conocemos evidencias arqueológicas de métodos de conservación de alimentos, por lo que se supone que se consumiría hasta su finalización o mientras que su deterioro no lo impidiera. Sin embargo, los datos obtenidos en algunos yacimientos como el de Torralba (Díez, 1993) y el de La Cotte (Callow y Cornford, 1986) indicarían que algunas poblaciones, ya en tiempos avanzados de este periodo, obtuvieron carne en grandes cantidades, lo que plantearía la necesidad de intentar su conservación. El interés por conservar los alimentos y las conocidas relaciones de causa (frío, desecación y ahumado) y efecto (comida por más tiempo), dentro del marco de la serendipia, hacen que al menos puedan ser considerados como posibles (cognición causal de grados 1-3). La refrigeración (frío de cuevas, hielo, etc.) y la deshidratación o secado al aire de los alimentos pudo mantener la carne y algunas frutas y verduras en condiciones comestibles más días. Cuando se usa el fuego es posible que existieran ahumados, es decir, que trozos de carne sometidos a una exposición suficiente de humo de las hogueras cercanas, actuando más el humo que el calor del fuego, aunque su uso en este periodo es difícil de asumir.


Un tema especial sería la imprescindible necesidad del agua y de cierto control en su uso, lo que se puede explicar por medio de serendipias. Sería el caso del despiece de herbívoros, pues su tubo digestivo contendría muchas veces los alimentos ingeridos con anterioridad con gran cantidad de líquido que no se derramaba. La gran utilidad de su uso como continente de agua parece evidente (cognición causal grados 1-3). Igualmente, pudieron ser utilizados formas vegetales (cañas de bambú, frutos de corteza dura que puedan ser perforados, etc.), pero en todos estos casos no existen testimonios arqueológicos directos que nos confirmen su uso en este periodo, y es muy posible que necesitasen una cognición causal más desarrollada, como sería el grado 6 (atribuir causas a objetos inanimados: estanqueidad de estos restos vegetales


II. Cognición primitiva.
Este periodo se caracteriza por el desarrollo de los conceptos de individualidad social y personal, así como de una mayor ubicación temporal y espacial. Sería fundamentalmente descriptiva, lingüística, sin descartar una base gesticular, con elementos sintácticos elementales e inconscientes. Se iniciaron conductas complejas (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a los HN de cultura musteriense y a los primeros HAM en África y el Próximo Oriente. Cognición causal grados 4 y 5. Las conductas culinarias en este periodo son más homogéneas, solo al final del Paleolítico medio y del Middle Stone Age (MSA) se producen algunos avances tecnológicos y culinarios, aunque con pocos documentos arqueológicos. Hay que tener presente que existe un importante desfase cultural entre las culturas de África y Europa. El MSA es más avanzado pudiendo incluso situarse al siguiente periodo (conducta moderna básica). Tras esta indicación se incluye en el periodo primitivo por no alterar la secuencia temporal.

Almacenamiento y/o conservación. Solo con algunas técnicas de almacenamiento o de conservación se pudieron afrontar con éxito los periodos fríos conocidos a lo largo del Pleistoceno (Gamble, 1999). Sin pruebas arqueológicas que lo confirmen, en este periodo se debieron de continuar e incluso aumentar los procesos de conservación del secado, de refrigeración y/o congelación en climas adecuados, y los ahumados (cognición causal de grados 1-4 y cierto nivel del 6). Un dato interesante lo tenemos en el uso del ocre, pues es un importante repelente de insectos, lo que pudo utilizarse en este periodo para la conservación de alimentos (Hawkins et al., 1998).

III.- La alimentación en la conducta moderna básica y elaborada.
En la conducta moderna básica se alcanza un importante incremento de la individualidad social y personal, junto con una ubicación temporal y espacial perfeccionada, lo que impulsa un pensamiento y lenguaje de nivel argumentativo. Sería el inicio de un simbolismo consciente y social, al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (marcar las diferencias sociales o individuales y gestionar conductas complejas). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales. Su simbolismo pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana. Cognición causal grado 6.

