domingo, 25 de noviembre de 2012

Colin Renfrew




Como dije en la anterior entrada (metodología de la Arqueología cognitiva), voy a ir exponiendo las teorías y problemas que tienen los autores que se han dedicado a esta orientación arqueológica. El primer trabajo teórico sobre las posibilidades de hacer una arqueología cognitiva lo realiza Andrew Colin Renfrew (1982). Su idea es la de obtener respuestas sobre cómo proceder al reconocimiento de las características de la conducta inteligente a través de los restos materiales (Renfrew, 1993).


I. Desarrollo teórico

Para Renfrew la Arqueología Cognitiva tiene como objetivo la búsqueda del significado que los símbolos y representaciones tuvieron para aquellos que los utilizaron o entendieron (Renfrew, 2005). Por tanto, en un principio se enfoca en los símbolos, incluidos el arte y la escritura, pero primordialmente en los símbolos y representaciones como parte del pensamiento y de la inteligencia de la especie humana desde una perspectiva y un contexto arqueológico, como lo es la comprensión, la representación, la descripción y otras manifestaciones icónicas de su realidad. Este tipo de estudio del pensamiento humano debe de tener un aspecto interdisciplinario, por lo que lo liga principalmente a la Psicología, Etología, Inteligencia artificial y a la Neurociencia, pero involucrando a la Arqueología, como medio de conocer la mente de tiempos pasados. Indica tres aspectos principales en sus estudios: La naturaleza de la conducta inteligente; los métodos para reconocer tal conducta en el registro arqueológico, y los procedimientos para hacer inferencias sobre esta conducta a partir de los datos arqueológicos.

En sus intentos de establecer una correlación del pensamiento humano y los datos arqueológicos descubre lo que ha denominado como sapient paradox. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico y complejo) no aparecen hasta fechas que sitúa sobre el 60.000 BP (p.e. en Africa en Bomblos), pero las conductas propias de nuestro sabio cerebro no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años). Con esta fundamental premisa las conductas con un complejo simbolismo (religión, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo cultural en lugar de una innata capacidad biológica. Por tanto pueden clasificarse de productos emergentes o emergencia conductual (Renfrew, 2008).

Busca en las características neurológicas de nuestro cerebro la explicación de tan paradójica situación. Se debe a las características plasticidad neuronal de nuestro cerebro, el cual se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. La plasticidad y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje, con el que aprenden la cultura de la sociedad del presente y del pasado. Los factores emergentes de la mente humana son la consecuencia de la evolución alcanzada hace por lo menos 60.000 años y de su modelación ambiental debida a su plasticidad y a la enseñanza. No hay ninguna razón ni otra necesidad explicatoria para pensar que el genoma humano mutase desde entonces.

La sapient paradox nace con la pregunta ¿Por qué tardó tanto en desarrollarse la cultura humana si la base genética ya existía? La cual se aclara al conocer el carácter ontogénico que había que crear, trasmitir (enseñanza) y mantener. En este contexto, se destaca la gran trascendencia que el lenguaje tiene en este proceso, como ejemplo de la capacidad de simbolización (en cosas, objetos, conductas, etc.). Debió de existir un aumento significativo de la plasticidad neuronal, de la capacidad de aprendizaje y de la comunicación (lenguaje), pues la humanidad no podía alcanzar este desarrollo cultural sin una adecuada técnica de comunicación y almacenaje simbólico. Así establece dos fases en esta evolución cultural:

- Fase tectónica. La vida de los cazadores-recolectores en África hace 60.000 años no parece ser muy diferente de sus antecesores, teniendo el patrimonio genético y cultural de los que se expandieron posteriormente. Para él los cambios importantes sucedieron con el Neolítico (sedentarismo: ganadero-agricultor), aunque otros autores (Gamble, 2007) ponen más énfasis en el Paleolítico superior.
- Fase de la escritura. Cuando realmente se establecen las conductas plenamente simbólicas propias de nuestra especie.

Resumen

- Trabajo interdisciplinario que liga principalmente a la Psicología, Etología, Inteligencia artificial, Neurociencia y Arqueología. El pensamiento simbólico y el lenguaje no pueden comprenderse sin el papel que juega el medio ambiente. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral.
- Psicología. La conducta sabia es un producto emergente muy condicionado a las características medioambientales.
- Neurología. La evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) motivada por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas (plasticidad neuronal) de nuestro cerebro, el cual se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del SNC.
- Sociología. La plasticidad y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje y enseñanza por otros miembros de la sociedad. La influencia cultural es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro.
- Lenguaje. La humanidad no podía alcanzar este desarrollo cultural sin una adecuada técnica de comunicación simbólica.
  
II. Problemas teóricos y prácticos

Al partir de una orientación metodológica procesualista tiene que establecer teorías generales sobre el origen y desarrollo del pensamiento y conducta humana. En este contexto, se asume que los símbolos de cualquier grupo humano tienen siempre el mismo orden de racionalidad. Así, se dio prioridad a la existencia de una Razón Universal en los procesos cognitivos y al positivismo de sus conclusiones. Siguiendo estas pautas desarrolló una amplia teoría general sobre la conducta humana con ciertos criterios interdisciplinarios, pero no lo suficientemente elaborada como para evitar los problemas que se les achacan.

- Se les critica la falta de objetividad de sus estudios, pues reflejan conceptos y formas de pensar actuales, como las del propio investigador, lo que únicamente puede corregirse, hasta cierto punto, con un método interdisciplinar amplio y adecuado.

- Presenta notables problemas para aplicar sus conceptos generales a las particularidades contextuales de cada yacimiento, y de este a poder generalizar ciertas conductas semejantes en diversas áreas geográficas en periodos determinados.

- Carece de un método básico y práctico sobre la forma en que las características psicobiológicas humanas adquieren y procesan la información del medio ambiente y la transmiten generacionalmente, lo que en definitiva es el germen de todo origen y desarrollo conductual.

- Se le aprecia cierta preferencia por los periodos culturales más desarrollados (p.e. el Neolítico), al considerar que en él es el punto de partida de los cambios importantes, aunque otros autores (Gamble, 2007) ponen más énfasis en el Paleolítico superior.

