domingo, 12 de julio de 2009

Nociones de psicobiología humana (Neurología).

En la corteza cerebral es donde tienen lugar los procesos cognitivos que nos caracterizan, además de ubicar las áreas del control motor y de la percepción sensitiva de nuestro organismo. Todo el proceso tiene dos aspectos, uno neurológico y otro psicológico (en conjunto podría denominarse como psicobiológico), y aunque académicamente parecen aspectos funcionales separados, en la realidad humana es un único proceso cuya manifestación es la conducta humana. Aunque ya vimos algunos aspectos neurológicos relacionados con nuestra conducta, creo que no está de más volver a indicar aquellos aspectos más relevantes sobre el funcionamiento neurológico relacionados con la conducta.


Dentro de la superficie cortical del cerebro las áreas de asociación terciarias son las que más han aumentado en la evolución humana y mayor importancia tienen en la conducta. Así, todo desarrollo cerebral que no se acompañe de un proporcional aumento corporal va a producirse principalmente a expensas de estas zonas corticales. Son áreas donde se producen los procesos cognitivos propios de nuestra conducta, dando conductas superiores, complejas y conscientes.


En la conducta humana cobra especial interés el lóbulo frontal, pues es donde se localizan las capacidades cognitivas fundamentales relacionadas con el control y desarrollo de nuestra conducta en general, aunque siempre teniendo en cuenta que el cerebro actúa como una unidad funcional integrada. Este lóbulo tiene dos áreas funcionales perfectamente conocidas; las zonas más posteriores o áreas motoras (primarias) y premotoras (secundarias), donde se sitúa el control voluntario de nuestra motilidad; mientras que las áreas más anteriores o frontales serían las de asociación terciaria (Luria, 1966) con funciones cognitivas superiores, constituyendo el lóbulo prefrontal (LPF).

En el ser humano adulto el LPF constituye un tercio del total de la superficie del córtex, estando sus propiedades cognitivas relacionadas con la superficie y características funcionales de sus componentes corticales. Se está empezando a conocer que la diferencia neurológica existente entre el ser humano y el resto de los primates pudiera estar en el aumento localizado de algunas áreas de la zona prefrontal (Semendeferi y Damasio, 2000). Un ejemplo sería el caso del área 10 del LPF (relacionado con la iniciativa y la planificación de futuras acciones ejecutivas) del mapa citoarquitectónico de Brodmann, teniendo los humanos modernos una superficie mucho más amplia que los demás primates. Sin embargo, su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas unas interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al., 2002). Estos estudios apuntan a que la superficie funcional del córtex del LPF de los humanos es de un carácter alométrico cuantitativo (aumento de la superficie funcional del córtex) y cualitativo (nuevas funciones cognitivas de carácter emergente).

Todo aumento de musculatura o masa corporal conlleva un aumento de las áreas de control motor y sensitivo, si la superficie cortical no aumenta en la misma proporción es posible que el control motor se realice con una disminución de las áreas asociativas, o que estas aumenten evolutivamente en menor proporción. Esta teoría puede ser aplicable al Neandertal, aunque sólo en el plano puramente teórico, pues los scanner realizados a los endomoldes, hoy por hoy, no buscan estas diferenciaciones neuroanatómicas y funcionales. En la figura apreciamos la extensión de las áreas corticales del lóbulo frontal dedicadas al control muscular y las zonas asociativas del LPF. En los neandertales, sobre la base de su mayor musculatura, necesitarían una ampliación de las áreas de control motriz a expensas del LPF.

* BUFILL, E. y CARBONELL, E. (2004): Conducta simbólica y neuroplasticidad: ¿un ejemplo de coevolución gen-cultura?. Revista de neurología 39 (1): 48-55.
* LURIA, A. R. (1966): Higher Cortical Function in Man. Basic Books, New York.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid. 

* SEMENDEFERI, K. y DAMASIO, H. (2000): The brain and its main anatomical subdivisions in living hominoids using magnetic resonance imaging. Journal of Human Evolution 38: 317-332.
* SEMENDEFERI, K.; LU, A.; SCHENKER, N. y DAMASIO, H. (2002): Humans and great apes share a large frontal cortex. Nature neuroscience 5 (3): 272-276.