domingo, 19 de junio de 2016

Creatividad y serendipia en el Paleolítico

En general, se define a la creatividad como la capacidad de producir nuevas conclusiones y resolver problemas determinados en una forma original. Durante toda la prehistoria se han producido numerosos avances en todos los aspectos de la vida humana (tecnológico, social, cultural, simbólico, etc.), los cuales han sido denominados por los arqueólogos como auténticos procesos creativos de las diferentes especies humanas de nuestro género Homo. Sin embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas veces se producen de forma fortuita o no intencionada cuando se está buscando otra cosa distinta o simplemente observando la realidad cotidiana, admitiendo la existencia de un descubrimiento importante. En este último caso se define como otra forma de avance conductual no intencionado o buscado (casualidades, coincidencias o accidentes) denominándose serendipia. Constituye una forma conductual de encontrar verdaderos enfoques o procesos de importancia en la conducta humana de todos los tiempos, sin que se los haya buscado. El desarrollo y funcionalidad de la creatividad depende de múltiples factores que, debidamente articulados, son capaces de producir soluciones que definimos como creativas (Creatividad humana).


Sin embargo, el origen y desarrollo de la conducta humana en el Paleolítico no siempre pueden atribuirse a procesos creativos. Dentro de la multifuncionalidad cognitiva, social y ambiental de los que depende la creatividad, se reconoce que debe de existir una intencionalidad consciente en todo proceso creativo, para lo que es necesario un desarrollo de la autoconciencia, lo que en la evolución humana no siempre ha existido con el nivel adecuado. El origen de algunos avances conductuales reconocidos en el Paleolítico deben de ser calificados como casualidades, coincidencias o accidentes, que los humanos del momento reconocieron su utilidad con su uso continuado (serendipia). Solo, tras el desarrollo de un importante nivel de autoconciencia (inicio del Paleolítico superior en Europa), puede comenzarse a hablar de conductas creativas según la definición anteriormente expuesta, las cuales se manifiestan en todas las realizaciones humanas (tecnológicas, alimentarias, logísticas, sociales, simbólicas, etc.). 

La necesidad de la autoconciencia en la conducta

La influencia de la autoconciencia en la conducta humana (racional y emocional) estaría condicionada a su propia creación y evolución, lo que no ocurrió hasta que las circunstancias neuroevolutivas, socioeconómicas, demográficas, tecnológicas y lingüísticas lo hicieron posible. Su desarrollo sería un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, por lo que existen numerosos estadios intermedios en su progreso a lo largo de la evolución cognitiva humana (Rivera, 2009). Su acción produciría modificaciones en todas las formas de conducta humana. Por tanto, creatividad y autoconciencia son proceso cognitivos complejos que están asociados a otras variables cognitivas (abstracción, simbolización, lenguaje, etc.), estableciéndose una variada coevolución de todas ellas. 

Podría partir de una evolución básica (aumento de las áreas asociativas secundarias y terciarias de la corteza cerebral) que, desde el nacimiento, se fueron estructurando en función de dos parámetros: la influencia del medio ambiente (aferencias sensoriales), y la sinergia de diversos componentes del sistema nervioso central, produciendo emergencias cognitivas nuevas (p. e. abstracción—simbolización—lenguaje—autoconciencia--creatividad).

Su desarrollo en el Paleolítico durante más de 2,5 millones de años es un hecho que no puede ser asumido desde una simple unidad evolutiva, pues sin duda pasaron muchas cosas dentro de ese continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio que supuso nuestra evolución cognitiva. En todo estudio sobre hechos de estas características es obligado realizar una estructuración temporal que refleje, aunque sea de forma general y algo forzada, los sucesivos cambios que se fueron produciendo en todos los factores relacionados con el desarrollo conductual, y sea por medio de serendipias, procesos creativos o la mezcla de ambos. Las propiedades acumulativas y emergentes de la cognición humana hacen que su conducta sea una construcción progresiva que permite su estructuración histórico-evolutiva en diferentes niveles. Se expone la hipótesis de cuatro grandes estadios evolutivos que estén fundamentados en los datos del registro arqueológico en relación con nuestra evolución cognitiva y conductual (Rivera y Menéndez, 2011). No obstante, siempre hay que tener en cuenta que su desarrollo casi nunca es lineal, pues en cada región y tiempo su evolución tiene sus propios ritmos, dependiente de las características cognitivas de sus creadores y del medioambiente sociocultural que hayan podido elaborar.

- Conducta arcaica o básica. Se formó en el inicio del género Homo con el desarrollo de conductas relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, pero siempre realizadas dentro de las características del aquí y ahora. Concretamente conocemos datos arqueológicos sobre la creación de diversas acciones de elaboración social (tecnología, logística alimentaria, técnicas de consumo y perduración de los alimentos, etc.), lo que desarrollaría el concepto y unión social del grupo. Inicialmente se origina con el Homo habilis y su cultura del Olduvaiense en África, continuando cierto tiempo con el inicio evolutivo del Homo ergaster en este mismo continente. Pudo incluir en Europa a una parte de los H.heidelbergensis de cultura Achelense y a tipos humanos anteriores en el resto del mundo habitado (Homo erectus).

- Conducta primitiva. Al desarrollo anterior se fueron sumando los avances en los conceptos de individualidad social y personal, así como de un mayor concepto temporal y espacial (mayor desarrollo del aquí y ahora). Se mostraría en la aparición de conductas más complejas (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a una parte de los Humanos Neandertales (HN) de cultura musteriense y a los primeros Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) en África y el Próximo Oriente.

- Conducta moderna básica. Se alcanza con un importante desarrollo del estadio anterior, es decir, del incremento de la individualidad social y personal, junto con un uso del tiempo y del espacio más desarrollado, lo que impulsaría un pensamiento y lenguaje que pudo alcanzar cierto nivel argumentativo. Sería el inicio de una conducta consciente y social (marcar las diferencias sociales o individuales, gestionar conductas complejas de logística alimentaria, relaciones comerciales y propiciar formas de conservación alimentaria), al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (discusión crítica y razonada sobre las vivencias ocurridas). Se comienzan a elaborar los fundamentos para el desarrollo de la creatividad (autoconciencia, lenguaje adecuado, amplios conceptos temporales y espaciales, etc.). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales (p. e. Chatelperroniense). El simbolismo de su conducta pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana. Con el desarrollo de este nivel de conciencia se inician las conductas creativas o intencionadas, aunque siempre han existido los hallazgos causales (serendipias) pero que desde ahora son asimilados y generalizados con mayor rapidez.