Con la conducta moderna elaborada, tras el desarrollo anterior y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja. Se caracteriza por el desarrollo de un simbolismo social, espiritual y religioso progresivamente complejo, que emerge en etapas sucesivas. Este simbolismo tendría un lenguaje argumentativo y metafórico, siendo consciente, intencionado y utilizado para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea con HAM durante el Auriñaciense, aunque es posible que se produjera antes en otras áreas geográficas. Cognición causal grado 7.Con la conducta moderna (básica y elaborada) se inicia las conductas autoconscientes e intencionadas en las poblaciones de HN y HAM, relacionándose con el desarrollo de la cognición causal de los grados 6 y 7. Se inician fundamentos para el desarrollo de la creatividad, ampliando los logros de la serendipia.

A. - Cazadores y recolectores. Las poblaciones del Paleolítico superior, Epipaleolítico y/o Mesolítico fueron cazadores-recolectores, donde las técnicas de cocina y conservación de alimentos sobrantes van a desarrollarse en gran medida.

Almacenamiento y/o conservación. Durante el Paleolítico superior la conservación continuaría con las técnicas ya conocidas de deshidratación o secado al aire que se verían favorecidas en climas secos y fríos. Para la congelación se colocaban en el interior de fosas excavadas en el suelo, que en condiciones periglaciares estaba siempre congelado, donde podían conservarse durante largo tiempo (serendipias y cognición causal grados 6-7). Con parecidos fundamentos cognitivos los ahumados de carne o pescado parece que sí podrían realizarse, pero los datos arqueológicos son muy escasos y de interpretación dudosa. Así, en la cueva del Buxu (Asturias) se ha documentado en un recinto cerrado con numerosos restos de hogares y útiles relacionados, como anzuelos que podría sugerir como una zona dedicada a los procesos de ahumados (Menéndez, 1992). En el norte de Europa hace unos 9.200 años se ha encontrado un mecanismo de conservación de pescado mediante la fermentación anaeróbica o sin oxígeno (Boethius, 2016), que es posible mediante el uso de serendipias y ciertas labores creativas (cognición causal grados 6-7).

B.- Agricultores y ganaderos. En las áreas donde se van a desarrollar la agricultura y ganadería, el registro arqueológico nos muestra una tendencia progresiva hacia ellas. Parece que su desarrollo se produciría por una paulatina acumulación de serendipias (valoración positiva de ciertos conocimientos sobre las plantas y animales susceptibles de domesticación), que se fueron perfeccionando con procesos creativos de mejora, dentro de una cognición causal del grado 7. Con la producción de excedentes se incrementarían las técnicas de conservación y almacenamiento.

Almacenamiento y/o conservación. Con el desarrollo de la cognición causal en grado 7 comienzan a crearse avances tecnológicos buscados (creatividad), aunque siempre las serendipias tendrán un importante papel. El desarrollo de la cerámica permitiría el transporte y almacenamiento del agua y de alimentos (cereales, grasa, carne, vegetales, etc.) en lugares adecuados (frescos y secos), que al poder taparse se aislará de la invasión de insectos y de los múltiples depredadores. Serán los antecedentes de la creación de pozos y/o silos que se fueron creando de forma paralela al desarrollo de la agricultura.

En el Neolítico tenemos múltiples ejemplos de serendipia y creatividad que se van produciendo cada vez con mayor complejidad y utilidad. La tecnología de ahumados se atestigua en Novosibirsk (Siberia) en el yacimiento de Tartas-1 (Gertcyk, 2015), donde se han encontrado pruebas de ahumados de pescado con una antigüedad de 5000 B.P. La extracción de sal para abastecer las redes de intercambio a larga distancia (Weller, 2004: Weller y Dumitroaia, 2005), da pie a pensar en la conservación de ciertos alimentos mediante la sal (salazones, salmuera). La obtención de la sal marina mediante desecación en recipientes cerámicos (tipo cazuela), está bien documentado en el yacimiento onubense de la Marismilla durante el Neolítico final (Escacena et al., 1996). En el Neolítico medio (4500-3500 a.C.) de Cardona (Barcelona) se han encontrado las primeras trazas de aprovechamiento salino en la Península Ibérica (Figuls et al., 2010).



