viernes, 25 de noviembre de 2016

Pautas arqueológicas de la evolución cognitiva humana

Cuando estudiamos la evolución conductual del género Homo observamos como a través del tiempo la conducta de los diversos homínidos de nuestro linaje se va haciendo más compleja, simbólica y con mayor flexibilidad en su desarrollo, ofreciendo mayores posibilidades adaptativas (Kandel et al. 2015). Aunque tal evolución nos parece obvia, desconocemos las causas que lo producen, limitándonos a pensar que la evolución del cerebro sería la principal causa de tales cambios, al aumentar las capacidades cognitivas, aunque desconozcamos de qué estamos hablando. La mayoría de los arqueólogos piensan que la evolución biológica es la responsable de todo desarrollo cultural y, por tanto, de la evolución cognitiva. Según fue evolucionando el cerebro fueron aumentando las capacidades cognitivas y la cultura se fue desarrollando. Sin embargo, la Arqueología nos ha enseñado en múltiples ocasiones que la evolución biológica no fue paralela a la cultural, sino que se produjeron avances culturales después del desarrollo biológico y de una forma heterogénea en el tiempo y en el espacio. Las explicaciones de lo que pasó tendrán que adaptarse a estas conclusiones arqueológicas.


En el inicio del Homo sapiens conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 70.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como la sapient paradox (Renfrew, 2008).

Si el cerebro ya había evolucionado con un importante aumento de su volumen, notable incremento de la superficie de las áreas corticales (sobre todo las asociativas), y alteraciones en la densidades neuronales diferentes (que facilitando una mejor y más densa interconectividad neuronal) ¿Porqué el desarrollo cultural se produce con posterioridad? Pocas respuestas se han ofrecido desde la Arqueología, siendo la más tradicional la que lo justifica por medio de mutaciones favorables, posteriores a los cambios evolutivos ya mencionados y que favoreciese el desarrollo cultural (Klein 2003).


Las respuestas a tan complejas preguntas, que en principio parecen fuera del quehacer de la Arqueología, solo pueden responderse con un mínimo de conocimiento de la realidad psicobiológica humana. Que tales conocimientos no se impartan en los medios académicos no quiere decir que no existan, que sean muy importantes y que, tarde o temprano, tendrán que abordarse dentro del campo de la Arqueología cognitiva.

De los diversos marcos teóricos existentes parece que el Estructuralismo podría ser el más interesante. En líneas generales intenta, a través de una interpretación lo más objetiva y metodológica posible, crear formas interpretativas de la conducta humana. En la actualidad es posible desarrollar un modelo teórico basado en lo común de todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de sus numerosas culturas. Con la información actual de la Biología evolutiva, Neurología, Psicología cognitiva (procesamiento de la información), Paleogenética, Lingüística (Neurolingüística) y Antropología cultural se ha podido elaborar un estructuralismo funcional, es decir, una base psicobiológica sobre la que se va a desarrollar nuestro pensamiento y conducta (Damasio, 2010). No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción cultural (económica, tecnológica, social y simbólica) sería diferente entre los humanos del pasado y del presente, pues cada uno estaría condicionado por las características medioambientales espaciales y temporales del momento en el que le tocó vivir. Lo que en un principio es común, en su desarrollo se diversificaría, lo que explica el aspecto de mosaico (cultural y cognitivo) que caracteriza tales procesos, algunos tan debatidos como la transición al Paleolítico superior o el carácter heterogéneo temporal y espacial de la evolución cultural (D’Errico y Stringer, 2011). 

Decálogo de la evolución cognitiva humana

Sus fundamentos interdisciplinarios permiten crear una metodológica que facilite la elaboración de trabajos genéricos a partir de los particulares datos del registro arqueológico, que en definitiva deben ser la guía del desarrollo conductual humano. Se pueden establecer leyes generales sobre la forma de crear y desarrollar la conducta humana, pero con la suficiente flexibilidad como para que se adapten a las particularidades, sociales y personales de cada contexto arqueológico, y explicar la diversidad cultural y cognitiva como características esenciales de la conducta humana:

1.- La evolución biológica nos dota de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas), tanto racionales (memoria, cierto nivel de funciones ejecutivas, atención y percepción) como las emociones primarias (miedo, enfado, tristeza y alegría/felicidad, asco y sorpresa). Cualquier acción racional (individual o social) siempre incluye un componente emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Rivera, 2009 y 2015).

