lunes 9 de enero de 2012

Arte paleolítico. Consideraciones sobre su estudio


El arte paleolítico siempre ha tenido un significado y tratamiento especial en los estudios prehistóricos, siendo uno de los temas de la conducta paleolítica sobre el que más se ha escrito, analizado y discutido. Sin embargo, no se han conseguido unas conclusiones consensuadas y fundamentadas sobre su origen, motivos de desarrollo y, sobre todo, significado. Es posible que las causas que han generado tal situación sean de múltiple origen, dificultando enormemente su realización. Se pueden destacar los siguientes problemas que más que ayudar han impedido el desarrollo de sus conclusiones:

I - Enfocar su estudio como una conducta excesivamente independiente de la conducta simbólica humana. Su estudio suele realizarse con una importante independencia del común desarrollo simbólico de cada población paleolítica. Se ha estudiado de forma aislada de los posibles y variados grupos humanos que lo creó, usó y desarrolló, posiblemente porque muchas veces los estudios prehistóricos se han limitado al análisis de los restos arqueológicos, obviando el estudio de las capacidades cognitivas y simbólicas de sus creadores. Tanto es así, que ha formado una estructura doctrinal independiente, como asignatura, ciencia o simplemente “arte”, siendo analizado desde los aspectos puramente artísticos (estilo, cronología, artistas, técnicas, pinturas, etc.). Pocas veces ha sido estudiado como una manifestación más del simbolismo humano en general, propio de una sociedad en un tiempo y espacio determinado. Tendría que estar relacionado con el simbolismo que vemos en otras manifestaciones, o la falta de ellos (adornos, tumbas, ajuares, cambios socioeconómicos, tecnología más flexible y razonada, etc.). Constituye una parte del simbolismo humano, por lo que su origen y desarrollo estaría en consonancia con el origen y desarrollo del simbolismo humano en general.

II - No establecer una correlación cognitiva y conductual entre el desarrollo del simbolismo y la conducta social, tecnológica y económica de los grupos humanos que la crearon. El desarrollo cognitivo que favorece uno de estos aspectos estaría íntimamente ligado al que es capaz de evolucionar el otro. Una constante en la Neurología actual es que las funciones neurológicas están siempre funcionando constantemente e interrelacionadas entre sí, pues no existen núcleos o zonas neurológicos especializados en una sola función. La funcionalidad psicobiológica y sus consecuencias (conducta) es una realidad que siempre hay que tener en cuenta. Es decir, el desarrollo simbólico siempre se produce con cierto desarrollo tecnológico y socioeconómico, consecuencia de la existencia de una mayor flexibilidad conductual y racionabilidad en el pensamiento (Hernando, 1999). Es muy difícil admitir un simbolismo religioso en el Paleolítico medio (tumbas, ajuares, conceptos de otros mundos espirituales, etc.) cuando su desarrollo socioeconómico y tecnológico está mucho más cerca de las formas primitivas del la humanidad que del desarrollo visto en el mismo inicio del Paleolítico superior (Rivera, 2010).

III - Intentar explicarlo como si fuera un proceso de causa única en todo el tiempo y espacio paleolítico, mostrando una gran falta de flexibilidad explicativa y teórica. Se utilizan enfoques dogmáticos e inamovibles, casi siempre expresando una única causa de todo el arte paleolítico. Los recientes descubrimientos (manifestaciones al aire libre, mejores cronologías, estudios estilísticos y técnicos más detallados y mejor comprensión del contexto arqueológico) van ofreciendo un panorama de clara manifestación social (de tipo o tipos aún no determinado), una múltiple causalidad en su origen y desarrollo y la posibilidad de diversas funciones en su uso. Incluso hay que comprobar que tales procesos fueron o no los mismos en los diversos periodos en los que tradicionalmente subdividimos al Paleolítico superior. La idea de que tales manifestaciones gráficas formen parte de un sistema de comunicación social específico, se conoce desde el último tercio del siglo pasado. Su significado, más que en las características de las propias pinturas, puede estar en las particularidades sociales de sus autores, fenómeno que poco a poco se va imponiendo. Igualmente, su relación con conductas espirituales y/o religiosas parece un concepto que tampoco puede obviarse. Así, las motivaciones que las crearos serían con toda seguridad de diverso origen, siendo además heterogéneas en su desarrollo espacial y temporal desde su mismo origen. Estas connotaciones sólo pueden aclararse dentro de cada contexto arqueológico determinado y con el uso de una metodología arqueológica apropiada.

IV - Pretender que las motivaciones actuales podrían ser las mismas que las del pasado, naturalmente sin aportar absolutamente nada que corrobore mínimamente tal suposición. Resulta extraño que se estén volviendo a usar las comparaciones etnológicas para analizar sus significados, sin tener detrás de tales estudios unos supuestos científicos que puedan avalar tal suposición. En el estudio de las poblaciones actuales, pero con unas formas culturales calificadas como primitivas, se ha podido comprobar que presentan un pensamiento diferente al considerado como moderno o actual, a pesar de que no existan diferencias anatómicas ni cognitivas entre ellos y nosotros. Estas poblaciones tienen una clara base simbólica en su estructuración lingüística y cognitiva, pero manifiestan unas características distintas y propias. Deben existir unas estructuras de percepción y procesamiento de la realidad común a todos los grupos humanos (capacidades cognitivas innatas), lo que implicaría que existe una relación material de la realidad con cierta percepción de ella. Sin embargo, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción social es distinta en grupos humanos con diferente complejidad socioeconómica y cultural (desarrollo cognitivo dependiendo del medio ambiente) (Hernando, 1999; Rivera, 2010).

