lunes, 18 de mayo de 2015

Teriántropos, teriomorfos o antropomorfos bestializados

Teriántropo de Chauvet
Los teriántropos o teriomorfos son figuras pintadas, grabadas o esculturas que representan a un ser con parte humana y parte animal. El término proviene del idioma griego terrino (Θηριον), significando “animal salvaje” o “bestia”, y anthrōpos (ανθρωπος), que significa “hombre”·.Tal combinación se ha visto utilizada en numerosas comunidades humanas desde el paleolítico, lo que no quiere decir que su significado sea homogéneo en el tiempo y en el espacio. Estas figuras, mezcla de humanos y bestias, se han producido en todos los periodos de la historia humana, pero su inicio e inmediato desarrollo tuvo lugar con el comienzo del Paleolítico superior en Europa, dentro del desarrollo del arte paleolítico. En comparación con las numerosas figuras zoomorfas y signos que se conocen no son demasiados numerosos, pero constituyen un elemento clave en la interpretación del significado del arte paleolítico situado en el interior de las cavidades.

Antropomorfo o teriántropo
 de Los Casares
Tras la definición aparentemente precisa (parte humana y parte animal) y fácil de entender y visualizar, existen diversas dificultades en su identificación. Primero, en su separación con los antropomorfos (figuras humanas no bestializadas) que muchas veces fueron realizados con un acabado gráfico de muy poca definición o con una iconografía extraña y/o aberrante, siendo muy difícil distinguir si se trata de una cabeza de animal o humana con formas parecidas. Segundo, hay que considerar diversos casos que nos pueden llevar a la confusión sobre la presencia real y práctica de teriomorfos, es decir, a figuras que puedan tener las mismas o parecidas funciones pero no ser teriántropos en el estricto sentido gráfico. Me refiero a los antropomorfos poco o nada bestializados en el interior de las cuevas; o partes del cuerpo humano igualmente aisladas en el interior de las cavernas (manos, caras o máscaras). Tercero, a la existencia de signos de complejo significado (esquematización de la figura humana total o parcial, o del propio teriomorfo).

Características generales

Ante los inconvenientes identificativos relatados en el párrafo anterior he realizado un breve esquema de las características que deben de reunir estas imágenes o estatuillas para ser consideradas como teriántropos paleolíticos.

- De la mezcla humano-bestia parece que el proceso siempre es en una dirección, es decir, el humano se bestializa y no al revés. Lo más característico es que la figura represente un humano con una cobertura superior (cabeza y a veces torso) de un animal determinado. No se ven animales con cabeza y/o torso humanos, como con posterioridad se aprecia en numerosas culturas históricas.

- En muchas figuras consideradas como teriántropos se tiene especial cuidado en representar claramente el animal que acompañará a la parte humana. De no ser así habría que comprobar la existencia de signos claros de animalidad (cuernos, pico de pájaro, lengua no humana, colas, garras, pezuñas, etc.). Si faltasen estas muestras gráficas, la sola deformación inespecífica de la cabeza no se podría considerar como base de un teriántropo. La identificación del animal al que están asociados no siempre es fácil, aunque la mayoría son bisontes o uros, reconociéndose por los cuernos y el rabo en algunos, también hay de pájaros, ciervos y carnívoros. Algunas veces vemos combinaciones dudosas, como es el caso de que la figura del animal predomine en el gráfico, pero el bipedismo de aspecto humano (estar de pié) puede ser una prueba de que son mezcla de humanos y animales, siendo en algunos casos el único rasgo que podría indicar la existencia de un teriántropo. Sería el caso de Pech-Merle.

- Muchas veces están formando escenas con numerosos animales, ya sea de forma muy directa o colocándose estratégicamente de forma más o menos aislada, pero rodeados de numerosos animales. Así, no es raro que se muestren varios teriántropos juntos en una misma escena, como son los casos de Tito Bustillo, de La Peña de Candamo, Les Combarelles, Altamira y Les Trois-Fréres. Aunque raro, si pueden verse varios antropomorfos más o menos deformes y un teriántropo, como es el caso de Los Casares.

- En algunas de su representaciones se aprecia que el animal que es elegido para su transformación se representa en sus útiles (p. e. Lascoux). Parece indicar que los objetos personales de estos personajes podrían estar marcados con el animal elegido, como señal de su significación social y/o espiritual.

- Los teriántropos en soportes mobiliares pueden tener un significado especial por su movilidad. Se pueden agrupar al significado de las manifestaciones parietales, o por lo contrario tener un significado propio. Su menor número puede querer decir algo, así como el soporte sobre el que se ha realizado. No parece igual la finalidad del teriántropo de Hohlenstein-Stadel realizado únicamente para ese fin (misma función que una pintura o grabado), que la que pueda tener la Venus de las Caldas realizada en un posible útil (¿propulsor?), y ser utilizado exclusivamente por el mediador paleolítico como signo de diferenciación social.

- Muchos de estos teriántropos muestran aspectos sexuales marcados. Ya sea un explicito dibujo o grabado en el sexo femenino, que podemos ver en la cueva de Chauvet y en la de Tito Bustillo, o una mayor representación del sexo masculino con excitación sexual, apreciable en La Peña de Candamo, Lascaux, Mas-d´Azil, Altamira y Les Trois Fréres. Tanto es así que se ha creado una denominación precisa para tal situación: Antropomorfo itifálicos o con su sexo eréctil, lo que nos hace añadir una nueva cuestión sobre su significado: ¿Representa una estimulación sexual y/o una simple indicación del género? En el siguiente cuadro se exponen los teriántropos sobre los que hay pocas dudas de su existencia como tales.



En el siguiente cuadro indico brevemente algunos ejemplos de antropomorfos sobre los que hay dudas de que sean o no teriomorfos. De igual forma añado imágenes que podrían tener la misma función que los teriántropos, sin ser gráficamente verdaderos teriomorfos.



Interpretación simbólica


Pocos estudios se han centrado en este tipo de imágenes paleolíticas, y su interpretación ha quedado reducida al contexto general del arte paleolítico. Parece claro que los posibles simbolismos del arte paleolítico estén muy relacionados con la producción de estas figuras, pero no todas las manifestaciones gráficas tienen por qué tener el mismo significado ni todos los teriántropos representar conductas simbólicas iguales. Los 30.000 años del Paleolítico superior ofrecen variaciones de diverso tipo que indican cierta variedad en este tipo de simbolismo. Ya en otra entrada expuse los problemas y posibles soluciones que pueden aplicarse al estudio del arte paleolítico (Arte paleolítico. Consideraciones sobre su estudio). 

