sábado, 8 de enero de 2011

Arqueología y Paleontología

En las últimas semanas del año pasado se han producido diversas noticias relacionadas con la evolución del género Homo. Destacaré las siguientes:

- Se han descubierto en la cueva de Qesem (Israel) ocho dientes humanos con una datación de 400.000 BP. La noticia se ha publicado en el American Journal of Physical Anthropology. Los autores del descubrimiento (Universidad de Tel Avid) indican que puede ser la evidencia más antigua del mundo sobre los humanos anatómicamente modernos, pudiendo cambiar la idea de que su origen fue el continente africano y en fechas diferentes a las tradicionales (150-200.000 BP).  

- Se han encontrado en el sur de China un fragmento de mandíbula y dos muelas pertenecientes al Homo sapiens con una datación de unos 100.000 BP. Los descubridores (Eric Trinkaus y Wu Liu) pretenden cuestionar el origen africano de los humanos anatómicamente modernos, abogando por la tesis multirregional. Este modelo indica que desde la salida del Homo Erectus de África (hace casi 2 m.a.) y su expansión por Asia y Europa, se mantuvo cierto flujo genético que mantuvieron a los humanos de estos milenios con cierta homogeneidad genética, lo que a la larga daría lugar a la evolución de los humanos modernos, con las diferencias de la variantes regionales (las razas actuales). Los autores apuntan otra posibilidad en su artículo, publicado en PNAS, El surgimiento de manera independiente de estos rasgos en Asia Oriental. Lo que se opondría a la teoría Fuera de Africa y favorecería la del Multirregionalismo.

- El descubrimiento de una falange de la mano con un ADNmt diferente al de los neandertales y HAM con una datación de 40.000 BP, en la cueva de Denisova (Altai al sur de Siberia. Rusia). Sobre esta noticia ya realicé una entrada (el tercer homínido), concluyendo la necesidad de usar de metodologías adecuadas y bien fundamentadas, sobre el estudio de la desaparición, evolución y posible cruce del Homo erectus con los HAM en Asia. Sería una prueba de la existencia de humanos diferentes a los comúnmente referidos, así como del cruce entre ellos.

- La propia relación biológica entre los HAM y neandertales en el Próximo Oriente (Hibridación entre neandertales y cromañones).

En conjunto, todas estas noticias parecen ser de difícil compaginación con las teorías tradicionales sobre la evolución humana, e incluso en algún sentido contradictorias. Desde luego, dan la impresión de que nuestro conocimiento sobre el complejo proceso evolutivo que nos ha creado, dista mucho de estar ampliamente comprendido. Puede que una de sus principales causas sea la propia dinámica de desarrollo científico y académico de las sociedades humanas contemporáneas, pues siempre se ha partido de dos supuestos que han marcado toda nuestra tradición científica:  

- La evolución como un proceso biológico de cambio morfológico gradual y guiado por la selección natural, donde el concepto de especie es fundamental para su explicación, aunque realmente se adapta más a la teoría que a la realidad.

- La aceptación de la idea de especie como un hecho real y constante más que como un concepto abstracto, pues en realidad corresponde a un proceso clasificatorio existente en la estructura académica vigente, siendo usado para una mejor exposición doctrinal de la realidad viviente y fósil. Así, lo expresa Emiliano Aguirre en su discurso del acto de recepción a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Aguirre, 2000: 35):

Un taxón no es el ser viviente que pretendemos conocer – y que representa realmente nuestro fósil-: los taxones son entidades abstractas, producto de una operación racional, término de un lenguaje técnico.

Su definición más aceptada corresponde a un concepto biológico que especifica su contenido, como es la capacidad de reproducción o descendencia fértil entre elementos observables de similar anatomía (Ayala, 1980: 96). En el registro fósil es imposible poder conocer esta característica biológica, por lo que deben de establecerse criterios puramente morfológicos, considerando miembros de especies diferentes aquellos organismos de distintas épocas (aunque existe la posibilidad de convivencia temporal más o menos limitada) que difieren anatómicamente entre sí, al menos tanto como se diferencian los organismos actuales clasificados como especies distintas (Simpson, 1945: 16). En este contexto, existe la imposibilidad de comprobar la hibridación biológica de esos grupos en estudio durante el periodo de convivencia pasado, mientras que la diferenciación anatómica estaría marcada en función del azar de los descubrimientos en el tiempo y el espacio, del número de muestras a estudiar, del estado de las mismos, del registro paleoantropológico anterior y del propio criterio de sus descubridores, lo que implica una subjetividad científica muy importante, sólo admisible ante la notoria falta de datos más fiables. Por tanto, no podemos precisar, con la seguridad deseada, que algunas de las especies de nuestro género no sean en realidad manifestaciones diferentes de una misma identidad biológica (entidad de base real desconocida), con todo lo que ello podría significar. A estas bases teóricas hay que añadir las conclusiones que actualmente se están formulando y que pueden cambiar mucho tales conceptos:

- El desconocimiento de la realidad paleontológica de Asia. Si bien Europa y África están relativamente bien estudiadas, el continente asiático presenta una serie de problemas paleontológicos y arqueológicos que muchas veces no se acoplan bien con los datos obtenidos en los otros dos continentes.
- La información que podemos obtener de las nuevas técnicas sobre el ADN fósil, puede aclarar mucho la situación o complicarla aún más, pues es muy posible que rompa las simples ideas de evolución más o menos lineal y/o gradual de especie en especie (p. e. Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens como entidades biológicas independientes y continuas en el tiempo). Puede que sea necesario un nuevo paradigma, que sea mal flexible a estos nuevos datos genéticos y paleontológicos.

