miércoles, 23 de abril de 2014

Genes reguladores u Hox en la evolución y conducta humana

El avance de la Paleogenética parece imparable en la actualidad. La obtención del material genético de diversos homínidos con las condiciones adecuadas para su estudio, ha posibilitado un importante avance sobre la comprensión de los mecanismos genéticos responsables de las diferencias morfológicas que nos distinguen. Científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del Instituto Max Planck de Leipzig y de las universidades de Oviedo y Cantabria han publicado por primera vez en la revista Science la reconstrucción de los mapas epigenéticos de los neandertales y los denisovanos, y los han comparado con los humanos modernos.

Aunque la noticia es de una gran importancia, la complejidad de la ciencia genética hace que en cierto modo sea confusa, y no se pueda valorar en toda su magnitud la trascendencia de su descubrimiento. Parece necesaria cierta aclaración sobre estos aspectos de genética humana.

El genoma humano

No es mi intención desarrollar el tema de la genética humana, sino de aclarar los términos y referencias que se usan en la noticia. En este contexto, hay que indicar la diferencia entre el genoma y el epigenoma.

- El genoma constituye la totalidad del material genético (ADN) que tiene cada célula de nuestro cuerpo, teniendo en cuenta que este conjunto es el mismo en todas las células corporales, ya sean de la piel, neuronas o hepatocitos del hígado. Parece asombroso que teniendo todas las células el mismo material genético, su manifestación histológica, fisiológica y anatómica sea tan diferente. La clave reside en la inactivación de gran parte del mismo, actuando solo el resto para configurar las características celulares de cada parte del cuerpo.

Los seres humanos empezamos nuestro desarrollo con la mayoría de los genes abiertos, es decir, totalmente activos para todas las funciones posibles. Como esto sería un disparate biológico, en el desarrollo del embrión se va produciendo una desactivación progresiva y selectiva de gran parte de los genes, actuando solo los característicos de cada zona del cuerpo. La pregunta que en seguida plantearíamos sería: ¿Cómo se produce esta desactivación tan selectiva? Evidentemente, en la actualidad no tenemos respuestas exactas para todas las preguntas, pero sí grandes avances en la aclaración de tan complejo proceso.

Lo que se ha descubierto hace ya bastantes años es que no todos los genes tienen las mismas funciones. Unos pocos adquieren la capacidad de regulación del resto, adquiriendo una alta responsabilidad en el desarrollo embrionario. A estos genes que debían de regular tal proceso se les llamó homeóticos u Hox. Tienen una importancia capital en el desarrollo correcto de todo ser vivo, pues, al ser los responsables de la identidad posicional, indican a las células del embrión en que región anatómica se encuentran y que estructura anatómica deben desarrollar y en qué grado. Por tanto, no producen en sí mismos nada, sino que indican a los demás genes (genes estructurales) el lugar, la tasa y/o el tiempo de actuación que deben de tener.

A su vez, estos genes Hox dependen de la acción de metilación en sus diversas cadenas de ADN. Nos preguntamos ¿Qué es la metilación? Consiste en la adición de un grupo metilo (-CH3, un átomo de carbono y tres de hidrógeno) a una de las cinco bases nitrogenadas que forman parte de los ácidos nucleicos (ADN y ARN). Es decir, una simple acción química puede cambiar la acción de los genes Hox, y estos modificar la formación embriológica y evolutiva del nuevo ser que se estaría gestando. Esta actividad de metilación nació evolutivamente como un sistema para inactivar a los transposones, antiguos genomas de virus que han perdido su capacidad infectiva pero conservan la de moverse de un sitio a otro por el genoma.

- El epigenoma. A estas acciones de importancia embriológica y evolutiva se las llama epigenéticas, donde lo que cambia no es el ADN sino su funcionalidad. Epigenoma es el conjunto de procesos químicos que actúan sobre (epi-) el genoma (ADN) y cambia su efecto hereditario, pero sin alterar su secuencia. Es decir, el epigenoma solo da instrucciones al genoma de cómo actuar.

En el trabajo anteriormente aludido se han secuenciado por primera vez el genoma completo de un neandertal, obtenido gracias al hueso de un pie de un individuo que vivió hace unos 50.000 años. Igualmente, el mismo equipo había descrito el genoma de un denisovano perteneciente a un grupo de humanos primitivos originarios de Siberia. Y ambos se han comparado con el genoma de los humanos actuales.

Cráneos de Humano neandertal y Humano moderno. Los dos tienen los mismos huesos, pero todos son diferentes en tamaño, grosor y forma.
Los patrones de metilación de las tres poblaciones son idénticos al 99% entre los humanos modernos y las dos especies antiguas. Lo importante reside en el 1% restante, y en los genes Hox donde se han encontrado diferentes cambios de metilación. Se han localizado dos genes Hox cuyo patrón de actividad difiere netamente entre las especies antiguas y la moderna. Estos genes forman filas en el genoma (del Hox1 al Hox13), y definen zonas igualmente consecutivas del cuerpo. Por ejemplo, cabeza, cuello, dorsales, lumbares y demás; u hombro, brazo, antebrazo, muñeca, palma de la mano y dedos. Los cambios de metilación en esos dos genes Hox se corresponden con las diferencias morfológicas entre los humanos antiguos y modernos, como la longitud del fémur, el tamaño de las manos y los dedos y la anchura de los codos y las rodillas.

Importancia evolutiva de estos procesos

No es difícil apreciar la gran trascendencia que tiene esta comprobación genética y epigenética. Un pequeño cambio epigenético, posiblemente producido por cambios ambientales (tanto internos de la madre como externos del medio por estudiar), es capaz de cambiar sustancialmente la anatomía de cada grupo humano. La selección natural solo actuaría negativamente si el embrión alterado no reuniera las condiciones fisiológicas necesarias para el progreso embrionario, y después de nacer si el medio ambiental y social impidiera su desarrollo hasta la edad de procreación para poder transmitir a sus descendentes su alteración epigenética.  

