domingo, 10 de marzo de 2013

Autoconciencia y Arqueología

La Arqueología, Prehistoria o Antropología prehistórica intentan estudiar la conducta del linaje humano en todo su desarrollo evolutivo. Para su logro, utilizan los métodos que sus respectivas disciplinas han elaborado a lo largo de su desarrollo como ciencia. Sus logros son importantes en todos los campos, aunque existen notables diferencias en diversos aspectos. Mientras que en el estudio del dónde y cuándo del inicio y desarrollo de la conducta humana cada vez se conoce mejor evolución en el Paleolítico, en los criterios del porqué y cómo de su producción los avances son mucho más lentos. La respuesta a tal diferenciación es obvia, pues mientras que en el primer caso estas ciencias se han mostrado eficaces mediante el estudio de los yacimientos arqueológicos, en el segundo caso carecen de métodos adecuados para el logro de sus metas: la comprensión de la conducta humana como consecuencia de las capacidades cognitivas adquiridas evolutivamente.

En los medios arqueológicos se aprecia poca inquietud por resolver la carencia metodológica que limita la comprensión del segundo caso. Su causa puede radicar en una aparente falta de necesidad, consecuencia de criterios evolutivos muy genéricos que explican el proceso de forma demasiado elemental. La concepción del proceso biológico de la evolución como una simple expresión de las mutaciones genéticas, junto con la falta de comprensión de la realidad psicobiológica del género Homo, han llevado a considerar las causas del porqué y del cómo de los cambios conductuales como meras manifestaciones de las mutaciones genéticas producidas durante todo el proceso evolutivo. Con estos criterios, cada vez que se produce un cambio conductual importante, son muchos autores los que opinan que se pudo deber a una mutación que favoreció tal cambio, lo que significando una mejora adaptativa superó los impedimentos de la selección natural.

No obstante, el registro arqueológico, que como manifestación del cuándo y dónde de los cambios conductuales es un diario de gran valor, no aporta datos sobre tal teoría sino todo lo contrario. En los intentos de establecer una correlación entre las capacidades cognitivas humanas y los datos arqueológicos, Colin Renfrew descubre lo que ha denominado como sapient paradox. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace más de 100.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico y complejo) no aparecen hasta fechas que sitúa sobre el 60.000 BP (p.e. en África en Bomblos), pero las conductas propias de nuestro sabio cerebro no se establecieron hasta mucho después de forma definitiva hasta el inicio del Paleolítico superior (40.000 BP en Europa). Con estas consideraciones arqueológicas las conductas con un complejo simbolismo (religión, lenguaje, arte, etc.) se ven más como trayectorias de un desarrollo cultural que como consecuencia de una innata capacidad biológica producida por una específica mutación. Hay que pensar que los cambios conductuales que se aprecian en el inicio de las culturas del Paleolítico superior puedan considerarse como productos emergentes o emergencias conductuales (Renfrew, 2008).   

La Arqueología cognitiva de Renfrew explica hechos muy importantes de la forma en que se ha ido desarrollando la conducta humana, pero ha tenido poco calado en los autores que de forma más tradicional han continuando explicando el registro arqueológico con criterios que no incluyen sus conclusiones. Tal forma de actuar, que además es contraria a lo que la Neurología y Psicología actuales indican, atribuyen un carácter independiente a cada uno de los procesos cognitivos que se pueden rastrear en los datos arqueológicos. En este contexto, la conducta simbólica (p. e. conductas con un simple aspecto religioso) puede producirse en cualquier momento, solo es suficiente encontrar un objeto (p. e. el encuentro del bifaz “Excalibur” en Atapuerca) susceptible de ser interpretado como portador de un simbolismo religioso (ajuar), para considerar al yacimiento como un ejemplo de una conducta simbólica específica y compleja (enterramiento con unsimbolismo de otra vida). Esta conclusión se realiza sin tener en cuenta el desarrollo cognitivo y conductual de la población que realizó tal conducta aparentemente simbólica. Así, se llega a la conclusión de que se puede tener un desarrollo espiritual o simbólico alto, mientras que el resto de las formas conductuales que vemos en el yacimiento indican una importante limitación para el desarrollo de conductas adaptativas, lo que limita mucho la supervivencia de la comunidad.   

No existe tal diferenciación cognitiva que posibilita una conducta simbólica compleja (conceptos religiosos) e impide un desarrollo técnico y sociocultural de igual complejidad. La Psicobiología actual y el registro arqueológico (la sapient paradox de Renfrew) van por otros caminos. Para tener unos conceptos religiosos hay que tener también un adecuado desarrollo de la autoconciencia y de los conceptos temporales y espaciales de la realidad en la que se vive. Sin este adecuado desarrollo no es posible que existan conductas religiosas, por muy simples que sean, por lo que hay que buscar otras causas que justifiquen tales conductas (p. e. enterramientos intencionales en le Paleolítico medio).  


La autoconciencia humana


La autoconciencia humana en un proceso que se gestó en el paleolítico, indudablemente con una base de evolución biológica (evolución cerebral) y un medio ambiente adecuado para la estructuración funcional de ese cerebro. Desde la limitada conducta del Homo habilis a la que presentaba el Homo sapiens en el Paleolítico superior hay una enorme diferencia en su conducta, que no puede explicarse solamente con fenómenos de simple adaptación a medios más o menos hostiles. Sin embargo, la introducción del problema de la autoconciencia en la Arqueología está muy poco  desarrollada, pues en los yacimientos arqueológicos existen muy pocos datos sobre su inicio y evolución, ni tampoco existe un método que facilite su estudio. Este tema es crucial para la compresión de la conducta humana en el paleolítico, pues es el logro de niveles adecuados de autoconciencia lo que facilitarían el inicio de otras conductas más complejas. Sería la consecuencia de un desarrollo de la reflexividad cognitiva que se adquiere (p. e. adecuar las respuestas a las vivencias del momento mediante el uso de los datos de la memoria, teniendo en cuenta la realidad personal y social en un tiempo y espacio determinado) y de la flexibilidad conductual (posibilidad de cambiar de conducta con mayor facilidad y rapidez). Pero tales ideas sólo se pueden adquirir por medio de una mínima compresión de la información que la Neurología y Psicología nos aportan en la actualidad. De ahí la necesaria utilización de formas metodológicas de corte interdisciplinario. Con estas premisas podemos preguntarnos sobre nuestra autoconciencia la siguiente cuestión:

¿Es la autoconciencia una facultad heredada que siempre se manifiesta en nuestra especie, o corresponde a una capacidad evolutivamente adquirida, que se desarrolla gracias a la influencia del ambiente social y cultural en el que nacemos y vivimos?