Uno de los principales problemas que el estudio de los teriántropos ha tenido, es la falta de un método que estudio la cognición humana en su desarrollo simbólico. Todas las interpretaciones que se han dado han sido ideas más o menos subjetivas, pues les falta cualquier tipo de fundamento científico, o la simple comparación etnográfica con los chamanes que vemos en diversos pueblas de desarrollo parecido al de la prehistoria. La misma representación gráfica que comunmente se realiza de estas figuras se presta a cierto engaño, pues pretendiendo resaltar la figura gráfica (la gran preocupación de los estudios del arte paleolítico) se olvidan de la importancia del contexto, que cambia mucho su posible significado. El siguiente cuadro nos pone el ejemplo de uno de los teriántropos mas conocidos de Les trois-Fréres.     



El contexto es fundamental para el estudio de estas figuras y del arte paleolítico en general. Así, es necesario analizar cada figura dentro de su contexto temporal y geográfico, comparando sus características gráficas y asociaciones dentro de la cueva, para intentar sacar conclusiones fundamentadas en los datos arqueológicos, y no de comparaciones etnográficas de gran subjetivismo. Veremos el caso de los teriántropos del Auriñaciense, los cuales destacan en la actualidad por estar bien datados cronologicamente y corresponder con el comienzo del arte paleolítico. Se hace en el siguiente cuadro un breve resumen de todas estas características.


Utilizamos el fundamento que nos ofrece el Estructuralismo funcional en su explicación del desarrollo cognitivo (Mecanismos deevolución cognitiva) para explicar el contexto cognitivo que tuvieron los humanos del inicio del Paleolítico superior, es decir, con la emergencia de la autoconciencia en el inicio de este periodo. Se produce en diversos y distantes lugares de la amplia geografía europea, pero nunca se ha planteado el problema de las condiciones que lo generaron y de que pudieron ser varios los lugares que gestaron tal manifestación artística y simbólica. 

Existe la posibilidad de que se dieran varios focos, más o menos contemporáneos, de inicio del arte paleolítico, que con posterioridad se fueron influenciando, mezclándose y desapareciendo en la amplia unidad del Magdaleniense. Nos basamos en el diferente desarrollo inicial que presentan los yacimientos con teriántropos del Auriñaciense. Son varias las características que pueden inducir a este concepto:

- Existencia de teriántropos desde los primeros momentos (Figs. 1-6).
- La presencia de manifestaciones gráficas en los lugares de hábitat y dentro de las cavidades, ya dentro del Auriñaciense, aunque en desigual proporción y distribución. Su simbolismo no tiene porqué ser el mismo.
- Inicios con soportes, bestialización, ubicación, asociaciones, forma gráfica diferentes.
Veremos las fechas y distribución geográfica:
* Suabia: Hohlenstein-Stadel 32 Ky. Hohle Fels 35 Ky, Venus de Hohle Fels también con 35 Ky. tratzing. Venus de Galgenberg. 32000 BP.
* Cueva Fumane. 35.640 ± 220 y 35.180 ± 220 BP (41.000 BP cal GISP2).
* Cueva de Chauvet 32/30 Ky
* Cueva de Tito Bustillo 33 Ky. 32.990 ±450 BP

Conociendo las grandes dificultades que siempre han planteado las dataciones de este periodo, creo que lo más ecuánime es suponer que todas son similares en antigüedad, siendo muy arriesgado dar prioridad cronológica a cualquiera de estas yacimientos en función de su datación. Vemos que existen importantes diferencias entre tres lugares, lo que puede suponer la existencia de tres focos diferenciados, cuya evolución temporal y geográfica es igualmente muy diferente. Serían:

- Suabia y Chauvet
- Fumane.
- Tito Bustillo. No obstante determinadas figuras situadas en el panel principal (caballos y ciervas) podrían apuntar hacía una evolución desde modelos muy arcaicos (preeminencia de la figura humana, manos, fauna arcaica felinos, megaceros,etc.).

Conclusiones

Esto sería simplemente un ejemplo de como puede realizarse el estudio de los teriántropos, intentando vencer sus grandes inconvenientes y usando solamente los datos cognitivos que nos ofrece la Arqueología cognitiva y los que el registro arqueológico tiene asumidos. Naturalmente, si se produjeran nuevos descubrimientos, es posible que sea necesario retornar las conclusiones, que deberían de ser concordantes con esas nuevas informaciones, pero mientras tanto es mejor seguir este camino que lo ofrecido hasta ahora por medio de los trabajos tradicionales. 

lunes, 13 de abril de 2015

La Peña de Candamo: teriántropos, sexo y muerte

La cueva de La Peña de Candamo, junto al pueblo de San Román de Candamo (Asturias), es el yacimiento con manifestaciones gráficas más occidental del Paleolítico superior. No es una gran cueva, pues solo tiene unos 60 metros de recorrido, pero sus muestras gráficas son un importante y claro ejemplo del simbolismo que caracteriza el arte paleolítico de este periodo. Como puede verse en el mapa, tras un corto recorrido de 20 m. se llega al Salón de los Grabados, donde se encuentran la mayoría de las manifestaciones artísticas paleolíticas. 


En esta sala se encuentran las dos exposiciones gráficas más importantes:

Fig. 1 Caballo del Camarin
- El Camarín (al fondo enfrente de la entrada). Es un lugar alto situado entre dos coladas estalagmíticas, lo que ofrece un aspecto de hornacina o centro de referencia especial. Destaca la figura del caballo pintada con color ocre; creado para ser visto desde la planta de la cueva, a su lado y un poco ocultas se encuentran otros caballos, un toro y un bisonte que no existe en la actualidad (Fig. 1).

- El Muro de los Grabados a la derecha de la entrada, de unos seis metros de largo por unos ocho de alto (Corchón y Garate, 2010). En la parte superior izquierda aparecen, superpuestas, una cabeza roja de cierva, dos ciervos grabados, un bisonte casi completo en grabado múltiple y otro resumido a la cabeza, pintada en negro y con rasgos humanizados que podría ser un teriomorfo (Fig. 2), dos rebecos (en uno sólo la cabeza realizada con múltiple grabado y otro grabado y pintado), y un teriomorfo grabado en el cuerpo de un rebeco (Fig. 3) Tiene en la cabeza un punto semejando un ojo y un pequeño trazo angular que representa la oreja; su mandíbula inferior es amplia y ancha; la cola finaliza en una clara pelotita.