Este control puede abarcar a todas las estructuras corporales. Así, algunos pueden estar relacionados, por ejemplo, con la forma del esqueleto, lo que explicaría por qué unas poblaciones (neandertales) tenían una osamenta tan potente, con huesos más fuertes, anchos y cortos, frente a nuestro esqueleto que es mucho más frágil. Pero también otras diferencias observadas en el estudio se refieren a genes relacionados con el sistema cardiovascular, o el nervioso, y están asociados a enfermedades como el Alzheimer o la esquizofrenia. Esta misma relación de causa (alteración epigenética de genes Hox) y efecto (diferente desarrollo del órgano controlado) adquiere especial importancia para el estudio de la evolución de las capacidades cognitivas y su consecuente conducta en las poblaciones humanas del género Homo.

Aunque aún es pronto, parece posible que algún día podamos deducir todas las características de una especie partiendo solo de su genoma. Además, el estudio abre una nueva vía de investigación, porque el método informático empleado permitirá estudiar el ADN de otros individuos y especies extinguidas y secuenciar otras muestras para determinar sus epigenomas. La existencia de estos genes y su relación con las formas de producción evolutiva parezca un proceso de desarrollo muy actual, lo cierto es que su existencia es conocida desde hace muchos años.

Desde 1910 se conocen cambios genéticos o mutaciones que son capaces de alterar la organización y situación de diversas estructuras anatómicas. Las primeras en conocerse fueron las que mostraban el desarrollo de un determinado elemento anatómico en un lugar topográfico equivocado, dentro de la embriogénesis de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster). Se comprobó cómo se desarrollaba una mandíbula en el lugar topográfico donde debía de haber una anténula. A este tipo de alteraciones se las denominó mutaciones homeóticas, y los genes que debían de regular tal proceso se les llamó homeóticos u Hox. Estos genes tienen una importancia capital en el desarrollo correcto de todo ser vivo, pues, al ser los responsables de la identidad posicional, indican a las células del embrión en que región anatómica se encuentran y que estructura anatómica deben desarrollar. Por tanto, no producen en sí mismos nada, sino que indican a los genes estructurales el lugar, la tasa y/o el tiempo de actuación que deben de tener. Los estudios realizados sobre estos cambios morfológicos, tradicionalmente se han centrado en los experimentos con poblaciones de la mencionada Drosophila melanogaster, pues este insecto es ideal para analizar estos fenómenos biológicos, debido a lo fácil y rápido que se producen en ellas las mutaciones, y sus consecuentes cambios anatómicos en las sucesivas generaciones. Así, al final de la década de 1940 el biólogo Edward Lewis emprendió el análisis genético de tales mutaciones, descubriendo los primeros genes reguladores del diseño corporal en la mosca del vinagre. Estos genes organizaban el desarrollo del tórax, indicando la ubicación de sus diferentes partes anatómicas a lo largo del eje anteroposterior o longitudinal del embrión. Se les llamó genéricamente genes Bithorax (Casares y Sánchez-Herrero, 1995). En esta misma línea de investigación, en los años setenta, el equipo de Thomas C. Kaufman, descubrió un segundo grupo de genes homeóticos de la mosca que regulaban el correcto desarrollo posicional de la parte anterior del cuerpo del embrión. El complejo recibió el nombre de Antennapedia (De Robertis et al. 1990; McGinnis y Kuriosa, 1994).

Con posterioridad, se han ido descubriendo diversos genes que controlaban el desarrollo ontogénico o embriológico de diversas partes corporales, pero lo más curioso es que en todos ellos se vio una cadena de ADN con formas muy similares entre diferentes especies de invertebrados, lo que permitía la posibilidad de rastrear su presencia en otros seres vivos de mayor complejidad. Efectivamente, en recientes experimentos realizados por el biólogo Frank H. Ruddle, se han encontrado estas secuencias homeóticas en ratones. En 1986, el biólogo molecular Edoardo Boncinelli obtuvo éxitos similares con genes humanos, los cuales compartían un asombroso parecido con los complejos homeóticos de la mosca (De Robertis et al. 1990; McGinnis y Kuriosa, 1994). Estos genes homeóticos o reguladores producen determinadas proteínas, que funcionan como controladores de la acción de otros genes dentro del proceso de desarrollo embriológico de los seres vivos. Aunque su conocimiento en la actualidad esté limitado a la regulación del esquema corporal en las primeras fases del desarrollo ontogénico (Jacob, 1998), es lógico pensar que los que conocemos, u otros aún no descubiertos, deben de tener funciones específicas en las siguientes fases embriológicas, que afectaran a todos los órganos (Changeux, 1983; Flórez et al. 1999). Con estas conclusiones y los descubrimientos del estudio analizado, se puede afirmar que el desarrollo embrionario u ontogénico sería el resultado de la acción, jerarquizada y organizada de los genes reguladores, que indicarían a los múltiples genes estructurales dónde, cuándo y cuánto pueden comenzar  a operar en el proceso embriogénico.

El conocimiento de la acción de estos genes, les confiere un valor muy importante como posible causa del cambio evolutivo. Su descubrimiento permite comprender mejor el mecanismo de acción de los conceptos de heterocronías, como fuente de muchas de las variaciones morfológicas (García Barreno, 2000), siendo utilizados teóricamente por el modelo evolutivo de los equilibrios puntuados. Por tanto, puede decirse que, en gran medida, cuando vemos que una especie ha evolucionado en otra, lo que observamos es que su desarrollo ontogénico o embriológico ha cambiado (Sinha, 1996). Por tanto, hay que considerar a la embriogénesis como un proceso dinámico por medio del cual se produce la formación de los nuevos seres vivos, estando sometida a las leyes biológicas que regulan su desarrollo. Estas leyes limitan los cambios morfológicos a un estrecho margen de posibilidades de variación, pues toda alteración en este período ontogénico de desarrollo podría afectar globalmente a la fisiología del ser en formación. Si el cambio no consigue mantener un mínimo de estabilidad fisiológica, se llega fácilmente a imposibilitar la continuidad del desarrollo fetal, provocando el aborto.