- Boethius, A. (2016): Something rotten in Scandinavia: The world's earliest evidence of fermentation. Journal of Archaeological Science. Volume 66, Pages 169–180.
- Callow, P. y J. M. Cornford (ed.) (1986): La Cotte de St. Brelade 1961-78: Excavations bei C. B. M. McBurney. Norwich.
- Díez, J. C. (1993): Estudio tafonómico de los macrovertebrados de yacimientos del Pleistoceno Medio. Complutum, 4: 21-40.
- Escacena Carrasco, J.L.; Rodríguez De Zuloaga, M. y Ladrón De Guevara, I. (1996): Guadalquivir Salobre. Elaboración Prehistórica de Sal Marina en las Antiguas Bocas del Río. Sevilla. Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
- Fíguls, A.; Weller, O. y Grandia, F. (2010): "La Vall Salina de Cardona: los orígenes de la minería de la sal gema y las transformaciones socioeconómicas en las comunidades del neolítico medio catalán". En Abarquero, A. y GUERRA, F. J. (ed.): Los yacimientos de Villafáfila (Zamora) en el marco de las explotaciones salineras de la prehistoria europea. Junta de Castilla y León, Valladolid, p. 49-83.
- Gertcyk, O. (2015): Fancy some Neolithic smoked fish? The Siberian Times, 6 November.
- Menéndez, M. (1992): “La cueva del Buxu (Cardes, Cangas de Onís)”. Excavaciones arqueológicas en Asturias, 1987-1990. Consejería de Educación y Cultura, Oviedo.
- Rivera, A. and Rivera, S. (2019). Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus. Ludus Vitalis, 27 (51) (in press). 
- Weller, O. 2004. Los orígenes de la producción de sal: evidencias, funciones y valor en el Neolítico europeo. PYRENAE, nº 35, vol. 1 pag. 93-116.
- Weller, O. and Dumitroaia, G. 2005. The earliest salt production in the World: an Early Neolithic exploitation in Poiana Slatinei-Lunca Romania. Antiquity, vol. 79 (306).


miércoles, 24 de abril de 2019

Tres ejemplos de medidas temporales del Paleolítico

Durante el Paleolítico se produjeron importantes avances conductuales y cognitivos de muy variada manifestación arqueológica (tecnológicos, lingüísticos, simbólicos, sociales, culturales, etc.), con el consecuente aumento de su capacidad de adaptación medioambiental. El desarrollo conductual se vio favorecido y aumentado cuando se pudieron realizar cierto controles en su uso, lo que pudo realizarse mediante conductas de medición y conteo en el desarrollo de su acción. Estos dos procesos, aunque muy vinculados en los medios actuales, no son iguales y responden a realidades cognitivas diferentes:

- Medición sería la equiparación de las acciones realizadas (recorrer largas distancias, intercambio comercial, almacenaje, etc.) con unidades o patrones de medida (día, mes lunar, año solar, unidades de volumen, etc.). Su adquisición se realiza mediante la observación de la naturaleza y el reconocimiento de su utilidad (serendipia), siendo posteriormente desarrollada mediante procesos más complejos y buscados (creatividad).

- Cuantificación. Con el uso de estas mediciones se llegaría a los procesos de cuantificación o creación de abstracciones numéricas, mediante el desarrollo de un simbolismo (gráfico, sonoro, mixto, etc.) que representaría a lo que hoy conocemos como números.


Según el testimonio arqueológico los comienzos de las tareas de medición se iniciaron a comienzos del Paleolítico superior, mientras que el inicio de la cuantificación numérica solo tenemos datos arqueológicos a partir del Neolítico, aunque no puede descartarse realizaciones más o menos aisladas de estos hechos con cierta anterioridad.

