viernes, 15 de enero de 2010

Simbolismo neandertal: conchas y colorantes musterienses

Una reciente publicación de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences ofrece un estudio sobre los yacimientos de la Cueva de los Aviones y la Cueva Antón (Murcia, España). El hallazgo de pigmentaciones rojas y amarillas en las conchas perforadas sugiere que fueron usadas como adornos corporales (puede que las conchas en sí mismas, o el colorante sobre el cuerpo o vestimenta). El uso de estos materiales demostraría que las capacidades cognitivas y el desarrollo cultural y simbólico de los neandertales en la fecha de yacimiento (sobre el 50000 BP) fueron semejantes a los que poseían y lograron los HAM. 




Restos de pigmentos en una cara (derecha) de la mitad de una concha perforada hallada en el nivel 2 de la Cueva de los Aviones de Murcia. La otra mitad muestra su color natural.- PNAS/JOAO ZILHAO.





Con este trabajo los autores afirman que se ha demostrado en su totalidad la equiparación conductual, cognitiva y simbólica de las dos poblaciones. Por tanto, se disipan las dudas que sobre el simbolismo del Chatelperroniense que se puedan plantear. Esta publicación ha promovido una serie de noticias periodísticas que pueden ser expresar una realidad muy poco fundamentada.

El estudio es un buen ejemplo del trabajo de la arqueología actual. Pues tiene un exhaustivo, avanzado y complejo estudio de los elementos que el yacimiento nos ofrece, pero un discutible análisis general sobre las consecuencias que puede tener sobre el polémico periodo de la transición del Paleolítico Medio al Superior.

Si sobre las técnicas arqueológicas aplicadas y posterior análisis de laboratorio no hay nada que objetar, sobre su interpretación global si existen diversos aspectos sobre los que no puedo estar de acuerdo. Naturalmente, desde los puntos de vista de la Arqueología cognitiva.

- Se habla de capacidades cognitivas desde un punto de vista demasiado general, sin conocer la realidad que tal denominación entraña. La mayoría de las veces se utiliza como sinónimo de inteligencia, lo que en sí es ya una excesiva limitación de su significado. En psicología se refiere a los procesos psicológicos que ocurren en nuestro cerebro, tanto racionales (memoria, razonamiento, abstracción, etc.), como emocionales (motivación, sociabilidad, solidaridad, etc.), encaminados a procesar y utilizar la información que recibimos del exterior o tenemos almacenada en nuestra memoria, con el fin de adecuar la conducta de la mejor manera posible. Evidentemente, aunque aún no sepamos la dependencia estructural que puedan tener, existe una cierta independencia en el grado de manifestación de cada uno de ellos, lo que se aprecia en la gran variabilidad conductual que existe en las poblaciones humanas. Sin embargo, está claro que en el trabajo se refiere exclusivamente a las capacidades cognitivas relacionadas con el simbolismo, lo que deja fuera de análisis las demás (motivación, sociabilidad, flexibilidad y reflexividad conductual para otras tareas, etc.).

- De igual manera se habla del simbolismo de una forma muy genérica, obviando las capacidades cognitivas lo posibilitan, así como las características que presenta su origen y desarrollo. Estas características son las que constituyen el contexto cognitivo que facilita su aparición. En términos arqueológicos, sería similar al contexto arqueológico (medio en el que desenvuelven las conductas tecnológicas, sociales y económicas que configuran los datos de los yacimientos). Es decir, el simbolismo, complejo proceso cognitivo que resulta de la estrecha correlación de diversas capacidades cognitivas, solo aparece cuando las capacidades humanas lo permitan y estas puedan desarrollarse adecuadamente.

- Hay que distinguir entre capacidad cognitiva y su desarrollo, pues no son términos análogos sino entidades y procesos diferentes. Las capacidades las origina la evolución y su desarrollo viene configurado por las características ambientales.

- Además, el simbolismo no es un todo o nada. No aparece o falta totalmente, sino que existen estadios intermedios del mismo, aunque su estudio es muy complejo pues a nuestra mente le cuesta comprender aquello que no conoce.

