martes, 1 de junio de 2010

Lenguaje, pensamiento y conducta

En las numerosas culturas que han formado nuestra Historia el lenguaje ha sido considerado como una propiedad humana de características innatas y exclusivas de los seres humanos. Sería un don que los dioses nos habían concedido en el acto de la creación. Este concepto nace de la simple observación, pues ningún otro animal es capaz de producir los sonidos del lenguaje con las características de intencionalidad y comunicación social de lo que pensamos. La idea de innatismo se refuerza con el hecho de que aparentemente todos los niños comenzaran a hablar desde muy temprana edad, sin que se aprecie un claro proceso de enseñanza intencionada por parte de algún adulto. Parece que genéticamente estamos programados para hablar, usando una determinada lengua. Pero, si el lenguaje es una propiedad humana de carácter innato ¿cual sería la lengua que primero hablasen los niños? Esta pregunta que en la actualidad parece pueril, no lo fue tanto en siglos anteriores.

Así, no es raro que existan diversos documentos que reflejen inquietudes sobre el tipo de lenguaje que primero se manifestaría en los recién nacidos. En el siglo VII a. C., según cuenta Herodoto, el faraón Psamético se interesó en conocer cuál sería el lenguaje que tendrían los niños al nacer. Con el fin de aclarar este enigma mandó aislar dos recién nacidos hasta que se pudieran oír sus primeras palabras. Los primeros sonidos articulados, según cuentan los escribas del faraón, fueron realizados en la lengua frigia, concluyendo ingenuamente que esta lengua debería ser la primera que se hablara en la Tierra. Parece ser que no relacionaron este hecho con el lenguaje del cuidador de los niños, pues era casualmente el frigio. No cabe duda que se rompió el compromiso de no hablarles hasta que estos comenzaran a hablar, siendo el causante de la alteración de la experiencia. No obstante, la idea permaneció como flotando en el aire de los tiempos, volviendo a interesar a otros monarcas, como fue el caso de el Emperador de Alemania Federico II, quien en el siglo XIII se interesó por el mismo asunto: ¿cual sería la lengua natural de los recién nacidos? Para ello ordenó lo mismo que el faraón, mandó que un grupo de niños abandonados en un hospicio fuera entregado a unos cuidadores que, aleccionados expresamente, nunca podrían hablarles, ni hacer ningún ruido y gesto expresivo o afectuoso. No se pudo conocer cual sería la lengua primordial, pues todos los niños del experimento murieron antes de pronunciar sus primeras palabras, a pesar de los cuidados especiales que debieron de recibir.

La Humanidad siempre ha otorgado mucha importancia al lenguaje que usan sus componentes, tanto sobre su origen como de su desarrollo y diversificación. Tal interés se observa en los numerosos estudios que se desarrollaron a partir del siglo XVIII, en el que se produjeron acalorados debates sobre estos asuntos. Su complejidad y la aparente imposibilidad de llegar a un consenso, obligó a tomar decisiones drásticas en algunos foros de discusión. Tenemos el ejemplo de la Société de Linguistique de París, que en 1866 llegó a suspender los debates y prohibir la realización de nuevas publicaciones. Poco caso hicieron los interesados en el tema, era como poner vallas al campo, pues se continuaron realizando numerosos trabajos sobre el mismo problema. Realmente, dado el carácter curioso de nuestra especie, es poco práctico y real impedir trabajar sobre temas que despiertan un gran interés en determinados medios científicos y sociales.

El lenguaje es tan importante para los seres humanos que sin él no hubieran podido producirse las numerosas culturas que han jalonado la Historia humana. Pero su importancia no radica sólo en la expresión sonora de lo que pensamos, sino que su función social (siempre se habla entre varios) y del desarrollo cognitivo (emocional y racional) son tan fundamentales como la de comunicación. No obstante, estas características cognitivas del lenguaje no siempre se han conocido ni tenido en cuenta en la explicación de los hechos humanos.

Durante el siglo XX es cuando la ciencia comienza a observar que, con la falta de unas condiciones sociales con un mínimo de cualidades específicas para su desarrollo, la aparición del lenguaje, su riqueza de expresión y la normalidad cognitiva de los niños, estaban muy limitadas. Aunque hasta ese momento no se tuvieran concepciones claras sobre la dependencia del desarrollo lingüístico y psicológico de los niños con las condiciones afectivas y culturales del ambiente en el cual se criaban, fue entonces cuando se comenzó a comprender la naturaleza de tal relación. En el caso de abandono en los antiguos centros de acogida de niños pequeños (donde la privación afectiva o de trato mínimamente adecuado para su desarrollo producía un síndrome llamado genéricamente como Hospitalismo), se propiciaba su retraso mental a pesar de no existir causa neurológica ni aparentemente psicológica que justificase tal disminución de sus capacidades cognitivas. Se observaba además un elevadísimo índice de mortandad entre la población acogida en tales centros. El ambiente en el que viven los niños pequeños tiene una vital importancia para el desarrollo de un lenguaje, de sus facultades mentales, de la estabilidad emocional y, por tanto, de su supervivencia (cultura y cognición).

Como puede apreciarse, existe una intensa e interesante relación entre el pensamiento (capacidades cognitivas), el lenguaje y la conducta humana. Sobre la importancia de esta relación podemos establecer dos formas teóricas de pensamiento.

