domingo, 29 de octubre de 2017

La necesidad de la Arqueología cognitiva

Enterramiento Neandertal Chapelle Aux-Saints (Francia)
La Arqueología, como todas las ciencias, en su lejano origen anterior al siglo XX partió de un enorme desconocimiento del significado de muchas de los objetos y conductas que se iban encontrando en los diversos yacimientos de la época. Los primeros historiadores y/o arqueólogos intentaron crear una disciplina que con sus propios contenidos teóricos se pudiera avanzar en el entendimiento de la evolución conductual del género Homo. Realmente hicieron lo mismo que todas las demás ciencias, crear metodologías de estudio exclusivas a cada ciencia. Esta situación tubo una doble consecuencia de signo opuesto, pues con la propia parcelación del tema a estudiar se pudo avanzar notablemente en todas las ciencias (por supuesto incluida la Arqueología). Sin embargo, se perdió en gran parte la integración científica en aras de estos desarrollos doctrinales, al producirse importantes ausencias de comunicación entre ellos. Es decir, la Ciencia avanzó en gran medida, pero con grande dosis de individualidad metodológica que hicieron perder la noción del bosque (la naturaleza integral del ser humano en todas sus facetas), que debería de ser la reunión de los diversos árboles (Arqueología, Biología evolutiva, Psicobiología, Neurología, Paleoantropología social, Lingüística, Genética, Demografía, Paleontología, etc.).

No obstante, ya desde sus primeros estudios arqueológicos se adquirió la necesidad y el interés por avanzar en todos los campos posibles, obligando a realizar diversas intromisiones en otras ciencias que también trataban sobre tales problemas, aunque fuera con otro punto de vista o solo de una forma aparentemente tangencial. Los estudios multidisciplinares siempre han tenido cierto desarrollo, pero muchas veces se ha realizado como para fundamentar problemas concretos y limitados. Es decir, se utilizaba cierta teoría u orientación metodológica de otras ciencias para reafirmar nuestro trabajo, muchas veces sin conocer a fondo el nivel de incertidumbre que tal teoría podía contener o su fundamento teórico. Si ha habido una parcela científica que más ha sufrido estas circunstancias, sin duda ha sido las llamadas ciencias sociales, entre otras cosas por la gran dificultad que su desarrollo conllevan.

Por otro lado, los científicos solo pueden utilizar los conocimientos propios de su época y que mayoritariamente utiliza la disciplina en la que se han formado. En este contexto, aparece lo que se llama deformación profesional, proceso socio-académico que afecta a la mayoría de los componentes de cualquier disciplina. Así, se ven los problemas a tratar desde un punto muy semejante, tanto en la exposición de los problemas como en la forma de poder estudiarlos. Muchos avances teóricos han surgido de gente que ha querido romper estas tendencias y ha elaborado nuevos caminos, lo que ni es fácil ni está al alcance de todos.

Así, conocemos dos hechos que muchas veces van juntos: la necesidad de una interdisciplina teórica que supere la simple multidisciplina; y cierta tendencia a romper los moldes académicos establecidos. La interdisciplina o la observación y aceptación de los que dicen otras ciencias o científicos es un proceso que muchos teóricos han resaltado desde hace muchos años. Un ejemplo lo tenemos en las palabras del Dr. Gregorio Marañón escritas en el prologo de un libro ya en 1952:

Los hallazgos definitivos no han surgido de una verdad nueva, sino de una ordenación racional de una serie de verdades conocidas y dispersas: racional o causal, porque en este juego de estructuración de datos no sistematizados ocurre como en la solución de los rompecabezas, que unas veces surge del ingenio y otras del puro azar. Lo que no puede faltar nunca es la atención. La atención es en la Ciencia lo que la luz en el cuarto oscuro, que de repente se ilumina y parece que crea lo que, sin embargo, estaba allí y no alcanzábamos a ver.

La cita del Dr. Marañón expresa una realidad que muchas veces no es tenida en cuenta con su verdadera trascendencia. Si seguimos su consejo, tras haber leído numerosa información relativa a diversas ciencias que estudian al ser humano desde puntos de vista diferentes, es el momento de prestar la atención debida a cada una de ellas, con el propósito de analizar su interconexión e intentar agruparlos en un proyecto común. Es decir de elaborar síntesis interdisciplinarias en todos los aspectos que conciernen a su estudio. Por mucho que sean diferentes en sus respectivos enfoques, debe existir un común punto de encuentro, pues no hay que olvidar todas ellas tienen como fin principal al ser humano y a sus manifestaciones socioculturales. Un mismo fin, aunque visto desde parcelas teóricas diferentes. Si en esta confluencia de intereses se apreciasen importantes contradicciones, habría que pensar que alguna determinada teoría, de las disciplinas usadas en estos asuntos, pudiera no ser correcta, pues en la explicación de la realidad humana no pueden coexistir conceptos claramente antagónicos. Tal vez el problema radica en la falta de puntos de enlace, que puedan articular tal disparidad de información.
 
Charles Darwin (1809-1882)
Articulación de datos y coordinación de todas las ciencias que traten del problema, es fácil de decir y muy complejo de resolver. Quizás este sea el verdadero éxito de Darwin cuando realizó su teoría de la evolución. El inicio de tal andadura científica tuvo sus raíces en diversos autores del siglo XVIII, aunque el arranque definitivo se logró con la publicación de El origen de las especies en 1859 por Charles Darwin (1809-1882), donde pudo explicar su teoría sobre el origen de las diferentes especies que conocemos. En el ambiente cultural de su época ya existían ideas semejantes que intentaban explicar el origen y diversificación de las especies de seres vivos, por medios diferentes a los que la religión hegemónicamente había mantenido durante siglos. Tal es el caso del conde de Bufón, Georges Louis Leclerc (1707-1788); del propio abuelo de Darwin, el médico Erasmus Darwin (1731-1802), y del caballero de Lamarck, Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet (1744-1829). Estos autores, junto con otros menos conocidos, crearon una atmósfera científica que favorecía el conocimiento y el desarrollo de estas nuevas vías explicativas sobre la realidad viviente.

