viernes, 1 de mayo de 2009

La realidad del Chatelperroniense

Los datos aportados por los yacimientos chatelperronienses son a veces escasos y parciales, siendo muy difíciles apreciar muchas de las características que configuran esta cultura. Diversos autores (Maroto et alii., 2005) opinan que, además de encontrar algún fósil director (punta de Chatelperron), debe existir una tecnología claramente laminar para ser atribuido a una cultura moderna (Chatelperroniense). Parece lógico pensar que para asumir una plena modernidad, además de la clásica tecnología lítica, debería haber otra fundamentada en las materias primas biológicas (hueso, asta, marfil), pues sería un claro índice de la existencia de sus dos principales cualidades (reflexividad y flexibilidad conductual). El uso de otras materias primas, la creación de nuevas formas de trabajo y la creación de herramientas más idóneas para mejorar su adaptabilidad, es un claro exponente de un pensamiento y conducta moderna.


Con estas premisas, hay que recordar que de los 125 yacimientos que componen el registro chatelperroniense en Francia y la Península Ibérica (Demars, 1996; d´Errico et alii., 1998), sólo seis de ellos tienen objetos de adorno en sus conjuntos, y siete presentan una tecnología ósea (de los cuales cinco coinciden con los primeros). Tal hecho confirma la falta de homogeneidad en el desarrollo tecnológico y simbólico del chatelperroniense francés. Habría que valorar la situación real de tales yacimientos sobre su tecnología laminar, pues puede que, como se ha visto en España, algunos de ellos fueran más un Musteriense con puntas de Chatelperron que un clásico Chatelperroniense. Incluso preguntarnos si la realidad del Chatelperroniense es más un desarrollo tecnológico que una cultura simbólica y moderna ampliamente extendida.


Una minoría, por muy desarrollada que sea su cultura (p.e: Chatelperroniense), no puede representar a toda la población de neandertales, pues entre ellos existen otras formas culturales menos desarrolladas (p.e: Musteriense más o menos evolucionado), lo que también hay que tener en cuenta al explicar por qué algunos neandertales elaboraron una conducta moderna y simbólica, y otros, geográficamente muy próximos, persistieron con el Musteriense. El mundo neandertal, en este concreto período y lugar, es muy complejo y variado, impidiendo que cualquier respuesta sencilla pueda representar su realidad. Este complejo ambiente tecnológico ofrece un panorama confuso cuyo aspecto es el de mosaico cultural, donde la rapidez y características de la transición presentan situaciones diferentes en el tiempo y en el espacio (Straus, 2005).

Ya en las poblaciones neandertales del Paleolítico Medio encontramos ciertos desarrollos laminares (Boëda, 1990; Révillion y Tuffreau, 1994), que en el período transicional adquieren diversas evoluciones dispares y paralelas. Unas acaban en culturas con un importante componente laminar (Uluzziense y Chatelperroniense), mientras que otras continúan con las formas tradicionales del Musteriense con mayor o menos desarrollo tecnológico. Está suficientemente claro que la producción tecnológica laminar pudo ser desarrollada independientemente por los neandertales, sin necesidad del aporte cultural de los HAM (Baena y Carrión, 2006; Pelegrin y Soressi, 2007). Sin embargo, aunque el uso de hojas es amplio, existen grandes áreas geográficas (intercaladas entre estas culturas de uso laminar) en las que no existe este desarrollo tecnológico, donde el Musteriense pervive con formas tradicionales (Península Ibérica, zonas de Francia, Italia y Grecia, y Centroeuropa), o con leves avances tecnológicos que no son lo suficientemente importantes como para definirlas como una cultura moderna (p. e. Neroniense, Musteriense con puntas de Chatelperron). El desarrollo tecnológico es amplio y muy variado (Baena y Carrión, 2006), pero con importantes limitaciones, posiblemente sociales y de comunicación, que amortiguan su difusión geográfica.

El Chatelperroniense es el resultado de la evolución del Musteriense de Tradición Achelense tipo B (MTA B). Si consideramos que la tecnología lítica laminar (tanto en sus criterios tecnológicos como tipológicos) forma un criterio suficiente para definir a una cultura como moderna, el Chatelperroniense sería una conducta moderna y propia del Paleolítico Superior. Pero si exigimos criterios de reflexividad y flexibilidad, evidentemente no se cumplen con sólo estas características tecnológica y tipológicas. Así, aunque cronológicamente esté situado el Paleolítico Superior, su conducta, valorada con los patrones de la tecnología lítica, aún no ha alcanzado el desarrollo cognitivo necesario, salvo en las áreas y yacimientos con adornos y tecnología ósea.


Ya vimos en el modelo del simbolismo humano las condiciones y característica necesarias para su desarrollo. Los caracteres de emergencia y acumulación dentro de un medioambiente adecuado pueden explicar, al menos desde un punto de vista general, este mosaico cultural del mundo del Neandertal. En este sentido puede existir una tecnología laminar característica del Chatelperroniense (más antigua que el Auriñaciense de los HAM) con cierta independencia de su desarrollo simbólico (adornos). El desarrollo cultural de la tecnología ósa y la creación de adornos daría lugar a un Chatelperroniense simbólico, mucho más restringido y en medio de unas características mdioambientals específicas. El problema surge de etiquetar a todo los yacimientos con tecnología laminar o con puntas de chatelperron, como pertenecientes a esta cultura con todos sus atributos (tecnológicos y simbólicos), lo que sin duda hay que matizar y comprobar.
Es necesario realizar un análisis sobre el simbolismo de los chatelperronienses, tanto en su distribución geográfica y temporal como en sus características (Rivera Arrizabalaga, 2009).


Colgante de hueso del Chatelperroniense (Arcy-sur-Cure)


* Baena, J.; Carrión, E. (2006): “Problemas acerca del final del Musteriense”. Zephyrus. LIX: 51-66.
* Boëda, E. (1990): “De la surface au volume, analyse des conceptions, des débitages Levallois et laminaire. Paléolithique moyen et Paléolithique supérieur ancian en Europe”. Memóires du Musée de Prehistoire d´lle de Fance 3.
* Demars, P. Y. (1996): “ Démographie et occupation de l’espace au Paléolithique supérieur et au. Mésolithique en France”. Préhistoire européenne 8: 3-26.
* D'Errico, F.; Zilhao, J.; Julien, M.; Baffier, D. y Pelegrin, J. (1998): “Neanderthal acculturation in western Europe? A critical review of the evidence and its interpretation”. Current Anthropology, 39 (supl.): 1-44.
* Maroto, J.; Vaquero, M.; Arrizabalaga, A.; Baena, J.; Carrión, E.; Jordá, J. F.; Martinón, M.; Menéndez, M.; Montes, R. y Rosell, J. (2005): “Problemática cronológica del final del Paleolítico Medio en el Norte Peninsular”. Neandertales cantábricos. Estado de la Cuestión. El Paleolítico Medio cantábrico: hacia una revisión actualizada de su problemática Museo de Altamira. Monografías, 20: 101-114. Santander.
* Pelegrin, J. y Soressi, M. (2007): “Le Châtelperronien et ses rapports avec le Moustérien”. En Les Néandertaliens. Biologie et cultures. Documents préhistoriques, 23: 283-29.6 Paris, Éditions du CTHS.
* Révillion, S. y Tuffreau, A. (1994): “Les industries laminares au Paléolithique moyen”. Dossier de documentation arqueologique 18. CNRS Éditions. Paris.
* Rivera Arrizabalaga, A (2009): "La transición del Paleolítico Medio al Superior. El Neandertal". ArqueoWeb 11. * Straus, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67.