La unión de la Genética y Embriología ha generado en la actualidad un nuevo campo científico denominado como Biología del Desarrollo (Evo-Devo. Evolution-Development) (Sean, 2005), de la cual parte la propia Genética del Desarrollo. La Biología del desarrollo puede explicarnos cómo, pequeñas variaciones genéticas en los genes reguladores de un organismo determinado, pueden producir cambios anatómicos importantes. El cambio tiene lugar no sólo en el órgano regulado por estos genes, sino también en las estructuras corporales que, en su desarrollo, tienen como base de inicio o configuración la anatomía anteriormente alterada. Así, un cambio morfológico producido por una mutación de un gen regulador, en un determinado momento de la ontogenia fetal, va a repercutir en las siguientes fases de la embriogénesis, sin que sean preciso nuevas alteraciones genéticas. Por tanto, es preciso distinguir dos tipos de cambios anatómicos en función de su origen. Primario, producido por la acción directa de la mutación genética, ya sea en los genes reguladores como en los estructurales. Secundario, como consecuencia indirecta de los cambios genéticos producidos con anterioridad, en función de la continuación del proceso embriológico. Pondremos un claro ejemplo relacionado con el mundo paleontológico y arqueológico. Existe una determinante relación entre el desarrollo ontogénico del cerebro y las diferentes partes del cráneo (base, neurocráneo y cara), de tal forma que la alteración del encéfalo debe de repercutir en la forma estructural de los huesos de la cabeza (Changeux, 1983; Lieberman, et al. 2000). La función de esta compleja estructura ósea es la de proteger al cerebro, por lo que debe ajustarse lo más exactamente posible a su forma anatómica, hecho que nos permite estudiar la impronta que el cerebro realiza en la cara interna de los huesos craneales (endomoldes). Sin embargo, el desarrollo óseo del cráneo no debe de interferir en el normal crecimiento cerebral, por lo que su definitiva forma anatómica estaría en gran parte condicionada por la configuración morfológica final del sistema nervioso central. Así, pequeñas y específicas mutaciones genéticas pueden producir cambios morfológicos importantes.

Relación con la conducta humana

Aunque pocas veces se ha tenido en cuenta, las características evolutivas de nuestro cerebro estarían muy relacionadas con la conducta que hemos podido desarrollar a lo largo de todo nuestro linaje humano. El tema de la evolución neurológica ya lo traté en el blog de Psicobiología del género Homo (Evolucióndel cerebro). A donde remito a aquellos que quieran profundizar en el tema. Ahora explicaré brevemente el proceso como base de la conducta humana.

La configuración embriológica de la corteza cerebral, puede darnos una idea sobre los principios de la evolución del córtex neurológico. Así, el aumento de superficie del córtex cerebral humano respecto del resto de los primates, puede ser explicado por medio de un aumento importante del número de neuronas corticales, durante la fase de su producción (Allman, 1990; Florez, et al. 1999; Rakic, 1995). Un pequeño aumento en el tiempo de producción de las unidades proliferativas, daría lugar a un aumento del número de columnas ontogénicas y su correspondiente aumento de la superficie del córtex cerebral, respetando la configuración histológica de la corteza y limitándose a un aumento cuantitativo (Changeux, 1983). El fenómeno puede explicarse muy fácilmente por medio de los procesos genéticos llamados heterocronías, en los cuales una pequeña alteración de los genes que controlan este tipo de división celular, es suficiente para justificar su producción (Florez, et al. 1999; Rakic, 1988; 1995).


Este aumento, presenta en las áreas de asociación terciarias un aspecto muy poco definido, siendo los estímulos externos los que con su influencia van a configurar las estructuras neurológicas que van a regular nuestra conducta. La importancia de las aferencias externas, tanto en el embrión como en el adulto, en la formación y extensión de las áreas citoarquitectónicas que, aunque tienen una conformación biológicamente predeterminada (protomapa), su extensión final será, en última instancia, determinada por la acción de las aferencias externas y de otras zonas corticales.

Respecto de la conducta, estos hechos tendrían una crucial importancia, pues se relacionan directamente con el concepto evolutivo de exaptación. Como tal se entiende las capacidades con el carácter de emergentes que aparecen después de realizado los cambios anatómicos que los hacen posibles, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad (Gould y Vrba, 1982).

* Allman, J. (1990): “Evolution of neocortex”. En Cerebral cortex (ed. A. Peters y E.G. Jones), Vol. 8. Academic Press, New York.
* Casares F. y Sánchez-Herrero, E. (1995): El complejo bithorax de la Drosophila melanogaster. Investigación y Ciencia. Marzo 1995. Prensa Científica S.A. Barcelona.
* Changeux, J-P. (1983): “L´homme neuronal”. Librairie Arthème Fayard.
* De Robertis, E. M.; Oliver, G. y Wright, Ch. (1996): Genes con homeobox y el plan corporal de los vertebrados. Investigación y Ciencia. Temas, nº3: Construcción de un ser vivo. Barcelona.
* Flórez, J. et al., (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
* Gould, S. J. y Vrba, E. S. (1982): Exaptation: a missing term in the science of form. Paleobiology 8.
* Lieberman, P. et al. (2000): Basicraneal influence on overall cranial shape. Journal of Human Evolution 38: 291-315.
* McGinnis, W. y Kuziora, M. (1994): Arquitectos moleculares del diseño corporal. Investigación y Ciencia. Abril. 1994. Prensa Científica. Barcelona.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
* Sean, B. C. (2005): Endless Forms Most Beautiful: The New Science of Evo Devo and the Making of the Animal Kingdom, W. W. Norton and Company.

miércoles, 19 de marzo de 2014

La conducta humana ¿adaptación y/o desarrollo cognitivo?

La Arqueología nos muestra la sucesión de las diversas culturas que han caracterizado a nuestro linaje. El desarrollo de unas en otras conforman un continuum muy heterogéneo, del que sabemos sus manifestaciones arqueológicas (útiles y conductas), el tiempo en que se produjeron (cada vez más preciso) y el lugar en el que realizaron o depositaron, pero del porqué de su producción en ese momento y lugar, nuestro conocimiento está muy limitado.