La teoría de la evolución rompió el estancamiento científico que presidía su entorno, siendo el comienzo de una nueva y mejor forma de comprender la propia existencia biológica, que de otra manera sería imposible conocer. Las elocuentes ideas de Darwin estaban en su origen limitadas por el precario desarrollo científico de su tiempo, pues todas sus conclusiones debían adecuarse a los datos que en ese momento tenía a su alcance. La escasez de conocimientos sobre genética y desarrollo embrionario, tenían que limitar forzosamente sus deducciones sobre la forma de producción del cambio morfológico, presentando a la selección natural como la principal guía de los cambios anatómicos que se fueran produciendo. Con estas circunstancias desarrolló su axioma más característico o que más fama ha tenido: La supervivencia del mejor adaptado o menos malo. No obstante, admite que existen otros factores en la modificación de las especies (Darwin, 1988), los cuales pueden dar lugar a cambios poco adaptativos. Estos conceptos antagónicos los complementa mediante la idea de que los seres vivos se consideren como sistemas integrales, por lo que una modificación adaptativa puede producir otra no adaptativa por sí sola, pero compensada por la adaptabilidad global del ser vivo. Igualmente, un órgano seleccionado para una función determinada, puede realizar otras funciones para las que no fue seleccionado. Tal proceso, fundamental en la evolución humana, es conocido con el nombre de exaptación.

Sin duda, su trabajo tuvo un amplio carácter interdisciplinario (Biología, Geografía, Demografía, Geología, etc.) como no podía ser de otra manera, limitado por las condiciones teóricas de la ciencia en su época. Su gran merito científico es que supo coordinar todos los datos que se conocían, que obtuvo con su propia experiencia del largo viaje en el HMS Beagle, y realizar una teoría coherente con toda la información (interdisciplinaria) que superaba todas las conocidas hasta entonces.


Origen de la Arqueología cognitiva

Todos estaremos de acuerdo de que el fin primordial de la Prehistoria, Arqueología y Paleoantropología es el estudio de la conducta del género Homo. Donde no estaremos tan de acuerdo es en la forma en que hay que realizar este interés común. Los aspectos generales de toda conducta humana y por tanto, las líneas de análisis de tal conducta deben agruparse en cinco apartados: en qué consiste, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo, porqué apareció en ese lugar y momento, y cómo se crearon.

De tales cuestiones las tres primeras son las que más ampliamente se ha ocupado el trabajo arqueológico desde su inicio. Prueba de ello es el amplio conocimiento (aunque limitado en numerosos aspectos) que tenemos de las diferentes culturas prehistóricas, lo que nos permite tener un mínimo conocimiento de tan lejanos tiempos. Su manifestación cultural queda reflejada en la gran cantidad de útiles (líticos, óseos, cerámicos, metálicos, etc.) y conductas (cazadores-recolectores, agricultores, ganaderos, metalúrgicos, etc.) que variaran según sean los periodos de estudio. Se sitúan cronológicamente en unos anagramas temporales que cada vez son más exactos, gracias a la constante mejora de los medios de datación actuales. Igualmente, se describen posibles áreas de inicio, de expansión, de influencia, e incluso de regresión de tales culturas. Toda esta información constituye un registro arqueológico enorme, dando la impresión de tener un importante conocimiento sobre el inicio de la Humanidad.

Pero la apreciación de un proceso es una cosa y, por desgracia, la realidad de su conocimiento otra. De todo este inmenso acumulo de información los aspectos del cómo y porqué apenas han iniciado su andadura. En este punto, es cuando hay que indicar la existencia de cierto desajuste metodológico, relacionado con los contenidos históricos y académicos de la Prehistoria, que dificulta el desarrollo de estos aspectos analíticos.

- Históricos, pues cuando se inició el estudio de la Prehistoria se realizó en un momento en el que las ciencias encargadas de analizar el cómo y el porqué la conducta humana (Neurología y Psicología) estaban poco desarrolladas, teniendo metas propias y diferentes a las de estos incipientes estudios prehistóricos.
- Académicos, pues la parcelación académica siempre ha sido una realidad que ha dificultado la creación de estudios interdisciplinarios y transdisciplinarios, los cuales con un adecuado y extensivo uso facilitarían mucho la comprensión de tan complejos procesos.

Recientemente está aumentando el interés por conocer las profundas causas de los cambios culturales detectados en nuestra prehistoria. Así, cada vez se habla más de la cognición humana, de las variaciones neurológicas con las que se relaciona, y de las ciencias que más se dedican a su estudio (Neurología y Psicología, de cuya íntima unión nace la Psicobiología). Cada vez más, se mencionan en diversos trabajos las capacidades cognitivas de los humanos que crearon los restos que vemos en los yacimientos, del simbolismo que puede estar relacionado en ellos y, en definitiva, de intentar explicar las causas que motivaron la aparición y desarrollo de tales restos arqueológicos (serían el cómo y el porqué del cambio cultural).

Este campo es el que corresponde a la Arqueología cognitiva, cuya definición conceptual ha sufrido ha sufrido diversas interpretaciones, quedando algunas muy poco desarrolladas y explicadas. En principio, no puede simplemente limitarse al intento de conocer los pensamientos que tuvieron los seres humanos en épocas pasadas o, de una forma más genérica, del análisis de la forma de pensar de los mismos. Actualmente se ha situado como la ciencia que trata de adquirir el mejor conocimiento posible de cómo, durante el curso de la evolución humana, fueron creándose y desarrollándose las capacidades cognitivas que, a la larga, dieron lugar a un comportamiento tan complejo y significativo. Es decir, trataría de analizar y comprender la evolución cognitiva del género Homo.