- Conducta moderna elaborada. Tras el desarrollo anterior, y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja y con gran capacidad de simbolización. Se caracteriza por el desarrollo de una conducta social, espiritual y religiosa progresivamente compleja, que emerge en etapas sucesivas. Esta conducta tendría un lenguaje no sólo argumentativo, sino también metafórico (uso simbólico de figuras o signos. Inicio de formas básicas de escritura), siendo consciente, intencionada y utilizada para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Se asientan las bases adecuadas para realizar conductas creativas en todos los aspectos de la vida conocidas, o para crear otras facetas aún no exploradas. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea exclusivamente con los HAM durante el Auriñaciense, generaliza en las etapas posteriores (Paleolítico superior, Mesolítico, Neolítico, etc.).

Serendipia y creatividad en el Paleolítico

Este tema es crucial para la compresión de la conducta humana en el Paleolítico, pues es el logro de niveles adecuados de autoconciencia lo que facilitarían el inicio de otras conductas más complejas. Sería la consecuencia de un desarrollo de la reflexividad cognitiva que se adquiere (p. e. adecuar las respuestas a las vivencias del momento mediante el uso de los datos de la memoria, teniendo en cuenta la realidad personal y social en un tiempo y espacio determinado) y de la flexibilidad conductual (posibilidad de cambiar de conducta con mayor facilidad y rapidez). Pero tales ideas sólo se pueden adquirir por medio de una mínima compresión de la información que la Neurología y Psicología nos aportan en la actualidad. De ahí la necesaria utilización de formas metodológicas de corte interdisciplinario.


En los periodos en los que la autoconciencia estaría limitada, serían los procesos de serendipia los que realizarían los avances conductuales que conocemos en el Paleolítico inferior y medio. Se suelen dar siempre cuando en la naturaleza se observa un fenómeno que puede ser utilizado en provecho de la sociedad. Un ejemplo lo tenemos en el uso y control del fuego. Su conocimiento en pequeña escala (p. e. pequeños fuegos residuales tras un incendio natural) debió de enseñar a los humanos las cualidades y ventajas de su mantenimiento y/o primitivo control, lo que una vez aprendido se sumó al acervo cultural y se trasmitió constantemente de generación en generación en todos nuestro género. Ante la utilidad de su existencia se intentaría mantenerlo de forma permanente (fuego o ascuas) a partir de un fuego natural. Su control o producción sin que exista con anterioridad se produce por otras serendipias. De los descubrimientos de producción de fuego más factibles sería el de la producción de chispas al golpear piedras adecuadas (pedernal, pirita o marcasita), lo que se pudo aprender del frecuente trabajo del tallado lítico y la relativa variedad de piedras que para tal fin se utilizaron (serendipia). Igualmente, por medio del uso de maderas con una constante y rápida frotación se produce un sobrecalentamiento que acaba por prender material altamente inflamable (hojas, yesca y madera finas muy secas). No obstante, tal procedimiento solo está registrado a partir del Paleolítico superior, aunque sí tenemos datos del abundante trabajo de las herramientas líticas con la madera. Es posible que de esta interacción (herramientas líticas trabajando intensamente sobre madera) se adquiriera el concepto de su calentamiento por el roce intensivo y continuado.

Cuando las sociedades logran mantenerse con un nivel demográfico adecuado (desarrollo de la sociabilidad y del lenguaje), de forma que se necesitaba una relación interior y exterior algo organizada (reconocimiento del parentesco, organización social en tareas comunes, relaciones con otras poblaciones, etc.) se iría desarrollando la memoria autobiográfica, complicando el lenguaje en los conceptos de la individualidad personal y social ubicados en las abstracciones del tiempo y del espacio, se irían desarrollando las conductas relacionadas con la autoconciencia. Su manifestación en la conducta puede valorarse por los grandes avances de la flexibilidad conductual y reflexividad cognitiva ya comentadas anteriormente.


Tradicionalmente las causas del cambio cultural que se observa en las primeras etapas del Auriñaciense (Protoauriñaciense y Auriñaciense temprano) estarían relacionadas con una expansión de nicho ecológico en respuesta o adaptación al deterioro de las condiciones ambientales (Banks, d´Errico y Zilhão, 2013), sin tener en cuenta ninguna consideración cognitiva, pues la Arqueología cognitiva aún no ha calado entre los autores más “clásicos”. Recientemente algunos arqueólogos han propuesto que más que una adaptación medioambiental, que siempre existe, la causa primordial del desarrollo cultural en ese momento y lugar se debe al aumento y desarrollo de la flexibilidad conductual (Kandel et al.2015), la cual es consecuencia del desarrollo cognitivo de sus creadores.

El ejemplo de la tecnología ósea

En el Paleolítico medio (Europa y el Próximo Oriente) las poblaciones humanas se encuentran sumergidas en la cultura Musteriense, con una tecnología ósea muy escasa y realizada con técnicas propias de la talla lítica. Últimamente se ha documentado el uso de huesos alargados y planos (p. e. costillas de tamaño idóneo), con un mínimo de adaptación tecnológica, como alisadores (Soressi et al. 2013). Los neandertales del Paleolítico medio tenían cierto nivel de autoconciencia que les permitía la emergencia de niveles intermedios reflexividad y flexibilidad conductual, por lo menos lo suficiente como para usar y transformar esos huesos, y usarlos en el trabajo de las pieles. La forma apropiada de los huesos para la función de alisador daría lugar a una serendipia, con muy poca adaptación tecnológica que podría considerarse como un inicio intencionado de creatividad. Este sería el camino empleado por los humanos del Paleolítico superior (con limitados pero reales antecedentes en el Paleolítico medio. Todo es un continuum) en la elaboración de sus creaciones conductuales de todo tipo. Cierta mezcla de serendipia mejorada con procesos creativos, los cuales irían supliendo cada vez más a las simples serendipias.

