domingo, 14 de octubre de 2012

Aprendizaje

En la revista Paleoneuroloy se ha anunciado la celebración de una conferencia internacional, cuyo título es muy interesante: "Sustituciónde los neandertales por los humanos modernos: Probar los modelos evolutivos deaprendizaje". La reunión está asociada a un gran proyecto multidisciplinar destinado a considerar la cognición Neandertal, la evolución y la extinción, en términos de las capacidades de aprendizaje y/o transmisión de la cultura. Se celebrará en Tokio los días 18-24 de noviembre del 2012. 

En la misma fecha de publicación que el artículo anterior de Paleoneurology (11-10-2112) se publica la reseña a un trabajo sobre la forma de evolución cognitiva en el género Homo: lineal o ramificada. En él se indica la necesidad de replantear la tradicional forma de evolución neurológica y cognitiva de forma lineal por otras más adecuadas a la realidad arqueológica y paleontológica (ramificada). Igualmente, se plantea la posibilidad de que otras especies humanas podrían haber tenido habilidades cognitivas específicas, que con su extinción se han perdido. 

Forma lineal de evolución humana


Forma ramificada de evolución humana

Lo cierto es que las capacidades de aprendizaje y/o de transmisión de la cultura forman, junto a las capacidades de razonamiento y creatividad, las claves de la cultura humana en todas sus facetas: creación, difusión y mantenimiento. Aunque no existe una definición sobre este proceso aceptado universalmente, muchos de los aspectos esenciales del concepto de aprendizaje se resumen como la adquisición o el cambio duradero en los mecanismos de conducta, resultado de la experiencia con los acontecimientos ambientales (Domjan y Burkhard, 1990; Fernández Trespalacios, 1986; García Madruga y Lacasa, 1990).

Como puede apreciarse el papel del medio ambiente como fuente de materia que aprender, del lenguaje (sonoro, gesticular, mixto) y de la imitación conductual como forma de adquisición del conocimiento del grupo son fundamentales en la transmisión y perduración de la cultura. Sin embargo el papel que el aprendizaje ha tenido en la evolución cognitiva y cultural no se ha estudiado mucho en los medios arqueológicos. El principal problema radica en la limitación del conocimiento psicobiológico que se tienen sobre los humanos del pasado.

Existen importantes diferencias psicológicas entre el niño y el adulto, por lo que tal definición debe matizarse en las diferentes edades en las que se produzca el aprendizaje de las características medioambientales (lenguaje, conducta, tecnología relaciones sociales, etc.). Pongamos el ejemplo del aprendizaje del lenguaje.

Eric. H. Lenneberg (1976) propuso un período crítico para la adquisición del primer lenguaje que finalizaba junto con la pubertad, debido a la terminación de la lateralización hemisférica y algunos aspectos de la plasticidad cerebral (maduración). Para Lenneberg, la maduración que se alcanza con la lateralización hemisférica es responsable de las diferencias entre niños y adultos en la adquisición de una lengua extranjera. De este condicionamiento biológico se infiere que el momento óptimo para aprender una lengua es hasta aproximadamente los 10 años (Gomila, 2004; Newport, 1990). Con la maduración y la organización especializada del cerebro, la capacidad para conocer otro idioma tiende a decrecer. Así, se acepta la existencia de un período crítico para el aprendizaje del lenguaje materno, tras el cual ya no se alcanzaría con normalidad (Belinchón et al. 1992; Lorenzo y Longa, 2003; Mora, 2001).

La inmadurez neurológica y psicológica marca la gran diferencia existente entre el aprendizaje de la primera lengua en la infancia y después del período crítico. En el primer caso lo que se produce es una organización de las áreas de asociación terciarias en función de los estímulos recibidos procedentes de otras áreas corticales. Nada hay que se oponga a la producción de tal proceso (emotividad negativa, recuerdos anteriores, problemas de atención, comprensión, aprendizaje, etc.), basándose éste en las enormes capacidades receptivas, procesadoras y estructurales del niño. Todo queda invertido en el caso del adulto, pues en él existen diversos procesos de distinta elaboración que interfieren y dificultan la enseñanza de un segundo lenguaje (falta de motivación, multitud de tareas que dificultan la atención, poca dedicación, otros desarrollos cognitivos y culturales que dificultan tal aprendizaje, etc.). En el niño se produce una estructuración psicológica de base lingüística (lenguaje interno), mientras que en el adulto es un aprendizaje en el sentido clásico de la palabra, utilizando áreas cerebrales diferentes de las requeridas para el lenguaje materno (Kim et al. 1997). La inmadurez neurológica en fundamental para el aprendizaje lingüístico del niño (Gomila, 1995), pues alarga enormemente el período crítico y facilita la asimilación lingüística del medio ambiente. En general, estos conceptos son válidos para muchas de las funciones cognitivas humanas, entre las que destaca la adaptabilidad como ya se explicó en otra entrada.

El aprendizaje, en esta primera etapa anterior al fin del periodo crítico, es el responsable de que los niños se adapten perfectamente al medio ambiente en el que han nacido, facilitando enormemente toda expansión geográfica a medios extraños para sus padres pero propios para ellos, lo que puede explicar diversos problemas relacionados con las poblaciones paleolíticas en su gran expansión, adaptabilidad y características de creación, transmisión y perduración de su cultura. 

* Angela, P. y Angela, A. (1992): La extraordinaria historia de la vida. Mondadori. Madrid.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Madrid. Trotta.
* Domjan, M. y Burkhard, B. (1990): Principios de aprendizaje y de conducta. Madrid. Debate.
* Fernández Trespalacios, J. L. (1986): Psicología general. Madrid. Gráficas Maravillas.
* García Madruga, J. A. y Lacasa, P. (1990): Psicología evolutiva. Madrid. UNED.
* Gomila, A. (1995): “Evolución y lenguaje”, en Broncano, F. (ed.) La Mente. Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. Madrid. Ed. Trotta, pp, 273-300.
* Gomila, A. (2004): Un marco de referencia para la evolución del lenguaje, Ludus Vitalis, 12: 173-178.
* Kim, K. H. S.; Relkin, N. R., Lee, K-M y Hirsch, J. (1997): “Distinct cortical areas associated with native and second languages”. Nature 388, 171-174.
* Lenneberg, E. H. (1976): Fundamentos biológicos del lenguaje. AU. 114. Madrid. Alianza.
* Lorenzo, G. y Longa, V. M. (2003): Homo loquens. Biología y evolución del lenguaje. Lugo. TrisTram.
* Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
* Newport, E. L. (1990): “Maturational Constraints on Language Learning”. Cognitive Science, 14: 11-28.
* Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid. 
  

viernes, 7 de septiembre de 2012

Evolución biológica y conducta arqueológica

Recientemente se ha publicado en tres revistas científicas (Nature, Genome Research y Genome Biology) 30 artículos científicos sobre los resultados del proyecto ENCODE (Enciclopedia de los Elementos del ADN). Lo más destacado de todos ellos es que, en contra de lo admitido hasta hoy, el ADN calificado como basura es esencial para el funcionamiento de los genes humanos. Este ADN es un gran medio de control sobre la actividad de los genes funcionales hasta ahora reconocidos. Nuestro genoma sólo funciona gracias a las propiedades de control del ADN calificado como basura. Se ha comprobado que una gran parte del genoma está implicada en controlar cuándo y dónde se producen las proteínas, más allá de simplemente fabricarlas. De hecho, según las conclusiones de ENCODE, alrededor del 80% del genoma humano contiene elementos relacionados con algún tipo de función bioquímica, hasta un total de 120 funciones diferentes. No cabe dudad de que la forma de realización de la evolución está muy relacionada con la conducta humana.