- Al carecer de método y de una adecuada comprensión de las características psicobiológicas humanas, no puede establecer las bases del continuum cognitivo y cultural que ha caracterizado toda nuestra conducta. Así como de una falta de concreción sobre cuales fueron y como de adquirieron los fundamentos abstractos que van constituir la base de nuestro pensamiento, conducta y lenguaje (individualidad social y colectiva ubicadas en los conceptos abstractos temporales y espaciales).

- Se aprecia un escaso fundamento psicológico y lingüístico sobre las formas de creación y desarrollo de la conducta humana, lo que explica su limitado desarrollo interdisciplinario.

- Algunas de sus obras realizadas en unión con otros autores (2009) tratan de diversos temas, pero lo realiza con criterios más dispersos y autónomos que interdisciplinarios.

Todas estas limitaciones teóricas son las causas de su escasa repercusión en el mundo de la Arqueología, como método de estudio de los complejos problemas que la conducta humana presenta desde el mismo momento de su origen evolutivo. Sobre todo se echa en falta algunas aplicaciones prácticas sobre el origen desarrollo y características de la conducta simbólica que aparece en el Paleolítico.

* GAMBLE, C. (2007): Origins and revolutions, human identity in earliest prehistory. Cambridge, UK: Cambridge University Press.
* RENFREW, C. (1982): Towards an Archaeology of Mind: an Inaugural Lecture delivered before the University of Cambridge on November 1982, Cambridge, Cambridge. University Press.
* RENFREW, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge ArchaeologicalJournal, 3(2): 248-250.

martes, 6 de noviembre de 2012

Metodología de la Arqueología cognitiva


    Que la Arqueología cognitiva es muy desconocida, es una conclusión que asumen todos los interesados por el estudio de época pasadas. Pero que dentro de ella existen diversas tendencias metodológicas y distintas formas de realizar sus estudios, no es tan conocido, aunque posiblemente sí sospechado. Mi propósito consiste en realizar una serie de posts en los que de forma individual iría mostrando las diversas teorías y métodos que en la actualidad se están desarrollando la Arqueología cognitiva. Elegiría aquellos autores más representativos de las formas metodológicas desarrolladas a lo largo de la historia de la Arqueología (Procesualismo, Postprocesualismo, Estructuralismo), exponiendo sus teorías y problemas que presentan. El fin principal sería la propia difusión de esta especialidad arqueológica, así como una mayor comprensión de una metodología muy poco difundida, usada y aceptada en muchos medios arqueológicos. Un programa de tal exposición sería:

I.- Procesualismo o Nueva Arqueología.
- Merlin Donald (1991).
- Andrew Colin Renfrew (1982, 1993, 2008).
- Willian Noble y Iain Davidson (1996).
- Steven Mithen (1996).
- Thomas Wynn (1977, 1981, 1989) y Frederick L. Coolidge (2011).
II.- Arqueología Postprocesual o Interpretativa.
- Ian Hodder (1991).
III.- Estructuralismo
- André Leroi-Gourhan (1965).
- Almudena Hernando (1999).
- Ángel Rivera (2004, 2009).

     Líneas generales de metodología en Arqueología cognitiva

    La metodología es la parcela de la Arqueología que menos interés suscita entre los que se dedican a esta disciplina. Normalmente, se siguen criterios generales de actuación práctica, dando por hecho que se está en la línea correcta o por lo menos en la más aceptada, pero tal práctica limita mucho el espíritu crítico del trabajo arqueológico y facilita la permanencia de tendencias teóricas ya superadas por otras disciplinas académicas con relación arqueológica. En el caso de la Arqueología cognitiva el problema es aún mayor, pues todos los problemas enunciados anteriormente se ven incrementados. Por tanto, creo necesario recordar los aspectos más generales de las principales teorías arqueológicas, y de relacionarlas con los problemas arqueológicos, para después y en próximas entradas ir explicando las ideas de los autores que se han dedicado al estudio cognitivo del pasado.

PROCESUALISMO O NUEVA ARQUEOLOGÍA

Es la primera metodología arqueológica que se plantea la posibilidad de conocer las mentes de los seres humanos de otras épocas a partir de los datos arqueológicos. En su inicio ya consideraron que lo cognitivo era un subsistema cultural similar a los económicos o políticos estudiados por la Nueva Arqueología, algunos autores propondrán que la comprensión de lo tecnológico y económico se mejora con el estudio de una perspectiva cognitiva (Flannery y Marcus 1976), al considerar que el pensamiento y la acción son procesos indisociables. Los objetos son el resultado del pensamiento, por lo tanto la ideología es fundamental en los procesos sociales y debe relacionarse (Renfrew y Bahn, 2007). Con este fundamente se crearon teorías generales sobre el origen y desarrollo del pensamiento humano, asumiendo que los símbolos de cualquier grupo humano tienen siempre el mismo orden de racionalidad. Se dio prioridad a la existencia de una Razón Universal en los procesos cognitivos y al positivismo de sus conclusiones. Se intentaron realizar estudios objetivos del fenómeno de la cognición, con el fin de analizar cómo se conoce la realidad en la que se vive (Hernando 1999). 

    En este contexto, la mayoría de los procesualistas han desarrollado amplias teorías generales sobre la conducta humana (Colin Renfrew, Merlin Donald, Davidson y Noble, Mithen, Wynn y Coolidge, etc.) con criterios interdisciplinarios, pero no lo suficiente como para evitar los problemas que se les achacan. Se les critica la falta de objetividad de sus estudios, pues reflejan conceptos y formas de pensar actuales, como las del propio investigador, lo que únicamente puede corregirse, hasta cierto punto, con un método interdisciplinar amplio y adecuado. Igualmente, tienen problemas para aplicar sus conceptos generales a las particularidades contextuales de cada yacimiento. Su principal causa es la falta de un método básico y práctico sobre la forma en que las características psicobiológicas humanas adquieren y procesan la información del medio ambiente y la transmiten generacionalmente, lo que en definitiva es el germen de todo origen y desarrollo conductual (Rivera 2009 y 2010).

