martes, 25 de enero de 2022

El reto de la Arqueología cognitiva

      La Arqueología es una ciencia que estudia la conducta de las poblaciones humanas en la prehistoria a través de la información obtenida en los yacimientos arqueológicos. Los aspectos generales de la conducta observada se agrupan en cinco principales apartados: en qué consiste la información obtenida, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo, y el porqué y el cómo se crearon en ese lugar y periodo histórico. La Arqueología cognitiva constituye una especialidad que se centra en las dos últimas cuestiones, precisamente las menos desarrolladas por la Arqueología en general.



El estudio de estas preguntas requiere unos conocimientos que la Arqueología tradicional no puede ofrecer por sí sola, pues su análisis necesita de las ciencias que estudian la conducta humana, lo que nos lleva obligatoriamente a realizar estudios plenamente interdisciplinarios. En este contexto, es donde aparece el principal problema de su desarrollo, pues las disciplinas que necesita son generalmente ajenas a las diversas metodologías que la Arqueología ha ido creando en su desarrollo. En general, se admite que las ciencias más importantes en estos estudios serían las relacionadas con la Psicobiología (Biología evolutiva, Psicología y Neurología), Antropología social y Lingüística en todas sus acepciones (sobre todo Psico y Neurolingüística). Actualmente, se suelen concentrar en lo que se ha llamado ciencias cognitivas, añadiendo las imprescindibles bases social y lingüística.

Los primeros intentos realizados en la segunda mitad del s. XX se centraron en los estudios concernientes a la posible relación entre datos arqueológicos obtenidos en las excavaciones (volumen cerebral, anatomía del sistema fonador, el desarrollo de la tecnología lítica y ósea, adornos, etc.) con conductas atribuibles principalmente a los seres humanos (lenguaje, conductas complejas relacionadas con el tiempo y con el espacio, desarrollo de conductas espirituales, etc.). El principal problema que se planteó fue que se realizaron por arqueólogos y/o antropólogos con un conocimiento interdisciplinar muy limitado, lo que motivó que sus conclusiones no pudieron despejar con claridad el desarrollo cognitivo y conductual del género Homo. Sin embargo, a finales del siglo pasado se iniciaron los intentos para poder solventar los problemas que presentaba su realización, pues su desarrollo era precario, sin método y escasamente funcional.

Pronto apareció la necesidad de ayuda por parte de componentes de otras ciencias relacionadas con el estudio de nuestra conducta. Así, se realizaron asociaciones entre arqueólogos y profesionales versados en las ciencias cognitivas (p. e. psicología), logrando importantes avances, pero siempre limitado a las conclusiones parciales que podía ofrecer la asociación de la conducta humana del pasado con teorías particulares del mundo de la psicología. Solo hay que recordar a ThomasWynn al basar su trabajo en el modelo de la memoria de trabajo de Badeley y Hitch; Steven Mithen siguiendo los parámetros de la Psicología evolutiva; Iain Davidson otorgando al lenguaje un papel crucial en el desarrollo del pensamiento; Lambros Malafouris sobre el entrelazamiento entre la mente humana y el mundo material; MarlizeLombard sobre el papel de la cognición causal en nuestra evolución cognitiva (Lombard y Gärdenfors, 2017); Miriam Noël Haidle vinculando el desarrollo de la conducta humana a los procesos de cognición causal desarrollados en sucesivos procesos altamente vinculados o puenteados (Haidle, 2014), etc. Todos estos enfoques representan un importante avance metodológico, pero todos adolecen del mismo problema: cierta limitación teórica de sus estudios.

La unión de la Arqueología (datos conductuales del pasado) con las ciencias cognitivas como la Psicobiología, ciencia que se encarga de estudiar las conductas humanas desde un punto de vista evolutivo, psicológico y neurológico, ha supuesto un importantísimo avance en la compresión del origen y desarrollo de las capacidades cognitivas humanas y su plasmación en la conducta observada en la prehistoria. Este dinamismo teórico ofrece una buena visión del desarrollo de la Arqueología cognitiva, pero sus logros siguen siendo limitados por la dificultad de crear estudios ampliamente interdisciplinarios, los cuales, en su desarrollo metodológico, llegan a ser plenamente transdisciplinarios.

Futuro por crear y desarrollar

Todo lo mencionado anteriormente induce a pensar que existe una importante dinamismo teórico y práctico, así como un creciente interés por esta especialidad, aunque la realidad es que el desarrollo de la Arqueología cognitiva sigue estando muy limitado dentro del mundo de la Arqueología. Los autores que se dedican a ella son relativamente pocos, con una producción científica que está intentando desarrollarse mediante la producción conjunta de varios autores (p. e. Lombard y Högberg, 2021; Wynn et al. 2021), pero que en general las ideas continúan centrándose en temas concretos de estudio (p. e. el papel de la materialidad sobre el desarrollo cognitivo; la configuración de la memoria de trabajo, etc.).