Sin embargo, pronto aparece la siguiente pregunta: ¿Qué relación tiene este descubrimiento con las formas de evolución y la conducta humana? Si seguimos actuando con la independencia doctrinal que ha caracterizado la gran mayoría de los estudios arqueológicos, puede que poca y mal comprendida. En cambio, si actuamos con las formas interdisciplinarias, su repercusión adquiere caracteres de gran importancia y de gran poder explicativo para la conducta humana en todos sus periodos.

Sabemos que cualquier capacidad cognitiva es el resultado evolutivo del sistema nervioso que, tras superar los problemas de la selección natural, permiten a sus poseedores desarrollar las conductas que implica su presencia. En definitiva se trata de la aceptación evolutiva de los cambios psicobiológicos necesarios para su realización. Siempre se ha conocido que el proceso evolutivo dispone de diversas formas generales de producción del cambio anatómico. En general, y asumiendo que la existencia de una no excluye la presencia de la otra debido a la evolución en mosaico, se pueden ofrecer dos formas de cambio morfológico. 

I.- La primera está representada por la teoría sintética, que se distingue por formas de evolución (lenguaje y conducta humana) de forma paralela y lenta, estando siempre dirigida durante su desarrollo por la acción de la selección natural, es decir, con una consecuente mejora de la adaptabilidad al medio que hace que perdure y mantenga genéticamente. La adquisición de las capacidades cognitivas que posibilitan la autoconciencia tendrían un carácter de innatismo que, en mayor o menor medida, siempre se producirían. Es la base evolutiva utilizada por la Psicología evolutiva (Cosmides y Tooby, 1992).

II.- La segunda estaría basada en los conceptos que la Biología ha desarrollado en estos últimos años, y que engloba al modelo paleontológico de los equilibrios puntuados (Gould y Lewontin, 1984), donde se explica la producción evolutiva con otros parámetros, entre los que destaca la realización de algunos cambios anatómicos relativamente rápidos, y su posterior sometimiento a los controles de la selección natural. Constituye un modelo epigenético basado en los fundamentos de la Genética y Biología del Desarrollo. Actualmente, se está conociendo que la acción de los genes no es similar en todos ellos. Así, se distingue entre los genes estructurales y los reguladores (genes controladores de la actividad de los genes estructurales en tiempo y tasa de actuación) del proceso embriológico. La mutación de estos últimos va a dar lugar a las heterocronías, produciendo alteraciones ontogénicas o embriológicas, con cambios relativamente rápidos y de gran trascendencia evolutiva (Gould y Lewontin, 1984; Bogin, 1999; Churchill, 1998). Junto a la acción de los genes reguladores, la embriología u ontogénesis presenta un valor evolutivo que es necesario evaluar, pues durante la fase de formación embrionaria se producen cambios morfológicos en cascada durante el curso de su desarrollo. Todo cambio morfológico producido por la mutación de uno o varios genes reguladores, en un determinado momento de la ontogenia fetal, va a repercutir en las siguientes fases de la embriogénesis, sin que sean precisas nuevas alteraciones genéticas. Cuando conocemos la producción de un cambio evolutivo, lo que se ha manifestado es un cambio en la ontogenia o embriogénesis de ese ser (Rivera, 2005, 2009; Sinha, 1996). Hay que considerar a la embriogénesis como un proceso dinámico por medio del cual se produce la formación de los nuevos seres vivos, estando sometida a las leyes biológicas que regulan su desarrollo. No es de extrañar el avance de la Biología evolutiva del desarrollo (Evo-Devo. Evolution-Development), la cual camina en la actualidad por estos derroteros (Sean, 2005). En este contexto evolutivo, el origen de los procesos cognitivos humanos (autoconciencia, lenguaje, etc.) serían la consecuencia de una exaptación evolutiva, manifestándose como una capacidad cognitiva emergenteque aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no fueron creados evolutivamente para tal fin (Gould y Lewontin, 1984; Schlaug et al. 1994). La manifestación y desarrollo de las capacidades cognitivas dependerían en gran medida de las características medioambientales, siendo la base evolutiva elegida por la Psicología cognitiva (procesamiento de la información).

Naturalmente, ambas formas de cambio, dentro del mosaico evolutivo característico de nuestro linaje, pueden darse a la vez, alternativamente y en áreas corporales diferentes. Incluso tales formas están incluidas en los dos modelos evolutivos, pero la importancia evolutiva cambia radicalmente en cada uno de ellos. En el primero es la selección natural la que dirige los cambios morfológicos, admitiendo de forma más ocasional que frecuente los procesos de exaptación. Mientras que el segundo da más valor a los procesos heterocrónicos, embriológicos y epigenéticos dentro de una amplia utilización exaptativa. Estas características dificultan mucho su estudio, obligando a mantener los dos procesos de cambio como posibles, pero dentro del concepto de evolución mosaico.

El hallazgo recientemente publicado refuerza la gran actuación del ADN (genes o cadenas no bien definidas) como regulador de la manifestación de los genes estructurales. La conducta adquiere patrones que se acoplan mejor con los caracteres evolutivos de exaptación y psicológicos de emergenciacognitiva. La adaptación de estos conceptos a la Arqueología ha sido llevada por medio del Estructuralismo funcional (Arqueología cognitiva: orientación psicobiológica), con importantes aplicaciones a problemasarqueológicos.
Un resumen de la complejidad evolutiva la podemos ver en el siguiente esquema.


* Bogin, B. (1999), “Evolutionary Perspective on Human Growth”. Annu. Rev. Anthropol, 28: 109-53.
* Churchill, S. E. (1998), “Could Adaptation, Heterochrony, and Neanderthals”. Evolutionary Anthropology, 7:45-60.
* Cosmides, L. y Tooby, J. (1992), "Cognitive adaptations for social exchange". En Barkow, J., Cosmides, L. & Tooby, J., (eds) (1992), The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture. New York: Oxford University Press.
* Gould, S. J. y Lewontin, R. C. (1984), “The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme”, pp. 252-270. En E. Sober (ed.), Conceptual Issues in Evolutionary Biology: An Anthology. Bradford Book. Cambridge (Mass.).
* Rivera, A. (2005), Arqueología cognitiva. El origen del simbolismo humano. Madrid. Arcos/Libros
* Rivera, A. (2009), Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
* Sean, B. C. (2005), Endless Forms Most Beautiful: The New Science of Evo Devo and the Making of the Animal Kingdom, W. W. Norton and Company.
* Schlaug G.; Knorr, U. y Seitz R. J. (1994), Inter-subject variability of cerebral activations in acquiring a motor skill. A study with positron emission tomography. Experimental Brain Research 98: 523-534.
* Sinha, Ch. G. (1996), “The role of ontogenesis in human evolution and development”. En Andrew, L. y Charles R. P. (ed.): Handbook of Human Symbolic Evolution. Oxford, Clarendon Press.

jueves, 30 de agosto de 2012

Dificultades de la Arqueología cognitiva

La Arqueología cognitiva es un método científico de investigación arqueológica muy desconocido. Sus causas son múltiples, y para poder conocerla un poco mejor es preciso realizar un análisis de las mismas, así como de conocer sus fundamentos teóricos y la metodología que aplicar a los datos arqueológicos. En definitiva, poder conocer ¿qué estudia? y ¿qué formas y métodos utiliza? 