V – Sin embargo, creo que la causa principal de la dificultad del estudio del arte paleolítico es la falta de un método adecuado para estudiar la conducta humana en conjunto, y no sólo en este aspecto simbólico, pues todo estaría relacionado. Siempre tenemos que tener en cuenta que en el análisis de la conducta humana durante el Paleolítico es imposible adquirir una certeza absoluta en las conclusiones que alcancemos. El hecho de que sólo podamos obtener información de procesos indirectos, escasos y de difícil interpretación, son motivos suficientes para entender tal afirmación. Sin embargo, cualquier conclusión que esté fundamentada en una serie de evidencias arqueológicas bien documentadas, que se expliquen con una metodología basada en un estudio interdisciplinar con el suficiente poder explicativo como para formar una tesis razonada, puede ofrecernos un nivel de certeza aceptable. Este estudio interdisciplinar debe tener siempre en cuenta que entre las ciencias psicobiológicas se tiene claro que no es lo mismo tener unas capacidades cognitivas que desarrollarlas, las primeras son una consecuencia evolutiva y anatómica y lo segundo un desarrollo de tales facultades innatas en función del medio ambiente en el que se ha nacido y desarrollado. Se nace con capacidades y éstas se desarrollan con su constante interacción con el medio ambiente. Por tanto, debe articularse entre las ciencias que estén en relación con el análisis de la conducta humana (Psicología, Neurología, Biología evolutiva, Ciencias sociales, Lingüística, Demografía, etc.). La subjetividad, en estos estudios, es nuestro mayor enemigo siendo muy difícil de superar, o por lo menos mitigar su influencia. Con esta visión la única manera de estudiar los valores cognitivos (donde la conducta simbólica es la mayor manifestación) es creando un modelo teórico que escape de los aspectos particulares de la cultura, centrándose en los factores comunes o estructurales de nuestra especie que se aplica a los humanos actuales y del paleolítico, es decir, usando el estructuralismo funcional (neurológico y cognitivo) común en todos los humanos.

VI - El estudio del desarrollo simbólico debe de guiarse por los datos que nos ofrece el registro arqueológico en cada momento y lugar. El momento histórico en el que la conducta humana va a comenzar a presentar una clara y notoria diferenciación cultural corresponde con el inicio del Paleolítico superior (lo que no excluye que en periodos más antiguos no existieran diferencia culturales o de manifestación cognitivas, pues existieron aunque con mucha menor significación arqueológica). El arte es, sin duda, una manifestación simbólica más de las muchas que se van a producir en ese momento, y que por sus características artísticas (en el concepto actual) ha tenido una repercusión especial. Los diversos caminos, que tal simbolismo pudo desarrollar, sólo podemos intuirlos con los datos del registro arqueológico, pero deben ser interpretados por un modelo explicativo de la realidad cognitiva humana. La realidad es que en Prehistoria casi siempre se ha obviado el estudio del ser humano como un ser biológico dotado de una características cognitivas o psicológicas, que van a ser, en todo momento, las que van a conformar su conducta, útiles, pinturas, gravados y todas las manifestaciones que encontramos en los yacimientos. El estudio de la aparición de los conceptos de la individualidad, tiempo y espacio son imprescindibles para cualquier análisis del simbolismo humano. Esto, junto con un estudio arqueológico y social más detallado de las manifestaciones gráficas, pueden ser las claves para que podamos elaborar una teoría sobre el origen del arte prehistórico con un nivel de certeza aceptable, aunque con un carácter general difícil de superar.


Conclusiones: Su análisis debe pasar inexorablemente por un mejor conocimiento del contexto arqueológico en donde se crearon (emplazamientos territoriales y en contextos temporales), pues las manifestaciones gráficas son parte de un sistema de comunicación sobre las formas de vida y organización social de los seres humanos, cuyo significado sólo puede ser interpretado por los componentes sociales instruidos en tal sistema comunicativo. Esto, junto con un nuevo y mejor tratamiento arqueológico (metodología) sobre estas manifestaciones puede ofrecernos unos resultados más coherentes y fundamentados que los realizados con anterioridad.

La Arqueología cognitiva (Orientación psicobiológica) que propongo, va encaminada a entender las pautas generales de la formación del pensamiento humano en la prehistoria, no en qué pensaban los humanos de entonces. La estructuración del pensamiento basada en la individualidad, tiempo y espacio son procesos ampliamente aceptados por la neurología y psicología actuales, pero que, por causas de aislamiento doctrinal, no ha llegado aún a introducirse en el mundo de la prehistoria, tiempo y lugar donde se iniciaron y desarrollaron tales conceptos.


Estas consideraciones metodológicas ya se han usado en la interpretación del posible simbolismo de los enterramientos y antropofagia del Paleolítico medio (Rivera, 2010), donde se especifica el método interdisciplinario que puede usarse en el análisis de las manifestaciones gráficas. En el contexto simbólico de la transición e inicio del Paleolítico superior, he realizado un trabajo sobre tales manifestaciones usando el método anteriormente reseñado. Para su realización ha colaborado alguien que conoce perfectamente el registro arqueológico de tal periodo, como es el caso del profesor de la UNED Mario Menéndez. El trabajo está ya realizado, quedando sólo la publicación del mismo, lo que aunque parezca mentira puede ser la más complejo de todo el asunto.




* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 56 (2), p. 19-35.

viernes 9 de diciembre de 2011

Adaptabilidad humana

La adaptabilidad es el resultante de la acción conjunta de todas las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) para la solución de diversos problemas. En este contexto, uno de los mayores éxitos evolutivos que ha tenido el linaje humano es su enorme capacidad de adaptación a los numerosos y dispares medios ambientales que constituyen en mundo habitado por ellos. Sólo en lugares muy extremos la vida humana se ha frenado o limitado a ocasionales ocupaciones de incierto desarrollo.