Teriántropos de Peña Candamo

En la parte central del sector izquierdo de este panel hay una superposición muy compleja de figuras tanto pintadas como grabadas; así, aparecen 2 toros (uno grabado y otro pintado en rojo), 3 ciervos grabados y pintados, dos caballos (uno grabado y otro pintado en rojo), un teriántropo pintado en negro (Fig. 4), y dos figuras de forma curva, grabadas, una de las cuales se ha interpretado como una foca que se superpone a un gran toro central. También aparece la representación de un gran ciervo que presenta la cabeza levantada y la boca abierta, que fue grabado y pintado en negro; una línea negra larga en el cuarto trasero aparenta una lanza. Este teriomorfo, de unos 50 cm de altura, tiene una cabeza en la que destaca un hocico saliente, los brazos cortos y representados por dos líneas, dirigidas hacia adelante; sus patas finalizan en una especie de círculo, como si fueses garras; presenta un falo de tamaño desproporcionado (teriántropo itifálico). Su conjunto y relaciones pueden apreciarse en la fig. 5. La datación, aunque con cierta imprecisión, puede situarse en el Solutrense en su periodo final o inicio del Magdaleniense.


Fig. 6. Ciervo herido
Es interesante resaltar otras escenas relacionadas con animales en este complejo Muro de los Grabados. Me refiero a las escenas de caza y/o muerte y de procreación de ciertas de sus figuras. La muerte se ve reflejada en el ciervo herido por diversa lanzas, el cual gira la cabeza por el dolor y la impotencia (Fig. 6). Otro ciervo (Fig. 4) está igualmente herido por una única lanza, siendo alcanzado cuando está en la berrea buscando una hembra con la que aparearse, pues su aptitud de cabeza levantada y labios como si estuviera emitiendo algún sonido parecen atestiguarlo. 

De entre sus numerosos grabados y pinturas se pueden destacar tres grupos de ellas que hacen referencia a unas conductas muy extendidas en las cuevas con manifestaciones gráficas.


- Teriántropos o figuras mixtas de humano-bestia que siempre se han interpretado como seres intermediarios entre el mundo real y otro desconocido no material (¿espiritual?).

- Sexo en sus dos vertientes. Una puramente sexual como puede relacionarse con el falo de tamaño desproporcionado (Fig. 4). Otra más relacionada con la procreación, lo que se deduce de la aparente escena de berrea del ciervo macho (y herido) frente a una cierva joven (Fig. 5). Si se traza un linea recta y ascendente hasta la mitad del panel de los grabados se llega claramente a esa cierva). 
- La muerte próxima de los dos ciervos heridos, sobre todo del de la fig.6.

Los temas parecen claros, y seguro que no son los únicos que se simbolizaron, pero dado lo abundantes que se dan en todas las cuevas con arte paleolítico (teriántropos, sexo y muerte), parece que sin duda serían de los más importantes. Parece obligado que nos preguntemos el porqué de ellas y cómo pudieron surgir, la respuestas solo pueden venir de la Arqueología cognitiva.

Con estas connotaciones y preguntas, todas ellas resumidas en la cueva, quiero indicar que su visita es muy interesante, informativa e instructiva. No solo por lo mencionado, sino porque pueden verse los grandes peligros de la contaminación humana y lumínica pueden contaminar y destruir un patrimonio imposible de reconstruir, aunque si simular. Este ha sido el proceso que han realizado en el aula didáctica, donde se ha recreado el Muro de los Grabados y el Camarin en la época de su descubrimiento, pudiendo posteriormente comprobar el gran deterioro y desaparición de una importante cantidad de tales muestras gráficas. 

Enfoque metodológico de su estudio

La Arqueología siempre ha estudiado la conducta humana desde el análisis exhaustivo de todos los datos que el registro arqueológico nos proporciona (tecnológicos, culturales, sociales, simbólicos, etc.), para poder llegar a una básica compresión de las capacidades cognitivas de sus realizadores. Sus resultados sobre el qué, dónde y cuándo de los cambios conductuales ha sido importante, pero del análisis del simbolismo que puedan conllevar y del porqué y el cómo de su producción, los avances no son muy prometedores. Creo que algo debe de cambiar. La Arqueología cognitiva indica que en determinados estudios podría ser más relevante conocer las características neuropsicológicas de los seres humanos (origen y desarrollo de sus capacidades cognitivas) para poder explicar y conocer el porqué y el cómo de la evolución conductual que se aprecia en el registro arqueológico, ya sea entre diferentes especies humanas o dentro de una misma población biológica. La comprensión de tales características neuropsicológicas sería la base del Estructuralismo funcional, el cual nos proporcionaría una serie de premisas generales que nos pueden servir para la interpretación de los datos arqueológicos (Rivera y Menéndez, 2011).

En este contexto, hasta el presente siempre se ha omitido el estudio de la principal característica de nuestro género: la autoconciencia. Pues ésta es la capacidad cognitiva que nos caracteriza plenamente, siendo el fundamento ineludible para el desarrollo de otras capacidades cognitivas (lenguaje, simbolismo, creatividad, emociones humanas, etc.). Sin embargo, su estudio es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional. Su causa es claramente académica y metodológica, pues su contenido parece que se escapa de las líneas de investigación arqueológicas. Los procesos de desarrollo cognitivo en los que la autoconciencia adquiere un papel primordial no son manejados ni tenidos en cuenta a la hora de explicar la evolución cultural humana. Así, la metodología de la Nueva Arqueología o Procesualismo siempre explica los avances socioculturales en la transición al Paleolítico superior como mecanismos adaptativos que realizan los seres humanos por medio de las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013), pero no aclara porqué se produjo en ese momento y no antes cuando la evolución neurológica ya se había producido, es la sapient paradox expuesta por Renfrew (Renfrew, 2008). El dualismo evolución y adaptación (mutación y selección natural) sigue las bases del neodarwinismo más tradicional, donde la Arqueología se encuentra cómoda y sin ningún interés en responder a las cuestiones evolutivas que ya vimos en el apartado de metodología de estudio.

Se quiera o no tenerla en cuenta, la realidad es que su origen se sitúa en el Paleolítico y en su estudio la Arqueología tendría que decir muchas cosas, pues es la ciencia que estudia la conducta humana en ese periodo, cuyas características estarían muy relacionadas con el origen y desarrollo de la autoconciencia. 