La primera es relativamente fácil de contestar, pues de un modo genérico su principal meta es el conocimiento del origen y evolución de la cognición humana en el pasado. Esta definición es aplicable a toda la conducta humana en todas sus facetas, y no sólo a las conductas con un claro componente simbólico. Se parte de la premisa de que toda manifestación conductual humana sería la consecuencia de la actividad cognitiva de sus creadores. La segunda cuestión es mucho más compleja, pues su contestación depende de numerosos factores. Para entender tal complejidad habría que conocer los problemas que dificultan su conocimiento, uso y expansión:

1 - Puede que el principal sea que para su desarrollo tenga que utilizar ciencias ajenas a la Arqueología, pero propias del estudio de la conducta humana en la actualidad (Neurología, Sociología, Psicología, etc.). Estas ciencias aportan conocimientos y estudios realizados por autores que son muy desconocidos en el mundo arqueológico, lo que crea un ambiente de desconfianza, dificultad de comprensión y aplicación. Se suma que en muchos medios universitarios tampoco tienen mucho interés en su utilización y desarrollo, estudiándose muy superficialmente. Pocos de los recién graduados en Arqueología podrían desarrollar un tema amplio sobre la Arqueología cognitiva.

 2 - Como disciplina de reciente creación ha comenzado desde cero, como le ocurrió Arqueología general en sus inicios hace más de un siglo. Todo comienzo es errático, confuso y muy difícil de establecer, lo que sólo se consigue tras numerosos errores, correcciones, polémicas, y mucho trabajo. La Arqueología cognitiva se encuentra en una fase muy inicial, tanto en su metodología como en su aplicación a los datos arqueológicos.

3 - La propia idoneidad de su contenido (la cognición humana en la Prehistoria) hace necesario que se utilicen diversas ciencias, las cuales tienen que estar debidamente relacionadas. Es decir, se precisa estudios interdisciplinarios, lo que conduce a nuevos problemas como son la elección de las ciencias a utilizar, elegir las tendencias metodológicas de cada disciplina (sobre todo las más actualizadas) y realizar una interconexión interdisciplinaria lo más profunda posible.

4 - Los estudios no sólo deben establecer teorías generales sobre la cognición humana, sino que deben establecer unas pautas sobre la forma en que se origina y desarrolla la conducta humana. Éstas deben de ser asequibles a los arqueólogos, para que puedan aplicarlas con cierta seguridad en la interpretación del registro arqueológico.

Todos estos problemas dificultan enormemente el desarrollo teórico y práctico de la Arqueología cognitiva, favoreciendo el desinterés de la mayoría del mundo arqueológico. Hay que reconocer que lo que no se ha aprendido desde el principio, es ajeno a nuestros conocimientos y presenta una importante dificultad teórica y una utilidad práctica muy limitada, es muy difícil que despierte nuestro interés y, por tanto, su aplicación dentro de los estudios arqueológicos. Sobre algunos de estos problemas ya he hablado en anteriores entradas, por que remito a las mismas, limitándome en esta ocasión en la última expuesta: la creación de teoría generales y formas prácticas asumibles que aplicar a los datos de los yacimientos.

Pautas generales del origen y desarrollo de la conducta humana

Creo que todos estamos de acuerdo en que la conducta humana es la consecuencia de la actividad cerebral de sus creadores. Para entender la primera parece lógico que hay que tener ciertos conocimientos sobre el funcionamiento cerebral. Tradicionalmente, se admitía que la evolución de nuestro linaje fue aportando sucesivamente las capacidades cognitivas que posibilitaban los cambios conductuales. La selección natural guiaba y mantenía aquellos cambios que supusieran una ventaja selectiva. Así, todo cambio conductual se justificaba con las mutaciones genéticas oportunas. Todo es sencillo, fácil de entender, explicar y aplicar, pero son los propios datos arqueológicos los que han puesto importantes pegas a tan clara explicación.

Andrew Colin Renfrew (2008) establece el concepto de la “sapient paradox”, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro no se establecieron hasta mucho después, por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) promovida por las características medioambientales del entorno (social, tecnológico, ambiental, simbólico, etc.). La identificación del comportamiento moderno con una especie y un origen puntual y abrupto, sólo pueden definirse como “episodios saltacionistas”, relacionados con una mutación favorable (Klein 2003), de las que no existen ningún dato que justifique su existencia. 

En las entradas sobre la Arqueología cognitiva (orientación psicobiológica) ya he comentado este problema, en que siguiendo las premisas de la interdisciplinariedad hay que distinguir entre las capacidades cognitivas adquiridas genéticamente (evolución biológica) y su desarrollo (evolución cultural). Tenemos las capacidades (hardware) que la evolución nos ha dado, pero su simple existencia no implica su inmediata repercusión en la conducta, hay que desarrollarlas creando y aplicando el software adecuado. De la comprensión de estas dos caras de la misma moneda (desarrollo cognitivo) es de donde hay que sacar las reglas generales y básicas para el estudio de la conducta humana. Serían las que aplicaremos en la comprensión del desarrollo conductual humano en el Paleolítico. Por tanto tenemos tres apartados donde debemos dirigir nuestros estudios de la Arqueología cognitiva, sin olvidad que las tres forman una unidad funcional:

I- Base biológica (hardware: cerebro) de las capacidades cognitivas humanas (funciones ejecutivas, sistema emocional, memoria, abstracción, razonamiento, Percepción, creatividad, etc.). Habría que analizar sus mecanismos de evolución para poder conocer sus propiedades psicobiológicas y relacionarlas con la conducta. 

II- Desarrollo medioambiental de las capacidades cognitivas básicas. Evolución cultural Software. Interfaz que relacione las capacidades cognitivas con el medio ambiente: Percepción sensorial, Lenguaje, cultura, medios de almacenamiento de información externa. Emergencia de nuevas capacidades cognitivas (Lenguaje, simbolismo). En su estudio habría que analizar las conductas que requieran la existencia de cierto desarrollo cognitivo:
- Componentes básicos de la cognición humana: individualidad (social y personal), espacio y tiempo
- Planificación conductual con los parámetros temporales y/o espaciales.
- Relaciones sociales intra e intergrupales.
- Desarrollo de la individualidad social y personal (autoconciencia).
- Conductas simbólicas, espirituales, religiosas, jerárquicas, etc. 

III- Datos arqueológicos relacionados con el desarrollo cognitivo. Se realiza por medio de dos grupos de acciones.
A.- Características de la conducta humana:
- Proceso cultural acumulativo. Para su logro se necesita cierta estabilidad demográfica que facilite su perduración, transmisión generacional y progreso.
- Continuum heterogéneo en el tiempo y el espacio, con estadios intermedios de muy difícil conceptualización,
- La información necesaria para adquirir los conceptos y abstracciones que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles han de lograrse de la observación del medio ambiente en el que se vive, tanto de la propia naturaleza como de las construcciones sociales que los grupos humanos vayan creando
B.- Consideraciones sobre su estudio:
- Estudios interdisciplinares ampliamente representados.
- Racionalización de la estructura cognitiva: sus componentes básicos.
- Los datos arqueológicos como guía del desarrollo cultural y cognitivo.
- Amplia representación poblacional.
- Valorar sólo los datos arqueológicos reales que se obtengan del registro arqueológico.



