viernes, 1 de noviembre de 2013

Las especies humanas (evolución y concepto)

La serie de cinco cráneos descubiertos en Dmanisi en estos últimos años han conseguido centrar el interés general en el mundo de la Paleoantropología y, de rebote, al de la Arqueología. El reciente hallazgo del quito cráneo y la interpretación que sus descubridores han realizado a puesto en duda un concepto que parecía que estaba plenamente afincado. Me refiero a la idea que tenemos de especie dentro de la Paleontología.

El yacimiento de Dmanisi está situado en la república de Georgia, a 85 km al sur de su capital Tiflis en el Próximo Oriente. En los niveles más antiguos, correspondientes al Paleolítico inferior y datados en unos 1'8 m.a., se han encontrado importantes restos de industria lítica del Modo I y, lo que parece más interesante, los restos más antiguos de seres humanos hallados fuera de África.

Sin embargo, lo más llamativo de toda la serie de descubrimientos que se han realizado, ha sido la interpretación que se ha dado sobre la gran variedad morfológica que se ha descubierto en sus 5 cráneos. A pesar de las diferencias anatómicas que se observan en ellos, destacando la gran diferencia que existe entre sus mandíbulas, sus descubridores defienden que puede tratarse de una misma población o especie humana, incluso de que todos murieron a la vez por causas de una catástrofe natural. Esta muestra proporciona una evidencia directa de una amplia variación morfológica que parece existir entre y dentro de los primeros Homo, planteando la hipótesis de que estas primeras poblaciones humanas (Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo ergaster y Homo erectus), sean en realidad una misma especie. El tema ha sido publicado en la revista Science, y ha tenido una repercusión inmediata.

Los cinco cráneos de Dmanisi -Foto: M. Ponce de León. 
Sin embargo, no todos están de acuerdo, pues un equipo de arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid, han observado en las herramientas del yacimiento diferencias en su producción, lo que abre la puerta a la posibilidad de que éstas fueran elaboradas por dos grupos diferentes. Así lo recoge MaríaMartinón en el blog del Museo de la Evolución Humana, donde además, expone que aunque la tesis nula de los autores del artículo (la posibilidad de que todos los Homo primigenios sean de una misma especie) no se pueda en la actualidad refutar, no quiere decir que esté probada.  

El concepto de especie

Estos descubrimientos e interpretaciones nos indican lo poco que sabemos sobre la realidad biológica que significa la evolución, la forma de realizarse y como poder estudiarla con un fundamento que no deba de reinterpretarse cada vez que se produzca un nuevo e insólito descubrimiento. Aunque el concepto de especie en biología parece estar bien establecido, en realidad en un tanto abstracto, controvertido y a veces poco fiable. Pero, es muy útil, pues no existe otra forma de establecer un análisis racionalizado de la variedad biológica del presente y del pasado.

La aceptación de laidea de especie como un hecho real, corresponde a un proceso clasificatorio existente en la estructura académica vigente, siendo usado para una mejor exposición doctrinal de la realidad viviente y fósil. Así, lo expresa Emiliano Aguirre en su discurso del acto de recepción a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Aguirre, 2000: 35):

Un taxón no es el ser viviente que pretendemos conocer – y que representa realmente nuestro fósil-: los taxones son entidades abstractas, producto de una operación racional, término de un lenguaje técnico.

Su definición más aceptada corresponde a un concepto biológico que especifica su contenido como la capacidad de reproducción o descendencia fértil entre elementos observables de similar anatomía (Ayala, 1980: 96). En el registro fósil es imposible poder conocer esta característica biológica, por lo que deben de establecerse criterios puramente morfológicos, considerando miembros de especies diferentes aquellos organismos de distintas épocas (aunque existe la posibilidad de convivencia temporal más o menos limitada) que difieran anatómicamente entre sí, al menos tanto como se diferencian los organismos actuales clasificados como especies distintas (Simpson, 1945: 16). 

Con estas ideas es imposible comprobar la hibridación biológica de los grupos humanos en el Paleolítico. Todo quedaría en el análisis de la diferenciación anatómica, la cual estaría marcada en función del azar de los descubrimientos en el tiempo y el espacio, del número de muestras a estudiar, del estado de las mismos, del registro paleoantropológico anterior y del propio criterio de sus descubridores, lo que implica una subjetividad científica importante, sólo admisible ante la notoria falta de datos más fiables. Por tanto, no podemos precisar, con la seguridad deseada, que algunas de las especies de nuestro género no sean en realidad manifestaciones diferentes de una misma identidad biológica (entidad de base real desconocida), con todo lo que ello podría significar.