2.- Nuestras características neurológicas y psicológicas muestran la necesidad de un medio ambiente adecuado, que previamente hay que crear (social, económico, tecnológico, lingüístico, etc.), para que las capacidades cognitivas básicas (racionales y emocionales) se desarrollen adecuadamente (Vygotsky, 1920; Luria, 1977; Rivera, 2009). Podría definirse como un nicho cultural o cognitivo que posibilite tal desarrollo (Tomasello, 2007; Bickerton, 2009).

3.- Cuando la evolución neurológica sea suficiente y las características ambientales adquieran un nivel adecuado, pueden producirse nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes (simbolismo, autoconciencia, lenguaje, escritura, etc.) (Vygotsky, 1920; Edelman y Tononi, 2000; Searle 2000; Mora, 2001; Tomasello, 2007; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Renfrew, 2008).

4.- Este proceso es acumulativo, constituyendo el acerbo cultural de cada población humana. Para su logro se necesita cierta estabilidad demográfica que facilite su perduración, transmisión generacional y progreso.

5.- La existencia de un lenguaje (primera conducta simbólica) es condición necesaria para la formación, desarrollo y transmisión de todas las conductas simbólicas. El pensamiento (racional y emocional), la conducta y el lenguaje son tres vertientes del mismo proceso psicobiológico que va a caracterizar a los seres humanos.

6.- La evolución cognitiva y cultural es un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, pues depende de diversos factores (capacidades y desarrollo cognitivo, existencia de un lenguaje previo, medioambiente sociocultural, condiciones demográficas, emotividad, etc.) que no siempre actúan con la misma intensidad, ni tienen igual desarrollo temporal y espacial. Lo que en un principio es común (base psicobiológica común), en su desarrollo se diversificaría, lo que explica el aspecto de mosaico (cultural, cognitivo y emocional) que caracteriza tales procesos.

7.- En este continuum se producen diversos estadios intermedios, de los que desconocemos sus características precisas, pero que podemos proponer hipotéticamente y contrastar con los datos conocidos del registro arqueológico.

8.- Los conceptos y abstracciones que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles han de adquirirse de la observación del medio ambiente en el que se vive, tanto de la propia naturaleza como de las construcciones socioculturales que los grupos humanos vayan creando.

9. - Su aplicación en la prehistoria debe realizarse exclusivamente con los datos que el registro arqueológico nos ofrece, pues aunque sea limitado constituye el único rastro real de lo que pudo suceder en el pasado.

10. - Exaptación,emergencia y coevolución como los mecanismos evolutivos que van a configurar las características de la evolución cognitiva humana.

-                     Exaptación es la estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación en unas determinadas condiciones. Con posterioridad comienza a ser utilizado y perfeccionado para otra finalidad.

-                     Emergencia es la propiedad que se puede explicar como una nueva capacidad adquirida por la suma funcional de los elementos del sistema; pero no es una propiedad de ninguno de los elementos individuales, ni un imple agregado de las propiedades de estos elementos.

-              Coevolución o la modificación recíproca que dentro de los organismos de una misma especie se causan entre sí sus diferentes sistemas y aparatos (o conjunto de órganos) anatómicos o fisiológicos. 


Toda la variación conductual paleolítica puede explicarse mediante la aplicación de estos diez conceptos. Solo hay que aplicarlos como forma explicativa, pues su fundamento se basa en el análisis interdisciplinario/transdisciplinario de la realidad psicobiológica humana ya analizada en otras entradas (Mecanismos de evolución cognitiva).

- Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008), “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Bickerton, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. Hill and Wang. New York.
- Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino
- D’Errico, F. and Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060–1069.
- Edelman, G. M. y Tononi, G. (2002): El universo de la conciencia. Barcelona. Crítica.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. and Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory.
- Klein, R. G. 2003: “Whither the Neanderthals?”. Science 299, 1525–1527.
- Luria, A. R. (1977): Conciencia y lenguaje. Madrid. Pablo del Río.
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Searle, J. R. (2000): El misterio de la conciencia. Barcelona. Paidos.
- Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.
- Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona. Crítica. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Efecto Baldwin en el género Homo

Generalmente, se explica el efecto Baldwin como un peculiar mecanismo evolutivo, donde las características de algunas conductas aprendidas pueden afectar la dirección y la velocidad del cambio generado por la selección natural, es decir, la evolución morfológica.