En otra entrada al blog ya vimos las diversas muestras paleolíticas que se han relacionado con conductas contables o numéricas (conductas numéricas en elpaleolítico), y como tales se han tratado en diversos trabajos sobre este periodo (González Redondo et al., 2010), pero es muy difícil poder aceptar el uso de números. La materialidad sobre la que se plasma estas conductas es muy irregular y da muy poco margen a la creación de analogías (grupos de marcas iguales, que se repiten en varias muestras, ofreciendo una imagen cognitiva de grupos determinados, que al simbolizarlos generarían los números). Sin embargo, existen algunos casos que podemos considerarlos como intermedios o en el camino cognitivo de la creación de la abstracción numérica. Con los escasos datos arqueológicos que poseemos se pueden reconocer tres formas de patrón temporo-espacial (cognición causal 6-7). Aunque con seguridad solo podemos indicar que se refieren a procesos de cuantificación, sin indicar nada sobre lo medido:

- La placa de Abri Blanchard del 30-25 ka (Auriñaciense) en Dordogne, (Francia) (Fig. A) estaría en el comienzo de la andadura cognitiva moderna del Homo sapiens (Rivera y Menéndez, 2011). Tiene 69 marcas de diferentes formas que podrían representar la continuidad de las cuatro fases de la luna, es decir, algo más de dos fases lunares (González Redondo et al., 2004). Esta interpretación sería la denominada cota Marshack (Marshack, 1991). Sin embargo, aunque su representación refleja una clara continuidad que se ajusta muy bien a las mediciones temporales, y las marcas tienen cuatro formas que se pueden acoplar a las fases lunares, la correlación de las mismas es muy irregular, y el número de marcas es arbitrario (69), lo que dificulta su asimilación como calendario lunar, aunque sí parece un registro temporal de difícil compresión en cuanto su finalidad y motivación.

- El asta de reno de Brassempouy del 15 ka (Magdaleniense) en Las Landas (Francia) (Fig. B). La pieza parece ser un soporte de marcas claras y similares entre sí, estando agrupadas intencionadamente en grupos de numeración ascendente (1, 3, 5, 7, 9) que no se repiten. Parece ser una representación de un patrón inespecífico o general, intentando mostrar una serie ordenada de las diez primeras medidas, pues si a estas cinco marcas impares se añade una medida más (señalada expresamente en un lugar preferente o central) tendríamos las otras cinco marcas de numeración pares. Algunos autores (Ifrah, 1997) la consideran como una herramienta aritmética, aunque de utilidad muy discutida. Podría tratarse de un primitivo sistema de medición universal donde se reflejarían ciertos procesos de analogía y simbolización de diversas mediciones, formando la primera plantilla o plataforma de medición conocida, si excluimos a los dedos de las manos con los que comparten la base de medición y/o conteo (10). Estas medidas se adaptan perfectamente a patrones sencillos, como el día. Así, el tiempo de marcha mientras haya luz (causa) puede quedar fácilmente registrado con una marca en una base ósea, piedra o vegetal (efecto), permitiendo su reutilización para el mismo o similar proceso, incluso ampliación y/o remodelación (d’Errico et al., 2017). Podría ser el utensilio más avanzado del Paleolítico en el camino de la abstracción numérica.

- La placa rectangular de marfil de Mal´ta (Irkutskaya Oblast) en Siberia (Rusia) del 18-15 ka (Fig. C), tiene las mismas connotaciones cognitivas y temporales que el caso anterior. Se aprecian múltiples marcas muy similares que parecen ofrecer una importante aproximación al cómputo anual, pues tiene una espiral de 243 señales acompañadas de otras espirales con 122 señales, siendo el total de 365. Además, en la zona siberiana de Mal´ta la duración del invierno es de 243 días, igual que el ciclo de gestación del reno, animal básico en la dieta de la zona, lo que reafirmaría la posibilidad de ser un registro temporal largo (anual) (Frolov, 1974). El registro de largos periodos o de las estaciones climáticas anuales, adquiere especial importancia en algunas poblaciones y periodos. Aunque las notaciones de 365 días son muy complejas de realizar, su necesidad y motivación serían muy importantes en las poblaciones donde el invierno fuera muy crudo, y la adquisición de alimentos estaría muy comprometida, necesitándose una adecuada logística alimentaria estacional (Frolov, 1974). Con el desarrollo de la agricultura y ganadería este control estacional sería totalmente imprescindible.


