viernes, 4 de mayo de 2012

Evolución cultural. Metodología y formas de estudio II (comentarios)

El desarrollo de la Arqueología cognitiva, que precisamente trata de aclarar las cuestiones sobre la conducta humana, ha avanzado muy poco. En este campo, la mayoría de los procesualistas han desarrollado amplias teorías generales sobre la conducta humana (Donald, 1991; Renfrew, 1993; Noble y Davidson, 1996;Mithen, 1998), pero siempre han existido importantes problemas en la aplicación de sus conceptos generales a las particularidades contextuales de cada yacimiento, así como en la explicación de problemas arqueológicos concretos en sus aspectos del cómo y porqué de su producción en ese momento y lugar. Las críticas se centran en el aspecto un tanto especulativo de sus contenidos, así como cierta falta de objetividad al reflejar conceptos y formas de pensar del propio investigador. 

A los postprocesuales les es muy difícil realizar trabajos generales a partir de sus estudios contextuales, pues les falta una metodología que pueda compaginar ambos campos de aplicación, lo que ha limitado su desarrollo práctico y teórico en la Arqueología cognitiva.

El Estructuralismo siempre intentó realizar valoraciones generales (características procesuales) que poder aplicar a los datos particulares de cada yacimiento (valores postprocesuales), por medio de las propias características formales de su teoría, lo que puede ser interesante en el intento de estudiar objetivamente las realidades conductuales del pasado (Hernando, 1999). Sin embargo, como corriente metodológica pocas veces ha constituido una gran alternativa coherente y duradera en Arqueología. Primero, porque estudia temas muy variados sobre lingüística, gramática, psicología, etc., con una compleja relación entre sí, y de todos con la Arqueología. Segundo, por su principal problema que siempre ha sido el desconocimiento de las estructuras básicas y generales (psicológicas y neurológicas) que van a regular la conducta humana, así como sus características evolutivas y de su relación con el medio ambiente en el que viven.


Con los adecuados conocimientos psicobiológicos se puede desarrollar un modelo básico y común de todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura que pueden tener diferentes poblaciones humanas en un preciso tiempo y lugar. Lo único común de los seres humanos serían los factores estructurales propios de nuestro género, con las diferentes capacidades de cada especie humana. Las características de la conducta humana relacionadas con la Biología evolutiva, Neurología, Antropología social, Psicología, Lingüística y Sociología, debidamente interrelacionadas (interdisciplinariedad), ofrecen un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va ha desarrollar nuestro pensamiento y conducta, teniendo una base común en el género Homo. No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción cultural (económica, tecnológica, social y simbólica), sería distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. Su realización dependería de la interacción de múltiples factores, los cuales a su vez actúan con diferentes formas e intensidad. En definitiva, la percepción de la naturaleza (sentidos) y su procesamiento (sistema nervioso) son iguales para todos los componentes la misma especie, pero cada grupo humano iría creando una estructura social y personal diferente, dependiente de su propia complejidad socioeconómica, cultural y lingüística. El Estructuralismo, con un adecuado conocimiento psicobiológico, puede ser el método más adecuado en los estudios sobre el desarrollo cultural y cognitivo.

- Comentarios metodológicos
El trabajo publicado por Francesco d’Errico y Chris B. Stringer en el 2011 y que he reflejado en el anterior spot (Evolución cultural. Metodología y formas de estudio I), está muy en la línea de la Nueva Arqueología o Procesualismo. En esta metodológica la adaptación al medio ambiente (sobre todo las variaciones climáticas) y la demografía son los principales motores del desarrollo conductual. La hipótesis de la adaptación a las variaciones medioambientales como mecanismo de cambio cultural, obviando las características cognitivas y su influencia sobre este desarrollo conductual, siempre se ha realizado con estudios muy genéricas en el tiempo y espacio, poco correlacionados con épocas y lugares más restringidos y delimitados, por lo que presentan diversas discordancias arqueológicas.

Curiosamente, en el inicio de su trabajo exponen que la cuestión del origen de la conducta moderna es objeto de un animado debate entre diversas disciplinas (Primatología, Arqueología, Paleoantropología, Genética, Biología evolutiva, Psicología y Lingüística). La progresiva integración de los resultados de estas disciplinas permitiría a los investigadores indagar en las viejas preguntas acerca de quiénes somos y de dónde venimos, sobre nuevas bases. Es decir, expresan la utilización interdisciplinaria de estas ciencias, aunque en el trabajo se limiten a usar los datos exclusivamente arqueológicos, olvidándose de las aportaciones que estas ciencias ofrecen. Veremos algunas anomalías desde la Arqueología cognitiva, o desde una visión interdisciplinaria.

