martes, 20 de mayo de 2014

Interdisciplina en la evolución neurológica

En un anterior trabajo sobre la evolución (¿Quéentendemos por evolución?) ya se vio la complejidad que este proceso tiene. En esta entrada se pudo comprobar que la simplicidad en su aplicación a cualquier entidad biológica, ya sea de forma general (especies) o de un determinado órgano (p. e. sistema nervioso), parece que es muy difícil poder conocer qué mecanismos evolutivos fueron utilizados en el proceso. La aceptación de cualquiera de sus formas, sin atender a las contradicciones que plantea con otras ciencias que utilizan la evolución como importante herramienta en su cotidiano quehacer (p.e. Paleontología, Arqueología, Psicología, Neurología, etc.), parece más una manifestación de fe en la teoría usada que de ciencia contrastada, a pesar de que la posible comprobación que podamos realizar solo nos pueda proporcionar una menor incertidumbre, y no una certeza como sería de desear.

La admisión de variadas formas de cambio morfológico, su utilización dependiente del azar, las propias presiones ambientales desde el mismo momento de la fecundación, y la posibilidad de evolución en mosaico, hacen muy difícil elegir que mecanismos evolutivos han sido utilizados en la evolución de una especie o de un órgano determinado dentro de un linaje. La evolución es un proceso biológico que solo podemos conocer por medio de sus resultados (especies actuales), sobre su origen (especies anteriores) solo tenemos información parcial, y de los estadios evolutivos intermedios (si existen y en qué cuantía se dieron) solo se supone su existencia teórica, pues en muchos casos aún no se han encontrado, lo que produce importantes dudas sobre su realidad práctica.

La evolución creó el órgano (p.e. el cerebro), lo que confiere a sus características fisiológicas y funcionales una directa dependencia con la forma en que se produjo tal cambio morfológico. Dada la complejidad de este proceso parece importante que su estudio se realice por medios interdisciplinarios, es decir, utilizando de manera coordenada todas las ciencias que estén relacionadas con el proceso en estudio. Del pasado como la Biología evolutiva (proporciona las formas teóricas de evolución). Arqueología y Paleontología (muestran las variaciones en el tiempo de la anatomía y conducta o funcionalidad); del presente como la Neurología, Psicología, Lingüística, Ciencias sociales (indican el punto actual evolutivo de la estructura anatómica y funcional); de todas las épocas como la Genética (puede indicar los cambios genéticos que se han producido durante la evolución, pero aún estaría poco desarrollada en este contexto).


El uso de métodos interdisciplinarios es complejo pero parece necesario, como ya indiqué en otro trabajo (Interdisciplina. Necesidad metodológica osimple intención teórica), por lo que intentaré realizar su aplicación a la evolución neurológica del género Homo. 

Interdisciplina en la evolución neurológica del género Homo

Todo estudio sobre la conducta humana debe de iniciarse con el conocimiento de la evolución del cerebro que hizo posible tales hechos. Esta es la opinión Juan Luis Arsuaga, quien afirmaba lo siguiente:

Es muy atrevido escribir cualquier tesis sobre el comportamiento humano sin conocer la teoría de la evolución, siendo un disparate que en las universidades se estudien como ciencias separadas. Parece que se ignora que el descubrimiento más asombroso de la humanidad es la evolución, y sin esta revelación no se puede entender nada del ser humano (curso de verano 2004. Universidad Complutense. El Escorial).

Estoy totalmente de acuerdo con él, solo hace falta analizar la forma en que nuestro cerebro evolucionó, para conocer mejor la génesis y el desarrollo de la conducta humana. Aplicaré un método interdisciplinario en este intento.

I.- Biología evolutiva. Las características evolutivas que han marcado el desarrollo del género Homo, constituyen el armazón (anatómico, fisiológico y psicológico) sobre el que debe explicarse nuestra cultura y comportamiento. De la manera y forma en que se producen los cambios evolutivos es donde residen las claves de la explicación sobre nuestra forma de ser. En la actualidad no existe una simple aplicación de los criterios evolutivos conocidos que nos pueda convencer plenamente sobre la forma en que se ha producido la evolución neurológica. La diversidad de formas de producción evolutiva, su aparición al azar sin metas prefijadas y las posibilidades de su desarrollo en mosaico, hace que cualquier atribución de una determinada forma evolutiva sea más una pretensión que una realidad contrastada.

Lo cierto es que en el desarrollo teórico de la Biología evolutiva existen dos formas generales de entender el cambio anatómico. La primera, la más conocida y utilizada, estaría representada por las formas de variación evolutiva expresados en la teoría sintética. En ella vemos como la conducta humana, con su gran capacidad de adaptación, debió irse configurando de una forma paralela y lenta a los cambios morfológicos que lo posibilitan, ofreciendo una mayor capacidad de supervivencia. Todo este proceso sería dirigido durante su desarrollo por la acción de la selección natural. La segunda, basada en los conceptos que la Biología ha desarrollado en estos últimos años, explicaría la evolución por medio de un modelo de carácter multifactorial, que engloba el modelo de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. En él se explica la producción evolutiva con otros parámetros, entre los que destaca la realización de algunos cambios anatómicos relativamente rápidos, y su posterior sometimiento a los controles de la selección natural. Con estas premisas, la conducta simbólica humana (expresión de su sistema nervioso) se entiende como consecuencia de una exaptación evolutiva, es decir, como una cualidad cognitiva emergente que aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad. Aunque las dos formas de entender los mecanismos evolutivos tienen cierto antagonismo, lo cierto es que, al menos teóricamente, pueden producirse ambos a la vez, sobre todo si tenemos en cuenta la evolución en mosaico. En la práctica, dentro del estudio de cada homínido, las dificultades para conocer cuales fueron los causantes de su evolución neurológica son aún muy importantes, lo que dificulta su conocimiento con la simple aplicación de los conceptos evolutivos. Siempre nos quedaría la duda de que si la forma evolutiva elegida es correcta o no, no pudiendo comprobarse por los conocimientos teóricos de la Biología evolutiva.

II.- Paleontología. Con los únicos datos que nos ofrece esta ciencia biológica, no es posible conocer la forma exacta en que se produjo nuestra evolución. El siguiente paso sería conocer el testimonio paleontológico, único sobre la realidad de los cambios evolutivos, y que nos puede ofrecer un panorama real en el tiempo de tales cambios. Pero la realidad es que no es capaz de indicar con claridad los caminos seguidos en tal complejo proceso y de tan larga duración. De hecho la irregularidad del registro paleontológico fue la causa del origen de la teoría de los equilibrios puntuados de Stephen. J. Gould. Hay muchas lagunas que no se llenan, lo que mantiene como mínimo la incertidumbre de la realidad evolutiva. En la evolución humana tenemos muchos datos, pero aún dudamos sobre la realidad de nuestra evolución en el tiempo, lo que explica con continuos cambios que sufre el árbol evolutivo de nuestro linaje.
Versión de Chris Stringer del árbol de la familia del Género Homo

Lo cierto es que la teoría de los equilibrios puntuados tiene la ventaja de que se basa en hechos comprobados (ausencia de fósiles que avalen la lenta progresión en numerosas especies), mientras que la evolución constantemente gradual solo se fundamenta en las bases teóricas de la teoría sintética y en la posibilidad (no contrastada en la actualidad) de que si faltan fósiles es que por azar aún no se han encontrado.

III.- Arqueología. Si con la Paleontología aún no es suficiente para conocer las formas evolutivas que dieron lugar al desarrollo neurológico humano, estamos obligados a buscar ayuda en otras ciencias que nos aporten nuevas vías de estudio sobre la forma de creación de estos aspectos culturales, consecuencia de la evolución neurológica. Parece obligado indagar que nos puede ofrecer la Arqueología, pues es la disciplina que más se ha dedicado a explorar la conducta durante el periodo de nuestra evolución anatómica y cultural. En ella, la forma más tradicional y difundida de explicar el aumento del sistema nervioso central humano corresponde a las formas más clásicas de la teoría sintética, donde todo progreso se realiza de una forma lenta y progresiva, así el cerebro pudo permanecer y progresar gracias al desarrollo de adaptabilidad que ofrecía el consecutivo aumento de la inteligencia de los humanos de cada nueva especie. Pero el registro arqueológico nos ofrece una versión diferente, al mostrar que tal crecimiento neurológico no se corresponde con un paralelo desarrollo de una conducta con mayor capacidad de adaptación. En líneas generales, se aprecian que primero se producen los cambios neurológicos y posteriormente los conductuales que, en teoría, suponen la ventaja adaptativa necesaria para asumir el gran coste energético (el cerebro necesita muchas calorías para su funcionamiento) y social (mayor inmadurez de los neonatos y duración de la infancia) que supone el aumento del cerebro. Pondré dos ejemplos:

- Los importantes aumentos cerebrales que se ven el los primeros Homo ergaster y erectus no se acompañan de significativos incrementos en su tecnología (lo más conocido y posiblemente responsable de su mayor adaptabilidad), relaciones sociales o cualquier tipo de forma conductual, que, en conjunto, tienen un pequeño crecimiento. El desarrollo técnico relacionado con los primeros Homo ergaster desde el principio de su aparición, es fácil de seguir. En un principio, continúan con las mismas formas culturales que el Homo habilis, es decir, persisten en la primitiva tecnología del Modo 1 (Olduvaiense), si bien muy pronto se produce un avance técnico importante, al desarrollar los elementos tecnológicos propios del Achelense o Modo 2. Sin embargo, como ya vimos, diversas comunidades humanas, sobre todo del Homo erectus en diversas zonas fuera de África (Homo antecessor en la Península Ibérica y Homo georgicus en Georgia), persistieron en la forma de trabajar la piedra correspondiente al llamado Modo 1. La temprana aparición del Modo 2, primero en gran parte de África y posteriormente en el resto del Viejo Mundo, supuso un avance tecnológico que mejoró la adaptación a los diversos medios ambientes en los que se desenvolvían los seres humanos del momento.


