miércoles, 29 de enero de 2014

El sexo en el arte paleolítico

Desde el inicio de las representaciones gráficas del Paleolítico superior los temas relacionadas con los seres humanos siempre ha estado presentes, si bien no con la intensidad que puede verse con otros elementos gráficos como los animales o signos. Esta característica iconográfica aparece desde el Auriñaciense, continuando a lo largo del Paleolítico superior hasta que el cambio de clima destruyó un ecosistema y una forma de vida simbólica, para transformarla en otra (Epipaleolítico).

Si tenemos en cuenta a la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) como fuente de estudio del continuum evolutivo de la conducta humana, comprenderemos que las escuetas fuentes de conocimiento que los seres humanos del paleolítico pudieron tener (naturaleza y la sociedad con un incipiente desarrollo cognitivo de base simbólica) limitarían mucho los significados de las manifestaciones gráficas. Sólo es posible utilizar y representar aquello que ya es conocido (experiencia personal y social), o las conclusiones obtenidas de causas conocidas, es decir, los conceptos y las ideas que el contexto cultural y cognitivo del momento pudieran permitir. En este contexto, el registro arqueológico nos indica que las representaciones que se usaron fueron temas de su propio medio, por lo que su lista es limitada y concreta. Así, el espectro gráfico que conocemos estaría limitado a unos pocos grupos:

- Animales no peligrosos. Podrían estar relacionados con la logística de avituallamiento. También pueden ser causa de sus relaciones con un mundo que consideran el suyo, en el que conviven con todos los seres vivos y con los que desconocemos qué relación emocional y práctica pudieron tener.
- Animales peligrosos. Son los depredadores, productores de miedos conscientes e inconscientes en la especie humana.
- Figuras humanas (antropomorfos y teriántropos). Los antropomorfos representan a las figuras humanas en general. Los teriántropos o teriomorfos (humanos con cabeza de animal) parecen representar a una dualidad conceptual de difícil valoración. Podrían ser elementos intermedios de dos naturalezas (humana y animal), o de dos mundos reales pero diferentes (material e inmaterial).
- Los de carácter sexual representan a una de las motivaciones más importantes en la conducta humana: la sexual (falos, vulvas y figuras humanas sexuadas).
-Las manos con sus componentes sociales, personales y espirituales que pueden variar según su ubicación. Se relacionan con los seres humanos, pues son parte de ellos, y posiblemente correspondan a una representación gráfica de humanos en particular.
- Los signos son los más abundantes, de los que se supone que podrían estar relacionados con las figuras en general, pero sin certeza alguna.

Las manifestaciones sexuales (humanos sexuados, vulvas y falos) parecen ser una preocupación temprana para los autores de las muestras gráficas paleolíticas, pues están presentes desde el principio del arte paleolítico en el Auriñaciense (esculturas, grabados y pinturas). El desarrollo de la autoconciencia a losniveles del inicio del Paleolítico superior (dentro del continuum cultural y cognitivo humano) hace que se considere el sexo con una perspectiva más variada, estimulante e incluso que se llegue a interrelacionarse con las conductas espirituales paleolíticas al alcanzar el orgasmo, como parece desprenderse de variadas expresiones gráficas de teriántropos itifálicos.

Aunque las representaciones humanas son relativamente escasas, tenemos un importante muestrario de las expresiones sexuales en ellas. Efectivamente, en muchos de estos antropomorfos y teriántropos se muestran aspectos sexuales muy marcados. Ya sea un explicito dibujo o grabado en el sexo femenino (p. e: Cueva de Chauvet y Tito Bustillo), o una mayor representación del sexo masculino con excitación sexual (p. e: Tito Bustillo; La Peña de Candamo; Los Casares). Tanto es así que han creado una denominación precisa para tal situación: Antropomorfos o teriántropos itifálicos con su sexo eréctil, cuya interpretación puede tener diferente significado: ¿estimulación sexual, simple indicación del género o las dos a la vez?

Escena del pozo de Lascaux
La relación entre el sexo y las conductas humanas asociadas a los teriántropos parecen tener un peso específico. La existencia conjunta de estas dos manifestaciones en diversos lugares desde prácticamente su inicio, parecen indicar una relación que podríamos considerar como integrantes de un mismo proceso causal, pero sin poder determinar sus características (p. e. escena del pozo de Lascaux ).

En general, la intención de separar ciertas manifestaciones gráficas del área de hábitat, para un preciso fin no bien conocido, es una conducta social-simbólica que se inicia precozmente desde el Auriñaciense. Paralelamente, existen pinturas y grabados que coexisten con las zonas de habitación, pudiendo ser vistas continuamente por los miembros del grupo social, lo que parece que sería una consecuencia de su creación, es decir, ser vistas constantemente sin tener que desplazarse. El simple o complejo aislamiento (depende de lo alejado que se realice del hábitat) de la vista de la sociedad de algunas pinturas y grabados, junto con el tema representado, tendría un diferente significado simbólico. Su estudio se escapa de los ámbitos de este trabajo, pero que desde la Arqueología cognitiva se están realizando estudios para intentar su aclaración (Rivera yMenéndez, 2011).    

Manifestaciones sexuales del Paleolítico superior


A pesar de lo relativamente escaso que fueron las manifestaciones gráficas del Auriñaciense, las de carácter o relación con la sexualidad son lo suficientemente importantes como para demostrar la importancia que el sexo tenía en aquellas sociedades. En general, parecen tener una doble vertiente simbólica, aunque es posible que en algunos aspectos u ocasiones se junten para expresar con mayor exactitud lo que se quería representar. Me refiero a los temas claramente relacionados con el sexo con aspectos meramente sociales, y los relacionados con ciertas conductas que podríamos denominar como espirituales en el sentido que pudieran tener en el paleolítico (Rivera y Menéndez, 2011). Veremos de una forma general las diferentes manifestaciones sexuales que se han encontrado en este periodo.