Siempre se ha achacado esta adaptabilidad a su enorme desarrollo tecnológico que se ha visto entre sus poblaciones. No cabe duda de que el éxito de estas adaptaciones en medios hostiles de debe a los avances tecnológicos que los posibilitan. Sin embargo, su permanencia y desarrollo poblacional durante muchas generaciones se debe, además de la tecnología, a las características psicobiológicas que nos caracterizan. Me refiero a la plasticidad del sistema nervioso consecuencia de nuestra especifica forma evolutiva, la cual va ha marcar toda nuestra conducta, pero no como un innatismo conductual, sino como una enorme flexibilidad y adaptabilidad conductual y cultural, siendo lo que vemos en las culturas humanas de todas las épocas.

Todos conocemos que la inmadurez neurológica en el momento del nacimiento es muy acusada, lo que implica mucho tiempo para alcanzar el grado de funcionalidad óptimo. La corteza cerebral no está totalmente determinada genéticamente, pues desde que se nace hasta su definitiva estructuración cognitiva, motriz y sensorial, se producen ciertos remodelamientos que dependen de la cantidad y calidad de la información sensorial recibida desde el exterior. Durante la formación de la corteza cerebral en la embriogénesis, se produce una delimitación imprecisa o protomapa de la distribución de las zonas que van a configurar las áreas corticales del futuro córtex. Será con el desarrollo postnatal, y en consonancia con la interacción de ese ser vivo con las características del medio ambiente y los constantes estímulos que se envían al cerebro, cuando se producirá definitivamente la organización funcional correspondiente a cada área (maduración) (Changeux, 1985; Damasio, 1999; Flórez et al. 1999; Jenkins et al. 1990; Just et al. 1996; Mora, 2001; Rakic, 1988, 1995). Así, las entradas de información sensorial procedentes del mundo exterior tienen un papel determinante en el remodelamiento y organización definitiva de la corteza cerebral.

En esta etapa inicial del desarrollo neurológico se producen muchas más neuronas de las necesarias, lo que requiere una muerte celular programada, facilitando el refinamiento de los circuitos neuronales. La competitividad funcional es la clave de tal eliminación, pues las más utilizadas (con estímulos externos e internos) serán las que perduren (Changeux, 1985; Delgado, 1994; Mora, 2001). La maduración neurológica acaba con el proceso de mielinización, que tiene una secuencia temporal ordenada en las distintas áreas cerebrales, las últimas serían las de asociación terciarias (Eccles, 1992; Lecours, 1982). De este modo, cualquier mapeo entre una localización cerebral y una capacidad cognitiva es una función variable entre dos niveles de descripción de un sistema dinámico, modulado por la demanda de la tarea y no una cartografía estática de la anatomía cerebral (Just et al. 1996).

La estructuración neurológica, muerte celular y mielinización justifican la existencia de un período crítico en el desarrollo de las capacidades cognitivas humanas, pasado el mismo es más difícil o casi imposible que éstas se desarrollen con las mismas características que dentro de él (Changeux, 1985; Delgado, 1994; Flórez et al. 1999; Lenneberg, 1976; Mora, 2001; Yuste, 1994). Durante este período, el cerebro tiene una capacidad de remodelación funcional o plasticidad neuronal muy importante para algunas funciones específicas. Se ha podido ver como, en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que fue preciso su extirpación quirúrgica por lesiones patológicas, las funciones que debían desarrollarse en esta zona (control de la articulación sonora) fueron asumidas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad de articulación del lenguaje (Changeux, 1985; Lenneberg, 1976). No obstante, hay que tener en cuenta que tales regeneraciones funcionales tienen lugar cuando se actúa dentro de ese período crítico, y con una recuperación mayor cuanto más joven sea el enfermo.


Estas características psicobiológicas nos indican que la adaptación cognitiva al medio en el que nacen y viven los seres humanos es muy alta, tanto que se considera como propia, extrañando las características medioambientales y socioeconómicas en las que vivieron sus padres antes de llagar al nuevo hábitat. Así, las primeras adaptaciones se consiguieron con los avances tecnológicos y sociales, pero las generaciones siguientes sintieron el nuevo ambiente (climático, geográfico, tecnológico, social. demográfico, etc.) como propio, por lo que estarían tan perfectamente adaptados como sus avances tecnológicos y sociales les permitieran. Sin embargo, la adaptabilidad humana depende tanto de los factores cognitivos racionales como de los emocionales. En este sentido, puede haber diferencias importantes de comportamiento debido a cualquiera de las dos, o de las dos en conjunto pues siempre van unidas. Estas diferencias dificultarían la supervivencia del grupo y de la población en general, sobre todo en situaciones en las que la supervivencia se hizo especialmente difícil. Concretamente me refiero a la capacidad de relación social intergrupal más allá de la mera relación básica para el mantenimiento demográfico de la población en general. Es decir, la sociabilidad intencionada, constante y motivada como característica social de las poblaciones humanas. 




Estas características se pueden apreciar en aquellas poblaciones en las que a pesar de las distancias geográficas mantienen unos desarrollos socioeconómicos y cognitivos semejantes, homogéneos y generalizados. Esta manifestación conductual y cognitiva ofrece una adaptabilidad muy superior a la de aquellas poblaciones que tuvieran un menor grado de desarrollo generalizado. Este podría ser el caso de las poblaciones de humanos neandertales en comparación con los HAM (desaparición del Neandertal). Por tanto, hay que estudiar a la población en un tiempo determinado (transición paleolítica) y en un área determinada (Europa). De los estudios en conjunto de las dos poblaciones es de donde podemos deducir, con mejor fundamento, las características cognitivas de ambos grupos. No a partir unos pocos yacimientos más señalados realizar extrapolaciones generalizadoras (Contextos culturales y cognitivos en la transición europea). Sin duda, esta sería una forma de aplicación de la Arqueología cognitiva al registro arqueológico.

