jueves, 28 de enero de 2010

Dificultades interpretativas del Auriñaciense

El Auriñaciense ha sufrido diversas denominaciones y variaciones sobre el papel que pudo tener en el inicio del Paleolítico Superior europeo. Las causas son variadas, aunque creo que la falta de datos es el principal causante de la incertidumbre que aún tenemos sobre las primeras culturas simbólicas en Europa. Igualmente, hay que añadir la gran dificultad que supuso durante el siglo XIX iniciar la investigación de las culturas paleolíticas europeas, con una falta absoluta de base sobre la que desarrollar tal trabajo. Un buen ejemplo de tal complejidad lo podemos apreciar en un artículo de A. Arrizabalaga (1998) sobre la gestación de la Prehistoria europea. 

Teriomorfo de Höhlenstein-Stadel
Sin embargo, no hay que olvidar otras motivaciones encauzaron la investigación arqueológica por caminos que posiblemente no sean los más idóneos. En este sentido, hay que reseñar la excesiva parcelación científica que caracterizó durante todo el siglo XX la ciencia en general. En este periodo, prácticamente cada disciplina desarrollaba su método y forma de estudio de sus contenidos con una casi total independencia de otras disciplinas que, por tener puntos teóricos y prácticos comunes, deberían tener una mutua influencia entre ellas. En el caso de la Arqueología prehistórica tal proceso adquirió una gran importancia, pues tradicionalmente se ha estudiado la conducta humana del paleolítico de espaldas a las ciencias que tienen como principal fin el estudio de la conducta de los seres humanos, ya sea de una forma directa (Psicología, Sociología) o algo más indirecta (Neurología, Biología evolutiva, Lingüística, etc.). Pero esta forma de actuación tiene cierta justificación, aunque no demasiado lógica. Por un lado, tal falta de sintonía científica afectaba a todas las ciencias en general. En este sentido, la Psicología nunca se interesó por el estudio del comportamiento humano en la Prehistoria, aunque hay que comprender que su principal meta siempre fue el estudio y tratamiento de las alteraciones conductuales humanas.  
En este punto hay que hacer un pequeño inciso, no todos los países desarrollaron con igual intensidad tal forma de desarrollo científico. En Europa, donde se sitúan los yacimientos que van a conformar el panorama prehistórico, los científicos se volcaron por una metodología adecuada al estudio de los fósiles humanos y los utensilios asociados a ellos. En el resto del mundo, sobre todo en lo que se denomina genéricamente como mundo anglosajón, con la carencia de yacimientos y una mayor tradición etnológica se decantaron por una intervención de tipo antropológico, creadora de teoría humanas de mayor amplitud y generalidad, desarrollando prácticamente todas las corrientes metodológicas que se han ido ensayando en el estudio de la Prehistoria. Diversas voces se han alzado buscando un punto de encuentro entre ambas formas de enfocar su estudio (Prehistoria, Arqueología y/o Antropología).

La última causa que dificulta la investigación paleolítica es la falta de un método que facilite su desarrollo. Primero, creando teorías de gran amplitud explicativa. Segundo, entendiendo la Prehistoria como la parte de la Historia en la que se produjo la evolución biológica, cultural y cognitiva de nuestro linaje. Para su estudio hay que entender y valorar las conductas (sociales, cognitivas, simbólicas, logísticas y tecnológicas) visibles en los yacimientos. Por lo que los aspectos tecnológicos (sin duda los más numerosos y mejor conservados) sólo son una parte (y no precisamente la más representativa de la conducta humana) de todas sus manifestaciones culturales (Bon et al. 2002), como ya indiqué en otros apartados (AuriñacienseConcepto del Paleolítico Superior). 

Tras esta introducción entraré en las consecuencias que tienen estas consideraciones sobre el inicio del Paleolítico Superior, y más concretamente sobre el Auriñaciense. Ya se vio en el artículo de Arrizabalaga (1998) la existencia de una tradición lineal sobre la evolución de las culturas prehistóricas. Aunque en gran parte se ha superado, parece que hasta muy recientemente se ha mantenido, sobre todo como consecuencia de basar la evolución cultural en base de los logros tecnológicos. La Arqueología actual (prácticamente la de este siglo) nos enseña que las cosas son mucho más complejas de lo que se creía, teniendo que ir con mucha cautela y aprovechar todo lo que las ciencias de la conducta nos puedan aportar.  