Sin embargo, los principales escollos para el desarrollo y difusión de la Arqueología cognitiva como ciencia interdisciplinaria pueden resumirse en los siguientes apartados:

- Las importantes limitaciones teóricas y metodológicas que existen sobre la variación de la conducta humana en conjunto, lo que produce un conocimiento parcial sobre el origen y desarrollo de la cognición humana del pasado y del presente.

- La propia dificultad de los estudios interdisciplinares, donde la formación debe realizarse mediante un conocimiento mínimamente adecuado de las disciplinas que van a componer tal interdisciplina. Pues de no ser así, los intentos de su desarrollo y difusión estarían condenados a generar incomprensión, indiferencia teórica y abandono emocional, generando un sentimiento de frustración que lastrarían aún más la falta de afecto que tanto precisa la Arqueología cognitiva.

Los intentos de solucionar tal situación son escasos, estando limitados por la importante diferenciación metodológica que existe entre la Arqueología general (búsqueda, excavación e interpretación de restos) y la Arqueología cognitiva (interpretación de base psicobiológica de los humanos que realizaron tales restos). Si la Arqueología en general tiene un importantísimo bagaje emocional fundamentado en el gran interés que produce los restos arqueológicos, la Arqueología cognitiva, donde el interés no es el objeto en sí mismo sino las características psicobiológicas de su autor y de la comunidad a la que perteneció, pierde el encanto que puede emanar de tales restos, a la vez que complica excesivamente las formas de su estudio al precisar la intervención de otras disciplinas totalmente ajenas a la arqueología tradicional.

Sin duda, el futuro de esta especialidad pasa por dos vías principales. La primera, más administrativa que científica, sería la imperiosa necesidad de crear foros universitarios para su enseñanza reglada, que pueda generar una mayor comprensión de los cambios conductuales y cognitivos que han configurado nuestra dinámica evolutiva. La segunda, todo lo contrario que la anterior, es mucho más científica que burocrática, pues se centra en la necesidad de seguir ampliando el conocimiento sobre la realidad psicobiológica de nuestro género.

Aunque esta última necesidad implicaría a diversas ciencias de base cognitiva además de la propia arqueología, su realización debe de encontrarse dentro de los ámbitos universitarios, en donde siempre debió de estar incluida. Tales logros no dependen solo de autores aislados que eventualmente se introducen en estos quehaceres de la cognición antigua, sino que precisa, con relative urgencia, del empuje de todos los interesados en su desarrollo para forzar su encaje en la Universidad.

En la primera vía poco o nada se puede hacer, salvo indicar su necesidad y mostrar nuestro interés en su manifestación. En la segunda nos hemos unido al progreso realizado en los últimos años, pues se ha avanzado mucho sobre la concreción de la acción psicobiológica en nuestra conducta (nichos humanos, cultura acumulativa, evolución gen-cultura, coevolución y emergencia cognitiva, etc.). Así se han realizado dos importantes artículos sobre metodología que pueden destacarse (Rivera y Rivera, 2019, 2021).

 

Haidle, M. N. (2014). “Building a bridge-an archeologist's perspective on the evolution of causal cognition”. Front. Psychol. 17. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2014.01472

Lombard, M. y Gärdenfors, P. (2017). “Tracking the evolution of causal cognition in humans”. Journal of Anthropological Sciences. Vol. 95, pp. 1-16. DOI: 10.4436/jass.95006

Lombard, M. y Högberg, A. (2021). Four-Field Co-evolutionary Model for Human Cognition: Variation in the Middle Stone Age/Middle Palaeolithic. J Archaeol Method Theory 28, 142–177 https://doi.org/10.1007/s10816-020-09502-6

Malafouris, L. (2013). How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge. DOI: 10.1111/etho.12074

Mithen, S. (1998). Arqueología de la mente. Barcelona. Crítica. https://www.proquest.com/docview/1151110864

Noble, W. y Davidson, I. (1996). Human Evolution, Language and Mind. Cambridge. Cambridge University Press. https://psycnet.apa.org/record/1996-98672-000.

Rivera, A. y Rivera, S. (2019). “Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus.” Ludus Vitalis. Vol. 27, Núm. 51 pp 1-22.

http://www.ludus-vitalis.org/ojs/index.php/ludus/article/view/840

Rivera, S. y Rivera, A. (2021). “Origin and development of human cognition. Exaptation, coevolution and cognitive emergence”. Cuadernos de Neuropsicología / Panamerican Journal of Neuropsychology, vol 15, nº1, 186-198.