Un problema muy importante, que siempre hay que tener en cuenta en el desarrollo cognitivo de las diferentes especies del género Homo, es que nunca podremos conocer la potenciabilidad real de las capacidades cognitivas de cada especie humana. Los restos arqueológicos nos informan sobre las consecuencias de su desarrollo, pues depende de las características de la interfaz que haya podido crear en su época (lenguaje, cultura, relaciones sociales, etc.), pero nunca sabremos el límite de su capacidad cognitiva. Hay que pensar que un ser humano del Paleolítico superior en nuestra época podría ser ingeniero, la capacidad cognitiva es la misma, pero su desarrollo es diferente y desigual en algunos aspectos.



El gran problema de la Arqueología cognitiva es que la mayoría de los autores que han trabajado en su estudio se han dedicado principalmente a la elaboración de teorías generales, pero han trabajado poco la creación de leyes básicas de aplicación al registro arqueológico. La elaboración de estas reglas básicas me ha permitido aplicarlas a los datos arqueológicos sobre diversos temas y periodos como ya indique en la entrada de aplicación de la Arqueología cognitiva. Hay que estudia las diferentes formas y métodos realizadas por los diferentes autores para comprender las limitaciones existentes y el camino que la Arqueología cognitiva debe de desarrollar.

* KLEIN, R. G. (2003): “Whither the Neanderthals?”. Science 299, 1525–1527.
* RENFREW, C. (2008): ”Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.

viernes, 3 de agosto de 2012

Conducta, pensamiento y lenguaje en el Paleolítico


En los medios arqueológicos se admite cierta relación entre la conducta observada en los yacimientos, el lenguaje de sus creadores y el pensamiento que pudieron tener. Sin embargo, la relación que estos tres procesos tienen entre sí, y de todos ellos con la evolución cognitiva y conductual, no está bien definida, pues estos se originan y evolucionan dentro de una estrecha interrelación. De tal manera están relacionados, que el conocimiento de uno de ellos (conducta apreciada en los yacimientos) tiene que corresponderse con una determinada forma de pensamiento y de su correspondiente simbolización social (sonora, gesticular, gráfica o mixta).


El lenguaje siempre se ha considerado como una propiedad humana de características innatas y exclusivas de los seres humanos. Este concepto nace de la simple observación, pues ningún otro animal es capaz de producir los sonidos del lenguaje con las características de intencionalidad y comunicación social de lo que pensamos. La idea de innatismo se refuerza con el hecho de que aparentemente todos los niños comenzaran a hablar desde muy temprana edad, sin que se aprecie un claro proceso de enseñanza intencionada por parte de algún adulto. Parece que genéticamente estamos programados para hablar, usando una determinada lengua. Sin embargo, la falta de unas condiciones sociales con un mínimo de cualidades específicas para su desarrollo, la aparición del lenguaje, su riqueza de expresión y la normalidad cognitiva de los niños, estarían muy limitadas. El ambiente en el que viven los niños pequeños tiene una vital importancia para el desarrollo de un lenguaje, de sus facultades mentales, de la estabilidad emocional y, por tanto, de su supervivencia (cultura y cognición).

Estas ideas nos indican la necesidad de considerar a las capacidades cognitivas como posibilidades a desarrollar, siendo la conducta observada el resultado del desarrollo de dichas capacidades. Así, se explica el carácter de mosaico cultural (Straus, 1996, 2005) que vemos en la conducta de la transición paleolítica, o la heterogeneidad temporal y espacial que recientemente se está exponiendo por diversos autores (D´Errico y Stringer, 2011). No obstante, el estudio del lenguaje en el Paleolítico no se suele analizar por las correspondientes conductas sociales y personales que es capaz de generar, sino por la capacidad de articulación sonora que los homínidos de nuestro linaje son capaces de producir. Pues esta capacidad sonora, por sí sola, no indica nada sobre su desarrollo como medio de simbolización del pensamiento, que es la causa primaria de toda conducta.

El lenguaje es tan importante para los seres humanos que sin él no hubieran podido producirse las numerosas culturas que han jalonado nuestra historia. Pero su importancia no radica sólo en la expresión sonora de lo que pensamos, sino que su función social (siempre se habla entre varios) y del desarrollo cognitivo (emocional y racional) que es capaz de producir, pues son tan fundamentales como la comunicación. No obstante, estas características cognitivas del lenguaje no siempre se han conocido ni tenido en cuenta en la explicación de los hechos humanos. Como puede apreciarse, existe una intensa e interesante relación entre el pensamiento (capacidades cognitivas), el lenguaje y la conducta humana. Tal relación queda reflejada en las características de nuestro pensamiento, pues si prestamos un poco de atención, cuando pensamos es como si habláramos con nosotros mismos (lenguaje interno). El pensamiento de beneficia de la fluidez y ordenamiento del lenguaje, aunque tales características no dejan de ser, a su vez, consecuencias de las capacidades cognitivas (abstracción, simbolización, etc.) del pensamiento.

La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico demaduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al. 1992; Vygotsky, 1920). Hay que añadir que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos. Cualquier proceso cognitivo tiene asociada una correlación emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992).

¿Cómo se relacionan estas ideas con el Paleolítico?

La relación es fácil de indicar. Si el niño principalmente aprende los conceptos abstractos y el simbolismo de la sociedad en la que vive por medio del lenguaje, es imprescindible que éste exista. Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. Pero no sólo en su aspecto sonoro o gestual (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

El Paleolítico fue el periodo en el que se formó evolutivamente el ser humano moderno (con sus capacidades cognitivas) y se crearon las condiciones medioambientales necesarias para su desarrollo. En este sentido, los útiles y conductas que vemos en los yacimientos arqueológicos son la manifestación externa del desarrollo cognitivo que alcanzaron sus creadores. Para la Arqueología cognitiva la evolución tecnológica (lítica y ósea) es sólo una manifestación de la conducta humana, pero no siempre es la más importante (aunque si la más abundante). Si lo más característico de la conducta humana moderna es el simbolismo que conlleva, los indicios (conductas, adornos, objetos, grabados, pinturas, etc.) de esta cualidad humana serían los que nos pueden ofrecer mayor información sobre lo más trascendente de la evolución cognitiva y conductual de los seres humanos: la conducta simbólica. Pero, para estudiar el simbolismo hay que tener unos medios teóricos adecuados, lo que la Arqueología cognitiva está tratando de plantear en la actualidad.

* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
* Straus, L. G. (1996): “Continuity or rupture: convergence or invasion: adaptation or catastrophe: mosaic or monolith: view on the Middle to Upper Paleolithic transition in Iberia”. En E. Carbonel y M. Vaquero (eds.): The Last Neandertals, The First Anatomically Modern Humans 51-76. URV. Tarragona.
* Straus, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67.
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.

lunes, 9 de julio de 2012

Inicio del Paleolítico superior. Síntesis

La exposición de las dos teorías generales sobre el inicio del Paleolítico superior realizado en la anterior entrada (Tesis y antítesis) nos indica claramente que el problema dista mucho de estar, no solo solucionado, sino adecuadamente encauzado. Sin embargo, tal opinión no es compartida por los defensores de las dos teorías, los cuales siguen exacerbando el valor de sus postulados y obviando los problemas que generan.