Alisador hallado en Abri Peyrony (Soressi et al. 2013)

La reflexividad y flexibilidad aplicada a la industria ósea se muestra después de alcanzar altos niveles de autoconciencia con una importante innovación tecnológica en su producción, pues se dejan de utilizar las formas de producción usadas en la industria lítica (inviable con los huesos). Se usa lo inicialmente utilizado para la madera (p. e. buriles) en un claro ejemplo de serendipia mejorado por formas creativas de flexibilidad (cambio de técnicas de un material a otro), tras reflexionar que se podría utilizar esa materia prima tan abundante de alguna manera, en definitiva crear una nueva forma de producción tecnológica. En estos niveles de autoconciencia estos hechos se producen con relativa rapidez, mostrando los aspectos de generalización y continuo desarrollo característicos a partir del paleolítico superior.

Conclusiones

Con el inicio del Paleolítico superior la complejidad social, tecnológica y simbólica adquieren un importante progreso, a la que hay que añadir una generalización y persistencia generacional que nunca se había visto antes. El ser humano razona mejor y es más flexible en sus decisiones y cambios de conducta, de una forma mucho más rápida de cómo lo había realizado hasta este momento. Es decir, se está volviendo creativo, aunque sin abandonar los necesarios episodios de serendipia que siempre irán, en mayor o menor intensidad, asociados a los procesos creativos.

Esta general visión arqueológica de la evolución de la conducta humana en la transición paleolítica se ajusta muy bien a las condiciones de producción de la autoconciencia humana, y sirve de ejemplo de cómo los trabajos interdisciplinares ofrecen mejores respuestas a las preguntas que podamos tener sobre nuestro pasado.


- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55
- Kandel, A.; Bolus, M. ; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. y Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory.
- Rivera, A (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y arqueología. Nueva época n 4.
- Soressi, M.; McPherron, S. P.; Lenoir, M.; Dogandzi, T.; Goldberg, P.; Jacobs, Z.; Maigrot, Y.; Martisius, N.; Miller, CH.; Rendu, W.; Richards, M.; Skinner, M.; Steele, T.; Talamo, S. y Texier, J-P (2013): “Neandertals made the first specialized bone tools in Europe”. PNAS.

viernes, 27 de mayo de 2016

Ecos del pasado remoto ¿Una historia inverosímil?

En esta entrada voy a analizar un proceso un tanto extraño, que se escapa totalmente de los ortodoxos caminos de la Prehistoria y Arqueología, pero que, sin darles una veracidad absoluta, puede que nos hagan pensar en una realidad aún poco conocida, como sería el desarrollo de nuestra propia cognición (teoría de la mente, autoconciencia, metacognición, etc.) en el tiempo y las secuelas que pudo tener en las poblaciones humanas.

Quién ha estudiado Historia antigua estará acostumbrado a trabajar con las fuentes orales y escritas sobre los orígenes de la conducta humana en ese periodo. Las leyendas sobre el inicio de los primeros pueblos históricos (egipcios, fenicios. griegos, romanos, etc.) son difíciles de asumir, y más aún de encajarlas en un contexto histórico mínimamente contrastado por los datos arqueológicos. Sin embargo, es tradicional que se hagan referencia a ellos como un versión muy distorsionada de una realidad, no tan fantástica como indican esas fuentes, pero que “algo de verdad” entrañarían. Lo cierto es que se citan muchas veces, pero que pocos datos reveladores aportan.

El desarrollo de la humanidad en el Paleolítico fue un complejo proceso del que poco a poco estamos conociendo su realidad en el tiempo (cronología) y en el espacio (áreas geográficas donde se produjeron los cambios evolutivos, anatómicos y culturales). Aunque del cómo y el porqué de su producción en esos periodos y espacios determinados aún no estemos muy avanzados en su compresión. Estas cuestiones serían el fundamento principal de la Arqueología cognitiva, especialidad que aún estaría en sus comienzos teóricos y, desde luego, con una aceptación académica y profesional muy poco desarrollada. En este largo periodo nos podemos preguntar:

¿Existen leyendas o historias sobre los hechos de los humanos en la Prehistoria?

Aunque la pregunta puede extrañar a muchos, la respuesta es que sí. Todas las explicaciones sobre nuestro origen que las diferentes religiones han establecido no dejan de ser tradiciones orales que, perdurando en el tiempo, acabaron por ser reunidas en algún texto sagrado, y como tal nos ha llegado a nosotros. En principio podemos pensar que poco valor histórico tiene tales historias o leyendas, pues la gran mayoría de las mismas reflejan unas ideas totalmente inverosímiles, pero ¿eso afecta a todas?  Aunque muchos dirían que efectivamente afecta a todas, puede que no estemos totalmente de acuerdo, por lo menos desde el punto de vista de la Arqueología cognitiva.

Adán y Eva (Tiziano)
Hay que analizar lo que al respeto nos cuenta la Biblia, en su primer libro del Génesis, donde se narra la creación del mundo y de la humanidad. Todos conocemos la historia de Adán y Eva, de su relación con la serpiente que les engaña y les hace comer la manzana del árbol prohibido. Lo interesante se produce después de este hecho:

….la mujer toma del árbol dando también al hombre y se les abren los ojos, pero se dan cuenta de su desnudez sintiendo temor y vergüenza….

Aunque la narración desde un punto de vista cognitivo es muy contradictoria, como no podía ser de otra forma en estos asuntos relacionados con la autoconciencia, lo cierto es que se describen muy bien las primeras consecuencias conductuales de la adquisición de la conciencia de sí mismo. Es decir:

- Se dan cuenta de su propia situación y realidad física (estaban desnudos).
- Sienten vergüenza y temor de su situación (emociones autoconscientes). 

La posterior narración descrita en el Génesis parece indicar, en las poblaciones humanas paleolíticas, cierto conocimiento de un antes y después sobre la adquisición de la capacidad de plantearse a sí mismo las situaciones y consecuencias de sus acciones (autoconciencia). Estos hechos y posibles conocimientos se pueden englobar en las leyendas o historias orales y escritas desde muy antiguo sobre el inicio del desarrollo de la humanidad. Es muy posible que se queden en este contexto religioso y narrativo, sin que podamos profundizar más en este problema. Pero nos puede quedar una duda:

¿Existió en el Paleolítico superior cierto conocimiento sobre el progreso cognitivo humano y el desarrollo de la autoconciencia, dando lugar a un antes y un después?