- Origen evolutivo y cultural de la conducta humana
La argumentación de que los prerrequisitos cognitivos del comportamiento humano moderno ya estaban en gran medida entre los antepasados de los neandertales y de los seres humanos modernos, y la afirmación de que son las necesidades adaptativas las que vas a promover la evolución cultural sobre unas capacidades cognitivas ya creadas evolutivamente, implica muchas consecuencias interdisciplinarias que no son tenidas en cuenta, pero que marcan las características del desarrollo cognitivo y cultural humano.

En esta línea se sitúa Renfrew (2008) con su sapient paradox, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro sabio no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años), por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) dirigida sobre todo después del nacimiento por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas de nuestro cerebro, que se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del cerebro. La plasticidad neurológica y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje (conducta plenamente humana: enseñanza por otros miembros de la sociedad).


- El papel de la demografía
Una serie de recientes estudios han analizado el papel de la demografía en el surgimiento y la pérdida de las innovaciones culturales. Se llega a la conclusión de que el número y tamaño de las poblaciones y el grado de interacción entre ellos son factores clave en el surgimiento, mantenimiento, propagación y la pérdida de las innovaciones culturales (Powell et al. 2009; Shennan, 2001). Especulan que el tamaño de las poblaciones de HAM en África podría haber alcanzado un umbral crítico sobre el 100 ka. Cuanto mayor es la densidad de población, mayores son los contactos entre los grupos, permitiendo la acumulación de innovaciones y evitando de manera significativa su desaparición. Así, el cambio cultural en la MSA se acelera y crece, pues su desarrollo era beneficioso para la supervivencia de los individuos y sus grupos. Esto inicia un mecanismo de retroalimentación, que conduce a un aumento adicional en densidad de población y de los contactos, repitiéndose sucesivamente. Sus resultados son importantes porque proporcionan una explicación de la emergencia o la pérdida de las innovaciones sin recurrir a los cambios mutacionales o especiación como causa.

Sin duda alguna el aumento de la interacción social entre los miembros del grupo y de todos estos con otros grupos, favorece el desarrollo cognitivo en varias facetas (autoconciencia y su ubicación espacial y temporal).

- Similitud cognitiva entre HAM y HN
Loa autores indican que en tal escenario, la "modernidad" y su "cultura acumulativa" es el producto final de una evolución cultural de características saltacionales en las poblaciones humanas que eran en gran medida cognitivamente modernas, y con independencia de su afiliación taxonómica.
Llegan a una conclusión que sin un adecuado fundamento fuerza los datos del registro arqueológico. Las poblaciones de HAM y HN tienen un ancestro común, pero que en él estuvieran ya todas los condiciones cognitivas para una conducta moderna y simbólica es mucho decir. Los datos que se necesitan para llegar a tal conclusión tienen diferente origen:

+ Biología evolutiva. Ambas poblaciones provienen de un ancestro común con una antigüedad que se ha calculado en unos 500 ka. Desde entonces se ha producido una evolución diferenciada en paralelo con sus propias características evolutivas, las cuales con toda seguridad no fueron exactamente iguales.

+ Tal evolución diferenciada dio lugar a unas formas anatómicas y neuroanatómicas (Bruner, Manzi y Arsuaga, 2003) claramente diferentes, sin poder precisar su importancia sobre el desarrollo conductual.

+ La única base de igualdad que podemos apreciar en estas poblaciones se basa en el análisis del registro arqueológico. En este contexto, se ha asimilado que la conducta simbólica y moderna de estos humanos (HAM y HN) era muy parecida (d’Errico et al. 2003), por lo que sus capacidades cognitivas fueron similares y las formas de desarrollo también. Naturalmente las posiciones evolutivas y anatómicas se ignoran, pues no aportan nada al estudio de la conducta y sólo son un estorbo a las conclusiones conductuales que han llegado.