La constante controversia lo único que ha conseguido hasta ahora es una radicalización de las posturas, perdiendo toda la flexibilidad teórica que siempre debe acompañar en estas tesis basadas en fundamentos tan poco constatados. Por otro lado, es posible que los medios arqueológicos utilizados se muestren impotentes para poder llegar a una solución mínimamente consensuada, dificultando enormemente los nuevos intentos teóricos y metodológicos que pudieran ayudar a salir de esta inercia contextual. La razón de la persistencia de tal inercia teórica es la propia radicalización del proceso, que rechaza cualquier propuesta que no justifique sus posturas. Por todo habría que preguntarnos si realmente se quiere o se necesita una síntesis del problema. 

El desarrollo de una nueva síntesis no puede limitarse a un mero intento de quedar bien con las dos posturas, ni un termino medio equilibrado y equidistante de la tesis y antítesis. Su fin principal sería el poder adquirir un conocimiento, lo más objetivo posible, de los procesos cognitivos y culturales que tuvieron las poblaciones humanas de este complejo periodo. El resultado dependería de la interpretación de los datos arqueológicos que poseemos por medio de una metodología adecuada al problema con que nos enfrentamos. Ante la falta de datos arqueológicos que poder usar, es necesario utilizar todas las herramientas científicas que estén a nuestro alcance, así como de usarlas por medio de un concepto interdisciplinario que, en su unión y mutua dependencia teórica, refuerce los diversos postulados científicos que cada una de las ciencias utilizadas posee. Por tanto, se trata de conseguir, con los datos arqueológicos existentes y con su interpretación por medio de una metodología interdisciplinaria, un modelo de desarrollo cognitivo y cultural que satisfaga todos los problemas que la tesis y antítesis crearon. Este es el camino que voy a seguir.

1 - Reformulación crítica de los datos arqueológicos.

Es necesario volver a valorar los datos arqueológicos lo más objetivamente posible, valorando especialmente los aspectos temporales y espaciales de los cambios conductuales de las poblaciones humanas que realizaron la transición paleolítica. Existen problemas arqueológicos estudiados pero no resueltos:

- Respecto de los perjuicios valorativos sobre los HN en general se ha avanzado mucho, pues creo que actualmente pocos pueden defender la grotesca y bárbara imagen que se construyó en el siglo pasado sobre el Neandertal. Queda el problema de la igualdad, similitud o importante diferenciación de las facultades cognitivas que pueda existir entre los HAM y los HN. Como la única manera de poder analizar este problema es a través de los datos arqueológicos, tenemos que limitarnos a su estudio, sólo que utilizando las formas de un método adecuado.

- En los problemas de datación y calibración del C-14 también se han conseguido logros importantes, pero el límite de la técnica se sitúa precisamente en el inicio de este periodo transicional, lo que dificulta la obtención de datos más precisos. Otros medios de datación con isótopos (series de U/Th) se siguen utilizando y mejorando. Es el caso de las recientesdataciones de algunas pinturas del Cantábrico (Altamira, El castillo, etc.).

- Existe un problema, más paleontológico que arqueológico, que sólo puede solucionarse con el logro de nuevos datos en los yacimientos conocidos o en otros por descubrir. Me refiero a la falta de una correlación entre los fósiles humanos (HAM y HN) con el Auriñaciense arcaico. Existen ciertos restos óseos, principalmente dientes, en algunos restos yacimientos, pero que no tienen la suficiente claridad como para atribuir a una determinada población con seguridad. Pondré como ejemplo el yacimiento de Bacho-Kiro. En este yacimiento tenemos el nivel 11 subdividido en cuatro subniveles (I, II, II y IV). Se conocen varias dataciones, una por el método C-14 tradicional de 43.000 BP, y otras por C 14 AMS con fechas de 38.500 BP (n. 11-IV) y entre 37.600-34.800 BP (n. 11-II). El subnivel más profundo (IV) se ha encontrado un fragmento del cuerpo mandibular izquierdo con un molar de leche. Está asociado a al industria del lugar y parece ser de un HAM, pero al existir otros restos en el nivel 6 (otro fragmento mandibular, un fragmento de parietal y cuatro dientes aislados) puede discutirse la correcta ubicación, o que pertenecen al Neandertal. No se ha podido llegar a un consenso sobre su atribución a un concreto grupo humano.

- ¿Dónde se originó el Auriñaciense? Esta cuestión ha marcado el problema desde el principio, pues por un lado las ideas difusionistas estaban muy arraigadas cuando se elaboró la tesis de Out of Africa. Las culturas se originaban y desarrollaban en un área determinada, y desde allí se expandían. El problema es que no se ha encontrado ningún lugar que cumpla estas características. Se creía que el Auriñaciense llegó a Europa con un importante desarrollo tecnológico y simbólico, avanzando por la costa mediterránea y el corredor del Danubio, dejando como muestra los antiguos yacimientos atribuidos al Auriñaciense más antiguo, inicial o arcaico. Existen multitud de teorías sobre tal origen, pero todas tienen un enfoque muy local o regional con escasa visión generalizada de la Europa del momento. Tenemos diversos lugares a los que se les atribuye la posibilidad de asentar tal fenómeno cultural:

+ En el Próximo Oriente, donde clásicamente se encontraron las llamadas tecnologías de transición en Boker Tachtit y Ksar Akil, junto a los restos de los HAM de Skhul y Qafzeh, que por su situación representan un posible testimonio de la expansión de los mismos desde África hacia Europa (Bar-Yosef, 1996; Stringer y Gamble, 1993).
+ En Anatolia, lugar poco explorado pero con un posible e importante peso específico al ser un gran territorio con grandes posibilidades y estar, igualmente que el anterior, en una zona intermedia que sirve como puente natural entre Europa y África, por lo que debió de ser al menos lugar de tránsito de los HAM (Otte, 1998).
+ Los Balcanes y sudeste de Europa, lugar donde se han encontrado los primeros indicios del Auriñaciense con fechas más antiguas en la cueva de Bacho Kiro (Kozlowski, 1988).
+ Al este de Europa en zonas esteparias de Asia central, desde donde pudo extenderse al continente europeo (Otte, 1996).
+ En centroeuropa (Allsworth-Jones, 1986, 1990; Otte, 1990).
+ Italia (Broglio, 1993; Gioia, 1990; Mussi, 1990).
+ Oeste europeo (Rigaud, 1993).
+ Norte de España (Bischoff et al. 1989).

Ninguno de estos lugares, en función de sus datos cronológicos y arqueológicos, puede explicar satisfactoriamente la rápida expansión que parece ser tuvo lugar a en Europa, ni las particularidades técnicas que hacen pensar en una atribución cultural de origen local. Según las indicaciones de la antítesis, los yacimientos anteriores al 36.000 BP se pueden atribuir al HN, lo que genera un gran problema. También indican que en esa fecha los HAM aparecieron en Europa con un Auriñaciense ya muy elaborado, desconociendo totalmente el lugar y la forma de su origen y desarrollo. Se facilita un continuum cultural a los HN, pero se difumina o se ignora el correspondiente a los HAM.

- Presencia de cierta relación tipológica de la primera industria Auriñaciense con el Musteriense. Si el Auriñaciense vino ya formado de donde sea, toda relación tipológica y tecnológica con el Musteriense dificultaría esta teoría, apoyando más la de una evolución local o regional. Se pasa por alto, en el intento de un difusionismo a ultranza, que todas las culturas del inicio del Paleolítico superior (Uluzziense, Chatelperroniense, Auriñaciense, etc.) son productos culturales que han partido de un Musteriense, ya sea en Europa o en el oeste de Asia. En los primeros momentos del continuum cultural de cada cultura es obligatorio que se mantengan ciertas formas relacionadas con el Musteriense, como así se ve en todos los yacimientos de este periodo.