Del Auriñaciense en sus primeros momentos debemos de tener en cuenta que no es un tecnocomplejo homogéneo (como cabría esperar en un modelo difusionista), sino que presenta numerosas variaciones tanto industriales como geográficas, lo que plantea incógnitas muy intensas sobre su origen, dispersión y naturaleza (Bon et al. 2002). Cuando hablamos de tecnocomplejos hay que tener en cuenta la restricción cultural y conductual que tal definición significa, pero la realidad es que en la segunda mitad del siglo XX era un termino muy usado, justificado por la limitación de los datos que se tenían de las poblaciones paleolíticas y un enfoque demasiado limitado a los restos líticos. 

Con la concreción del Auriñaciense como una de las primeras conductas del Paleolítico Superior, los problemas sobre su origen, desarrollo e incluso autoría (de sus primeras fases) no han parado de producirse, produciendo una importante controversia al relacionarle con el Chatelperroniense y el papel de los neandertales en todo el proceso. 

Aunque el Auriñaciense parece ser una cultura perfectamente definida, en sus primeros momentos en los que puede detectar algunos de sus útiles más característicos, las cosas no están nada claras. Debido a los problemas interpretativos y a las teorías generales sobre el inicio del Paleolítico Superior (p. e. Stringer y Gamble, 1996), la presencia de sus primeros datos arqueológicos basados en un impreciso Auriñaciense junto con abundantes elementos musterienses, ha planteado un importante reto sobre su interpretación. La literatura arqueológica así lo demuestra, pues muchas han sido las denominaciones e interpretaciones que de tales conjuntos arqueológicos se han creado, llegando a la actualidad con una importante controversia. 

En 1969 F Jordá Cerda publicaba un artículo titulado Los comienzos del Paleolítico superior en Asturias en el que la cueva de El Conde (o del Forno), a orillas del río Trubia. En dicha cueva, sobre niveles musterienses se habían depositado materiales de características transicionales, que le sirvieron, junto con los del nivel 8 del Otero, para definir un Auriñacomusteriense, o un Auriñaciense de transición, anterior al Auriñaciense clásico (Fortea Pérez, 2000-2001). En ese momento poca trascendencia pudo tener tales consideraciones, más aún con la posterior manifestación de la teoría del Out of Africa, el origen del Auriñaciense había que buscarlo fuera de Europa, siendo traído a nuestro continente ya constituido por los HAM (aunque con un grado de desarrollo inicial sin especificar). La consecutiva datación de los primeros yacimientos atribuidos a esta cultura, con su gran antigüedad (sobre el 40000 BP), indicaba que fueron los HAM los que introdujeron la modernidad en Europa. Paralelamente se produjo una gran influencia cultural en los neandertales, los cuales desarrollaron el Chatelperroniense y el Uluzziense, pero como un pobre reflejo de la moderna tecnología Auriñaciense. Todo este entramado difusionista estaba fundamentado en datos exclusivamente arqueológicos (cronología y tecnología de los yacimientos), en una teoría general sobre la expansión de los HAM poco elaborada, y en una interpretación de los datos arqueológicos en los que se excluían cualquier aportación de la realidad psicobiológica de los humanos que hicieron posible tales hechos históricos. 

La complejidad de los yacimientos correspondientes a estas etapas iba a mostrar unos hechos diferentes a lo expuesto tan apresuradamente, tras comprobar por medio del ADNmt y los fósiles africanos que el origen de nuestra especie se situaría en Africa con una antigüedad de unos 150000 años.