Evidentemente no hay una respuesta adecuada, solo razonamientos llenos de subjetividad que aparentemente no nos llevan a ningún sitio. Arqueológicamente solo podemos vislumbrar tal proceso con dos hechos:

- Las diferencias conductuales que se ven en los mismos grupos humanos (HN y HAM) entre el Paleolítico medio y el superior. Aunque hay claros antecedentes simbólicos y conductuales en el Musteriense es en el inicio del Paleolítico superior cuando vemos conductas que solo pueden realizarse con un desarrollo de la autoconciencia avanzado, dentro de su complejo y heterogéneo continuum. Efectivamente, en unos relativamente pocos milenios la conducta cambia radicalmente en su simbolismo, en su flexibilidad y racionabilidad conductual, consecuencia de su desarrollo social y cognitivo.



- La relación con los animales. Actualmente se piensa y se analiza que la relación de las poblaciones paleolíticas con los animales debió de ser muy diferente a la que podemos tener en la actualidad. Diversos autores opinan que los humanos del Paleolítico, sobre todo los del superior, verían a los animales como sujetos con características propias (más o menos parecidas a las de los humanos), y no solo como objetos de cazar y comer (Hill, 2013). Igualmente, se está mostrando que, en la creación del “universo” particular de cada población humana, los animales, o algunos de ellos, jugaron un papel importante. Los animales ayudaron a la creación de cada mundo espiritual, pues formaron parte de él, constituyendo una "ecología relacional" (Betts et al., 2015), «epistemología relacional" (Bird-David, 1999), o "ontología relacional" (Hill, 2011, 2013). Naturalmente, esta recreación conjunta comenzaría cuando el desarrollo cognitivo alcanzase el nivel adecuado para su formación (niveles de autoconciencia considerados como modernos), por lo que pudo pasar tanto en los HN como en los HAM, que tuvieran un desarrollo cognitivo adecuado.

¿Porqué los animales formaron parte importante del universo simbólico humano?

Aunque las respuestas no pueden dejar de tener un componente subjetivo ante la falta de testimonios arqueológicos claros, parece obvio que desde siempre todos los seres vivos (animales y humanos) formaban una unidad de características semejantes, cada uno de ellos con sus peculiaridades propias de su especie y cultura. No existía la diferenciación cognitiva que llegaron a tener las poblaciones humanas a partir del Paleolítico superior.  
  


En este complejo contexto, es posible que existiera un conocimiento ancestral de dos humanidades. Una hermanada con los animales (humanos con un nivel de autoconciencia bajo) a los que considera como iguales, pero que aún no son capaces de generar un mundo simbólico. Otra, de manifestación de su nueva realidad consciente con el resto de los animales (nivel de autoconciencia considerado como moderno). Esta nueva relación no puede ser igual que la anterior, pues las condiciones cognitivas han cambiado sustancialmente (autoconciencia).

Sería la propia percepción humana de su realidad consciente y de la existencia de otros animales (con los que ha vivido desde siempre y son parte de su mundo) la que les obligaría a intentar establecer una relación compleja y desconocida, que sería de base simbólica. Es decir, se forma un nuevo mundo simbólico  con aquellos con los que siempre había convivido: los animales de su entorno (p. e. arte paleolítico), pero bajo las formas simbólicas de la autoconciencia.    

El mundo del arte paleolítico en el oeste de Europa en el Paleolítico superior parece seguir estas consideraciones. Se pintan muchos animales (no los más consumidos como alimento), aunque las preferencia son notables (bisontes,  caballos, toros, etc.); se interacciona con ellos en formas propias de conductas espirituales (ubicaciones ocultas, oscuras y de difícil acceso; existencia de los teriántropos), y cuando el clima cambia y estos animales desaparecen en estos lugares por emigrar al norte o simplemente desaparecen, el mundo simbólico creado desaparece totalmente y para siempre, por lo menos en las formas propias del Paleolítico superior.

¿Perduró el conocimiento de este cambio cognitivo entre las poblaciones humanas posteriores al paleolítico, creando una huella en las diversas historias sobre la creación de la humanidad desarrolladas a lo largo de la Historia antigua? Pueden existir múltiples respuestas, pero ninguna puede tener una respuesta válida científicamente, aunque todo es posible…..

- Betts, M. W., Hardenberg, M., & Stirling, I. (2015): “How animals create human history: Relational ecology and the Dorset-Polar Bear connection”. American Antiquity, 80(1), 89-112.
- Bird-David, N. (1999): “Animism revisited: Personhood, environment, and relational epistemology”. Current Anthropology, 40, 67-91.
- Hill, E. (2011): “Animals as agents: Hunting ritual and relational ontologies in Prehistoric Alaska and Chukotka”. Cambridge Archaeological Journal, 21(3), 407-426.
- Hill, E. (2013): “Archaeology and animal persons: Towards a prehistory of human-animal relations”. Environment and Society: Advances in Research, 4, 117-136.

sábado, 9 de abril de 2016

Función del lenguaje en la evolución cognitiva del género Homo

Siempre que se habla de la evolución humana casi siempre nos referimos a nuestra evolución biológica, es decir, a los cambios anatómicos que se han producido dentro del género Homo. Sin embargo, la evolución morfológica por sí sola no puede explicar las características y propiedades de los órganos que van cambiando. Sobre todo en lo referente al cerebro, que en definitiva es el causante de la conducta y de sus cambios. El conocer la forma de evolución neurológica (ver: interdisciplina en la evoluciónneurológica) es fundamental para comprender sus características funcionales y, por tanto, las formas de producción de los cambios culturales humanos. La mayoría de los arqueólogos piensan que la evolución biológica es la responsable de todo desarrollo cultural y, por tanto, de la evolución cognitiva. Según fue evolucionando el cerebro fueron aumentando las capacidades cognitivas y la cultura se fue desarrollando. Sin embargo, la Arqueología nos ha enseñado en múltiples ocasiones que la evolución biológica no fue paralela a la cultural, sino que se produjeron avances culturales después del desarrollo biológico y de una forma heterogénea en el tiempo y en el espacio. Las explicaciones de lo que pasó tendrán que adaptarse a estas conclusiones arqueológicas.    