- En los intentos de establecer una correlación del pensamiento humano y los datos arqueológicos se descubren irregularidades en el inicio del Homo sapiens. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 60.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como sapient paradox. Con estos hechos las conductas con un complejo simbolismo y gran poder adaptativo (tecnología, logística, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo cultural, en lugar de una innata capacidad biológica. Por tanto pueden clasificarse de productos emergentes o emergencia conductual (Renfrew, 2008).

Sin embargo, a pesar de conocer este desfase entre la evolución física y la cultural, en la explicación sobre el desarrollo cognitivo humano, consecuencia de la evolución neurológica, no se profundiza en las causas evolutivas que justificasen tan peculiar forma de desarrollo cultural. Generalmente se aplica la teoría sintética de la evolución y, sin casi conexión práctica ni la más mínima autocrítica sobre los principios evolutivos en función de los nuevos descubrimientos biológicos, se pasa a exponer los cambios culturales ocurridos a lo largo del desarrollo de nuestro linaje. No se aclara la forma en que estos cambios conductuales se producen, dando por seguro que siempre son adaptaciones consecuencia de la lenta evolución del cerebro. Tal afirmación no deja de tener cierta verisimilitud, pero no explica toda la realidad conocida.

Bien es verdad, que los datos que obtenemos de los yacimientos arqueológicos distan mucho de ser exhaustivos, por lo que puede atribuirse a esta falta de información la imposibilidad de aclarar los conceptos de relación entre la evolución y la conducta humana. No obstante, queda patente que la forma explicativa de la evolución que mejor se ajusta al desarrollo simbólico observado en el registro arqueológico corresponde a un modelo multifactorial. La impresión que ofrecen es que primero se produce un aumento de la capacidad cognitiva consecuencia de la evolución neuroanatómica (no olvidar que capacidad se usa en el término de potencialidad, no de una realidad manifiesta), y después se generan las nuevas pautas de conducta.

Aunque los datos de la Biología evolutiva, Paleontología y Arqueología parecen indicar la existencia de irregularidades teóricas importantes en la aplicación de la teoría sintética al desarrollo evolutivo humano en general, con los datos exclusivos de estas ciencias no somos capaces de elaborar modelos de creación y desarrollo cultural que satisfagan a todos y, a su vez, expliquen la mayoría de las complejas particularidades que la evolución neurológica y conductual humana ofrecen. Puesto que siempre estamos hablando del cerebro, de su crecimiento y de la relación con la conducta observada, parece lógico que ampliemos el campo interdisciplinario a aquellas ciencias que estudian el cerebro humano y la conducta que nos caracteriza. En este sentido, parecen muy interesantes los datos de las ciencias actuales que traten específicamente sobre estos problemas, como son la Neurología, la Psicología, Psicolingüística, Ciencias sociales y Genética. Hay que tener presente que los cerebros de los diferentes homínidos que componen nuestra escala evolutiva no son entidades neurológicas aisladas e independientes, sino que todos ellos están relacionados entre sí por los mecanismos evolutivos que los ha creado. Por tanto, entre todos ellos existe un nexo común, como es el que corresponden a un modelo único, sobre el que se están produciendo ciertos cambios cuantitativos y cualitativos que, sin duda, hay que analizar.

IV.- Neurología. El gran desarrollo teórico que esta ciencia ha tenido en los últimos años nos indica que el sistema nervioso de todos los mamíferos, y más aún el de los humanos, es un órgano que depende de los estímulos sensoriales externos para su estructuración, mantenimiento y correcto funcionamiento. Siempre hay que estar recibiendo información que, correctamente almacenada y procesada, nos sirva para desarrollar una conducta demorada y consecuente con la experiencia adquirida. La conducta de carácter innato (los instintos) estaría relegada a situaciones muy precarias y extraordinarias, donde la acción de la corteza cerebral es superada por la actuación de la parte más primitiva de nuestro cerebro. Por tanto, es un hecho bien aceptado en la actualidad que nuestro cerebro, para un correcto funcionamiento, depende de la continua llegada de información a través de sus sistemas de captación especializados en los estímulos externos (audición, tacto, visión, gusto y olfato), e internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo). Los avances teóricos de la Neurología nos ofrecen aspectos fundamentales sobre la anatomía y fisiología cerebral que nos pueden dar pistas sobre los procesos evolutivos que lo originaron, además de aclarar aspectos importantes de la conducta humana.

A.- Áreas corticales. No toda la superficie del córtex tiene la misma funcionalidad, por lo que pueden establecerse ciertas ubicaciones topográficas relacionadas con sus funciones (áreas corticales). Estas áreas corticales no son superficies completamente definidas en su extensión y ubicación por la genética del individuo. Existe cierto grado de variación, en función de las aferencias sensoriales (estímulos exteriores e interiores que reciben, siendo la base de su configuración funcional) y eferencias motoras, por lo que la topografía del córtex humano presenta notables diferencias de localización y extensión de tales áreas, dependiendo de la naturaleza de la información que recibe y procesa sea simple o elaborada (Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997). Dependiendo de la naturaleza de las aferencias y eferencias que presenta cada área, pueden establecerse grupos de diferente localización y distinta funcionalidad (Luria, 1974).


* Áreas primarias o de proyección: Corresponden a las zonas corticales que reciben la información recogida por los órganos sensoriales externos (vista, oído, gusto, tacto y olfato), internos (sensibilidad propioceptiva o del propio cuerpo), y a las áreas motoras que controlan directamente los músculos del cuerpo. Existe una correlación muy intensa entre estas áreas corticales y las zonas anatómicas que controlan, por lo que todo aumento corporal deberá de corresponder con un aumento paralelo de estas áreas de control, sería un aumento isométrico o proporcional, proceso muy relacionado con toda evolución neurológica.
* Áreas de asociación secundarias: Corresponden a las zonas adyacentes a las áreas primarias o de proyección. Se considera que representan un centro de procesamiento de mayor nivel para la información sensorial específica que llega de las áreas primarias. Por tanto, sólo reciben información de las áreas sensoriales primarias, o desde otras áreas sensoriales secundarias.
* Áreas de asociación terciarias: Se sitúan en los bordes de las zonas secundarias anteriores, en ellas desaparece toda información sensorial o motriz directa o primaria. Son zonas corticales en las que coincide la información de varios campos sensoriales correspondientes de áreas secundarias, pero nunca de las primarias.

Es muy usual utilizar una parcelación de la corteza cerebral en áreas citoarquitectónicas de Brodmann (según se dispongan las neuronas en las columnas celulares que compones en córtex), pero que en realidad reflejan una división más histológica que funcional. No obstante, el amplio uso para la señalización de las funciones cerebrales que conocemos, hace que se sigan usando como referencia topográfica. Las áreas de asociación son las que más han aumentado en la evolución humana, las cuales no están correlacionadas con el aumento corporal, por lo que todo aumento de las mismas debe considerarse como alométrico. Éstas, y en especial las terciarias, sintetizan los estímulos de varias vías de acceso sensoriales y los traduce en expresiones superiores, complejas y conscientes, tan características de nuestra conducta.

B.- Variación anatomofisiológica de las áreas cerebrales. Se conoce un aumento cuantitativo y cualitativo de las áreas terciarias, debido no solo al aumento de cada lóbulo, sino a su mayor circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999), lo que aumenta sustancialmente la superficie y capacidad funcional de la corteza cerebral. Después se aprecia una mejora en la conectividad neuronal, pues su estructura neurológica es menos densa, permitiendo que existan entre ellas una interconectividad mucho mayor, como se deduce de la mayor y tardía mielinización observada (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferi et al.2002).