La Arqueología (sapient paradox de Renfrew) y los datos psicobiológicos actuales indican que la relación de su aparición se establece con características psicobiológicas de las capacidades cognitivas evolutivamente adquiridas y las particularidades medioambientales en las que se vive. Con su desarrollo adecuado y mutua interrelación, van a dar lugar a nuestra conciencia reflexiva. Sin un ambiente adecuado tal propiedad cognitiva no se manifiesta, o lo hace de forma inadecuada. En este sentido, sería la utilización de específicas informaciones aprendidas del medio social, que facilitan el desarrollo de una conducta con características especiales (Marina, 1998). Podríamos definirla, a pesar de la importante controversia que existe al respecto, como el conocimiento subjetivo que tenemos sobre nuestros propios procesos mentales, de la información que recibimos, de los actos que realizamos y de nuestra relación con los demás. Por tanto, la conciencia reflexiva o autoconciencia corresponde a una capacidad cognitiva, con cierto carácter innato en función de su posibilidad de desarrollo, que para que se manifieste en la conducta es necesario una estimulación y aprendizaje adecuados, por medio de un entorno sociocultural concreto. De esta concepción aparece el concepto de emergencia conductual.

Actualmente, son muchos los autores que están de acuerdo que tal proceso es una propiedad emergente del cerebro. El concepto parece nuevo, aunque tiene relación con la concepción de exaptación evolutiva, pues se basa en el mismo principio, aunque con enfoques diferentes (psicológicos y evolutivos). El profesor de Filosofía John R. Searle, en su libro “El misterio de la conciencia” ofrece una definición muy precisa (2000):  

Una propiedad emergente de un sistema es una propiedad que se puede explicar causalmente por la conducta de los elementos del sistema; pero no es una propiedad de ninguno de los elementos individuales, y no puede explicar simplemente como un agregado de las propiedades de estos elementos. La liquidez del agua es un buen ejemplo: la conducta de las moléculas de H2O explica la liquidez, pero las moléculas individuales no son líquidas.

La conciencia reflexiva es pues una propiedad emergente de la conducta (Álvarez Munárriz, 2005; Mora: 2001), resultante de la unificación funcional de otras capacidades cognitivas (mecanismos de atención seriados, memoria a corto plazo, emotividad, etc.) que, por sí solas, no explican tal propiedad, pero la suma funcional de ellas daría lugar a las propiedades de autoconciencia humana (Edelman y Tononi, 2000; Mora, 2001). El desarrollo de la conciencia reflexiva se producirá cuando las capacidades cognitivas lo permitan, y las características del medio ambiente sean las adecuadas. Si en la actualidad tales condiciones parecen obvias, en la prehistoria adquieren un protagonismo esencial. Las primeras van apareciendo con la evolución física, mientras que las segundas hay que crearlas, teniendo un desarrollo propio y diferente a la evolución neurológica.

¿Cuáles son las características del medio ambiente que favorecen la emergencia de la autoconciencia? Existen varias, y todas ellas relacionadas con los procesos sociales que ocurren en las comunidades humanas, y por supuesto relacionadas entre sí. Destacaré dos por ser las más importantes y que mejor se han estudiado:

I.- El desarrollo del lenguaje. Las funciones del lenguaje son varias (social, comunicativa y cognitiva), de ellas la tercera es la menos conocida pero no por ello menos importante. La Función cognitiva (comunicación interna) sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc.
La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. No podemos esperar que cada niño, en su crecimiento y desarrollo particular, deba ir creando todas las abstracciones que la sociedad ha originado a lo largo de su largo periplo cultural. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico de maduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al. 1992; Vygotsky, 1920).

II.- El desarrollo de las sociedades humanas en todos sus aspectos: social, económico, tecnológico, demográfico, etc. En este contexto de desarrollo es donde se van a producir las abstracciones que caracterizarían las cualidades del lenguaje, cuanto más complejas son las actividades de la sociedad, más elaborado serían las abstracciones que el lenguaje puede crear, recoger, almacenar y transmitir a las nuevas generaciones. Todas estos procesos sociales y lingüísticos serían las que irían creando y magnificando lo que el famoso neurocientífico Antonio Damasio (2010) denomina como autoconciencia biográfica, la cual, expresada en la complejidad del lenguaje, contribuye de forma muy significativa a crear las estructuras principales de la autoconciencia humana.


Con el desarrollo de estas condiciones sociales surge el concepto de individualidad (social y, sobre todo, personal), con el que se iniciamos el reconocimiento e interiorización de la idea abstracta del yo / nosotros en relación con el concepto de tú / otros. Pero tal emergencia conductual no es un todo o nada, sino un continuum ampliamente heterogéneo en el tiempo y en el espacio geográfico. La individualidad depende de las características lingüísticas y sociales en el que se vive, por lo que sus cualidades estarían condicionadas a sus grandes desigualdades, las cuales están bien recogidas en la historia de todas las sociedades humanas.  

Autoconciencia en el registro arqueológico

El registro arqueológico, como testigo de los avances cognitivos y conductuales humanos, nos muestra las fechas y lugares (actualmente con una credibilidad aceptable, aunque no exacta) en los que se iniciaron los cambios conductuales que reflejan el inicio de esta capacidad emergente humana. Un ejemplo del que tenemos muchos datos es la transición al Paleolítico superior en Europa.

- En el Paleolítico medio (Europa y el Próximo Oriente) las poblaciones humanas se encuentran sumergidas en la cultura Musteriense, con una tecnología lítica muy conocida, en la que las láminas son escasas y poco definidas (pero existen). El trabajo del hueso es muy escaso y se realiza con técnicas propias de la talla lítica. Los adornos conocidos son muy escasos y corresponden a productos que por su color y forma llaman la atención (plumas, piedras de colores, fósiles,  etc.). En general, se va apreciando un paulatino, aunque muy heterogéneo en el tiempo y en el espacio, desarrollo de la complejidad social, tecnológica y logística, pero no lo suficientemente desarrollado como para ofrecer las condiciones necesarias para generar una autoconciencia biográfica y un lenguaje complejo.

- Pero que no se llegue al nivel requerido no implica que se esté en el camino de lograrlo. Los primeros avances serían el inicio de la propia identificación social del grupo en contrapunto con la identificación de las demás poblaciones, es decir, a la creación del concepto de la individualidad social. En su paulatino aumento de complejidad, darían lugar a diferentes manifestaciones de tipo social, tecnológico, político y religioso dentro del propio grupo (Elías, 1990; Hernando, 2002). Así, se iniciarían los criterios de individualidad personal o diferencias particulares que surgen entre los elementos de un mismo grupo humano (autoconciencia biográfica entendida como el germen de la propia autoconciencia individual, tal y como la entendemos en la actualidad).