La evolución cognitiva humana es la que va a crear todos los aspectos de nuestra cultura, de su transmisión, perduración y desarrollo y, en definitiva, la que nos hace personas con una importante diferenciación entre todos los componentes de la sociedad. Su estudio recae en una especialidad arqueológica denominada como Arqueología cognitiva. Pero su desarrollo metodológico y expansión académica está muy limitado. Una de las principales causas sería la gran dificultad que su estudio conlleva, al tener que utilizar diversas ciencias muy ajenas al tradicional proceder de la Arqueología. El uso de las disciplinas relacionadas con la conducta humana (Neurología, Psicología, Biología evolutiva, Lingüística, Sociología, etc.) requiere metodologías interdisciplinarias, de cuya complejidad y dificultad ya se habló en otra entrada del blog (Interdisciplina. Necesidadmetodológica o simple intención teórica). El estudio completo de la Arqueología requiere la aplicación de una interdisciplina amplia y compleja, como ya expliqué en otra entrada (Interdisciplina que hay que aplicar al estudio de laArqueología).


El lenguaje en la evolución cognitiva humana

El lenguaje humano puede definirse como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, concepto o sentimiento por medio de un sistema de representación simbólico socialmente consensuado (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información, relación social y/o la posibilidad de realizar tareas en común) (Rivera, 2009).

Es decir, es un complejo proceso cognitivo en el que intervienen diversas capacidades cognitivas (simbolización, abstracción, atención, conciencia, memoria en todas sus variantes, comprensión sonora y/o visual, coordinación motora del aparato fonador etc.) las cuales al actuar en adecuada conjunción dan lugar al lenguaje. El lenguaje tiene diversas funciones dentro de las poblaciones humanas, pero su papel ha sido desigual a lo largo de la evolución de nuestro género.

- Función comunicativa (formas de expresión). Corresponde al sistema de representación formado por signos (articulados y socialmente consensuados), que estarían organizados por medio de unos elementos formales de combinación (gramática). Permite compartir la experiencia personal, la acumulada por la especie y la expresión emocional. Por tanto, su uso facilitaría un mejor y permanente conocimiento de la realidad. Su estudio entra en el terreno de la Lingüística. Sin embargo, las estructuras anatómicas y fisiológicas que participan en la producción y comprensión de estos signos, serán estudiadas por las disciplinas biológicas que analizan la anatomía y fisiología humana. Permitió una mejor logística en la búsqueda y adquisición de alimentos (vegetales y animales) dando lugar al desarrollo de la hipótesis sobre el desarrollo del lenguaje denominada como forrajeo extractiva (Parker, 2015).

- Función social (comunicación externa). Forma una conducta voluntaria que regula la acción conjunta de los componentes de una comunidad. Facilita la interacción social, al desarrollar las conductas personales y sociales. Relaciona la conversación con la conducta simultánea o posterior a la misma, donde pueden valorarse los antecedentes, posibles respuestas y consecuencias de tal acción. Destaca la voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico, donde entraría en juego el concepto de teoría de la mente. Entra en los cometidos doctrinales de la Sociología (Antropología social) y Psicología. Su desarrollo puede asimilarse a la hipótesis del cerebro social (Dunbar, 2005).

- Función cognitiva (comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc. Su estudio estaría a cargo de la Neurología y Psicología (Psicobiología). Sería la hipótesis cognitiva-conductual (Vygotsky, 1020; Luria, 1979; Bruner, 1984; Rivera, 2009).


De las tres funciones, la tercera es sin duda la menos conocida y, sin embargo, puede ser la que más ha colaborado en el desarrollo de nuestra cultura simbólica, a pesar de que no parece deducirse de la definición del principio. Es pues necesario añadir cierta referencia a esta importante función, podría ser: Sirviendo a su vez como mecanismo de ordenamiento y estructuración del pensamiento y parte imprescindible de la emergencia de otras capacidades cognitivas (lenguaje elaborado y autoconciencia). De todas maneras las tres han actuado conjuntamente, aunque con diferente nivel de desarrollo. Las dos primeras se puede considerar que comenzaron a actuar más o menos juntas, ya dentro del desarrollo evolutivo de los primates. Sin embargo, la tercera, aunque en cierto modo comenzaría a funcionar junto a las otras, lo realizaría de una forma muy lenta en su comienzo, para ir avanzando cada vez más rápido a medida que fuera aumentando la capacidad funcional cerebral (aumento de la áreas terciarias del córtex cerebral por medios evolutivos).

Origen y evolución del lenguaje en el género Homo

Mucho se ha hablado sobre si las primitivas poblaciones humanas tenían o no un lenguaje, pero poco se ha profundizado en las características de tal lenguaje, si es que lo tuvieron. Se habla del lenguaje de una forma muy genérica, sin matizar la gran complejidad que conlleva, ni analizar las características de su formación. La definición que vimos anteriormente nos indica que en un proceso cognitivo compuesto por la utilización conjunta de diversas capacidades cognitivas que la evolución ha ido desarrollando, pero que no fueron iguales en todos los homínidos. Por lo tanto, no se puede hablar de los genes del lenguaje, sino de los genes que propician estas capacidades cognitivas (utilizadas en diversos proceso cognitivos relacionadas o no con el lenguaje). Naturalmente, si falla uno o varios (mutaciones negativas en alguna de las capacidades cognitivas mencionadas) el lenguaje se alterará.