El desarrollo neurológico entre los humanos es muy homogéneo, pero la localización de las áreas no es exactamente igual en todos. La topografía de las áreas asociativas presenta notables diferencias de localización, y extensión anatómica (Del Abril et al. 1998; Flórez et al.1999; Hubel y Wiesel, 1977; Kandel et al. 1997; Luria, 1974; Rakic, 1988, 1995).

C.- Lateralización. Es una asimetría funcional, que corresponde con el proceso de especificación de funciones cognitivas en un hemisferio cerebral determinado. También se especifica como el predominio del control funcional de un hemisferio sobre un lado del cuerpo o parte del mismo (mano, pie ojo, oído, etc.). Se sabe que cada hemisferio tiene localizadas funciones específicas o partes de las mismas (lenguaje, escritura, valoraciones espaciales, etc.), que se localizan en áreas más o menos concretas durante el desarrollo. Pero hay que tener en cuenta que no existe dominancia absoluta para ninguna función, ya que siempre están implicados los dos hemisferios cerebrales en la materialización de cualquier proceso mental.

En el proceso de lateralización no está claro si en el nacimiento existe alguna preferencia, aunque en este momento podemos apreciar en la mayoría de los recién nacidos una disposición más marcada en el uso de la mano derecha, confirmándose a los trece meses la preferencia del uso de la mano derecha en las actividades en las que pueden utilizarse ambas (Bradshaw, 1989). Un importante problema consiste en saber si esta localización de propiedades cognitivas es equipotencial al nacer o si en el nacimiento tenemos ya diferencias neurológicas que faciliten su ubicación topográfica, desarrollándose en función de los estímulos a lo que esté sometido. De todas maneras, parece que debe existir cierto gradiente innato definido como la existencia de un proceso de maduración diferenciado en ambos hemisferios que actúe a favor de uno u otro, en función de la naturaleza de los procesos cognitivos que se vean implicados (Bub y Whitaker, 1980; Geschwind y Galaburda, 1984; Kandel et al. 1997). Sabemos que algunas áreas del cerebro adquieren una función determinada gracias a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1996), y que tal fenómeno se produce siempre en función de la cualidad de los estímulos que recibe dicha área cortical (Gazzaniga, 1998). La consecuencia funcional de estas asimetrías anatómicas se corresponde con la lateralización.

D.- Periodo crítico. Existe un periodo de tiempo en el cual es posible que se desarrollen las funciones cognitivas humanas, pasado el mismo es mucho más difícil o casi imposible realizarse y nunca en las mismas condiciones que dentro del mismo. Durante este periodo las lesiones neurológicas locales son fácilmente reemplazadas por otras áreas, logrando mejores resultados cuanto más temprana sea la lesión neurológica. Su duración es diferente según el criterio de los autores, hasta los 12 años en general, aunque para el lenguaje parece ser menor (Cavalli-Sforza, 1993; Changeux, 1983; Delgado, 1994; Miller, 1985; Pinillos, 1991; Puelles, 1996; Yuste, 1994). En este tiempo, ambos hemisferios tienen similares posibilidades generales de desarrollar algunas funciones, aunque es siempre uno de ellos, el más maduro o mejor dotado funcionalmente, el que centra y desarrolla tal función cognitiva. Hay autores que ven como el hemisferio izquierdo madura antes que el derecho, al menos en animales (Miller, 1985), pudiendo ser ésta la causa de la lateralización de las funciones que se inicien precozmente. Esta predisposición neurológica o mayor maduración local, puede ser interpretada como una predisposición innata para poder desarrollar tal función si se estimula adecuadamente por medio de las aferencias externas (Miller, 1985; Springer y Deutsch, 1981).

E.- Plasticidad neuronal. Es la posibilidad de remodelación de las redes neuronales (estructuración de las neuronas del córtex en forma de redes funcionales muy complejas) en función de la experiencia vivida y sentida. Se corresponde con una serie de procesos que pueden empezar en el embrión, continuando con mucha mayor intensidad después del parto, perdurando durante toda la vida del ser humano. En definitiva, es la estructuración neuronal que será la base de los procesos de memoria y aprendizaje humano y, en consecuencia, de su conducta. Podemos establecer los siguientes aspectos de este proceso:

* Regeneración funcional. Dentro del periodo crítico el cerebro presenta una característica de remodelación funcional muy importante. Se ha podido ver como en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que es precisa su extirpación quirúrgica, las funciones cognoscitivas que debían de desarrollarse en esta zona cortical izquierda, son fácilmente desarrolladas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad del lenguaje. Esto será siempre que ocurra en una edad temprana del desarrollo, sobre todo en la infancia, pues la plasticidad neurológica que permite este proceso va disminuyendo paulatinamente con el crecimiento del niño (Changeux, 1983; Flórez et al. 1999; Miller, 1985, Springer y Deutsch, 1994).
* Estructuras funcionales. La consecuencia definitiva de la capacidad sináptica o de conexión entre las neuronas, es la de formar redes neuronales. Su regulación se debe principalmente a la llegada de estímulos nerviosos o a la ausencia de los mismos, siendo la forma más directa en el que el medio ambiente influye sobre el cerebro. También es de notar los efectos de la dieta, del estrés, de enzimas, de hormonas y de las lesiones (pérdida parcial de neuronas), en la organización de las conexiones sinápticas al formar estructuras neurológicas. Esta capacidad perdura durante toda la vida, siendo el soporte neurofisiológico de los procesos cognitivos del adulto (Changeux, 1983; Del Abril et al. 1998; Delgado, 1994; Flórez et al. 1999; Kandel et al. 1997; Mora, 1996; Puelles, 1996).
* Muerte celular. Podemos confirmar una muerte celular programada, basada en la competitividad neuronal de los estímulos recibidos. Los receptores sensoriales por medio de su estimulación, crean nuevas redes neuronales y refuerzan las ya utilizadas, eliminando las no usadas (neuronas en las primeras fases de la vida, y sinapsis a lo largo de todos los periodos ontogénicos).
Las regiones cerebrales que no se estimulen en el periodo del desarrollo a través del aprendizaje o de la simple estimulación sensorial, degenerarán lentamente pudiendo perderse información almacenada en tales redes neuronales. En muchas regiones del cerebro, el número de neuronas sobrepasan en mucho a las que sobrevivirán más allá del período de desarrollo. Existe una fase de muerte selectiva de células, que ocurre principalmente en el periodo de explosión sináptica al inicio del desarrollo postnatal (Changeux, 1983; Delgado, 1994; Hubel y Wiesel, 1977; Martín Ramírez, 1996; Puelles, 1996).

F.- Mielinización. La maduración fisiológica cerebral puede seguirse, aparte del propio desarrollo cognitivo, con el fenómeno de mielinización de los circuitos neuronales. Consiste en el recubrimiento de una sustancia grasosa inerte llamada mielina, producto de las células de Schwann, con lo que se consigue una mejor transmisión de los impulsos nerviosos y, en definitiva, una mejor actuación de las redes neuronales cerebrales. El proceso se inicia al final de la gestación, continuando su producción hasta el final de la infancia. Este proceso tiene una secuencia temporal ordenada en las distintas áreas cerebrales, siendo las sensoriales de proyección primaria las primeras en mielinizarse, mientras que las últimas serían las de asociación, sobre todo las terciarias (Eccles, 1989; Gibson, 1990).

Todos estas características cerebrales están muy relacionadas con los aspectos psicológicos de nuestro linaje y, por tanto, con la conducta pasada y actual de los seres humanos. El gran desarrollo evolutivo de las áreas de asociación terciarias, la plasticidad del sistema nervioso y la constante interacción con el medio ambiente adecuado, son claves para el desarrollo postnatal humano. De la interacción cerebro-ambiente se producirá definitivamente una organización funcional (maduración neurológica) propia de cada individuo (organización psicológica). Esta estructuración explica la existencia de un período crítico para el desarrollo cognitivo, pasado el mismo es casi imposible alcanzar los mismos niveles (Rakic, 1988, 1995; Just et al. 1996; Damasio, 2010; Flórez et al. 1999; Mora, 2001). Estos mecanismos se correlacionan perfectamente con el modelo evolutivo de los equilibrios puntuados, y explican, hasta cierto punto, las características del registro paleontológico y arqueológico.

V.- Psicología. La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del conocimiento de los procesos de índole mental o cognitiva que tienen lugar en nuestro cerebro. Son ellos los que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998; Belinchón et al. 1992). Esta dirección metodológica parece que presenta actualmente una hegemonía conceptual en la explicación de los procesos conductuales.

Conceptualmente se basa en que los procesos mentales o cognitivos superiores pueden desarrollarse gracias a la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar. Ya vimos cómo el sistema nervioso humano es un complejo órgano evolutivamente diseñado para realizar este tipo de acciones, y la falta de estímulos produce graves alteraciones neurológicas y psicológicas (Milner, 1994; Vallejo-Nágera, 1974). Son datos que corroboran que tales estímulos juegan un papel trascendental en la correcta maduración neurológica y psicológica de nuestro cerebro.