* Changeux, J. P. (1985), El hombre neuronal. Madrid. Espasa Calpe.
* Damasio, A. R. (1999), El error de Descartes. Barcelona. Crítica.
* Delgado, J. M. R. (1994), Mi cerebro y yo. Madrid. Temas de Hoy.
* Eccles, .J. C. (1992), La evolución del cerebro: creación de la conciencia. Barcelona. Labor.
* Flórez, J.; García-Porrero, J. A.; Gómez, P.; Izquierdo, J. M.; Jimeno, A. y Gómez, E. (1999), Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Santander. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria.
* Jenkins, W. M., Merzenich, M., Ochs, M. T., Allard, T. y Guic-Robles, E. (1990), “Functional reorganization of primary somatosensory cortex in adult owl monkeys after behaviorally controlled tactile stimulation”. J Neurophysiol, 63: 82-104.
 * Just, M. A.; Carpenter, P. A.; Keller, T. A.; Eddy, W. F. y Thulborn, K. R. (1996), “Brain activation modulated by sentence comprehension”. Science, 274: 114-116.
* Lecours, A. R. (1982), “Correlatos mielogenéticos del desarrollo del habla y del lenguaje”, en Lenneberg, E. H. (ed.), Fundamentos del desarrollo del lenguaje. Madrid. Alianza.
* Lenneberg, E. H. (1976), Fundamentos biológicos del lenguaje. AU. 114. Madrid. Alianza.
* Mora, F. (2001), El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
* Rakic, P. (1988), “Specification of cerebral cortical areas”. Science, 241: 170-6.
* Rakic, P. (1995), “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”, en Changeux, J. P. y Chavaillon J. (eds.). Origins of the human brain. Oxford. Clarendon Press. 85-100.
* Yuste, R. (1994), “Desarrollo de la corteza cerebral”. Investigación y Ciencia, 214: 62-68.

domingo 27 de noviembre de 2011

Formas y métodos de Arqueología cognitiva

Cuando escuchamos algo sobre la Arqueología cognitiva enseguida lo relacionamos con el estudio arqueológico de la conducta simbólica humana, que en el periodo paleolítico se relaciona directamente con aquellas conductas asociadas a la creación y uso de elementos decorativos (adornos, plumas, ocres, etc.), enterramientos y, sobre todo, a todo aquello que esté relacionado con las manifestaciones gráficas paleolíticas. En definitiva, es el arte y las conductas religiosas lo que aparentemente constituyen el principal interés de la Arqueología cognitiva en este principio de la humanidad simbólica.

Aunque no son muchos los que se dedican a esta especialidad arqueológica, cada vez se están produciendo más incursiones en este campo. Sin embargo, existe un gran desconocimiento sobre los autores que se han dedicado a tal disciplina, incluso de la forma que lo han encauzado y de los métodos empleados en su análisis, pues presenta una gran variedad de enfoques científicos empleados en su desarrollo, puede que sea un ejemplo de la dificultad que entraña y de sus propias características como ciencia. Así, cuando se habla de Arqueología cognitiva parece que estamos mencionando una metodología compacta y uniforma en la forma de expresarla, entenderla y aplicarla, lo que es totalmente incorrecto. Cada especialista la desarrolla con unos criterios totalmente personales, siendo reflejo de la falta de criterios metodológicos que adolece esta rama de la Prehistoria.  

Aparentemente todos parten de una misma condición, como es lo que uno de sus principales autores (Renfrew) dan a entender: es el estudio de las formas de pensamiento del pasado a partir de los restos materiales. Es decir, estudia el pensamiento de los seres humanos que en pasado produjeron los actuales yacimientos arqueológicos, siendo los datos que de ellos obtenemos la fuente de toda investigación. Esta definición, aparentemente idónea, presenta dos niveles de análisis que no siempre se han seguido, o se ha realizado de diferente forma.

El primero y más evidente es el estudio de los datos arqueológicos. Este camino es el seguido por los métodos clásicos de la Arqueología, por lo menos en parte. En estos estudios siempre se ha intentado averiguar en dónde y cuándo de la producción de los datos arqueológicos. Sin embargo, hay ciertas cuestiones relacionadas con estos datos arqueológicos que no han podido ser tratados con la profundidad que se merecen. Me refiero al porqué y cómo de su producción en ese tiempo y lugar. Su estudio se escapa de las formas clásicas de la Arqueología clásica, pues no han podido ir más allá de la simple opinión de los arqueólogos que han estudiado los yacimientos correspondientes.

El segundo nos mete en las cuestiones pendientes del apartado anterior. En el pensamiento de los seres humanos que realizaron estos yacimientos estarían las claves del porqué y cómo de su realización. Pero su estudio, más antropológico que arqueológico, requiere unas pautas doctrinales diferentes a las utilizadas por la Arqueología tradicional. En este sentido, la tradición académica tiene mucho que ver en la presencia o ausencia de su desarrollo.