La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana este proceso cognitivo, por medio de la aplicación de sus conclusiones al análisis de los datos del registro arqueológico. La autoconciencia, dentro de su heterogéneo continuum evolutivo que se aprecia en el género Homo, alcanzaría en el inicio del Paleolítico superior unos niveles de desarrollo que pueden considerarse como modernos a efectos de las manifestaciones conductuales. Su causa es doble, primero por la propia evolución neurológica que produce un gran aumento de las capacidades cognitivas; segundo por el desarrollo de las mismas debido a su interacción desde el mismo nacimiento con un medio ambiente adecuado, donde destacan el aumento de la complejidad social en todos los ámbitos y el desarrollo del lenguaje.

La autoconciencia humana está muy relacionada con la llamada teoría de la mente, es decir, con la posesión de cierto conocimiento sobre la existencia de una vida mental semejante a la nuestra en los otros componentes de la sociedad, y de esos otros respecto de la nuestra (yo sé, que tú sabes, que yo sé). En el género Homo parece que siempre ha existido cierto desarrollo de esta propiedad cognitiva tan ligada al concepto de individualidad personal y/o social, aunque con importantes diferencias de grado debido a las diferentes capacidades y desarrollos cognitivos de sus diferentes homínidos, lo que explica su carácter de heterogeneidad espacial y temporal. Es un proceso en el que siempre intervienen varios sujetos, por lo que su evolución estaría condicionada a las características de las relaciones sociales (Edelman, 1994; Tomasello, 2007) y demográficas. Su estudio, aunque parezca ajeno a los medios arqueológicos, es imprescindible para explicar muchas facetas de la conducta humana en el Paleolítico, pues aporta criterios metodológicos que de otra manera no se tendrían en cuenta.




El desarrollo de esta orientación de la Arqueología cognitiva nos ofrece una serie de premisas muy útiles para el estudio de los datos arqueológicos, sobre todo en los conceptos en los que el simbolismo estaría especialmente tratado. Su análisis ya se realizó en otra entrada de este blog (Genética de la evolución neurológica.Consecuencias arqueológicas). Se pueden destacar las más importantes:


- La evolución biológica nos va dotando de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas) de origen evolutivo como son la memoria, funciones ejecutivas (memoria de trabajo, planificación, flexibilidad, monitorización e inhibición) atención, motivación, creatividad, razonamiento, percepción, etc. Su repercusión en la conducta no sólo depende de su potencialidad efectiva, sino del desarrollo de las mismas (desarrollo cognitivo).

- Cuando la evolución neurológica sea adecuada y las características ambientales adquieran el nivel suficiente puede producirse la manifestación de nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes o superiores (p. e. la conducta simbólica, la autoconciencia, lenguaje, escritura, etc.). Para este desarrollo cognitivo emergente es necesario alcanzar unos determinados niveles de desarrollo demográfico, socioeconómico y tecnológico (Tomasello 2007; Ardila y Ostrosky-Solís 2008; Renfrew 2008).

- Cualquier acción individual o social incluye un componente emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008), el cual tiene una importante base innata. Por tanto las capacidades cognitivas tienen un carácter racional y emocional, estando íntimamente interrelacionadas.

- La existencia de un lenguaje (primera conducta simbólica) es condición necesaria, aunque no suficiente, para la formación, desarrollo y transmisión de todas las conductas simbólicas.

- Los conceptos que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles deben adquirirse de la observación del medio ambiente en el que viven. Su realización se produce de la propia naturaleza, de las características sociales de los grupos humanos, del acervo cultural que se pueda transmitir de generación en generación y de las propias conclusiones que, partiendo de los anteriores presupuestos, pudieron adquirir los humanos de ese periodo. En este aspecto destaca sobre todo el lenguaje, al que hay que añadir cualquier otro soporte de información (manifestaciones gráficas, ritos, mitos, escritura, etc.).

- El desarrollo socioeconómico y demográfico de cada población es fundamental para su diferenciación social e individual (autoconciencia reflexiva). A su vez, el desarrollo de la autoconciencia (social, personal socializada, personal independiente) conlleva al desarrollo tecnológico y simbólico de las poblaciones que logren alcanzar un nivel adecuado, pudiendo establecerse una correlación entre ambos procesos. El desarrollo cognitivo siempre estaría ligado al desarrollo demográfico, social, cultural y lingüístico.

- Las características medioambientales (demográficas, socioeconómicas, tecnológicas, etc.) siempre son diferentes en cada tiempo y lugar. El global desarrollo histórico de la evolución cultural, cognitiva y simbólica es un continuum con aspecto de heterogeneidad temporal y espacial. En este continuum se producen diversos estados intermedios, pues depende de varios factores interconectados (capacidades y desarrollo cognitivos, lenguaje previo, medioambiente sociocultural, etc.). De ellos podemos tener conciencia de su existencia, pero no de sus precisas características.

- La evolución cultural y simbólica es acumulativa, pues en su desarrollo utiliza anteriores conceptos (simbólicos o no) más elementales, pero imprescindibles para toda evolución cultural. Para su logro es necesario estabilidad demográfica que facilite su perduración, transmisión generacional y progreso.

- Los componentes básicos de la conducta simbólica humana que constituyen su evolución cultural y cognitiva son la individualidad social y personal o autoconciencia (adornos, presencia de pinturas, arte, etc.), y los conceptos del tiempo (conducta mediada por procesos temporales) y del espacio (conducta dependiente del factor geográfico). Todos estos conceptos tienen un desarrollo heterogéneo en el tiempo y en el espacio.    

- El desarrollo cultural y cognitivo humano sólo pueden conocerse por medio de los datos que nos aportan los yacimientos arqueológicos, que son un reflejo de su conducta. Si con el tiempo y nuevos descubrimientos se producen cambios sustanciales en los datos a interpretar, se procedería a realizar una nueva interpretación de los mismos con los premisas de la Arqueología cognitiva.

Aplicación a los datos arqueológicos

Lo podemos aplicar a las tres conductas que vimos en el Panel de los Grabados.

- Percepciones en los estados de conciencia alterados. Con la emergencia del nivel de autoconciencia adecuado, los sueños o alucinaciones pasan a ser conscientes, propios, reales y sociales al poder compartir la experiencia. Estos siempre habían existido, pero no podían aflorar al plano consciente sin el desarrollo de la autoconciencia. Sería una emergencia onírica que había que interpretar, comunicar y explicar, siendo necesario buscar nuevas formas y métodos de los conocidos en el inicio del Paleolítico superior. La existencia consciente de estos estados oníricos de alguna manera favoreciera la concepción de un mundo diferente al cotidiano, y que, aunque sea de naturaleza inmaterial, se percibiría como real, pues en el mundo paleolítico serían considerados como normales y reales, y como tales se utilizarían. Para su realización es imprescindible un buen desarrollo de los conceptos del yo-otros, del espacio amplio y diverso, dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia cognitiva de carácter simbólico, ya sea material o inmaterial (Alvargonzález 2005; Bueno 1996).