En definitiva, la psicología humana es la manifestación conductual de la acción neurológica, por lo que las características de la primera corresponden totalmente a las de la segunda. La influencia medioambiental, la existencia de un periodo crítico para algunas funciones cognitivas (p. e. lenguaje, autoconciencia), la gran importancia que tiene los aspectos psicológicos del lenguaje en la cognición humana (psicolingüística), la certeza de que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008), nos hace pensar que tales características se ajustan bien a las formas evolutivas comprendidas en un modelo multifactorial, donde la evolución crea las capacidades cognitivas y el medio ambiente las desarrolla. Sin embardo, existen orientaciones teóricas divergentes. La Psicología evolucionista (PE) contempla una evolución lenta y siempre selectiva, con lo que da gran importancia a los procesos de carácter innato. Mientras que la Psicología cognitiva (procesamiento de la información) ahonda más en los procesos exaptativos y emergentes, con un protagonismo mayor en las condiciones medioambientales. La elección, en función de la conexión adaptable de la interdisciplinariedad, debe realizarse por la orientación que mejor se adapta a las características teóricas de las demás ciencias.

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la PE explica el origen de las conductas mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

VI.- Lingüística (Psicolingüística). El lenguaje constituye un método altamente eficaz de simbolización, aprendizaje y transmisión de la información que obtenemos sobre el medio ambiente. Igualmente, es la forma más eficaz de adquirir las ideas abstractas fundamentales (identidad social y personal, conceptos del tiempo y del espacio) por parte de los niños dentro de su periodo crítico, lo que va a configurar su conducta simbólica a lo largo de toda su vida. Podemos destacar al lenguaje como el medio que ha servido al ser humano para poder desarrollar y organizar su propio pensamiento en las bases del simbolismo y la autoconciencia, ampliar la cultura que heredó de sus ancestros y modificar sustancialmente su conducta.

Efectivamente, conocemos la existencia de un lenguaje relacionado con el pensamiento. El pensamiento utiliza el tipo de lenguaje que usamos normalmente, con las mismas directrices léxico/gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. El lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva emergente, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920).

Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. No sólo en su aspecto sonoro o gesticular (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Las funciones del lenguaje además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992).

VII.- Antropología social.
En el desarrollo de la Antropología social se aprecia fácilmente que la conducta humana, y desde luego su lenguaje, son creaciones que las sociedades humanas generan a partir de las capacidades que la evolución les ha otorgado. La influencia del medio ambiente (físico, cultural y social) es fundamental para la creación y desarrollo de tales procesos, por lo que sí éstos faltasen es muy difícil e incluso imposible producir conductas simbólicas. Los elementos sociales, íntimamente relacionados con los culturales, están basados en la interrelación existente entre los diversos componentes de un grupo, así como de las diversas poblaciones humanas entre sí. La consecuencia más importante de esta relación social sería el desarrollo de una facultad propia de nuestro género, el lenguaje. La necesidad de entendimiento social es una importante motivación para desarrollar cualquier tipo de forma de comunicación, pues con él la conducta de la sociedad mejora mucho su adaptabilidad al medio. También, estos conceptos nos acercan más a la forma evolutiva generada por el modelo multifactorial.

VIII. - Genética. Esta ciencia ha tenido un importantísimo desarrollo, pues ha permitido tener acceso a información sobre las poblaciones humanas que difícilmente se pudiera haber obtenido por otros medios. Los ejemplos de las cronologías basadas en los relojes moleculares del ADN de las mitocondrias, o del desarrollo de las secuencias del ADN de neandertales y humanos modernos, nos pueden dar una idea del su alcance. Sin embargo, hay que ser muy cautos a la hora de extraer inferencias sobre conducta o cognición a partir de la evidencia basada en el ADN fósil, pues tales inferencias presentan importantes problemas sobre la manifestación de tales genes. El problema de la manifestación fenotípica, dando prioridad a formas innatas o medioambientales, depende de muchos otros criterios que se escapan a esta ciencia en solitario. Actualmente, se está conociendo que la acción de los genes no es similar en todos ellos. Es el caso de los genes estructurales y los reguladores (genes controladores de la actividad de los genes estructurales en tiempo y tasa de actuación) del proceso embriológico. La mutación de estos últimos va a dar lugar a las heterocronías, produciendo alteraciones ontogénicas o embriológicas, con cambios relativamente rápidos y de gran trascendencia evolutiva.

El problema es que aunque conozcamos en su totalidad el genoma humano, se sabe muy poco de la forma en que la información almacenada en el ADN se manifiesta en la producción del fenotipo. Se están empezando a conocer algunos genes relacionados con determinados procesos, pero en la mayoría de los casos se han descifrado la relación entre genes y procesos formativos o funcionales, pero poco se sabe sobre la función genética global de cada proceso. La Genética tiene un futuro muy prometedor, paro aún hay que esperar para conocer no solo las diferencias genéticas entre los diferentes homínidos de nuestro género, sino las funciones que representan tales cambios.

IX. – Innatismo humano. Tras todo lo visto habría que preguntarse si existen algunos mecanismos de carácter innato dentro del funcionamiento cerebral humano. La respuesta es claramente afirmativa, y en número podrían ser la mayoría de los procesos neurológicos que se ubican en el cerebro. Sin embargo, pocos son los que se relacionan con la cognición humana.

Todos los mecanismos reguladores de la homeostasis tienen esta categoría, siendo su control inconsciente y constante en todos los seres vivos. Las áreas corticales responsables de la motilidad y sensitivas, tienen una importante dependencia de los estímulos externos en su configuración. Estas aferencias, al actuar de forma sinérgica, van configurando funcionalmente las áreas citoarquitectónicas, creando así un protomapa cortical (representación topográfica inicial de los diferentes tipos de enervación, sensitiva o motora, de las diferentes estructuras corporales) con un carácter maleable, debido a su situación embrionaria. Esta hipótesis es muy atractiva, pues en ella las aferencias externas que llegan al córtex, juegan un papel muy importante en la formación del volumen y carácter de las primitivas áreas citoarquitectónicas (Del Abril et al. 1998; Flórez, et al.1999; Rakic, 1988 y 1995).

El temperamento o la manera particular con que un ser humano interactúa con el entorno. Ningún ser humano es exactamente igual a otro, las características fisiológicas, hormonales, histológicas y anatómicas difieren de unos a otros en pequeños grados, pero que al actuar en conjunto pueden determinar formas generales de actuación, las cuales en psicología se han definido como temperamentos. Aunque su origen pueda estar discutido, parece más probable que tengan un carácter innato, pero debito a la gran plasticidad que tiene nuestro cerebro, pueden remodelarse (hasta cierto punto) por métodos externos.

No hay que olvidar a las emociones, relacionadas en los humanos con los aspectos afectivos de la conciencia (Damasio, 2010), pero que tienen profundas raíces evolutivas con el resto de los mamíferos, y en particular con los primates.

Síntesis interdisciplinaria

El concepto de interdisciplina se entiende como la búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado. En su desarrollo existe un requisito fundamental, pues inexcusablemente todas las ciencias que se utilicen deben tener unos fundamentos teóricos que no sean antagónicos entre ellas. Si en esta confluencia de ciencias existiesen contradicciones teóricas, habría que pensar que alguna o varias teorías de las disciplinas usadas pudieran tener conceptos teóricos mal enfocados, por no decir equivocados. En la explicación de la conducta humana no pueden coexistir conceptos generales claramente opuestos, alguno o los dos estarían mal desarrollados.



- La Biología evolutiva nos enseña que coexisten diversa formas de producción del cambio evolutivo. Todos son importantes y, sin duda, lo más frecuente es que se produzcan varios a la vez con mayor o menor responsabilidad en la transformación morfológica. Su estudio, en cada caso particular, no puede realizarse en la actualidad con la información de esta ciencia en solitario. Hay que ayudarse de la información de otras ciencias implicadas en su estudio interdisciplinar.
- Los datos aportados por la Paleontología son los que han sugerido la posibilidad de la existencia de una forma de evolución más rápida seguida de procesos más lentos (equilibrios puntuados). Su fundamento son las importantes lagunas de fósiles que existen entre las diversas especies conocidas y dificultan la aceptación de un progreso evolutivo lento y continuado. La objeción de que no se conocen por que aún no se han encontrado, puede ser cierta en algunos casos, pero parece exagerada que se aplique a la totalidad del registro arqueológico, y más aún al del género Homo.
- La Arqueología junto con la Paleoantropología indican con mayor claridad la discontinuidad que existe entre la evolución morfológica y la cultural, esta última sería la responsable de la mejoría adaptativa que justificaría la permanencia de los cambios evolutivos. En el caso del cerebro hay datos importantes que indican que primero se produjo en cambio anatómico y con posteridad el cultural adaptativo.
- Las ciencias psicobiológicas (Neurología, Psicología, Psicolingüística) muestran con gran claridad la dependencia de nuestro cerebro de la información externa, para lograr la adecuada y definitiva estructuración neurológica. Los mecanismos de carácter innato quedan relegados a situaciones muy particulares y escasas, aunque existentes (regulación de la homeostasis, creación del protomapa embriológico, temperamento). Si el medio externo no es el adecuado, la definitiva estructuración psicobiológica se produce de forma alterada, lo que en casos extremos llagaría a graves distorsiones cognitivas.
- Las Ciencias sociales y la Lingüística en general nos indican la imperiosa necesidad del desarrollo humano dentro de la sociedad, para lograr un adecuado desarrollo cognitivo, tanto racional como emocional.