Estatuillas femeninas
Venus de Willendorf
Son frecuentes encontrar estatuillas femeninas de bulto redondo desde Europa occidental hasta Siberia. Son las venus esteatopigias. Destacan la de Willendorf, Dolní-Věstonice y Moravany (Eslovaquia), Gargarino y Kostienki a lo largo de Europa. Las siberianas (orientales) (colecciones de Malta y Buret) presentan otro canon. Poseen cara y pueden ir vestidas, les falta la exageración de los atributos sexuales, con cabeza voluminosa (lo que las separa del modelo losángico de las occidentales), y tienen un orificio en las piernas como para colgar, lo que no existe en las occidentales. Todas se encuentran en el hábitat, las de este tipo se encuentran desde el Gravetiense hasta el final del Paleolítico superior. En general, se las relaciona con los caracteres maternales de la mujer. 
Venus de Dolní-Věstonice

Su conjunto parecen formar una unidad cultural paneuropea, pero no llegan a la Península Ibérica. En la Península Itálica se conocen las de la colección Grimaldi y la pieza de Savignano en el norte, y un par de ejemplares en Cueva de Veneri en el sur. En la cueva de Paglicci se han encontrado varias venus.

Estas estatuillas femeninas son de formato pequeño (10 cm) y sus particularidades propias del estilo de occidente. Las hay de marfil (Lespuge y Brassempouy), de limonita (Monpazier), esteatita amarilla (venus amarilla de Grimaldi) o verde (El polichinela, El rombo, El hermafrodita de Grimaldi). 

Venus de Lespuge

El mismo tema y similar tratamiento se aprecia en la figurillas de bulto redondo y bajorrelieve (Terme Pialat, Laussel y Pataud), aunque existen otras que se escapan del prototipo (Seruil y Tursac). El grupo de Laussel es muy especial, destacando la “Venus del cuerno” y “La mujer de la cabeza cuadrada”. Próximas a las anteriores se encontraron “La Venus de Berlín”, “El naipe” y “El cazador”, las cuales forman el conjunto escultórico de mayor antigüedad en una organización espacial compleja.con una clara atención a sus aspectos anatómicos sexuales o maternales.
Venus del cuerno

Venus de Hohle Fels. Descubrimiento en los niveles del Auriñaciense arcaico de una de las cuevas de Hohle Fels, de una estatuilla femenina fabricada en marfil de un colmillo de mamut. Su datación se sitúa sobre los 35.000 BP relacionándose con los Humanos Anatómicamente Modernos. La estatuilla se encontraba aproximadamente 3 metros por debajo de la superficie actual de la cueva, en una zona de unos 20 metros de la entrada de la misma.

Venus de Hohle Fels

Su existencia llama poderosamente la atención por ser la más antigua figura naturalista femenina que conocemos, así como por las características anatómicas que presenta. Destaca sobre todo la exageración de sus características sexuales (grandes senos, una gran ampliación de la vulva que se muestra muy explícita, y los muslos y vientre hinchados. Sin embargo, la cabeza es muy pequeña y presenta un agujero como si pudiera colgarse de él.

La manifestación de los caracteres sexuales de las estatuillas femeninas del Paleolítico, siempre se han relacionado con la fecundidad o maternidad, pues no cabe duda de que tal preocupación siempre ha sido de crucial importancia en las comunidades de cazadores recolectores. Sin embargo, las características particulares de esta estatuilla (exposición manifiesta de la vulva) parece que quieren indicar otra faceta igualmente importantísima entre los seres humanos de todas las épocas: la sexualidad. La nueva figura de Hohle Fels cambia radicalmente nuestra visión de los orígenes del arte paleolítico. Las imágenes de mujeres eran totalmente desconocidas. Con este descubrimiento, la noción de que las imágenes tridimensionales de mujeres empezaron a ser desarrolladas en el período Gravetiense puede ser rechazada.

Representaciones de falos masculinos

Son relativamente frecuentes, pero menos que las estatuillas. De los primeros tenemos un falo de piedra de unos 28.000 años de antigüedad en una cueva cerca de la localidad de Schelkingen (sur de Alemania).

Falo de Schelkingen
Igualmente se distribuyen a lo largo del Paleolítico superior y están relacionados con las áreas de hábitat.


Falos de La Madeleine, Blanchard y Castanet 
Las vulvas femeninas pintadas o gravadas

Vulvas de La Ferrassie

Vulvas femeninas esculpidas sobre rocas, como las del abrigo francés de Blanchard des Roches (Dordogne) o de La Ferrassie con grabados bien definidos. Son las vulvas femeninas que, aisladas o asociadas a animales, adornan cinco bloques. Su forma es variada, las ovaladas son más antiguas que las triangulares. 
Vulvas de Tito Bustillo

Las principales representaciones de vulvas se han localizado en el sur de Francia, en abrigos como los de: Blanchard des Roches (Sergeac), Castanett (Ser-geac), Cellier (Turne), Belcayre (Thonac), Fongal (Peyzac-le-Mous-tier), Le Poisson (Les Eyzies), La Ferraissie (Savignac de Miremont) y Laussel (Marquay). En España son destacables las vulvas de El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria) y Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias). En el este europeo sobresalen los «medallones» grabados en Kosoenki (Ucrania). Se han visto sus manifestaciones durante todo el Paleolítico superior.   

Antropomorfos sexuados     

Ya en el Auriñaciente tenemos ejemplos de este tipo de manifestaciones gráficas. Destacaré dos ejemplos.   

Tito Bustillo del 33 Ky. Dos figuras. Una femenina realizada con pigmento rojo. Su cabeza es redondeada, con la boca y los ojos abiertos, el tronco con un brazo hacia adelante, pechos pequeños, vulva y piernas, una línea curva sale de la boca. Pintado en una cara de una estalactita plana. Otra masculina con cabeza ovalada y la boca abierta, pecho y pene de dimensiones notorias. La cabeza tiene tres protuberancias cortas, dos de ellas a modo de cuernos. La parte posterior está muy marcada, como la piel de algún animal, como un bisonte. De la boca surge una línea curva, como una enorme lengua. Pintado en la otra cara de una estalactita plana.     
Figura femenina. Tito bustillo
Figura masculina. Tito Bustillo




Teriántropo de Chauvet

Cueva de Chauvet del 32/30 Ky Posible teriántropo femenino. Aparece tener el cuerpo inferior de una mujer con el cuerpo superior de un bisonte. Sexo femenino evidente. La figura es compleja y hasta cierto punto deforme para ser una sola figura. Podría se la composición de un acoplamiento sexual (bisonte masculino y parte inferior femenina), lo que estaría en consonancia con Tito Bustillo.