DOI: 10.7714/CNPS/15.1.213

Wynn, T., Overmann, K. A. y Malafouris, L. (2021). 4E cognition in the Lower Palaeolithic: An introduction. Adaptive Behavior. 29 (2): 99-106. doi: 10.1177/1059712320967184

viernes, 30 de octubre de 2020

Estudio de la conducta humana desde la Arqueología cognitiva

La Arqueología es una disciplina que se ocupa del conocimiento conductual de las poblaciones humanas en la prehistoria. Los aspectos generales de las líneas de análisis de tal conducta deben agruparse en cinco apartados: en qué consiste, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo, y el porqué y el cómo se crearon en ese lugar y periodo histórico. La Arqueología cognitiva se centra principalmente en las dos últimas cuestiones, precisamente las menos conocidas de la Arqueología en general.

Para su logro se necesitan unos conocimientos que la Arqueología tradicional no puede ofrecer, pero que si queremos desarrollar la ciencia arqueológica en todas sus facetas, tenemos la obligación de usar los métodos y formas que sean capaces de ofrecer soluciones a tan compleja tarea. Sin embargo, apenas conocemos que es la Arqueología cognitiva, sus métodos, formas, limitaciones y desarrollo en los escasos centros donde en la actualidad se está desarrollando. El principal problema es, sin duda, la necesidad de utilizar otras ciencias ajenas a la Arqueología, pero muy relacionadas con el estudio de la conducta humana en general. Estas ciencias deben estructurarse mediante metodologías interdisciplinarias (La interdisciplina como método de análisis científico.).


Cuadro 1. Muestra las ciencias que se pueden utilizar en el desarrollo de la Arqueología cognitiva


Existe una gran dificultad en la realización de una síntesis interdisciplinar, pues hay que utilizar todos los datos recientes que nos aportan las ciencias relacionadas con la conducta humana. Este reto nos plantea la cuestión de que hay que estar abiertos a todo aquello que suponga un aporte a estos estudios, siempre y cuando no presente formas teóricas contradictorias entre sí. En el desarrollo actual de la Arqueología cognitiva podemos resaltar una serie de trabajos que destacan por su adecuación al estudio de la conducta humana en el pasado:

- Estructuralismo funcional o la relación entre evolución neuroanatómica, sociocultural y cognitiva (coevolución), como causa del desarrollo cognitivo (emergencia) y cultural (Rivera y Menéndez, 2011; Rivera y Rivera, 2019) (Cuadro 1).

- Desarrollo de la cognición causal (Haidle, 2015; Stuart-Fox, 2014; Lombardy Gärdenfors, 2017). Construyendo puentes de unión entre los diversos procesos de razonamiento causal referentes al origen y desarrollo de cualquier conducta humana, dentro del estudio del desarrollo cognitivo-conductual.

- La Teoría del compromiso material (Material Engagement Theory) sobre la relación del medio ambiente y la creación de la mente (Malafouris, 2013).

- Estudios de la evolución cognitiva relacionada con el desarrollo del lóbulo parietal humano (Bruner y Gleeson, 2019), del área de Wernicke y la importante evolución del fascículo arqueado, que llega tanto al área de Broca como al Lóbulo Prefrontal (Rilling, et al. 2008). O desde un mejor conocimiento de la realidad psicobiológica del cerebro humano en relación con otros primates (Martín-Loeches et al. 2008).

Pautas generales de actuación del Estructuralismo funcional

La visión general que tenemos sobre el uso del Estructuralismo funcional y social nos indica que las conductas de cualquier tipo se producen cuando la combinación de las cogniciones sociales, emocionales y tecnológicas presentan unas características que hacen posible su aparición y desarrollo (Cuadro 2).


Cuadro 2. Refleja las diferentes formas de cognición (social, emocional y tecnológica), su relación entre ellas y su dependencia de la cognición causal como motor de su creación

La manifestación de estas cogniciones no se produce de forma aislada, sino que dependen cada una de ellas de la adecuada formación de las otras dos. La coevolución, como proceso de producción en el más amplio sentido, se presenta tanto en el plano social como en el emocional y tecnológico. En este contexto, no se deben inferir conductas de ningún tipo si cualquiera de estas formas cognitivas no presenta el desarrollo necesario para su formación. Esta conclusión nos obliga a indagar, en cada trabajo de Arqueología cognitiva, cuál sería el desarrollo de las tres cogniciones en el inicio de la conducta a analizar, o lo que es lo mismo, hay que aplicar su inicio en el periodo cognitivo-cultural que corresponde en función de los parámetros cognitivos y conductuales y no solo temporales (dataciones cronológicas)

Teniendo en cuenta todas estas dificultades es necesario elaborar una metodología que permita analizar los datos arqueológicos con la mayor objetividad posible. Para ello es preciso elaborar una serie de pasos que nos servirían de guía en cualquier estudio sobre los cambios cognitivo-culturales. Serían:

- Determinar con la mayor precisión posible el tema a estudiar, a pesar de su segura interconexión con otras formas culturales.