Se está hablando mucho de los estudios multidisciplinares e interdisciplinarios como necesarios para el estudio de la conducta humana. Sin embargo, aparecen nuevos problemas, como la propia composición de tales formas de estudios, es decir, que ciencias deben tratar de analizar la conducta en el lejano pasado prehistórico. Si nos centramos en los yacimientos arqueológicos, como fuente directa de la conducta paleolítica, la elaboración de estos equipos multidisciplinares debe recaer en el arqueólogo que vaya a dirigir la excavación y realizar su posterior análisis. Así, siempre estarían compuestos por los criterios que su formación académica y tradición arqueológica le indiquen, es decir, por arqueólogos, paleontólogos, y en general de todos los pertenecientes a disciplinas que puedan aportan datos sobre las características geológicas, biológicas y físico-químicas del yacimiento, del medio ambiental existente durante su periodo de formación, y de su ubicación temporal y espacial. Pero, ¿estamos seguros que tal composición cumple todas las posibilidades teóricas para estudiar la conducta de las primitivas poblaciones paleolíticas?, ¿no tendrían algo que decir aquellas disciplinas que tradicionalmente estudian el comportamiento humano en su origen, desarrollo y evolución en general?


Pero tales preocupaciones sólo se producen en los países que tienen interés en relacionar la Arqueología prehistórica con la Antropología física y cultural, así como por las relaciones biológicas que conlleva. Mientras que en otros se omiten del bagaje académico actual, siendo escaso el interés de muchos de los que se dedican al estudio de la prehistoria, pues se carece de métodos y formas que faciliten su análisis y comprensión. Por si esto fuera poco, hay que añadir el continuo aumento de la complejidad que su estudio conlleva, así como su gran dificultad expositiva y divulgativa.


La comprensión de la realidad humana en todas las épocas pasa inexcusablemente por la utilización y desarrollo de tales ideas y disciplinas (Arqueología cognitiva interdisciplinar). Podemos ignorarlas por un tiempo, pero tarde o temprano se impondrán como formas imprescindibles en el estudio de nuestra conducta, sólo hay que esperar o, lo que sería mucho mejor, empezar a trabajar en esta línea teórica.

- DARWIN, CH. (1988): El origen de las especies. Espasa-Calpe. Austral. Madrid.
- MARAÑÓN, G. (1952): Prólogo del libro de E. Muñoz y A. Mundo: El bazo y sus funciones. Universidad de Granada.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La conducta simbólica en el Gravetiense

Aunque pueda concebirse el arte del Paleolítico superior como una entidad gráfica y social con unas características comunes que se desarrollaron hasta su rápida desaparición en el comienzo del Holoceno, lo cierto es que presenta numerosas particularidades que defines a cada periodo como entidades simbólicas, sociales y gráficas con entidad propia. Sin embargo, no hay que olvidad que toda la actividad humana corresponde a un continuum heterogéneo en el tiempo y la geografía donde se desarrolla. Por tanto, el Gravetiense, situado cronológicamente entre el Auriñaciense y el Solutrense, debe de presentar algunas relaciones de continuidad o de ruptura, que siempre hay que analizar en todos sus aspectos (social, gráfico, simbólico, tecnológico, etc.).

Características cognitivas y culturales

En este periodo se asume, como es conocido en las poblaciones humanas del Paleolítico superior, que tenían un nivel de autoconciencia (Autoconciencia yArqueología) considerado como moderno en sus conceptos de individualidad social y/o personal, del tiempo y del espacio. Sin embargo, el origen del Gravetiense se considera, por datos cronológicos y genéticos, que tiene un origen asiático, de donde se expandieron hacia el oeste europeo (Semino et al. 2000; Wells 2002). Es decir, en el inicio del Gravetiense se produce una intromisión cultural de poblaciones humanas provenientes de Asia, con características simbólicas propias y diferentes.

Se produce un proceso cognitivo-simbólico que ha sido muy pocas veces estudiado, pero del que hay muy pocas dudas sobre su realización. Tal hecho se deduce de la interconexión social y demográfica de dos grupos poblacionales de diferentes contenidos simbólicos, si tenemos en cuenta sus diferentes manifestaciones gráficas y sociales que conocemos.

I. – Continuidad simbólica de tradición auriñaciense
Del Auriñaciense conocemos sus importantes manifestaciones gráficas, tanto del interior como del exterior de las cuevas, que representan el inicio de un simbolismo muy particular en Europa, pero que de formas más o menos similares se produjo en numerosos lugares del mundo habitado de la época (Inicio del arte paleolítico). Destacan por su particular simbolismo y significado los teriántropos (Teriántroposauriñacienses), conductas que de algún modo continuaron a lo largo de todo el Paleolítico superior.

Según los datos arqueológicos conocidos en la actualidad, en este periodo los teriántropos casi desaparecen, pues solo se conocen muy pocos datos al respecto, y aún así con dudas sobre su correcta ubicación cultural y cronológica. Teniendo en cuenta la limitada pero manifiesta serie de teriántropos del Auriñaciense, y el paulatino desarrollo de este tipo de iconografía en los periodos posteriores, parece raro que su desaparición arqueológica se deba a los múltiples procesos de destrucción o de limitación de descubrimientos muy relacionados consecuencia del azar. Habría que valorar el aumento de la producción de manos solitarias y posiblemente máscaras (Castillo, Altamira, Candamo, etc.) en el interior de las cavidades como sustitutos, al menos en parte de su simbolismo, de las manifestaciones gráficas de los teriántropos.

- En Pech-Merle podría darse un teriántropo conla parte superior de un mamut. Su iconografía es dudosa, asignándose a este grupo de manifestaciones por la postura bípeda y las piernas humanas que parece tener. Se desconoce su sexo y está situado en el interior de la cavidad, relacionándose con otras figuras de animales (mamuts, uros, caballos y puntos rojos). Es difícil su ubicación temporal, pues parece que pueden corresponder a tres periodos (Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense). En la cueva existe una datación directa mediante carbono 14 de uno de los caballos con puntos bajo manos negativas, que lo sitúa en el 24640±390 B.P. (Lorblanchet, 1995). Sin embargo, la relación cronológica de la figura no está establecida, siendo probable que sea Solutrense (Bahn y Vertud, 1997), lo que estaría más de acuerdo con su asociación con otros animales.