Las diversas metodologías que la Arqueología como ciencia ha desarrollado en su propia historia académica, reflejan criterios diferentes respecto de este último problema. En la actualidad, la corriente metodológica más aceptada por numerosos autores corresponde a la Nueva Arqueología o Procesualismo, que explica los cambios culturales como adaptaciones al medio ambiente, el cual estaría continuamente cambiando. Un ejemplo de este tipo de trabajos (d’Errico y Stringer, 2011) ya lo he comentado en las entradas sobre los mecanismos de evolución cultural (evolución cultural I), así como unos comentarios realizados desde la Arqueología cognitiva (evolución cultural II).

En este contexto, y sobre temas más precisos del registro arqueológico, se ha publicado un artículo sobre las causas del cambio cultural que se observa en las primeras etapas del Auriñaciense (Protoauriñaciense y Auriñaciense temprano). Sus autores (Banks, d´Errico y Zilhão, 2013) indican que las secuencias de producción de cuchillas y producción de hojitas se hacen más complejas, y que aparecen las puntas de fragmentos de cornamenta en estos periodos. Según los autores, los cambios en la cultura material están relacionados con una expansión de nicho ecológico en respuesta o adaptación al deterioro de las condiciones ambientales.

Oscilaciones climáticas del Paleolítico superior
Cronológicamente sitúan el Protoauriñaciense en un intervalo de cierta mejoría climática, (ca. 41,5 a 39,9 k cal BP), es decir, en las oscilaciones cálidas de Dansgaard/Oeschger (D/O) o en los interestadiales de Groenlandia (GI) 10 y 9, los cuales enmarcan entre ellos un corto periodo frío. Por su lado, el Auriñaciense temprano transcurre principalmente en la fase climática del evento Heinrich 4 (ca. 39,8 a 37,9 k cal BP), caracterizado por un clima frío y seco en Europa, el cual acaba con el comienzo del D/O-GI 8 (Les Cottes) más cálido. Las variaciones climáticas y los datos de los núcleos de hielo polares podemos verlos en las entradas anteriores (núcleos de hielo, variaciones climáticas).

La autoría de estas dos secuencias culturales está discutida por los autores, pues opinan que ante la falta de fósiles que aclaren este concepto, es asumible que sean de diferentes poblaciones humanas. Por las fechas que tenemos de los primeros HAM en Europa, que sitúan sobre el 40 k cal BP en base a la mandíbula de Oaese 1 y el cráneo de Oaese 2 (Trinkaus et al. 2012)), el Protoauriñaciense podría ser consecuencia de los HN. Como es tradicional en estos estudios sobre el periodo transicional, existen otros trabajos que ofrecen indican mayor antigüedad a los HAM en Europa (Los primeroshumanos anatómicamente modernos en Europa). Igualmente, los autores asumen que prácticamente no existen diferencias cognitivas entre estas dos poblaciones, por lo que el estudio se limita al análisis de las causas que produjeron los cambios culturales (ecológicos y climáticos) con independencia de quienes fueron sus autores.

En su estudio utilizan un modelo bayesiano sobre las fechas de radiocarbónicas asociadas a estos dos procesos culturales para definir con mayor precisión su cronología y poder conocer con la mayor exactitud posible los contextos paleoclimáticos de estas dos fases. También emplean el modelo de nicho ecocultural (ECNM), intentando conocer si los significativos cambios culturales de estos dos periodos se correlacionan con cambios del nicho ecocultural donde viven. Este nicho representa los sistemas ecológicos explotados por los humanos por medio de sus mecanismos adaptativos (tecnológico, social, etc.). Su utilidad se basa en que permite evaluar cuantitativamente si existen vínculos entre un sistema adaptativo humano y las condiciones ecológicas del medio, o si las características y la distribución geográfica de una cultura arqueológica se deben más a procesos culturales que ecológicos. Por lo tanto, si existe una considerable variabilidad del nicho ecocultural entre el Protoauriñaciense y el Auriñaciense temprano, esto sugeriría que los cambios culturales que reconocemos entre estas dos fases tienen, en parte, una base ecológica.

Entre el Protoauriñaciense y el Auriñaciense temprano se observa una serie de cambios tecnológicos, junto con una expansión del área de distribución geográfica ocupada en el inicio del Paleolítico superior por las poblaciones humanas. Este estudio demuestra que estos cambios se asocian con un nicho ecológico en expansión, en el que la adaptación y flexibilidad cultural se utiliza para acomodarse rápidamente a la rápida variabilidad climática.

Se aprecia que durante el Protoauriñaciense los cambios climáticos conducen a un aumento de la biomasa de ungulados, lo que explica los cambios tecnológicos de este periodo (mayor complejidad en las secuencias de producción de cuchillas y producción de hojitas, y aparición de las puntas de fragmentos de cornamenta). Es una adaptación tecnológica a los cambios ambientales, que continúan durante el Auriñaciense temprano. Este desarrollo cultural se aprecia en varios aspectos. Primero, en la propia diversificación de las tradiciones tecnológicas durante el Auriñaciense temprano. Segundo, en un aumento en la frecuencia y la diversidad de las formas culturales de carácter simbólico (p.e. adornos). La hipótesis de los autores es que esta tendencia se asocia con una expansión de las redes sociales dentro y entre las poblaciones del Auriñaciense temprano. Tal modelo fue necesario para poder conseguir una expansión de su nicho ecológico durante el inicio del evento Heinrich 4, pues sus características frías y secas ofrecían a los cazadores-recolectores auriñacienses un importante riesgo ecológico.