- Difícil articulación arqueológica sobre la autoría de los HN de los yacimientos con tecnología del Auriñaciense de transición o arcaico. El comienzo de una tecnología laminar y ósea repartida por toda Europa, sin antecedentes tecnológicos previos (salvo en el oeste de Asia: Baradostiense), que está rodeada de un Musteriense o industrias derivadas de él (Chatelperroniense, Uluzziense) que tienen unas expansiones geográficas muy limitadas, y que por causas no conocidas se continúan con el Auriñaciense de los HAM, es una teoría muy forzada desde el punto de vista arqueológico. Tal formulación teórica supone una irregularidad única dentro de un contexto de desarrollo cultural de los HN. Los neandertales tienen un modelo en Europa de evolución cultural de gran homogeneidad, caracterizado por un desarrollo muy local, aspecto de mosaico cultural, y siempre a partir del Musteriense local, lo que contradice las características de los asentamientos auriñacienses arcaicos (sobre niveles estériles, sin Musteriense más antiguo, etc.).

- Gran limitación (temporal y geográfica) de los adornos y tecnología ósea del Chatelperroniense y Uluzziense. Sólo algunos HM (clara minoría) desarrollaron conductas simbólicas relacionadas con los adornos. El problema aparece cuando se generaliza una excepción conductual de una minoría de neandertales.

- La amplia crítica de los antiguos yacimientos correspondientes a los HAM plantea ciertas dudas sobre la objetividad de su realización, pues tal revisión está realizada sobre los antiguos registros documentales, y no sobre nuevas excavaciones o estudios en el yacimiento. Son pues nuevas interpretaciones basadas en el criterio de sus realizadores. No cabe duda de que pueden tener cierta razón en sus afirmaciones, pero la crítica es demasiado generalizada y muchas veces basada en opiniones, posiblemente ciertas, pero no demostradas, lo que suscita opiniones contrarias entre los excavadores actuales de tales yacimientos, o entre los autores opuestos a esta teoría.

- Mientras se critica a todos los yacimientos que se oponen al inicio independiente del Chatelperroniense (en su más amplia concepción: tecnológica y simbólica), se omiten las mismas críticas en los yacimientos correspondientes al Chatelperroniense. Pues no hay que olvidar que también son muy antiguas (sino son más antiguas aún), por lo que la metodología empleada en la realización de sus respectivos registros arqueológicos (base del estudio) no es muy adecuada según los criterios actuales. En todos los yacimientos hay que valorar los mismos problemas estratigráficos de contaminación de materiales, de datación y tafonómicos. Así, diversos autores (Mellars, 1999; Rigaud, 1996) indican muchos de los yacimientos del Chatelperroniense se sitúan encima de estratos correspondientes al Musteriense, siendo frecuentemente contaminados los niveles superiores (Chatelperroniense) por materiales provenientes de estratos inferiores (Musterienses).

2 – Criticas desde la Arqueología cognitiva.

El problema tiene unos componentes psicobiológicos muy importantes (capacidades cognitivas, simbolismo, lenguaje, relaciones sociales, etc.), los cuales se escapan en su estudio de los medios tradicionales de la Arqueología. Habría que valorar la inclusión en el debate de nuevos métodos de interpretación de la conducta humana directamente relacionados con sus formas de origen y desarrollo. Me refiero a la Arqueología cognitiva (orientación psicobiológica) que utiliza de forma interdisciplinaria las ciencias que están directamente relacionadas con el estudio de la conducta humana (Psicología, Neurología, Biología evolutiva, Ciencias sociales, Lingüística, etc.). Bajo esta perspectiva tenemos diversas críticas.

- La consideración de que las dos poblaciones tuvieron unas capacidades cognitivas muy parecidas, incluso casi iguales, no está estudiado desde un punto de vista evolutivo y psicobiológico. Se olvida un axioma evolutivo: Nunca evoluciones independientes han producido los mismos resultados evolutivos. Lo que podría aplicarse a los HN y HAM. Igualmente, se conocen diferencias corporales y neuroanatómicas (Bruner, 2003) que pueden indicar diferenciación cognitiva.

- Hay que establecer el continuun cultural y cognitivo de las dos poblaciones, pues, aunque éste sea heterogéneo en el tiempo y espacio geográfico, debe existir cierto lazo de unión en los diferentes niveles de la evolución cultural y conductual de cada población. Sobre todo cuando hablamos de épocas en las que periodos de tiempo relativamente cortos se producen numerosos cambios, como es el caso de la transición europea.

- Se hace necesario considerar al Chatelperroniense (como a todas las culturas humanas) como procesos culturales que necesitan de ciertas características medioambientales, como son los cambios demográficos y logísticos que produzcan una motivación cognitiva para su realización. Así, puede existir un inicio de un independiente Chatelperroniense tecnológico, pero no otras formas de matiz simbólico hasta periodos más recientes y con motivaciones diferentes. Se hace imprescindible el profundizar en los aspectos simbólicos del Chatelperroniense.

- La desaparición de los HN en un dato arqueológico y paleoantropológico de primera magnitud, pues su significado aporta importantes evidencias sobre lo acontecido en este periodo. Sin embargo, con el amparo de que no se conocen las causas que lo motivaron, los seguidores de la antítesis simplemente lo olvidan y lo apartan del estudio del inicio del Paleolítico superior. Si las capacidades cognitivas de las dos poblaciones hubieran sido exactamente las mismas, las únicas causas (ajenas a cualquier tipo de diferenciación cognitiva racional o emocional) que podrían justificar esta desaparición serían la guerra y genocidio (sin ningún dato arqueológico en los milenios que convivieron), y la transmisión de alguna enfermedad que el sistema inmunitario de los HN no pudo superar, lo que es difícil de creer, pues un proceso de esa naturaleza hubiera acabado con todos los HN mucho antes y no tras varios milenios de cercana convivencia. Una tercera causa sería la hibridación completa de las dos poblaciones, pero los estudios de ADN de los HN sólo indican (hasta el día de hoy) un pequeño cruce en el PO durante el Musteriense.

Si dos poblaciones conviven en el mismo medio ambiente y una desaparece, sólo podemos afirmar que la capacidad global de adaptación y de supervivencia de la que desapareció era inferior a la que tenía la que sobrevivió. Esta norma siempre se ha aplicado a todos los seres vivos como la selección natural de la teoría evolutiva. En este contexto, más que olvidarnos del asunto, hay que indagar en qué eran diferentes las dos poblaciones. Siempre se ha hablado de capacidades cognitivas en referencia a la inteligencia, como si el que desapareció fuera simplemente tonto. Tal aseveración es más pueril que científica, pues las capacidades cognitivas, tanto racionales como emocionales, tienen infinidad de estados intermedios, y lo que se discute no es la ausencia de una u otra capacidad, sino la manifestación global de todas ellas en los intentos de sobrevivir en las condiciones ambientales del periodo transicional. Lo cierto es que con anterioridad y con condiciones climáticas parecidas los HN los pudieron superar, pero algo les impidió volver a realizar esta superación cuando los HAM estaban presentes en el mismo medio, y aún así se tardó varios milenios en llegar a su desaparición total. Más que ignorar el problema hay que estudiarlo con criterios más objetivos que los usados hasta ahora.

- El desarrollo cognitivo que favorece las conductas simbólicas siempre se encuentra en lugares con una importante relación social y un desarrollo tecnológico (laminar y óseo con tecnología del PS) consecuencia del aumento de la reflexividad y flexibilidad conductual alcanzada por las características medioambientales desarrolladas.