ARQUEOLOGÍA POSTPROCESUAL O INTERPRETATIVA

Este término reúne a una gran diversidad de puntos de vista y de tradiciones, por lo que muchos prefieren su denominación de interpretativa que recoge mejor su concepto de diversidad. En ella se incluyen paradigmas como el neomarxismo, el feminismo, el estructuralismo, la arqueología contextual, etc., con el intento de superar las limitaciones positivistas y materialistas de la Nueva Arqueología. Ante la imposibilidad de evitar la subjetividad de la mente del investigador, se cambia radicalmente de rumbo. Se abandonan los intentos de comprensión sobre la percepción de la realidad que pudieron tener los seres humanos en otras épocas, por la gran dificultad que entraña. El tener que utilizar nuestra propia mente para analizar las características de la cognición de nuestros antepasados, culturalmente determinada por nuestra lógica y realidad actual, hace muy difícil que podamos acceder objetivamente a la forma en que los humanos del pasado hubieran percibido la realidad de su entorno y creado sus propios símbolos. Los fracasos en la creación de leyes generales para el comportamiento humano hacen que la interpretación del mismo recaiga en el análisis detallado y particular de cada determinado contexto, aunque en su estudio siempre aparecen las ideas actuales y las propias preconcepciones del arqueólogo.

La Arqueología Interpretativa expresa claramente subjetividad de cada individuo sobre su percepción de la realidad. No se puede generalizar, sino analizar cada yacimiento con precisión, pues sólo con sus particulares datos podemos intuir algo de la génesis de su formación. Lo importante es el contexto (arqueología contextual), donde cada objeto arqueológico es producido por un individuo o grupo de ellos, no por un sistema social (Hodder, 1991). Estos criterios hacen difícil el estudio de la cognición humana en la prehistoria. A los postprocesuales les es muy difícil realizar trabajos generales a partir de sus estudios contextuales, pues les falta una metodología que pueda compaginar ambos campos de aplicación. Igualmente, cualquier tipo de análisis realizado sin un mínimo conocimiento de la funcionalidad psicobiológica humana, que controle y limite las posibilidades de explicación, hace que se caiga en una subjetividad parecida a la que se atribuyó a los procesualistas.

ESTRUCTURALISMO

Aunque en principio puede estar comprendido dentro de la variedad de los enfoques postprocesualistas, sus propias características metodológicas hacen que posea aspectos tanto de esta corriente como de la procesual, por lo que en conjunto adquiere unas formas teóricas que la hacen independiente de ambas. El Estructuralismo siempre intentó realizar valoraciones generales (características procesuales) que poder aplicar a los datos particulares de cada yacimiento (valores postprocesuales), por medio de las propias características formales de su teoría, lo que es muy interesante en el intento de estudiar objetivamente las realidades conductuales del pasado. Esta corriente teórica tradicionalmente está fundamentada en la aceptación de unas estructuras o modelos genéricos, aparentemente no visibles, sobre el funcionamiento que rige la conducta humana (Lévi-Strauss, 1964). En relación con la conducta deben existir unas reglas ocultas consecuencia de nuestras propias características psicobiológicas, que usamos constantemente, pero que no somos conscientes de ellas. Así, las estructuras de percepción (sentidos) y procesamiento (cerebro) de la realidad serían similares en todos los grupos humanos, lo que implicaría que tenemos una forma básica de conocer e interpretar la realidad material del mundo en el que vivimos, y que sería común a todos los pertenecientes a nuestra especie. Habría que volver a desarrollar leyes generales sobre la forma de crear y desarrollar la conducta humana, pero con la suficiente flexibilidad como para que se adaptasen a las particularidades, sociales y personales, de cada contexto arqueológico, es decir, explicar la diversidad cultural y de pensamiento como característica esencial de la conducta humana.

El fin primordial del Estructuralismo es el de realizar una interpretación lo más objetiva posible. Para él, el sujeto que se analiza (seres humanos de la prehistoria o actuales) no es importante, dado que ambos están determinados por esas características comunes que encauzan las acciones de la sociedad, y tampoco el que lo estudia (antropólogo, arqueólogo, etc.), pues sólo intenta descubrir los códigos comunes para entender la percepción de la realidad del grupo observado (Hernando, 1999). Sin embargo, el estructuralismo, como corriente metodológica, pocas veces ha constituido una gran alternativa coherente y duradera en Arqueología. Se ha achacado a que estudia temas muy variados sobre lingüística, gramática, psicología, etc., con una compleja relación entre sí, y de todos con la Arqueología (Leroi-Gourhan, 1965). Pero su principal problema ha sido el desconocimiento de las estructuras básicas y generales (psicológicas y neurológicas) que van a regular la conducta humana, así como las características que la evolución les ha dado. Con su conocimiento se podría desarrollar un modelo teórico común a todos los seres humanos, pero independiente de los aspectos particulares de la cultura que pueden tener diferentes poblaciones humanas en un preciso tiempo y espacio. Así, lo único común a todos los humanos serían los factores estructurales propios de nuestra especie, que pueden aplicarse tanto a los seres humanos actuales como a los que desarrollaron las culturas del paleolítico. Las características de la conducta humana relacionadas con la Biología evolutiva, Neurología, Antropología social, Psicología, Lingüística y Sociología, debidamente interrelacionadas, ofrecen un panorama fácilmente identificable con un estructuralismo funcional, es decir, con la base funcional sobre la que se va ha desarrollar nuestro pensamiento y conducta, teniendo una base común en el género Homo. No obstante, la forma en que esta percepción y procesamiento de la realidad va a dar lugar a la construcción cultural (económica, tecnológica, social y simbólica), sería distinta en los diferentes grupos humanos que conocemos. Su realización, sobre la común base psicobiológica, depende de la interacción de múltiples factores, los cuales a su vez actúan con diferentes formas e intensidad.

En definitiva, la percepción de la naturaleza (sentidos) y su procesamiento (sistema nervioso) son iguales para todos los componentes la misma especie, pero cada grupo humano iría creando una estructura social y personal diferente, dependiente de su propia complejidad socioeconómica, cultural, tecnológica, simbólica, etc. Lo que en un principio es común, en su desarrollo se iría diversificando, pero siempre dentro de nuestras limitaciones funcionales.