Efectivamente, cuando diversas conductas de una población son capaces de cambiar el medio ambiente en el que viven (cultural, alimenticio, social, cognitivo, etc.), este cambio alteraría en algún grado la forma de acción de la selección natural en ese nuevo medio. Si la afectación es lo suficientemente importante como para alterar negativamente la reproducción de algunos miembros de esa población, los que por genética puedan superar esas nuevas presiones tendrían un mayor éxito reproductor, y sus características genéticas se impondrían poco a poco sobre los demás componentes del grupo.

Nicho cultural-cognitivo

La condición clave para que se produzca este efecto sería la alteración del medio en el que se vive, de forma que favorezca más a unos componentes que a otros. Esta alteración del medio iría creando un ambiente especial que se ha denominado como nicho. En el caso del género Homo la mayor influencia medioambiental proviene de sus características culturales y cognitivas, pues su desarrollo supera con mucho a cualquier otra influencia que puedan desarrollar otras comunidades biológicas. Por tanto, entre las poblaciones humanas puede hablarse de nicho cultural-cognitivo. (Deacon, 1997; Bickerton, 2009; Tomasello, 1999).

Cuanto mayor sea la capacidad de alterar el medio en el que se vive, mayor serían las posibilidades de alterar la acción de la selección natural, disminuyendo los efectos nocivos mediante un aumento de la adaptabilidad al nuevo medio. Este cambio del medio y la mayor adaptabilidad tendrían como causa principal el desarrollo cognitivo-cultural, siendo heredable y, por tanto, lamarckiano. En este contexto, el desarrollo tecnológico, social, simbólico y lingüístico propio de los humanos, tendría una gran influencia sobre los cambios ambientales. Se comenzaría a desarrollar un nicho cultural y cognitivo, donde se aprendería por medio del lenguaje todos los avances logrados con anterioridad. Este nicho tendría cierto poder evolutivo (efecto Baldwin), pues los cambios morfológicos que peor se adaptasen a esta impregnación cultural tendrían menos posibilidades de procrear (Bateson, 2004). El origen del lenguaje puede deberse a fenómenos evolutivos influenciados por estas características de cambio ambiental (Deacon,1997), donde los genotipos que mejor se adaptasen a estos cambios (cognitivos racionales y emocionales) tendrían más posibilidades de procrear, al generar conductas de mayor poder adaptativo con su desarrollo tecnológico y lingüístico.

Condiciones precisas

La primera es que el genoma de una población tenga la suficiente variación como para ofrecer fenotipos diferentes, pues sería en esta diferenciación donde la selección natural podría actuar. Aunque la producción al azar de las mutaciones genéticas nos impide valorar su desarrollo en el paleolítico, no cabe duda de que éstas tuvieron lugar en el pasado, produciendo cambios morfológicos y cognitivos de forma lenta (mutaciones en genes estructurales) y/o de forma relativamente más rápida (mutaciones de genes Hox o reguladores), o con ambos casos que parece ser lo más plausible (Genética de la evoluciónneurológica. Consecuencias arqueológicas). Estas alteraciones genéticas se distribuirían por la población en función de su mayor influencia sobre las conductas reproductivas. En este contexto, hay que valorar la efectiva variación genética de las poblaciones humanas, la pequeña densidad de las primeras especies y su relativo aislamiento poblacional, por lo que la endogamia tendría un papel importante en el desarrollo controlado de estas mutaciones.

En el género Homo los factores de aprendizaje adquieren un valor añadido, pues las conductas se van haciendo cada vez más dependientes de la enseñanza y otros factores cognitivos (memoria, abstracción, simbolización, lenguaje, autoconciencia, etc.), los cuales pudieron ir coevolucionando en aquellos genotipos más acordes con su mejor asimilación (Exaptación, emergencia y coevoluciónneurológica humana). 