3 – Elaboración de la síntesis. Modelo de desarrollo cognitivo y cultural.

Hay que intentar establecer un modelo general sobre tal cambio, que pueda solucionar los problemas que las dos teorías (tesis y antítesis) produjeron:

I - Superar definitivamente los perjuicios valorativos de los HN, estudiando las posibles diferencias cognitivas (racionales y/o emocionales) que puedan existir entre las dos poblaciones. Se realizarán analizando sus conductas conocidas con los criterios de representación estadística de los avances culturales y simbólicos en Europa, uso exclusivo de los datos arqueológicos conocidos y análisis por medio de métodos interdisciplinarios adecuados (Arqueología cognitiva). Como es fácil de comprender el desarrollo de este problema escapa en magnitud y complejidad a los medios de un blog. No obstante, remito a los interesados a un trabajo publicado en la Revista Portuguesa de Arqueología (2008) y que puede ver por Internet. Sin embargo, para una somera comprensión del problema indicaré en los siguientes apartados los aspectos más relevantes del mismo.

II - Estudio comparativo del simbolismo de los HN y HAM de la transición paleolítica. Ya se vio como los elementos simbólicos de los HN estaban muy restringidos geográficamente, pues los adornos sólo aparecen en seis yacimientos franceses: Cauna de Belvis, Grotte du Renne Châtelperron, Roc de Combe, Roche-au-Loup y Roche de Quinçay (D´Errico et al. 1998). Hay que valorar un uso intensivo del ocre que suele cubrir de color todo el hábitat donde se encuentra, mientras que en el Musteriense se encuentra de una forma mucho más aislada (Baffier, 1999). En muchos de sus yacimientos no se encuentran algunas de sus producciones líticas, o lo están en muy escasa proporción, dando aspecto de cierta pobreza tecnológica (Gamble, 2001). Este fenómeno donde más se aprecia es en la Península Ibérica, pues en la mayoría de sus yacimientos falta una tecnología laminar y ósea, lo que permite intuir la existencia de un Musteriense con puntas de Chatelperron más que de un pleno Chatelperroniense (Maroto et al. 2005). Pudiera ser que no hay que considerar al área arqueológica del Chatelperroniense como una verdadera extensión territorial de hábitat, sino sólo como una extensión de su potencial de abastecimiento (Gamble, 2001), o de influencia de los chatelperronienses a otros musterienses con menor desarrollo cognitivo y cercanos geográficamente. Incluso de influencia o relación con los HAM del inicio del Auriñaciense arcaico, lo que parece intuirse en la Península Ibérica con la presencia de puntas de chatelperron en yacimientos considerados como Auriñacienses (L´Arbreda, Reclau Viver y El Castillo). El Uluzziense se conceptúa como una conducta moderna, aunque de forma más limitada. Se conoce el uso de la tecnología laminar con microlitos, y una incipiente utilización del hueso como materia prima. Se han encontrado conchas perforadas y colorantes amarillo (limonita) y rojo (ocre) en la cueva de Cavallo (D´Errico et al. 1998).

La escasa representación de adornos y de tecnología ósea no puede ser una característica cultural de todos los chatelperronienses y, por extensión, de los neandertales en general, pues su representatividad estadística en el total de su población en este periodo es muy limitada. Su existencia es más una rareza que una generalidad, y como tal debe ser entendida y estudiada, al menos hasta que nuevos descubrimientos indiquen otra cosa. Sin embargo, algunos neandertales si fueron capaces de elaborar, con tecnología propia, tales adornos y útiles óseos. Ambos procesos, la creación de estos objetos por parte de algunos neandertales y su ausencia en la mayoría de los yacimientos chatelperronienses y en todos los demás atribuidos al Neandertal, deben ser explicados. Estas escasas manifestaciones de simbolismo moderno indican que el Chatelperroniense y Uluzziense son unas culturas del Paleolítico Superior en el sentido cronológico y tecnológico (con su industria lítica). Sólo en algunos núcleos se presentaron las características simbólicas del Paleolítico Superior, posiblemente debido a la proximidad de poblaciones modernas, dándose en ambos sentidos las condiciones necesarias para tal desarrollo (Rivera, 2008).


III - Establecer el origen (formas y causas) del Auriñaciense. Tradicionalmente, a todas las culturas europeas transicionales que no estuvieran relacionadas con el Auriñaciense se les ha atribuido a los neandertales. La ausencia de fósiles asociados a las mismas dificulta la elaboración de teorías opuestas. Además, el concepto de que los HAM entraron en Europa portando un Auriñaciense más o menos elaborado, impide asociar a esta población otro tipo de culturas. El concepto de la llegada a nuestro continente de poblaciones modernas portadoras de una tecnología laminar, pero sin la elaboración simbólica o tipológica propia del Auriñaciense, abre el debate sobre la posibilidad de que algunas culturas del este de Europa pudieran ser originadas por los HAM. Es el caso de aquellas que tienen gran semejanza tecnológica con las industrias del Próximo Oriente (levallois laminar), y tienen un carácter intrusivo respecto de las demás culturas de la zona como el Bohuniciense (Marks, 1983; Svoboda, 1986, 2002; Svoboda et al. 1996; Kuhn et al. 1999; Bar-Yosef, 2006; Mellars, 2006) o tengan elementos suficientes (Bachokiriense) como para compararlas con el llamado Auriñaciense de losZagros o Baradostiense, (Kozlowski y Otte, 2000; Harrold y Otte, 2001; Olszewski y Dibble, 2006). Estas poblaciones, por motivos desconocidos (posiblemente de carácter demográfico, climático y de supervivencia), emigraron al este de Europa, donde llegaron con una tecnología que podemos definir como Paleolítico Superior Inicial (IUP), con un sentido más tecnológico que simbólico. El problema es la falta de conexión geográfica, y la correlación paleoantropológica.

IV - Realizar el continuum cultural de los HN y HAM. Con la llegada de los HAM se produciría una interacción poblacional con los HN, provocando nuevos problemas sociales, logísticos y demográficos. Estos, acrecentados por las características climáticas del momento, forzaron la creación de nuevas conductas más complejas y adaptativas (reflexividad y flexibilidad conductual). Ambos grupos pudieron desarrollar diversos tipos de conductas simbólicas de forma simultánea (Auriñaciense arcaico, Chatelperroniense y Uluzziense), aunque con características y grado de desarrollo diferentes. Serían el reflejo conductual de su respectivo desarrollo cognitivo, facilitado y limitado a sus propias capacidades psicobiológicas. Así pues, lo más llamativo fue la existencia simultánea de conductas con diferente grado de desarrollo cognitivo: sin simbolismo (Musteriense tardío, Musteriense con puntas de Chatelperron sin tecnología laminar) y con simbolismo (Chatelperroniense clásico, Auriñaciense arcaico con puntas de Chatelperron y abundantes elementos de sustrato, Auriñaciense arcaico sin elementos musterienses, Fumariense, etc.). Hay que destacar que los dos modelos de desarrollo cognitivo y conductual tuvieron lugar prácticamente en un mismo periodo de tiempo, (Maroto et al. .2005), posiblemente de carácter independiente el tecnológico y más relacionado con las poblaciones el simbólico (Rivera, 2008). Esta compleja producción, junto con el estancamiento cultural de otros grupos de neandertales, es causa del típico aspecto de mosaico (Straus, 2005).