* COOLIDGE, F. L. y WYNN, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology.
* DONALD, M. (1991): Origins of the Modern Mind: Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition. Harvard University.
* FLANNERY, K. V. y J. MARCUS (1976): “Formative Oaxaca and the Zapotec Cosmos”. American scientist, 64: 374-383.
* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
* HODDER, I. (1991): “Interpretive archaeology and its role”. American Antiquity, 56 (1): 7-18.
* LEROI-GOURHAN, A. (1965): Préhistoire de l´art occidental. Mazenod. París.
* LÉVI-STRAUSS, C. (1964): El pensamiento salvaje. Fondo de Cultura Económica. México.
* MITHEN, S. (1998): Arqueología de la mente. Crítica. Barcelona.
* NOBLE, W. y DAVIDSON, I. (1996): Human Evolution, Language and Mind. Cambridge: Cambridge University Press.
* RENFREW, C. (1982): Towards an Archaeology of Mind: an Inaugural Lecture delivered before the University of Cambridge. Cambridge University Press.
* RENFREW, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
* RENFREW, C. (2008): “Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047
* RENFREW, C; BAHN, P. (2007): Arqueología: Teorías, métodos y práctica. Akal. Madrid.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
* RIVERA, A. (2010): “Conducta simbólica. La muerta en el Musteriense y MSA”. Zephyrus, 65 (1): 39-63.
* WYNN, T. (1981): “Intelligence of Oldowan hominids”. Journal of Human Evolution 10: 529-41.
* WYNN, T. (1985): “Piaget, stone tools, and the evolution of human intelligence”. World Archaeology, 17:32-43. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Aprendizaje

En la revista Paleoneuroloy se ha anunciado la celebración de una conferencia internacional, cuyo título es muy interesante: "Sustituciónde los neandertales por los humanos modernos: Probar los modelos evolutivos deaprendizaje". La reunión está asociada a un gran proyecto multidisciplinar destinado a considerar la cognición Neandertal, la evolución y la extinción, en términos de las capacidades de aprendizaje y/o transmisión de la cultura. Se celebrará en Tokio los días 18-24 de noviembre del 2012. 

En la misma fecha de publicación que el artículo anterior de Paleoneurology (11-10-2112) se publica la reseña a un trabajo sobre la forma de evolución cognitiva en el género Homo: lineal o ramificada. En él se indica la necesidad de replantear la tradicional forma de evolución neurológica y cognitiva de forma lineal por otras más adecuadas a la realidad arqueológica y paleontológica (ramificada). Igualmente, se plantea la posibilidad de que otras especies humanas podrían haber tenido habilidades cognitivas específicas, que con su extinción se han perdido. 

Forma lineal de evolución humana


Forma ramificada de evolución humana

Lo cierto es que las capacidades de aprendizaje y/o de transmisión de la cultura forman, junto a las capacidades de razonamiento y creatividad, las claves de la cultura humana en todas sus facetas: creación, difusión y mantenimiento. Aunque no existe una definición sobre este proceso aceptado universalmente, muchos de los aspectos esenciales del concepto de aprendizaje se resumen como la adquisición o el cambio duradero en los mecanismos de conducta, resultado de la experiencia con los acontecimientos ambientales (Domjan y Burkhard, 1990; Fernández Trespalacios, 1986; García Madruga y Lacasa, 1990).

Como puede apreciarse el papel del medio ambiente como fuente de materia que aprender, del lenguaje (sonoro, gesticular, mixto) y de la imitación conductual como forma de adquisición del conocimiento del grupo son fundamentales en la transmisión y perduración de la cultura. Sin embargo el papel que el aprendizaje ha tenido en la evolución cognitiva y cultural no se ha estudiado mucho en los medios arqueológicos. El principal problema radica en la limitación del conocimiento psicobiológico que se tienen sobre los humanos del pasado.

Existen importantes diferencias psicológicas entre el niño y el adulto, por lo que tal definición debe matizarse en las diferentes edades en las que se produzca el aprendizaje de las características medioambientales (lenguaje, conducta, tecnología relaciones sociales, etc.). Pongamos el ejemplo del aprendizaje del lenguaje.

Eric. H. Lenneberg (1976) propuso un período crítico para la adquisición del primer lenguaje que finalizaba junto con la pubertad, debido a la terminación de la lateralización hemisférica y algunos aspectos de la plasticidad cerebral (maduración). Para Lenneberg, la maduración que se alcanza con la lateralización hemisférica es responsable de las diferencias entre niños y adultos en la adquisición de una lengua extranjera. De este condicionamiento biológico se infiere que el momento óptimo para aprender una lengua es hasta aproximadamente los 10 años (Gomila, 2004; Newport, 1990). Con la maduración y la organización especializada del cerebro, la capacidad para conocer otro idioma tiende a decrecer. Así, se acepta la existencia de un período crítico para el aprendizaje del lenguaje materno, tras el cual ya no se alcanzaría con normalidad (Belinchón et al. 1992; Lorenzo y Longa, 2003; Mora, 2001).

La inmadurez neurológica y psicológica marca la gran diferencia existente entre el aprendizaje de la primera lengua en la infancia y después del período crítico. En el primer caso lo que se produce es una organización de las áreas de asociación terciarias en función de los estímulos recibidos procedentes de otras áreas corticales. Nada hay que se oponga a la producción de tal proceso (emotividad negativa, recuerdos anteriores, problemas de atención, comprensión, aprendizaje, etc.), basándose éste en las enormes capacidades receptivas, procesadoras y estructurales del niño. Todo queda invertido en el caso del adulto, pues en él existen diversos procesos de distinta elaboración que interfieren y dificultan la enseñanza de un segundo lenguaje (falta de motivación, multitud de tareas que dificultan la atención, poca dedicación, otros desarrollos cognitivos y culturales que dificultan tal aprendizaje, etc.). En el niño se produce una estructuración psicológica de base lingüística (lenguaje interno), mientras que en el adulto es un aprendizaje en el sentido clásico de la palabra, utilizando áreas cerebrales diferentes de las requeridas para el lenguaje materno (Kim et al. 1997). La inmadurez neurológica en fundamental para el aprendizaje lingüístico del niño (Gomila, 1995), pues alarga enormemente el período crítico y facilita la asimilación lingüística del medio ambiente. En general, estos conceptos son válidos para muchas de las funciones cognitivas humanas, entre las que destaca la adaptabilidad como ya se explicó en otra entrada.