Se conocen diversas muestras de antropomorfos y teriántropos, sobre todo masculinos, con su sexo bien patente, se dan desde el Auriñáciense como ya se ha visto, hasta el final del Paleolítico superior. Veremos algunos ejemplos.

Tertántropo de Les Trois -Fréres







Grabado de Les Trois-Fréres en Ariège (Magdaleniense). Representa un teriántropo (Hombre-bisonte) muy hibridado, ya que tiene cabeza y cuerpo de bisonte y una pierna humana. Parece estar en reposo. Se aprecia ostensiblemente el pene erecto.


Cueva de los Casares
                                           
Escena sexual de la cueva de los Casares (Guadalajara), donde se aprecia claramente una escena de coito.
   
Conclusiones     

Las manifestaciones gráficas que hemos podido ver en este trabajo nos ofrecen una idea clara, la variedad de sus manifestaciones y la posibilidad de su diferente significado. Hay que separar ciertas manifestaciones gráficas del área de hábitat con otras ubicadas en áreas aisladas. Existen pinturas y grabados que coexisten con las zonas de habitación, pudiendo ser vistas continuamente por los miembros del grupo social, lo que parece que sería una consecuencia de su creación, es decir, ser vistas constantemente sin tener que desplazarse, para un preciso fin no bien conocido, pero que pueden asociarse a conductas sociales de carácter cotidiano. Paralelamente, otras muestras de arte situadas en lugares aislados reflejan otro tipo de simbolismo, que puede estar relacionado con las conductas de tipo espiritual iniciadas con el Auriñaciense, y que los teriántropos de este periodo son un claro exponente (Rivera y Menéndez, 2011).

Las muestras de sexo se reparten igualmente entre estas dos formas de simbolismo. Uno cotidiano (falos, vulvas y posiblemente algunas escenas de cavidades) que representa un sexo cotidiano, permanente y accesible. Otro, unido a los antropomorfos y teriántrofos itifálicos que une las situaciones sexuales (p. e. excitación y orgasmo) con las conductas que tuvieron lugar en la profundidad de las cuevas, lejos de las áreas de hábitat.

Igualmente, tampoco existe uniformidad temática y de significados a lo largo del Paleolítico superior. El periodo Auriñaciense-Gravetiense considerado como una unidad primigenia, en realidad puede significar la existencia de dos representaciones de conductas simbólicas diferentes. En este sentido el Auriñaciense europeo parece tener un simbolismo social-espiritual, el Gravetiense es cuando se inicia una conducta espiritual más estructurada que en el periodo anterior, aunque estilísticamente sus manifestaciones gráficas parecen ser constituir una sola unidad temática. Las venus gravetienses nada tienen que ver con las manifestaciones gráficas del Auriñaciense, este hecho más el creciente uso de los enterramientos claramente simbólicos, parece indicar la existencia de dos corrientes espirituales paralelas, que aparentemente no se juntan nunca. Las dos costumbres (gráficas en el interior de las cuevas, y las venus más los enterramientos) perduran hasta el comienzo del Epipaleolítico. Queda la pregunta ¿Realmente se unió en un conjunto de conductas con un nivel de organización que podría hablarse de religión? La respuesta es muy esquiva, pero creo que desde la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) es posible disminuir la incertidumbre que nos presenta el simple análisis de los hechos del Paleolítico.


domingo, 29 de diciembre de 2013

Simbolismo entre el Neandertal y Humanos Modernos

Una de las controversias que más artículos y libros ha suscitado entre los autores que se dedican al estudio del Paleolítico ha sido, y seguramente seguirá siendo, la capacidad simbólica de los neandertales. En este contexto, recientes descubrimientos en yacimientos musterienses asociados a neandertales han ofrecido datos que avalan la existencia de este tipo de conducta (Sima de lasPalomas, Grotta Fumane, Cueva de Skhül, etc.). Sin embargo, el problema del simbolismo no puede limitarse a la aceptación o no de un simbolismo indefinido entre estas poblaciones humanas, sino que debe de ampliarse al estudio de conductas simbólicas en el género Homo, pues todos sus componentes son susceptibles de haber poseído algún grado o forma de simbolismo en su conducta.

¿Qué es el simbolismo y cómo estudiarlo?

Para su estudio lo primero que hay que realizar es una definición de simbolismo, que nos sirva de límite y marque el camino a seguir.

La conducta simbólica humana es la consecuencia de un complejo proceso cognitivo en el que se relacionan las abstracciones e ideas desarrolladas o aprendidas con símbolos, los cuales pueden ser muy varados: sonidos y gestos (lenguaje), objetos (elementos simbólicos) o conductas (usos, costumbres), siendo necesario aplicar un consenso social a todo el proceso. De tal modo que, en la sociedad en la que se desarrolle este proceso cognitivo, la percepción de tal símbolo revive en las personas la idea, concepto o sentimiento que le dio origen.

Esta definición nos conduce a las primeras manifestaciones simbólicas, las cuales debieron de ser cualquier forma de lenguaje existente en nuestro linaje, donde una intención, deseo o expresión se simbolizaría por unos sonidos, los cuales eran entendidos por los demás miembros del grupo. Tal comunicación era básica para poder realizar las tareas logísticas, sociales y tecnológicas que se aprecian en el registro arqueológico de todos los pertenecientes al género Homo. El lenguaje fue la primera manifestación del simbolismo en el Paleolítico. Pero su uso se realizaba de una forma inconsciente, pues simplemente se ejercían unas capacidades cognitivas (abstracción y simbolización), dentro de los límites evolutivos para cada especie humana. Por tanto, el lenguaje es la simbolización de los conceptos, ideas o deseos que los humanos tuvieron en su momento, los cuales, en su complejidad, tuvieron que crearse y posteriormente desarrollarse a lo largo del Paleolítico. Es decir, las abstracciones que se simbolizan por medio del lenguaje (sonoro, gestual, pictórico, etc.) se tuvieron que crear y eso llevaría su tiempo y su manifestación en la conducta, lo que nos permite realizar cierto seguimiento arqueológico en el tiempo y en el espacio (Rivera, 2009).