Conclusiones

Parece claro que toda interpretación realizada bajo una amplia y adecuada coordinación científica tendría más posibilidades de disminuir la subjetividad que impregna muchos de los trabajos principalmente humanísticos. Así, cualquier conclusión que esté fundamentada en una serie de evidencias arqueológicas bien documentadas, y que se expliquen con una metodología basada en un estudio interdisciplinar, presenta un poder explicativo mayor que el adquirido sin estas premisas, lo que en temas de ciencias sociales adquiere una importancia que siempre hay que valorar.

Hemos visto cómo todas las ciencias relacionadas con el estudio de la conducta humana tienen metodologías académicas que permiten un acoplamiento teórico común. Con esta coordinación las distorsiones, que son frecuentes entre estas ciencias, quedan reducidas a niveles muy bajos. El apoyo común de estas ciencias ofrece una mayor seguridad a cada una de ellas en particular, ofreciendo un modelo sobre la evolución y estructuración psicobiológica de nuestro cerebro, con un alto poder explicativo y, por tanto, de mayor fiabilidad científica.

Nuestra evolución neurológica fue, sin duda, un complejo proceso en el que intervinieron varias formas de cambio morfológico. En general, se ha podido determinar la producción de dos importantes cambios relativamente rápidos en nuestro linaje. Sería el caso ya mencionado en los datos arqueológicos, donde la evolución al Homo ergaster/erectus y Homo sapiens produjo un importante cambio neurológico sin cambios conductuales en principio, aunque posteriormente tuvieran lugar. Estos cambios evolutivos estarían producidos posiblemente por heterocronías y su repercusión en la embriología, que se intentarán explicar en otro trabajo. De todas maneras, nunca hay que descartar la posibilidad de acción de las otras formas de cambio, solo que su estudio en la actualidad es casi una utopía.


Nota sobre la bibliografía: Como es fácil de suponer existe una amplísima y moderna bibliografía en todos los datos que he comentado. Sin embargo, dentro de este medio poco académico, he preferido mantener la bibliografía relativamente antigua por dos motivos. Primero, por ser la mayoría en castellano y de fácil adquisición. Segunda, para hacer notar que la gran mayoría de los datos aportados ya estaban publicados en medios divulgativos a finales del siglo pasado o inicios del presente. El uso interdisciplinar de los mismos brilla por su ausencia.

Este artículo se ha publicado previamente en el Blog de la Nueva Ilustración Evolucionista

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miércoles, 23 de abril de 2014

Genes reguladores u Hox en la evolución y conducta humana

El avance de la Paleogenética parece imparable en la actualidad. La obtención del material genético de diversos homínidos con las condiciones adecuadas para su estudio, ha posibilitado un importante avance sobre la comprensión de los mecanismos genéticos responsables de las diferencias morfológicas que nos distinguen. Científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del Instituto Max Planck de Leipzig y de las universidades de Oviedo y Cantabria han publicado por primera vez en la revista Science la reconstrucción de los mapas epigenéticos de los neandertales y los denisovanos, y los han comparado con los humanos modernos.

Aunque la noticia es de una gran importancia, la complejidad de la ciencia genética hace que en cierto modo sea confusa, y no se pueda valorar en toda su magnitud la trascendencia de su descubrimiento. Parece necesaria cierta aclaración sobre estos aspectos de genética humana.

El genoma humano

No es mi intención desarrollar el tema de la genética humana, sino de aclarar los términos y referencias que se usan en la noticia. En este contexto, hay que indicar la diferencia entre el genoma y el epigenoma.

- El genoma constituye la totalidad del material genético (ADN) que tiene cada célula de nuestro cuerpo, teniendo en cuenta que este conjunto es el mismo en todas las células corporales, ya sean de la piel, neuronas o hepatocitos del hígado. Parece asombroso que teniendo todas las células el mismo material genético, su manifestación histológica, fisiológica y anatómica sea tan diferente. La clave reside en la inactivación de gran parte del mismo, actuando solo el resto para configurar las características celulares de cada parte del cuerpo.

Los seres humanos empezamos nuestro desarrollo con la mayoría de los genes abiertos, es decir, totalmente activos para todas las funciones posibles. Como esto sería un disparate biológico, en el desarrollo del embrión se va produciendo una desactivación progresiva y selectiva de gran parte de los genes, actuando solo los característicos de cada zona del cuerpo. La pregunta que en seguida plantearíamos sería: ¿Cómo se produce esta desactivación tan selectiva? Evidentemente, en la actualidad no tenemos respuestas exactas para todas las preguntas, pero sí grandes avances en la aclaración de tan complejo proceso.

Lo que se ha descubierto hace ya bastantes años es que no todos los genes tienen las mismas funciones. Unos pocos adquieren la capacidad de regulación del resto, adquiriendo una alta responsabilidad en el desarrollo embrionario. A estos genes que debían de regular tal proceso se les llamó homeóticos u Hox. Tienen una importancia capital en el desarrollo correcto de todo ser vivo, pues, al ser los responsables de la identidad posicional, indican a las células del embrión en que región anatómica se encuentran y que estructura anatómica deben desarrollar y en qué grado. Por tanto, no producen en sí mismos nada, sino que indican a los demás genes (genes estructurales) el lugar, la tasa y/o el tiempo de actuación que deben de tener.

A su vez, estos genes Hox dependen de la acción de metilación en sus diversas cadenas de ADN. Nos preguntamos ¿Qué es la metilación? Consiste en la adición de un grupo metilo (-CH3, un átomo de carbono y tres de hidrógeno) a una de las cinco bases nitrogenadas que forman parte de los ácidos nucleicos (ADN y ARN). Es decir, una simple acción química puede cambiar la acción de los genes Hox, y estos modificar la formación embriológica y evolutiva del nuevo ser que se estaría gestando. Esta actividad de metilación nació evolutivamente como un sistema para inactivar a los transposones, antiguos genomas de virus que han perdido su capacidad infectiva pero conservan la de moverse de un sitio a otro por el genoma.

- El epigenoma. A estas acciones de importancia embriológica y evolutiva se las llama epigenéticas, donde lo que cambia no es el ADN sino su funcionalidad. Epigenoma es el conjunto de procesos químicos que actúan sobre (epi-) el genoma (ADN) y cambia su efecto hereditario, pero sin alterar su secuencia. Es decir, el epigenoma solo da instrucciones al genoma de cómo actuar.

En el trabajo anteriormente aludido se han secuenciado por primera vez el genoma completo de un neandertal, obtenido gracias al hueso de un pie de un individuo que vivió hace unos 50.000 años. Igualmente, el mismo equipo había descrito el genoma de un denisovano perteneciente a un grupo de humanos primitivos originarios de Siberia. Y ambos se han comparado con el genoma de los humanos actuales.

Cráneos de Humano neandertal y Humano moderno. Los dos tienen los mismos huesos, pero todos son diferentes en tamaño, grosor y forma.
Los patrones de metilación de las tres poblaciones son idénticos al 99% entre los humanos modernos y las dos especies antiguas. Lo importante reside en el 1% restante, y en los genes Hox donde se han encontrado diferentes cambios de metilación. Se han localizado dos genes Hox cuyo patrón de actividad difiere netamente entre las especies antiguas y la moderna. Estos genes forman filas en el genoma (del Hox1 al Hox13), y definen zonas igualmente consecutivas del cuerpo. Por ejemplo, cabeza, cuello, dorsales, lumbares y demás; u hombro, brazo, antebrazo, muñeca, palma de la mano y dedos. Los cambios de metilación en esos dos genes Hox se corresponden con las diferencias morfológicas entre los humanos antiguos y modernos, como la longitud del fémur, el tamaño de las manos y los dedos y la anchura de los codos y las rodillas.