- Arqueológicamente se comprueba su suficiente desarrollo con la producción de cambios tecnológicos y socioeconómicos que han caracterizado al inicio del Paleolítico superior. En poco tiempo, dentro del computo temporal del paleolítico, aparecen la producción de adornos, la tecnología ósea con medios productivos específicos para tal materia prima, una tecnología lítica laminar muy definida y lograda cada vez con mayor variedad de útiles, y unos criterios de generalización espacial en todos estos avances (sociales, técnicos y simbólicos) muy importantes.

- Con relativa posterioridad se comienzan a ver las manifestaciones graficas de muy variado tipo y forma. El simbolismo inicia un desarrollo nunca visto hasta entonces. Sólo con el logro de estas premisas cognitivas (individualidad dentro de unos delimitados conceptos espaciales y temporales) es cuando pueden comenzar a desarrollarse los patrones conductuales de un simbolismo complejo, como serían los metafísicos (magia, religión, etc.), que pueden relacionarse con la aparición de las imágenes parietales y mobiliares.


- La complejidad social, tecnológica y simbólica adquieren un importante progreso, a la que hay que añadir una generalización y persistencia generacional que nunca se había visto antes. El ser humano razona mejor y es más flexible en sus decisiones y cambios de conducta, de una forma mucho más rápida de cómo lo había realizado hasta este momento.

Esta general visión arqueológica de la evolución de la conducta humana en la transición paleolítica se ajusta muy bien a las condiciones de producción de la autoconciencia humana, y sirve de ejemplo de cómo los trabajos interdisciplinares ofrecen mejores respuestas a las preguntas que podamos tener sobre nuestro pasado. 

* ÁLVAREZ MUNÁRRIZ, L. (2005): “La conciencia humana”. En: La conciencia humana: perspectiva cultural. Coord. por Luis Álvarez Munárriz, Enrique Couceiro Domínguez. Anthropos. Barcelona.
* BELINCHÓN, M.; IGOA, J. M. y RIVIERE, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Madrid. Trotta.
* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Destino. Barcelona.
* EDELMAN, G. M., y TONONI, G. (2000): Un Universe of Consciousness. Basic Books, New York. 
* ELÍAS, N. (1990): La sociedad de los individuos. Ensayos. Península / Ideas. Barcelona.
* HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
* JENKINS, R. (1996): Social Identity. Nueva York y Londers, Routledge.
* MARINA, J. A. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.
* MORA, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Alianza Editorial. Madrid.
* SEARLE, J. R. (2000): El misterio de la conciencia. Paidos. Barcelona.
* VYGOTSKY, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Ed. Crítica. 1979. Barcelona. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Estructuralismo en Arqueología


El estudio de la conducta humana en el Paleolítico siempre ha estado limitado por dos grandes inconvenientes. Primero, por la escasez de datos que de tal época tenemos, y segundo por la falta de métodos que nos permitan analizarlos con la mayor objetividad posible. Desde el inicio de la Prehistoria como ciencia se ha intentado elaborar formas y métodos que permitan una interpretación de los datos arqueológicos adecuada.

Algunos autores opinan que el Estructuralismo puede ser una posición interesante, en el intento de estudiar objetivamente las realidades sociales o colectivas de la Prehistoria. Esta corriente teórica, basada fundamentalmente en la escuela del antropólogo Claude Lévi-Strauss (1908-2009) y desarrollada a mediados del siglo XX, se basa fundamentalmente en la aceptación de unas estructuras o modelos genéricos (aparentemente no visibles) sobre el funcionamiento que rige la conducta humana (Lévi-Strauss, 1964). Las estructuras de percepción (sentidos) y procesamiento (cerebro) de la realidad deberían ser similares en todos los grupos humanos, lo que implicaría que tenemos una forma básica, común a todos los pertenecientes a nuestra especie, de conocer la realidad material del mundo en el que vivimos. En este sentido, el Estructuralismo intenta realizar una interpretación objetiva, pues para él, el sujeto que se analiza (seres humanos de la prehistoria o actuales) no es importante, dado que ambos están determinados por esas características comunes que encauzan las acciones de la sociedad, y el que lo estudia (antropólogo, arqueólogo, etc.) tampoco, pues sólo intenta descubrir los códigos comunes que le lleven a entender la percepción de la realidad del grupo observado (Hernando, 1999).

A. Leroi-Gourhan
Sin embargo, el estructuralismo, como corriente metodológica, pocas veces ha constituido una gran alternativa coherente y duradera en Arqueología. Un ejemplo de su utilización nos la ofrece el Profesor André Leroi-Gourhan (1911-1986), quien introdujo, a mediados del siglo pasado, el estructuralismo en la Arqueología. Entre su monumental obra destaca la teoría sobre la interpretación del arte paleolítico, basado en las ideas de esta corriente científica. En sus investigaciones sobre la pintura rupestre pretendió hallar relaciones míticas entre los dibujos de los animales y una cierta simbología sexual humana (Leroi-Gourhan, 1965). Para él, existen dos principios bien representados en estas figuras, el femenino (mujer, signo femenino o bóvido) y masculino (hombre, signo masculino o caballo), los cuales debían repartirse de una forma prefijada y equilibrada en toda la cavidad. Tal relación es posible que exista, pero es prácticamente imposible probar su realidad, pues para ello sería necesario poder pensar como sus creadores, lo que imposibilita su realización. Demasiado pragmático para mantenerse en esa posición, Leroi-Gourhan evolucionó rápidamente hacia formas más flexibles de interpretación de los hechos. Se echaba en falta un mayor conocimiento sobre la realidad neurológica y psicológica del ser humano en relación con su conducta, así como la certeza de la gran variedad de caminos que puede elegir en su desarrollo, imposibilitando el conocimiento exacto de la realidad. Un estudio similar lo realizó Annette Laming-Emperaire (1962).

Se echaba en falta un mayor conocimiento sobre la realidad neurológica y psicológica del ser humano en relación con su conducta, así como la certeza de la gran variedad de caminos que puede elegir en su desarrollo. Se desconoce, con un mínimo de certeza, de las características de esas estructuras comunes de percepción e interpretación, por lo que su desarrollo se ha realizado un tanto a ciegas, sin conocer las propias limitaciones que la estructura biológica común presenta. Habría que volver a desarrollar leyes generales sobre la forma de crear y desarrollar la conducta humana, pero con la suficiente flexibilidad como para que se adaptasen a las particularidades, sociales y personales, de cada contexto arqueológico, es decir, explicar la diversidad cultural y de pensamiento como característica esencial de la conducta humana.