1 – Una sería la existencia de un pensamiento sin lenguaje, donde sólo existieran representaciones sensoriales, tales como imágenes o recuerdos de los diversos sentidos. Es como si nos viéramos realizando la acción que queremos imaginar. Fácilmente nos damos cuenta de la dificultad que se nos presenta en el momento de idear la representación de hechos abstractos (datos técnicos, fechas, cifras, sentimientos acciones articuladas en tiempo y espacio, etc.). La acción mental transcurre lentamente y a veces no llega al fin deseado, siendo además su transmisión a otros muy difícil de realizar, al carecer de un sistema simbólico de comunicación. Sin duda puede existir un pensamiento sin lenguaje, pero limitado en su funcionalidad a los conocimientos adquiridos por la propia experiencia y por otros medios no lingüísticos. La realidad es que la ausencia de un lenguaje limitaría enormemente la transmisión de cualquier idea, siendo imposible en muchos casos. Además, este proceso puede realizarse con las características que cualquier ser humano posee gracias a que, con anterioridad (toda su infancia y juventud), su pensamiento se hizo abstracto en función de su aprendizaje (social, académico, tecnológico, etc.) fundamentalmente lingüístico (sonoro, visual y escrito).

2 - En la segunda consideraremos la existencia de un lenguaje relacionado con el pensamiento. El pensamiento utiliza el tipo de lenguaje que usamos normalmente, con las mismas directrices léxico/gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva emergente, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al., 1992: 228-230; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920: 192). Igualmente, la transmisión de pensamientos abstractos es muy fácil, al usar el simbolismo que el lenguaje nos permite.

Parece claro que, aunque los humanos pueden utilizar las dos formas de pensamiento; la usada normalmente es la segunda. Incluso las dos a la vez.

Relación entre lenguaje y conducta

La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico de maduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al., 1992: 230; Vygotsky, 1920: 190-192).

Lo que pasa con los aspectos racionales tiene un proceso emocional que estaría íntimamente ligado de ellos. Cualquier proceso cognitivo tiene asociada una correlación emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

Estas ideas constituyen el fundamento fisiológico que justifica la necesidad de que los niños se críen en un ambiente mínimamente afectuoso, y con una comunicación lingüística (sonora o gesticular) aceptable. Si esta situación no se produce, no sólo no aprenden un lenguaje, o lo hacen de forma muy limitada, sino que no adquieren las abstracciones adecuadas para una correcta forma de pensamiento, conducta y afectividad humana. Tal es el caso de los llamados niños lobo, de la ya mencionada privación afectiva que se observa en el síndrome denominado como Hospitalismo, y de todos los niños que, por una causa u otra, se desarrollan alejados de una correcta interacción afectiva y lingüística.

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Las funciones del lenguaje además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992: 127-229).

¿Cómo se relacionan estas ideas con la Prehistoria?

La relación es fácil de indicar. Si el niño principalmente aprende los conceptos abstractos y el simbolismo de la sociedad en la que vive por medio del lenguaje, es imprescindible que éste exista. Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. Pero no sólo en su aspecto sonoro o gestual (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

El Paleolítico fue el periodo en el que se formó evolutivamente el ser humano moderno (con sus capacidades cognitivas) y se crearon las condiciones medioambientales necesarias para su desarrollo. En este sentido, los útiles y conductas que vemos en los yacimientos arqueológicos son la manifestación externa del desarrollo cognitivo que alcanzaron sus creadores. Para la Arqueología cognitiva la evolución tecnológica (lítica y ósea) es sólo una manifestación de la conducta humana, pero no siempre es la más importante (aunque si la más abundante). Si lo más característico de la conducta humana moderna es el simbolismo que conlleva, los indicios (conductas, adornos, objetos, grabados, pinturas, etc.) de esta cualidad humana sería los que nos pueden ofrecer mayor información sobre lo más trascendente de la evolución cognitiva y conductual de los seres humanos: la conducta simbólica.

Pero, para estudiar el simbolismo hay que tener unos medios teóricos adecuados, lo que la Arqueología cognitiva está tratando de plantear en la actualidad.

* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
* Mercier, N. (2001): Palabras y mentes. Paidós. Barcelona.
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.

domingo, 23 de mayo de 2010

Bacho Kiro II (interpretaciones)

La información arqueológica obtenida es lo suficientemente amplia como para poder obtener una visión general de lo acontecido en el yacimiento durante la transición paleolítica. Entre estos datos, lo que más ha sorprendido a los excavadores del yacimiento, y así lo exponen en su memoria, es el importante cambio cultural que se observa en el nivel inmediatamente superior al último musteriense (12). Tanto es así que especifican la existencia de un “corte” (coupure) que parece indicar una ruptura o cambio brusco cultural, más que la existencia de un estrato estéril que los separe. Lo denominan hiatus arqueológico (Kozlowski, 1982; Desbrosse y Kozlowski, 1988; Djindjian, Kozłowski y Otte, 1999). Los datos arqueológicos del nivel 11 se adjudicaron a una cultura denominada Bachokiriense, que es asimilada por unos a un Auriñaciense inicial (HAM), y por otros a un desarrollo local del Musteriense (neandertales). La comparación de los niveles arqueológicos del Musteriense y del Bachokiriense da la imagen de dos mundos culturales diferentes cuyas prácticamente abarcan todos los aspectos culturales que van a caracterizar a los niveles arqueológicos y a los tecnocomplejos con los que se relacionan.

