viernes, 8 de mayo de 2026

Desarrollo del simbolismo espiritual (II)

En este tipo de estudios conviene tener siempre presentes ciertos conceptos imprescindibles en la interpretación de la conducta paleolítica. Serian:

- Prácticamente hay que asumir que la certeza absoluta de cualquier interpretación paleolítica es imposible.

- Solo podemos realizar hipótesis sobre tal interpretación donde lo principal de sus características debe ser el fundamento científico sobre que apodamos sustentar tales afirmaciones.

- En la actualidad, las ciencias en general han desarrollado un nivel explicativo de los temas que traten con un rango de certeza muy superior al que se tenía anteriormente. Es en la unión de estas ciencias de forma bien coordinada (interdisciplinaridad) donde podemos construir hipótesis mejor fundamentadas, gracias al apoyo científico y no en los criterios dogmáticos de antaño.

- Sin embargo, siempre existirá cierta duda sobre la certeza del fundamento de la hipótesis, sobre todo para aquellos que no han desarrollado su mente en el campo de la interdisciplinariedad, pues la unión doctrinal de ciencias tan variadas (Arqueología, Paleontología humana, Antropología social, Psicología, Neurología, Biología evolutiva, Lingüística cognitiva y  social, etc.)  en muy compleja pero posible y, sobre todo, imprescindible.

  


El inicio del simbolismo espiritual y religioso responde más a la reflexión que a la experiencia pues, por sus características inmateriales, no se adquiere por la observación de la naturaleza o de la sociedad. Es preciso buscar procesos cognitivos humanos que de alguna manera favorecieran la concepción de un mundo diferente al cotidiano, y que, aunque sea de naturaleza inmaterial se perciba como real. En nuestro medio psicobiológico y social sólo los estados de conciencia diferentes o alterados respecto a la conciencia normal pueden servir como fuente de inspiración de estos conceptos, mientras que en el mundo paleolítico serían considerados como normales y reales, y como tales se utilizarían.


Para su realización es imprescindible que se tengan suficientemente desarrollados los conceptos del yo-otros, de un espacio amplio y diverso, dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia cognitiva de carácter simbólico, ya sea material o inmaterial (Alvargonzález 2005; Bueno 1996). Con la emergencia de un adecuado nivel de autoconciencia en la población los sueños o alucinaciones pasan a ser conscientes, propios y reales. Éstos siempre habían existido, naturalmente, pero no podían aflorar al plano consciente sin el desarrollo de la autoconciencia. Este proceso se puede definir como una emergencia de contenido onírico o alucinógeno que habría que interpretar, comunicar y explicar, lo que se puede intentar con manifestaciones gráficas o conductuales. Estos estados pueden ser incontrolables, como los sueños o las alucinaciones por enfermedad (fiebre, alteraciones psiquiátricas, comas superficiales, etc.); o bien más o menos controlables, como los inducidos por drogas o rituales frenéticos.

 

Los estados alterados de conciencia suponen la intuición de que tras estas extrañas percepciones se manifiesta la posibilidad de otro plano de existencia, de otro mundo, diferente del cotidiano. Un mundo complejo, inmaterial y con entidades que muestran propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación implica el desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial.

 

¿Cómo definir los componentes y cualidades de ese mundo inmaterial? Tomamos de la Filosofía de la Religión el término latino numen que es una categoría eminentemente religiosa, pero no es por necesidad divino (Bueno 1996). Las relaciones de los humanos con los númenes o lo numinoso, aunque cambiante en cada época, siempre se desarrolla en el ambiente de la espiritualidad y/o religiosidad, que en un principio serían simplemente narraciones o mitos. Por supuesto solo podemos hablar de númenes paleolíticos, con sus características en gran parte desconocidas.


Aparece un nuevo problema: ¿Qué tipo de relación puede establecerse entre los humanos y estos númenes? De la propia toma de conciencia de las características de las ensoñaciones o alucinaciones de los estados alterados de conciencia es fácil apreciar que tenían cualidades diferentes de los seres humanos y animales reales. En ellos los animales o las personas presentan unas características de movilidad especiales (inalcanzables, dificultad de movimientos, etc.), situación espacial y de relación social e individual (flotando en un medio aislado) que no obedece las leyes físicas del mundo real, volviéndose incontrolables e impredecibles. Ante la imposibilidad de poder establecer una relación con ellos con las características etológicas y ecológicas conocidas hasta este momento, es necesario realizar un cambio en tales relaciones, las cuales se reorganizan a una escala específicamente antropológica. Este subjetivo fenómeno se conoce como inversión antropológica (Bueno 1991), significando que la relación con estas entidades o seres siguen modelos típicamente humanos, con lo que se convierten en númenes o divinidades relacionadas con la naturaleza y los humanos que en ella viven ), en este particular caso en númenes paleolíticos (Alvargonzález 2005).

 

La inversión antropológica, o formas análogas de conducta humana (p. e. personificación), pudieron ser un intento de relacionarse con tales seres utilizando los medios conocidos (comunicación verbal o simbólica entre humanos). Si estos númenes no se trataran desde un prisma antropológico, difícilmente se podría realizar una relación con ellos, pues sólo son posibles las relaciones entre humanos, con características psicobiológicas semejantes. Igualmente, las propias características de los elementos de la naturaleza (inexplicables, frecuentemente agresivos e imposibles de controlar) poseen unos aspectos difíciles de comprender y de asumir. Su control podría realizarse mediante la mediación de sus respectivos númenes paleolíticos, por medio de rituales idóneos.

 

Cualquiera de las figuras descritas por la etnografía para establecer las relaciones con esos númenes (brujo, chamán, hechicero, etc.) le otorga unas características infundadas para su aplicación a las sociedades paleolíticas. Ante esta dificultad parece que el término mediadores paleolíticos podría ser adecuado, pues en su indefinición sólo señala la única cualidad que con seguridad podemos otorgarles. Estos mediadores podrían haberse materializado en las representaciones de teriántropos (figuras mixtas de humanos y animales), tan características del arte paleolítico. O, tal vez, los teriántropos sean la representación de algunos númenes, particularmente antropomorfizados por la inversión antropológica, con los que comunicarse directamente. En cualquier caso, estos seres que surgen en los estados alterados de conciencia están en el origen de los dioses y la religión, entendida como religación de los hombres con los númenes (Bueno 1996). Ambas posibilidades, manejadas por los clásicos de la Filosofía de la Religión, encajan en los límites del estructuralismo funcional, social y emocional nos permiten formular hipótesis sobre el origen de las conductas espirituales y religiosas y su reflejo en el registro arqueológico conocido.


- Alvargonzález, D. (2005). El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico. En Jiménez, F., Peñalver Gómez, P. y Ujaldón Benítez, E. (coords.). Filosofía y cuerpo: debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno. Madrid. Ediciones Libertarias/Prodhufi. 213-243.

- Bueno, G. 1991: La Etología como ciencia de la Cultura. El Basilisco: 3-37. Oviedo.

- Bueno, G. (1996). El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Oviedo. Ed. Pentalfa