Actualmente, conocemos que la estructura histológica y anatómica de la corteza cerebral de los primates es prácticamente igual entre todos ellos, diferenciándose cuantitativamente en la superficie de las áreas asociativas del córtex, en su facilidad para formar redes neuronales o su funcionalidad, y posiblemente en otros factores bioquímicos no muy bien analizados. La evolución fue desarrollando cerebros más grandes, con mayor superficie cortical, mayor capacidad de sinapsis o de formación de redes neuronales, y un aumento diferenciado o alométrico de las áreas de asociación, pero no cerebros de estructuración celular, anatómica y fisiológica diferentes. El cerebro del Homo sapiens que vivió hace unos 100.000 años era muy similar, por no decir prácticamente igual, al nuestro. La única diferencia que podemos resaltar corresponde a la calidad y cantidad de información existente entre la cultura de ese momento y la actual; una con escasos componentes simbólicos y/o abstractos, y la otra basada en su mayoría en conceptos con este tipo de características. La forma de funcionar de ambos cerebros sería la misma, aunque condicionada por la diferente información que recibirían en los distintos periodos culturales.

Con esta visión, la única manera de tener un mínimo de objetividad en el estudio de la conducta humana en la prehistoria, es creando un modelo teórico común a todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura de cada momento. Esto puede intentarse por medio de un estudio limitado a aquellos factores comunes o estructurales propios de nuestra especie, que pueden aplicarse a los seres humanos actuales y a los que desarrollaron las culturas del Paleolítico. Las características relacionadas con la Biología Evolutiva, Neurología, Psicología y Sociología ofrecen un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va a desarrollar nuestro pensamiento y conducta, siendo común en todos los seres humanos. No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción socioeconómica y cultural, puede ser distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. En definitiva, lo que se quiere dar a entender es que las formas fisiológicas de percepción de la naturaleza (los cinco sentidos conocidos por todos: gusto, tacto, olfato, audición y visión), y su procesamiento en el sistema nervioso de los seres humanos, son iguales para todos los de la misma especie. Mientras que entre las demás especies humanas serían sólo similares, pues existen ligeras diferencias de funcionalidad y de capacidad cognitiva, aún por precisar. Por tanto, cada grupo social de una misma especie humana puede, independiente unos de otros, ir creando una estructura lógica social y personal diferente. Lo que en un principio es común, en su desarrollo se iría diversificando. En este sentido se ha desarrollado la Arqueología cognitiva basada en un Estructuralismofuncional de la características psicobiológicas del cerebro humano.

* Hernando, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.  
* Laming-Emperaire, A. (1962): La signification de l'art rupestre paléolithique; méthodes et applications. A. and J. Picard.  
* Leroi-Gourhan, A. (1965): Préhistorie de l´árt occidental. París. Mazenod.

domingo, 20 de enero de 2013

Thomas Wynn y Frederick L. Coolidge


Otros trabajos con características interdisciplinarias los han realizado el arqueólogo Thomas Wynn junto con y el psicólogo Frederick L. Coolidge, ambos de la Universidad de Colorado en Colorado Springs. En un principio T. Wyn inició su trayectoria en la Arqueología cognitiva en solitario, utilizando para ello las teorías del psicólogo J. Piaget, pero sus trabajos necesitaban de una colaboración psicológica más profunda. De esta necesidad surgió la trayectoria común junto a Frederick L. Coolidge, publicando diversos artículos y libros, así como con la creación de un Centro de Arqueología Cognitiva en la Universidad de Colorado con cursos on-line sobre sus métodos en esta compleja visión de la arqueología.

Thomas wynn
I. Desarrollo teórico

Thomas Wynn (1977, 1981, 1989) representa uno de los primeros intentos de entender la evolución de la mente de nuestros antepasados por medio de los restos arqueológicos y de una teoría sobre la inteligencia y su evolución. Utiliza la teoría del psicólogo suizo J. Piaget (1952) sobre el desarrollo cognitivo de los niños, donde aprecia una secuencia de varios estadios evolutivos durante su crecimiento (estadio sensoriomotor; preoperacional; de operaciones concretas y de operaciones proposicionales). La inteligencia humana, en la evolución del género Homo, fue adquiriendo evolutivamente cada uno de estos estadios, lo que le permite ir desarrollando su tecnología y comportamiento, como aparentemente se aprecia en el registro arqueológico.
Frederick Coolidge

Su evolución teórica le hace ver la necesidad de elaborar formas explicativas más concretas, lo que realiza junto al psicólogo Frederick L. Coolidge (Wynn y Coolidge, 2004; Coolidge y Wynn, 2011). Ambos opinan que la neurociencia identifica claramente una capacidad de planificación y resolución de problemas, la cual es neurológicamente aislable del comportamiento simbólico y de las habilidades del lenguaje. Este componente del pensamiento moderno es el concepto multicomponente de Baddeley de  memoria de trabajo. La memoria de trabajo ha sido definida como la capacidad de mantener en la mente una tarea a pesar de una interferencia, pero no está universalmente aceptado.  En la definición de Baddeley, a las funciones ejecutivas se las denomina el ejecutivo central, y el ejecutivo central tiene todos los procesos cognitivos aceptados implicados en las definiciones clásicas de funciones ejecutivas: planificación, organización, estrategias, inhibición, cambio de tarea, etc. 

El fundamento psicológico es clave de su teoría, pues expresan una independencia cognitiva de la memoria de trabajo, que psicológicamente se engloba dentro de otras capacidades denominadas funciones ejecutivas, básicamente localizadas en el lóbulo prefrontal (parte anterior del lóbulo frontal, donde se sitúan las áreas de asociación terciarias de reciente evolución).

Funciones ejecutivas.

En la neurociencia cognitiva las funciones ejecutivas son fundamentales para la planificación de toda conducta. Éstas se han investigado extensamente a través de un modelo formal conocido como la memoria de trabajo de Baddeley. Las áreas de asociación terciaria del lóbulo prefrontal (LPF) se han relacionado con importantes capacidades cognitivas muy relacionadas con la conducta humana. Serían las funciones ejecutivas (FE) o conjunto de habilidades cognitivas de superior organización e integración que, partiendo de ciertas capacidades cognitivas elementales, permite la maximización de la eficacia conductual en un momento determinado, es decir, de transformar el pensamiento en acción y de efectuar su control. Las capacidades cognitivas elementales sobre las que se basa son las siguientes:

- Planificación. Organización de la acción para lograr una meta elegida. Establece un plan estratégicamente organizado de secuencias de acción (motoras o cognitivas).
- Flexibilidad. Capacidad de elección entre distintas formas de actuación, cuando es necesario cambiar la acción ante cambios de situación o de tarea.
- Memoria de trabajo u operativa. Permite mantener activada una cantidad limitada de información, la cual es necesaria para el buen desarrollo de la acción en ese momento.
- Monitorización. Realiza la supervisión necesaria para la ejecución adecuada y eficaz de los procedimientos en curso.
- Inhibición. Produce la interrupción de una determinada respuesta que generalmente ha sido automatizada.