El estudio del pensamiento humano es, sin duda, uno de los ejemplos más claro del uso de la interdisciplina científica. Y así lo han entendido todos los autores que a ello se han dedicado, aunque como es lógico con diferente criterio metodológico. Es de esta unión interdisciplinar de donde debe de salir cualquier conclusión relacionada con la Arqueología cognitiva. En este sentido, todos los que se ocupan de estos temas siempre utilizan, de forma más o menos directa o solapada, diversas metodología científicas, incluso se intenta cierta forma de interdisciplinariedad con el fin de fundamentar lo mejor posible sus conclusiones.
Hay que notar que, además de interesarse por las cuestiones anteriormente mencionadas, se intenta comprender las variaciones cognitivas (ya sean de carácter innato, adquirido por el ambiente o de alguna forma de interacción de las dos) que tuvieron los diversos homínidos paleolíticos en su desarrollo cultural y simbólico, con anterioridad al gran desarrollo creativo que se aprecia en el paleolítico superior.

En este contexto, en una anterior entrada ya mencioné los componentes teóricos básicos que deben de utilizarse de forma interactiva en todo proceso de Arqueología cognitiva.  ¿Qué autores son los más significativos es esta disciplina? Tampoco son muy conocidos, aunque todo depende de la publicación de sus trabajos en español y/o en inglés, y de la aceptación que hayan tenido en el mundo académico de cada país. Aunque no son todos si son los más conocidos o los que más han trabajado en este tema:

- Merlin Donald
- Colin Renfrew
* RENFREW, C. (1982): Towards an Archaeology of Mind: an Inaugural Lecture delivered before the University of Cambridge on November 1982, Cambridge, Cambridge. University Press.
* RENFREW, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge ArchaeologicalJournal, 3(2): 248-250.
* RENFREW, C. y E. ZUBROW (eds.) (1994): The ancient Mind. Elements of cognitive archaeology, Cambridge: Cambridge University Press.
- Steven Mithen
- Fiona Coward y Clive Gamble
- Almudena Hernando
- Wynn y Coolidge
* WYNN. T. (1977), The Evolution of Operational Thought, University of Illinois.
* WYNN T. (1981): Intelligence of Oldowan hominids. Journal of Human Evolution 10: 529-41.
- Davidson, I. y Noble, W
* DAVIDSON, I. y NOBLE, W. (1998): “Two Views on Language Origins”. Cambridge. Archaeological Journal 8:1.
* NOBLE, W. y DAVIDSON, I. (1991): “The evolutionary emergence of modern human behaviour: language and its archaeology”. Man 26: 223-53.
* NOBLE, W. y DAVIDSON, I. (1996): “Human Evolution, Language and Mind”. Cambridge: Cambridge University Press.
- Andrew Lock
- Rivera Arrizabalaga
* RIVERA, A. (2005): Arqueología cognitiva. El origen del simbolismo humano. Cuadernos de Historia. Arco Libros. Madrid.

Todos estos autores utilizan varias disciplinas académicas buscando cierto grado de interdisciplinaridad. En general, ofrecen al lenguaje una gran importancia dentro del proceso de evolución cognitiva y conductual, siendo los aspectos fonológicos secundarios en este tipo de estudios. Con este metodología de interconexión multidisciplinaria se intenta disminuir en lo posible la subjetividad científica que siempre ha existido en los análisis relacionados con el simbolismo humano, lo que he intentado como puede verse en el siguiente cuadro y ya he comentado en numerosas ocasiones.



domingo 6 de noviembre de 2011

Los primeros humanos anatómicamente modernos en Europa

El problema de cuándo llegaron los primeros HAM a Europa y con qué cultura no sólo ha suscitado una importante controversia entre los prehistoriadores, sino que se han desarrollado dos posturas totalmente opuestas. En este sentido ya publiqué diversos spots indicando el problema y la interpretación que la Arqueología cognitiva hace del problema (¿Quién creó elPaleolítico superior? La transición del Paleolítico medio al superior. Dificultades interpretativas del Auriñaciense. Auriñaciense).

Un grupo de autores, ante la falta de fósiles humanos en los primeros asentamientos delos HAM, pone en duda su intervención en el inicio del Paleolítico superior, atribuyendo a los neandertales la iniciativa creativa, simbólica y cultural de las primeras manifestaciones culturales de este periodo (Chatelperroniense, Uluzziense, Auriñaciense arcaico y/o de transición, etc.). El resto de los prehistoriadores opinan que fueron los HAM los autores del Auriñaciense arcaico y/o de transición en fechas muy tempranas, impulsando a algunos neandertales a desarrollar culturas simbólicas (Chatelperroniense, Uluzziense). El proceso ha recibido diversos nombres, dependiendo de la propia características de la relación entre las dos poblaciones (interacción cultural, aculturación, cambio transcultural, emulación, desarrollo cognitivo-cultural). Parece que desde la visión metodológica de la arqueología tradicional, para unos la discusión se solucionaría con el hallazgo de fósiles de HAM en unas cronología e industrias muy primitivas (más del 40.000 BP), mientras que para otros sería suficiente la inexistencia de lo anterior y el encuentro de restos neandertales entre los estratos del Auriñaciense de transición. En este contexto, la publicación de dos trabajos sobre fósiles de HAM en fechas anteriores al 40.000 BP y dentro de una industria Musteriense y del Uluzziense, puede aportar nuevos datos esclarecedores o aumentar la discrepancia por los métodos utilizados.