* Musteriense. Los niveles musterienses (12-14) presentan unos patrones tecnológicos, tipológicos y de materias primas que se encuentran dentro de lo característico del Musteriense. Hay que destacar el alto índice de la técnica Levallois del nivel 13, la lejana importación del sílex (100 Km), aunque sólo se aplique a un 13 % de los útiles, y la continuación mayoritaria del uso de las piedras volcánicas locales (Gamble, 1990).

* Bachokiriense. Presenta unas características arqueológicas muy definidas, y claramente diferentes a las del nivel inferior (12. Musteriense):
- Tipología lítica. Importante proliferación de útiles del Paleolítico Superior (raspadores de variado tipo, buriles, puntas Font-Yves y extremos de hojas retocadas). Es cierto que algunos de estos útiles ya se conocían en el Musteriense (láminas, buriles), pero su porcentaje es muy superior en el Paleolítico Superior, lo que indica cambio de conducta en relación con alguna tecnología para lo que estas herramientas serían más prácticas (posiblemente el trabajo de materias orgánicas). Los elementos musterienses son muy escasos (sustrato), pero ponen en relevancia el posible origen evolutivo de esta nueva tecnología. Estaría compuesto por raederas y puntas musterienses.
- Características tecnológicas. Tecnología laminar. Uso del martillo duro más frecuente. Las laminillas son marginales. Levallois en útiles del sustrato (1%)..
- Adornos. Inicio de la clara presencia de adornos realizados con materias orgánicas (2 dientes), para lo cual es necesario una tecnología más adecuada (láminas, buriles, etc.).
- Materias primas. Mayor uso del sílex (58%), que se importado desde zonas geográficas muy lejanas (100-200 Km). Materiales orgánicos (dientes perforados).
- En conclusión es importante resaltar el inicio de conductas nuevas o más desarrolladas que en el Musteriense: adornos (simbolismo social o/y personal); importación de materias primas lejanas y en mucha mayor proporción; inicio de tecnología ósea (perforación de dientes).

Interpretaciones
Tema ya tratado en general en anteriores post (Auriñaciense).

* Origen atribuido a los HAM, los cuales provenientes de África, llevaron los cambios culturales (Auriñaciense) a nuestro continente. El Bachokiriense se asoció al Auriñaciense por su semejanza tecnológica, aunque carece de algunas de sus características vistas en Europa (Rigaud y Lucas, 2006). El Auriñaciense se formaría fuera de Europa, llegando al continente de forma ya desarrollada, lo que como es lógico no es un hecho ni demostrado ni objetivo, pues es una simple suposición que se desprende de la teoría general del “Out of Africa”.

*Origen de los Neandertales. Para realizar tal atribución se propuso una crítica tecnológica sobre los datos del yacimiento. El nivel donde comienza el Bachokiriense es el 11 (38.500 BP) situándose por encima del Musteriense. Éste no sería Auriñaciense, pues los conjuntos son pobres, sin laminitas Dufour ni raspadores carenados. Algunas láminas con finos retoques pueden estar relacionadas con el Auriñaciense, por lo que sería un nivel “auriñacoide”. La parte superior del nivel 11 sería el límite inferior del Auriñaciense local (D´Errico et al. 1998). La crítica se centra en los aspectos tecnológicos y en la concepción de que el Auriñaciense debió de introducirse en Europa configurado con los componentes más definitorios de esta tecnología (laminas, raspadores carenados y en hocico típicos, laminitas Dufour, retoque auriñaciense, etc.).

Las dos teorías ofrecen un paradigma difusionista para el origen del Auriñaciense. En este sentido, habría que buscar un lugar de origen en el que se observen estratigrafías claras y evidentes de la creación y evolución tecnológica. Dicha zona sería el origen y de foco de expansión a los diversos lugares en los que existan yacimientos con restos de estas culturas. La realidad es que, tanto en Asia como en Europa no conocemos ninguna zona geográfica que nos ofrezca pautas de este desarrollo tecnológico y cultural, con la suficiente claridad como para poder asumir que pudo corresponder al centro o a uno de sus centros de origen.

La atribución paleontológica no puede realizarse, por la falta de fósiles claros que indicasen a que población pertenecieron sus autores. El subnivel IV (nivel 11) se ha encontrado un fósil antiguo (fragmento del cuerpo mandibular izquierdo con un molar de leche), está asociado a al industria del lugar, parece ser de un HAM, pero al existir otros restos en el nivel 6 (otro fragmento mandibular, un fragmento de parietal y cuatro dientes aislados) puede discutirse la correcta ubicación, o que pertenecen al Neandertal (Churchil y Smith, 2000; Mellars, 2004).

*Arqueología cognitiva. La perspectiva de estudio de esta metodología se centra más en los cambios y desarrollos conductuales que en los propios datos obtenidos de los yacimientos. Naturalmente, toda observación conductual sólo puede realizarse a partir de la información arqueológica. Es decir, es una interpretación metodológica de los datos arqueológicos.