Sin embargo, estas primeras manifestaciones inconscientes del simbolismo no pueden explicar por sí solas las características de la conducta simbólica que se ve aprecia ya en el Paleolítico medio y con claridad a partir del inicio del superior. Pondremos un ejemplo: conductas religiosas. ¿Qué abstracciones son necesarias para crear y desarrollar este tipo de conductas? Habría que definir las abstracciones básicas que posibilitan esta compleja conducta. Así, para su realización sería necesario la creencia de la existencia de “otro mundo, naturaleza o experiencia” diferente a la vida cotidiana, pero real para el que la experimenta. Se podría ir o comunicarse con ese “mundo” con ciertos requisitos conductuales. Habría elementos “vivos” en esa otra realidad con los que comunicar o interaccionar. Se diferenciaría claramente a los humanos de un mundo “real” y a los “seres vivos del otro mundo”. Como pueden verse, se pueden establecer una serie de relaciones muy amplia, que jamás podremos conocer con exactitud, pero que sin duda existieron. De este complejo conductual ¿qué facetas son imprescindibles y que no han existido siempre, por lo que han tenido que crearse? Serían los criterios o abstracciones de la individualidad personal o social (autoconciencia), y su ubicación en un espacio y tiempo concreto y amplio a la vez (pasado, presente y futuro). Es decir, para crear un mundo con conductas religiosas o espirituales de este tipo es imprescindible haber desarrollado con un nivel adecuado las abstracciones del “yo” como diferente del “tú o los otros” y los conceptos temporales y espaciales (otro mundo, otro tiempo, traspaso de uno a otro, comunicación entre ellos, etc.). Sin estos conceptos no pueden crearse conceptos espirituales como para crear conductas como las que se expusieron al principio. Arqueológicamente, el inicio de estas conductas si puede rastrearse por medio de los rastros que van dejando la adquisición de las abstracciones necesarias: individualidad o autoconciencia (adornos), concepto del tiempo y del espacio en las conductas que requieran su creación (conocimiento y desplazamiento geográfico recurrente, almacenaje, exportaciones, comercio, etc.).

La secuencial adquisición de ciertas abstracciones imprescindibles para el desarrollo de la conducta simbólica en creciente complejidad, hace que no siempre pueden existir ciertas formas simbólicas, aunque existan otras conductas simbólicas más elementales. El cuadro adjunto puede resumir el desarrollo de las conductas simbólicas en el Paleolítico. Esta situación nos lleva a una cuestión importante: Si en ciertos momentos ya existen las poblaciones humanas con las capacidades cognitivas adquiridas evolutivamente ¿De qué depende que aparezcan las conductas simbólicas en un momento y lugar heterogéneos en las poblaciones humanas?


La respuesta es sencilla, la evolución proporcionas capacidades cognitivas, pero su desarrollo depende de las características del medio ambiente en el que se vive. Si en este ambiente no es posible desarrollar adecuadamente las condiciones para crear las abstracciones necesarias para la elaboración de un simbolismo complejo (p. e. conductas religiosas), pues éste no se produce. Mientras que en otros lugares, y posiblemente de forma coetánea, el simbolismo complejo empieza a manifestarse gracias a que las condiciones medioambientales en ese lugar si reúnen los requisitos necesarios para su desarrollo. ¿Cuáles serían estas condiciones necesarias? Son varias y en general serían las siguientes:

- La existencia de las capacidades cognitivas necesarias para el desarrollo de conductas simbólicas. Evolutivamente cada especie del género Homo tendría cierto nivel cognitivo, que en general sería superior al que se necesitaría para el desarrollo de la cultura que en su momento pudieron desarrollar, como pasa a todos los primates que en cautividad (medio ambiente más estimulante) desarrollan conductas más complejas que en libertad.
- Existencia de cierto lenguaje que permitiera la comunicación social, y la rápida adquisición de los nuevos conceptos o ideas simbolizados por el lenguaje existente. El lenguaje permitiría, una vez interiorizado (lenguaje interno), el mejoramiento del pensamiento, la mayor facilidad de lograr nuevas abstracciones, su simbolización lingüística, su almacenamiento y transmisión social, y mejoras en la conducta de supervivencia y social.
- La existencia de un acervo cultural previo que pueda facilitar el desarrollo (tecnología, sociabilidad, relaciones externas con otros grupos, etc.).
- Las necesidades sociales y ambientales del grupo, que actuarán como estímulo o motivación consciente para superar los problemas sociales y de supervivencia del momento.
- Condiciones socioeconómicas, familiares y tecnológicas que favorezcan los criterios de individualización personal (aumento poblacional, separación de tareas, diversidad social de todo tipo, aumento de la complejidad tecnológica y logística, etc.) y social (la necesidad de actuaciones complejas entre varios componentes del grupo en el tiempo y en el espacio). En definitiva, todo aquello que por su misma existencia marque la diferencia entre los miembros de la sociedad y de ésta con otras poblaciones.

Las características medioambientales (contexto arqueológico) solo pueden conocerse por medio de la actuación arqueológica en los yacimientos, así como de la agrupación coordenada de los mismos. Como es lógico, estas premisas afectarían a todas las poblaciones humanas del género Homo. Así, es posible comprobar la existencia de poblaciones de HN y de HAM que carezcan de simbolismo elaborado por no haber alcanzado el nivel de complejidad sociocultural adecuado.

Sobre el simbolismo humano ya publiqué una entrada (conductas simbólicasen el paleolítico) donde se especificaban las diversas formas de simbolismo que se aprecian en el Paleolítico y los restos materiales o conductuales que los justifican en los diversos periodos del mismo. Este texto es una introducción a un trabajo que sobre este asunto realicé, junto al Prof. Mario Menéndez de la UNED, y que se ha publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma (Rivera y Menéndez, 2011).

