domingo, 27 de junio de 2010

Metodología del Estructuralismo funcional

El desarrollo teórico de la Prehistoria siempre ha estado supeditado por la metodología que se haya aplicado en la interpretación de los datos arqueológicos obtenidos en las excavaciones. En este sentido, el prehistoriador realiza su función con sus propios conocimientos y método de trabajo e interpretación, los cuales dependen de las tendencias culturales y metodológicas del momento histórico en el cual vive. Su intención siempre es ser lo más objetivo posible, pero la realidad humana se impone a sus intenciones. Sólo se puede analizar la realidad observada en función del conocimiento que se posea sobre el mundo en general, lo que otorga a la metodología un papel crucial en el desarrollo de las explicaciones arqueológicas.

Sin embargo, la metodología es la parte de la disciplina que menos adeptos consigue, pues su estudio y desarrollo conceptual aparece como un trabajo complejo, difícil y aparentemente apartado del trabajo de campo (prospección, excavación y primeras valoraciones), y del posterior análisis de los datos obtenidos. La realización de este trabajo se realizaría bajo los parámetros doctrinales de la metodología adoptada por el equipo arqueológico, por lo que la elección del mismo marcaría la trayectoria de la investigación. No obstante, conociendo los errores del pasado en este sentido, donde sólo se analizaba en profundidad lo que parecía de importancia, en la actualidad se intenta describir absolutamente todo lo que se encuentra, pues los datos que en este momento pueden parecer que tienen poco interés en un futuro pueden ser relevantes en interpretaciones realizadas bajo otros parámetros metodológicos.

Pero la inercia académica es la que marca muchas veces, por suerte no siempre, la dinámica del desarrollo de la Prehistoria. Así, continúa siendo muy aceptado explicar los cambios conductuales como adaptaciones, que los seres humanos de cada momento y lugar se ven obligados a realizar para poder sobrevivir. Tal idea parece tener una lógica difícil de contradecir, pues desde luego es un concepto cierto, sólo que puede que no sea toda la verdad.

¿Porqué los cambios culturales de las poblaciones paleolíticas aparecen en periodos determinados y en diferentes zonas geográficas, a pesar de que los cambios evolutivos necesarios para su realización se produjeron con muchos milenios de anterioridad? Es decir, si el Homo sapiens apareció en Africa hace una media de 150000 años, aparentemente con las capacidades cognitivas propias de la especie, porqué la conducta simbólica no apareció hasta muchos milenios después (en Europa sobre el 40000 BP). Incluso en lo referente al Neandertal, cómo pudo durante la mayor parte de su existencia (todo el Paleolítico Medio) carecer de una conducta claramente simbólica, y sólo al final de su existencia y de forma restringida (Chatelperroniense y Uluzziense) desarrollar una conducta de carácter simbólico.

Aún estemos lejos de conocer la respuesta con plena seguridad, pero cada vez está más claro que el medio ambiente físico no pudo ser exclusivamente la única causa que originó estos cambios conductuales. Del uso de una u otra metodología interpretativa obtendremos respuestas diferentes, concretamente la afirmación anterior se fundamenta en los parámetros de la denominada como Nueva Arqueología, pero sus respuestas no pueden responder satisfactoriamente la pregunta anteriormente expuesta.

La Arqueología cognitiva intenta ofrecer respuestas a este tipo de preguntas. Concretamente indica que la aparición evolutiva de las funciones cognitivas que condujeron a la creación de las conductas más complejas en el Homo sapiens, no supone necesariamente un nuevo desarrollo evolutivo, sino una nueva estructuración psicobiológica. No es imprescindible la creación de nuevas neuronas o áreas para la ubicación de estas conductas nuevas (lenguaje, pensamiento abstracto, escritura, arte, religión, etc.), sino la remodelación neurológica, dentro del periodo crítico, consecuente con la calidad y cantidad de la información que se obtiene del medio ambiente. Tal concepto es lo que se domina, en la terminología psicológica, como desarrollo de capacidades cognitivas emergentes.

El neurofisiólogo y psicólogo Alexandre R. Luria (1967), considerado uno de los padres de la neurología moderna, expresa de la siguiente manera la evolución cognitiva del Homo sapiens en su articulo “L. S. Vygotsky y el problema de la localización funcional”:

El hecho de que en el curso de la historia del hombre haya desarrollado nuevas funciones no significa que cada una de ellas descanse en un nuevo grupo de células nerviosas ni que los nuevos “centros” de las funciones nerviosas superiores sean semejantes a aquellas tan ansiosamente buscadas por los neurofisiólogos durante el último tercio del siglo XIX. El desarrollo de nuevos “órganos funcionales” se realiza a través de la formación de nuevos sistemas funcionales, constituyendo un medio para el desarrollo ilimitado de la actividad neuronal. El córtex cerebral humano, gracias a este principio, se convierte en un órgano de civilización en el que se hallan escondidas posibilidades ilimitadas, y no exige nuevos aparatos morfológicos cada vez que la historia crea la necesidad de una nueva función.