En general, lo que se aprecia es un importantísimo cambio conductual, que queda reflejado en la existencia de los adornos (simbolismo social o/y personal), importación de materias primas lejanas y en mucha mayor proporción (mayor organización y relaciones sociales), inicio de tecnología ósea (perforación de dientes), desarrollo laminar y tipologías de morfología auriñaciense. Estos cambios se producen en función de las siguientes características conductuales:

- Hay que admitir con todas sus consecuencias el continuum cultural que existe tras toda evolución conductual. En realidad, lo que estamos tratando de comprender es la variación cultural de las poblaciones humanas, las cuales dan un salto fundamental con el desarrollo del simbolismo en su conducta. Así, asimilar el inicio y desarrollo del Auriñaciense dentro de este continuum de la transición paleolítica, es ver cómo culturas con un simbolismo primitivo, inconsciente y no representativo (prácticamente limitado a su lenguaje) se transformaron en conductas regidas por el simbolismo. En este sentido, puede que su origen sea la consecuencia de un proceso de mayor amplitud espacial (más que una precisa zona geográfica) e incluso de mayor duración temporal, abarcando todo el tiempo que se considera la transición del Paleolítico Medio al Superior. En tal proceso es donde vemos una serie de estados intermedios, en los que vemos la perduración de los elementos musterienses del sustrato, junto con elementos auriñacienses más o menos desarrollados.

- La creación de toda cultura corresponde a un proceso de desarrollo cognitivo (capacidades cognitivas emergentes), motivado por diversas causas, que siempre hay que analizar. Todo proceso de evolución cultural se produciría en un período de tiempo y en unas zonas geográficas cuya duración y amplitud es necesario determinar. Dentro de este espacio geográfico (Europa) y tiempo de realización (periodo transicional) los factores socioculturales, demográficos y medioambientales serían los que influyeron sobre las capacidades cognitivas aún no desarrolladas con plenitud en los HAM, favoreciendo la creación de nuevas conductas caracterizadas por la reflexividad y flexibilidad propias de la conducta moderna o simbólica. La causa de tal desarrollo se centra en la adquisición del concepto de la individualidad social y personal, con un nivel lo suficientemente alto como para poder desarrollar un razonamiento reflexivo capaz de crear altos niveles de autoconciencia y de un lenguaje simbólico. El uso de un lenguaje con estas características permitiría la transmisión y adquisición generacional de tales propiedades.

- Las diferencias del nivel Musteriense (12) y del Bachokiriense (11) son de tal calibre que fue calificado por los autores de la excavación como de hiatus arqueológico. Tal diferencia corresponde con lo que se ha denominado como nichos cognitivos diferentes, indicando la diferencia de desarrollo cognitivo que existía entre las poblaciones que generaron estos estratos arqueológicos. Estas diferencias las podemos ver resumidas en el siguiente cuadro:


Conclusiones

En la mayoría de los trabajos de Prehistoria alcanzar la certeza sobre cualquier hecho es una meta que muy pocas veces se logra, por lo que tenemos que contentarnos con un nivel de certeza aceptable. Este nivel estaría marcado por los fundamentos que acompañan, sustentan y configuran cualquier teoría. En este sentido, creo que la Arqueología cognitiva explica y fundamenta mejor los cambios culturales y cognitivos que acontecieron en tan interesante y problemático periodo.

Tanto neandertales como HAM (seres humanos con unas determinadas capacidades cognitivas) necesitaban de unas condiciones medioambientales para su desarrollo cognitivo, y hasta que éstas no alcanzasen los niveles necesarios tales desarrollos cognitivos y culturales no pudieron darse. Como es lógico, los cambios del medio ambiente necesitaron un tiempo, mientras estos se fueron produciendo aparecieron diversos estadios intermedios que, en conjunto configurarían el continuum cultural (heterogéneo en tiempo y espacio de producción: evolución en mosaico) propio de todas las evoluciones culturales, tanto del Auriñaciense como del Chatelperroniense. Curiosamente, el registro arqueológico muestra datos que avalan tal forma de desarrollo cultural.

Con respecto al yacimiento que analizamos lo que más resalta arqueológicamente es la total ausencia de ese continuum cultural, apreciándose dos nichos cognitivos muy diferentes, dando la impresión de que pertenecen a dos realidades históricas diferentes. Opinar que el Bachokiriense es una cultura que, en función de los elementos de sustrato (musteriense), parece evolucionar de él no es descabellado, sino coherente dentro de la realidad evolutiva humana (cultural y cognitiva). Pero, afirmar que ha evolucionado del musteriense local, con el que tan poca relación tiene y que, por supuesto, no existe una relación de continuidad que justifique el proceso, parece muy aventurado y subjetivo.