La teoría sintética de la evolución entiende a las especies no como entidades inmutables, sino como realidades dinámicas en continuo cambio en el tiempo y en el espacio, ofreciendo un paulatino y lento cambio morfológico. Esta forma de cambio evolutivo se produce junto a otras variaciones morfológicas realizadas con mayor rapidez en la formación de las especies, como explica el modelo de los equilibrios puntuados y las nuevas directrices sobre el cambio morfológico ya vistas en otras entradas (Mecanismos de cambio morfológico; Paleontología,Biología evolutiva, Genética y Arqueología en la transición).A estas bases teóricas hay que añadir las conclusiones que actualmente se están formulando y que pueden cambiar mucho tales conceptos:

- El desconocimiento de la realidad paleontológica de Asia. Si bien Europa y África están relativamente bien estudiadas, el continente asiático presenta una serie de problemas paleontológicos y arqueológicos que muchas veces no se acoplan bien con los datos obtenidos en los otros dos continentes. Recientes estudios de investigadores españoles sobre fósiles chinos “reabren la cuestión sobre el origen del Homo sapiens”. Aunque aún es muy pronto para llegar a una conclusión fiable. 

 - La información que podemos obtener de las nuevas técnicas sobre el ADN fósil, puede aclarar mucho la situación o complicarla aún más, pues es muy posible que rompa las simples ideas de evolución más o menos lineal y/o gradual de especie en especie (p. e. Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens como entidades biológicas independientes y continuas en el tiempo). Puede que sea necesario un nuevo paradigma, que sea mal flexible a estos nuevos datos genéticos y paleontológicos.

- La dificultad de conocer todos los mecanismos de cambio evolutivo, pues estos no están aún comprendidos del todo. Si creemos que este proceso biológico esta dentro de las leyes del azar, todos los mecanismos que puedan producir cambios de cualquier tipo en el genoma de una especie (cambios genéticos, mecanismos de regulación internos y externos, regulación en su manifestación embriológica, etc.) seguro que se han producido en múltiples ocasiones. Así, cada vez se tiene más en cuenta que la evolución es causa del cambio de la ontogenia de diversos miembros de una especie, con independencia de los mecanismos requeridos. El problema es múltiple, pues ni conocemos la totalidad de estos mecanismos, ni tenemos modo de conocer cuales se utilizaron en los procesos evolutivos conocidos.

- La complejidad que supone la evolución de los seres humanos, pues con ellos se añaden nuevos conceptos que no presentan las otras entidades biológicas. Me refiero a la cultura humana, capaz de modular en parte la acción de la selección natural. Esto se ve claramente en la expansión de los humanos, proceso que ninguna otra especie de primates ha podido realizar.

Ante esta complejidad evolutivas y la posibilidad (comprobada en algunos casos) de varias especies coetáneas, algunos autores ven la evolución humana como un arbusto ramificado, con gran dificultad para conocer cual es el pariente más cercano y quién es el antepasado de quién (Angela et al. 1989: 187). En este arbusto, cada humano representado por sus restos fósiles son sólo unas ramitas laterales que se han significado, no sólo por sus cualidades, sino por la extinción de todos los demás. El concepto tradicional de especie se diluye y es posible que grupos humanos con una determinada anatomía (más o menos aislados geográficamente) en sus continuas emigraciones (por empeoramiento climático, desastres naturales, etc.) pudieron cruzarse biológicamente con otros humanos con los que mantenían diferencias morfológicas importantes, siendo sus descendientes fértiles o no.


En este sentido, pudieron existir diversas poblaciones humanas en Asia e incluso en África, producto de evoluciones diferenciadas y por el aislamiento geográfico. De la coexistencia de estas variadas poblaciones algunas de ellas se mezclarían, mientras que otras no lo harían. El problema es que es prácticamente imposible conocer estas posibilidades, que sólo podemos conocer por medio de los tan buscados fósiles híbridos, y actualmente del ADN fósil de nuestros ancestros más recientes.   

Problemas que plantea esta situación

- Inseguridad a la hora de definir y diferenciar grupos humanos como especies, sobre todo cuando son coetáneas, como es el caso de Dmanisi.

- La hibridación solo confiere como certeza la descendencia de la mezcla de dos grupos, es decir, la capacidad biológica de fecundación. Pero no condiciona que sus capacidades cognitivas sean iguales. Este problema se agudiza entre las poblaciones más recientes de nuestro linaje y que además convivieron cierto tiempo, me refiero a los Humanos neandertales y a los Humanos anatómicamente modernos.