- La cabeza de bisonte humanizada de Peña de Candamo (Fig. 2), que recientemente se le ha atribuido una cronología de 22.500 BP, lo que la situaría al final del Gravetiense (Corchón et al. 2014).

Teriántropos de Peña Candamo
II. Nuevas manifestaciones simbólicas foráneas
Tenemos dos manifestaciones simbólicas foráneas que no se conocían en el Auriñaciense y, que a partir del inicio del Gravetiense, van a ser frecuentes en Europa del oeste.

- Las venus gravetienses se distribuyen por toda Europa al comienzo del periodo, salvo en la Península Ibérica donde no se ha encontrado ninguna. La situación no deja de ser algo extraña, pues la tecnología gravetiense si sustituye a la auriñaciense en todo el occidente europeo.

- Con los enterramientos pasa algo parecido, pues si en el Auriñaciense no se conocen ningún enterramiento en Europa, la situación cambia radicalmente con el desarrollo del Gravetiense, hacia 30.000 BP. abundan en Europa central y oriental, siendo menos en la parte occidental. En Francia están presente pero son más escasos (Combe Capelle, Abrí Pataud). En la Península Ibérica casi no existen, aunque hay excepciones: los dudosos yacimientos Malladetes (Valencia) y Reclau Viver (Girona), y el más claro de Lagar Velho (23920±220 B.P.) donde se ha encontrado un verdadero enterramiento (Zilhâo y Trinkaus 2002). En el Gravetiense se constatan unos 70 individuos de un total de 162 en el Paleolítico superior. El mayor número de restos se concentra entre los Pirineos y el Loira (63), coincidiendo con áreas con la presencia de venus y de arte paleolítico, y de Italia, Alpes y Sicilia (45) sin arte paleolítico (Cintas Peña, 2014).

Su distribución geográfica
 
Distribución de teriántropos: Auriñacienses (1-6). Posibles Gravetienses (10-11)

La distribución geográfica de estas manifestaciones en este periodo sufre alteraciones muy interesantes. El arte paleolítico en cuevas se desplaza hacia el oeste de Francia y la Península Ibérica, abandonando definitivamente las aéreas de Alemania e Italia, mientras que las venus paleolíticas se distribuyen por toda Europa menos en la Península Ibérica. Los enterramientos van escaseando según nos desplazamos hacia el oeste.


 Los datos arqueológicos

Indican dos tendencias generales. Una del Gravetiense con sus venus y enterramientos con ajuar, siendo soluciones de esta población a las mismas preguntas (estados de conciencia alterados y/o procesos de la naturaleza inexplicables) y realizadas en distintos lugares. Otra, la tradición del Auriñaciense que quedaría patente con la continuidad del arte paleolítico, su mayor introducción en el interior de las cuevas y su continuación al aire libre, aunque con cierta limitación en su producción. Sin embargo, los teriántropos son muy poco significativos.


Conclusiones del Gravetiense

Las soluciones a los problemas generados por la emergencia cognitiva de la autoconciencia a niveles adecuados generados en el Auriñaciense (arte paleolítico en el interior de las cuevas con teriántropos), pudieron perdurar durante el Gravetiense con posibles cambios, consecuencia de la llegada de otros humanos con otras creaciones espirituales. Aparecen varias preguntas: ¿Qué pudo significar la introducción con el Gravetiense de los enterramientos con ajuar y las venus (de aparente carácter maternal y/o fecundador) dentro de las conductas espirituales o numínicas de los auriñacienses? Solo hay tres respuestas:

* Integración espiritual y/o religiosa.
* Independencia de costumbres.
* Mezcla heterogénea y nueva síntesis simbólica.

Lo cierto es que se aprecia una continuidad y avance de las costumbres iniciadas en el Auriñaciense, aunque existen salvedades y novedades importantes:
- Notable disminución de la representación de animales peligrosos, sobre todo los felinos.
- Disminución importante de los teriántropos tal y como se vieron en el Auriñaciense.
- Desplazamiento del arte paleolítico hacia el oeste europeo, abandonando importantes áreas utilizadas en el periodo anterior (Alemania, Italia y algunas zonas de Francia).
- Cambio o desarrollo de nuevos temas gráficos (manos, vulvas, máscaras, figuras femeninas, signos), con significados aún no esclarecidos.
- Aparición de nuevas conductas simbólicas (Venus y enterramientos con ajuar).
- Expansión geográfica irregular de las costumbres gravetienses, que no llegan a la Península Ibérica (venus paleolíticas), o lo hacen muy raramente (enterramientos con ajuar).

Desarrollo de nuevas manifestaciones gráficas

Se producen o se desarrollan nuevas manifestaciones gráficas que pueden llevar nuevos simbolismos. Una muy importante es el desarrollo de la parte por el todo, como adaptación gráfica de las nuevas simbologías (venus por vulvas) o nuevas expresiones gráficas del mismo simbolismo (manos, máscaras por teriántropos). Igualmente se produce un desarrollo importante de los signos, cuyo significado es aún más complejo de analizar, pero que muchos de ellos estarían en relación con las muestras gráficas naturalistas.

Mano aislada de Gargas
* Con antecedentes en el Auriñaciense, es en este periodo donde se desarrollan ampliamente las manos, máscaras (parte) en posible representación del (todo: teriomorfos). Su significación puede aclarar el importante declive de los teriántropos al ser estos representados por las manos aisladas en el interior de las cavidades.

* Las vulvas (parte) del cuerpo femenino en general que podrían ser las venus (todo). La falta de venus paleolíticas  coincide más o menos con la existencia de figuras de vulvas en el interior de la cueva. Podría tratar se de un reemplazo o adaptación del significado de las venus a las costumbres del arte paleolítico.

Siluetas femeninas y vulvas de Tito Bustillo 
* Y posiblemente signos no estudiados, aún más difícil de realizar, pues algunos podrían estar directamente relacionados con los anteriores procesos.