Igualmente, asociar estos tipos de yacimientos (L´Arbreda, El Castillo, Trou Magrite, Geissenklösterle, Willendorf II, Istallöskö, Temnata, Bacho Kiro, etc.) en sus niveles de transición con un proceso evolutivo del musteriense local, o rechazarlos por que estaban más excavados, estudiados o datados, creo que es caer en los mismos errores de subjetividad que podría tener la teoría de “Out de Africa” (la objetividad del Chatelperoniense). Es decir, de una teoría general poco sustentada y fundamentada se deducen conclusiones parciales muy discutibles, pero que se defienden como si estuvieran totalmente demostradas, lo que no es cierto. Además, al afirmar que el Auriñaciense llego a Europa ya formado sobre el 36500 BP, por lo que cualquier dato arqueológico con fecha anterior que encontremos pertenece a los neandertales, es otra generalidad que, en vez de solucionar problemas, los cambia de sentido y los aumenta, pues ¿dónde se sitúa el continuum cultural y cognitivo del Auriñaciense? Parece ser que se formó espontáneamente, o lo aprendieron de los neandertales. Difícil tesitura la de estos neandertales tan avanzados y sociales con los HAM, aunque con sus compañeros de hábitat europeo no lo fueron tanto. Sólo hay que ver cómo la mayoría de los neandertales se extinguieron con formas culturales del Musteriense, perduraron culturalmente con esta conducta y, sólo, unos pocos desarrollaron formas conductuales simbólicas (Chatelperroniense y Uluzziense, y los escasos yacimientos transicionales que se atribuyen como propios), y esto con poblaciones vecinas de neandertales que perduraban en el más tradicional Musteriense (el simbolismo del Chatelperroniense).

Puede que uno de los problemas es que aún se piensa es la exclusividad tecnológica como característica del Paleolítico Superior, y no en los aspectos simbólicos y de conductas reflexivas y flexibles que propugna la Arqueología cognitiva.Como es lógico, que cada cual que elija la teoría que más le parezca cierta, pero que si quiere superar la subjetividad propia de nuestro pensamiento y condición humana, que intente buscar soluciones a todos los problemas que aparecen en el panorama global de la transición paleolítica. Sin embargo, en este intento hay que abandonar la escueta visión de la tecnología, e intentar comprender los procesos que los seres humanos del momento (neandertales y HAM) tuvieron que realizar para logra el desarrollo cultural y cognitivo que significó el Paleolítico Superior.
  
Bibliografía.
- Churchill, S.E. y Smith, F.H. (2000:. Makers of the Early Aurignacian of Europe. Yearbook of Physical Anthropology 43: 61-115.
- D'Errico, F.; Zilhao, J.; Julien, M.; Baffier, D. y Pelegrin, J. (1998): “Neanderthal acculturation in western Europe? A critical review of the evidence and its interpretation”. Current Anthropology, 39 (supl.): 1-44.
- Desbrosse, R. y Kozlowski, J. (1988): Hommes et climats a l´âge du mammouth, Paléolithique Supérieur d´Eurasie Centrale. Masson. Paris.
- Djindjian, F.; Kozłowski, J. y Otte, M. (1999): Le Paléolithique supérieur en Europe. Armand Colin. Paris.
- Gamble, c. (1990): El poblamiento paleolítico de Europa. Crítica. Barcelona.
- Kozlowski, J.K. (ed.) (1982): Excavation in the Bacho Kiro cave, Bulgaria (Final Report). Paristwowe Wydarunictwo, Naukowe, Varsovia.
- Mellars, P. (2004): Neanderthals and the modern human colonization of Europe. Nature, vol 432, 25: 461.
- Rigaud, J. PH. y Lucas, G. (2006): The first Aurignacian technocomplexes in Europe: a revision of the Bachokirian. En Towards a definition of the Aurignacian. Proceedings of the Symposium held in Lisbon, Portugal. Ofer Bar-Yosef, João Zilhão(eds.) Trabalhos de Arqueología, Vol. 45: 277-284. 

domingo, 16 de mayo de 2010

Bacho Kiro I (datos arqueológicos)

En el estudio del periodo transicional europeo existe una importante controversia, en la que la subjetividad parece tener cierta importancia a la hora de sacar conclusiones sobre su atribución poblacional. El problema reside en la aportación que pudieron tener sobre el origen del inicio del Paleolítico Superior europeo los HAM y los neandertales. Dependiendo de las actuales líneas teóricas la autoría de los yacimientos con niveles de este periodo se atribuyen a una u otra población, pero con una argumentación no muy bien fundamentada. Las razones que aportan en su decisión son meramente arqueológicas, pues las paleontológicas apenas existen (falta de restos óseos), no pudiendo concretar que población originó estos controvertidos yacimientos. Como ejemplo de tal controversia voy a exponer un breve análisis de un yacimiento clave para la comprensión de este problema: Bacho Kiro. Está basado en la información que aportan diversos trabajos, tanto los más cercanos al periodo de excavación como recientes.

Generalidades: Se trata de un yacimiento situado en Drianovo (Bulgaria), fue excavado por Kozlowski en 1982, siendo atribuido en un principio a una cultura característica del momento y lugar: Bachokiriense. Su atribución poblacional pasa por ambos extremos del panorama arqueológico europeo. Se asoció al Auriñaciense por su semejanza tecnológica, aunque carece de algunas de sus características vistas en Europa (Rigaud y Lucas, 2006). Otros lo atribuyen a los neandertales, por medio de una crítica tecnológica. El nivel donde comienza tal cultura es el 11 (38.500 BP) situándose encima del Musteriense. Éste no sería Auriñaciense, pues los conjuntos son pobres, sin laminitas Dufour ni raspadores carenados. Algunas láminas con finos retoque pueden estar relacionadas con el Auriñaciense, por lo que sería un nivel “auriñacoide”. La parte superior del nivel 11 sería el límite inferior del Auriñaciense local (D´Errico et al. 1998).