El aprendizaje, en esta primera etapa anterior al fin del periodo crítico, es el responsable de que los niños se adapten perfectamente al medio ambiente en el que han nacido, facilitando enormemente toda expansión geográfica a medios extraños para sus padres pero propios para ellos, lo que puede explicar diversos problemas relacionados con las poblaciones paleolíticas en su gran expansión, adaptabilidad y características de creación, transmisión y perduración de su cultura. 

* Angela, P. y Angela, A. (1992): La extraordinaria historia de la vida. Mondadori. Madrid.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Madrid. Trotta.
* Domjan, M. y Burkhard, B. (1990): Principios de aprendizaje y de conducta. Madrid. Debate.
* Fernández Trespalacios, J. L. (1986): Psicología general. Madrid. Gráficas Maravillas.
* García Madruga, J. A. y Lacasa, P. (1990): Psicología evolutiva. Madrid. UNED.
* Gomila, A. (1995): “Evolución y lenguaje”, en Broncano, F. (ed.) La Mente. Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. Madrid. Ed. Trotta, pp, 273-300.
* Gomila, A. (2004): Un marco de referencia para la evolución del lenguaje, Ludus Vitalis, 12: 173-178.
* Kim, K. H. S.; Relkin, N. R., Lee, K-M y Hirsch, J. (1997): “Distinct cortical areas associated with native and second languages”. Nature 388, 171-174.
* Lenneberg, E. H. (1976): Fundamentos biológicos del lenguaje. AU. 114. Madrid. Alianza.
* Lorenzo, G. y Longa, V. M. (2003): Homo loquens. Biología y evolución del lenguaje. Lugo. TrisTram.
* Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
* Newport, E. L. (1990): “Maturational Constraints on Language Learning”. Cognitive Science, 14: 11-28.
* Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid. 
  

viernes, 7 de septiembre de 2012

Evolución biológica y conducta arqueológica

Recientemente se ha publicado en tres revistas científicas (Nature, Genome Research y Genome Biology) 30 artículos científicos sobre los resultados del proyecto ENCODE (Enciclopedia de los Elementos del ADN). Lo más destacado de todos ellos es que, en contra de lo admitido hasta hoy, el ADN calificado como basura es esencial para el funcionamiento de los genes humanos. Este ADN es un gran medio de control sobre la actividad de los genes funcionales hasta ahora reconocidos. Nuestro genoma sólo funciona gracias a las propiedades de control del ADN calificado como basura. Se ha comprobado que una gran parte del genoma está implicada en controlar cuándo y dónde se producen las proteínas, más allá de simplemente fabricarlas. De hecho, según las conclusiones de ENCODE, alrededor del 80% del genoma humano contiene elementos relacionados con algún tipo de función bioquímica, hasta un total de 120 funciones diferentes. No cabe dudad de que la forma de realización de la evolución está muy relacionada con la conducta humana.

Sin embargo, pronto aparece la siguiente pregunta: ¿Qué relación tiene este descubrimiento con las formas de evolución y la conducta humana? Si seguimos actuando con la independencia doctrinal que ha caracterizado la gran mayoría de los estudios arqueológicos, puede que poca y mal comprendida. En cambio, si actuamos con las formas interdisciplinarias, su repercusión adquiere caracteres de gran importancia y de gran poder explicativo para la conducta humana en todos sus periodos.

Sabemos que cualquier capacidad cognitiva es el resultado evolutivo del sistema nervioso que, tras superar los problemas de la selección natural, permiten a sus poseedores desarrollar las conductas que implica su presencia. En definitiva se trata de la aceptación evolutiva de los cambios psicobiológicos necesarios para su realización. Siempre se ha conocido que el proceso evolutivo dispone de diversas formas generales de producción del cambio anatómico. En general, y asumiendo que la existencia de una no excluye la presencia de la otra debido a la evolución en mosaico, se pueden ofrecer dos formas de cambio morfológico. 

I.- La primera está representada por la teoría sintética, que se distingue por formas de evolución (lenguaje y conducta humana) de forma paralela y lenta, estando siempre dirigida durante su desarrollo por la acción de la selección natural, es decir, con una consecuente mejora de la adaptabilidad al medio que hace que perdure y mantenga genéticamente. La adquisición de las capacidades cognitivas que posibilitan la autoconciencia tendrían un carácter de innatismo que, en mayor o menor medida, siempre se producirían. Es la base evolutiva utilizada por la Psicología evolutiva (Cosmides y Tooby, 1992).

II.- La segunda estaría basada en los conceptos que la Biología ha desarrollado en estos últimos años, y que engloba al modelo paleontológico de los equilibrios puntuados (Gould y Lewontin, 1984), donde se explica la producción evolutiva con otros parámetros, entre los que destaca la realización de algunos cambios anatómicos relativamente rápidos, y su posterior sometimiento a los controles de la selección natural. Constituye un modelo epigenético basado en los fundamentos de la Genética y Biología del Desarrollo. Actualmente, se está conociendo que la acción de los genes no es similar en todos ellos. Así, se distingue entre los genes estructurales y los reguladores (genes controladores de la actividad de los genes estructurales en tiempo y tasa de actuación) del proceso embriológico. La mutación de estos últimos va a dar lugar a las heterocronías, produciendo alteraciones ontogénicas o embriológicas, con cambios relativamente rápidos y de gran trascendencia evolutiva (Gould y Lewontin, 1984; Bogin, 1999; Churchill, 1998). Junto a la acción de los genes reguladores, la embriología u ontogénesis presenta un valor evolutivo que es necesario evaluar, pues durante la fase de formación embrionaria se producen cambios morfológicos en cascada durante el curso de su desarrollo. Todo cambio morfológico producido por la mutación de uno o varios genes reguladores, en un determinado momento de la ontogenia fetal, va a repercutir en las siguientes fases de la embriogénesis, sin que sean precisas nuevas alteraciones genéticas. Cuando conocemos la producción de un cambio evolutivo, lo que se ha manifestado es un cambio en la ontogenia o embriogénesis de ese ser (Rivera, 2005, 2009; Sinha, 1996). Hay que considerar a la embriogénesis como un proceso dinámico por medio del cual se produce la formación de los nuevos seres vivos, estando sometida a las leyes biológicas que regulan su desarrollo. No es de extrañar el avance de la Biología evolutiva del desarrollo (Evo-Devo. Evolution-Development), la cual camina en la actualidad por estos derroteros (Sean, 2005). En este contexto evolutivo, el origen de los procesos cognitivos humanos (autoconciencia, lenguaje, etc.) serían la consecuencia de una exaptación evolutiva, manifestándose como una capacidad cognitiva emergenteque aparece después de realizados los cambios neurológicos que lo posibilitan, pero que no fueron creados evolutivamente para tal fin (Gould y Lewontin, 1984; Schlaug et al. 1994). La manifestación y desarrollo de las capacidades cognitivas dependerían en gran medida de las características medioambientales, siendo la base evolutiva elegida por la Psicología cognitiva (procesamiento de la información).