En general, podemos concluir que en el Paleolítico no se produjo el desarrollo de los números tal y como los conocemos en la actualidad (abstracción numérica), sino que se iniciaron conducta de medición (comparaciones de hechos con patrones determinados uno a uno) y su debido registro en materiales permanentes, principalmente asta y hueso sin descartar otros menos duraderos.


- Bednarik, R. G. (2013). The Pleistocene Art of Asia. Arts, 2, 46-76.
- d´Errico, F., Doyon, L., Colagé, I., Queffelec, A., Le Vraux, E., Giacobini, G., Vandermeersch, B. and Maureille, B. (2017). From number sense to number symbols. An archaeological perspective. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 19; 373(1740). pii: 20160518. doi: 10.1098/rstb.2016.0518
- Frolov, B. A. (1974). Numbers in Paleolithic graphic. Russian. Novosibirsk. Nauka.
- González Redondo, F. A. y Silván Pobes, E. (2004). Pensamiento simbólico y Matemática en el Paleolítico Superior. Boletín de la Sociedad Puig Adam; 68: 78-93. doi: http://scielo.isciii.es/pdf/dyn/v30/07.pdf
- González Redondo, F. A., Martín-Loeches, M. & Silván Ppbes, E. (2010). Prehistoria de la matemática y mente moderna: pensamiento matemático y recursividad en el Paleolítico franco-cantábrico. Dynamis. 30: 167-195.
- Ifrah, G. (1997). Historia universal de las cifras. Madrid. Espasa.
- Marshack, A. (1991). The roots of civilization. New York. Weidenfeld and Nicolson.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011). Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Evolución cognitivo-cultural (Arqueología cognitiva)

Por definición sabemos que la Arqueología cognitiva intenta comprender la evolución cognitiva del género Homo, es decir, su desarrollo cognitivo y cultural en todos sus aspectos. Para su logro es preciso que tengamos muy claro dos conceptos:

I. - Necesidad de la Arqueologíacognitiva, como medio metodológico para su estudio. En el inicio de la no existían formas o métodos para su realización. Dentro del mundo de la Antropología, mejor relacionada con la Biología, es donde comenzaron a realizar intentos de análisis. Sin embargo, todos estos inicios solo ofrecieron más confusión que realidades más o menos aceptadas por la comunidad científica.
II. - Comprensión del significado de evolución cognitivaConcepción del problema o de la separación académica sobre la evolución cognitiva respecto de la morfológica, reconociendo las características de su relación. Tal dicotomía ha tardado muchos años para realización, pues en principio se conceptuaba que la cognición era la consecuencia directa del funcionamiento del cerebro, el cual cambiaba con la evolución y actuaba tal cual.


Hay que crear un método de análisis de la conducta humana en todas sus épocas. Este es el gran problema a resolver, pues nada existía ni nos decía cómo debería de realizarse. Los supuestos razonamientos lógicos conllevaban una enorme dosis de subjetividad, y pronto se desecharon por crear más dudas que conocimiento real. En la segunda mitad del siglo pasado se comenzó a pensar que la Psicología (ciencia que estudiaba el comportamiento humano en todas sus facetas) podría ofreces unos cauces metodológicos aceptables, lo que favoreció la búsqueda de teorías que podrían acoplarse a los datos arqueológicos. Sin embargo, la Psicología también buscaba métodos científicos que sustentasen sus teorías, por lo solo podía ofrecer teorías con escaso fundamento teórico.

En el inicio de la Psicología, y ante la lógica orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente constructos o conceptos no observacionales para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos. Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

La necesaria interdisciplina

El estudio de la Psicología y de la propia Arqueología tiene que ser necesariamente abierto a otras disciplinas que las complete. En este camino, y en referencia a la Arqueología cognitiva, existen una serie de ciencias que pueden usarse como complemento interdisciplinar (Biología evolutiva, Neurología, Antropología social; etc.), pero el problema se aumenta al comprobar que, a su vez, estas ciencias son igualmente interdisciplinares.