Escena de teriántropo itifálico y bisonte herido (teriántropo, sexo y muerte)
Estos estados pueden ser incontrolables, como los sueños o las alucinaciones por enfermedad (fiebre, alteraciones psiquiátricas, comas superficiales, etc.); o bien más o menos controlables, como los inducidos por drogas o rituales frenéticos. Los estados alterados de conciencia que hemos aludido y las experiencias que de ellos tienen los individuos suponen la intuición de que tras estas extrañas percepciones se manifiesta la posibilidad de otro plano de existencia, de otro mundo diferente del cotidiano. Sería un mundo complejo, inmaterial y con entidades que muestran propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación implica el desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial. La comunicación con este otro mundo no material sería la cusa del origen de los teriántropos, en el intento de comunicarse con los animales de ese otro mundo, mediante un ritual que actualmente no se conoce, pero parece que podría estar relacionado con el sexo (teriántropos itifálicos).

- Fecundidad y nacimiento. Sexualidad. La fecundación, gestación y nacimiento de los nuevos seres forman en conjunto un proceso vital para las poblaciones humanas del paleolítico, donde la precariedad de la existencia y su corta vida media implicarían que los cambios generacionales fueran vitales para la continuidad del grupo. Desconocemos los conocimientos que pudieron tener de ellos en el inicio del Paleolítico superior, aunque como expertos conocedores de la vida animal en todas sus facetas algunos de ellos (fecundación y nacimiento) les serían muy familiares al verse continuamente en la naturaleza, aunque la ausencia de una estación de celo en las mujeres supondría una incógnita. Pero el proceso intermedio (gestación) sería de compleja compresión para ellos, si es que llegaron a alguna. Igualmente, pudo ser difícil correlacionar la fecundación con la gestación, pues muchas veces se produciría la primera sin los resultados pretendidos. ¿De qué o quién dependía de que se produjera tal gestación? Son peguntas que, aunque de forma más o menos semiconscientes aparecerían en periodos anteriores, pero es en el inicio del Paleolítico superior, con el desarrollo de un nivel optimo de autoconciencia, cuando aparecen de forma plenamente conscientes, compartidas socialmente y necesitando respuestas.Lo que está claro es que es la mujer la que crea (embarazo) a lo nuevos seres humanos, por lo que el quién que favoreciera este hecho debería de ser una mujer. Este podría ser el origen de las venus paleolíticas que vemos desde el Gravetiense.

Camarin de la vulvas de Tito Bustillo
Igualmente, la percepción consciente de la gran diferenciación sexual entre los humanos y los animales que vivían en su entorno (ausencia de celo y posibilidad de continuas relaciones), plantearía ciertos problemas con la concepción de la fecundación, pudiendo separarse en algunos casos ambos procesos. Es decir, se podría usar la sexualidad para otros fines diferentes a la fecundación y placer, como podría ser el caso de los teriántropos (muchos de ellos son itifálicos).

"Hombre herido" de Pech Merle 
- Muerte. Representaba un proceso cotidiano en todas las poblaciones paleolíticas, pues las consecuencias de las enfermedades, accidentes y lances de caza, entrarían en lo habitual de sus vidas. Con niveles bajos de autoconciencia, cuando tuviera lugar entre los componentes del grupo, se desencadenarían numerosas emociones de difícil solución, pero su actividad de supervivencia debería de continuar. La adquisición de mayores niveles de autoconciencia por medio del desarrollo lingüístico, socio-cultural y tecnológico, la muerte en sí misma no presentaba ningún cambio, se admitiría como un fenómeno habitual y hasta lógico en su producción, salvo la posible enfermedad cuyo origen se escaparía de su compresión. Pero con la adquisición de los procesos oníricos (estados de conciencia alterados) autoconscientes se produciría un hecho muy difícil de explicar. Se soñaba con los compañeros muertos y se les intuía como si estuviesen vivos, pero no era posible establecer una comunicación con ellos en el sueño, trance o situación onírica especial. Había que interpretar estas experiencias, junto con la existencia de los mismos animales que se habían matado o visto morir y que, por el mucho mayor número de representaciones gráficas que de ellos tenemos, parece tener mayor importancia para las sociedades paleolíticas que la presencia humana en este mundo onírico. Sin duda, la relación biológica, emotiva y cognitiva entre los seres humanos y animales tendría unas particularidades muy diferentes a las actuales, de las que solo podemos intuir hechos de imposible justificación.

Conclusiones

Estas experiencias vivenciales (conciencia alterada, reproducción/sexualidad, y muerte) solo pueden explicarse mediante los conocimientos adquiridos por medio de la observación del medio ambiente en el que se vive, o de las propias experiencias conscientes que los seres humanos puedan desarrollar en su quehacer cotidiano, cumpliendo así el requisito del Estructuralismo funcional. Este sería el fundamento psicobiológico de porqué todas las poblaciones humanas anatómicamente modernas han desarrollado conductas relacionadas con estas creencias, pero a su vez también explica que su inicio y posterior desarrollo no sea homogéneo, pues es una consecuencia de las características socioculturales de cada población, cuyo desarrollo e interacción es heterogéneo y de diferente evolución en el tiempo y en el espacio.

Una sola cueva no puede ser representativa de la totalidad, pero el estudio de todas aquellas en las que existen teriántropos puede que si lo sea. Este es el trabajo que estoy desarrollando en la actualidad, dentro del marco de la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional).