Importancia evolutiva de estos procesos

No es difícil apreciar la gran trascendencia que tiene esta comprobación genética y epigenética. Un pequeño cambio epigenético, posiblemente producido por cambios ambientales (tanto internos de la madre como externos del medio por estudiar), es capaz de cambiar sustancialmente la anatomía de cada grupo humano. La selección natural solo actuaría negativamente si el embrión alterado no reuniera las condiciones fisiológicas necesarias para el progreso embrionario, y después de nacer si el medio ambiental y social impidiera su desarrollo hasta la edad de procreación para poder transmitir a sus descendentes su alteración epigenética.  

Este control puede abarcar a todas las estructuras corporales. Así, algunos pueden estar relacionados, por ejemplo, con la forma del esqueleto, lo que explicaría por qué unas poblaciones (neandertales) tenían una osamenta tan potente, con huesos más fuertes, anchos y cortos, frente a nuestro esqueleto que es mucho más frágil. Pero también otras diferencias observadas en el estudio se refieren a genes relacionados con el sistema cardiovascular, o el nervioso, y están asociados a enfermedades como el Alzheimer o la esquizofrenia. Esta misma relación de causa (alteración epigenética de genes Hox) y efecto (diferente desarrollo del órgano controlado) adquiere especial importancia para el estudio de la evolución de las capacidades cognitivas y su consecuente conducta en las poblaciones humanas del género Homo.

Aunque aún es pronto, parece posible que algún día podamos deducir todas las características de una especie partiendo solo de su genoma. Además, el estudio abre una nueva vía de investigación, porque el método informático empleado permitirá estudiar el ADN de otros individuos y especies extinguidas y secuenciar otras muestras para determinar sus epigenomas. La existencia de estos genes y su relación con las formas de producción evolutiva parezca un proceso de desarrollo muy actual, lo cierto es que su existencia es conocida desde hace muchos años.

Desde 1910 se conocen cambios genéticos o mutaciones que son capaces de alterar la organización y situación de diversas estructuras anatómicas. Las primeras en conocerse fueron las que mostraban el desarrollo de un determinado elemento anatómico en un lugar topográfico equivocado, dentro de la embriogénesis de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster). Se comprobó cómo se desarrollaba una mandíbula en el lugar topográfico donde debía de haber una anténula. A este tipo de alteraciones se las denominó mutaciones homeóticas, y los genes que debían de regular tal proceso se les llamó homeóticos u Hox. Estos genes tienen una importancia capital en el desarrollo correcto de todo ser vivo, pues, al ser los responsables de la identidad posicional, indican a las células del embrión en que región anatómica se encuentran y que estructura anatómica deben desarrollar. Por tanto, no producen en sí mismos nada, sino que indican a los genes estructurales el lugar, la tasa y/o el tiempo de actuación que deben de tener. Los estudios realizados sobre estos cambios morfológicos, tradicionalmente se han centrado en los experimentos con poblaciones de la mencionada Drosophila melanogaster, pues este insecto es ideal para analizar estos fenómenos biológicos, debido a lo fácil y rápido que se producen en ellas las mutaciones, y sus consecuentes cambios anatómicos en las sucesivas generaciones. Así, al final de la década de 1940 el biólogo Edward Lewis emprendió el análisis genético de tales mutaciones, descubriendo los primeros genes reguladores del diseño corporal en la mosca del vinagre. Estos genes organizaban el desarrollo del tórax, indicando la ubicación de sus diferentes partes anatómicas a lo largo del eje anteroposterior o longitudinal del embrión. Se les llamó genéricamente genes Bithorax (Casares y Sánchez-Herrero, 1995). En esta misma línea de investigación, en los años setenta, el equipo de Thomas C. Kaufman, descubrió un segundo grupo de genes homeóticos de la mosca que regulaban el correcto desarrollo posicional de la parte anterior del cuerpo del embrión. El complejo recibió el nombre de Antennapedia (De Robertis et al. 1990; McGinnis y Kuriosa, 1994).

Con posterioridad, se han ido descubriendo diversos genes que controlaban el desarrollo ontogénico o embriológico de diversas partes corporales, pero lo más curioso es que en todos ellos se vio una cadena de ADN con formas muy similares entre diferentes especies de invertebrados, lo que permitía la posibilidad de rastrear su presencia en otros seres vivos de mayor complejidad. Efectivamente, en recientes experimentos realizados por el biólogo Frank H. Ruddle, se han encontrado estas secuencias homeóticas en ratones. En 1986, el biólogo molecular Edoardo Boncinelli obtuvo éxitos similares con genes humanos, los cuales compartían un asombroso parecido con los complejos homeóticos de la mosca (De Robertis et al. 1990; McGinnis y Kuriosa, 1994). Estos genes homeóticos o reguladores producen determinadas proteínas, que funcionan como controladores de la acción de otros genes dentro del proceso de desarrollo embriológico de los seres vivos. Aunque su conocimiento en la actualidad esté limitado a la regulación del esquema corporal en las primeras fases del desarrollo ontogénico (Jacob, 1998), es lógico pensar que los que conocemos, u otros aún no descubiertos, deben de tener funciones específicas en las siguientes fases embriológicas, que afectaran a todos los órganos (Changeux, 1983; Flórez et al. 1999). Con estas conclusiones y los descubrimientos del estudio analizado, se puede afirmar que el desarrollo embrionario u ontogénico sería el resultado de la acción, jerarquizada y organizada de los genes reguladores, que indicarían a los múltiples genes estructurales dónde, cuándo y cuánto pueden comenzar  a operar en el proceso embriogénico.

El conocimiento de la acción de estos genes, les confiere un valor muy importante como posible causa del cambio evolutivo. Su descubrimiento permite comprender mejor el mecanismo de acción de los conceptos de heterocronías, como fuente de muchas de las variaciones morfológicas (García Barreno, 2000), siendo utilizados teóricamente por el modelo evolutivo de los equilibrios puntuados. Por tanto, puede decirse que, en gran medida, cuando vemos que una especie ha evolucionado en otra, lo que observamos es que su desarrollo ontogénico o embriológico ha cambiado (Sinha, 1996). Por tanto, hay que considerar a la embriogénesis como un proceso dinámico por medio del cual se produce la formación de los nuevos seres vivos, estando sometida a las leyes biológicas que regulan su desarrollo. Estas leyes limitan los cambios morfológicos a un estrecho margen de posibilidades de variación, pues toda alteración en este período ontogénico de desarrollo podría afectar globalmente a la fisiología del ser en formación. Si el cambio no consigue mantener un mínimo de estabilidad fisiológica, se llega fácilmente a imposibilitar la continuidad del desarrollo fetal, provocando el aborto.

La unión de la Genética y Embriología ha generado en la actualidad un nuevo campo científico denominado como Biología del Desarrollo (Evo-Devo. Evolution-Development) (Sean, 2005), de la cual parte la propia Genética del Desarrollo. La Biología del desarrollo puede explicarnos cómo, pequeñas variaciones genéticas en los genes reguladores de un organismo determinado, pueden producir cambios anatómicos importantes. El cambio tiene lugar no sólo en el órgano regulado por estos genes, sino también en las estructuras corporales que, en su desarrollo, tienen como base de inicio o configuración la anatomía anteriormente alterada. Así, un cambio morfológico producido por una mutación de un gen regulador, en un determinado momento de la ontogenia fetal, va a repercutir en las siguientes fases de la embriogénesis, sin que sean preciso nuevas alteraciones genéticas. Por tanto, es preciso distinguir dos tipos de cambios anatómicos en función de su origen. Primario, producido por la acción directa de la mutación genética, ya sea en los genes reguladores como en los estructurales. Secundario, como consecuencia indirecta de los cambios genéticos producidos con anterioridad, en función de la continuación del proceso embriológico. Pondremos un claro ejemplo relacionado con el mundo paleontológico y arqueológico. Existe una determinante relación entre el desarrollo ontogénico del cerebro y las diferentes partes del cráneo (base, neurocráneo y cara), de tal forma que la alteración del encéfalo debe de repercutir en la forma estructural de los huesos de la cabeza (Changeux, 1983; Lieberman, et al. 2000). La función de esta compleja estructura ósea es la de proteger al cerebro, por lo que debe ajustarse lo más exactamente posible a su forma anatómica, hecho que nos permite estudiar la impronta que el cerebro realiza en la cara interna de los huesos craneales (endomoldes). Sin embargo, el desarrollo óseo del cráneo no debe de interferir en el normal crecimiento cerebral, por lo que su definitiva forma anatómica estaría en gran parte condicionada por la configuración morfológica final del sistema nervioso central. Así, pequeñas y específicas mutaciones genéticas pueden producir cambios morfológicos importantes.

Relación con la conducta humana

Aunque pocas veces se ha tenido en cuenta, las características evolutivas de nuestro cerebro estarían muy relacionadas con la conducta que hemos podido desarrollar a lo largo de todo nuestro linaje humano. El tema de la evolución neurológica ya lo traté en el blog de Psicobiología del género Homo (Evolucióndel cerebro). A donde remito a aquellos que quieran profundizar en el tema. Ahora explicaré brevemente el proceso como base de la conducta humana.