 Conclusiones

Establecer conclusiones no es fácil, siendo mejor establecer hipótesis de trabajo sobre las que hay que incidir profundizando en las formas que la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) ha establecido. En este contexto hipotético se pueden adelantar las siguientes deducciones:

1.- Lo cierto es que a partir del Gravetiense la continuidad y desarrollo del arte paleolítico es un hecho contratado arqueológicamente, apreciándose un importante aumento en su producción y en su introducción dentro de las cuevas.

2.- Puede apreciarse un heterogéneo aumento del naturalismo y de perfección gráfica que permiten mantener en vigor el sistema estilístico de Leroi-Gourhan para la cronología del arte prehistórico, aunque con salvedades que hay que buscar y analizar.

3.- En el desarrollo del Gravetiense conocemos dos conceptos espirituales/religiosos contemporáneos. Ambas puedan ser diferentes respuestas a los mismos o parecidos problemas espirituales/religiosos, aunque con manifestaciones distintas.

4.- Su integración geográfica y temporal no fue homogénea, pues se aprecia dos áreas europeas con diferentes conductas espirituales.

- Península Ibérica. Con limitación y/o ausencia de enterramientos y venus. Perduración y aumento lo iniciado en al Auriñaciense. Incremento de los temas sexuales (reproducción, rito o sexo) en el interior de las cuevas. Desconocimiento  de  teriántropos en esta zona y periodo salvo el dudoso de Peña Candamo. Mayor presencia de manos solitarias pueden ser un buen sustituto del simbolismo que representan (control, relación y conocimiento del mundo onírico adquirido con la autoconciencia y representado en el interior de las cavidades). Los animales representados comienzan a ser los tradicionales, donde los peligrosos pierden el protagonismo visto en el Auriñaciense.

- En Francia proliferan los enterramientos y la producción de venus en clara oposición a lo visto en el Cantábrico. Igualmente, no tenemos constancia clara de teriántropos, salvo el caso dudoso de Pech-Merle, pero la proliferación de manos en notoria, sobre todo en Lot (Merveilles, Rocuadour, Pech-Merle y Fieux), los Pirineos (Gargas y Tibiran), siendo este periodo en el que prácticamente se realizaron todas las conocidas (González Sainz, 1999). Las muestras de arte paleolítico se van introduciendo en el interior de las cuevas, aunque es muy difícil establecer separaciones cronológicas entre el Auriñaciense o el Gravetiense. Representan una fauna variada (caballos, mamuts, cápridos, cérvidos, bisontes, etc.) notándose la ausencia de los felinos.


- BAHN, P, y J. VERTUD, (1997): Journey Through the Ice Age. London: Weidenfeld and Nicolson. INST ARCH BC 300 Qto BAH.
- BON, F. (2016): “La vie quotidienne au Paléolithique. L´Histoire, 420, Les Sociétés Préhistorique.
- CINTAS PEÑA, M. (2014): “Disimetría sexual en la prehistoria de Europa. Aproximación desde los contextos funerarios del Paleolítico superior. Revista Arkeogazte, 4: 43-6.
-  CORCHÓN, M.ª S.; GÁRATE, D.; VALLADAS, H., RIVERO, O.; PONS-BRANCHU, E.; ORTEGA, P. y HERNANDO, C. (2014): “Back to the point: new dating for La Peña de Candamo cave art (Asturias)”, Zephyrus, 73, pp. 67-81.
- GONZÁLEZ SAINZ, C.(1999): “Algunos problemas actuales en la ordenación cronológica del arte paleolítico en Cantabria”. I Encuentro de Historia de Cantabria, t.I, pp. 149-166. Santander.
- LORBLANCHET, M. (1995): Les grottes ornées de la Préhistoire. Nouveaux regards. Paris.
- SEMINO, O.; PASSARINO, G. y OEFNER, P. J. et al. (2000): “The genetic legacy of Paleolithic Homo sapiens sapiens in extant Europeans: a Y chromosome perpective”. Science, 290: 1.155-9.
- WELLS, S. (2002): The Journey of Man: A Genetic Odyssey. Penguin. Londres.
- ZILHÄO, J. et al. (2010): “Symbolic use of marine shells and mineral pigments by Iberian Neandertals”. PNAS, 107/3: 10023-10028.

jueves, 3 de agosto de 2017

El Paleolítico superior en la evolución cognitiva humana

La división del Paleolítico en tres grandes periodos intentaba ofrecer un marco cronológico y cultural donde poder situar las diferentes culturas prehistóricas que se iban descubriendo en los yacimientos arqueológicos. Las divisiones se basaron en diversos criterios, en las cuales sobresalieron tres acepciones:

- Cronológica. Al situarlo dentro de una fase de las diversas glaciaciones que se han registrado en nuestro continente. Así, queda ubicado en la segunda parte de la última glaciación (Würm), entre las fechas de 45/40.000 y 10.000 BP, cuando comienza el Holoceno o periodo cálido actual.
- Cultural. Refleja las industrias y conductas de todo tipo que se van sucediendo a lo largo de sus milenios de existencia, que en Europa occidental son el Auriñaciense, Chatelperroniense, Uluzziense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense.
- Antropológica. Bajo el concepto de que su origen se debía a la aparición del Homo sapiens sapiens, como portador de los avances técnicos modernos (tecnología de hojas, herramientas compuestas, uso del hueso, asta y marfil como materia base de sus útiles, etc.), junto con un desarrollo simbólico muy importante (adornos corporales, arte, ajuares, religión, etc.), del que con anterioridad sólo se tenían indicios más o menos dispersos. En este apartado hay que incluir al Neandertal, por lo menos en las fases iniciales del periodo con el Chatelperroniense y Uluzziense.