Con la interdisciplinariedad se intenta una búsqueda sistemática de integración teórica a partir de diferentes disciplinas, partiendo de una concepción multidimensional de los fenómenos, así como el reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget et al. 1973).

La interdisciplina, como método científico adecuado para el estudio de la naturaleza y de todo lo relacionado con el género Homo, constituye un procedimiento teórico no bien conocido, pero muchas veces defendido por la comunidad científica. Sin embargo. la realidad de su utilización nos dice que su uso ha sido y es muy escaso, y que cuando se efectúa muchas veces se realiza bajo formas teóricas limitadas, por lo que es frecuente que se quede en meras intenciones, o en logros muy por debajo de las posibilidades que sus características ofrece.

Metodología interdisciplinaria

La metodología utilizada debería de tener como objetivo el análisis de los mecanismos biológicos, sociales y medioambientales que hicieron posible la evolución cognitiva de nuestro linaje. Para tal fin parece imprescindible realizar un estudio interdisciplinario con las ciencias que estudian tales mecanismos y más influencia tienen en la conducta humana (Biología evolutiva, Neurología, Psicología, Neurolingüística, Antropología social, etc.). Con la coordinación de sus datos más recientes se puede establecer un modelo funcional sobre nuestra evolución cognitiva que nos permita establecer un correlato de su producción temporal desde el inicio del género Homo hasta nuestros días.

En este contexto, el modelo debe de ser psicobiológico (Biología evolutiva, Neurología y Psicología), social (Antropología social) y ecológico (nichos humanos: cognitivos-culturales) como mínimo. Su realización nos ofrece un modelo evolutivo (Estructuralismo funcional) de las sociedades humanas que se adapta perfectamente a los datos arqueológicos obtenidos en todos los periodos.

El motor principal de estos cambios sería la cognición causal (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017), como mecanismo neurofisiológico fundamental causante del desarrollo evolutivo de la cognición humana (social, emocional y tecnológica). La cognición causal se define como la capacidad de establecer y/o reconocer una relación (causa) entre dos o más procesos cognitivos de igual o distinta modalidad (sensorial o almacenada en la memoria), produciendo una conducta o consecuencia (efecto). Sería capaz de integrar colecciones de eventos individuales dentro de una representación organizada de cadenas y redes de relaciones causales (Haidle, 2014; Stuart-Fox, 2014; Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017). Su desarrollo se produce en el carácter exaptativo de nuestro cerebro, junto con la interacción de otras capacidades cognitivas (coevolución), para poder producir nuevas manifestaciones cognitivas (emergencia), donde la influencia del medio ambiente es determinante (Rivera and Rivera, 2017).

El actual desarrollo de estas ideas está ofreciendo diversos estudios en los que la cultura es el motor de la evolución (efecto Baldwin) y del desarrollo de las capacidades cognitivas humanas. Naturalmente, su desarrollo precisa que se produzca dentro de un nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011; Colagè and d’Errico, 2018; Muthukrishna et al. 2018). El cuadro siguiente expone un resumen del modelo de forma gráfica, pero creo que ilustrativa.



viernes, 19 de octubre de 2018

Conductas numéricas en la Prehistoria


La numerosidad, entendida como la capacidad de entender, representar y usar los números (Coolidge y Overmann, 2012), es un proceso cognitivo que está muy relacionado con numerosos aspectos de la conducta humana. Durante el Paleolítico se produjeron importantes avances conductuales y cognitivos de muy variada manifestación arqueológica (tecnológicos, lingüísticos, simbólicos, sociales, culturales, etc.), con el consecuente aumento de su capacidad de adaptación medioambiental. Varios de estos avances precisaban cierto control en su uso, lo que pudo realizarse mediante conductas de medición y conteo en el desarrollo de su acción.

- Medición sería la equiparación de las acciones realizadas (recorrer largas distancias, intercambio comercial, almacenaje, etc.) con unidades o patrones de medida (día, mes lunar, año solar, unidades de volumen, etc.). Su adquisición se realiza mediante la observación de la naturaleza y el reconocimiento de su utilidad (serendipia), siendo posteriormente desarrollada mediante procesos más complejos y buscados (creatividad).