Naturalmente, ambas formas de cambio, dentro del mosaico evolutivo característico de nuestro linaje, pueden darse a la vez, alternativamente y en áreas corporales diferentes. Incluso tales formas están incluidas en los dos modelos evolutivos, pero la importancia evolutiva cambia radicalmente en cada uno de ellos. En el primero es la selección natural la que dirige los cambios morfológicos, admitiendo de forma más ocasional que frecuente los procesos de exaptación. Mientras que el segundo da más valor a los procesos heterocrónicos, embriológicos y epigenéticos dentro de una amplia utilización exaptativa. Estas características dificultan mucho su estudio, obligando a mantener los dos procesos de cambio como posibles, pero dentro del concepto de evolución mosaico.

El hallazgo recientemente publicado refuerza la gran actuación del ADN (genes o cadenas no bien definidas) como regulador de la manifestación de los genes estructurales. La conducta adquiere patrones que se acoplan mejor con los caracteres evolutivos de exaptación y psicológicos de emergenciacognitiva. La adaptación de estos conceptos a la Arqueología ha sido llevada por medio del Estructuralismo funcional (Arqueología cognitiva: orientación psicobiológica), con importantes aplicaciones a problemasarqueológicos.
Un resumen de la complejidad evolutiva la podemos ver en el siguiente esquema.


* Bogin, B. (1999), “Evolutionary Perspective on Human Growth”. Annu. Rev. Anthropol, 28: 109-53.
* Churchill, S. E. (1998), “Could Adaptation, Heterochrony, and Neanderthals”. Evolutionary Anthropology, 7:45-60.
* Cosmides, L. y Tooby, J. (1992), "Cognitive adaptations for social exchange". En Barkow, J., Cosmides, L. & Tooby, J., (eds) (1992), The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture. New York: Oxford University Press.
* Gould, S. J. y Lewontin, R. C. (1984), “The spandrels of San Marco and the Panglossian paradigm: A critique of the adaptationist programme”, pp. 252-270. En E. Sober (ed.), Conceptual Issues in Evolutionary Biology: An Anthology. Bradford Book. Cambridge (Mass.).
* Rivera, A. (2005), Arqueología cognitiva. El origen del simbolismo humano. Madrid. Arcos/Libros
* Rivera, A. (2009), Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
* Sean, B. C. (2005), Endless Forms Most Beautiful: The New Science of Evo Devo and the Making of the Animal Kingdom, W. W. Norton and Company.
* Schlaug G.; Knorr, U. y Seitz R. J. (1994), Inter-subject variability of cerebral activations in acquiring a motor skill. A study with positron emission tomography. Experimental Brain Research 98: 523-534.
* Sinha, Ch. G. (1996), “The role of ontogenesis in human evolution and development”. En Andrew, L. y Charles R. P. (ed.): Handbook of Human Symbolic Evolution. Oxford, Clarendon Press.

jueves, 30 de agosto de 2012

Dificultades de la Arqueología cognitiva

La Arqueología cognitiva es un método científico de investigación arqueológica muy desconocido. Sus causas son múltiples, y para poder conocerla un poco mejor es preciso realizar un análisis de las mismas, así como de conocer sus fundamentos teóricos y la metodología que aplicar a los datos arqueológicos. En definitiva, poder conocer ¿qué estudia? y ¿qué formas y métodos utiliza? 

La primera es relativamente fácil de contestar, pues de un modo genérico su principal meta es el conocimiento del origen y evolución de la cognición humana en el pasado. Esta definición es aplicable a toda la conducta humana en todas sus facetas, y no sólo a las conductas con un claro componente simbólico. Se parte de la premisa de que toda manifestación conductual humana sería la consecuencia de la actividad cognitiva de sus creadores. La segunda cuestión es mucho más compleja, pues su contestación depende de numerosos factores. Para entender tal complejidad habría que conocer los problemas que dificultan su conocimiento, uso y expansión:

1 - Puede que el principal sea que para su desarrollo tenga que utilizar ciencias ajenas a la Arqueología, pero propias del estudio de la conducta humana en la actualidad (Neurología, Sociología, Psicología, etc.). Estas ciencias aportan conocimientos y estudios realizados por autores que son muy desconocidos en el mundo arqueológico, lo que crea un ambiente de desconfianza, dificultad de comprensión y aplicación. Se suma que en muchos medios universitarios tampoco tienen mucho interés en su utilización y desarrollo, estudiándose muy superficialmente. Pocos de los recién graduados en Arqueología podrían desarrollar un tema amplio sobre la Arqueología cognitiva.

 2 - Como disciplina de reciente creación ha comenzado desde cero, como le ocurrió Arqueología general en sus inicios hace más de un siglo. Todo comienzo es errático, confuso y muy difícil de establecer, lo que sólo se consigue tras numerosos errores, correcciones, polémicas, y mucho trabajo. La Arqueología cognitiva se encuentra en una fase muy inicial, tanto en su metodología como en su aplicación a los datos arqueológicos.

3 - La propia idoneidad de su contenido (la cognición humana en la Prehistoria) hace necesario que se utilicen diversas ciencias, las cuales tienen que estar debidamente relacionadas. Es decir, se precisa estudios interdisciplinarios, lo que conduce a nuevos problemas como son la elección de las ciencias a utilizar, elegir las tendencias metodológicas de cada disciplina (sobre todo las más actualizadas) y realizar una interconexión interdisciplinaria lo más profunda posible.