Criterios para pensar en diferencias entre los HN y HAM

Pero ahora el tema es ahondar en el simbolismo que tuvieron los neandertales (HN). Para ello partimos de la base de que efectivamente tuvieron un simbolismo conductual elaborado, pero, al igual que el simbolismo de los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM), con unas características heterogéneas en el tiempo y en el espacio. El gran problema es que, al ser coetáneas las dos poblaciones humanas (HN y HAM) en varios milenios en Europa, aparece la discusión de que si las dos poblaciones tuvieron o no una conducta simbólica igual y, por tanto, unas capacidades cognitivas semejantes.

Siempre hay que tener en cuenta lo que nos dicen diversas ciencias (Biología evolutiva, Genética, Paleoneurología, estudios ontogénicos, anatomía comparada, etc.) sobre las diferencias visibles en estas dos poblaciones, pues son índices claros de la realidad que se pretende analizar.

- Diferencias genéticas. El genoma de los HN es casi idéntico al de los HAM, pues comparten un 99.5%. Sin embargo hay que valorar la proporción entre los HAM y los chimpancés es del 98.8%, aunque en otros estudios solo llega al 94%. Estos datos son conocidos por el estudio del ADN mitocondrial en diversos restos óseos del Neandertal localizados en diferentes lugares (Lalueza Fox, 2005), y por el reciente conocimiento de la secuencia completa del ADN de los HN (Pääbo, 2013).

- Diferente proceso evolutivo. En tales análisis se ha comprobado que existe una diferencia genética entre estas dos poblaciones, así como la existencia de una importante diferencia temporal respecto de la separación de las dos poblaciones a partir de un ancestro común, calculándose en unos 500.000 años. Esta diferencia de ADN y el conocimiento de que ambas poblaciones se originaron en lugares lejanos (Europa y África), en distintos ambientes y con un importante aislamiento geográfico, indican la coexistencia temporal de dos formas evolutivas diferentes.

- Diferencias anatómicas. Las diferencias morfológicas entre las dos poblaciones son muy conocidas y están bien documentadas en el registro arqueológico. Estas diferencias solo indican una diversificación biológica que podrían significar la existencia de dos especies, pero con poca seguridad.


– Diferenciación neuroanatómica. Profundizando en las diferencias anatómicas, se han efectuado análisis paleoneurológicos que han comprobado que los HAM presentan una forma de evolución neurológica diferente a la observada en los HN, comprobándose un diferente patrón de desarrollo neurológico. En los HN existe una pauta de desarrollo cerebral definido por diversos autores como arcaico, en el que gran parte del cambio está basado en un simple crecimiento general. Mientras que en los HAM se observa un aumento vertical, dilatación del lóbulo frontal y una relativa reducción de longitud y anchura del lóbulo occipital. Se produce un aumento alométrico de la forma y superficie de los lóbulos parietales y posiblemente frontales de nuestra corteza cerebral (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003). Esta diferenciación neuroanatómica indica diferencias de la superficie del córtex cerebral en las áreas asociativas de los lóbulos parietales y frontales (donde tienen lugar los procesos cognitivos claramente humanos). Si se acepta que son dos líneas evolutivas y un desarrollo ontogénico diferentes, no sería raro pensar en la existencia de diferencias neurofisiológicas en el funcionamiento cerebral de los dos grupos. Estos datos pueden justificar la idea de unas capacidades cognitivas parecidas, pero no iguales.

- Diferente desarrollo ontogénico. Por medio del análisis dentario como signo preciso del desarrollo ontogénico postnatal, se ha comprobado que los neandertales tenían un desarrollo rápido, llegando a la madurez biológica antes que los humanos actuales, indicando la presencia de un desarrollo ontogénico distinto (Ramírez y Bermúdez de Castro, 2004).

Todos estos datos parecen indicar la existencia de dos líneas evolutivas diferentes, que pudieron acabar en dos especies independientes (Lieberman et al. 2002), aunque la comprobación de una pequeña hibridación en el Próximo Oriente durante el Paleolítico medio (Pääbo et al. 2010), dificulta tal atribución. Sin embargo, el concepto de especies en el género Homo está actualmente cuestionado tras el estudio de los cráneos de Dmanisi. No obstante, todos estos datos asumidos por la comunidad científica y ampliamente divulgados, no parecen significar mucho en lo que parece más importante para la Arqueología, es decir, si tienen una respuesta significativa en la conducta de las dos poblaciones. Poco aclaran sobre las capacidades cognitivas que pudieran tener las dos poblaciones, pues solo indican la posibilidad de tal diferencia.

La conducta arqueológica como criterio fundamental

El estudio de la igualdad o desigualdad de las capacidades cognitivas solo puede realizarse por medio de las manifestaciones culturales que el registro arqueológico nos ofrece, pues tal conducta sería la manifestación del desarrollo de las capacidades cognitivas de los humanos que la produjeron. En definitiva, la comparación conductual de las dos poblaciones sería la piedra angular de todo estudio sobre sus respectivas conductas, por lo que la forma de realización es fundamental.

Aunque, como ya se vio en el anterior apartado, hay diferencias (genéticas, evolutivas, anatómicas y neuroanatómicas) que en conjunto pueden indicar una mayor posibilidad de unas capacidades y conductas diferentes entre las dos poblaciones, la comprobación arqueológica de tal diferencia es puesta en duda por diversos autores (D´Errico et al. 2003). La investigación realizada en estos últimos 20 años en este aspecto ha aportado numerosos e importantes avances, cambiando varias veces de paradigma, lo que en la actualidad aún no se ha podido concretar.