Comentarios desde la Arqueología cognitiva

Este tipo de trabajos, tan ampliamente documentados y con el uso de técnicas de análisis poco habituales en los medios arqueológicos, parecen que agotan todas las posibilidades metodológicas y teóricas que aplicar a los estudios de las poblaciones humanas de estos periodos. Sin duda, es un excelente artículo dentro de las directrices de la Nueva Arqueología o Procesualismo, es decir, un buen trabajo dentro de la línea teórica desarrollada en el s. XX. Sin embargo, es muy posible que no se utilicen todas las herramientas que actualmente disponemos para el estudio de la conducta humana, y que configurarán la Arqueología del s. XXI en los próximos años. No es difícil aceptar los datos arqueológicos que sobre estos periodos iniciales del Auriñaciense han expuesto los autores del artículo. Pero su explicación no es la última causa de su producción, pues hay otra de rango superior que coordina y posibilita tal adaptación. Me refiero al desarrollo cognitivo de estas poblaciones.

El Procesualismo olvida o no quiere tener en cuenta, que los protagonistas de estos cambios son seres humanos, cuya acción siempre depende de las capacidades cognitivas que la evolución les ha otorgado. Su discurso peca de simple y estaría enfrentado a los datos que en la actualidad estarían ofreciendo la Neurología y Psicología sobre las características de la cognición humana. Hay que comprender que las capacidades cognitivas no son entidades con una respuesta siempre máxima, sino que hay que entenderlas como posibilidades o potencialidades que hay que desarrollar mediante la influencia del medio ambiente en el que viven sus propietarios. Las capacidades cognitivas de los HAM y, en gran parte de los HN, aparecieron evolutivamente hacía muchos años antes de la producción de los hechos que tratamos. Igualmente, en los más de 150.000 años de existencia de estas poblaciones se han producido situaciones climáticas parecidas. 

Entonces ¿por qué no se produjeron tales avances culturales adaptativos con anterioridad?

La respuesta desde la Arqueología cognitiva es que el desarrollo cognitivo que lo posibilitaba solo tuvo lugar en estos momentos del inicio del Paleolítico superior, y no antes. Existe una importante falta de compresión de la realidad cognitiva del género Homo, pues se continúa confundiendo capacidades cognitivas con realidades conductuales observables e individuales. Toda capacidad cognitiva necesita para su manifestación arqueológica de un desarrollo cognitivo mediado por las características medioambientales (culturales, económicas, sociales, lingüísticas, etc.). De igual forma, cada avance tecnológico, cultural y simbólico no se produce de forma independiente como adaptación a cambios medioambientales, sino que estaría asociado al desarrollo cognitivo que posibilitase una adaptación a cambios medioambientales más compleja.

¿Qué se entiende por desarrollo cognitivo?

Las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (funciones ejecutivas, memoria, capacidad simbólica, racionabilidad, autoconciencia, etc.) no siempre han estado presentes con su máxima expresión en las poblaciones humanas desde el inicio biológico de las especies humanas.

En esta línea se sitúa Renfrew (2008) con su sapient paradox, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro sabio no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años, aunque ya se vislumbran claramente desde el inicio del Paleolítico superior), por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) dirigida sobre todo después del nacimiento por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas de nuestro cerebro, que se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del cerebro. La plasticidad neurológica y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje (conducta plenamente humana: enseñanza por otros miembros de la sociedad) y del lenguaje.


La influencia cultural es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral, tanto neurológica como psicológicamente. En este contexto, el lenguaje adquiere un papel predominante, tanto que sin él la humanidad no hubiera podido alcanzar este desarrollo cultural y simbólico. Es decir, el desarrollo de las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.

Se necesita la creación y uso de un modelo de desarrollo psicobiológico para el estudio de la cognición, conducta y simbolismo humano en el Paleolítico, lo que solo puede realizarse dentro de una interdisciplinariedad adecuadamente estructurada. Tal proceso se ha realizado dentro del Estructuralismo funcional, como método interdisciplinario de estudio de la conducta humana en todos sus periodos.







* Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55. 
* d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069. 
* Powell, A.; Shennan, S. y Thomas, M (2009): “Late Pleistocene demography and appearance of modern human behavior”. Science, 324, 1298-1301. 
* Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047 
* Trinkaus, E., Constantin, S., Zilhão, J. (Eds.), (2012): Life and Death at the Pes¸ tera cu Oase: A Setting for Modern Human Emergence in Europe. Oxford University Press, Oxford.

lunes, 3 de febrero de 2014

Teorías y métodos de la Arqueología cognitiva

La metodología en Arqueología constituye una parte de su teoría que menos interés despierta entre los que intentan comprender la realidad del pasado. Siempre se piensa que es importante, pero su estudio y desarrollo pocos atractivos parece tener, por lo que son pocos los interesados en ella. Sin embargo, su utilización es básica para la interpretación de los datos obtenidos en el registro arqueológico.

En la mayoría de las universidades constituye una asignatura más o menos importante, la cual, una vez superada, simplemente se olvida, admitiendo la dirección metodológica adoptada por la mayoría. Si muchos siguen una dirección teórica, será que tienen razón, y la tienen, pero dentro de su mundo particular que la Arqueología ha creado. Sin embargo, cuando salen de él, las poderosas razones se diluyen y entonces se toman dos caminos: o no se sale del camino clásico, o se ignora aquellas indicaciones de otras ciencias  (ajenas en teoría a la Arqueología), para seguir insistiendo en lo que casi todos están, dentro de su mundo, de acuerdo.

El desarrollo de la metodología intenta superar esta situación, obviada por la mayoría, pero que plantea un problema teórico que alguna vez habrá que afrontar. Actualmente, la dirección metodológica adoptada por la mayoría de los profesionales corresponde a la Nueva Arqueología. ¿Para qué ahondar más en sus posibles cometidos si casi todos están de acuerdo en su utilidad?

De siempre, la Arqueología ha tenido un fallo importante, totalmente comprensible por la limitación y relativa confusión que otras ciencias tenían respecto a los cometidos comunes con ella. Me refiero a la concepción del autor de los restos arqueológicos como mero sujeto adaptativo al medio en que vive, y no como sujeto activo (por sus cualidades psicobiológicas) en las alteraciones del medio con el que se relaciona. Evidentemente, las dos posturas van unidas, pero no se puede sobrevalorar una de ellas en detrimento de la otra. El estudio del sujeto activo pasa por la compresión del ser humano que lo constituye, y dentro del mundo humano la conducta se estudia a través de ciencias determinadas (Neurología, psicología, Lingüísticas, etc.). Pocos son los que intentan hacer una síntesis de todas estas fuentes de conocimiento sobre un objeto común: el ser humano en el pasado. La Nueva Arqueología lo simplifica todo, la adaptación es el principal camino de la evolución de las culturas humanas, lo que hasta cierto punto es cierto, pero se olvidan que toda adaptación estaría limitada por el grado de desarrollo cognitivo que pudieran tener los humanos de cada momento histórico.