- Dificultad para analizar las características psicobiológicas de cada grupo humano, pues dependiendo de la forma de evolución así se tendrán una propiedades u otras. La evolución no produjo automáticamente la aparición de poblaciones humanas con los logros conductuales que la arqueología nos muestra, por lo que seguir justificándolos como logros directos de mutaciones o procesos evolutivos específicos, así como intentar ver logros culturales y simbólicos a través de la propia evolución morfológica, no creo que deba ser el camino que la Arqueología deba seguir en la actualidad. Opino que debe crear sus propios cauces y directrices sobre la evolución humana en los aspectos conductuales, pero con cierta independencia de los criterios morfológicos propios de la Paleontología. En este sentido, parece que la Arqueología cognitiva si puede tener mucho que decir.

Conclusiones

Puede que el concepto de especia, tal y como lo usamos en la actualidad, haya que revisarlo cuando se trate de poblaciones humanas del Pleistoceno (paleolíticas), pues la variabilidad morfológica y coetánea (p.e. Dmanisi) impide avanzar por el camino estricto del tradicional concepto de especie. En este sentido, muy recientemente el paleoneurobiólogo Emiliano Bruner ha realizado una crítica sobre el caso de Dmanisi en el blog del Museo de la Evolución Humana.

El concepto de especie es un ladrillo fundamental en la teoría evolutiva, pero si se intenta aplicar estrictamente a la variabilidad biológica puede dar mucha guerra y mucho que discutir.....
Quizás habría que preocuparse menos de los nombres de las especies (un tema importante pero que siempre se queda en el contexto de la especulación) e interesarse más por el significado biológico de todas las variaciones anatómicas, dedicando más tiempo al conjunto del registro fósil y evitando centrar demasiado la atención en individuos aislados. Quizás en general habría que replantearse algunos objetivos, abandonando aproximaciones evolutivas que ya empiezan a ser bastantes anacrónicas en un mundo donde el procesamiento de informaciones se hace cada día más complejo. En ciencia y en investigación, una buena pregunta vale mucho más de una insondable respuesta.

Parece lógico que no tengamos todas las respuestas a nuestras preguntas, y que intentemos, con los precarios datos que tenemos, esclarecer lo mejor posible la complejidad de nuestro pasado. Pero, desde luego hay que ser ecuánimes, y si se sabe o se piensa una cosa, no parece lógico que luego hagamos investigaciones diciendo todo lo contrario. Todo los estudios paleontológicos y arqueológicos tienen en común que el fundamento de sus estudios es el resultado de los procesos evolutivos. Si bien no conocemos cómo se han producido muchos de los cambios que han dado lugar a las poblaciones en estudio, si estamos en posición de conocer que mecanismos generales intervinieron en su mayoría. Así, las características resultantes (p. e. conducta humana) tendrían que estar en consonancia con las formas de cambio generales. Es decir, si la diferencia genética entre todos los primates es tan pequeña (p. e. aproximadamente el 98% de nuestro genoma es idéntico al genoma del chimpancé. Solo el 2% es el responsable de las diferencias anatómicas y cognitivas), no se puede continuar explicando cada una de las diferencias morfológicas y conductuales como el resultado de una evolución (mutación de los genes responsables) como un hecho independiente y regulado por los mecanismos de la selección natural o mejoría de la adaptación.

 La única explicación (con rango de generalidad) que puede coordinarse con estos hechos es la utilización de los procesos ya conocidos de heterocronías, embriología y control de la expresión génica como mecanismos prioritarios en la evolución, aunque no exclusivos, lo que habría que analizar en cada caso en particular (difícil con los medios actuales). La selección natural actuaría sobre seres vivos en conjunto, eliminando los que no puedan sobrevivir, lo que en el caso de los seres humanos hay que tener en cuenta la progresiva protección que la cultura proporciona en la lucha por la supervivencia individual y colectiva.

Este sería un ejemplo de una conclusión de carácter interdisciplinario, pues no todo es adaptación, sino un conjunto de procesos que actuando de forma coordinada dan lugar a los seres vivos que, en aras de la racionalización de su estudio, agrupamos en especies con conceptos humanos que no siempre tienen su razón de ser en la naturaleza.

* Angela, A. y Angela, P. (1989): La straordinaria storia dell'uomo. Mondadori, Milano.
* Ayala, F. J. (1980): Origen y evolución del hombre.Alianza. Madrid.
* Simpson, G. G. (1945): The principles of classifications and a classification of mammals. Bulletin of the American Museun of Natural Histoty, 85: pp.i-xvi, 1-350.