- Asumir que, en muchos casos, solo podremos ahondar en nuestro estudio hasta cierto límite explicativo, y que ir más allá del mismo supondría entrar en un ámbito de gran subjetividad que no aportaría información científica aprovechable.

- Situar el inicio de la conducta a estudiar en un periodo prehistórico lo mejor posible, lo que siempre debe de realizarse mediante la información que el registro arqueológico nos aporte. Tal ubicación no debe ser exclusivamente temporal, sino teniendo en cuenta el desarrollo cognitivo-conductual observado.

- Con la información arqueológica y su ubicación dentro de un general periodo cognitivo-cultural por determinar, tendremos los antecedentes necesarios para iniciar nuestro estudio. Sin embargo, el seguimiento arqueológico de la evolución de las conductas sociales, tecnológicas y emocionales es muy difícil y complejo, pues estos factores cognitivos tienen unas características formales muy diferentes. Mientras que los hechos tecnológicos casi siempre dejan una huella fácilmente de analizar directamente, los factores sociales y emocionales siempre tienen un carácter indirecto y ubicado en los restos materiales, lo que dificulta enormemente su análisis. Podemos establecer una serie de conductas en las que predomina unas formas cognitivas las otras, pero que siempre presentan un componente común que hay que evaluar (Cuadro 1)

* Cognición social. Relaciones sociales, lenguaje, teoría de la mente, diferenciación autobiográfica, logística alimentaria en general, autoconciencia, enterramientos, espiritualidad, religiosidad y toda forma de conducta simbólica.

* Cognición emocional. Sociabilidad, empatía, motivación general, cuidados de miembros de la sociedad, tratamiento mortuorio, espiritualidad, religiosidad, relaciones sociales interpersonales e intergrupales y todas las formas conductuales humanas

* Cognición tecnológica. Tecnología lítica y ósea, tratamiento de pieles, evolución culinaria, conservación de alimentos, desarrollo gráfico, cerámica, metalurgia, etc.

- La producción de una constante alteración de la materialidad existente en la naturaleza (ya sea con formas puramente materiales, tecnológicas, emocionales o sociales), cambiando las características de la permanente interacción de la mente, el cuerpo y el medio (Malafouris, 2013), con el fin de facilitar la creación de abstracciones cognitivas que no pueden adquirirse directamente de la naturaleza (p. e. cocción alimentaria, tecnología de la cerámica, metales, numerosidad, conductas religiosas, etc.), pero si con una materialidad adecuadamente transformada.

- Desarrollo del razonamiento causal como mecanismo de producción de los cambios conductuales. Es preciso que en los procesos de causa-efecto contemplen, en su adecuada medida, la unión conductual de las cogniciones sociales, tecnológicas y emocionales, indicando con la mayor precisión posible cuáles son sus componentes.

- Establecer una serie de pequeños avances (sociales, tecnológico y emocionales), arqueológicamente observados, que estaría interconectados uno detrás de otros como vía del desarrollo conductual. En nuestro estudio es fácil de apreciar un progresivo desarrollo conductual, de lo elemental a mayor complejidad, aunque su desarrollo tendría una gran heterogeneidad productiva en el tiempo y espacio. Esta evolución de la complejidad conductual puede analizarse mediante la creación de una larga serie de argumentos o razonamientos causales entrelazados, vinculados o puenteados uno detrás de otro (Haidle, 2015), que pueden rastrearse en los datos arqueológicos (d’Errico et al. 2017; Rivera y Rivera, 2019). La estructura de estos razonamientos causales tienen siempre una composición mixta y compleja, pues en cada parte del binomio causa-efecto siempre actúan los componentes sociales, tecnológicos y emocionales, ya sean como contribuyentes a la producción del cambio o como características formales de los hechos causantes. 

- La realización de estos razonamientos causales es muy variable, pues depende de las características de los grados de cognición causal utilizados. Así, puedes ir desde el establecimiento de una relación de causa y efecto entre los signos naturales del medio ambiente ya sean observables (e. g. filo de piedras con cortes en los pies) o inobservables (e. g. el viento con caída de los frutos) hasta todo lo que retengamos en la memoria (construcciones mentales racionales y/o emocionales). En grados avanzados se manejarían conceptos plenamente simbólicos y/o abstractos, posibilitando que con conductas deducidas de la naturaleza o del quehacer humano (causa) puedan crearse otras de naturaleza abstracta, no presentes en la naturaleza, pero sí en nuestro mundo simbólico (efecto). Con los diversos los estímulos sensoriales externos (sociales, tecnológicos y emocionales) se irían produciendo una serie de mecanismos causales entrelazados dando lugar a procesos de coevolución y emergencia cognitiva, logrando crear redes neurológicas complejas como base de las capacidades cognitivas observadas en los diferentes homínidos del género Homo (Lombard and Gärdenfors, 2017; Lotem et al. 2017; Stuart-Fox, 2015; Rivera y Rivera, 2019). 