Evidentemente, los tres presentas problemas más o menos importantes. Del primero, tenemos las dificultades cronológicas (calibración del C-14 en el periodo de transición) que se mantiene como criterio de fondo, pero sin hacer mucho hincapié sobre él, estableciendo por diversos un periodo de transición con características de ambos periodos. Del tercero, no puede sostenerse en su totalidad, pues ya conocemos que en su inicio, por lo menos en Europa, coexistieron dos poblaciones diferentes (Cromañones y Neandertales). Sin embargo, es el segundo criterio (cultural) el que más trascendencia, pues son las piedras y los huesos lo que más abunda en los yacimientos, con lo que han dado una gran tradición académica su estudio, por lo menos en Europa. Efectivamente, cuando se habla de yacimientos transicionales, siempre se refieren a evolución tecnológica de soporte lítico.

Con el desarrollo de la Arqueología parece que va quedando claro que estas divisiones tienen un claro matiz artificial, aunque han sido necesarias para el enfoque analítico y explicativo que toda ciencia precisa. No obstante, se sigue manifestando especial interés por señalar los distintos complejos industriales, caracterizado cada uno de ellos por el empleo de determinadas técnicas de trabajo pera transformar la materia prima (piedra, asta, hueso, madera) en instrumentos con los que hacer frente a sus necesidades, como si estos datos (por otro lado los más abundantes) fueran los más característicos del Paleolítico superior. Desde luego son los más abundantes, pero no los más significativos dentro de la evolución cultural y cognitiva de la Humanidad.

En la actualidad, la Arqueología explica los avances socioculturales como formas de adaptación ecológica, donde las principales fuerzas impulsoras son la variabilidad medioambiental y la dinámica poblacional (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Se estaría destacando la gran flexibilidad y capacidad para producir innovaciones que las poblaciones humanas modernas adquirieron con la evolución (Kandel et al. 2015; d´Errico et al. 2017). Sin embargo, si aceptamos que la evolución neurológica moderna se adquirió con el inicio del Homo sapiens hacia más de 150.000 años, por qué tardaron tanto en producirse los cambios conductuales, pues la flexibilidad y creatividad son capacidades cognitivas presentes en nuestro género. Ésta sería la paradoja cultural o sapient paradox expresada por algunos autores (Renfrew, 2008). Aunque no se quiera decir, los procesos de carácter cognitivo tienen que entrar forzosamente en la explicación del inicio y desarrollo conductual. La flexibilidad conductual (función ejecutiva) y la creatividad (emergencia de diversos factores cognitivos) son criterios cognitivos que deben de estudiarse con los medios adecuados. La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana los procesos de evolución cognitiva (no paralela a la evolución anatómica), por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico (Rivera, 2013; Rivera y Menéndez, 2011).
  
El desarrollo cognitivo es muy importante en la configuración del último periodo paleolítico, pues, desde entonces, la conducta va a regirse por dos características cognitivas fundamentales: reflexividad y flexibilidad conductual.

Por consiguiente, aunque los procesos tecnológicos y simbólicos deban ir unidos en su desarrollo, lo más llamativo del Paleolítico superior corresponde a la adquisición de una nueva mentalidad simbólica, creativa, flexible y reflexiva. Tal logro pudo realizarse por medio del desarrollo pleno de la conciencia reflexiva (autoconciencia), y su utilización junto con los conceptos del tiempo y del espacio, que serán utilizados en los intentos de solucionar los problemas que se plantearon en ese momento.

El resultado no puede ser más extraordinario, pues se producen nuevas formas de conducta reflejadas en la aparición de adornos corporales, del arte, enterramientos intencionados con base simbólica, la aparición de la religión, aumento de la complejidad social, mejor estructuración y organización de la caza, conservación de los alimentos, estructuración del espacio del hábitat, etc. Y todo ello de una forma expansiva, numerosa y en continuo aumento.

El desarrollo cognitivo que va a configurar la autoconciencia sería el responsable del inicio y desarrollo de las culturas del Paleolítico superior y, por tanto, la causa y distinción real del mismo con respecto a los anteriores periodos,

Sabemos que durante el periodo de transición al Paleolítico superior en Europa se produjo un importante incremento demográfico, social, cultural, tecnológico, simbólico y lingüístico, el cual es a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo característico de este periodo (Rivera y Menéndez, 2011). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada en su elaboración, desarrollo y expansión geográfica, acoplándose perfectamente al heterogéneo continuum de nuestra la evolución cognitiva y cultural. Los logros conductuales alcanzados en el comienzo del último periodo paleolítico, concebidos dentro de una evolución cognitiva altamente funcional, produjo un nuevo desarrollo cognitivo-cultural: la autoconciencia.

El estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional. Actualmente, pocos son los arqueólogos que introducen este complejo constructo cognitivo en sus teorías explicativas de la conducta humana. Sin embargo, en diversas disciplinas relacionadas con la conducta se opinan que la autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente, dependiente de la evolución morfológica (Homo sapiens) dentro de un medio ambiente adecuado (Vygotsky, 1934/1962; Searle, 1997; Tomasello, 1999; Edelman y Tononi, 2000; Mora, 2001; Álvarez Munárriz, 2005; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Renfrew, 2008). Este medio ambiente especial o nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011) hay que construirlo, mantenerlo y transmitirlo, lo se produce en las poblaciones por medio del lenguaje y del desarrollo social-demográfico. El poder de la influencia medioambiental en la remodelación funcional del cerebro es una de las directrices que la Arqueología cognitiva actual estaría desarrollando (Renfrew, 2008; Rivera, 2009; Malafouris, 2013).

Todas las sociedades humanas forman un nicho cognitivo-cultural, el cual debe de estar lo suficientemente desarrollado como para poder estructurar adecuadamente las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011). La autoconciencia emergería de la unión funcional de cuatro procesos que, de forma constante, estarían interaccionando en el tiempo (evolutivo, ontológico e histórico),

- Aumento evolutivo del cerebro humano, lo que en definitiva va a producir las capacidades cognitivas (en criterios de posibilidades a desarrollar) que posibilitaran todo el proceso. Aumento de las áreas corticales asociativas (superficie y posibilidades de interconexión). Aumento y amplia interrelación de las áreas encargadas de procesar la información adquirida (Lóbulo prefrontal, Precúneo y Claustrum).