La configuración embriológica de la corteza cerebral, puede darnos una idea sobre los principios de la evolución del córtex neurológico. Así, el aumento de superficie del córtex cerebral humano respecto del resto de los primates, puede ser explicado por medio de un aumento importante del número de neuronas corticales, durante la fase de su producción (Allman, 1990; Florez, et al. 1999; Rakic, 1995). Un pequeño aumento en el tiempo de producción de las unidades proliferativas, daría lugar a un aumento del número de columnas ontogénicas y su correspondiente aumento de la superficie del córtex cerebral, respetando la configuración histológica de la corteza y limitándose a un aumento cuantitativo (Changeux, 1983). El fenómeno puede explicarse muy fácilmente por medio de los procesos genéticos llamados heterocronías, en los cuales una pequeña alteración de los genes que controlan este tipo de división celular, es suficiente para justificar su producción (Florez, et al. 1999; Rakic, 1988; 1995).


Este aumento, presenta en las áreas de asociación terciarias un aspecto muy poco definido, siendo los estímulos externos los que con su influencia van a configurar las estructuras neurológicas que van a regular nuestra conducta. La importancia de las aferencias externas, tanto en el embrión como en el adulto, en la formación y extensión de las áreas citoarquitectónicas que, aunque tienen una conformación biológicamente predeterminada (protomapa), su extensión final será, en última instancia, determinada por la acción de las aferencias externas y de otras zonas corticales.

Respecto de la conducta, estos hechos tendrían una crucial importancia, pues se relacionan directamente con el concepto evolutivo de exaptación. Como tal se entiende las capacidades con el carácter de emergentes que aparecen después de realizado los cambios anatómicos que los hacen posibles, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad (Gould y Vrba, 1982).

* Allman, J. (1990): “Evolution of neocortex”. En Cerebral cortex (ed. A. Peters y E.G. Jones), Vol. 8. Academic Press, New York.
* Casares F. y Sánchez-Herrero, E. (1995): El complejo bithorax de la Drosophila melanogaster. Investigación y Ciencia. Marzo 1995. Prensa Científica S.A. Barcelona.
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* De Robertis, E. M.; Oliver, G. y Wright, Ch. (1996): Genes con homeobox y el plan corporal de los vertebrados. Investigación y Ciencia. Temas, nº3: Construcción de un ser vivo. Barcelona.
* Flórez, J. et al., (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
* Gould, S. J. y Vrba, E. S. (1982): Exaptation: a missing term in the science of form. Paleobiology 8.
* Lieberman, P. et al. (2000): Basicraneal influence on overall cranial shape. Journal of Human Evolution 38: 291-315.
* McGinnis, W. y Kuziora, M. (1994): Arquitectos moleculares del diseño corporal. Investigación y Ciencia. Abril. 1994. Prensa Científica. Barcelona.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
* Sean, B. C. (2005): Endless Forms Most Beautiful: The New Science of Evo Devo and the Making of the Animal Kingdom, W. W. Norton and Company.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La conducta humana ¿adaptación y/o desarrollo cognitivo?

La Arqueología nos muestra la sucesión de las diversas culturas que han caracterizado a nuestro linaje. El desarrollo de unas en otras conforman un continuum muy heterogéneo, del que sabemos sus manifestaciones arqueológicas (útiles y conductas), el tiempo en que se produjeron (cada vez más preciso) y el lugar en el que realizaron o depositaron, pero del porqué de su producción en ese momento y lugar, nuestro conocimiento está muy limitado.


Las diversas metodologías que la Arqueología como ciencia ha desarrollado en su propia historia académica, reflejan criterios diferentes respecto de este último problema. En la actualidad, la corriente metodológica más aceptada por numerosos autores corresponde a la Nueva Arqueología o Procesualismo, que explica los cambios culturales como adaptaciones al medio ambiente, el cual estaría continuamente cambiando. Un ejemplo de este tipo de trabajos (d’Errico y Stringer, 2011) ya lo he comentado en las entradas sobre los mecanismos de evolución cultural (evolución cultural I), así como unos comentarios realizados desde la Arqueología cognitiva (evolución cultural II).

En este contexto, y sobre temas más precisos del registro arqueológico, se ha publicado un artículo sobre las causas del cambio cultural que se observa en las primeras etapas del Auriñaciense (Protoauriñaciense y Auriñaciense temprano). Sus autores (Banks, d´Errico y Zilhão, 2013) indican que las secuencias de producción de cuchillas y producción de hojitas se hacen más complejas, y que aparecen las puntas de fragmentos de cornamenta en estos periodos. Según los autores, los cambios en la cultura material están relacionados con una expansión de nicho ecológico en respuesta o adaptación al deterioro de las condiciones ambientales.

Oscilaciones climáticas del Paleolítico superior
Cronológicamente sitúan el Protoauriñaciense en un intervalo de cierta mejoría climática, (ca. 41,5 a 39,9 k cal BP), es decir, en las oscilaciones cálidas de Dansgaard/Oeschger (D/O) o en los interestadiales de Groenlandia (GI) 10 y 9, los cuales enmarcan entre ellos un corto periodo frío. Por su lado, el Auriñaciense temprano transcurre principalmente en la fase climática del evento Heinrich 4 (ca. 39,8 a 37,9 k cal BP), caracterizado por un clima frío y seco en Europa, el cual acaba con el comienzo del D/O-GI 8 (Les Cottes) más cálido. Las variaciones climáticas y los datos de los núcleos de hielo polares podemos verlos en las entradas anteriores (núcleos de hielo, variaciones climáticas).

La autoría de estas dos secuencias culturales está discutida por los autores, pues opinan que ante la falta de fósiles que aclaren este concepto, es asumible que sean de diferentes poblaciones humanas. Por las fechas que tenemos de los primeros HAM en Europa, que sitúan sobre el 40 k cal BP en base a la mandíbula de Oaese 1 y el cráneo de Oaese 2 (Trinkaus et al. 2012)), el Protoauriñaciense podría ser consecuencia de los HN. Como es tradicional en estos estudios sobre el periodo transicional, existen otros trabajos que ofrecen indican mayor antigüedad a los HAM en Europa (Los primeroshumanos anatómicamente modernos en Europa). Igualmente, los autores asumen que prácticamente no existen diferencias cognitivas entre estas dos poblaciones, por lo que el estudio se limita al análisis de las causas que produjeron los cambios culturales (ecológicos y climáticos) con independencia de quienes fueron sus autores.

En su estudio utilizan un modelo bayesiano sobre las fechas de radiocarbónicas asociadas a estos dos procesos culturales para definir con mayor precisión su cronología y poder conocer con la mayor exactitud posible los contextos paleoclimáticos de estas dos fases. También emplean el modelo de nicho ecocultural (ECNM), intentando conocer si los significativos cambios culturales de estos dos periodos se correlacionan con cambios del nicho ecocultural donde viven. Este nicho representa los sistemas ecológicos explotados por los humanos por medio de sus mecanismos adaptativos (tecnológico, social, etc.). Su utilidad se basa en que permite evaluar cuantitativamente si existen vínculos entre un sistema adaptativo humano y las condiciones ecológicas del medio, o si las características y la distribución geográfica de una cultura arqueológica se deben más a procesos culturales que ecológicos. Por lo tanto, si existe una considerable variabilidad del nicho ecocultural entre el Protoauriñaciense y el Auriñaciense temprano, esto sugeriría que los cambios culturales que reconocemos entre estas dos fases tienen, en parte, una base ecológica.

Entre el Protoauriñaciense y el Auriñaciense temprano se observa una serie de cambios tecnológicos, junto con una expansión del área de distribución geográfica ocupada en el inicio del Paleolítico superior por las poblaciones humanas. Este estudio demuestra que estos cambios se asocian con un nicho ecológico en expansión, en el que la adaptación y flexibilidad cultural se utiliza para acomodarse rápidamente a la rápida variabilidad climática.

Se aprecia que durante el Protoauriñaciense los cambios climáticos conducen a un aumento de la biomasa de ungulados, lo que explica los cambios tecnológicos de este periodo (mayor complejidad en las secuencias de producción de cuchillas y producción de hojitas, y aparición de las puntas de fragmentos de cornamenta). Es una adaptación tecnológica a los cambios ambientales, que continúan durante el Auriñaciense temprano. Este desarrollo cultural se aprecia en varios aspectos. Primero, en la propia diversificación de las tradiciones tecnológicas durante el Auriñaciense temprano. Segundo, en un aumento en la frecuencia y la diversidad de las formas culturales de carácter simbólico (p.e. adornos). La hipótesis de los autores es que esta tendencia se asocia con una expansión de las redes sociales dentro y entre las poblaciones del Auriñaciense temprano. Tal modelo fue necesario para poder conseguir una expansión de su nicho ecológico durante el inicio del evento Heinrich 4, pues sus características frías y secas ofrecían a los cazadores-recolectores auriñacienses un importante riesgo ecológico.