- Un aspecto importante en esta forma conductual sería la intencionalidad de su producción, pues muchos cambios conductuales se realizan de forma fortuita o no intencionada (casualidades, accidentes), cuando se está buscando otra cosa o simplemente ninguna, valorando la importancia de lo observado. Sería la consecuencia de un descubrimiento de la relación entre dos procesos de forma fortuita y no buscada, concluyendo que uno de ellos es el origen (causa) de la producción del otro (efecto). Esta forma de razonamiento causal se denomina serendipia

Por otro lado, puede existir la intención de cambiar y/o mejorar la conducta, lo que producirá la creatividad, siendo su acción fundamental para la comprensión de la compleja naturaleza biosocial de la mente (Malafouris et al. 2014). La creatividad sería un logro buscado (intencionado y autoconsciente), donde hay que añadir en determinados casos que puede estar impulsada o favorecida por formas de serendipias. En este caso se altera el proceso del razonamiento causal, pues se buscan efectos diferentes y mejores mediante el cambio de las características causales, con la presunción de que el efecto sería el diferente más acorde con lo deseado. La mayoría de los cambios en la prehistoria serían en principio serendipias, mientras que los procesos creativos de mejora se irían produciendo poco a poco en función del aumento de los grados de cognición causal y de sus necesidades cognitivas sociales (memoria de trabajo, teoría de la mente, lenguaje, autoconciencia), emocionales (emociones autoconscientes, motivación, necesidad, etc.) y tecnológicas (control de la manifestación material de cada proceso).

Conclusión

Aparentemente el método indicado parece confuso y complejo, pero las pautas a seguir nos llevan a una realización práctica. No obstante, si parece necesario su inicio mediante una guía adecuada, lo que por desgracia no es factible en a actualidad. De todas maneras dejo la dirección de algunos de mis trabajos que pueden aclarar su elaboración:


Estructuralismo funcional como método de interpretaciónarqueológico

De la teoría a la práctica de la Arqueología cognitiva


Bruner, E. and Gleeson, B. T. (2019). Body Cognition and Self-Domestication in Human Evolution. Front. Psychol. 21.

d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. and Sánchez Goñie, M. F. (2017). Identifying Early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.

Haidle, M. N. (2014). Building a bridge-an archeologist's perspective on the evolution of causal cognition. Front. Psychol. 17

Lombard, M. and Gärdenfors, P. (2017). Tracking the evolution of causal cognition in humans. Journal of Anthropological Sciences. Vol. 95, pp. 1-16. 

Lotem, A., Halpern, J. Y., Edelman, S., Kolodny, O. (2017). The evolution of cognitive mechanisms in response to cultural innovations. PNAS | vol. 114 | no. 30 | 7915–7922.

Malafouris, L. (2013). How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.

Malafouris, L., Gosden, C., Overmann, K.A., (Eds) 2014. Creativity, cognition and material culture. Pragmatics and Cognition, 22 (1).

Martín-Loeches, M.; Casado, P. y Sel, A. (2008). La evolución del cerebro en el género Homo: la neurobiología que nos hace diferentes. Rev Neurol, 46 (12), 731-741.

Rilling, J. K., Glasser, M. F., Preuss, T. M., Ma, X., Zhao, T., Hu, X. and Behrens, T. E. (2008). The evolution of the arcuate fasciculus revealed with comparative DTI. Nature Neuroscience, 11 (4), 426-428.

Rivera, A. y Menéndez, M. (2011). Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y Arqueología. Nueva época, 4.

Rivera, A. and Rivera, S. (2019). Mechanisms of cognitive evolution of the Homo genus. Ludus Vitalis. Vol. 27, Núm. 51 pp. 1-22. Stuart-Fox, M., (2015). The origins of causal cognition in early hominins. Biology and Philosophy 30 (2). 

martes, 25 de febrero de 2020

Adaptabilidad del genero Homo


Siempre se ha comentado que el éxito de supervivencia y expansión geográfica del género Homo se debe a su gran capacidad de adaptación. Sin embargo, no se ha matizado lo suficiente sobre las características de esta capacidad, que en general se asumía como las variaciones biológicas que favorecían las adaptaciones a los diversos ecosistemas en los que podemos comprobar su existencia en el pasado.