- Cuantificación. Con el uso de estas mediciones se llegaría a los procesos de cuantificación o creación de abstracciones numéricas, mediante el desarrollo de un simbolismo (gráfico, sonoro, mixto, etc.).
Según el testimonio arqueológico los comienzos de las tareas de medición se iniciaron a comienzos del Paleolítico superior, mientras que el inicio de la cuantificación numérica solo tenemos datos arqueológicos a partir del Neolítico, aunque no puede descartarse realizaciones más o menos aisladas de estos hechos con cierta anterioridad. Esto parece indicar el reciente trabajo sobre el sentido y los símbolos numéricos (d´Errico et al. 2017). Este trabajo se indica la existencia de un fémur de hiena de 72-60 ka del yacimiento Musteriense de Les Pradelles (Francia), lo que lo sitúa dentro del mundo de los Neandertales.

Datos arqueológicos

Las primeras muestras arqueológicas relacionadas con un posible pensamiento matemático se encuentran en el inicio del Paleolítico superior, dependiendo de ciertas características de su propia morfología gráfica. La existencia de sucesivas marcas en soportes principalmente óseos y líticos, consideradas muchas veces como marcas de caza, parece representar un registro medible o contable desconocido. Estas conductas numéricas se han asociado a las plantillas de manos (conteo con dedos); pinturas (corporales, paredes, manos, etc.); muescas en hueso, asta, piedra, etc.; cuentas independientes (conchas, piedras, huesos, etc.); series de nudos en cordones; y registros en materiales biológicos (maderas, hojas, semillas, etc.) que no han perdurado (Overmann, 2017). Su presencia arqueológica es muy irregular, tanto en la distribución temporal como geográfica, y aunque sean deliberadas siempre nos queda la duda de que su finalidad fuera una actividad medible o contable (Barandiarán, 2006; González Redondo et al. 2010).

Los datos arqueológicos mejor asociados a estas prácticas serían las sucesivas marcas que se observan en diversos utensilios y/o soportes, pues adquieren una forma homogénea y regular en su producción, dando la sensación de un acto más o menos continuo en el que se registraría, por simple comparación evento-muesca, los sucesos que se quieren medir y/o contar. Se han encontrado en objetos fácilmente transportables y manejables, aunque su finalidad no estaría bien demostrada (Barandiarán, 2006; González Redondo et al. 2010; Overmann, 2016a). Podemos distinguir dos grandes grupos:

- Realizados en soportes adecuados para su realización, pero que no son útiles. Destacamos la placa de Gorge d´Enfer (1); el hueso de Dolni Vestonice (2); los huesos de Abri Cellier (3); la placa de Abri Blanchard (4); el disco de piedra de Bodrogkeresztur (5); el asta de Brassempouy (6); la placa de la Cueva de Taï (7); la placa de marfil de Mal´ta (8); el hueso de Lebombo (9) y el hueso de Ishango (10). Son los que más posibilidades tienen de representar estas conductas de medición y/o conteo.


- En útiles u objetos de arte mueble con formas más o menos adecuadas para su realización. Tenemos la placa de Geissenklösterle (11); la varilla de Gorge d´Enfer (12); la placa ovoide de La Roche (13); el colgante d´Enfer (14); el colgante de Cueva Morín (15); el metacarpo de La Garma (16); los colgantes de Las Caldas (17); los colgantes de La Garma (18) y los colgantes de Altamira (19). En ellos es difícil distinguir si las marcas son parte del adorno, del útil o corresponden a conductas numéricas.


Por supuesto no estarían todas las muestras conocidas, pero sí las que más parecen mostrar estos aspectos numéricos relacionados con conductas de medición y/o conteo. Siempre quedan dentro de una hipótesis que no puede ser resuelta por las simples características de tales objetos, pues aunque nos parece que indican un posible uso matemático, la falta de conexión con lo medido o contado (si es que había algo que medir o contar) nos impide llegar a conclusiones con una objetividad aceptable.