Comentarios desde la Arqueología cognitiva

Este tipo de trabajos, tan ampliamente documentados y con el uso de técnicas de análisis poco habituales en los medios arqueológicos, parecen que agotan todas las posibilidades metodológicas y teóricas que aplicar a los estudios de las poblaciones humanas de estos periodos. Sin duda, es un excelente artículo dentro de las directrices de la Nueva Arqueología o Procesualismo, es decir, un buen trabajo dentro de la línea teórica desarrollada en el s. XX. Sin embargo, es muy posible que no se utilicen todas las herramientas que actualmente disponemos para el estudio de la conducta humana, y que configurarán la Arqueología del s. XXI en los próximos años. No es difícil aceptar los datos arqueológicos que sobre estos periodos iniciales del Auriñaciense han expuesto los autores del artículo. Pero su explicación no es la última causa de su producción, pues hay otra de rango superior que coordina y posibilita tal adaptación. Me refiero al desarrollo cognitivo de estas poblaciones.

El Procesualismo olvida o no quiere tener en cuenta, que los protagonistas de estos cambios son seres humanos, cuya acción siempre depende de las capacidades cognitivas que la evolución les ha otorgado. Su discurso peca de simple y estaría enfrentado a los datos que en la actualidad estarían ofreciendo la Neurología y Psicología sobre las características de la cognición humana. Hay que comprender que las capacidades cognitivas no son entidades con una respuesta siempre máxima, sino que hay que entenderlas como posibilidades o potencialidades que hay que desarrollar mediante la influencia del medio ambiente en el que viven sus propietarios. Las capacidades cognitivas de los HAM y, en gran parte de los HN, aparecieron evolutivamente hacía muchos años antes de la producción de los hechos que tratamos. Igualmente, en los más de 150.000 años de existencia de estas poblaciones se han producido situaciones climáticas parecidas. 

Entonces ¿por qué no se produjeron tales avances culturales adaptativos con anterioridad?

La respuesta desde la Arqueología cognitiva es que el desarrollo cognitivo que lo posibilitaba solo tuvo lugar en estos momentos del inicio del Paleolítico superior, y no antes. Existe una importante falta de compresión de la realidad cognitiva del género Homo, pues se continúa confundiendo capacidades cognitivas con realidades conductuales observables e individuales. Toda capacidad cognitiva necesita para su manifestación arqueológica de un desarrollo cognitivo mediado por las características medioambientales (culturales, económicas, sociales, lingüísticas, etc.). De igual forma, cada avance tecnológico, cultural y simbólico no se produce de forma independiente como adaptación a cambios medioambientales, sino que estaría asociado al desarrollo cognitivo que posibilitase una adaptación a cambios medioambientales más compleja.

¿Qué se entiende por desarrollo cognitivo?

Las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (funciones ejecutivas, memoria, capacidad simbólica, racionabilidad, autoconciencia, etc.) no siempre han estado presentes con su máxima expresión en las poblaciones humanas desde el inicio biológico de las especies humanas.

En esta línea se sitúa Renfrew (2008) con su sapient paradox, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro sabio no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años, aunque ya se vislumbran claramente desde el inicio del Paleolítico superior), por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) dirigida sobre todo después del nacimiento por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas de nuestro cerebro, que se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del cerebro. La plasticidad neurológica y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje (conducta plenamente humana: enseñanza por otros miembros de la sociedad) y del lenguaje.


La influencia cultural es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral, tanto neurológica como psicológicamente. En este contexto, el lenguaje adquiere un papel predominante, tanto que sin él la humanidad no hubiera podido alcanzar este desarrollo cultural y simbólico. Es decir, el desarrollo de las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.

Se necesita la creación y uso de un modelo de desarrollo psicobiológico para el estudio de la cognición, conducta y simbolismo humano en el Paleolítico, lo que solo puede realizarse dentro de una interdisciplinariedad adecuadamente estructurada. Tal proceso se ha realizado dentro del Estructuralismo funcional, como método interdisciplinario de estudio de la conducta humana en todos sus periodos.







* Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55. 
* d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069. 
* Powell, A.; Shennan, S. y Thomas, M (2009): “Late Pleistocene demography and appearance of modern human behavior”. Science, 324, 1298-1301. 
* Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047 
* Trinkaus, E., Constantin, S., Zilhão, J. (Eds.), (2012): Life and Death at the Pes¸ tera cu Oase: A Setting for Modern Human Emergence in Europe. Oxford University Press, Oxford.

lunes, 3 de febrero de 2014

Teorías y métodos de la Arqueología cognitiva

La metodología en Arqueología constituye una parte de su teoría que menos interés despierta entre los que intentan comprender la realidad del pasado. Siempre se piensa que es importante, pero su estudio y desarrollo pocos atractivos parece tener, por lo que son pocos los interesados en ella. Sin embargo, su utilización es básica para la interpretación de los datos obtenidos en el registro arqueológico.

En la mayoría de las universidades constituye una asignatura más o menos importante, la cual, una vez superada, simplemente se olvida, admitiendo la dirección metodológica adoptada por la mayoría. Si muchos siguen una dirección teórica, será que tienen razón, y la tienen, pero dentro de su mundo particular que la Arqueología ha creado. Sin embargo, cuando salen de él, las poderosas razones se diluyen y entonces se toman dos caminos: o no se sale del camino clásico, o se ignora aquellas indicaciones de otras ciencias  (ajenas en teoría a la Arqueología), para seguir insistiendo en lo que casi todos están, dentro de su mundo, de acuerdo.

El desarrollo de la metodología intenta superar esta situación, obviada por la mayoría, pero que plantea un problema teórico que alguna vez habrá que afrontar. Actualmente, la dirección metodológica adoptada por la mayoría de los profesionales corresponde a la Nueva Arqueología. ¿Para qué ahondar más en sus posibles cometidos si casi todos están de acuerdo en su utilidad?

De siempre, la Arqueología ha tenido un fallo importante, totalmente comprensible por la limitación y relativa confusión que otras ciencias tenían respecto a los cometidos comunes con ella. Me refiero a la concepción del autor de los restos arqueológicos como mero sujeto adaptativo al medio en que vive, y no como sujeto activo (por sus cualidades psicobiológicas) en las alteraciones del medio con el que se relaciona. Evidentemente, las dos posturas van unidas, pero no se puede sobrevalorar una de ellas en detrimento de la otra. El estudio del sujeto activo pasa por la compresión del ser humano que lo constituye, y dentro del mundo humano la conducta se estudia a través de ciencias determinadas (Neurología, psicología, Lingüísticas, etc.). Pocos son los que intentan hacer una síntesis de todas estas fuentes de conocimiento sobre un objeto común: el ser humano en el pasado. La Nueva Arqueología lo simplifica todo, la adaptación es el principal camino de la evolución de las culturas humanas, lo que hasta cierto punto es cierto, pero se olvidan que toda adaptación estaría limitada por el grado de desarrollo cognitivo que pudieran tener los humanos de cada momento histórico.


El tener unas capacidades cognitivas no indica que se puedan usar siempre, hay que desarrollarlas. Muchos tenemos la capacidad de ser Arqueólogos, pero solo lo logran quienes desarrollan sus capacidades a través de medios adecuados, de forma continuada y con gran esfuerzo (estudios universitarios, prácticas, etc.). Las capacidades cognitivas no son sinónimos de realidades, hay que crear previamente un medio que permita su desarrollo, entonces es cuando se produce la adaptación y no antes. Desde la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) he procurado siempre analizar la metodología que ha marcado su existencia (Metodología de laArqueología cognitiva).


Arqueología cognitiva. Revista Portuguesa de Arqueología (2013)

En este contexto, he publicado un trabajo (Teorías y métodos de la ArqueologíaCognitiva) que puede leerse libremente en Internet. En este trabajo se ha analizado el panorama metodológico referente a la Arqueología cognitiva que existe en los medios arqueológicos. Explicando al final la metodología que ha significado mi trabajo principal: El Estructuralismo funcional. Su desarrollo por medios interdisciplinarios constituye una nueva vía de estudio de la conducta humana, analizada desde el conocimiento de la realidad psicobiológica humana y su adaptación s los diferentes medios en los que ha podido sobrevivir. 


Autores de Arqueología cognitiva en Internet

En este blog de Arqueología cognitiva he realizado diversas entradas sobre la metodología de esta disciplina y los principales autores que se ha dedicado a ella.


Igualmente, desde el blog de La nueva Ilustración Evolucionista, se han realizado entrevistas con diversos autores de la Arqueología cognitiva, lo que nos permite conocer de primera mano los argumentos de cada autor. Todos ellos disponibles en sus respectivas direcciones.

- Colin Renfrew (Pendiente de recibir las respuestas)