Ya sabemos que la evolución nos ofrece unas características cognitivas o mentales. Las más elementales y básicas son las que nos permiten la obtención de la información por medio de la captación, modulación y transmisión de los estímulos sensoriales externos (visión, audición, olfato, gusto y tacto), con ellas es posible una relación con el medio que nos rodea. Para una operatividad óptima se necesita imperiosa y constantemente la recepción de datos sobre los que trabajar, sin ellos no hay una funcionalidad adecuada y las consecuencias pueden ser desastrosas. El desarrollo de las capacidades cognitivas más complejas y específicamente humanas (emergentes) se produce gracias a la información que adquieren por medio de los receptores sensoriales, y al procesamiento de tales datos que se realizará en nuestro cerebro. (Qué es el cerebro).

Estas capacidades cognitivas específicas son las que van a marcar la conducta, así como la eficacia adaptativa de cada población e individuo. Destacaremos las más fundamentales para lograr una conducta moderna. Primero, alcanzar evolutivamente una capacidad de razonamiento que permita la reflexividad y flexibilidad conductual humana. Se trata de percibir y memorizar las experiencias vividas, relacionar hechos, y deducir conclusiones o conductas mediadas por el desarrollo de las abstracciones conceptuales (capacidades emergentes). Segundo, la creatividad es una propiedad fundamental en todo este proceso, pues es el origen de la aparición de nuevas conductas. Tercero, la capacidad para poder ejecutar tales acciones, por medio de las funciones ejecutivas humanas, cuya localización se asocia a las áreas asociativas del lóbulo prefrontal. Naturalmente, sobre la base del funcionamiento global de nuestro sistema nervioso, no hay que olvidar su estrecha relación con el Sistema Límbico o cerebro emocional, dando la importancia que merece en la conducta humana todos los aspectos relacionados con la motivación (interés y componente afectivo) en el deseo de una mayor adaptabilidad ambiental y sociocultural (Ardila et al. 2006).

Los aspectos ambientales (geográficos, climáticos, de la flora y fauna, etc.) junto con los sociales, culturales y demográficos, son siempre presiones que motivan a los seres humanos a producir mejoras conductuales, en el intento de solucionar los problemas de supervivencia social y personal que soporten.


Los factores sociales, como los ambientales, van a producir constantemente problemas que solucionar. Estarían estrechamente relacionados con los procesos demográficos, de supervivencia, de relación y estructuración social, etc. Naturalmente, las soluciones o cambios de conducta que pudieran originar, estarían siempre basados en los antecedentes culturales del grupo. La actuación de estos factores sociales siempre serían un reflejo del desarrollo de las capacidades cognitivas emergentes que van a posibilitar la conducta moderna (reflexividad cognitiva y flexibilidad conductual). Con su logro se asocian ideas, se producen nuevos conceptos, y aparecen diferentes conductas con mejores soluciones.

La unión funcional de estos aspectos psicobiológicos, ambientales y sociales son los que van a producir la aparición de conductas humanas de carácter simbólico y moderno (abstracciones, simbolismo, autoconciencia, pensamiento verbalizado, lenguaje simbólico, escritura, etc.). El ejemplo más claro y con mayor trascendencia en el desarrollo simbólico humano, es el lenguaje, pues sirve como catalizador de la conducta social e individual de los seres humanos. Socialmente, porque es el principal elemento de comunicación social, sirve como almacenaje generacional de los conceptos e ideas socialmente logrados, es fundamental en la enseñanza a los nuevos componentes del grupo de tales ideas, y facilitar la acción conjunta de la sociedad. En el plano individual, porque es una herramienta de gran importancia para el pensamiento simbólico, al desarrollar el lenguaje interno.

En este sentido, el lenguaje y la conducta moderna serían la manifestación del desarrollo cognitivo logrado por la unión funcional de las capacidades cognitivas emergentes, creatividad y las funciones ejecutivas suficientemente desarrolladas, así como de la existencia de un medio ambiente que motive a la sociedad, obligándola a comunicarse para solucionar los problemas cotidianos.

Naturalmente, este complejo proceso necesita un tiempo de desarrollo, lo que explica su posterior aparición al inicio de la especie del Homo sapiens. Durante el tiempo necesario para la creación de los conceptos abstractos, por parte de la nueva especie evolucionada, se producirían diversos focos creativos, con un carácter independiente entre ellos. Tal parece ser el caso de África y Europa, aunque cada área geográfica pudo tener unas motivaciones diferentes que siempre hay que intentar analizar, explicando además el carácter de mosaico heterogéneo en el tiempo y el espacio que se aprecia en la transición paleolítica (Straus, 2005).





* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Luria, A. R. (1967): L. S. Vygotsky y el problema de la localización funcional. Psicología soviética, 5 (3): 53-57.
* Straus, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67.