El tener unas capacidades cognitivas no indica que se puedan usar siempre, hay que desarrollarlas. Muchos tenemos la capacidad de ser Arqueólogos, pero solo lo logran quienes desarrollan sus capacidades a través de medios adecuados, de forma continuada y con gran esfuerzo (estudios universitarios, prácticas, etc.). Las capacidades cognitivas no son sinónimos de realidades, hay que crear previamente un medio que permita su desarrollo, entonces es cuando se produce la adaptación y no antes. Desde la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) he procurado siempre analizar la metodología que ha marcado su existencia (Metodología de laArqueología cognitiva).


Arqueología cognitiva. Revista Portuguesa de Arqueología (2013)

En este contexto, he publicado un trabajo (Teorías y métodos de la ArqueologíaCognitiva) que puede leerse libremente en Internet. En este trabajo se ha analizado el panorama metodológico referente a la Arqueología cognitiva que existe en los medios arqueológicos. Explicando al final la metodología que ha significado mi trabajo principal: El Estructuralismo funcional. Su desarrollo por medios interdisciplinarios constituye una nueva vía de estudio de la conducta humana, analizada desde el conocimiento de la realidad psicobiológica humana y su adaptación s los diferentes medios en los que ha podido sobrevivir. 


Autores de Arqueología cognitiva en Internet

En este blog de Arqueología cognitiva he realizado diversas entradas sobre la metodología de esta disciplina y los principales autores que se ha dedicado a ella.


Igualmente, desde el blog de La nueva Ilustración Evolucionista, se han realizado entrevistas con diversos autores de la Arqueología cognitiva, lo que nos permite conocer de primera mano los argumentos de cada autor. Todos ellos disponibles en sus respectivas direcciones.

- Colin Renfrew (Pendiente de recibir las respuestas)

miércoles, 29 de enero de 2014

El sexo en el arte paleolítico

Desde el inicio de las representaciones gráficas del Paleolítico superior los temas relacionadas con los seres humanos siempre ha estado presentes, si bien no con la intensidad que puede verse con otros elementos gráficos como los animales o signos. Esta característica iconográfica aparece desde el Auriñaciense, continuando a lo largo del Paleolítico superior hasta que el cambio de clima destruyó un ecosistema y una forma de vida simbólica, para transformarla en otra (Epipaleolítico).

Si tenemos en cuenta a la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) como fuente de estudio del continuum evolutivo de la conducta humana, comprenderemos que las escuetas fuentes de conocimiento que los seres humanos del paleolítico pudieron tener (naturaleza y la sociedad con un incipiente desarrollo cognitivo de base simbólica) limitarían mucho los significados de las manifestaciones gráficas. Sólo es posible utilizar y representar aquello que ya es conocido (experiencia personal y social), o las conclusiones obtenidas de causas conocidas, es decir, los conceptos y las ideas que el contexto cultural y cognitivo del momento pudieran permitir. En este contexto, el registro arqueológico nos indica que las representaciones que se usaron fueron temas de su propio medio, por lo que su lista es limitada y concreta. Así, el espectro gráfico que conocemos estaría limitado a unos pocos grupos:

- Animales no peligrosos. Podrían estar relacionados con la logística de avituallamiento. También pueden ser causa de sus relaciones con un mundo que consideran el suyo, en el que conviven con todos los seres vivos y con los que desconocemos qué relación emocional y práctica pudieron tener.
- Animales peligrosos. Son los depredadores, productores de miedos conscientes e inconscientes en la especie humana.
- Figuras humanas (antropomorfos y teriántropos). Los antropomorfos representan a las figuras humanas en general. Los teriántropos o teriomorfos (humanos con cabeza de animal) parecen representar a una dualidad conceptual de difícil valoración. Podrían ser elementos intermedios de dos naturalezas (humana y animal), o de dos mundos reales pero diferentes (material e inmaterial).
- Los de carácter sexual representan a una de las motivaciones más importantes en la conducta humana: la sexual (falos, vulvas y figuras humanas sexuadas).
-Las manos con sus componentes sociales, personales y espirituales que pueden variar según su ubicación. Se relacionan con los seres humanos, pues son parte de ellos, y posiblemente correspondan a una representación gráfica de humanos en particular.
- Los signos son los más abundantes, de los que se supone que podrían estar relacionados con las figuras en general, pero sin certeza alguna.

Las manifestaciones sexuales (humanos sexuados, vulvas y falos) parecen ser una preocupación temprana para los autores de las muestras gráficas paleolíticas, pues están presentes desde el principio del arte paleolítico en el Auriñaciense (esculturas, grabados y pinturas). El desarrollo de la autoconciencia a losniveles del inicio del Paleolítico superior (dentro del continuum cultural y cognitivo humano) hace que se considere el sexo con una perspectiva más variada, estimulante e incluso que se llegue a interrelacionarse con las conductas espirituales paleolíticas al alcanzar el orgasmo, como parece desprenderse de variadas expresiones gráficas de teriántropos itifálicos.

Aunque las representaciones humanas son relativamente escasas, tenemos un importante muestrario de las expresiones sexuales en ellas. Efectivamente, en muchos de estos antropomorfos y teriántropos se muestran aspectos sexuales muy marcados. Ya sea un explicito dibujo o grabado en el sexo femenino (p. e: Cueva de Chauvet y Tito Bustillo), o una mayor representación del sexo masculino con excitación sexual (p. e: Tito Bustillo; La Peña de Candamo; Los Casares). Tanto es así que han creado una denominación precisa para tal situación: Antropomorfos o teriántropos itifálicos con su sexo eréctil, cuya interpretación puede tener diferente significado: ¿estimulación sexual, simple indicación del género o las dos a la vez?