Los yacimientos con esta confusa tecnología lítica fueron sucediéndose por numerosas zonas europeas, recibiendo diversa denominación, y creando cierta confusión en su atribución cultural, y posteriormente atribución humana. Ante la dominancia total de los HAM en el desarrollo del Paleolítico Superior, en los últimos años del siglo XX apareció una teoría que contradecía su autoría exclusiva. En ella, el origen de los diferentes complejos industriales del inicio del Paleolítico Superior se explica como un desarrollo local por parte de los neandertales. La ausencia de fósiles, tanto de neandertales como de HAM en estos conflictivos estratos, impedía tener un preciso conocimiento sobre su atribución humana. Así mismo, la confusa mezcolanza de útiles musterienses y elementos líticos del Paleolítico Superior facilitaba cierta inclinación a creer que su origen sería a partir de unos componentes tecnológicos musterienses o locales. Además, el Chatelperroniense así lo atestiguaba, pues fue claramente atribuido a los neandertales a partir del desarrollo tecnológico de un Musteriense del tipo MTA B (Pelegrin y Soressi, 2007). 

El concepto de transición, heterogénea y compleja, se ha impuesto en la actualidad, por lo que los estudios antaño clásicos de oponer las conductas del Paleolítico Medio al Superior de forma tajante, como ejemplo de la diferencia cultural de los dos periodos ya no se concibe sino con un periodo transicional más o menos largo (Arrizabalaga e Iriarte, 2006). 

Actualmente la aceptación de un periodo transicional, consecuencia de la realidad que significa toda evolución cultural (continuum conductual), constituye un proceso que siempre hay que tener en cuenta. La transición del Musteriense al Chatelperroniense es un hecho claro, pero los demás procesos transicionales, que sin duda existieron, no están tan claros. Desde el punto de vista arqueológico, estos conjuntos basculan de manera más clara hacia el Auriñaciense que hacia el Chatelperroniense, encontrándose en distintos puntos intermedios de una escala virtual en cuyos extremos dispusiéramos los canónicos Musteriense y Auriñaciense antiguo (típico, clásico, I, con azagayas de base hendida, etc.). Por su difícil ubicación ha generado una nomenclatura diversa, desde el Auriñacomusteriense ya comentado, hasta el genérico Auriñaciense antiguo de diversos yacimientos o el Auriñaciense de transición de la Cueva de El Castillo (Arrizabalaga e Iriarte, 2006). 

Efectivamente, a lo largo de estos últimos años se han ido denominando a estos conjuntos de diversa manera con diferente éxito de su uso, perdurando algunos que ofrecen cierta confusión al no saber si corresponden a los mismos periodos evolutivos, diferentes o son simplemente la manifestación del heterogéneo continuum cultural que con el tiempo desembocaría en el Auriñaciense clásico. Veremos diversas denominaciones atribuidas a estos conjuntos arqueológicos caracterizados por la presencia de elementos propios del Auriñaciense, pero con mayor o menor abundancia de componentes musterienses.

Correziense
Es una antigua expresión de Lacorre, que estaría más próximo al Auriñaciense que al Perigordiense (Inferior o Chatelperroniense. Superior o Gravetiense). Para Pradel y Sonneville-Bordes el Correziense sería un Auriñaciense, aunque en sentido amplio (lato sensu), en tanto que para Peyrony gran parte de lo que ahora se llama Correziense sería la segunda familia del Perigordiense (González Echegaray, 1980). En general, en el tiempo en que se utilizaba tal termino se referían a un Auriñaciense en su estadio inicial, por lo que se relacionaba con los también denominados Protoauriñaciense, Auriñaciense arcaico o Auriñaciense 0. A lo largo del desarrollo histórico de la Prehistoria los términos se suceden, se abandonan, pero perduran en la literatura científica, lo que puede confundir muchas veces si se vuelven a utilizar. 

Auriñaciense de transición
Termino usado sólo en el yacimiento de El Castillo. Los investigadores del yacimiento llaman al tecnocomplejo correspondiente Auriñaciense de transición, es decir un Auriñaciense que se origina en el Musteriense, y creen que la secuencia del Castillo muestra una evolución Musteriense, Auriñaciense de transición, Auriñaciense Arcaico (Cabrera et al. 2001). Para algunos el conjunto del nivel 18 pertenece culturalmente al mundo del Paleolítico Medio, como un Musteriense Final (Maroto et al.2005). 