- Alvargonzález, D. (2005): “El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico”. En Jiménez, F; Peñalver Gómez, P y Ujaldón Benítez, E. (coord.). Filosofía y cuerpo: debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno. Págs. 213-243. Ediciones Libertarias/Prodhufi. Madrid.
- Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian”. Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bueno, G. (1996): El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa Ed. Oviedo.
- Corchón Rodríguez, M. y Garate Maidagan, D. (2010): “Nuevos hallazgos de arte parietal paleolítico en la cueva de La Peña (San Román, Candamo)”. Zephyrus, 65, 75-102.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- Edelman, G. M. (1994): Bright Air, Brilliant Fire: On the Matter of the Mind. Penguin. Harmondsworth.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y Arqueología. Nueva época nº 4.
- Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.

viernes, 13 de marzo de 2015

El simbolismo en el Género Homo

De vez en cuando aparecen noticias sobre nuevos descubrimientos relativos a los Humanos Neandertales (HN) que, por sus características, implican la existencia de una conducta simbólica de naturaleza desconocida. Una vez publicada surgen los tradicionales comentarios sobre las capacidades cognitivas (en estos casos sobre el simbolismo) que estos homínidos pudieron tener a lo largo de su existencia, así como su comparación con las capacidades simbólicas de los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM). Todo este proceso se repine una y otra vez con los mismos patrones y los mismos resultados, es decir, se vuelve a repetir que los HN tenían las mismas capacidades cognitivas (simbolismo, razonamiento, lenguaje, etc.) que los HAM. Su fundamento sin estos descubrimientos con una aparente base simbólica que igualas a estos humanos y aleja el concepto de inferioridad cognitiva de los HN.

Grras de águila de cola blanca de Kaprina.
Luka Mjeda/CC-BY
La última noticia que en este sentido tenemos ha sido el descubrimiento en el yacimiento de Kaprina (Croacia), por parte de investigadores del Museo de Historia Natural de Croacia y de la Universidad de Kansas, de unas garras de águila de cola blanca con rastros de haber sido parcialmente manipuladas en estratos musterienses, y por tanto asimilables a la actividad de los HN. Su antigüedad se sitúa en unos 130.000 BP. Tal hallazgo ha sido publicado en la revista PLOS One, donde se describen ocho garras de esta ave en un estado de conservación muy bueno.

Naturalmente, una de las primeras reacciones de los autores del trabajo ha consistido en resaltar su importancia por su posible significado simbólico que pudieran representar.

El tema es reiterativo como podemos recordar en otros descubrimientos:
Simade las Palomas (enterramientos), Grotta Fumane (plumas de aves), Cueva de Skhül (pigmentos). Sin embargo, el problema del simbolismo no puede limitarse a la aceptación o no de un simbolismo indefinido entre estas poblaciones humanas, sino que debe de ampliarse al estudio de conductas simbólicas en el género Homo, pues todos sus componentes son susceptibles de haber poseído algún grado o forma de simbolismo en su conducta. Este mismo tema ya ha sido tratado en otra entrada (Simbolismo entre el Neandertal yHumanos Modernos), por lo que los interesados en profundizar en este tema pueden acudir a ella.

Comentarios

El estudio del simbolismo entre los humanos debe de partir de una compresión muy clara, es decir, hay que saber de qué estamos hablando. Pera ello es necesario formar un método de estudio que nos permita avanzar en vez de divagar constantemente bajos las mismas premisas limitadas a nuestro razonamiento, y no a la compresión de la realidad cognitiva del género Homo (Arqueología cognitiva:Estructuralismo funcional). Para su estudio lo primero que hay que realizar es una definición de simbolismo, que nos sirva de límite y marque el camino a seguir.

La conducta simbólica humana es la consecuencia de un complejo proceso cognitivo en el que se relacionan las abstracciones e ideas desarrolladas o aprendidas con símbolos, los cuales pueden ser muy varados: sonidos y gestos (lenguaje), objetos (elementos simbólicos) o conductas (usos, costumbres), siendo necesario aplicar un consenso social a todo el proceso. De tal modo que, en la sociedad en la que se desarrolle este proceso cognitivo, la percepción de tal símbolo revive en las personas la idea, concepto o sentimiento que le dio origen.

Esta definición nos conduce a las primeras manifestaciones simbólicas, las cuales debieron de ser cualquier forma de lenguaje existente en nuestro linaje, donde una intención, deseo o expresión se simbolizaría por unos sonidos, los cuales eran entendidos por los demás miembros del grupo. Tal comunicación era básica para poder realizar las tareas logísticas, sociales y tecnológicas que se aprecian en el registro arqueológico de todos los pertenecientes al género Homo. Por tanto, todos los homínidos de nuestro linaje tuvieron algún grado de simbolismo en su pensamiento y conducta. Lo que hay que estudiar es cómo se fue creando y desarrollando, siendo este en principal cometido de la Arqueología cognitiva. Una conclusión importante que se sacas de estas ideas es que el ser humano de todas las épocas fue desarrollando su conducta gracias a su capacidad de abstracción y simbolización que la evolución le proporcionó con la evolución neurológica. Siendo el lenguaje el principal vehículo en su producción, almacenamiento y trasmisión entre todas las generaciones humanas.

La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) indica que, en base a las características evolutivas y anatómico-fisiológicas de nuestro cerebro, el origen y desarrollo de nuestra conducta se realiza en función de una serie de premisas que podemos ver en otra entrada del blog (Genética dela evolución neurológica. Consecuencias arqueológicas). De ellas hay que destacar una especialmente por su claro significado en la evolución conductual.


Los conceptos que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles deben adquirirse de la observación del medio ambiente en el que viven. Su realización se produce de la propia naturaleza, de las características sociales de los grupos humanos, del acervo cultural que se pueda transmitir de generación en generación y de las propias conclusiones que, partiendo de los anteriores presupuestos, pudieron adquirir los humanos de ese periodo. En este aspecto destaca sobre todo el lenguaje, al que hay que añadir cualquier otro soporte de información (manifestaciones gráficas, ritos, mitos, escritura, etc.).

El simbolismo en el Paleolítico medio es claramente lingüístico, pero en algunos aspectos también es conductual. Si nos fijamos todos los ejemplos que han sido asimilados a cierto simbolismo entre los HN son elementos naturales que pueden observarse sin necesidad de elaboración, aunque después hayan sido más o menos manipulados (enterramientos, plumas, minerales colorantes, garras de ave, etc.). Por sus características todos ellos llaman la atención de quien los encuentra y de todos los que luego los observan, adquiriendo cierto valor relacionado con la curiosidad que despierta, uso o manejo que se realice y por último significado que pueda otorgárseles. El simbolismo es una consecuencia de las características evolutivas del cerebro de los homínidos (de todos ellos).

Origen y desarrollo del simbolismo humano

La evolución proporcionas capacidades cognitivas, pero su desarrollo depende de las características del medio ambiente en el que se vive. Si en este ambiente no es posible desarrollar adecuadamente las condiciones para crear las abstracciones necesarias para la elaboración de un simbolismo complejo (p.e. conductas religiosas), pues éste no se produce. Mientras que en otros lugares, y posiblemente de forma coetánea, el simbolismo complejo empieza a manifestarse gracias a que las condiciones medioambientales en ese lugar si reúnen los requisitos necesarios para su desarrollo.