Su poder adaptativo llevo a las poblaciones humanas a expandirse por todo el mundo

A lo largo del siglo XX la característica más importante que se resaltaba sobre las capacidades adaptativas humanas se ceñían a los cambios morfológicos que podíamos apreciar en los fósiles de las diferentes especies de nuestro linaje. Naturalmente, no se podía marginar totalmente los aportes que la cultura (tecnología, sociabilidad, lenguaje, etc.) podía aportar en este proceso, pero se consideraban como consecuencia directa de la neuroevolución.

Tradicionalmente, la Arqueología ha explicado los avances socioculturales como formas de adaptación ecológica, donde las principales fuerzas impulsoras son la variabilidad medioambiental y la dinámica poblacional (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Se estaría destacando la gran flexibilidad y capacidad para producir innovaciones que las poblaciones humanas modernas adquirieron con la evolución (Kandel et al. 2015; d´Errico et al. 2017).

En este contexto, ya puede apreciarse el inicio de un cambio de paradigma, pues la adaptabilidad se atribuye más a la existencia de ciertas capacidades cognitivas  (flexibilidad y capacidad de innovación) que a la simple variación morfológica como principal mecanismo adaptativo a las variaciones ecológicas (medioambiente, clima, geografía, geología, etc.). Efectivamente, los estudios de adaptabilidad, aunque mantengan cierta importancia al medio ambiente en general, comienzan a valorar más los cambios cognitivos que se producen en las poblaciones humanas. Así, se inician los desarrollos de dos básicas ideas dentro de nuestra adaptabilidad:



Todas las especies viven y se desarrollan en un medio ambiente determinado (nicho ecológico), pero solo las poblaciones del género Homo tienen con él una relación dinámica, pues pueden cambiar sus características mediante su particular interacción. La causa es una especial forma de relación social entre los miembros de sus comunidades, así como una mayor capacidad de captación, procesamiento, asimilación y transmisión de la información que la naturaleza nos ofrece, con lo que se mejoraría la capacidad de cambio y, por tanto, de adaptación. Su realización se produce mediante el aprendizaje social, la creación y desarrollo del lenguaje humano, y a la emergencia de nuevas capacidades cognitivas como la ampliación de la memoria de trabajo, desarrollo de la teoría de la mente y de la autoconciencia. Estas capacidades cognitivas actuando en adecuada coordinación permiten que la construcción de este nicho sea un proceso de permanente acumulación y transformación, en el que las conductas, las herramientas y las ideas se van mejorando de generación en generación. Estos conceptos reflejan la importancia de la cultura, creando los llamados nichos culturales y/o cognitivos (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009; Rivera and Rivera, 2019).

En el inicio de nuestra evolución se produciría un mecanismo de adaptación básicamente similar al visto en las demás especies biológicas (la adaptación anatómica y/o fisiológica como cambio de la biología). Pero de una forma paralela, muy lenta al principio y más rápida a lo largo de la evolución de nuestro linaje, se iría desarrollando las formas culturales humanas, las cuales, a su vez, irían produciendo desarrollos cognitivos, mediados por los  procesos de coevolución y emergencia cognitiva.

La cultura ejercería una presión selectiva cada vez más importante, la cual moldearía la estructura de la red neurológica que procesa los parámetros de aprendizaje y de adquisición de datos, es el efecto Baldwin (Bateson, 2004). Así, la anatomía del cerebro puede seleccionarse para acomodar mejor los requisitos físicos o neuronales de los procesos y representaciones aprendidas (Lotem et al. 2017), es decir, se crearía un nicho de características cognitivo-culturales (Rivera and Rivera, 2019).

Anatómicamente se ha podido comprobar el cambio de la básica estructuración funcional que ejerce de fundamento neurológico a estos procesos. En los lóbulos posteriores del cerebro conocemos el área de asociación parieto-temporo-occipital que sería el receptor e integrador de las aferencias sensitivas externas (áreas primarias visuales, sensitivas y auditivas). Esta información integrada, que puede ser asociada (simbolizada) por sonidos o señas apropiadas, en función de los procesos de atención tendría que pasar al lóbulo frontal para su correlación emocional, procesamiento racional y la producción de una respuesta motora si es necesaria. Las vías nerviosas que pueden realizar esta función no están del todo bien conocidas, pero podemos destacar dos importantes áreas y fascículos de los que tenemos una comprobación anatómica de su evolución o desarrollo funcional: el Precúneo o Precuña y sus conexiones con el Lóbulo Prefrontal (Bruner et al. 2014) y el área de Wernicke y la importante evolución del fascículo arqueado, que llega tanto al área de Broca como al Lóbulo Prefrontal (Rilling, et al. 2008).