Escena del pozo de Lascaux
La relación entre el sexo y las conductas humanas asociadas a los teriántropos parecen tener un peso específico. La existencia conjunta de estas dos manifestaciones en diversos lugares desde prácticamente su inicio, parecen indicar una relación que podríamos considerar como integrantes de un mismo proceso causal, pero sin poder determinar sus características (p. e. escena del pozo de Lascaux ).

En general, la intención de separar ciertas manifestaciones gráficas del área de hábitat, para un preciso fin no bien conocido, es una conducta social-simbólica que se inicia precozmente desde el Auriñaciense. Paralelamente, existen pinturas y grabados que coexisten con las zonas de habitación, pudiendo ser vistas continuamente por los miembros del grupo social, lo que parece que sería una consecuencia de su creación, es decir, ser vistas constantemente sin tener que desplazarse. El simple o complejo aislamiento (depende de lo alejado que se realice del hábitat) de la vista de la sociedad de algunas pinturas y grabados, junto con el tema representado, tendría un diferente significado simbólico. Su estudio se escapa de los ámbitos de este trabajo, pero que desde la Arqueología cognitiva se están realizando estudios para intentar su aclaración (Rivera yMenéndez, 2011).    

Manifestaciones sexuales del Paleolítico superior


A pesar de lo relativamente escaso que fueron las manifestaciones gráficas del Auriñaciense, las de carácter o relación con la sexualidad son lo suficientemente importantes como para demostrar la importancia que el sexo tenía en aquellas sociedades. En general, parecen tener una doble vertiente simbólica, aunque es posible que en algunos aspectos u ocasiones se junten para expresar con mayor exactitud lo que se quería representar. Me refiero a los temas claramente relacionados con el sexo con aspectos meramente sociales, y los relacionados con ciertas conductas que podríamos denominar como espirituales en el sentido que pudieran tener en el paleolítico (Rivera y Menéndez, 2011). Veremos de una forma general las diferentes manifestaciones sexuales que se han encontrado en este periodo.

Estatuillas femeninas
Venus de Willendorf
Son frecuentes encontrar estatuillas femeninas de bulto redondo desde Europa occidental hasta Siberia. Son las venus esteatopigias. Destacan la de Willendorf, Dolní-Věstonice y Moravany (Eslovaquia), Gargarino y Kostienki a lo largo de Europa. Las siberianas (orientales) (colecciones de Malta y Buret) presentan otro canon. Poseen cara y pueden ir vestidas, les falta la exageración de los atributos sexuales, con cabeza voluminosa (lo que las separa del modelo losángico de las occidentales), y tienen un orificio en las piernas como para colgar, lo que no existe en las occidentales. Todas se encuentran en el hábitat, las de este tipo se encuentran desde el Gravetiense hasta el final del Paleolítico superior. En general, se las relaciona con los caracteres maternales de la mujer. 
Venus de Dolní-Věstonice

Su conjunto parecen formar una unidad cultural paneuropea, pero no llegan a la Península Ibérica. En la Península Itálica se conocen las de la colección Grimaldi y la pieza de Savignano en el norte, y un par de ejemplares en Cueva de Veneri en el sur. En la cueva de Paglicci se han encontrado varias venus.

Estas estatuillas femeninas son de formato pequeño (10 cm) y sus particularidades propias del estilo de occidente. Las hay de marfil (Lespuge y Brassempouy), de limonita (Monpazier), esteatita amarilla (venus amarilla de Grimaldi) o verde (El polichinela, El rombo, El hermafrodita de Grimaldi). 

Venus de Lespuge

El mismo tema y similar tratamiento se aprecia en la figurillas de bulto redondo y bajorrelieve (Terme Pialat, Laussel y Pataud), aunque existen otras que se escapan del prototipo (Seruil y Tursac). El grupo de Laussel es muy especial, destacando la “Venus del cuerno” y “La mujer de la cabeza cuadrada”. Próximas a las anteriores se encontraron “La Venus de Berlín”, “El naipe” y “El cazador”, las cuales forman el conjunto escultórico de mayor antigüedad en una organización espacial compleja.con una clara atención a sus aspectos anatómicos sexuales o maternales.
Venus del cuerno

Venus de Hohle Fels. Descubrimiento en los niveles del Auriñaciense arcaico de una de las cuevas de Hohle Fels, de una estatuilla femenina fabricada en marfil de un colmillo de mamut. Su datación se sitúa sobre los 35.000 BP relacionándose con los Humanos Anatómicamente Modernos. La estatuilla se encontraba aproximadamente 3 metros por debajo de la superficie actual de la cueva, en una zona de unos 20 metros de la entrada de la misma.

Venus de Hohle Fels

Su existencia llama poderosamente la atención por ser la más antigua figura naturalista femenina que conocemos, así como por las características anatómicas que presenta. Destaca sobre todo la exageración de sus características sexuales (grandes senos, una gran ampliación de la vulva que se muestra muy explícita, y los muslos y vientre hinchados. Sin embargo, la cabeza es muy pequeña y presenta un agujero como si pudiera colgarse de él.

La manifestación de los caracteres sexuales de las estatuillas femeninas del Paleolítico, siempre se han relacionado con la fecundidad o maternidad, pues no cabe duda de que tal preocupación siempre ha sido de crucial importancia en las comunidades de cazadores recolectores. Sin embargo, las características particulares de esta estatuilla (exposición manifiesta de la vulva) parece que quieren indicar otra faceta igualmente importantísima entre los seres humanos de todas las épocas: la sexualidad. La nueva figura de Hohle Fels cambia radicalmente nuestra visión de los orígenes del arte paleolítico. Las imágenes de mujeres eran totalmente desconocidas. Con este descubrimiento, la noción de que las imágenes tridimensionales de mujeres empezaron a ser desarrolladas en el período Gravetiense puede ser rechazada.

Representaciones de falos masculinos

Son relativamente frecuentes, pero menos que las estatuillas. De los primeros tenemos un falo de piedra de unos 28.000 años de antigüedad en una cueva cerca de la localidad de Schelkingen (sur de Alemania).