4 - Los estudios no sólo deben establecer teorías generales sobre la cognición humana, sino que deben establecer unas pautas sobre la forma en que se origina y desarrolla la conducta humana. Éstas deben de ser asequibles a los arqueólogos, para que puedan aplicarlas con cierta seguridad en la interpretación del registro arqueológico.

Todos estos problemas dificultan enormemente el desarrollo teórico y práctico de la Arqueología cognitiva, favoreciendo el desinterés de la mayoría del mundo arqueológico. Hay que reconocer que lo que no se ha aprendido desde el principio, es ajeno a nuestros conocimientos y presenta una importante dificultad teórica y una utilidad práctica muy limitada, es muy difícil que despierte nuestro interés y, por tanto, su aplicación dentro de los estudios arqueológicos. Sobre algunos de estos problemas ya he hablado en anteriores entradas, por que remito a las mismas, limitándome en esta ocasión en la última expuesta: la creación de teoría generales y formas prácticas asumibles que aplicar a los datos de los yacimientos.

Pautas generales del origen y desarrollo de la conducta humana

Creo que todos estamos de acuerdo en que la conducta humana es la consecuencia de la actividad cerebral de sus creadores. Para entender la primera parece lógico que hay que tener ciertos conocimientos sobre el funcionamiento cerebral. Tradicionalmente, se admitía que la evolución de nuestro linaje fue aportando sucesivamente las capacidades cognitivas que posibilitaban los cambios conductuales. La selección natural guiaba y mantenía aquellos cambios que supusieran una ventaja selectiva. Así, todo cambio conductual se justificaba con las mutaciones genéticas oportunas. Todo es sencillo, fácil de entender, explicar y aplicar, pero son los propios datos arqueológicos los que han puesto importantes pegas a tan clara explicación.

Andrew Colin Renfrew (2008) establece el concepto de la sapient paradox”, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro no se establecieron hasta mucho después, por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) promovida por las características medioambientales del entorno (social, tecnológico, ambiental, simbólico, etc.). La identificación del comportamiento moderno con una especie y un origen puntual y abrupto, sólo pueden definirse como “episodios saltacionistas”, relacionados con una mutación favorable (Klein 2003), de las que no existen ningún dato que justifique su existencia. 

En las entradas sobre la Arqueología cognitiva (orientación psicobiológica) ya he comentado este problema, en que siguiendo las premisas de la interdisciplinariedad hay que distinguir entre las capacidades cognitivas adquiridas genéticamente (evolución biológica) y su desarrollo (evolución cultural). Tenemos las capacidades (hardware) que la evolución nos ha dado, pero su simple existencia no implica su inmediata repercusión en la conducta, hay que desarrollarlas creando y aplicando el software adecuado. De la comprensión de estas dos caras de la misma moneda (desarrollo cognitivo) es de donde hay que sacar las reglas generales y básicas para el estudio de la conducta humana. Serían las que aplicaremos en la comprensión del desarrollo conductual humano en el Paleolítico. Por tanto tenemos tres apartados donde debemos dirigir nuestros estudios de la Arqueología cognitiva, sin olvidad que las tres forman una unidad funcional:

I- Base biológica (hardware: cerebro) de las capacidades cognitivas humanas (funciones ejecutivas, sistema emocional, memoria, abstracción, razonamiento, Percepción, creatividad, etc.). Habría que analizar sus mecanismos de evolución para poder conocer sus propiedades psicobiológicas y relacionarlas con la conducta. 

II- Desarrollo medioambiental de las capacidades cognitivas básicas. Evolución cultural Software. Interfaz que relacione las capacidades cognitivas con el medio ambiente: Percepción sensorial, Lenguaje, cultura, medios de almacenamiento de información externa. Emergencia de nuevas capacidades cognitivas (Lenguaje, simbolismo). En su estudio habría que analizar las conductas que requieran la existencia de cierto desarrollo cognitivo:
- Componentes básicos de la cognición humana: individualidad (social y personal), espacio y tiempo
- Planificación conductual con los parámetros temporales y/o espaciales.
- Relaciones sociales intra e intergrupales.
- Desarrollo de la individualidad social y personal (autoconciencia).
- Conductas simbólicas, espirituales, religiosas, jerárquicas, etc. 

III- Datos arqueológicos relacionados con el desarrollo cognitivo. Se realiza por medio de dos grupos de acciones.
A.- Características de la conducta humana:
- Proceso cultural acumulativo. Para su logro se necesita cierta estabilidad demográfica que facilite su perduración, transmisión generacional y progreso.
- Continuum heterogéneo en el tiempo y el espacio, con estadios intermedios de muy difícil conceptualización,
- La información necesaria para adquirir los conceptos y abstracciones que van a configurar la conducta humana en todos sus niveles han de lograrse de la observación del medio ambiente en el que se vive, tanto de la propia naturaleza como de las construcciones sociales que los grupos humanos vayan creando
B.- Consideraciones sobre su estudio:
- Estudios interdisciplinares ampliamente representados.
- Racionalización de la estructura cognitiva: sus componentes básicos.
- Los datos arqueológicos como guía del desarrollo cultural y cognitivo.
- Amplia representación poblacional.
- Valorar sólo los datos arqueológicos reales que se obtengan del registro arqueológico.



Un problema muy importante, que siempre hay que tener en cuenta en el desarrollo cognitivo de las diferentes especies del género Homo, es que nunca podremos conocer la potenciabilidad real de las capacidades cognitivas de cada especie humana. Los restos arqueológicos nos informan sobre las consecuencias de su desarrollo, pues depende de las características de la interfaz que haya podido crear en su época (lenguaje, cultura, relaciones sociales, etc.), pero nunca sabremos el límite de su capacidad cognitiva. Hay que pensar que un ser humano del Paleolítico superior en nuestra época podría ser ingeniero, la capacidad cognitiva es la misma, pero su desarrollo es diferente y desigual en algunos aspectos.



El gran problema de la Arqueología cognitiva es que la mayoría de los autores que han trabajado en su estudio se han dedicado principalmente a la elaboración de teorías generales, pero han trabajado poco la creación de leyes básicas de aplicación al registro arqueológico. La elaboración de estas reglas básicas me ha permitido aplicarlas a los datos arqueológicos sobre diversos temas y periodos como ya indique en la entrada de aplicación de la Arqueología cognitiva. Hay que estudia las diferentes formas y métodos realizadas por los diferentes autores para comprender las limitaciones existentes y el camino que la Arqueología cognitiva debe de desarrollar.