La complejidad del lenguaje no estaría solo en la cantidad de sonidos que se utilizan ni en la articulación de ellos, sino en los significados que entrañan tales sonidos. Es decir, en las abstracciones que han podido simbolizar las poblaciones que utilizan ese lenguaje. El principal problema que tenemos en el estudio del desarrollo del lenguaje en nuestro linaje es que las palabras no dejan huellas arqueológicas. Sin embargo, si analizamos las últimas definiciones del lenguaje (Rivera, 2009; Arsuaga y Martín-Loeches, 2013) vemos que el lenguaje se desenvuelve en la acción o conducta de las poblaciones humanas. Nace dentro de las poblaciones humanas como consecuencia del intento de comunicar las acciones, siendo por tanto la simbolización de tales acciones. La acción es la base de la propia estructura inicial de lenguaje y de la universalidad de su sintaxis, pues es igual en todos los lugares. Por tanto, el lenguaje parece estar organizado alrededor de las circunstancias que rodean a la acción (verbo) (Bickerton, 1994; Bruner, 1988; Fillmore, 1968; Marina, 1998) lo que puede referirse con la siguiente expresión básica:

Sujeto (quién hace la acción) – Verbo (acción) - Circunstancias de la acción.

En este contexto, la conducta sí deja huellas arqueológicas que pueden estudiarse, y seguirse a través del tiempo. Las abstracciones que configuran nuestro pensamiento y lenguaje no han existido siempre, sino que ha sido preciso crearlas, mantenerlas y trasmitirlas a las generaciones siguientes, por medio del lenguaje de cada sociedad haya podido desarrollar. Y no todas de estas abstracciones dejan huellas de su existencia, pero algunas (posiblemente las más trascendentes) si lo hacen. Las abstracciones básicas y más elementales que podemos intuir en los primeros lenguajes (comer, piedra, cazar, hambre, peligro, miedo, etc.) son relativamente fáciles de realizar. Solo se tienen que poner de acuerdo sobre que sonidos o gestos (las emociones básicas o primarias ya tiene una representación innata de gestos) los pueden representar, siendo admitidas y conocidas por todos los miembros del grupo.

Desde los primeros pasos de la socialización humana en el Homo habilis la conducta observada en sus yacimientos nos indica que tales simbolizaciones lingüísticas debieron de producirse aunque con muchas limitaciones. Sin embargo, hay otra serie de conceptos mucho más difíciles de crear y simbolizar, los cuales son fundamentales para la conducta humana considerada como de tipo moderno. Me refiero a los conceptos sobre la individualidad social y personal, el tiempo, el espacio, la negación, el engaño y la mentira (todos ellos con un importante componente simbólico). De todos ellos solo se han podido rastrear conductas relacionadas con los tres primeros (individualidad social y personal, el tiempo, el espacio). Pero estos conceptos son fundamentales para el desarrollo de la autoconciencia y de su ubicación en el tiempo y en el espacio (desplazamiento cognitivo), lo que no se consiguió con unas características que se pueden considerar como modernas hasta la transición al Paleolítico superior. Si a alguien le interesa leer trabajos pioneros al respecto puede hacerlo desde esta dirección (Rivera, 1998; 2003-2004).

Estas abstracciones necesitaban unas capacidades cognitivas cada vez mayores, que la evolución proporcionó al desarrollar cerebros con unas áreas de asociación (secundarias y terciarias) más grandes y con una funcionalidad mejorada (menos densas con mayor poder de sinapsis). El desarrollo de las funciones ejecutivas (lóbulo prefrontal) y del precúneo (lóbulo parietal), bien contrastado en el Homo sapiens, parece que fue un gran y necesario avance evolutivo. Los factores generales que intervienen en la evolución cognitiva (aumento de la áreas de asociación y mejor capacidad sináptica; existencia de un protomapa; gran y duradera inmadurez neurológica y existencia de un proceso de simbolización de abstracciones o lenguaje) han interaccionado entre todos el mismo desde el mismo inicio de nuestro linaje. El lenguaje en sus tres funciones, verdadero motor de todo el proceso, es un proceso netamente social, pues solo se produce dentro de las sociedades con la suficiente capacidad neurológica como para interactuar en procesos comunes. Existen claros antecedentes den los grandes primates, y desde luego en la conducta de los primeros homínidos (Homo habilis y ergaster y/o erectus) ya se manifiesta con elemental y desigual desarrollo de los conceptos básicos del tiempo el espacio y la individualidad. Estas abstracciones se desarrollarían de forma paralela a la paulatina creación de diversas palabras representantes de objetos y acciones, que enriquecen la cultura del grupo y facilitan su convivencia y supervivencia.

A.- El concepto de individualidad (social o personal) se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o elementos de los mismos (Elías, 1990). La autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente (desarrollo cognitivo), lograda gracias a las capacidades cognitivas del cerebro y desarrollada por la estimulación (dentro del periodo crítico o primeros años de su vida) de un entorno social, cultural y lingüístico adecuado.

B.- El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992; Hernando, 1999).

C.- El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente, como son el día/noche, estaciones, fases lunares, etc. (Elías, 1992; Hernando, 1999).

La realidad de la propia conducta humana indica que casi siempre se producen con una gran interrelación entre estos dos elementos básicos de ordenación de la acción. Así, con su unión, ofrecen al lenguaje una capacidad interpretativa de gran poder explicativo. Sería el caso del cambio de los lugares en función del tiempo (estaciones), la medición del espacio por el tiempo en que se recorre y el concepto histórico de un lugar en un tiempo preciso. La interacción social aumenta con el desarrollo tecnológico, demográfico y cultural de las sociedades, por medio de un aumento del lenguaje usado. Los mecanismos de feed back positivos estarían continuamente produciéndose. Es decir, la compresión de que las capacidades cognitivas superiores tienen más de potencialidad que de realizad manifiesta en el nacimiento, su desarrollo de estas capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.



Función cognitiva del lenguaje

La función cognitiva del lenguaje sería la responsable de las características psicológicas que nos distinguen como seres humanos (autoconciencia, conducta simbólica, abstracción conceptual, etc.). Se puede establecer que la adquisición de un lenguaje desde pequeño (antes del periodo crítico, pues después sus efectos están muy limitados) va a producir una estructuración funcional del cerebro, logrando la creación, potenciación o desarrollo de las capacidades cognitivas humanas (emergencias cognitivas). Es decir, va a organizar funcionalmente las estructuras neurológicas heredadas, pero con las características y formas que dependen de las propiedades del lenguaje aprendido. Naturalmente, esta organización dependerá de las capacidades neuronales adquiridas por la evolución en cada especie, y por las propias cualidades (morfológicas, sintácticas, etc.) del lenguaje al que se enfrentan los recién nacidos, lo que sería distinto en las diversas especies de nuestro género. En este contexto, hay que resaltar que la evolución neurológica proporciona capacidades funcionales, pero no realidades cognitivas de carácter innato. Es la influencia del medio ambiente (social, tecnológico, conductual, lingüístico, etc.) el responsable del desarrollo cognitivo que pueda observarse en las poblaciones humanas de todo nuestro género. Primero se produce un aumento de la capacidad neurológica, después se produce el consecuente desarrollo conductual-cognitivo. Sería la expresión de la sapient paradox de Renfrew (2008).