Estas interpretaciones se ajustan a las dos teorías que en la actualidad existen sobre el inicio del Paleolítico Superior en Europa. Para unos fueron los HAM los que, provenientes de África, llevaron los cambios culturales a nuestro continente. Mientras que para otros fueron los neandertales los que a partir de un desarrollo local consiguieron las formas culturales del Paleolítico Superior, con anterioridad a la llegada de los HAM.

Cuando se leen artículos de cada tendencia teórica parece que ambos pueden tener razón, lo que como es lógico no puede ser cierto. Esto obliga a abordar el problema intentando interpretar los datos con la mayor objetividad posible, lo que puede que nos impida llegar a conclusiones en uno u otro sentido, por lo menos en sentido más tradicional de la Arqueología.

Estratigrafía, dataciones y climatología: Presenta una estratigrafía de tres metros de espesor, dividida en 14 niveles. Los autores que la han estudiado se interesan más por los niveles de la transición paleolítica (Musteriense final, Bachokiriense y Auriñaciense), por lo que a veces sólo muestran parte de su estratigrafía.

A.- (Desbrosse y Kozlowski, 1988). La excavación originaria es la de (Kozlowski, 1982), donde se señala como Musterienses a los niveles 11a, 12, 13, 13h. Los cuales tienen un “corte” (coupure) que parece indicar una ruptura o cambio brusco cultural, más que la existencia de un estrato estéril que los separe.

B.- (Djindjian, Kozłowski y Otte, 1999). Indican que un importante hiatus separa los niveles musterienses (14-12) de los auriñacienses (11-4). Sólo indican la estratigrafía Auriñaciense.


C.- (Djindjian, Kozlowski y Bazile, 2003). Ofrecen una estratigrafía junto con datos climatológicos y cronológicos.

Consideraciones estratigráficas y tecnológicas de los niveles musterienses y Bachokiriense:
* Musteriense. Niveles 12-14 con dataciones >47.000 BP. El N 13 es un Musteriense típico con poco uso de la técnica Levallois. Pero el siguiente (12-13) tienen un alto índice levallois (Gamble, 1990).
Materias primas: se usaron rocas volcánicas locales (67-80%. Gamble, 1990:360), para los útiles retocados se utilizó sílex (13%), material situado a 100 Km. del yacimiento (Gamble, 1990: 305, 307).
* Bachokiriense con el nivel 11. Este tiene un espesor de 354-380 cm, por lo que está subdividido en cuatro subniveles (I, II, II y IV). Tenemos varias dataciones, una por el método C-14 tradicional >43.000 BP, y otras por C 14 AMS con fechas de 38.500 BP (n. 11-IV) y entre 37.600-34.800 BP. (n. 11-II) Templado / húmedo (Kozlowski, 2006; Djindjian, Kozłowski y Bazile, 2003).
El subnivel IV es el más profundo (356-357 cm). En él se ha encontrado un fósil más antiguo (fragmento del cuerpo mandibular izquierdo con un molar de leche), esta asociado a al industria del lugar, parece ser de un HAM, pero al existir otros restos en el nivel 6 (otro fragmento mandibular, un fragmento de parietal y cuatro dientes aislados) puede discutirse la correcta ubicación, o que pertenecen al Neandertal (Churchil y Smith, 2000; Mellars, 2004).
Las grandes diferencias tecnológicas y tipológicas han sugerido la existencia de un importante hiatus cultural entre el PM-PS (Kozlowski, 1982; Desbrosse y Kozlowski, 1988; Djindjian, Kozłowski y Otte, 1999). 
Tercnología: 
* (Desbrosse y Kozlowski, 1988), Trabaja sobre la primera estrarigrafía. Sólo hay tecnología lítica, pues hay ausencia de la ósea (Gamble, 1990: 215), salvo los dientes perforados del n. 11. En el nivel 9 existen puntas de base hendida, pero ya es Auriñaciense.      
        Láminas retocadas predominantes (40,92%). 
        Predominio raspadores (13,04%).
        Lascas retocadas (13, 79%).
        Buriles (4,34%). 
       Troncaduras retocadas (4,79%).
Piezas astilladas (9,29%).
Las características auriñacienses de estos conjuntos se limitan a retoques auriñacienses de algunas láminas, presencia de raspadores en hocico (típicos y no típicos), algunas puntas de Font-Yves y finas laminillas retocadas que recuerdan a las llamadas Dufour (1,53%).
* (Djindjian, Kozłowski y Bazile, 2003).
En materia prima (mucho mayor uso del sílex importado).
Tecnología laminar que sustituye a la levallois del Paleolítico Medio.
Tipología (predominan los raspadores incluyendo los de hocico, y láminas retocadas. Djindjian, Kozłowski y Otte, 1999). Pocos elementos de sustrato (raederas y puntas musterienses menos del 1%. Desbrosse y Kozlowski, 1988). Se aprecia una ruptura total con los elementos musterienses (Djindjian, Kozłowski y Otte, 1999; Gamble, 1990: 215)
* (Rigaud y Lucas, 2006) Una reciente revisión ofrece una visión más limitada:
- Raspadores en extremo, algunos sobre hojas de retoque auriñaciense.
       - Raspadores en extremo carenados y atípicamente elevados.
        - Raspadores “no tan típicos” en hocico.
- Cuatro puntas distales de Font-Yves (similares a las de Dufour).
         - Ausencia de hojitas Dufour
         - A veces hojas con retoques auriñacienses (N. 9).
- Materias primas la inmensa mayoría de sílex importado (100-200 Km) (Gamble, 1990: 360).
- Tecnología laminar, predominio de percutor duro (Rigaud y Lucas, 2006).
- Pocos elementos de sustrato (raederas y puntas musterienses), no pasan del 1 % del total. Tecnología Levallois.
- Materias primas. 53 % es sílex de lugares que oscilan entre 10-120 Km., pues no existe en el lecho del río cercano a la cueva. Hay bloques de pedernal de 5-7 kg. Otros: basalto, cuarcita, pizarras y areniscas (Rigaud y Lucas, 2006).
Sus conjuntos líticos del PS están exclusivamente hechos de sílex importado de áreas situadas entre 100 y 200km en el este y oeste del yacimiento (Kozlowski, 1982: 159).
- Adornos. Varios dientes perforados como para colgar (nivel 11)
- Tecnología ósea, solo los dientes perforados en el nivel 11. En el nivel 9 existen puntas de base hendida.
En el siguiente cuadro podemos ver un ejemplo de su tecnología. Las interpretaciones las expondré en el próximo post.