Conclusiones

Desde el comienzo de nuestro linaje (Homo habilis y su forrajeo de lugar central) se ha ido constituyendo una especie de nicho cultural y cognitivo (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009), con el inicio de un protolenguaje que facilitase la transmisión generacional de todos los avances culturales y simbólicos que se hayan podido realizar. Así se podría explicar el efecto de la cultura sobre la evolución (efecto. Baldwin), pues el desarrollo del lenguaje sería capaz de estructurar funcionalmente a las áreas de asociación del córtex cerebral, consiguiendo desarrollar capacidades cognitivas que en principio no evolucionaron para tal fin (exaptación), y que tuvieron lugar gracias al desarrollo sociocultural de las poblaciones humanas (emergencias cognitivas).

Al tener un papel fundamental la relación social, el aumento demográfico facilitaría el desarrollo lingüístico y cognitivo. Los humanos, para poder desarrollar sus capacidades cognitivas, necesitan nacer y vivir en un nicho cognitivo-cultural que lo favorezca. Fuera de él no se puede desarrollar o lo hace de forma insuficiente. Que los seres humanos son seres sociales por naturaleza es una realidad absoluta, pues su desarrollo fuera de las características culturales y conductuales de las poblaciones humanas solo puede concluir con una gran limitación conductual y cognitiva (Mecanismosde evolución cognitiva).


- Bateson, P. (2004): “The Active Role of Behaviour in Evolution”. Biology and Philosophy 19: 283-298.
- Bickerton, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York. Hill and Wang.
- Deacon,T.(1997): The Symbolic Species: the Co-evolution of Language and the Brain. New York:Norton.
- Dennett, D.(1995): Darwin´s dangerous idea. New York: Simon and Schuster.
- Tomasello, M (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.

domingo, 7 de agosto de 2016

Ciencia y Arqueología: transdisciplinariedad

Se puede definir a la ciencia como un sistema ordenado de conocimientos estructurados, adquiridos a través de la experiencia o de la introspección. Su desarrollo a través de los siglos de existencia ha producido notables avances en la compresión del mundo en que vivimos y de nuestra relación con él. Sin embargo, también ha desarrollado una importante parcelación y fragmentación del conocimiento, es decir, la formación de numerosas disciplinas particulares y su consiguiente hiperespecialización. Esta parcelación, que en principio fue necesaria  para poder profundizar en sus cometidos, con cierta posteridad se ha visto como fuente de algunos problemas del desarrollo científico, como sería cierta limitación en el conocimiento complejo de la realidad estudiada. La principal causa de este problema es su incapacidad para comprender las complejas realidades del mundo actual, pues estas se distinguen por la multiplicidad de las relaciones e interconexiones entre las diversas disciplinas que analizan cualquier problema con características comunes. Lo que en principio parecía ser lo más fundamental (creación y desarrollo de diversas disciplinas científicas), con el tiempo y su desarrollo se manifestaron como las causantes de un problema de compleja solución: la excesiva y aislada parcelación científica nos ocultaba que la realidad es la suma de toda ellas, pero que tal realidad es más que los elementos aislados que nos proporcionan cada disciplina, pues la relación entre todos ellos producen una nueva entidad emergente (Martínez Miguélez, 2012).

Cada vez conocemos mejor a los árboles, pero nos cuesta entender la globalidad del bosque

Como es lógico, las ciencias que se han dedicado al estudio de la conducta del ser humano en la prehistoria (Arqueología prehistórica, Prehistoria y Paleoantropología) se suman plenamente a estas características de hiperespecialización. Al tratarse de hechos acaecidos en el pasado, y no en el presente o pasado cercano, muchas ciencias dedicadas al estudio de la conducta humana (Neurología, Psicología, Lingüística, Biología evolutiva, Antropología social, etc.) se han inhibido en el estudio de estos lejanos periodos, o lo han hecho de forma esporádica o limitada, dejando este quehacer a las disciplinas creadas a propósito, pero que partían de la nada y estaban aisladas de las ya desarrolladas.