Este proceso de organización neurológica de base lingüística (diferente del realizado por el adulto en el estudio de otra lengua) va a estructurar al pensamiento de una forma específica que denominaremos pensamiento lingüístico o racional. Su desarrollo se realiza y materializa cognitivamente por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado y el lenguaje intelectualizado. De esta organización y estructuración funcional que se produce desde el mismo momento del nacimiento hay que destacar las siguientes funciones cognitivas:

- Desplazamiento cognitivo en el tiempo y el espacio.
- Creación del pensamiento racional abstracto.
- Base de la memoria autobiográfica. Inicio de la conciencia reflexiva. Autoconciencia.
- Aumento de la capacidad del aprendizaje de tipo humano moderno con la enseñanza intencionada.

Todas ellas se producen mediante el desarrollo sociocultural del medio en el que se nace (desarrollo social, político, religioso, tecnológico, artístico, etc.), al ser simbolizadas por medio del lenguaje en abstracciones sonoras o gesticulares, y aprendidas desde que nacemos. Nuestro cerebro se torna lingüístico y autoconsciente (racional y emocional), lo que serían en última instancia los mecanismos responsables de nuestra conducta.

I.- Comunicación interna (cerebro lingüístico). El pensamiento es la actividad cerebral en el plano psicológico, siendo el resultado de procesar la información que nos llega del exterior y el uso de la almacenada en la memoria (ya sea en forma de imágenes compuestas, experiencias sensoriales simples o elaboradas, y/o simbolizadas por el lenguaje), de forma que se puedan elaborar conductas adecuadas. Para tal fin el cerebro utiliza todas las capacidades cognitivas que posea (memoria, abstracción, simbolización, funciones ejecutivas, etc.), las cuales se potenciaran y organizaran por medio del lenguaje.

El cerebro al nacer solo contiene un protomapa de organización funcional poco definido sobre el futuro funcionamiento neurológico, su inmadurez permite que puedan estructurarse en redes neuronales efectivas en función de la información que les llega de fuera (Rakic, 1995). El aprendizaje del lenguaje en nuestros primeros años de vida es el resultado de una interacción cognitiva entre el lenguaje que constantemente estamos escuchando y el pensamiento no verbal que posee el niño, aunque éste estaría muy limitado por la pequeña cantidad de recuerdos que procesar y su limitado desarrollo cognitivo. Según va aprendiendo el niño el lenguaje su pensamiento se va haciendo lingüístico, es decir, cada vez utiliza más un pensamiento lingüístico para realizar sus acciones, recordar, planificar, imaginar, etc. Así, hasta llegar a pensar constantemente como si estuviera hablando consigo mismo, ha desarrollado un lenguaje interno. Este lenguaje es el mismo que usamos normalmente con las mismas directrices léxico / gramaticales, aunque con pequeñas variaciones.

Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Damasio, 2010; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920).

A través del lenguaje se aprende rápidamente el desplazamiento cognitivo (en el tiempo y en el espacio), así como el desarrollo de la abstracción y del simbolismo, pues con él se produce la transmisión de pensamientos abstractos simbolizados por los mecanismos sonoros o los gestos del lenguaje oral o de gestos.

II.- Inicio de la conciencia reflexiva. Autoconciencia. La relación del lenguaje con la conciencia reflexiva o autoconciencia parece ser un hecho ampliamente demostrado, o por lo menos todo lo demostrado que estos procesos cognitivos nos permiten. Tal aseveración estaría fundamentada en varios hechos neurológicos bien documentados.

- Cerebro dividido. Por motivos de problemas neurológicos (formas de epilepsia global refractaria al tratamiento) se realizaron desde mediados del siglo pasado diversas operaciones en las que se separaban los dos hemisferios cerebrales cortando el cuerpo calloso (enorme haz de fibras nerviosas que los conecta). Los resultados fueron mucho más que curiosos y no precisamente por la mejoría en algunos pacientes de su epilepsia. Las acciones del cerebro dividido pueden ayudarnos a comprender la realidad del nuestro funcionamiento cerebral, aunque para ello es necesario tener una mente abierta a realidades contrastadas con la ciencia pero no asumidas interdisciplinariamente por todos los científicos que estudian la conducta como el resultado de la activación cerebral en todos sus facetas (racionales y emocionales).

Conocemos que cada hemisferio cerebral recibe información (somatosensorial, motora, visual y auditiva) de la mitad opuesta del cuerpo, aunque la visual y auditiva tiene algunas diferencias con el restos de las sensaciones. Cuando se realiza un corte del cuerpo calloso las dos mitades (hemisferios) actúan como dos cerebros independientes y cada uno controla la información de la mano contralateral y gran parte del ojo homolateral. Mientras el hemisferio izquierdo, donde se asienta el lenguaje, podía comunicar lo que veía el ojo derecho, el cerebro derecho podía mover el brazo izquierdo como si viera pero no comunicarlo (Gazzaniga, 2015: 49-50). Parece como si el cerebro izquierdo con lenguaje tenía conciencia de lo que veía y así lo manifestaba (no lo comunica porque tiene lenguaje, sino que lo expresa por tener autoconciencia del hecho y poder comunicarlo). Mientras que el derecho actuaba como si lo viera (movía el brazo izquierdo y lo señalaba) pero no era autoconsciente de tal hecho. Podría ser una comprobación de la relación de necesidad que existe entre el desarrollo de un lenguaje y la autoconciencia humana. Así, la base neurológica de la autoconciencia sería el hemisferio con lenguaje, mientras que el inconsciente (compleja actividad cerebral descubierta por Sigmund Freud) se localizaría en el otro hemisferio cerebral que siempre actúa pero no se es consciente de su actividad.