Todos estos datos, expuestos de forma muy genérica, nos indican la necesidad de una Arqueología cognitiva moderna e interdisciplinar, si queremos conocer el fundamento de nuestra evolución conductual y cognitiva


- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian”. Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bateson, P. (2004): The Active Role of Behavior in Evolution. Biology and Philosophy 19 (2), 283-298.
- Bickerton, D. (2009). Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York. Hill and Wang.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures? Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. y Sánchez Goñie, M. f: (2017): Identifying early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. and Märker, M. (2015): Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa. J. Archaeol Method Theory. Vol. 22, (2).
- Lotem, A., Halpern, J. Y., Edelman, S. and Kolodny, O. (2017, July). The evolution of cognitive mechanisms in response to cultural innovations. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114 (30), 7915–7922.
- Rilling, J. K. and Insel, T. R. (1999, August). The primate neocórtex in comparative perspective using magnetic resonance imaging. Journal of Human Evolution, 37, 191-223.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- Tomasello, M. (1999). The Cultural Origins of Human Cognition. Cambridge, MA, US: Harvard University Press.

martes, 10 de septiembre de 2019

Autodomesticación y nichos humanos


Las características de la evolución del género Homo se han relacionado por diversos autores como un proceso de autodomesticación. Se refieren principalmente al proceso por el que nuestro linaje evolucionó anatómicamente de unas formas arcaicas o robustas a los tipos gráciles o modernas del Homo sapiens, lo que principalmente se constata en los últimos 150/50.000 años. Los cambios que acompañan el proceso son primero biológicos o anatómicos y con cierta posteridad culturales (Theofanopoulou et al., 2017).

 Craneos de Neandertal y HAM
Estos estudios identifican y analizan las semejanzas de los datos genéticos y morfológicos estadísticamente significativos entre los Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) y otras especies domesticadas. Los resultados obtenidos sugieren que los datos paleogenómicos pueden complementar el registro fósil y respaldar la idea de la autodomesticación en el Homo sapiens, como un proceso que probablemente se intensificó a medida que nuestra especie aumentó su demografía y desarrollo en su propio y exclusivo nicho humano/ecológico información sobre los nichos humanos en El concepto denicho en la evolución humana

Su análisis respalda los intentos de comprender la forma en que pudo realizarse el denominado síndrome de domesticación, explicando que su producción se debería en ciertas alteraciones en la transmisión de información genética a determinados linajes celulares, es decir, por la acción de los genes reguladores u Hox. Su acción se realizaría mediante la interrupción o alteración de la información que vaya a regular los programas de desarrollo de ciertos tejidos celulares durante el proceso de embriogénesis. Sería el caso de la denominada cresta neural (tejido embrionario formado por células migratorias multipotentes, que pueden producir tanto neuronas como células de soporte del sistema nervioso periférico, melanocitos y células endocrinas en las etapas tempranas de su desarrollo) donde los cambios de la programación podrían ser la fuente de las alteraciones que abarcan múltiples sistemas de órganos y estructuras morfológicas (Wilkins et al., 2014). Para más información en Genética de la evoluciónneurológica. Consecuencias arqueológicas y en Genes reguladores u Hox en la evolución y conducta humana



El hecho de que encontraran cambios relacionados con la cresta neural de los HAM en comparación con los neandertales / denisovanos, y que tales cambios también se encuentran en otras especies que pudieron haber sufrido un proceso de autodomesticación, refuerza la hipótesis de que este proceso de forma específica tuvo lugar en nuestro especie. Además de los genes y las vías relacionadas con la cresta neural, se han identificado elementos comunes relacionados con el desarrollo neuronal, la plasticidad sináptica y el mejoramiento del aprendizaje. Estos resultados están en línea con las afirmaciones de otros estudios sobre domesticación donde se la relaciona un cierto tipo de inteligencia (p. e. Hare, 2013; Carneiro et al., 2014; Freedman et al., 2016). Así, se sospecha que los subproductos del proceso de domesticación, como la mejora de la percepción sensorial-motora y las vías de aprendizaje, pueden proporcionar una base para habilidades comunicativas más complejas, incluido el aprendizaje de habilidades manuales y vocales. En este contexto, nuestra especie presenta una evolución anatómica de las regiones parietales del cerebro, involucradas en integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente. Ambos aspectos están involucrados en la capacidad tecnológica y en la complejidad social, dependiendo de los patrones de nuestras etapas vitales (adolescencia o longevidad), y se relacionan con cambios en los niveles de plasticidad cerebral. Es de esperar entonces que estos dos aspectos hayan interactuado a lo largo de la evolución del género humano, y sobre todo en el Homo sapiens (Bruner and Gleeson, 2019).

Los cinco cráneos de Dmanisi -Foto: M. Ponce de León
Como contrapunto se ha evidenciado cierta acumulación de alelos nocivos se ha descrito como el costo de la domesticación (Lu et al., 2006), que, de ser cierto, también podría existir un subproducto en la autodomesticación de los HAM. Un estudio como éste tiene varias limitaciones, pero sin duda nos pone en el camino de comprender la compleja evolución anatómica y cognitiva humana.