Creo que lo que falta en el estudio del simbolismo humano es un método científico, ampliamente contrastado por el mayor número de ciencias adecuadas (interdisciplinar), que permita analizar estos problemas con mayor base científica. Sin él, todo es darle vueltas a lo mismo, pues tradicionalmente el razonamiento de atribución simbólica a un objeto o conducta era demasiado elemental: como no tiene utilidad práctica o lógica de ser un objeto simbólico, pues ¿qué va a ser si no? Se habla del simbolismo como una entidad de existencia real que existe en los humanos desde siempre, pero sin especificar sus características básicas, formas de evolución, condiciones imprescindibles para su inicio y desarrollo y, lo que es más grave, introducir en la interpretación de la conducta humana elementos inexistentes como posibles, solo para completar una imagen de gran carga simbólica (se pueden incluir todos los elementos perecederos: maderas, plumas, materiales orgánicos, etc.).

En este contexto, es donde la subjetividad científica más ha actuado, pues desde siempre en el estudio de la conducta de los HN se han omitido aspectos metodológicos importantes en los análisis encaminados a demostrar que su conducta fue igual a la de los HAM. Así, aprecio la falta de formas científicas elementales en todo estudio.

- La comprensión y limitación teórica de lo que se quiere estudiar: el simbolismo humano. Un estudio psicobiológico básico de esta capacidad humana parece imprescindible, lo que se ha intentado resumir al principio del artículo.
- Falta de un método interdisciplinar que nos encauce el origen y desarrollo del simbolismo y las capacidades cognitivas humanas.
- El uso de una amplia muestra de la población en estudio para evitar los posibles sesgos estadísticos que tan frecuentes son el los estudios prehistóricos.
- La aceptación de que no todo lo que no tiene una utilización práctica debe de ser simbólico. Existen otros factores capaces de generar respuestas complejas, como son el mundo de los sentimientos y de las emociones. A los aspectos racionales hay que añadir siempre un proceso emocional íntimamente ligado de ellos. Cualquier proceso cognitivo tiene asociada una correlación emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

Estudio de la cognición en el Paleolítico

En el análisis de la conducta humana durante este período hay que admitir dos problemas de compleja solución. Primero, la imposibilidad de adquirir una certeza absoluta en las conclusiones que alcancemos. El hecho de que sólo podamos obtener información de procesos indirectos, escasos y de difícil interpretación, son motivos suficientes para entender tal afirmación. Segundo, la subjetividad que empleemos en el estudio de los escasos datos, pues siempre se nos presentan dos aspectos que lastran continuamente cualquier análisis: el efecto humano, pues los razonamientos que realizamos están elaborados subjetivamente; y el desconocimiento de las bases reales de la conducta (Criado-Boado, 2006). De la primera sólo podemos tomar conciencia de su problema, lo que nos obliga intentar mejorar en lo posible los fundamentos de la segunda.

Existe una enorme dificultad en estudiar el comportamiento de aquellos que son diferentes a nosotros, sin conocer, aunque sea someramente, en qué radica tal diferencia. En la actualidad, sólo podemos valorar la aparición y desarrollo de conductas observables en el registro arqueológico, consecuencia de la acción conjunta de las capacidades cognitivas (primarias y emergentes) que las posibilitaron. El objetivo principal de estas conductas fue la supervivencia de sus creadores, por medio de su adaptabilidad al medio ambiente en el cual vivieron. La adaptabilidad es el resultante de la acción conjunta de todas las capacidades cognitivas (primarias y emergentes) para la solución de diversos problemas, pero no ha sido igual a lo largo de nuestra evolución.

¿Cómo podemos estudiar este proceso en el Paleolítico? Sólo podemos hacer dos cosas, establecer un esquema básico sobre el origen y desarrollo de la conducta en nuestro linaje, e intentar analizar aquellos grupos de capacidades cognitivas que, en su acción conjunta, van a producir unos procesos cognitivos muy relacionados con la conducta (motivación, creatividad, funciones ejecutivas y capacidades cognitivas emergentes), intentando realizar su rastreo a través de la conducta que el registro arqueológico nos ofrece. Nunca hay que olvidar la integración funcional del cerebro (p.e. la creatividad sería el resultado de la interacción funcional de varias capacidades cognitivas: imaginación, razonamiento, memoria, etc.).

A. Esquema básico de la conducta humana. Los fundamentos generales del desarrollo cultural y cognitivo se basan en diversos factores. Primero, en las capacidades cognitivas de origen evolutivo, que posibiliten tal cambio. Segundo, en la existencia de un acervo cultural previo que pueda facilitar este desarrollo (tecnología, sociabilidad, alguna forma de lenguaje). Tercero, en las necesidades sociales y ambientales del grupo, que actuarán como estímulo o motivación consciente para superar los problemas sociales y de supervivencia del momento. En este sentido, la conducta simbólica nace de la propia interacción social, entre los mismos miembros del grupo y de estos con otros (Shennan, 2001; Powell et al. 2009), y del propio desarrollo socioeconómico de estas poblaciones (Hernando, 2002, Rivera, 2008 y 2009), apareciendo nuevas necesidades que sólo pueden satisfacerse por medio del desarrollo de elementos de identificación social y/o personal. Por tanto, el simbolismo debe ir asociado a situaciones arqueológicas en las que se observe un aumento demográfico de las poblaciones que convivan en una determinada área geográfica; de cierto desarrollo socioeconómico y, por supuesto, de la existencia de las capacidades cognitivas que lo posibilitan. Estas ideas nos conducen a un lógico escalonamiento en la producción tecnológica y simbólica de estas poblaciones. Primero tendría lugar cierto desarrollo tecnológico (socioeconómico) que potenciaría, al mejorar la adaptabilidad, los aspectos demográficos y sociales; posibilitando la nueva tecnología sobre las materias primas orgánicas. Segundo, se produciría la necesidad de desarrollar cierto simbolismo que facilitase la nueva complejidad socioeconómica, es decir, de producir elementos socialmente diferenciadores (adornos).

B. Principales capacidades cognitivas relacionadas con la evolución cultural. Se han elegido cuatro procesos cognitivos, muy relacionados con la realización de la conducta, y que pueden apreciarse en el registro arqueológico (Rivera, 2008).