* KLEIN, R. G. (2003): “Whither the Neanderthals?”. Science 299, 1525–1527.
* RENFREW, C. (2008): ”Neuroscience, evolution and the sapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.

viernes, 3 de agosto de 2012

Conducta, pensamiento y lenguaje en el Paleolítico


En los medios arqueológicos se admite cierta relación entre la conducta observada en los yacimientos, el lenguaje de sus creadores y el pensamiento que pudieron tener. Sin embargo, la relación que estos tres procesos tienen entre sí, y de todos ellos con la evolución cognitiva y conductual, no está bien definida, pues estos se originan y evolucionan dentro de una estrecha interrelación. De tal manera están relacionados, que el conocimiento de uno de ellos (conducta apreciada en los yacimientos) tiene que corresponderse con una determinada forma de pensamiento y de su correspondiente simbolización social (sonora, gesticular, gráfica o mixta).


El lenguaje siempre se ha considerado como una propiedad humana de características innatas y exclusivas de los seres humanos. Este concepto nace de la simple observación, pues ningún otro animal es capaz de producir los sonidos del lenguaje con las características de intencionalidad y comunicación social de lo que pensamos. La idea de innatismo se refuerza con el hecho de que aparentemente todos los niños comenzaran a hablar desde muy temprana edad, sin que se aprecie un claro proceso de enseñanza intencionada por parte de algún adulto. Parece que genéticamente estamos programados para hablar, usando una determinada lengua. Sin embargo, la falta de unas condiciones sociales con un mínimo de cualidades específicas para su desarrollo, la aparición del lenguaje, su riqueza de expresión y la normalidad cognitiva de los niños, estarían muy limitadas. El ambiente en el que viven los niños pequeños tiene una vital importancia para el desarrollo de un lenguaje, de sus facultades mentales, de la estabilidad emocional y, por tanto, de su supervivencia (cultura y cognición).

Estas ideas nos indican la necesidad de considerar a las capacidades cognitivas como posibilidades a desarrollar, siendo la conducta observada el resultado del desarrollo de dichas capacidades. Así, se explica el carácter de mosaico cultural (Straus, 1996, 2005) que vemos en la conducta de la transición paleolítica, o la heterogeneidad temporal y espacial que recientemente se está exponiendo por diversos autores (D´Errico y Stringer, 2011)No obstante, el estudio del lenguaje en el Paleolítico no se suele analizar por las correspondientes conductas sociales y personales que es capaz de generar, sino por la capacidad de articulación sonora que los homínidos de nuestro linaje son capaces de producir. Pues esta capacidad sonora, por sí sola, no indica nada sobre su desarrollo como medio de simbolización del pensamiento, que es la causa primaria de toda conducta.

El lenguaje es tan importante para los seres humanos que sin él no hubieran podido producirse las numerosas culturas que han jalonado nuestra historia. Pero su importancia no radica sólo en la expresión sonora de lo que pensamos, sino que su función social (siempre se habla entre varios) y del desarrollo cognitivo (emocional y racional) que es capaz de producir, pues son tan fundamentales como la comunicación. No obstante, estas características cognitivas del lenguaje no siempre se han conocido ni tenido en cuenta en la explicación de los hechos humanos. Como puede apreciarse, existe una intensa e interesante relación entre el pensamiento (capacidades cognitivas), el lenguaje y la conducta humana. Tal relación queda reflejada en las características de nuestro pensamiento, pues si prestamos un poco de atención, cuando pensamos es como si habláramos con nosotros mismos (lenguaje interno). El pensamiento de beneficia de la fluidez y ordenamiento del lenguaje, aunque tales características no dejan de ser, a su vez, consecuencias de las capacidades cognitivas (abstracción, simbolización, etc.) del pensamiento.

La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico demaduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al. 1992; Vygotsky, 1920). Hay que añadir que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos. Cualquier proceso cognitivo tiene asociada una correlación emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992).

¿Cómo se relacionan estas ideas con el Paleolítico?

La relación es fácil de indicar. Si el niño principalmente aprende los conceptos abstractos y el simbolismo de la sociedad en la que vive por medio del lenguaje, es imprescindible que éste exista. Pero su existencia ni es innata ni ha estado siempre presente, lo único innato es la capacidad humana para su creación, pero no su propia realización. El lenguaje hubo que crearlo, mantenerlo y desarrollarlo. Pero no sólo en su aspecto sonoro o gestual (aparato fonador, gestos, etc.), sino en los aspectos psicobiológicos y evolutivos que facilitaban la capacidad de producirlo, junto con los aspectos socioeconómicos, demográficos y ambientales que posibilitaron su creación y desarrollo.

El Paleolítico fue el periodo en el que se formó evolutivamente el ser humano moderno (con sus capacidades cognitivas) y se crearon las condiciones medioambientales necesarias para su desarrollo. En este sentido, los útiles y conductas que vemos en los yacimientos arqueológicos son la manifestación externa del desarrollo cognitivo que alcanzaron sus creadores. Para la Arqueología cognitiva la evolución tecnológica (lítica y ósea) es sólo una manifestación de la conducta humana, pero no siempre es la más importante (aunque si la más abundante). Si lo más característico de la conducta humana moderna es el simbolismo que conlleva, los indicios (conductas, adornos, objetos, grabados, pinturas, etc.) de esta cualidad humana serían los que nos pueden ofrecer mayor información sobre lo más trascendente de la evolución cognitiva y conductual de los seres humanos: la conducta simbólicaPero, para estudiar el simbolismo hay que tener unos medios teóricos adecuados, lo que la Arqueología cognitiva está tratando de plantear en la actualidad.

* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
* Straus, L. G. (1996): “Continuity or rupture: convergence or invasion: adaptation or catastrophe: mosaic or monolith: view on the Middle to Upper Paleolithic transition in Iberia”. En E. Carbonel y M. Vaquero (eds.): The Last Neandertals, The First Anatomically Modern Humans 51-76. URV. Tarragona.
* Straus, L. G. (2005): “A mosaic of change: the Middle–Upper Paleolithic transition as viewed from New Mexico and Iberia”. Quaternary International. 137, (1): 47-67.
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.