¿Cuáles serían estas condiciones necesarias? Son varias y en general serían las siguientes:

- La existencia de las capacidades cognitivas necesarias para el desarrollo de conductas simbólicas. Evolutivamente cada especie del género Homo tendría cierto nivel cognitivo, que en general sería superior al que se necesitaría para el desarrollo de la cultura que en su momento pudieron desarrollar, como pasa a todos los primates que en cautividad (medio ambiente más estimulante) desarrollan conductas más complejas que en libertad.

- Existencia de cierto lenguaje que permitiera la comunicación social, y la rápida adquisición de los nuevos conceptos o ideas simbolizados por el lenguaje existente. El lenguaje permitiría, una vez interiorizado (lenguaje interno), el mejoramiento del pensamiento, la mayor facilidad de lograr nuevas abstracciones, su simbolización lingüística, su almacenamiento y transmisión social, y mejoras en la conducta de supervivencia y social.

- La existencia de un acervo cultural previo que pueda facilitar el desarrollo (tecnología, sociabilidad, relaciones externas con otros grupos, etc.).

- Las necesidades sociales y ambientales del grupo, que actuarán como estímulo o motivación consciente para superar los problemas sociales y de supervivencia del momento.

- Condiciones socioeconómicas, familiares y tecnológicas que favorezcan los criterios de individualización personal (aumento poblacional, separación de tareas, diversidad social de todo tipo, aumento de la complejidad tecnológica y logística, etc.) y social (la necesidad de actuaciones complejas entre varios componentes del grupo en el tiempo y en el espacio). En definitiva, todo aquello que por su misma existencia marque la diferencia entre los miembros de la sociedad y de ésta con otras poblaciones.

Las características medioambientales (contexto arqueológico) solo pueden conocerse por medio de la actuación arqueológica en los yacimientos, así como de la agrupación coordenada de los mismos. Como es lógico, estas premisas afectarían a todas las poblaciones humanas del género Homo. Así, es posible comprobar la existencia de poblaciones de HN y de HAM que carezcan de simbolismo elaborado por no haber alcanzado el nivel de complejidad sociocultural adecuado.

Sobre el simbolismo humano ya publiqué una entrada (conductas simbólicas en el paleolítico) donde se especificaban las diversas formas de simbolismo que se aprecian en el Paleolítico y los restos materiales o conductuales que los justifican en los diversos periodos del mismo. Este texto es una introducción a un trabajo que sobre este asunto realicé, junto al Prof. Mario Menéndez de la UNED, y que se ha publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma (Rivera y Menéndez,2011). 

Puede apreciarse en el siguiente cuadro un esquema de la evolución  conductual y simbólica del género Homo.


domingo, 1 de marzo de 2015

Genética de la evolución neurológica. Consecuencias arqueológicas

Las Arqueología es la ciencia que estudia, entre otras cosas, la conducta humana en el pasado. Por otra parte, creo que hay un amplio consenso en admitir que la conducta es el resultado de la actividad cerebral dentro de cada medio ambiente, y que las características de tal actividad dependen a su vez de las capacidades cognitivas adquiridas evolutivamente. Por tanto, la compresión de los mecanismos evolutivos del cerebro es de gran importancia en el análisis de la conducta de nuestros antepasados. Es en este contexto (mecanismos evolutivos del cerebro) donde recientemente se ha producido un gran avance, pues se ha podido determinar cuál es el gen que determina el crecimiento de la corteza cerebral, así como determinar su forma de actuación. Sus consecuencias sobre el estudio de la conducta humana parecen importantes.

Modelo multifactorial de la evolución donde la acción
de los genes reguladores u Hox son muy importantes  
Científicos del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética (Dresde) y de Antropología Evolutiva (Leipzig) (Marta Florio et al. 2015), han conseguido identificar qué gen participa en el proceso evolutivo de la corteza cerebral. Y para comprobar su actuación lo implantaron en el embrión de los ratones para ver los resultados. Intentaron encontrar un gen que fuera el responsable del aumente evolutivo del córtex cerebral. El desarrollo embrionario de la corteza cerebral o corticogénesis se produce en el ser humano a partir de la sexta semana de vida intrauterina, siendo la hipótesis de la unidad radial la más extendida y aceptada que tenemos sobre su desarrollo embriológico (Flórez, et al. 1999; Rakic, 1988, 1990, 1995) (El gen de la evolución cerebral: psicobiologíafuncional).

Para este fin compararon la actividad de todos los genes que se expresan en esas células, tanto en fetos de ratón como humanos. Han hallado 56 genes con estas características y que no existen en el ratón. De ellos, solo uno pasó las pruebas de especificidad más exigentes, es el llamado ARHGAP11B. Muchas han sido las pruebas que indican al ARHGAP11B como un regulador de la proliferación de las células precursoras del córtex. Destaca una de ellas, como fue su implantación en el cerebro embrionario de un ratón, con un resultado espectacular. Se comprobó que las células progenitoras de la glía radial del ratón embrionario prolongaron el tiempo del proceso de formación cortical, causando un crecimiento del córtex allí donde el gen está activo artificialmente. Incluso aparecieron indicios de girificación, es decir, de los plegamientos y circunvoluciones típicos del cerebro humano. En el ratón el gen responsable de este control cortical es el ARHGAP11A, el cual en un preciso momento evolutivo mutó al ARHGAP11B que ya conocemos en los humanos, tanto entre nosotros como entre los Neandertales y Denisovanos, pero no está en el chimpancé, y por tanto surgió después de que nos separáramos de su linaje. Evidentemente, se trata de la acción y evolución de un gen regulador u Hox, tan importantes en nuestra evolución. 

Consecuencias arqueológicas

Este descubrimiento pone en manifiesto las características de nuestra evolución neurológica, por lo menos las relativas al córtex cerebral. Este aumento es básicamente cuantitativo, es decir, se produce un aumento de la neuronas que van a formar la corteza cerebral, pero de una forma no definida ni estructurada. Su posterior configuración funcional se realiza en base a las entradas de la información externa, es decir, que su reorganización como mecanismo productor de nuestra conducta se realiza en función de la entrada de información del medio en el que vive el nuevo ser al nacer.