Comentarios. En definitiva, lo que se estudia son los cambios morfológicos y cognitivos que tuvieron los seres humanos dentro de su nicho o ecosistema particular (selección natural modificada por la cultura). Los estudios realizados apuntan a cambios producidos por la mutación de los genes reguladores (p. e. de la estructuración, modelación y proliferación de la cresta neural) sobre determinados tejidos en las fases tempranas del desarrollo embrionario. Se propone que unos pocos cambios en los genes Hox son capaces, en las primeras fases de la embriogénesis, de producir una serie de cambios en cascada que podrían tener efecto hasta el final del desarrollo fetal con el nacimiento.

Los cambios son tanto anatómicos como cognitivos, pero el problema surge al valorar cuáles de ellos fueron los más influyentes en la conducta y adaptación de los nuevos seres, de tal manera que serían capaces de cambiar los factores la selección natural en los nichos humanos en los que se produce el proceso evolutivo. En este punto, hay que valorar la gran diferencia existente entre la naturaleza anatómica y cognitiva de los animales susceptibles de domesticación, y la que tuvieron los seres humanos. Si en los primeros los cambios anatómicos parecen ser importantes (p. e. disminución de rasgos físicos que se relacionan con la agresividad) al otorgar a estas especies a un comportamiento más dócil que permita su adiestramiento o utilización alimentaria y/o económica, en los seres humanos estos factores parecen secundarios. Los cambios cognitivos parecen ser mucho más relevantes, pues permitieron profundizar en los caracteres culturales de estas poblaciones y, a su vez, volver a interferir en la selección natural de estos nichos humanos, para lograr un reforzamiento genético en forma de mejoras anatómicas que permitieran un mejor desarrollo cognitivo y mayor capacidad de adaptación a ecosistemas muy diferentes de los originales.

En esta situación, pensamos que el desarrollo de los cambios cognitivos ya apuntados de una mejor integración visoespacial, imaginación visual e integración entre cuerpo y ambiente, y de una mejor capacidad lingüística serían mucho más trascendentes a la hora de forzar los parámetros selectivos que los simples cambios anatómicos externos compatibles con una Neotenia funcional, los cuales pueden producirse como efectos colaterales de los cambios neurológicos trascendentales ocurridos en nuestra evolución. Los desarrollo en cascada, el aumento de la inmadurez neurología como consecuencia del aumento cerebral y complejidad funcional, pueden explicar la permanencia en los adultos de las formas anatómicas infantiles.

El término de autodomesticación hay que matizarlo detenidamente, a la vez que separarlo de los procesos de domesticación en animales realizados por humanos de forma intencionada. La espiral de evolución cognitiva que se produjo en los nichos cognitivos-culturales que crearon los componentes del género Homo, tuvo sus propias características en las que destaca su falta de intencionalidad en su creación y desarrollo en la mayor parte del tiempo de existencia de nuestro linaje. Lo que pudo hacerse después de alcanzar formas de autoconciencia y teoría de la mente altamente desarrollada es un tema que se escapa de la Prehistoria, pero que tampoco tendrían mucha relación con la tradicional domesticación realizada en animales. Realmente lo que se produce sería un proceso evolutivo llamado efecto Waldwin.

Bruner, E. and Gleeson, B. T. (2019). Body Cognition and Self-Domestication in Human Evolution. Front. Psychol. 21.
Carneiro, M., Rubin. C.J., Di Palma, F., Albert, F. W., Alföldi, J., Barrio, A. M., et al., (2014). Rabbit genome analysis reveals a polygenic basis for phenotypic change during domestication. Science. 2014; 345 (6200):1074–1079.
Freedman, A. H., Schweizer, R. M., Ortega-Del Vecchyo, D., Han. E., Davis, B. W., Gronau, I., et al.(2016). Demographically-based evaluation of genomic regions under selection in domestic dogs. PLoS Genet. 2016; 12 (3):e1005851.
Hare, B., and Woods, V. (2013). The genius of dogs: how dogs are smarter than you think. Penguin.
Lu, J., Tang, T., Tang, H., Huang, J., Shi, S., Wu, C. I. (2006). The accumulation of deleterious mutations in rice genomes: a hypothesis on the cost of domestication. Trends in Genetics. 2006; 22(3):126–131.
Theofanopoulou, C., Gastaldon, S., O'Rourke, T., Samuels, B. D., Messner, A., Martins, P. T. et al. (2017). Self-domestication in Homo sapiens: Insights from comparative genomics. PLoS ONE 12 (10): e0185306.
Wilkins, A. S., Wrangham, R. W. and Fitch, W. T. (2014). The “Domestication Syndrome” in Mammals: A Unified Explanation Based on Neural Crest Cell Behavior and Genetics. Genetics,