El primero corresponde a un trozo de mandíbula con tres dientes descubiertos en la cueva de Kent en 1927 (Torquay, suroeste de Inglaterra). A finales de 1980 fueron datados por C-14 en una edad de 35.000 BP, asociándose a los HAM. Recientemente, utilizando nuevos métodos de datación del C14 AMS (discutidos por otros, como Zilhão) en el colágeno de los huesos de animales asociados estratigráficamente, Chis Stringer y Thomas Higham los han situado en 44-41.000 BP. publicando la noticia en la revista Nature


El segundo se parece en cierto punto en la metodología y características del estudio. Sobre los fósiles (dos dientes de leche) encontrados en una excavación realizada en 1960 en los estratos uluzzienses de la Grotta del Cavallo (sur de Italia) y atribuidos inicialmente a los neandertales, se han realizado nuevos análisis y los autores (Stefano Garzelli, Katerina Douka, et al.) los han atribuido a los HAM. Igualmente la noticia ha sido publicada en la revista Nature. Su datación es muy antigua fechándose entre 45-43. 000 BP, pudiendo ser los restos más antiguos de los HAM en Europa. El estudio se ha centrado en la comparación de modelos digitales de los dientes encontrados con una importante muestra dental de las dos poblaciones humanas del periodo (HAM y HN).


Las dos publicaciones indican la existencia de los HAM en épocas muy anteriores y con culturas simbólicamente primitivas, lo que contradice la independencia y primacía cultural del Neandertal, el cual sería el creador del Paleolítico superior, mientras que los HAM no llegarían a Europa hasta el 36.000 BP con un Auriñaciense primitivo pero claramente desarrollado y de un origen desconocido. Igualmente, supone una nueva incógnita sobre los autores del Uluzziense, pues habría que profundizar en conocer quienes fueron sus autores, si es una simple evolución cultural del Musteriense producida por los neandertales en solitario, o se debió al contacto de los HAM, como indica unos de sus autores el investigador del CSIC Michael Coquerelle.  


Para la arqueología tradicional la existencia de los fósiles es la principal prueba de la autoría cultural. Mientras que para la Arqueología cognitiva, aunque su presencia es de una ayuda inestimable, no es un requisito imprescindible. Todo desarrollo cognitivo y cultural es un continuum histórico, de aspectos muy heterogéneos en el tiempo y en el espacio, pero siempre hay antecedentes culturales y características ambientales que posibilitan su aparición y desarrollo (contexto cognitivo y cultural). Si aceptamos la evolución cultural y simbólica del Chatelperoniense a partir de un Musteriense de tradición Achelense como características del continuum histórico de los neandertales en las zonas el oeste de Europa donde se desarrolló esta cultura (similar al ocurrido en Italia con el Uluzziense), hay que buscar el continuum histórico correspondiente al Auriñaciense propio de los HAM. Los aspectos tecnológicos, simbólicos y cognitivos de todas las manifestaciones auriñacienses indican que constituyen el origen y desarrollo del continuum histórico de los HAM en Europa. Éstos, partiendo de un Musteriense propio de zonas del oeste de Asía, comenzaron a desarrollarse simbólicamente en Europa, posiblemente con unas características de rapidez y complejidad que se vieron favorecidas por la existencia de las poblaciones neandertales con las que tuvieron que interactuar. El desarrollo cognitivo se dio en las dos poblaciones, si bien en cada una de ellas con los condicionantes de sus propias características cognitivas, configurando diversos estadios intermedios de este complejo desarrollo.

Quien quiera profundizar en estas ideas puede leer mi trabajo sobre este problema publicado el la revista de Tiempo, Espacio y Forma de la UNED.

viernes 21 de octubre de 2011

Inicio de una conducta simbólica en el Paleolítico

Recientemente se ha publicado en la revista Science un nuevo descubrimiento de la cueva sudafricana de Bomblos. Como en otras ocasiones se trata de restos de ocre, pero que en esta ocasión se han encontrado pagados a dos conchas, con restos de hueso, de carbón vegetal, piedras para moler y martillos de piedra, lo que da a entender que son los utensilios para su manipulación o preparación para su uso como pigmento. Un dato muy interesante es que las dataciones lo sitúan sobre el 100.000 BP, siendo mucho más antiguo que otros descubrimientos parecidos en este mismo yacimiento, pues el más antiguo conocido se databa sobre el 70.000 BP. Los autores del trabajo señalan que es la primera vez que se encuentran restos de pigmentos junto a herramientas utilizadas para su procesamiento, aún contenidos en una concha.

Imagen del ocre dentro de las conchas descubierto en Bomblos y con 100.000 BP.


Imagen del bloque de ocre decorado descubierto en Bomblos con 70.000 BP.


Tres son los aspectos que hay que resaltar:
- La antigüedad del registro arqueológico, pues se sitúa en una etapa precoz de la evolución de los humanos anatómicamente modernos.
- La capacidad de planificación en un tiempo amplio en el que se reconoce al menos un futuro próximo (búsqueda, localización, trasporte y manipulación para un fin determinado) que tal procedimiento conlleva.
- El posible uso que puede asociarse al mismo, pues este puede ser variado. Simbólico, como muestra de diferenciación social o personal (pintura corporal). Práctico, para protegerse la piel de los insectos u otra utilidad técnica desconocida. 

El primero nos lleva a una antigüedad muy importante, aunque aún lejos del inicio de nuestra especie. En este contexto, la afirmación de Colin Renfrew (2008) sobre la paradoja del sapient sigue plenamente vigente. Esta paradoja cultural y cognitiva se documenta sobre que el origen evolutivo de nuestra especie queda establecido entre 150-200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento “sabio” (simbólico y complejo) no aparecen hasta hace sólo 70.000 años (p.e. en África en Bomblos), aunque es posible que haya que retroceder en el tiempo esta forma moderna de conducta. Curiosamente es en el mismo lugar donde hay que retrotraer el inicio de conductas complejas (planificación, concepto de uso futuro y posible simbolismo) varios milenios. 
  