* Motivación: Indica la existencia de hechos que estimulen la necesidad o el interés (componente afectivo, fundamental en la conducta humana) de elaborar mejores y más complejas conductas de todo tipo (tecnológicas, sociales y simbólicas) para alcanzar una solución (meta). Su única manifestación arqueológica radica en la apreciación de tal necesidad (aumento demográfico y socioeconómico que necesite alguna regulación social) y la propia comprobación del cambio de conducta (adornos y conductas simbólicas).

* Creatividad: Supone la capacidad de producir nuevas soluciones a situaciones determinadas. Para su realización se utilizan los avances tecnológicos, sociales y simbólicos que la sociedad haya podido crear. Su desarrollo puede comprobarse por medio de la aparición en el registro arqueológico de nuevos aspectos tecnológicos (talla, útiles, materias primas), sociales (conductas que regulan y marcan los aspectos logísticos, organizativos y de convivencia), y simbólicos (manifestaciones cargadas de simbolismo como el lenguaje, arte, religión, etc.), que con anterioridad no se tenían conocimiento de su existencia o estaban poco desarrollados.

* Funciones ejecutivas: Conjunto de acciones muy relacionadas con el inicio, la planificación y el desarrollo de la conducta, facilitando adecuadas secuencias de la acción en el tiempo y en el espacio. Actúan en los cambios tecnológicos, sociales y simbólicos, siendo imprescindibles para su realización. Su capacidad funcional puede apreciarse por la rapidez y generalización del desarrollo cultural de los humanos que las posean. Estos tres procesos cognitivos siempre actúan en conjunto, representando las tres facetas de toda realización cultural (motivación, creación y ejecución).

* Capacidades cognitivas emergentes: Son la consecuencia de la acción conjunta de las capacidades cognitivas primarias, dando lugar al desarrollo de nuevos procesos cognitivos fundamentales para el logro de una conducta moderna. Así, aparecen los conceptos de individualidad social y personal (observable por los adornos corporales, pinturas, grabados, conductas religiosas y sociales), desarrollo de los conceptos abstractos de tiempo y del espacio (caza organizada, estructuración espacial del hábitat y logístico, pautas de conservación y almacenaje, etc.). Son la base del lenguaje, pensamiento y conductas simbólicas, (Rivera, 2008 y 2009).

* Datos arqueológicos que valorar en la conducta de las dos poblaciones (HN y HAM).
- Diferencias poblacionales y densidad de yacimientos. Podemos analizar un reciente estudio sobre este problema, donde se constata que lo primeros asentamientos de los HAM en Europa. En él se analiza las características de las poblaciones humanas (NH y HAM) en la región de Aquitania (SW. de Francia) durante el periodo de transición del Paleolítico medio al superior (55-35.000 BP). Se hace una comparación del desarrollo de las tres industrias o culturas que de una forma u otra estarían relacionadas en el tiempo y en el espacio: Musteriense de tradición Achelense (MTA), Chatelperroniense y Auriñaciense. Las dos primeras relacionadas con el HN y la última con los HAM. Así llegaron a analizar 26 yacimientos musterienses, 37 chatelperronienses, y 147 auriñacienses. El estudio se realiza por medio de un análisis estadístico de tres parámetros arqueológicos: número de yacimientos, intensidad de ocupación (tasas de acumulación de los residuos líticos y óseos) y extensión del yacimiento (superficie con material arqueológico en cada nivel de ocupación).

Del primero se aprecia un mayor número de yacimientos del Auriñaciense respecto del Chatelperroniense en una proporción que puede cifrarse en un factor de 2,5 a favor de los HAM respecto de los HN. Del segundo se obtiene otro factor de 1,8 a favor de los HAM. En el tercero se calibra un factor mínimo de 2 igualmente a favor de los HAM. Estas cifras apuntan a un aumento global de la población de 9 veces (2,5x1,8x2=9) mayor de los HAM que el crecimiento de los HN.


Los yacimientos de los HAM fueron muy limitados, dispersos, relativamente aislados y con poblaciones acordes con las posibilidades del momento (Europa poblada por los HN). Sin embargo, poco a poco fueron aumentando en número, densidad y desarrollo cultural, lo que favoreció su expansión a costa de las poblaciones de HN que no pudieron tener un crecimiento semejante, aunque si presentaron un desarrollo cultural, demográfico registrable en sus yacimientos, y simbólicos en algunos del Chatelperroniense y Uluzziense. Las situaciones poblacionales se invirtieron y el resultado no puede ser otro que la desaparición de los menos adaptables (Mellars y French, 2011)

- Desarrollo tecnológico (lítico y óseo). La conducta entre los neandertales es claramente heterogénea, observándose un importante aspecto de mosaico cultural en los yacimientos situados en una misma área geográfica durante el período transicional. Igualmente, en toda Europa (Chatelperroniense, Uluzziense, Szeletiense, Bohuniciense, Lincombien-Ranisien-Jerzmanowiciense, perduración del Musteriense, Musteriense con puntas de Chatelperron, Neroniense) se aprecia un variado desarrollo tecnológico y simbólico. Incluso en la perduración del Musteriense durante el periodo transicional, donde parecía que menos diferencias podían existir, se ha comprobado una gran variedad tecnológica (sistemas operativos) para lograr similares tipos de útiles, así como una diversificación del aprovechamiento del medio y diversos cambios en la estructura y características de los yacimientos (Baena y Carrión, 2006).

Incluso las conductas modernas del Chatelperroniense y Uluzziense, en su distribución geográfica relativamente bien delimitada, presentan suficientes diferencias tecnológicas y simbólicas como para afirmar no son culturas homogéneas. Así se observa en su pobreza en la Península Ibérica, la concentración de la tecnología ósea y de adornos en muy pocos yacimientos franceses, y a la mayor parquedad simbólica y variedad tecnológica italiana. Sólo algunos Chatelperronienses y Uluzzienses pudieron desarrollar comportamientos simbólicos complejos.