* Churchill, S.E. y Smith, F.H. (2000:. Makers of the Early Aurignacian of Europe. Yearbook of Physical Anthropology 43: 61-115.
* D'Errico, F.; Zilhao, J.; Julien, M.; Baffier, D. y Pelegrin, J. (1998): “Neanderthal acculturation in western Europe? A critical review of the evidence and its interpretation”. Current Anthropology, 39 (supl.): 1-44.
* Desbrosse, R. y Kozlowski, J. (1988): Hommes et climats a l´âge du mammouth, Paléolithique Supérieur d´Eurasie Centrale. Masson. Paris.
* Djindjian, F.; Kozłowski, J. y Otte, M. (1999): Le Paléolithique supérieur en Europe. Armand Colin. Paris.   
Djindjian, F.; Kozłowski, J. y Bazile, B. (2003): Europe during the early Upper Paleolithic (40 000-30 000 BP): a synthesis. En J. Zilhão y  Fr. d’Errico (éd.), The Crhonology of the Aurignacian and of the Transitional Technocomplexes. Dating, Stratigraphies, Cultural Implications, Actes du Colloque 6.1. du XIVe Congrès international de l’UISPP (2001), Lisbonne, Institut Portugais d’Archéologie. Trabalhos de Arqueologia, Vol. 33: 19-27.
* Gamble, c. (1990): El poblamiento paleolítico de Europa. Crítica. Barcelona.
* Kozlowski, J.K. (ed.) (1982): Excavation in the Bacho Kiro cave, Bulgaria (Final Report). Paristwowe Wydarunictwo, Naukowe, Varsovia.
* Kozlowski, J.K. (2006): A dynamic view of Aurignacian technology. En Towards a definition of the Aurignacian. Proceedings of the Symposium held in Lisbon, Portugal. Ofer Bar-Yosef, João Zilhão(eds.) Vol. 45: 21-34.
* Mellars, P. (2004): Neanderthals and the modern human colonization of Europe. Nature, vol 432, 25: 461.
Otte, M. y Kozlowski, J.K. (2003): Constitution of the Aurignacian through Eurasia. En J. Zilhão y  Fr. d’Errico (éd.), The Crhonology of the Aurignacian and of the Transitional Technocomplexes. Dating, Stratigraphies, Cultural Implications, Actes du Colloque 6.1. du XIVe Congrès international de l’UISPP (2001), Lisbonne, Institut Portugais d’Archéologie. Trabalhos de Arqueologia, Vol. 33: 19-27.
* Rigaud, J. PH. y Lucas, G. (2006): The first Aurignacian technocomplexes in Europe: a revision of the Bachokirian. En Towards a definition of the Aurignacian. Proceedings of the Symposium held in Lisbon, Portugal. Ofer Bar-Yosef, João Zilhão (eds.) Trabalhos de Arqueología, Vol. 45: 277-284.

viernes, 7 de mayo de 2010

Hibridación entre neandertales y cromañones

La publicación de un primer borrador del genoma del Neandertal (60% de su ADN) en la revista Science, parece haber respondido a la expectativa que tal avance científico presuponía. Con independencia del importante avance tecnológico que supone el estudio del ADN fósil, los resultados pueden aclarar algunos problemas que desde siempre han estado presentes dentro de los estudios paleontológicos y prehistóricos.   


La respuesta social ha sido rápida e intensa, siendo noticia importante en la prensa tanto escrita como en Internet. Aunque aún es pronto para conocer todos sus resultados, las primeras conclusiones han aportado datos muy reveladores sobre la posible relación biológica de las dos poblaciones. De la discutida posibilidad de hibridación podemos pasar a la certeza de su posibilidad, lo que en un medio tan parco en datos (el paleolítico en general) representa un dato paleontológico (con posibles repercusiones arqueológicas) de gran trascendencia.