La gran complejidad del estudio de la evolución cognitiva y cultural del género Homo requiere el apoyo de todas las ciencias que puedan aportar algo en su análisis. En la actualidad, los estudios sobre la conducta de nuestro linaje a lo largo de su evolución requieren de unos métodos y conocimientos que se escapan de los que estas ciencias sociales (Arqueología prehistórica, Prehistoria y Paleoantropología) pueden ofrecer en solitario. Así lo han entendido la mayoría de los que se dedican a estas tareas, siendo constante la unión de los criterios arqueológicos con los propios de otras ciencias (Paleontología, Paleoclimatología, Paleoneurología, Biología evolutiva, Genética, Geología, Física y Química, etc.). Con esta agrupación científica podemos estudiar los datos que nos aportan los yacimientos, es decir, en qué consiste la información, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo. Estas cuestiones son las que más ampliamente se ha ocupado el trabajo arqueológico desde su inicio. Prueba de ello es el amplio conocimiento (aunque limitado en numerosos aspectos) que tenemos de las diferentes culturas prehistóricas, lo que nos permite tener un mínimo conocimiento de tan lejanos tiempos. Su manifestación cultural queda reflejada en la gran cantidad de útiles (líticos, óseos, cerámicos, metálicos, etc.) y conductas (cazadores-recolectores, agricultores, ganaderos, metalúrgicos, etc.) que variaran según sean los periodos de estudio. Se sitúan cronológicamente en unos anagramas temporales que cada vez son más exactos, gracias a la constante mejora de los medios de datación actuales. Igualmente, se describen posibles áreas de inicio, de expansión, de influencia, e incluso de regresión de tales culturas. Toda esta información constituye un registro arqueológico enorme, dando la impresión de tener un importante conocimiento sobre el inicio de la Humanidad.

No obstante, existen otras cuestiones sobre las que muy poco se ha intentado trabajar. Me refiero a las preguntas del en porqué esos datos arqueológicos aparecieron en ese lugar y momento, y cómo se crearon. En este punto, es cuando hay que indicar la existencia de cierto desajuste metodológico, relacionado con los contenidos históricos y académicos de la Prehistoria, que dificulta el desarrollo de estos aspectos analíticos, es decir, que nos impiden poder conocer mejor el bosque.

Recientemente se está cambiando el interés por conocer las profundas causas de los cambios culturales detectados en nuestra prehistoria. Así, cada vez se habla más de la cognición humana, de las variaciones neurológicas con las que se relaciona, y de las ciencias que más se dedican a su estudio (Neurología y Psicología, de cuya íntima unión nace la Psicobiología). Con mayor asiduidad se mencionan en diversos trabajos las capacidades cognitivas de los humanos que crearon los restos que vemos en los yacimientos, del simbolismo que puede estar relacionado en ellos. Y, por supuesto, se da gran importancia al desarrollo del lenguaje (Lingüística), el aumento poblacional (Paleodemografía) y a las relaciones sociales entre grupos y dentro del grupo (Antropología social) como partes integrantes del desarrollo cognitivo, social y cultural de las poblaciones humanas. Estas ciencias participan de forma directa en la aparición y desarrollo de tales restos arqueológicos (serían el cómo y el porqué del cambio o desarrollo cultural). Todas ellas explican diferentes aspectos de la realidad estudiada en los yacimientos, cada una de ellas es un árbol, por lo que necesitamos unirlas para entender las características del bosque.

Formas de relación disciplinaria

Las relaciones que existen entre las diversas ciencias aplicadas pueden ser muy complejas (Osborne, 2015). Actualmente, hay cierta tendencia a intentar analizar las características de sus relaciones, lo que se ha llegado, más de forma más didáctica que real, a una agrupación en tres grandes apartados:

A. - Enfoque multidisciplinar, considerado como una mezcla no integradora de varias disciplinas en la que cada una de ellas conserva sus formas, métodos y teorías sin cambio o desarrollo de ninguna de las ciencias utilizadas en tal relación. En este contexto, puede darse el caso de que las teorías de alguna de las ciencias usadas estén en disonancia con las conclusiones de otra, pues no se intenta realizar ninguna síntesis teórica. Los profesionales implicados en una tarea multidisciplinar adoptan relaciones de colaboración con objetivos comunes, pero su fin no incluye una correcta adaptación de todas ellas.
Un buen ejemplo lo tenemos en diversos libros en los que diversos autores exponen sus teorías y estudios sobre un tema (Andrew and Charles, 1996; Beaune, Coolidge y Wynn, 2009), sin que exista una coordinación teórica encaminada a ka busca de unas conclusiones comunes. En general, todos los estudios sobre la conducta humana en el pasado son multidisciplinarios, pero las conclusiones suelen ser independientes. Aunque tales trabajos son muy interesantes, pues nos ofrecen diversas teorías y opiniones sobre problemas concretos, nos indica la necesidad de avanzar en el desarrollo y utilización de nuevas formas de trabajo que nos permitan alcanzar resultados mínimamente coordinados, pues con ello se lograría el desarrollo de una crítica constructiva y la creación de conclusiones con mejores bases teóricas.