Los autores cuando hacen referencia a la memoria de trabajo lo hacen siguiendo una Integración jerárquica y funcional de todas las funciones ejecutivas, constituyendo un modelo de acción que se ha denominado como modelo de Baddeley e Hitch de la memoria de trabajo (1974, 2000). En el año 1974 Alan David Baddeley y Graham Hitch, profesores de psicología de la Universidad de York, desarrollaron este modelo que establecía los componentes y funcionamiento de la memoria de trabajo. Con posterioridad, uno de ellos (Baddeley, 2000) añadió un cuarto componente que mejoraba el modelo.

Características de la memoria de trabajo.

Como puede verse la memoria de trabajo en una de las funciones ejecutivas, teniendo un papel fundamental en el pensamiento y comprensión del lenguaje. Su existencia en condiciones optimas es necesaria par los siguientes procesos:
- Se necesita para mantener los objetivos y subobjetivos en la resolución de problemas.
- Las diferencias individuales en la resolución de problemas pueden deberse a diferentes capacidades en la memoria de trabajo.
- Un aspecto de la capacidad de la memoria de trabajo puede ser la velocidad de procesamiento.
- Una predicción razonable de su necesidad es que una interferencia en la memoria de trabajo se traduce en peores prestaciones en las tareas de razonamiento
- Es necesaria en la compresión del lenguaje, pues almacena información parcial sobre un texto pronunciado o leído mientras se codifica el resto, y temporalmente para producir un significado coherente para el texto completo, La necesidad de la memoria de trabajo es fundamental para la comprensión de frases, pero sólo cuando éstas son lo suficientemente complejas como para necesitar que algunas palabras tengan que mantenerse en memoria mientras se percibe el resto de la frase.

La evidencia arqueológica.

Los datos arqueológicos indican que la memoria de trabajo tuvo una importante mejoría hacia las características modernas en un pasado relativamente reciente. Ésta aparece evidentemente hace 30.000 años, pero su evidencia es dispersa y puede llagar hasta los 77.000 años atrás, incluso a la misma aparición del Homo sapiens hace 150.000 años. A pesar de este rango de fechas, parece que la mejora de esta capacidad fuese uno de los desarrollos evolutivos finales que produjeron la mente moderna, dentro del concepto de evolución en mosaico de la cognición humana.

Existe una laguna funcional entre la posible aparición y sus resultados conductuales. Proponen dos posibles formas de explicación. La aparición evolutiva por una mutación con poca afectación cultural, necesitando mucho tiempo para hacerse fija en toda la población, o la necesidad de un desarrollo cultural que facilitase a la memoria de trabajo datos sobre los que trabajar. La evidencia arqueológica de una mayor memoria de trabajo simplemente no es suficiente para resolver este específico rompecabezas evolutivo.

Una última observación sobre la evolución cognitiva del ser humano en general. La evidencia de la evolución de  la memoria de trabajo se adapta muy bien en una evolución en mosaico de la cognición humana. Algunos de los componentes de la cognición moderna evolucionaron hace mucho tiempo y de forma independiente. Así, la cognición espacial era moderna hace 500.000 años, desarrollándose en circunstancias muy diferentes de los últimos 100.000 años. La cognición de planificación también tiene considerable antigüedad, pues aparece en los humanos arcaicos como el Homo heidelbergensis y los neandertales.

Resumen metodológico.

Es un trabajo interdisciplinario del que podemos expresar sus principales características:
- Evolución: En mosaico y muy posiblemente de forma puntuada más que gradual, no especifican mucho. Diferentes posibilidades evolutivas del cerebro.
- Psicología: Clave de su teoría. Indican una independencia cognitiva de la memoria de trabajo (funciones ejecutivas). Un reciente aumento de la capacidad de la memoria de trabajo fue la última pieza en la evolución de la moderna cognición.
- Neurología: La memoria de trabajo es principalmente una función del lóbulo frontal, con importantes vínculos neuronales de los lóbulos parietal y temporal, y los ganglios basales. Se relaciona con la evolución en mosaico del cerebro.
- Sociología: Da importancia como medio de generalización y expansión de las mutaciones. No incide mucho sobre su trascendencia, pero aclaran que un medio ambiente adecuado es necesario para un buen desarrollo neurológico.
- Lenguaje: Importante pero relativo, pues sería una consecuencia del aumento de la memoria de trabajo. Aunque en cierto modo estaría relacionado con el comportamiento simbólico y de las habilidades del lenguaje, tiene cierta independencia neurológica y psicológica.   




II. Problemas teóricos y prácticos.

- Estos autores opinan que un factor fundamental, para explicar las diferencias cognitivas entre los neandertales y los humanos modernos, sería la potencialización de la memoria de trabajo o de las funciones ejecutivas en conjunto. Estas capacidades cognitivas, junto con la atención que activa selectivamente la información necesaria para facilitar la acción del momento, sería la que facilitaría un pensamiento innovador y experimental a nuestro linaje. No cabe duda que la memoria de trabajo constituye un elemento cognitivo esencial en nuestro comportamiento, pero con este particular análisis y su independencia de las demás capacidades cognitivas, hace que su hipótesis, posiblemente cierta, sea imposible de comprobar y documentar. Para comprender nuestra conducta, además de tener una memoria de trabajo o funciones ejecutivas adecuadas, es necesario tener bien desarrolladas el resto de las capacidades cognitivas (primarias y emergentes). En la actualidad sólo podemos valorar la aparición y desarrollo de conductas observables en el registro arqueológico, que son consecuencias de la acción conjunta de varias capacidades cognitivas (primarias y emergentes)relacionadas con el LPF.

- Las capacidades cognitivas no tienen porqué aparecer con todo su potencial de improviso. El progreso evolutivo que posibilita su aparición se manifiesta por medio de un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, pues es el resultado de las mutaciones genéticas y la necesidad de un medio cultural capaz de desarrollarlas, lo que hay que ir creándolo poco a poco.

- La aplicación de su teoría a los datos arqueológicos se realiza siguiendo las pautas de la Nueva Arqueología o Procesualismo, es decir, se realiza una teoría general a la que tienen que adaptarse los datos arqueológicos, lo que no siempre ocurre. El Postprocesualismo aboga por una particularización detallada de los datos arqueológicos, que en definitiva deberían de ser los datos que nos indican la forma en que la cognición y conducta se fue desarrollando en el pasado. Ambas metas, teoría general y su aplicación dependiendo de los datos particulares de cada yacimiento, es el método preconizado por el Estructuralismofuncional.