- Manifestación simbólica de individualidad (adornos). El ejemplo más importante del simbolismo entre los HN el Chatelperroniense. De los 125 yacimientos que componen su registro en Francia y la Península Ibérica (Demars, 1996; d´Errico et al. 1998), sólo seis de ellos tienen objetos de adorno en sus conjuntos, y siete presentan una tecnología ósea (de los cuales cinco coinciden con los primeros). Tal hecho confirma la falta de homogeneidad en el desarrollo tecnológico y simbólico del Chatelperroniense francés, y de la fractura que el simbolismo tiene en el mundo de los HN en la transición europea al Paleolítico superior.

- Conductas complejas relacionadas con el tiempo y el espacio. Entre los neandertales existe cierto desarrollo en la adquisición de las abstracciones relativas a la individualidad y su ubicación en el tiempo y espacio. El desplazamiento o utilización de los conceptos del tiempo y del espacio con mayor profundidad que el aquí y ahora, están también desarrollados, aunque en menor medida que el apreciado entre los HAM, si tenemos en cuenta las características de su expansión geográfica, limitación de sus relaciones sociales y la importación de materias primas lejanas (Gamble, 2001; Powell et al. 2009).

- Conductas relacionadas con algún tipo de simbolismo (emocional, espiritual y/o religioso). En los enterramientos del Paleolítico medio es difícil pensar en inhumaciones con carácter metafísico (ajuares, otra vida, etc.), cuando en las formas conductuales de su vida cotidiana no existen las condiciones básicas que posibiliten la existencia de las abstracciones necesarias para su desarrollo. Los enterramientos del Paleolítico medio solo pueden explicarse como inhumaciones intencionadas, con un fin sanitario, a las que hay que añadir cierta presencia de respuestas sociales y/o emotivas originadas por la muerte de un miembro del grupo, sobre todo si se trata de un niño o individuos con cierta relevancia social. Podría pensarse en un desarrollo cognitivo camino del simbolismo moderno, pero que aún no habría llegado a su pleno desarrollo. Como ya se dijo, tal proceso sólo puede desarrollarse en aquellos lugares donde existiera una importante interacción social, consecuencia de un aumento demográfico y perduración del mismo, así como un cierto desarrollo socioeconómico más selectivo. Lo que en las comunidades del Paleolítico medio más densamente pobladas sólo lo apreciamos un grado intermedio de desarrollo.


Conclusiones

En el desarrollo cultural humano, tanto de los HN como de los HAM, hay que tener presente:

* Entre los neandertales y los HAM conocemos importantes diferencias genéticas (separación evolutiva de más de 500.000 años), somáticas y neurológicas (diferente morfología cerebral y posiblemente distintas áreas del LPF), que inducen a creer que se trata de dos especies distintas. Por tanto, no sería raro que sus capacidades cognitivas fueran igualmente diferentes, lo que hay que aclarar con el análisis de su particular conducta.

* Existe un modelo de desarrollo cognitivo común a todas las poblaciones humanas del Paleolítico. Su diferente manifestación depende del propio nivel evolutivo alanzado. Así, siempre hay que tener en cuenta:

- Las características neurológicas y psicológicas de nuestro sistema nervioso indican la necesidad de un medio ambiente adecuado (que hay que crear), para que su funcionalidad adquiera los parámetros modernos y simbólicos.
- Las funciones ejecutivas, ubicadas en el LPF, son fundamentales para el buen desarrollo de las capacidades cognitivas emergentes y de la conducta humana. Su funcionalidad depende de un específico y mayor desarrollo de las áreas asociativas del lóbulo prefrontal.
- Importancia del desarrollo tecnológico y social para el inicio de la conducta simbólica. Así como del lenguaje, pues es un proceso básico en la transmisión de los conceptos simbólicos que van a desarrollar las capacidades cognitivas emergentes.

En definitiva, la conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este modelo psicobiológico, social y evolutivo nos lleva a admitir y explicar una serie de procesos que, sobre la evolución cultural humana, observamos en el registro arqueológico en Europa.

* Las capacidades cognitivas que pueden producir conductas simbólicas, estarían presentes en los grupos humanos del Musteriense y del MSA, pero sin un medio ambiente adecuado (influenciado por el desarrollo tecnológico, la sociabilidad, demografía, evolución lingüística), no se dieron las condiciones necesarias para su desarrollo y manifestación. Es la explicación del hecho de que los seres humanos tuvieran diferentes desarrollos culturales en el mismo tiempo y en diferentes lugares (evolución cultural en mosaico).

* El desarrollo cognitivo y su manifestación conductual no tienen porqué ser homogéneos ni paralelos en los logros tecnológicos, sociales y simbólicos. El registro arqueológico indica que primero se produjo un avance tecnológico, que favoreció el aumento demográfico y, con posteridad, motivó la producción de elementos simbólicos.

* En el análisis de la conducta de una población en un período determinado, hay que valorar la que ofrecen todos sus componentes en su expansión geográfica y temporal, así como sus características medioambientales.

* Los dos grupos humanos del momento (HN y HAM) son la representación de dos Humanidades diferentes, cada una de ellas con unas capacidades cognitivas específicas, que desde luego hay que intentar describir. No obstante, al tener un indiscutible origen evolutivo común, y por tanto neurológico, se producirían pequeñas variaciones (anatómicas y fisiológicas) sobre determinadas áreas cerebrales. Con ello, se apreciarían diferencias de grado la funcionalidad cognitiva, no la existencia de capacidades cognitivas diferentes. Sería la justificación biológica de las diferencias conductuales existentes entre estas dos poblaciones humanas.

Podemos seguir insistiendo en la total igualdad de las dos poblaciones, pero la realidad arqueológica indica que aunque algunos HN tuvieron una tecnología ósea, simbolismo con adornos, un desarrollo social y logístico importante, todo ello presenta unas características diferentes de las que presentaban los HAM del mismo periodo (dos Humanidades). Pues mientras que en los primeros las facetas culturales más complejas (relacionadas con la conducta simbólica y el desarrollo cognitivo de las capacidades cognitivas que lo posibilitan) fueron limitadas en el tiempo y en el espacio (sólo algunos HN tuvieron con claridad tal conducta), entre los HAM se constata un desarrollo generalizado, homogéneo en su complejidad y en constante evolución.

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