Auriñaciense arcaico, Protoauriñaciense o Auriñaciense 0
La primera fase de esta cultura tiene diversos nominaciones que en conjunto representan a un Auriñaciense Inicial. Indistintamente también ha recibido los nombres de Auriñaciense Arcaico, Protoauriñaciense o Auriñaciense 0 (en sentido ortodoxo del termino, en comparación al llamado Auriñaciense de transición de la cueva del Castillo). (Maroto et al. 2005). Todas estas denominaciones en sus conjuntos con elementos propios del Auriñaciense, presentan elementos del Musteriense. Si bien hay cierto acuerdo en la similitud de estos términos, la realidad (conjuntos líticos y óseos, adornos, etc.) a la que se refieren en los yacimientos puede presentar variaciones más o menos importantes. No pueden considerarse como una unidad evolutiva homogénea, al menos en su producción tecnológica. En los últimos años se han realizado diversos trabajos de tecnología lítica que muestran diferentes estrategias en el seno de los distintos tecnocomplejos auriñacienses (fundamentalmente las variantes protoauriñaciense o arcaica y típica), orientados, a través de diferentes modelos de cadenas operativas, a una producción de laminitas (De la Peña Alonso, 2009). 

Auriñaciense antiguo, clásico, I y típico
Es la forma cultural del Auriñaciense en la que manifiesta plenamente desarrollado. Caracterizado por predominio de los raspadores sobre los buriles, abundantes raspadores sobre láminas auriñacienses, y los raspadores carenados y en hocico. Son típicas las láminas auriñacienses, algunas de ellas estranguladas. Se encuentran azagaya de base hendida de hueso, hasta o marfil (sería un fósil guía). (Ruiz Idarraga, 1990).    

Fumaniense mediterráneo o Protoauriñaciense (Mellars, 2006).
El Protoauriñaciense o Fumaniense corresponde a una cultura expandida por zonas próximas al paralelo 43, no separándose mucho de la costa mediterránea. Puede derivar del Ahmariense en el Próximo Oriente y posiblemente a partir del Baradostiense en el Oriente Medio (Zagros). La ruta de la difusión de esta tradición hacia Europa se realizaría bordeando el Mar Negro. Su difusión se coloca en 39300 BP. Se caracteriza por una tecnología de hojas, con abundantes laminitas de retoque marginal (Dufour). Tenemos los siguientes yacimientos: L´Arbreda, Abrí Romaní, Reclau Viver, La Viña, Isturitz, Grotta Fumane y Abri Mochi. Primeros huesos con muescas o grabados (White, 1993).   
Todas estas denominaciones vienen a corroborar la dificultad del estudio del inicio del Paleolítico Superior en Europa, y que sin duda aún estamos lejos de comprender su verdadera complejidad. Hay que entender que tanto el Chatelperroniense, como el Auriñaciense son la consecuencia del desarrollo cognitivo de sus creadores (neandertales y HAM), lo que se plasma en un continuum cultural que hay que localizar, valorar y estudiar los condicionantes medioambientales que favorecieron su desarrollo. Igualmente, hay que tener en cuenta que las dos tradiciones culturales partieron de una misma base conductual, es decir, que las dos evolucionaron de un musteriense, uno europeo y el otro posiblemente del oeste de Asia. Tras todo lo comentado en otras ocasiones sobre el Chatelperroniense (La realidad del Chatelperroniense) y lo dicho ahora, creo que hay que enfocar el estudio de la transición europea con otras premisas derivadas de la Arqueología cognitiva, lo que veremos próximamente.

* Cabrera, V.; Maillo, J. M.: Lloret, M. y Bernaldo de Quirós, F. (2001): "La transition vers le Paleolithique superieur dans la grotte du Castillo (Cantabrie, Espagne): la couche 18". L'Anthropologie 105: 505-532.
* Fortea Pérez, F. J. (2000-2001): “Los comienzos del arte paleolítico en Asturias: aportaciones desde una Arqueología contextual no postestilística”. Zephyrus, 53-54, 177-216. 
* Mellars, P. (2006): “Archaeology and the Dispersal of Modern Humans in Europe: Deconstructing the "Aurignacian". Evolutionary Anthropology.15: 167-182.
* Stringer, C. y Gamble, C. (1996): En busca de los Neandertales. Crítica. Barcelona
* White, R. (1993): “A technological View of Castelperronian and Aurignacian Body Ornaments in France”. En V. Cabrera (ed): El origen del hombre moderno en el suroeste de Europa. UNED. Madrid.