Sin embargo, lo que parece un avance en el conocimiento de la realidad paleolítica, puede que simplemente aclare algunos aspectos, pero sea la causa de la aparición de otros nuevos. La noticia indica el flujo genético en el Próximo oriente cuando los HAM salieron de África y se encontraron con los neandertales hace 80.000 años, pero niega su producción cuando los humanos modernos llegaron a Europa 40.000 años después. Textualmente vemos lo que dice en el artículo del periódico El País:

"El flujo génico descubierto únicamente puede detectarse de neandertales a humanos modernos, por la dinámica expansiva de las poblaciones humanas modernas, pero no es descartable que fuera bidireccional. Por el contrario, no hay rastros de que hubiera flujo génico después, cuando nuestros antepasados entraron en Europa hace 40.000 años", explica Antonio Rosas, paleobiólogo del CSIC y miembro del equipo.

Estas conclusiones nos plantean una pregunta fundamental para el estudio de inicio del Paleolítico Superior europeo: ¿Por qué se hibridaron hace 80.000 en el Próximo Oriente, y no lo hicieron hace 40.000 años en Europa, donde sabemos con certeza que las dos poblaciones convivieron varios milenios?

Las respuestas no pueden venir ni de la Genética ni de la Paleontología, sino de la propia Arqueología, pues se trataría más de problemas conductuales que puramente biológicos. Incluso tampoco podemos obtener respuestas adecuadas dentro de los parámetros de la arqueología académica tradicional, pues un problema conductual, con diferentes actuaciones de tiempos distintos por parte de las mismas poblaciones, sólo puede comprenderse dentro de la Arqueología cognitiva.

Se trataría de una conducta consecuente del diferente desarrollo cognitivo que existiría entre ese periodo intermedio de tiempo. Si hace 80.000 años las dos poblaciones presentaban desarrollos cognitivos y culturales muy semejantes (De la Torre y Domínguez Rodrigo, 2001), hace 40.000 años esas mismas poblaciones habrían desarrollado sus respectivas capacidades cognitivas alcanzando diferentes niveles de conducta social y simbólica (Rivera, 2008), lo que impediría en alguna manera la posibilidad de su cruce biológico.

Lo que no cabe en la actualidad es plantearse los estudios prehistóricos sin la ayuda de las síntesis multidisciplinares lo más amplias posibles, pues sólo desde su perspectiva múltiple y coordinada podemos comprender mejor la conducta de nuestros antepasados prehistóricos.



* DE LA TORRE, I. y DOMÍNGUEZ RODRIGO, M. (2001): ¿Diferencias conductuales entre neandertales y humanos modernos?: El caso del Paleolítico medio en el Próximo Oriente. Trabajos de Prehistoria, 58(1): 29-50.
* RIVERA, A. (2008): “Cognición y conducta de neandertales y humanos modernos”. Revista Portuguesa de Arqueología. 11(1), pp. 5-32.

domingo, 2 de mayo de 2010

Demografía y desarrollo cultural

Parece que el concepto de que la densidad de población y la consecuente interacción social son componentes fundamentales en el desarrollo cultural, sobre todo en el inicio de la conducta moderna y simbólica, continúa interesando al mundo científico relacionado con la cultura paleolítica. Comento este dato, por otro lado asumido y difundido en el estudio de la conducta humana, porque con cierta asiduidad se publican trabajos referentes a este asunto. Hace casi un año en la revista Science ya se publico un artículo donde se indicaba tal apreciación, añadiendo un estudio donde se elaboró un modelo de simulación computacional, como nuevo mecanismo de búsqueda y ratificación de las observaciones y conclusiones preconcebidas. La noticia, que se hizo eco periodístico con rapidez, provocó en diversos foros de dialogo y comentarios sobre tal noticia, constatando la aceptación general de tal proceso. 
    
Recientemente se ha vuelto a incidir, en la misma revista pero con autores diferentes, la importancia que el aumento demográfico y la interacción social tienen en el desarrollo de la cultura humana, sobre todo en la conducta moderna y simbólica (Elizabeth Culotta. Science 2010)     

No deja de sorprender el interés que suscita tal proceso, aunque se aprecia un abordaje del mismo un tanto errático, es decir, aislado y no como parte integrante de un modelo sobre el desarrollo de la conducta simbólica humana. La Arqueología cognitiva tiene perfectamente asumido y constatado que el aumento demográfico de las poblaciones humanas es un elemento fundamental en el desarrollo de la conducta humana. La constatación arqueológica es evidente, pues a pesar de que los humanos modernos y de cierta forma aún no muy bien comprendida los neandertales tuvieran capacidades cognitivas adecuadas para generar este tipo de conductas, sólo cuando se produjo un aumento poblacional (aumento de yacimientos más amplios y de mayor duración) y una interacción social (intra e intergrupal) es cuando tuvo lugar el desarrollo cognitivo que produjo los cambios conductuales que caracterizarían al paleolítico Superior (Rivera, 2008, 2009). 

Las capacidades cognitivas (psicobiológicas) en un medio ambiente adecuado (por supuesto con una demografía que favoreciese la interacción social y su permanencia en el tiempo), junto con la existencia de un lenguaje (igualmente favorecido por la relaciones sociales y demográficas), van a constituir el contexto cognitivo y cultural necesario para el desarrollo de las capacidades cognitivas emergentes, que en su evolución darían lugar a las formas conductuales consideradas como modernas. 

Todo es un proceso de retroalimentación positivo, donde cada elemento es una pieza fundamental. La falta o deterioro de uno de ellos impediría una realización conductual adecuada. Un esquema del continuum que representa tal proceso lo podemos ver en el siguiente cuadro: