jueves, 23 de junio de 2011

Etnología y Prehistoria

La Etnología siempre ha tenido cierta relación con los estudios prehistóricos, tanto es así que en muchas universidades constituye una asignatura de igual importancia que cualquiera del total del programa lectivo. Desde el inicio de la Prehistoria como disciplina se ha intentado sacar conclusiones de los pueblos actuales que presentaban unas formas de cultura y desarrollo tecnológico aparentemente muy parecidas al que pudieron tener los seres humanos paleolíticos. Mucho se ha hablado de estas comparaciones, pero los resultados son poco satisfactorios.







Imagen de aborígenes australianos con su primitiva cultura material (útiles de piedra, lanzas de madera, bumerang, etc.) con ciertas semejanzas a un impreciso periodo paleolítico. 






Actualmente, se ha llegado a la conclusión de que los modelos etnológicos no deben ser aplicados directamente, pero sirven para tomar conciencia de la variabilidad de la conducta humana y crear hipótesis de trabajo. De lo primero estoy de acuerdo, pero lo segundo habría mucho que matizar.

I.- Variabilidad de la conducta humana. Aunque los actuales procesos de globalización van unificando las formas culturales, continúa siendo patente la gran diversidad cultural que existe en las diferentes comunidades humanas. Parece ser una constante que caracteriza el desarrollo de nuestras formas culturales. Sin embargo, tal variabilidad actual es la consecuencia de un complejo y desconocido desarrollo cultural que debió de comenzar en el paleolítico, hace cientos de miles de años. Podríamos limitarnos a la aparición del Homo sapiens, con lo que el periodo de desarrollo cultural se limitaría a unos 150.000 años. La variabilidad en un hecho consumado, pero ¿qué semejanza pueden tener las culturas de nuestra época con las del paleolítico?, y lo que es más complejo aún ¿qué seguridad podemos tener en cualquier analogía que establezcamos?

Un ejemplo de esta variabilidad cultural entre poblaciones modernas (de iguales capacidades cognitivas, pero diferente medio ambiente y desarrollo cognitivo) lo constituye el estudio de los indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales. Se llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los conocidos en nuestras sociedades (Hernando, 1999). Si en la actualidad existen estas diferencias de desarrollo cognitivo, más posibilidades habrá de que se produjeran en las culturas paleolíticas.

II.– Creación de hipótesis de trabajo. El uso de la Etnografía, además de servirnos de comprobación de la variabilidad de la conducta humana, ha estado orientada en la posibilidad de creación de hipótesis de trabajo sobre las formas de culturas de las poblaciones paleolíticas. Lo cierto es que, salvo algunas utilizaciones sobre temas simbólicos (enterramientos, arte, etc.), muy pocas veces se ha utilizado como referente hipotético de las conductas de los yacimientos humanos de este periodo. La razón es la que se apuntó anteriormente, la total falta de seguridad e imposibilidad de comprobación. Estas hipótesis parten de la base de la igualdad cognitiva de los humanos del presente con las poblaciones (al menos con el Homo sapiens) del paleolítico. Aunque esta premisa es cierta, no dice toda la verdad que hoy día conocemos. Las capacidades cognitivas del Homo sapiens (actual y del paleolítico) son las mismas, pero su desarrollo no. Esta última consideración es la que menos se ha tenido en cuanta, y la que más dificulta la posibilidad de que las culturas del presente puedan parecerse a las del pasado.

En muchos medios arqueológicos se sigue trabajando con los patrones psicobiológicos de desarrollo cultural y cognitivo propios de épocas ya superadas. Los conceptos evolutivos, genéticos, neurológicos y psicológicos que van a marcar todo proceso de desarrollo conductual, tienen unos patrones de comportamiento mucho más flexibles que los rígidos conceptos utilizados en el siglo pasado. El cerebro humano consigue su definitiva estructuración conductual (elaboración de redes neurales) por medio de la influencia del medioambiente con el que interactúa. La evolución, al aumentar las áreas asociativas terciarias (de gran potencialidad conductual si se desarrollan adecuadamente) posibilitó el desarrollo de los patrones conductuales de naturaleza simbólica que nos caracteriza. Pero las características del medio ambiente necesario para tal desarrollo hay que crearlas, mantenerlas y transmitirlas generacionalmente, lo que explica la imperiosa necesidad de un lenguaje; así como de tiempo para crear este determinado ambiente cultural (nicho cultural).

Estas características, ya comentadas a lo largo de este blog y que forman el fundamento de la Arqueología cognitiva, son las que impiden la asimilación de las formas culturales del presente con las del pasado, ni siquiera como modelo de hipótesis, pues la conducta de las poblaciones humanos de estos periodos (presente y paleolítico) corresponden a dos situaciones cognitivas y conductuales muy diferentes. Una está en pleno proceso de elaboración de sus elementos más básicos (individualidad social y personal, conceptos de tiempo y del espacio), y la otra lleva miles de años de desarrollo tras alcanzar esos elementos básicos que posibilitan su evolución.

Por tanto, existe una importantísima diferenciación de desarrollo cognitivo (no de capacidades) que justifica la existencia de diferentes evoluciones culturales, basadas en la libre y diferente interpretación de los conceptos de naturaleza abstracta, como son la individualidad social y/o personal, el tiempo, el espacio y, en definitiva, el mundo simbólico que se está creando.

Es en los temas estrictamente simbólicos donde más se han utilizado estas comparaciones, puede que por la falta total de un método de análisis que posibilite su estudio, y la necesidad de exponer hipótesis con un mínimo de referencias que ofrezcan cierto soporte aparentemente científico. Un ejemplo lo tenemos en la traslación de los encargados de materializar la relación entre el mundo material y el espiritual del presente al pasado. Cualquiera de las figuras descritas por la etnografía para establecer las relaciones de los humanos con un mundo espiritual (brujo, chamán, hechicero, etc.) le otorga unas características infundadas para su aplicación a las sociedades paleolíticas. Primero, por no conocer las características del desarrollo espiritual del paleolítico, que tendría sus propias connotaciones consecuencia de la demanda social del periodo. Segundo, el proceso de desarrollo espiritual se produce a lo largo del Paleolítico superior, teniendo diversas características en sus diferentes periodos, pues todo desarrollo cognitivo y cultural es un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, y toda generalización siempre es excesiva y engañosa.

El uso de la Etnología queda relegado a ofrecernos datos sobre la variabilidad de las culturas humanas, pudiendo incluso ofrecernos datos sobre la generalidad de procesos muy universales (conductas espirituales, religiosas, necesidad de intermediarios con el mundo inmaterial, etc.), pero nos obliga a buscar metodologías apropiadas en su explicación científica, y a basarnos estrictamente en los datos arqueológicos, con el fin de limitar los criterios subjetivos que tanta incertidumbre introducen en el trabajo de la Prehistoria.


HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 56 (2), p. 19-35.