- Por otro lado se realiza una excesiva generalización, al extender cierto comportamiento a la totalidad de la población sin datos arqueológicos que así lo afirmen, con lo que se pierde la objetividad científica que todos deseamos. Conocemos la relación existente entre algunos adornos con el Chatelperroniense, lo que no puede extenderse a la mayoría de los neandertales del periodo, pues no existe ningún dato que confirme tal generalización. Capacidad no quiere decir desarrollo, por lo que hay que buscar las características del medio ambiente que posibilitó el desarrollo de los adornos chatelperronienses, y ver igualmente si estas características (contexto cognitivo) se daban también en estas cuevas de Murcia.

- Hay que desarrollar una metodología adecuada al estudio del simbolismo humano, y abandonar las formas de análisis basadas en el criterio del arqueólogo que realiza la excavación y atribuye un simbolismo (desconocido, vagamente explicado, no estructurado y con el único fundamente de su criterio, y el que no puede tener otra utilidad que el simbolismo que el excavador le atribuye).

De estos yacimientos, en un primer examen se aprecia una tecnología musteriense más o menos desarrollada. Pero no hay tecnología ósea, ni una clara tecnología laminar. Todo parece indicar una conducta propia de los últimos yacimientos musterienses. El contexto arqueológico y cognitivo no se asemeja a los vistos en el inicio del Paleolítico Superior (tanto del Auriñaciense como del Chatelperroniense). No obstante, es posible que la existencia de cierto desarrollo demográfico, con numerosas relaciones sociales, constante relación con conchas y pigmentos de la zona, posibilitaría su uso con un incipiente contenido simbólico, en el termino de acentuación de la individualidad personal y/o social, es decir un cierto desarrollo cognitivo local, pero no duradero y desde luego sin contexto de un simbolismo consciente y metafísico (creencias de otros mundo y religión).

Se ha escrito mucho sobre la brutalidad e incapacidad cognitiva del Neandertal, aunque los que más insisten en estas extremas ideas pararen ser los que pretenden demostrar todo lo contrario. En la actualidad, creo que la mayoría de los prehistoriadores han abandonado (si es que la tuvieron alguna vez) tal concepto sobre este grupo humano, que tan bien sobrevivió a los numerosos y terribles cambios climáticos que sufrió Europa en los miles de años en los que fue su único habitante. En estos últimos años, se está comprobando como su estructura social, tecnológica y logística poco a poco fue mejorando, aunque con una heterogeneidad geográfica muy importante (puede que demasiada) en el inicio del Paleolítico Superior.

También hay que atribuírseles cierto simbolismo, primero más general sobre el del lenguaje que sin duda tuvieron (aunque posiblemente limitado en ciertos conceptos abstractos, salvo en lugares muy concretos y en periodos muy recientes: núcleos del Chatelperroniense). Segundo, mucho más localizado en lugares donde las condiciones medioambientales (demográficas, sociales, tecnológicas y lingüísticas) lo posibilitasen. Hay que tener siempre presente que ni los HAM tuvieron siempre un pensamiento simbólico (considerado como moderno) a lo largo de su existencia como especie.

Aunque las dos poblaciones (neandertales y HAM) tuvieran unas capacidades cognitivas elevadas y, por tanto, una capacidad de desarrollo conductual de carácter simbólico, su desarrollo no fue igual. La Arqueología, desde un punto general y lo más objetivamente posible, así parece indicar. Pues mientras que los HAM una vez que alcanzaron un grado de desarrollo cognitivo que les permitió construir un mundo simbólico en Europa (contexto cognitivo: motivación, sociabilidad, flexibilidad y reflexividad conductual para otras tareas, etc.), no lo abandonaron y se extendió a todas las poblaciones humanas modernas. Sin embargo, estas mismas características no se aprecian entre los yacimientos atribuidos a los neandertales en Europa, donde la gran mayoría de ellos perduraron en un Musteriense (todo lo desarrollado que se pueda admitir), sin datos arqueológicos que atestigüen una conducta simbólica clara. Aunque también es cierto que en limitadas poblaciones de neandertales (concierto contexto cognitivo) se dieron conductas que podemos considerar como simbólicas.

Todo análisis sobre el simbolismo humano tiene que realizarse con una base algo estructurada sobre su inicio y condiciones de desarrollo. Es decir, sobre la base del conocimiento de nuestras propias características psicobiológicas. Fuera de estos parámetros, la subjetividad e imprecisión teórica serían las que dirigieran tal estudio, por lo que sus conclusiones, aunque tuvieran algo de verdad, no sería toda la verdad que las ciencias de la conducta actuales nos pueden ofrecer.