- COOLIDGE, F. y WYNN, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology.
- PIAGET, J. (1952): The origins of intelligence in children. New York: Norton.
- WYNN, T. (1977): The Evolution of Operational Thought. University of Illinois.
- (1981): “Intelligence of Oldowan hominids”. Journal of Human Evolution 10: 529-41.
- (1985): “Piaget, stone tools, and the evolution of human intelligence”. World Archaeology, 17:32-43.
- WYNN, T. y COOLIDGE, F. L. (2004): “The expert Neanderthal mind”. Journal of Human Evolution, 46: 467-487.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Steven Mithen


Steven Mithen es un autor muy conocido por sus trabajos sobre la Arqueología cognitiva. Sus teorías, muy difundidas gracias a sus libros y su rápida traducción al castellano, pueden incluirse dentro del Procesualismo o Nueva Arqueología. Sin embargo, a su trabajo se le ha denominado como Arqueología evolutivo-cognitiva, pero tal nominación es equivoca, pues todas las formas de Arqueología cognitiva utilizan los métodos cognitivos y evolutivos, al asumir que la conducta es el resultado de la acción de la mente por medio de las capacidades cognitivas adquiridas durante los procesos evolutivos. La diferencia radica en la elección de las diferentes formas de explicar los mecanismos evolutivos, del funcionamiento psicobiológico del cerebro y de la propia concordancia interdisciplinar.

I. Desarrollo teórico

Mithen intenta comprender el cómo, el cuándo y el porqué de la evolución de la mente humana, tanto en su estructuración evolutiva como en se desarrollo cultural. Utiliza un método interdisciplinar donde se aúnan datos de la Psicología evolutiva, Neurología, Primatología, Biología evolutiva, Arqueología, Etología y Lingüística.

Como principal norma de su complejo trabajo, establece que es imposible entender la mente humana sin conocer su proceso de evolución, así como de la importancia de su funcionamiento, por lo que da un gran valor metodológico a la Psicología. Para sus fines elige la Psicología evolucionista, la cual está comprometida con un darwinismo muy tradicional, aunque poco adaptada a los nuevos datos que sobre los mecanismos del cambio corporal conocemos en la actualidad (genes reguladores, embriología, importancia del ADN basura,  etc.).


Su teoría comienza con una metodología evolutiva que se puede integrar en los modelos más clásicos del darwinismo. La evolución es la causante de conformar gradual y selectivamente nuestro pensamiento. Lo hace creando módulos neuronales que albergan diferentes inteligencias (social, técnica, de historia natural, lingüística), que se especializan de forma independiente sobre una ancestral inteligencia general. Éstos de forma independiente según se fueron creando y desarrollando evolutivamente. Solo al final del proceso evolutivo con los humanos anatómicamente modernos fue cuando se produjo un fenómeno de integración por medio del lenguaje. En este contexto, el medio social y el lenguaje que se crea en su seno son los mecanismos que permiten la evolución cultural y el desarrollo cognitivo. La importancia del lenguaje queda reflejada al ser el medio de unión entre las distintas inteligencias: social (manejo de las relaciones interpersonales), técnica (manipulación de objetos), histórico-natural (comprensión de las relaciones causa-efecto), logrando una fluidez cognitiva entre todos ellos, y dando lugar a la conducta moderna del Homo sapiens. La fluidez comenzó hace unos 200.000 años y abrió las puestas de la conducta moderna, consiguiendo su máxima facultad en el 60.000 BP. La relación de dependencia entre sociedad y lenguaje se remarca al comprender que el lenguaje surgió cuando el grupo social empezó a hacerse más numeroso y complejo.

Resumen metodológico

- Evolución: darwinismo clásica. Acción de la selección natural lenta. Evolución gradual y principalmente adaptativa.
- Neurología: Desarrollo evolutivo del cerebro que posibilitaba la creación funcional de Módulos con diferente función.
- Psicología de la evolución. Dominios modulares de lasa diversas formas de inteligencia (la ancestral general y las posteriores de domino social, técnico y histórico-natural).
- Sociología. Importancia del medio social. El lenguaje primitivo surgió cuando el grupo social empezó a hacerse más numeroso y complejo.
- Lenguaje. Medio de unión entre las distintas inteligencias: general, social, técnica y histórico-natural, logrando una fluidez cognitiva entre todos ellos que conlleva a la conducta moderna (Homo sapiens). La fluidez cognitiva tiene sus orígenes en el lenguaje, logrando que la innovación sea su mejor baza adaptativa.
La Fluidez cognitiva es un termino muy usado y elaborado por Mithen en su teoría cognitiva (el lenguaje como instrumento de unión o de fluidez entre todas las inteligencias. Podría relacionarse con el aumento de la memoria de trabajo (Coolidge y Wynn, 2011 ). Tal fluidez sería la interconexión cognitiva de las cosas con sus correspondientes símbolos (establecer correspondencias simbólicas). Así, el pensamiento integrado sustituyó y/o complementó al pensamiento compartimentado.

II. Problemas teóricos y prácticos

- Un importante problema de la interdisciplinariedad es que muchas veces no se tienen en cuenta la imprescindible adaptación de las ciencias utilizadas en su elaboración, en su intento de explicar la conducta humana. Todos están de acuerdo de que el crecimiento neurológico no se correspondió con un paralelo desarrollo de la conducta simbólica y mayor capacidad de adaptación, sino que fue un proceso posterior sobre el que hay que analizar sus causas. Un claro ejemplo lo tenemos en Steven Mithen (1998: 15-17), en su conocido libro Arqueología de la mente, lo expone con las siguientes palabras:

Es evidente que no existe una relación simple entre el tamaño del cerebro, la “inteligencia” y la conducta.......hubo dos grandes expansiones repentinas del cerebro, una hace entre 2 y 1,5 millones de años, relacionada con la aparición del Homo habilis, y otra menos pronunciada hace entre 500.000 y 200.000 años. Los arqueólogos suelen vincular la primera al desarrollo de la producción de útiles, pero en cambio no logran descubrir ningún cambio importante en la naturaleza del registro arqueológico susceptible de ser correlacionado con el segundo periodo de expansión cerebral. Nuestros antepasados siguieron manteniendo el mismo estilo básico de vida cazadora-recolectora, y utilizando la misma gama limitada de útiles de piedra y de madera.
Las dos transformaciones verdaderamente espectaculares de la conducta humana tuvieron lugar mucho después de que el tamaño del cerebro alcanzara su tamaño moderno. La primera fue una explosión cultural ocurrida hace entre 60.000 y 30.000 años, cuando surgieron las primeras manifestaciones de arte, de tecnología avanzada y de religión. La segunda se asocia a la emergencia de la agricultura.....