- Según se van produciendo los nuevos descubrimientos y se van obteniendo nuevos datos (ADN) nos vamos dando cuenta de la complejidad que supone la evolución, y más aún la de los seres humanos, pues con ellos se añaden nuevos conceptos que no presentan las otras entidades biológicas. Me refiero a la cultura humana, capaz de modular en parte la acción de la selección natural. Esto se ve claramente en la expansión de los humanos, proceso que ninguna otra especie de primates ha podido realizar.



La teoría sintética de la evolución entiende a las especies no como entidades inmutables, sino como realidades dinámicas en continuo cambio en el tiempo y en el espacio, ofreciendo un paulatino y lento cambio morfológico. Esta forma de cambio evolutivo se produce junto a otras variaciones morfológicas realizadas con mayor rapidez en la formación de las especies, como explica el modelo de los equilibrios puntuados y las nuevas directrices sobre el cambio morfológico ya vistas en otras entradas (Mecanismos de cambio morfológico; Paleontología, Biología evolutiva, Genética y Arqueología en la transición). 

Ante la complejidad de la evolución anatómica de varias especies coetáneas, algunos autores ven la evolución humana como un arbusto ramificado, con gran dificultad para conocer cual es el pariente más cercano y quién es el antepasado de quién (Angela et al. 1989: 187). En este arbusto, los humanos son sólo unas ramitas laterales que se han significado, no sólo por sus cualidades, sino por la extinción de todos los demás. El concepto tradicional de especie se diluye y es posible que grupos humanos con una determinada anatomía (más o menos aislados geográficamente) en sus continuas emigraciones (por empeoramiento climático, desastres naturales, etc.) pudieron cruzarse biológicamente con otros humanos con los que mantenían diferencias morfológicas importantes, siendo sus descendientes fértiles o no. Sin embargo, tampoco está claro que estos cruces fueran lo suficientemente intensos como para corroborar plenamente los postulados que la teoría multirregionalista indica.


En este sentido, pudieron existir diversas poblaciones humanas en Asia e incluso en África, producto de evoluciones diferenciadas a partir del Homo erectus y por el aislamiento geográfico. De la coexistencia de estas variadas poblaciones algunas de ellas se mezclarían, mientras que otras no lo harían. El problema es que es prácticamente imposible conocer estas posibilidades, que sólo podemos conocer por medio del los tan buscados fósiles híbridos, y actualmente del ADN fósil de nuestros ancestros más recientes.

Hay que señalar que estas vagas ideas siempre han estado rondando la cabeza a muchos paleontólogos, de ahí la diferente denominación que han recibido los grupos humanos en estudio, con el fin de referirse a una entidad determinada en un tiempo y con una relación evolutiva con las demás (cronoespecies, taxones, grados, especies, etc.). Varias de estas denominaciones no incluyen la necesidad de aislamiento reproductivo con otras contemporáneas o cercanas en el tiempo entre sí. Puede que este sea el camino a seguir dentro de la Arqueología que debe distanciarse de tanta polémica paleontológica sobre las especies, hibridaciones, ancestros y descendientes, y centrarse más en el estudio de la conducta humana.

La Paleontología tiene en el Paleolítico un papel fundamental en su propio campo: la evolución humana. No obstante, en la Arqueología debe de tener una importancia más secundaria, pues la conducta humana no está directamente relacionada con las poblaciones humanas que han configurado nuestra evolución. Las directrices especie-cultura (Homo habilis con Olduvaiense; Homo erectus con Achelense; Neandertal con Musteriense y Homo sapiens con el Paleolítico Superior) hace tiempo que se han superado. Así es comúnmente aceptado que hay neandertales con conductas musterienses de un pobre simbolismo y con culturas del Paleolítico Superior con un mayor simbolismo (Chatelperroniense). Igualmente vemos a los HAM del próximo Oriente del Paleolítico Medio con los mismos desarrollos culturales que los neandertales del mismo periodo, mientras que en el MSA africano estaban más desarrollados simbólicamente, y en Europa habría que esperar hasta el inicio del Auriñaciense. 

La evolución no produjo automáticamente la aparición de poblaciones humanas con tales logros conductuales, por lo que seguir justificándolos como logros directos de mutaciones o procesos evolutivos específicos, así como intentar ver logros culturales y simbólicos a través de la propia evolución morfológica, no creo que deba ser el camino que la Arqueología deba seguir en la actualidad. Opino que debe crear sus propios cauces y directrices sobre la evolución humana en los aspectos conductuales, pero con cierta independencia de los criterios morfológicos propios de la Paleontología. En este sentido, parece que la Arqueología cognitiva si puede tener mucho que decir.

* Angela, A. y Angela,  P. (1989): La straordinaria storia dell'uomo. Mondadori, Milano.
* Ayala, F. J. (1980): Origen y evolución del hombre. AU 278. Alianza. Madrid.
* Simpson, G. G. (1945): The principles of classifications and a classification of mammals. Bulletin of the American Museun of Natural Histoty, 85: pp.i-xvi, 1-350. 

1 comentario:

Iván Díaz dijo...

Interesante artículo Ángel, a ver si de aquí al fin de semana saco tiempo y te hago algunos apuntes sobre Qesem, el origen de nuestra especie (yo creo que se remonta a hace 1,5 ma y otros aspectos. Leerte me hace siempre reflexionar.

un fuerte abrazo