Sobre cual pudo ser la primera cultura en iniciar el camino de la modernidad, la controversia parece que va continuar, por lo menos hasta que no se consigan cronologías más exactas y una correlación antropológica bien establecida. No obstante, si hay que indicar la prioridad de alguna, es necesario realizar un detallado análisis de las características de todo el proceso de desarrollo cultural. Primero, los antecedentes culturales de los HAM en África (McBrearty y Brooks, 2000; D´Errico, 2003; Mellars, 2005), donde aparecen algunas de las características de la conducta moderna con anterioridad al Paleolítico superior europeo y, desde luego, con mayor complejidad que en los antecedentes de los neandertales en el Paleolítico medio. Además, el registro arqueológico europeo es mucho más intensivo y extensivo que el africano, lo que confirma con mayor exactitud esta diferencia conductual. Segundo, el inicio y desarrollo cultural de los HAM ofrece una generalizada reflexividad y flexibilidad conductual. Mientras que los neandertales ofrecen una mayor diversidad cultural pero con diferente nivel simbólico, dando la impresión de cierta fragmentación social y cultural, así como una importante desigualdad de su desarrollo cognitivo. Tercero, su propia evolución temporal con la desaparición del neandertal y de todas las culturas que se le atribuyen, indica una menor capacidad de adaptación a la nueva situación demográfica, social y ambiental de este periodo, siendo aprovechado por los HAM para su supervivencia y expansión.

V - Elaborar un modelo sobre la desaparición de los HN. Conocemos la existencia de una diferencia anatómica, neurológica y cognitiva entre las dos poblaciones, que otorgan a los neandertales unas menores capacidades cognitivas (funciones ejecutivas social y simbólica, creatividad y motivacional). Teniendo en cuenta la interconexión funcional de todas las capacidades cognitivas, el resultado sería, en comparación con los humanos modernos, una manifestación cultural marcada por la disminución de su flexibilidad conductual, lo que supone una menor capacidad de adaptabilidad (creación de nuevas técnicas, mejores relaciones sociales, migración a otros lugares mejores conocidos, etc.), junto con una menor rapidez en la respuesta a los cambios climáticos, sociales y demográficos del inicio del Paleolítico superior. Durante este periodo el clima ofrece unos cambios importantes y peculiares, tanto por la oscilación en el cambio de temperatura como por la rapidez en su ritmo de alternancia, como puede verse en los registros de los núcleos de hielo de Groenlandia (GISP2, GRIP). Hemos visto que los aspectos sociales de los grupos de neandertales presentaban una menor complejidad y estructuración, así como cierto aislamiento cultural y geográfico. La consecuente fragmentación social, con grupos más pequeños y aislados social y geográficamente, produce una menor viabilidad demográfica, al disminuir su capacidad de reproducción por el aislamiento y aumento de las dificultades de supervivencia (Mellars, 1998). Al elevar la mortalidad infantil y disminuir su longevidad, en unos milenios se limitaría su permanencia demográfica. El aumento de la tasa de mortalidad infantil de tan sólo un 2%, justificaría su extinción en unos 1000 años (Zubrow, 1989).

Se produce un gradual y continuo aumento de la población de los humanos anatómicamente modernos, con el consiguiente aumento de competición entre las dos poblaciones sobre la ocupación y explotación de las zonas con intereses económicos (Stringer y Gamble, 1996). La causa de la mayor capacidad competitiva de los humanos modernos, se basa en la creación de una tecnología más compleja, así como de la posesión de modelos más estructurados de organización social y de comunicación, confiriendo a sus poseedores una eficacia adaptativa mucho mayor. Esto produce una inevitable situación de competición con los neandertales, cuyo resultado pudo ser una gradual contracción de sus poblaciones a zonas más limitadas en todo el continente (Gamble, 2001; Mellars, 1998). En definitiva, la presión ambiental, tanto climática como la que representaba la presencia de un nuevo y diferente grupo humano (competencia logística y geográfica), junto con sus propias características cognitivas (menor reflexividad y flexibilidad conductual con la consecuente limitación social, cultural y demográfica), serían los motivos que, tras el largo periodo de convivencia, les llevaría a su desaparición en Europa.

VI – Conclusiones. Todas las consideraciones que he realizado a lo largo de este spot y del anterior constituyen una síntesis sobre los procesos acaecidos en el inicio del Paleolítico superior en Europa por las poblaciones que en ella habitaban (HA y HAM). Sin embargo, quiero dejar claro que tales ideas deben manejarse con el cuidado y precaución que este tipo de estudios requieren. El conjunto de sus contenidos constituyen una nueva tesis, y las contradicciones o problemas que vayan apareciendo configurarán otra antítesis, que con el tiempo se remodelará con otra síntesis. Y es, dentro de este proceso dinámico a lo largo del tiempo, como debe de ser entendida, aceptada y, si es necesario, modificada. Aunque las modificaciones corren a cargo de todos los interesados en estos temas, y no sólo de los que tradicionalmente escriben sobre ellos, pues muchas veces en la defensa de sus creencias se peca de una subjetividad inconsciente pero real.


La bibliografía se encuentra en los artículos míos con referencia en Internet. Sólo indico los más trascendentes para la comprensión del texto.
* Bruner, E.; Manzi, G. y Arsuaga, J. L. (2003): Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages. PNAS. 100 (26): 15335-15340.
* Cabrera, V.; Maillo, J. M.; Lloret, M. y Bernaldo de Quirós, F. (2001): “La transitión vers le Paléolithique supérieur dans la grutte du Castillo (Cantabrie, Espagne): la couche 18”. L´Anthropologie 105: 505-532.
* D'Errico, F.; Zilhao, J.; Julien, M.; Baffier, D. y Pelegrin, J. (1998): “Neanderthal acculturation in western Europe? A critical review of the evidence and its interpretation”. Current Anthropology, 39 (supl.): 1-44.
* Lévêque, F. (1993): Les données du gisement de Saint Césaire et la transition Paléolithique moyen/supérieur en Poitou-Charentes. En Cabrera (Edit): El origen del hombre moderno en el suroeste de Europa. UNED. Madrid.
* Maroto, J.; Vaquero, M.; Arrizabalaga, A.; Baena, J.; Carrión, E.; Jordá, J. F.; Martinón, M.; Menéndez, M.; Montes, R. y Rosell, J. (2005): Problemática cronológica del final del Paleolítico Medio en el Norte Peninsular. Neandertales cantábricos. Estado de la Cuestión. El Paleolítico Medio cantábrico: hacia una revisión actualizada de su problemática Museo de Altamira. Monografías, 20: 101-114. Santander.
* Mellars, P. A. (1999): “The Neanderthal problem continued”. Current Anthropology 40 (3): 341-50.
* Rigaud, J-P. (1996): «L’émergence du Paléolitique supérieur en Europe occidentale. Le rôle du Castelperronien ». En O. Bar-Yoseph, L. Cavalli-Sforza, R. March y M. Piperno (Eds.), The Lower and Middle Palaeolithic. Forli, ABACO, p 219-223.
* Straus, L. G. (2005) - A mosaic of change: the Middle–Upper Palaeolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia. Quaternary International. Oxford. 137: 1, p. 47-67.
* Stringer, C. y Gamble, C. (1993): En busca de los Neandertales. Ed. Crítica. Barcelona.
* Zilhao, J. y D'Errico, F. (1999): “The chronology and taphonomy of the earliest Aurignacian and its implications for the understanding of Neandertal extintion”. Journal of World Prehistory.