La inmadurez neurológica, la gran plasticidad del sistema nervioso y la existencia de un tardío periodo crítico, son las características psicobiológicas que van a conferir al neonato un largo período de aprendizaje, imprescindible para la adquisición de la conducta que nos caracteriza. Sin embargo, este aprendizaje presenta unas características diferentes a lo que se entiende como tal. Si la maduración cerebral depende en gran parte de la influencia medioambiental, más que aprendizaje deberíamos de hablar de estructuración neurológica funcional, por lo menos en las áreas de asociación terciarias, donde van a residir las funciones cognitivas que más nos caracterizan. Este es el fundamento psicobiológico de la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional), el cual permite analizar la conducta humana con unas característica que limitan y encauzan los desarrollos cognitivos y conductuales de los diversos homínidos de nuestro linaje. De estas características evolutivas del cerebro humano se deducen una serie de condiciones que pueden aplicarse al estudio de nuestra conducta en el paleolítico:

- La evolución biológica nos va dotando de unas capacidades funcionales innatas (capacidades cognitivas elementales o básicas) de origen evolutivo como son la memoria, funciones ejecutivas (memoria de trabajo, planificación, flexibilidad, monitorización e inhibición) atención, motivación, creatividad, razonamiento, percepción, etc. Su repercusión en la conducta no sólo depende de su potencialidad efectiva, sino del desarrollo de las mismas (desarrollo cognitivo).

- Cuando la evolución neurológica sea adecuada y las características ambientales adquieran el nivel suficiente puede producirse la manifestación de nuevas capacidades de naturaleza sociocultural, las cuales sólo existían como potencialidad. Son las capacidades cognitivas emergentes o superiores (p. e. la conducta simbólica, la autoconciencia, lenguaje, escritura, etc.). Para este desarrollo cognitivo emergente es necesario alcanzar unos determinados niveles de desarrollo demográfico, socioeconómico y tecnológico (Vygotsky 1979; Tomasello 2007; Ardila y Ostrosky-Solís 2008; Malafouris 2008; Renfrew 2008).

- Cualquier acción individual o social incluye un componente emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008), el cual tiene una importante base innata. Por tanto las capacidades cognitivas tienen un carácter racional y emocional, estando íntimamente interrelacionadas.

- La existencia de un lenguaje (primera conducta simbólica) es condición necesaria, aunque no suficiente, para la formación, desarrollo y transmisión de todas las conductas simbólicas.

- Los conceptos que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles deben adquirirse de la observación del medio ambiente en el que viven. Su realización se produce de la propia naturaleza, de las características sociales de los grupos humanos, del acervo cultural que se pueda transmitir de generación en generación y de las propias conclusiones que, partiendo de los anteriores presupuestos, pudieron adquirir los humanos de ese periodo. En este aspecto destaca sobre todo el lenguaje, al que hay que añadir cualquier otro soporte de información (manifestaciones gráficas, ritos, mitos, escritura, etc.).

- El desarrollo socioeconómico y demográfico de cada población es fundamental para su diferenciación social e individual (autoconciencia reflexiva). A su vez, el desarrollo de la autoconciencia (social, personal socializada, personal independiente) conlleva al desarrollo tecnológico y simbólico de las poblaciones que logren alcanzar un nivel adecuado, pudiendo establecerse una correlación entre ambos procesos. El desarrollo cognitivo siempre estaría ligado al desarrollo demográfico, social, cultural y lingüístico.

- Las características medioambientales (demográficas, socioeconómicas, tecnológicas, etc.) siempre son diferentes en cada tiempo y lugar. El global desarrollo histórico de la evolución cultural, cognitiva y simbólica es un continuum con aspecto de heterogeneidad temporal y espacial. En este continuum se producen diversos estados intermedios, pues depende de varios factores interconectados (capacidades y desarrollo cognitivos, lenguaje previo, medioambiente sociocultural, etc.). De ellos podemos tener conciencia de su existencia, pero no de sus precisas características.

- La evolución cultural y simbólica es acumulativa, pues en su desarrollo utiliza anteriores conceptos (simbólicos o no) más elementales, pero imprescindibles para toda evolución cultural. Para su logro es necesario estabilidad demográfica que facilite su perduración, transmisión generacional y progreso.

- Los componentes básicos de la conducta simbólica humana que constituyen su evolución cultural y cognitiva son la individualidad social y personal o autoconciencia (adornos, presencia de pinturas, arte, etc.), y los conceptos del tiempo (conducta mediada por procesos temporales) y del espacio (conducta dependiente del factor geográfico). Todos estos conceptos tienen un desarrollo heterogéneo en el tiempo y en el espacio.

- El desarrollo cultural y cognitivo humano sólo pueden conocerse por medio de los datos que nos aportan los yacimientos arqueológicos, que son un reflejo de su conducta. Si con el tiempo y nuevos descubrimientos se producen cambios sustanciales en los datos a interpretar, se procedería a realizar una nueva interpretación de los mismos con los premisas de la Arqueología cognitiva.


Con estas características es fácil deducir la clave de la gran capacidad de adaptación humana a todos los ambientes de nuestro planeta. Genéticamente se basa en la acción del gen ARHGAP11B que produce un aumento cortical indiferenciado. A su vez, esta indiferenciación permite que su estructuración funcional se realice en función de las características del medio ambiente en el que se nace, con independencia de sus características ambientales, sociales, demográficas, etc. Al nacer y vivir en ese ambiente, el niño lo hace suyo y puede desarrollar su actividad humana con la normalidad del que siempre ha vivido en esas condiciones, sin echar en falta otras cualidades medioambientales existentes en otros lugares.


* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
* Flórez, J. et al. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
* Malafouris, L. (2008): Between brains, bodies and things: tectonoetic awareness and the extended self. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp.1993-2002.
* Marta Florio, Mareike Albert, Elena Taverna, Takashi Namba, Holger Brandl, Eric Lewitus, Christiane Haffner, Alex Sykes, Fong Kuan Wong, Jula Peters, Elaine Guhr, Sylvia Klemroth, Kay Prüfer, Janet Kelso, Ronald Naumann, Ina Nüsslein, Andreas Dahl, Robert Lachmann, Svante Pääbo, and Wieland B. Huttner (2015): “Human-specific gene ARHGAP11B promotes basal progenitor amplification and neocortex expansion”. Science, 347 (6229): 1465-1470.
* Rakic, P. (1988): “Specification of cerebral cortical areas”. Science, 241: 170-6.
* Rakic, P. (1990): “Principles of neural migration”. Experientia 46: 882-891.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
* Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
* Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.