- Ubicación hemisférica del lenguaje. Un ejemplo de especialización cognitiva de áreas corticales lo tenemos en el área de Broca y de Wernicke, muy relacionados con la producción del lenguaje. La mayoría de las veces el área de Broca relacionada con el control de la articulación sonora se sitúa en el hemisferio izquierdo, pero su ubicación parece depender más a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1965), que a una determinación genética dominante y preestablecida desde el nacimiento. Ambas áreas de Broca (izquierda y derecha) son en equipotenciales y su especificación y desarrollo funcional se realiza en función de las aferencias que le llagan y que aún no conocemos bien. Así, se ha podido ver como en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que es precisa su extirpación quirúrgica, las funciones cognitivas que debían de desarrollarse en esta zona cortical izquierda, son fácilmente desarrolladas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad del lenguaje. Esto será siempre que ocurra en una edad temprana del desarrollo, sobre todo en la infancia, pues la plasticidad neural que permite este proceso va desapareciendo paulatinamente con el crecimiento del niño (Changeux, 1985; Flórez, et al.1999; Miller, 1985, Springer y Deutsch, 1994). En este sentido, parece que la simple presencia de una impronta del área Broca, sólo indicaría la creación evolutiva de una nueva área de asociación cortical, que se va a manifestar eficaz en la regulación de movimientos musculares complejos, pero que sólo va a ser efectiva si se desarrolla con un aprendizaje en un medio ambiente adecuado y dentro del período crítico (Changeux, 1985; Lenneberg, 1976; Springer y Deutsch, 1994).

En la mayoría de las personas esta activación del área de Broca relacionada con el lenguaje se produce en el hemisferio izquierdo. Así, una lesión en esta área y hemisferio produciría un trastorno del lenguaje (afasia de Broca), mientras que la misma lesión en el otro hemisferio tendría una repercusión lingüística muy pequeña o nula.

- Sin lenguaje (abstracción y simbolización del pensamiento) la autoconciencia o no existe o estaría muy alterada. Las aferencias sensoriales desde el medio ambiente externo (lenguaje) son fundamentales para la definitiva estructuración funcional del cerebro, si éstas no son las adecuadas (p. e. aislamiento sensorial y emocional, ausencia de lenguaje) se producirá igualmente una estructuración neurológica, con formas anatómicas iguales, pero con una gran diferencia respecto a la capacidad conductual de su poseedor, que en casos extremos llegaría a graves alteraciones cognitivas donde se encontraría autoconciencia (Curtiss, 1977; Tomasello, 2007).

- Las características neurológicas del cerebro (inmadurez y muerte neuronal desde el nacimiento, tardía mielinización, periodo crítico) y su inmadurez funcional indican la gran disposición neurológica al nacer para que su definitiva configuración dependa de los estímulos externos. En este contexto, el lenguaje implica un sistema de organización del pensamiento estructurado a la simbolización de las abstracciones que se deducen de la experiencia cotidiana: el lenguaje es una simbolización de la acción.

Conclusiones


El pensamiento y su expresión externa o conducta se logra por medio de un procesamiento computacional de la información adquirida y procesada por medio del lenguaje (interno y externo). El lenguaje es una tecnología cognitiva. El idioma es la caja de herramientas que ha desarrollado cada cultura para imaginar el mundo. En este sentido habría que admitir la hipótesis Sapir-Whorf, pues nuestro pensamiento al ser básicamente lingüístico, depende de las características de cada lenguaje. Sin embargo, hay otra serie de procesos cognitivos que también influyen en nuestro pensamiento, como son las emociones, sobre todo las primarias de carácter innato. Éstas, al crear sentimientos emocionales dan una apreciación especial y propia a las abstracciones que se asocian a tales emociones. La variedad lingüística, emocional y racional en una característica básica de nuestra propia esencia como seres humanos.

Quien esté interesado en un trabajo sobre el origen interdisciplinario del lenguaje puede leerlo en la siguiente dirección: Origen del lenguaje: un enfoque multidisciplinar

- Arsuaga J. L. y  Martín-Loeches, M. (2013): El sello indeleble. Pasado, presente y futuro del ser humano. Barcelona. Mondadori.
- Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviére, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Madrid. Trotta.
- Bickerton, D. (1994): Lenguaje y especie. Alianza. Madrid.
- Bruner, J. (1984): Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza. Madrid
- Bruner, J. (1988): Desarrollo cognitivo y educación. Morata. Madrid.
- Curtiss, S. (1977): Genie: A psycholinguistic study of a modern-day wild chid. Nueva York. Academic Press.
- Changeux, J. P. (1985): El hombre neuronal. Madrid. Espasa Calpe.
- Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino.
- Dunbar, R. (2004): The Human Story. London: Faber and Faber.
- Elías, N. (1990): La sociedad de los individuos. Ensayos. Península / Ideas. Barcelona.
- Elías, N. (1992): Time: An Essay. Basil Blackwell. London.
- FILLMORE, CH. (1968): The Case for Case. En E. Bach y R. T. Harms (comps.). Universals in Linguistic Theory. Holt, Rinehart and Ewinston. New York.
- Gazzaniga, M. S. (2015): Relatos desde los dos lados del cerebro. Espasa libros. Barcelona.
- Geschwind, N. (1965): “Disconnection syndromes in animal and man”. Brain, 88. 237-94.
- Hernando, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
- Lenneberg, E. H. (1976): Fundamentos biológicos del lenguaje. AU. 114. Madrid. Alianza.
- Luria, A. R. (1966): Higher Cortical Function in Man. New York. Basic Books.
- Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Madrid. Pablo del Río.  
- Marina, J. A. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.  
- Mercier, N. (2001): Palabras y mentes. Barcelona. Paidós.  
- Parker, S. T. (2015): Re-evaluating the extractive foraging hypothesis. New Ideas in Psychology. Vol. 37: 1-12.
- Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
- Renfrew, Colin (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. London. 363, pp. 2041–2047
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid.
- Springer, S. P. y Deutsch, G. (1981): “Cerebro izquierdo, cerebro derecho”. Editorial Gedisa, Vol. 2. 1994. Barcelona.
- Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. - Buenos Aires. Amorrortu.
- Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona. Crítica.