Conclusiones
El análisis de la conducta humana en el pasado presenta numerosas dificultades, lo que nos induce a valorar la necesidad de introducir nuevos métodos interpretativos que superen estas limitaciones. La Arqueología cognitiva intenta ampliar realizar este cometido mediante el estudio de la evolución cognitiva del género Homo, para lo cual considera imprescindible añadir los valores cognitivos de los seres humanos a las herramientas interpretativas de la Arqueología.

Su aplicación al estudio de la cognición numérica nos proporciona una hipótesis de trabajo muy útil para su compresión durante el Paleolítico. Su desarrollo estaría determinado por la realización de una serie de logros cognitivos-conductuales enlazados entre sí en el tiempo y el espacio, entre los que se destacan el inicio de la medición mediante patrones, la elaboración abstracta de los números, los mecanismos de conteo de hechos cotidianos y la elaboración de operaciones numéricas. Para su realización ha sido precisa la acción conjunta varias capacidades cognitivas racionales (atención, percepción, inhibición, memoria de trabajo, flexibilidad conductual, etc.) y emocionales (necesidad, interés y motivación). Arqueológicamente queda constancia de una importante heterogeneidad temporal y geográfica de su producción, pues sus mecanismos de producción (racionales y emocionales) se deben al desarrollo de las sociedades en todos sus aspectos (nicho cognitivo-cultural).

Este proceso es un claro ejemplo de coevolución cognitiva, producida gracias al carácter exaptativo y de mosaico de nuestra evolución neurológica, la cual en un medio ambiente adecuado es capaz de producir los fenómenos de emergencias cognitivas con sus consecuentes cambios de conducta, entre los que se encuentra las relacionadas con los números.

- BARANDIARÁN, I. (2006): Imágenes y adornos en el arte portátil paleolítico, Ariel. Barcelona.
- BEDNARIK, R. G. (2013): "The Pleistocene Art of Asia". Arts, 2, 46-76.
- BROOKS, A. S.; HELGREN, D. M.; CRAMER, J. S.; FRANKLIN, A.; HORNYAK, W.; KEATING, J. M.; KLEIN, R. G.; RINK, W. J.; SCHWARCZ, H.; SMITH, J. N. L. et al. (1995): “Dating and context of three Middle Stone Age sites with bone points. In the upper Semliki Valley, Zaire”. Science. 268: 548-553.
- COOLIDGE, F. L. y OVERMANN, K. A. (2012): “Numerosity, Abstraction, and the Emergence of Symbolic Thinking”. Current Anthropology, vol. 53 (2): 204-225.
- CORCHÓN, Mª S. (2004): “Europa 16500-14000 a. C.: un lenguaje común”. En Arias, P y R. Ontañón (eds.), La material del lenguaje prehistórico. El arte mueble paleolítico de Cantabria en su contexto, Gobierno de Cantabria: 105-140.
- GONZÁLEZ REDONDO, F. A. y SILBAN POBES, E. (2004): “Pensamiento simbólico y Matemática en el Paleolítico Superior”. Boletín de la Sociedad Puig Adam; 68: 78-93.
- GONZÁLEZ REDONDO, F. A.; MARTÍN-LOECHES, M. y SILVÁN POBES, E. (2010): “Prehistoria de la matemática y mente moderna: pensamiento matemático y recursividad en el Paleolítico franco-cantábrico”. Dynamis. 30: 167-195.
- HAHN, J. (1988): Die Geissenklösterle-Höhle im Achtal bei Blaubeuren. Stuttgart: Karl Theiss Verlag.
- MARSHACK, A. (1991): The roots of civilization. New York: Weidenfeld and Nicolson.
- OVERMANN, K. A. (2016): “Number Concepts Are Constructed Through Material Engagement: A Reply to Sutliff, Read, and Everett”. Current Anthropology, 57(3), 352–356.
- OVERMANN (2016a): “The role of materiality in numerical Cognition”. Quaternary International, 405: 42-51.
- SIEVEKING, A. (1987): A catalogue of Paleolithic art in the British Museum. London: The British Museum Press.
- VÉRTES, L. (1965): “Lunar Calendar from the Hungarian Upper Paleolithic (Bodrogkeresztur)”. Science vol. 149. 20, pp. 855–856.