B. - El concepto de interdisciplina va más allá de la multidisciplina, pues intenta una búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget, Mackenzie y Lazarsfeld, 1973).
Efectivamente, las ciencias (parcelación teórica humana para facilitar el estudio de los procesos) solo explican una parte de los mismos, lo que nos engaña en la compresión de la realidad. Este segundo método de análisis es mucho más difícil de desarrollar que el anterior, pero sus logros pueden superar ampliamente a las simples formas multidisciplinares. A pesar de la falta unánime de acuerdo sobre las definiciones de disciplina e interdisciplina, hay que tener en cuenta que todas las áreas de investigación son siempre dinámicas y, por tanto, continuamente emergentes. Así, lo que hoy se considera interdisciplinario, en un futuro próximo puede ser atribuido de simple disciplina. Mientras que los estudios multidisciplinares acaban con la exposición de sus contenidos teóricos, la interdisciplina intenta llagar a conclusiones en las que participen de forma coordinada todas las ciencias utilizadas. 



C. – Dentro de este dinamismo teórico el desarrollo de la interdisciplina llegaría a la concepción de la transdisciplina, concebida como un principio para la unidad del conocimiento más allá de las disciplinas. La interdisciplina desborda las formas y métodos de las disciplinas utilizadas, pero sus objetivos aún permanecen en el seno de la trama de las investigaciones disciplinares. Sin embargo, la transdisciplina implica aquello que está al mismo tiempo entre las disciplinas, a través de las diferentes disciplinas, y más allá de cada disciplina individual. La transdisciplina implica la dinámica engendrada por la acción de varios niveles de la realidad a un mismo tiempo. Con este enfoque todo objeto de estudio o actividad humana no se compartimenta dentro de una disciplina determinada, sino que se asume su naturaleza plural que abarca a diferentes ramas científicas, siendo necesaria la exploración de todas ellas, con la intención de vencer todas las trabas convencionales y alcanzar un mejor conocimiento de nuestro mundo. Se trataría de un conocimiento superior y emergente, fruto de un movimiento dialéctico de retro y realimentación del pensamiento, que nos permite cruzar los linderos de diferentes áreas del conocimiento disciplinar y crear imágenes de la realidad más completas, más integradas y, por consiguiente, más verdaderas (Martínez Miguélez, 2012). En ella podemos ver ciertas características que la definen:

- Se genera al descubrir nuevos objetos de estudio que no pueden ser estudiados desde una perspectiva disciplinaria, produciendo nuevos métodos y nuevas formas de emplear el lenguaje (Zavala, 2010).

- Es un conocimiento que surge de un contexto de aplicación concreto, con sus propias estructuras teóricas, métodos de investigación y modos de práctica (Gibbons, 1994; Osborne, 2015). Intenta resolver problemas reales de forma razonada, ante los cuales las disciplinas son muchas veces insuficientes (Rosenau, 1992).

- Tiende a estar en permanente reestructuración y autoanálisis, adaptándose a las condiciones que provocan la necesidad de crear conocimientos específicos (Klein, 1996).

Estos tres formas de coordinación disciplinar estarían relacionadas entre sí por el dinamismo teórico propio de la ciencia, es decir, por la necesidad de lograr formas metodológicas de estudio que superen la limitación de las estructuras multidisciplinares e interdisciplinares. Si la interdisciplinariedad era difícil de lograr, esta tercera vía de estudio supone un grado de dificultad mucho mayor, así como una concepción científica poco desarrollada en nuestros medios académicos.