El segundo nos indica el desarrollo de la planificación conductual en el espacio y en el tiempo, base primordial de todo desarrollo cognitivo relacionado con la autoconciencia, pues no deja de ser un conocimiento de sí mismo y de los demás ubicado en un tiempo y espacio en continuo desarrollo cognitivo y cultural. Si aceptamos que el desarrollo de la autoconciencia en un proceso cognitivo emergente, como se desprende de la propia paradoja de Renfrew, el desarrollo de estos conceptos serían la antesala del mismo (la conducta en el tiempo y el espacio, y la necesidad de marcar diferencias sociales o individuales).

El tercero puede que sea el más polémico, pues tradicionalmente se carece de una metodología que nos permita realizar un análisis sobre conductas simbólicas en ese periodo tan antiguo con tan pocos datos. Creo que la Arqueología cognitiva debe ser la encargada de su realización, aunque con unos parámetros que sólo desde una perspectiva psicobiológica y un estudio interdisciplinario se puede llagar a unas conclusiones mínimamente fundamentadas. 

Esta orientación metodológica intenta analizar los datos arqueológicos por medio de las conclusiones que la interdisciplariedad entre la Neurología, Psicología, Biología evolutiva y sociología nos pueden ofrecer. En este sentido, el aumento de la demografía, de las relaciones sociales y desarrollo tecnológico son fundamentos primordiales para el inicio de una autoconciencia situada en contextos temporales y espaciales amplios. El simbolismo no es una cualidad humana que puede aparecer de forma independiente a otras cualidades cognitivas de los seres humanos. El cerebro humano, y por tanto su conducta, actúa de forma coordinada entre sus numerosos centros nerviosos. Así, muchas formas conductuales, que aparentemente parecen independientes entre sí, son la consecuencia de la acción conjunta de numerosos y muchas veces similares áreas cerebrales especializadas por medio de la experiencia sobre una base innata común.

Para que exista un simbolismo relacionado con la autoconciencia social y/o personal tienen que establecerse en esa sociedad elementos diferenciadores (tecnológicos, logísticos, sociales, etc.) que haga necesaria su señalización por medios de elementos claramente identificables socialmente.

Para ello las poblaciones tienen que desarrollar un mínimo desarrollo socioeconómico (Hernando, 2002), lo que hay que buscar en el yacimiento y en el área logística en el que sus habitantes adquirían sus medios de supervivencia e interaccionaban con otras poblaciones. Este sería el camino en el que habría que buscar el posible simbolismo de tales muestras de ocre, pues si en la región (no sólo en el yacimiento) no existen muestras de este desarrollo socioeconómico habría que pensar que el uso de este ocre sería más técnico y práctico que simbólico. 

Como podemos ver, tal camino está todo por establecer, pues la realización de estudios interdisciplinares de carácter psicobiológico en Arqueología es una práctica casi inexistente en este medio académico. Incluso, lo que es peor, prácticamente no existe interés en su realización. 

* HENSHILWOOD C.S. et al. (2011): “A 100,000-Year-Old Ochre-Processing Workshop at Blombos Cave, South Africa”, Science 334.
* HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).

domingo 2 de octubre de 2011

Posibilidades de la interdisciplina


Aunque los trabajos interdisciplinarios escaseen mucho, su concepción y posible utilización constituyen un objetivo que en ciertos medios siempre se ha tenido en cuenta. En este sentido, la revista Ludus Vitalis (editada en México) en la que colaboran tanto universidades de éste país (Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa) como de España (Universitat de les Illes Balears), ha creado un foro sobre las posibilidades de la interdisciplina.

Las numerosas aportaciones al mismo pueden verse en su último número (Ludus Vitalis. Vol XIX, núm. 35, 2011), lo que creo que puede ser muy interesante por su aportación a la divulgación de un tema y método científico, considerado por todos como importante, que es poco conocido y menos utilizado.


Su interés en la Prehistoria se debe a la importante contribución que puede aportar al desarrollo de metodologías que utilizar en la compleja interpretación de la conducta humana en el Paleolítico. Sus problemas prácticos ya los enumeré en la entrada de multidisciplina e interdisciplina, así como en el foro en el que participo.

jueves 22 de septiembre de 2011

Interdisciplinariedad entre Arqueología y Paleontología


La Paleontología humana es una ciencia que continuamente está ofreciendo nuevos y variados descubrimientos, los cuales rompen el esquema evolutivo expuesto hasta principios de este siglo. En líneas generales se basaban en la formación de diversas especies humanas con un aparente progreso anatómico, cognitivo y cultural, aunque la relación entre estas especies (Homo habilis, esgaster, erectus, antecessor, heidelbergensis, neanderthalensis, sapiens) variaba según los autores que explicaban el modelo. En la actualidad se están produciendo importantes cambios sobre la concepción de tal proceso evolutivo, consecuencia de varias razones, unas de reciente creación y otras ya expuestas desde hace años. Se pueden destacar los siguientes:

- La mejora en la tecnología aplicada en las dataciones arqueológicas y paleontológicas siempre ha supuesto un importante avance y fuente constante de cambios de conceptos que con anterioridad se tenían como inamovibles.
- La continua búsqueda de nuevos yacimientos que aumenten los datos del registro arqueológico y paleontológico, hace igualmente que con nuevos datos mejor datados se logren nuevas teorías sobre la evolución de nuestro linaje.
- El desarrollo de formas de análisis del ADN fósil constituye, por sus características científicas más fiables (hasta cierto límite aún no concretado), la forma de adquisición de una información biológica (grados de hibridación entre diferentes homínidos, posibles especies humanas no conocidas) que sería imposible con los tradicionales métodos usados.
- El deterioro de la credibilidad de las teorías evolutivas sobre el género humano que explican su producción como una aparente forma casi lineal. Admitiendo la posibilidad del cruce y perduración de diferentes poblaciones humanas, tenidas hasta entonces como especies independientes y de compleja relación entre ellas.
- La limitación del concepto de especie (cruce y descendencia fértil) como único concepto unificador o diferenciador de poblaciones similares anatómicamente. Si hay hibridación es que son iguales y sus diferencias serían sólo las propias variaciones interespecíficas, aunque existieran otros criterios que indicasen lo contrario.  