Sin embargo, la propuesta similitud conductual, cuando nos referimos a zonas geográficas con abundante información, no se cumplen con las características que loas autores desearían. Esto pasa en el oeste de Europa durante la transición paleolítica. La forma de evolución en mosaico (Straus, 2005) es muy clara. Poblaciones de HN viven mayoritariamente en un Musteriense más o menos desarrollado, y sólo algunos neandertales (Chatelperoniense y Uluzziense) adquieren una tecnología claramente del Paleolítico Superior. Igualmente, sólo algunas poblaciones chatelperronienses y uluzzienses adquieren un claro comportamiento simbólico (adornos), todo ello a pesar de vivir en áreas geográficas muy próximas entre ellas (Rivera, 2009), donde sus condiciones climáticas y posiblemente demográficas serían muy similares. No parece que estas condiciones puedan por sí solas explicar todos los mecanismos de cambio cultural.

Los datos nos confirman la coexistencia de importantes diferencias culturales en el mundo del Neandertal (Musteriense más o menos evolucionado intercalado ente el Chatelperroniense y Uluzziense), las cuales convivieron varios milenios en lugares geográficos muy próximos, lo que es un claro exponente de una particular conducta de intercambio cultural y sociabilidad intergrupal, lo que siempre habrá que tener en cuenta al estudiar las características culturales del neandertal, tanto en sus propias poblaciones como en su comparación con las pautas conductuales desarrolladas por los HAM.

Incluso las conductas modernas del Chatelperroniense y Uluzziense, en su distribución geográfica relativamente bien delimitada, presentan suficientes diferencias tecnológicas y simbólicas como para afirmar no son culturas homogéneas. Así se observa en su pobreza en la Península Ibérica, la concentración de la tecnología ósea y de adornos en muy pocos yacimientos franceses, y a la mayor parquedad simbólica y variedad tecnológica italiana. Sólo algunos Chatelperronienses y Uluzzienses pudieron desarrollar comportamientos modernos. Existe una importante limitación en dos de los aspectos más importantes que definen a una cultura como moderna, es decir, de una conducta reflexiva y flexible en sus manifestaciones. Los adornos sólo se encuentran en 7 yacimientos, mientras que la tecnología ósea está restringida a tan sólo 12 yacimientos, del largo centenar que se conocen del Chatelperroniense, del Uluzziense y perduración del Musteriense. Estas escasas manifestaciones modernas indican que el Chatelperroniense y Uluzziense, en general, son unas culturas del Paleolítico Superior en el sentido cronológico y tecnológico (con su industria lítica). Sólo algunos pequeños núcleos presentaron totalmente las características modernas del último periodo Paleolítico.

- Conclusiones
Por tanto, la citación de los factores sociales y demográficos, provocados por el cambio climático, para explicar la aparición asincrónica, desaparición, y re-surgimiento de rasgos culturales modernos entre las poblaciones africanas "modernas" y "arcaicas" de Eurasia, es una condición necesaria pero insuficiente para explicar satisfactoriamente los mecanismos del cambio conductual.

La influencia cultural es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral, tanto neurológica como psicológicamente. En este contexto, el lenguaje adquiere un papel predominante, tanto que sin él la humanidad no hubiera podido alcanzar este desarrollo cultural y simbólico. Es decir, el desarrollo de las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.


* BRUNER, E.; MANZI, G. y ARSUAGA, J. L. (2003): Encephalization and allometric trajectories in the genus Homo: Evidence from the Neandertal and modern lineages. PNAS. 100, (26): 15335-15340.
* D´ERRICO, F.; HENSHILWOOD, CH.; LAWSON G.; VANHAEREN, M.; TILLIER, A. M.; SURESSI, M.; BRESSON, F.; MAUREILLE, B.; NOWELL, A.; LAKARRA, J.; BACKWELL, L. y JULIEN. M. (2003): Archaeological Evidence for the Emergence of Language, Symbolism, and Music–An Alternative Multidisciplinary Perspective. Journal of World Prehistory 17 (1): 1-70.
* DONALD, M. (1991): Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition. Harvard University.
* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
* MITHEN, S. (1998): Arqueología de la mente. Barcelona. Crítica.
* NOBLE, W. y DAVIDSON, I. (1996): Human Evolution, Language and Mind. Cambridge: Cambridge University Press.
* RENFREW, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
* RENFREW, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047
* RIVERA, A. (2009): “La transición del Paleolítico Medio al Superior: el Neandertal”. ArqueoWeb, vol. 11(1).
* SHENNAN, S. (2001): “Demography and Cultural Innovation: A Model and Its Implications for the Emergence of Modern Human Culture” .Cambridge Archaeology Journal. 11: 5-16.
* STRAUS, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67.