Falo de Schelkingen
Igualmente se distribuyen a lo largo del Paleolítico superior y están relacionados con las áreas de hábitat.


Falos de La Madeleine, Blanchard y Castanet 
Las vulvas femeninas pintadas o gravadas

Vulvas de La Ferrassie

Vulvas femeninas esculpidas sobre rocas, como las del abrigo francés de Blanchard des Roches (Dordogne) o de La Ferrassie con grabados bien definidos. Son las vulvas femeninas que, aisladas o asociadas a animales, adornan cinco bloques. Su forma es variada, las ovaladas son más antiguas que las triangulares. 
Vulvas de Tito Bustillo

Las principales representaciones de vulvas se han localizado en el sur de Francia, en abrigos como los de: Blanchard des Roches (Sergeac), Castanett (Ser-geac), Cellier (Turne), Belcayre (Thonac), Fongal (Peyzac-le-Mous-tier), Le Poisson (Les Eyzies), La Ferraissie (Savignac de Miremont) y Laussel (Marquay). En España son destacables las vulvas de El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria) y Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias). En el este europeo sobresalen los «medallones» grabados en Kosoenki (Ucrania). Se han visto sus manifestaciones durante todo el Paleolítico superior.   

Antropomorfos sexuados     

Ya en el Auriñaciente tenemos ejemplos de este tipo de manifestaciones gráficas. Destacaré dos ejemplos.   

Tito Bustillo del 33 Ky. Dos figuras. Una femenina realizada con pigmento rojo. Su cabeza es redondeada, con la boca y los ojos abiertos, el tronco con un brazo hacia adelante, pechos pequeños, vulva y piernas, una línea curva sale de la boca. Pintado en una cara de una estalactita plana. Otra masculina con cabeza ovalada y la boca abierta, pecho y pene de dimensiones notorias. La cabeza tiene tres protuberancias cortas, dos de ellas a modo de cuernos. La parte posterior está muy marcada, como la piel de algún animal, como un bisonte. De la boca surge una línea curva, como una enorme lengua. Pintado en la otra cara de una estalactita plana.     
Figura femenina. Tito bustillo
Figura masculina. Tito Bustillo




Teriántropo de Chauvet

Cueva de Chauvet del 32/30 Ky Posible teriántropo femenino. Aparece tener el cuerpo inferior de una mujer con el cuerpo superior de un bisonte. Sexo femenino evidente. La figura es compleja y hasta cierto punto deforme para ser una sola figura. Podría se la composición de un acoplamiento sexual (bisonte masculino y parte inferior femenina), lo que estaría en consonancia con Tito Bustillo.


Se conocen diversas muestras de antropomorfos y teriántropos, sobre todo masculinos, con su sexo bien patente, se dan desde el Auriñáciense como ya se ha visto, hasta el final del Paleolítico superior. Veremos algunos ejemplos.

Tertántropo de Les Trois -Fréres







Grabado de Les Trois-Fréres en Ariège (Magdaleniense). Representa un teriántropo (Hombre-bisonte) muy hibridado, ya que tiene cabeza y cuerpo de bisonte y una pierna humana. Parece estar en reposo. Se aprecia ostensiblemente el pene erecto.


Cueva de los Casares
                                           
Escena sexual de la cueva de los Casares (Guadalajara), donde se aprecia claramente una escena de coito.
   
Conclusiones     

Las manifestaciones gráficas que hemos podido ver en este trabajo nos ofrecen una idea clara, la variedad de sus manifestaciones y la posibilidad de su diferente significado. Hay que separar ciertas manifestaciones gráficas del área de hábitat con otras ubicadas en áreas aisladas. Existen pinturas y grabados que coexisten con las zonas de habitación, pudiendo ser vistas continuamente por los miembros del grupo social, lo que parece que sería una consecuencia de su creación, es decir, ser vistas constantemente sin tener que desplazarse, para un preciso fin no bien conocido, pero que pueden asociarse a conductas sociales de carácter cotidiano. Paralelamente, otras muestras de arte situadas en lugares aislados reflejan otro tipo de simbolismo, que puede estar relacionado con las conductas de tipo espiritual iniciadas con el Auriñaciense, y que los teriántropos de este periodo son un claro exponente (Rivera y Menéndez, 2011).

Las muestras de sexo se reparten igualmente entre estas dos formas de simbolismo. Uno cotidiano (falos, vulvas y posiblemente algunas escenas de cavidades) que representa un sexo cotidiano, permanente y accesible. Otro, unido a los antropomorfos y teriántrofos itifálicos que une las situaciones sexuales (p. e. excitación y orgasmo) con las conductas que tuvieron lugar en la profundidad de las cuevas, lejos de las áreas de hábitat.

Igualmente, tampoco existe uniformidad temática y de significados a lo largo del Paleolítico superior. El periodo Auriñaciense-Gravetiense considerado como una unidad primigenia, en realidad puede significar la existencia de dos representaciones de conductas simbólicas diferentes. En este sentido el Auriñaciense europeo parece tener un simbolismo social-espiritual, el Gravetiense es cuando se inicia una conducta espiritual más estructurada que en el periodo anterior, aunque estilísticamente sus manifestaciones gráficas parecen ser constituir una sola unidad temática. Las venus gravetienses nada tienen que ver con las manifestaciones gráficas del Auriñaciense, este hecho más el creciente uso de los enterramientos claramente simbólicos, parece indicar la existencia de dos corrientes espirituales paralelas, que aparentemente no se juntan nunca. Las dos costumbres (gráficas en el interior de las cuevas, y las venus más los enterramientos) perduran hasta el comienzo del Epipaleolítico. Queda la pregunta ¿Realmente se unió en un conjunto de conductas con un nivel de organización que podría hablarse de religión? La respuesta es muy esquiva, pero creo que desde la Arqueología cognitiva (estructuralismo funcional) es posible disminuir la incertidumbre que nos presenta el simple análisis de los hechos del Paleolítico.