De la teoría a la práctica

Sin dejar de estudiar todo lo que nos puede ofrecer cada árbol (ciencias), hay que intentar analizar la complejidad del bosque (relación de las ciencias) en cada tiempo y lugar. Pero no solo en una serie de estudios más o menos interrelacionados (interdisciplinariedad), sino tras la necesaria integración disciplinar en un solo contexto temporal y espacial (transdisciplinariedad) que nos ofrecerá la emergencia de un conocimiento más real y mejor documentado. Sin embargo, en este camino metodológico marcado por el dinamismo de la ciencia presenta muchas dificultades a la hora de llevar sus formas teóricas a una práctica metodológica eficaz. Tenemos diversos ejemplos sobre esta dificultad:

- Sobre los caracteres profesionales de las disciplinas. El término disciplina no es puramente causal, sino que tienen dos aspectos que limitan o encauzan su desarrollo: la de la tradición cognitiva o teórica que la comunidad acepta y transmite (el paradigma que le es propio, que incluye tanto los aspectos conceptuales específicos como los valores y las metodologías); y la relación con los modelos de comunicación y de estructuración teórica propios de la práctica profesional. Existe una relación muy interesante entre ambas que va a marcar su desarrollo. En los periodos de estabilidad teórica e institucional, las disciplinas viven momentos de euforia, caracterizados por la creencia en un avance permanente sobre su objeto de estudio, merced al consenso generalizado de la comunidad respecto del paradigma, y a que no hay en el entorno cuestionamientos que quiebren la paz institucional. En los momentos de crisis, cuando la estabilidad estalla en pedazos, ya sea debido a las fluctuaciones internas, como por la aparición de cuestiones o demandas externas que afectan la práctica habitual, las creencias sobre el avance rectilíneo del conocimiento hacia la verdad se desvanecen. Las instituciones ven cuestionada la disciplina, en los dos sentidos antes mencionados. Y es en ese momento en que suele aparecer el debate o la cuestión de la interdisciplina, e incluso de la transdisciplina (Najmanovich, 1998).

- Su creación y organización. La interdisciplinariedad debe de estar formada por aquellas ciencias que más se relacionen con el tema de estudio y que, en conjunto coordinado, mejor puedan explicarlo. Lo que parece lógico pronto plantea los primeros problemas de su realización: 
¿Quién la forma y que ciencias utilizaría?
Los problemas de su realización comienzan con la propia creación y dirección de estos equipos interdisciplinares. En los medios arqueológicos como es natural recae en el arqueólogo que vaya a dirigir la excavación (Arrizabalaga e Iriarte, 2006), prevaleciendo en su elaboración y organización el criterio de su formación académica y tradición arqueológica, lo que ya indica unos límites y costumbres. Sin embargo, las disciplinas que tradicionalmente se han utilizado en el análisis del comportamiento humano en su origen, desarrollo y evolución en general han sido muy poco utilizadas, casi siempre dentro de un limitado marco de la multidisciplinariedad y pocas veces dentro de una plena interdisciplinariedad y/o transdisciplinariedad. La simple aceptación de la integración científica de la Neurología, Psicología, Antropología social, Demografía, Lingüística y Biología evolutiva como parte fundamental de los estudios sobre el comportamiento humano es el inicio de los problemas de la creación de estas formas de relación disciplinar y, muchas veces, la causa de la elaboración de unas buenas intenciones pero escasos logros entregadores. En este contexto, Edgar Morin (1992: 241) señala que:

Por todas partes, se es empujado a considerar, no los objetos cerrados y aislados, sino sistemas organizados en una relación coorganizadora con su entorno (...); por todas partes se sabe que el hombre es un ser físico y biológico, individual y social, pero en ninguna parte puede instituirse una ligazón entre los puntos de vista físico, biológico, antropológico, psicológico, sociológico. Se habla de interdisciplinariedad, pero por todas partes el principio de disyunción sigue cortando a ciegas.

La organización de un equipo interdisciplinario y/o transdisciplinario supone un importante reto, pues los métodos, objetivos y elementos de estudio de las disciplinas que lo vayan a constituir al ser diferentes hacen muy compleja su interrelación doctrinal. Ni el prehistoriador suele conocer los fundamentos psicobiológicos del ser humano relacionados con la conducta, ni los psicólogos y neurólogos conocen la realidad conductual de los homínidos del paleolítico. Sin un mínimo conocimiento de estas disciplinas es muy difícil la armonización de sus contenidos, hecho que facilitaría el desarrollo de teorías mejor fundamentadas. Esto nos lleva muy lejos, pues implicaría la necesidad de cierto conocimiento sobre las ciencias que van a formar la interdisciplinariedad científica, lo que muy pocas veces se cumple por la enorme complejidad académica que conlleva.