- Desarrollo de la conciencia central o del sí mismo centrada en la personalidad y de la teoría de la mente. Tendría un carácter innato, pero requiere de la interacción entre los elementos sociales del grupo, por lo que una anómala separación social impediría su correcto desarrollo.

- Creación social de una conciencia autobiográfica centrada en la individualidad social y personal. Se precisa un desarrollo social, tecnológico (división de quehaceres), cultural, logístico, simbólico, etc.

- Desarrollo del lenguaje, como elemento que va a cohesionar, organizar y desarrollar todo lo anterior (lenguaje interno) mediante sus características gramaticales deducidas de la simbolización de la acción. El uso organizado y centrado en la individualidad va a producir una emergencia cognitiva constante de carácter funcional gracias a los circuitos neuronales de reentrada, retroalimentación, recursivos y reverberantes. Al durar más que el tiempo de la estimulación, pueden producirse fenómenos de conciencia de su propio pensamiento o sentimiento (Humphrey, 1992).


La emergencia de la autoconciencia hasta niveles adecuados, generarían cambios conductuales de gran trascendencia, tanto por ellos mismos o como por las nuevas cualidades cognitivas de la autoconciencia. Destacamos el amplio desarrollo ontológico de las funciones ejecutivas (Planificación, Flexibilidad, Memoria de trabajo u operativa, Monitorización e Inhibición) (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Tirapu-Ustárroz y Coolidge. y Wynn, 2011); un importante desarrollo de las emociones humanas (Rivera, 2015), y el aumento de las propiedades del lenguaje: comunicativas, sociales y cognitivas.

Este sería el proceso cognitivo que va a cambiar la conducta humana y generar al Paleolítico superior. Todos los antecedentes culturales que van apreciando al final del Paleolítico medio corresponden al continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio característico de la evolución cognitiva, pues depende de diversos factores (capacidades y desarrollo cognitivo, existencia de lenguaje, medioambiente sociocultural, condiciones demográficas, emotividad, etc.) que no siempre actúan con la misma intensidad, ni tienen igual desarrollo temporal y geográfico. Lo que en un principio es común (base psicobiológica común), en su desarrollo se diversificaría, lo que explica el aspecto de mosaico (cultural, cognitivo y emocional) que caracteriza tales procesos. Por tanto, el verdadero motor del Paleolítico superior sería el desarrollo cognitivo, que, al alcanzar los niveles adecuados de las cuatro premisas ya expuestas, se desarrollaría la autoconciencia con características de modernidad conductual.

- Álvarez Munárriz, L. (2005): “La conciencia humana”. En: La conciencia humana: perspectiva cultural. Coord. Por Luis Álvarez Munárriz, Enrique Couceiro Domínguez. Anthropos. Barcelona.
- Ardila, A. y Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Coolidge, F. L. y Wynn, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology. doi:10.4061/2011/741357.
- Damasio, A. (2010): Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain. New York. Pantheon Books.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. y Sánchez Goñie, M. f: (2017): “Identifying early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age”. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.
- Edelman, G. M. y Tononi, G. (2000): A Universe of Consciousness: How Matter Becomes Imagination. New York. Basic Books.
- Humphrey, N. (1992): A History of mind. The evolution and the birth of consciousness. New York Simon and Schuster.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. & Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory. Vol. 22, (2).
- Malafouris, L. (2013): How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Renfrew, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Rivera, A. (2013): “Teorías y métodos de la Arqueología Cognitiva”. Revista Portuguesa de Arqueología. Volume 16, pp. 5–26.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- Searle, J. R. (1997): The mystery of consciousness. New York. The New York Review of Books.
- Tomasello, M (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.
- Vygotsky, L. S. (1934/1978): Mind in Society. Cambridge, MA: Harvard University Press. 

miércoles, 14 de junio de 2017

Conductas del presente y del pasado. Evolución cognitiva

Somos consecuencia de la cultura de nuestra época, por lo que intentar trasladar conductas actuales a otros periodos históricos solo nos lleva al error. Cada época tiene sus propios componentes culturales, lingüísticos y cognitivos, lo que siempre debemos de tener en cuenta. Los siguientes ejemplos son más literarios y filosóficos que psicobiológicos, pero recogen el sentir de que nuestra realidad se forja más con el quehacer cotidiano que con nuestra herencia biológica:

...lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérnosla, cada cual la suya.... La vida es quehacer
José Ortega y Gasset (Historia como sistema) (1935).

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo
José Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote) (1914).

La mente humana es la mente humana y a la vez es la cultura, y si no se salva ésta no se salva aquella.
José Luis Pinillos (La mente humana) (1991).


 Sin embargo, existe cierta tendencia a intentar explicar conductas paleolíticas mediante experiencias sociales actuales, amparadas en el concepto de que el cerebro actual es el mismo que en el Paleolítico, lo que anatómicamente es cierto, pero funcionalmente no. Lo cierto es que no podemos hacer otra cosa, pues cómo podemos imaginar lo que se desconoce. Sin embargo, este desconocimiento no debe permitirnos realizar explicaciones sin ningún fundamento que las avale.

Con los aspectos sociales de las manifestaciones gráficas del Paleolítico se han expuesto multitud de opiniones sobre su significado, la gran mayoría con el único aval de los paralelismos etnográficos de las manifestaciones realizadas por poblaciones históricas con un desarrollo cultural parecido a los del Paleolítico superior. La psicología actual entiende que existen diferencias de pensamiento, lenguaje y conducta en diversas poblaciones, las cuales tienen un desarrollo cultural diferente al conocido como occidental. La prehistoriadora Almudena Hernando, en el estudio de las poblaciones sobre indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales, llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los considerados como modernos de nuestra sociedad. Si en la actualidad existen estas diferencias culturales, más posibilidades hay que se produzcan en las culturas paleolíticas. Así lo indica en su libro “Arqueología de la Identidad” (2000):

No tiene sentido pretender que los habitantes de la Prehistoria o de la Historia eran como nosotros mismos, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos, tal y como, inconscientemente, se ha pretendido hasta ahora.