Sin embargo, a pesar de conocer este desfase entre la evolución física y la cultural (sapient paradox de Renfrew), en su explicación sobre el desarrollo cognitivo humano no profundiza en las causas evolutivas que justificasen tan peculiar forma de desarrollo cultural, ni su correlación lógica con las remodelaciones neurológicas. Este es el primer problema que encontramos corrientemente en la explicación sobre la formación de nuestra cultura simbólica. Se explica la teoría sintética de la evolución y, sin casi conexión práctica, se pasa a exponer los cambios culturales ocurridos a lo largo del desarrollo de nuestro linaje. No se aclaran las formas en que estos cambios conductuales se producen, dando por seguro que siempre son consecuencia de las características que la evolución ofrece en sus cambios anatómicos. Tal afirmación no deja, de una forma muy genérica, de ser cierta, pero hay que explicar los mecanismos (psicobiológicos, socioculturales y medioambientales) que fueron necesarios para su producción, pero siempre en estrecha relación con los procesos evolutivos que posibilitaron al ser humano su desarrollo.

- La llamada Psicología evolucionista es un claro exponente de una teoría psicológica opuesta a otros modelos más acordes con las ciencias que constituyen un modelo interdisciplinario mejor coordinado. Parece que está poco adaptada a los nuevos datos que sobre los mecanismos del cambio corporal conocemos en la actualidad (genes reguladores, embriología, importancia del ADN basura,  etc.).

Durante la década de los años cincuenta y sesenta se volvieron a tener presentes la existencia de los procesos mentales como expresión de las cualidades psicológicas de nuestra especie. Tal confirmación fue el origen del desarrollo de la Psicología cognitiva, la cual trata de analizar las formas conductuales de los seres humanos por medio del estudio experimental de los procesos mentales. La Psicología cognitiva puede ofrecer un marco teórico a la Psicología de gran trascendencia, constituyendo en la actualidad el enfoque metodológico predominante, por ser la que más poder explicativo presenta y mejor se adapta a los sucesivos avances que la neurología y otras ciencias humanas van aportando continuamente, respecto del estudio de nuestro propio comportamiento (Belinchón et al. 1992). Uno de los enfoques que más predicamento tiene en la actualidad corresponde a la perspectiva del procesamiento de la información, en el cual la mente se entiende como un sistema activo que procesa la información medioambiental.

- Es difícil entender como pueden funcionar independientemente los procesos cognitivos de distinta finalidad, cuando la moderna neurología indica la compleja interconexión existente entre todos los componentes neuronales, siendo su uso variable y muchas veces similares cuando utilizamos cualquiera de las diferentes inteligencias. El cerebro no hace distinciones generales según el tema a tratar, participando de los elementos necesarios para su logro.

- Merlin Donald opina que Mithen subestima mucho el significado de la representación. Son dos teorías que aunque aparentemente se basan en los mismos o parecidos fundamentos interdisciplinarios, divergen sustancialmente en sus enunciados y desarrollo teórico-práctico.

* BELINCHÓN, M.; IGOA, J. M. y RIVIÈRE, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta. Madrid.
* COOLIDGE, F. L. y WYNN, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology.
* MITHEN, S. (1998): Arqueología de la mente. Orígenes del arte, de la religión y de la ciencia. Crítica. Barcelona.
* MITHEN, S. (2007): Los neandertales contaban rap. Los orígenes de la música y el lenguaje. Crítica. Barcelona.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Merlin Donald


MerlinDonald, psicólogo y neurocientífico cognitivo, fue uno de los primeros en proponer una teoría sobre la evolución cognitiva humana, a partir del uso de datos arqueológicos. Para él, la cultura material desempeña un papel activo en la formulación y comunicación de procesos cognitivos. En su análisis realiza un enfoque interdisciplinario, pues coordina teorías de Antropología, Arqueología, Psicología cognitiva, Lingüística y Neurología. Se preguntó qué se fue transformando en la mente en el transcurso del tiempo, elaborando un esquema de sucesivas revoluciones sobre el modo en que la mente maneja la información almacenada (evolución de los modos de representación), apareciendo en cada uno de ellos cambios cognitivos y un nuevo estadio de conciencia (tres cambios con cuatro formas de conciencias). Lo explica por medio de un proceso evolutivo asimilable a los equilibrios puntuados, en las áreas corticales de asociación, del hipotálamo y del cerebelo.

I. Desarrollo teórico

1º. - Parte de la conciencia de los primates conocidos con su cultura episódica o conciencia episódica (capacidad de almacenar sus percepciones sobre episodios específicos. Experiencia). Esta memoria episódica les ofrece a sus poseedores poca capacidad de recuerdos voluntarios y selectivos con independencia de las señales ambientales que estimulan el recuerdo. Tienen muy limitando el uso del tiempo y del espacio (limitación del desplazamiento cognitivo). No pueden crear modelos de acción consciente (gestos, mímica, signos, etc.), pero sí aprenderlos aunque con gran esfuerzo (gran limitación de la creatividad, abstracción y simbolización). Tampoco tienen una recuperación adecuada e independiente de tales modelos (memoria de trabajo). Se podría asimilar a la conciencia del Homo habilis (4-2 m.a.). La simetría de los útiles se perpetúa porque así se hacen los útiles. Sería un estilo característico del grupo y posible causa de su unidad social.

2º. - El primer cambio se aprecia por la simetría de las herramientas líticas como muestra de una representación intencionada. Se actúa intencionadamente por imitación o recuerdo de lo aprendido. Se necesita una evolución motora que favoreciese posteriormente el desarrollo del lenguaje. Sin embargo, es necesario algún tipo de lenguaje, utilizando la mimesis, o comunicación que se apoya en la gesticulación simbólica y en la articulación elemental. Aunque no podían hablar tenían un generador de representación intencionado de comunicación disponibles en los gestos y mímica (mimesis como preadaptación al lenguaje), que le permitió desarrollar las relaciones sociales, normas del grupo, emociones, logística y tecnología: Cultura mimética.

Se adquirió una conciencia mimética que admite la contemplación del pasado y del futuro, junto con la abstracción, la capacidad para desarrollar un concepto que identificara a un objeto o acontecimiento concretos. La mímica en su desarrollo crearía una forma elemental de lenguaje. Sobre la base del Homo habilis y Australopitecos se produce un cambio evolutivo (de naturaleza puntuada) hacia el Homo erectus (2 m.a.- 300.000 a.), logrando un aumento cerebral en las áreas de asociación, del hipotálamo y cerebelo.