Parece claro que toda interpretación realizada bajo una amplia y adecuada coordinación científica tendría más posibilidades de disminuir la subjetividad que impregna muchos de los trabajos principalmente humanísticos. Pero debe existir un requisito fundamental en toda síntesis interdisciplinar, pues inexcusablemente todas las ciencias que se utilicen deben tener unos fundamentos teóricos que no sean antagónicos. Si en esta confluencia de ciencias existiesen contradicciones teóricas, habría que pensar que alguna o varias teorías de las disciplinas usadas pudiera no ser correcta, pues en la explicación de la conducta humana no pueden coexistir conceptos generales claramente opuestos. Por supuesto, los datos arqueológicos no sólo deberían estar de acuerdo con las tales conclusiones teóricas, sino que la mayoría de las veces serían una guía del camino que la evolución cultural y cognitiva desarrolló en cada periodo y lugar histórico.

- Su gran dificultad teórica. En cada ciencia o disciplina convergen diversas teorías, consecuencia de la diferente interpretación que se realice de las otras disciplinas que convergen en sus cometidos. De las ciencias relacionadas con la conducta humana tenemos: Biología evolutiva (Genética, Embriología, Factores ambientales), Psicología (Psicología evolutiva, Cognitiva: procesamiento de la información, Gestalt, Conductismo, etc.), Neurología (clínica, anatómica, embriológica, psicológica, etc.), Lingüística (carácter innato o adquirido en su origen), Antropología social (evolucionismo, difusionismo, particularismo histórico, antropología social, estructuralismo, ecología cultural, etc.). Cuando se usan estas ciencias debemos tener en cuenta que debe de existir una concordancia teórica entre todas ellas, pero en principio desconocemos cuales se adaptan mejor a las demás. Así, la elección de los profesionales en cualquier estudio interdisciplinar y/o transdisciplinar, aparte de ser muy compleja, debe guiarse por un planteamiento teórico previo sobre las orientaciones de cada ciencia elegida.

- Los problemas de su difusión social y académica. Otro problema que dificultaría su realización radica en el aislamiento científico y metodológico que existe, pues impide comprender con detenimiento las conclusiones de tales estudios interdisciplinares y/o transdisciplinares. Quién no tenga el mínimo conocimiento sobre las ciencias que forman estas formas de relación disciplinarias tendría grandes dificultades para entender sus conclusiones, por lo que las ignoraría o les prestaría poca atención. Si los centros académicos tampoco ponen los medios para que todos los que pasen por sus competencias científicas tengan la capacidad doctrinal para comprender la utilidad de su uso, es muy difícil que los autores que componen cualquier comunidad científica se interesen por los problemas tratados por una interdisciplinariedad que no entienden. Consecuentemente, si no hay demanda social y académica, es muy difícil que exista interés en superar las importantes dificultades que supone ponerse a la altura de tales estudios interdisciplinarios y/o transdisciplinarios, y más aún realizarlos.

Conclusiones

El uso de estas formas metodológicas en la actualidad constituye una realidad de la que no podemos evadirnos. La tendencia hacia la transdisciplinariedad es una forma del quehacer arqueológico que poco a poco se irá imponiendo, pues constituye la mejor forma de comprensión, dentro de los límites propios de los escasos datos que poseemos, de la realidad ocurrida en el pasado. Así, por ejemplo, estudiar el inicio del Paleolítico superior debe de realizarse de forma que los numerosos árboles que conocemos de este periodo (Clima; cronología; geografía; datos de los HAM y HN; conductas tecnológicas, sociales y tecnológicas; simbolismo; demografía del periodo; relaciones sociales de todo tipo y poblaciones; etc.) nos puedan ofrecer un panorama del momento y lugar o bosque totalmente dinámico dentro del continuum que forma todo desarrollo humano en todas sus características.



Un intento de estas características ya lo realicé dentro de la Arqueología cognitiva (La conducta moderna en el Paleolítico superior inicial). Igualmente, pero más limitado al Neandertal (La transición del Paleolítico medio al superior. ElNeandertal). Aunque algo limitado por el paso del tiempo, creo que bien pueden servir como intentos serios de la realización de interdisciplina y/o transdisciplina. 

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