Parte del conocimiento de la falta de diferencias neurológicas y psicológicas entre ellos y nosotros, pues todos participamos de las mismas capacidades que la evolución ha otorgado a nuestra especie. Estas poblaciones de aborígenes, a pesar de tener una clara base simbólica y abstracta en su estructuración lingüística y mental, tienen unas características distintivas y propias, como también ha analizado el psicólogo José Luis Pinillos (1991). Para él, estas poblaciones presentan un pensamiento con unas características distintivas y propias que podemos resumir en los siguientes apartados:

- Concreto o incapaz de grandes abstracciones. Le resulta más difícil referirse a un color en abstracto que a una cosa con ese color. Igualmente, le es complejo hablar de una numeración abstracta, sin una referencia inmediata a cosas que se pueden numerar. Es más difícil decir y comprender el número tres, que expresar y comprender lo que significa tres árboles.
- Sincrético o poco diferenciado, al mezclar lo imaginativo y lo afectivo con elementos verdaderamente abstractos.
- Colectivo o poco individualizado, poco crítico, estereotipado, al aceptar sin crítica personal las creencias vigentes en la comunidad. Prima la individualización social sobre la personal.
- Antropomórfico, humanizador de la Naturaleza o animista. Propenso a adjudicar a los fenómenos naturales cualidades o comportamientos propios de los seres humanos.
- Prelógico, al tener unos razonamientos diferentes a los que usamos nosotros, no porque carezcan de lógica, sino que utiliza sus razonamientos en unos supuestos culturales distintos. Una cosa puede ser varias cosas a la vez (la luna, por ejemplo, puede ser una mujer y un espíritu).
- Místico, reaccionando muy emotivamente ante lo que no se entiende.

Aunque las capacidades cognitivas que el ser humano posee son importantes y de gran potencialidad, es preciso su modelación y/o estructuración por medio de la experiencia y del aprendizaje, pues sin estos requisitos no se produce un verdadero desarrollo de tales capacidades, al menos en la forma en que normalmente solemos usarlas.

Un sencillo, divertido y asombroso ejemplo de tales manifestaciones nos lo ofrece el antropólogo Nigel Barley (1989: 123) en su libro “El antropólogo inocente” donde, al intentar que miembros de la tribu de los dowayos del Camerún identificaran con sus nombres a diversos animales de su medio (leopardos y leones) mostrándoles unas fotografías de los mismos, se dio cuenta de que no podían identificar a ningún animal en esas fotos, pues no sabían interpretar lo que se les mostraba. A pesar de conocer perfectamente a los leopardos no los reconocían en las fotografías, pues para poder hacerlo es preciso aprender a verlas con anterioridad, es decir, que el cerebro aprenda a relacionar un animal viviente con esas manchas de colores o grises que están en un papel, si no se aprende no pueden relacionarse.

Este aprendizaje, en algún momento de nuestra primitiva prehistoria, pudo tener los caracteres de iniciación mágica o religiosa en los inicios del arte prehistórico. Si se mostraban a ciertos miembros de la sociedad prehistórica los dibujos de un animal bien conocidos por todos (bisonte, caballo, reno, etc.) por primera vez, con poca luz y la dificultad del lugar para ver el dibujo mejor, lo cierto es que no verían nada reconocible y necesitarían un aprendizaje iniciático que le pudiera desarrollar sus capacidades visuales en esas extrañas facetas de manchas y líneas de colores.

Todo, hasta las cosas aparentemente más sencillas, hay que aprenderlas, es decir, hay que enseñar al cerebro a reconocer una figura, un sonido o cualquier otra sensación susceptible de ser recogida por sus terminaciones sensitivas. La explicación más razonada sería en que la creación del nicho cognitivo-cultural (creado y mantenido por las poblaciones humanas de cada época) es diferente es todos los matices que se muestra en los diferentes formas de actuar. La evolución nos ofrece amplias posibilidades de desarrollo cognitivo, pero es el medio ambiente (nicho cognitivo-cultural) el que va a determinar las características de su desarrollo. Es lógico que dentro del mundo de la arqueología todas estas aseveraciones se escapen de su compresión, al entrar en disquisiciones teóricas no asumidas por los fundamentos de sus disciplinas académicas. Pero, intentar cualquier explicación de la conducta humana (simbólica, lingüística, flexible y razonada) en el Paleolítico con las meras opiniones personales fuera de los conceptos psicobiológicos actuales, solo nos lleva a un marasmo de opiniones sin base científica que aburre a muchos y desespera a todos.


La Arqueología cognitiva (Estructuralismofuncional) intenta paliar esta  situación, utilizando interdisciplinariamente los datos actuales y comprobados de las ciencias relacionadas con la conducta humana. Las conclusiones siguientes bien pueden servir para empezar a comprender la realidad de la evolución cognitiva humana.

- La evolución crea un entramado neurológico innato predispuesto a procesar toda la información que le llega.

- La naturaleza de esta información depende de las características del nicho cognitivo-cultural.

- El cerebro se estructura funcionalmente en función de las características de los estímulos que recibe del medio ambiente.

- El lenguaje es el modo más importante para adquirir ordenadamente la información exterior y reorganizar funcionalmente la estructura neuronal heredada (Evolución cognitiva y lenguaje).


- BARLEY, N. (1989): El antropólogo inocente. Anagrama. Barcelona.
- HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
- ORTEGA Y GASSET, J. (1914): Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Cátedra (1984: 118). Barcelona.
- ORTEGA Y GASSET, J. (1935): La Historia como sistema. Colección Austral, 1440. Espasa Calpe (1971: 41-42). Madrid.
- PINILLOS, J. L. (1991): La mente humana. Temas de Hoy. Madrid.