3º. - El segundo cambio apareció con el desarrollo del lenguaje (creación léxica, simbólica, gramatical) creando una conciencia mítica. La aparición del lenguaje (300.000-150.000 BP.) favoreció el desarrollo del anterior tipo de conciencia llegando a la que se denomina como conciencia mítica. El lenguaje significó la innovación de una simbología mucho más rica que las metáforas directas de la mimesis, como son los primeros adornos. Con él se podía comunicar más y mejor los conceptos que se fueran creando, incluso según el contexto podían tener uno u otro significado. El desarrollo del lenguaje y de los conceptos nuevos con todas sus múltiples interconexiones generó el desarrollo de los mitos. Aparece con el arte paleolítico (30.000 a.). Desarrolló mucho la cultura de las poblaciones (historia pasada, relaciones divinas y humanas, etc.). Lo sitúa en la evolución del Homo erectus hacia el Homo sapiens.

4º.- El tercer cambio originó la conciencia teórica. Consecuencia de avances tecnológicos y no biológicos como sería la escritura. Es un almacenaje de recuerdos extrasomático o memoria externa, ampliando mucho tal capacidad, ya que antes se limitaba a la que se podía almacenar y recordar. Pudo producirse en base a la plasticidad neuronal del cerebro humano, pues las nuevas y extensas áreas terciarias asociativas pudieron crear mecanismos que pudieran crear y gobernar nuevos sistemas de almacenamiento externo (lenguaje, escritura, signos, etc.), debido a una función ya externa o social y no biológica (epigenéticos).

En el Homo sapiens se produjo una evolución cognitiva y cultural, sustentada por las formas de memoria externa (símbolos visuales permanentes) y una nueva arquitectura de la mente moderna con la constante integración y reelaboración de experiencias a través de múltiples formas de representar la información. Esta memoria externa se suma y potencia a la memoria de trabajo de carácter biológico. Adquirimos nuestro conocimiento simbólico desde afuera a dentro, por lo que lenguaje y símbolos son esencialmente fenómenos de la red social.

Resumen

El desarrollo evolutivo-cognitivo que se aprecia en el género Homo se logra por medio de la evolución de los modelos de representación, es decir, con la evolución de nuevos modos de recordar y representar la información. Cado uno de ellos se superponía al anterior. Para él, el distintivo de la mente moderna es la constante integración y reelaboración de experiencias a través de múltiples formas de representar la información. La última forma es la memoria externa que se suma y potencia a la memoria de trabajo de carácter biológico.
Para Donald adquirimos nuestro conocimiento simbólico desde afuera a dentro, por lo que lenguaje y símbolos son esencialmente fenómenos de la red social. Los seres humanos producen y son producidos por la cultura, al crear formas externas de memoria, los humanos deben de adaptarse neurológicamente (plasticidad neuronal) a ellos.

- Evolución: Se encuentra dentro de una evolución darvinista clásica, aunque admite procesos puntuales, es decir somos la consecuencia de una evolución gradual puntuada ocasionalmente por períodos de cambio acelerado. Parece que en el desarrollo de los procesos clave para la conducta humana es más puntuado que gradual. Aunque no se mencione explícitamente puede hablarse de exaptación o emergencia cognitiva en la última transformación hacia la conciencia teórica.
- Neurología: Aumentos notables de las áreas de asociación cortical, del hipocampo y del cerebelo. Serían la causa del cambio cognitivo, salvo en el último cambio que se debe más a la plasticidad neurológica influida por el medio ambiente. Se remodelan las áreas de asociación terciarias influenciadas por la información interna (recuerdos) y externa (lenguaje, escritura, símbolos, etc.).
- Psicología cognitiva: importancia del medio y del lenguaje. Hay un aumento de la memoria explicita. (Se distingue entre la memoria explícita que hace referencia un tipo de memoria conciente que permite recordar experiencias previas y la memoria implícita que es recuperación no intencional de la experiencia previa que, sin que el sujeto sea conciente de que está experimentando un recuerdo, influencia su comportamiento actual). Mejoramiento de la memoria de trabajo. Carácter emergente de la última conciencia (teórica).
- Sociología: el medio social y los medios de representación externos influyen en la remodelación plástica cerebral y, por tanto, de la conducta. Sobre todo en la última trasformación hacia la conciencia teórica.
- Lenguaje: como medio de transmisión de símbolos y de interiorización cognitiva. El descenso de la laringe con el desarrollo evolutivo del Homo sapiens arcaico, pudo coincidir con el inicio del lenguaje moderno.

II. Problemas teóricos y prácticos

Se puede integrar en la orientación metodológica procesualista, pues realiza una teoría general sobre el origen y desarrollo del pensamiento y conducta humana. Siguiendo estas pautas desarrolló una amplia teoría general sobre la conducta humana con ciertos criterios interdisciplinarios, destacando el carácter psicológico del proceso. Existen diversas críticas a su trabajo, así como problemas prácticos en su aplicación como método interpretativo de la conducta paleolítica.

- Mithen considera un uso incompleto del potencial de los registros arqueológicos por parte de Donald. Este último opina que Mithen subestima mucho el significado de la representación. En general se le achaca ser un tanto especulativo, aunque se basa en los datos arqueológicos no es dependiente de ellos. Establece su evolución cognitiva de una forma muy teórica.

- No particulariza en la importancia de las abstracciones personales, temporales y espaciales. Prefiere dar importancia a las representaciones de la información lograda y elaborada en general, no entrando en el cómo y de dónde se logran las abstracciones. Puede marcar la conducta como una causa-consecuencia (acervo cultural y condiciones cognitivas y socioeconómicas para su logro y desarrollo). Simplemente indica la evolución biológica como forma automática de producción de la evolución de la conducta.

- Presenta un desarrollo evolutivo muy general, sin profundizar en sus causas y fundamentos (Genética y Embriología). Es un tanto genérico y superficial, siguiendo la tónica de todos los prehistoriadores y antropólogos que tratan el tema. Básicamente se une al concepto de los equilibrios puntuados, algo desfasados en la actualidad por ser una teoría demasiado simplista, aunque recoge su importante fundamento evolutivo. No menciona los conceptos de exaptación ni de emergencia.

- Utiliza el lenguaje como fundamental en el desarrollo conductual, pero no lo une al pensamiento y conducta de forma precisa, ni resalta su naturaleza de co-dependientes. En este sentido, las abstracciones, creadoras del pensamiento y trasmitidas por el lenguaje, adquieren una menor importancia.

- Carece de conclusiones que permitan desarrollar un método explicativo de la conducta humana, por medio de la de unas pautas generales de creación y desarrollo de la conducta que poder aplicar a los particulares datos del registro arqueológico.

* Donald, M. (1991): “Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition”. Harvard University.
* Donald, M. (2001). A Mind So Rare: The Evolution of Human Consciousness. New York: W.W. Norton. (AMSR).
* Donald, M. (1998), “Mimesis and the executive suite: Missing links in language evolution,” in J. R. Hurford, M. Studdert-Kennedy and C. Knight (eds.), Approaches to the Evolution of Language. Social and Cognitive Bases. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 44-67.