En esta línea se encuentra una reciente publicación de la revista PLos ONE sobre nuevos datos del fósil de Iwo Erleru. Se trata de un cráneo de humano arcaico datado en dos ocasiones diferentes sobre el 13.000 BP. Este fósil presenta rasgos anatómicos modernos y primitivos, lo que plantea numerosos problemas. Destaca la pervivencia de poblaciones primitivas hasta fechas muy recientes (en las que se creía que sólo existían los HAM), y la posible hibridación entre humanos arcaicos y modernos. El trabajo indica que la sustitución no fue total en África y, posiblemente, tampoco en Eurasia, donde la expansión de los HAM pudo producir hibridaciones con otras poblaciones humanas de formas anatómicas más primitivas (p. E. los neandertales) o sólo conocidas popr medio de su ADN (p. e. los restos humanos de Denisova). Estas conclusiones, junto con la pequeña hibridación conocida por medio del análisis del ADN del Neandertal, están indicando que algo debe de cambiar en el mundo de la Paleontología y, por consiguiente, de la Arqueología.


El tradicional concepto de especie ya ha sido analizado en una entrada anterior (Arqueología y Paleontología). Sin embargo, el uso de sus conceptos continua siendo fuente de problemas en la Arqueología, pues se carece de una correcta interdisciplinariedad entre ambas ciencias. La comprobación arqueológica de la existencia de varios homínidos en un mismo periodo de tiempo (HAM, HN, Humanos de Denisova) con un ADN claramente diferenciado y con pequeñas hibridaciones, y formas culturales muy diferentes (respecto al desarrollo cognitivo de base simbólica), supone una compleja superposición de datos de difícil articulación, sobre todo si se intenta una adecuada adaptación de los datos de la ciencias utilizadas (Arqueología, Paleontología y Biología evolutiva).


Pongamos como ejemplo la relación entre los HAM y HN, pues es donde más datos tenemos. Ya vimos las diferencias genéticas, anatómicas (somáticas y neuroanatómicas), así como la diferenciación evolutiva y ontogénica que existe entre los neandertales y los HAM (El enigma Neandertal). Todo es la consecuencia de dos diferentes procesos evolutivos de aproximadamente unos 500 000 años de antigüedad a partir de un ancestro común (lo más probable del Homo erectus/esgaster), uno evolucionando en Africa y el otro en Europa/Asia. El problema aparece con la relación evolutiva que pueden tener ambas poblaciones humanas. Si son miembros de una misma especie, pertenecen a especies diferentes, o la clásica definición de especie (su cruce produciría descendientes fértiles) no es suficiente para caracterizar tal relación.

Que son la consecuencia de dos líneas evolutivas a partir de un ancestro más primitivo es un hecho plenamente aceptado. Por otro lado, un axioma evolutivo indica que nunca dos evoluciones diferentes en el espacio (diferente área geográfica de producción), aunque sean coetáneas),dieron resultados iguales. Esto nos lleva a aceptar una comprobada diferenciación anatómica (somática y neuroanatómica). Dada la complejidad del sistema nervioso humano es fácil de admitir que, sobre la base de las variaciones neuroanatómicas neurológicas, debió de existir diferencias apreciables entre la fisiología psicobiológica de las dos poblaciones, lo que se plasmaría en el registro arqueológico con comportamientos (de raíz emocional y racional) diferentes. No como hechos puntuales realizados por algunos miembros de una u otra población, sino como resultado del estudio global de cada una de las dos poblaciones consideradas en conjunto como elementos independientes de análisis.

Craneos de HN y HAM (Stringer y Gamble, 1996)

Si se indica que las dos poblaciones humanas tuvieron las mismas capacidades cognitivas (emocionales y racionales), sólo nos queda una única solución evolutiva, que en el ancestro común del cual descienden ya existían tales capacidades cognitivas, por lo menos en un grado de desarrollo que permitiera producir, sin nuevos cambio evolutivos, la conducta moderna que luego se vio entre los HAM y HN. Si para compaginar los datos de la Arqueología y Paleontología del periodo de transición al Paleolítico superior, hay que aceptar tal razonamiento (que no cuadra en absoluto con los datos arqueológicos relacionados con todos los homínidos anteriores estas poblaciones), creo que esta hipótesis no cumple en absoluto ningún criterio de interdisciplinariedad.

Pero el error puede estar en el principio, al considerar a las dos poblaciones de la transición (HAM y HN) como miembros de una misma especie y, por tanto, iguales en todas sus características cognitivas. El admitir su pertenencia a una misma especie sólo indica que miembros de estas dos poblaciones pudieron mezclarse y tener descendientes fértiles (hibridación), pero no que fueran iguales en sus características somáticas (hecho bien comprobado), psicobiológicas y conductuales (en discusión).


Si la interdisciplinaridad se amplia con los parámetros de la Biología evolutiva, Neurología, Psicología y Sociología, no cabe duda que la complejidad del estudio aumenta mucho, pero la subjetividad científica disminuiría notablemente, lo que a la larga sería beneficioso para todos.

* STRIGER, C. y GAMBLE, C. (1996): En busca de los Neandertales. Crítica, Barcelona.