martes, 30 de diciembre de 2008

Simbolismo 3

De todo lo dicho hasta ahora, que ha sido mucho, creo que debe existir cierta confusión, siendo preciso sacar conclusiones:


- La conducta simbólica, y por tanto el simbolismo, es un complejo proceso en el que intervienen las capacidades cognitivas (capacidad de abstracción, de simbolización, funciones ejecutivas del lóbulo prefontral, etc.) que cada especie haya podido adquirir evolutivamente, pero con un carácter emergente.


- Desarrollo cognitivo de tales capacidades (la realización emergente de tales posibilidades cognitivas), que dependerá de las características del medio ambiente cultural en el que vivan.


- Características medioambientales. Para un adecuado desarrollo cognitivo, de características del simbolismo humano, es necesario un adecuado desarrollo demográfico, tecnológico y social, donde se generen las diferencias entre los diversos elementos del grupo. Estas serían de todo tipo, empezando por las más simples de diferenciación de tipo social (familiar, de grupos o poblaciones), o a las más complejas con los elementos de características económicas, tecnológicas, políticas, logísticas, etc.


- Las primeras abstracciones que se debieron de producir estarían relacionadas con el lenguaje. Así, la primera conducta simbólica fue el lenguaje que pudieron elaborar las poblaciones paleolíticas primitivas.


- Su posterior evolución se fundamentaba con la elaboración y uso de los conceptos lingüísticos y cognitivos de la individualidad personal y social, ubicadas en el tiempo y en el espacio. Su desarrollo dependía de las características medio ambientales ya señaladas. Existiendo un estrecha relación de dependencia entre el desarrollo de estas bases fundamentales del lenguaje, pensamiento y conducta con los aspectos del medio cultural en el que se originan y ayudan a desarrollar a su vez.


- El origen del simbolismo más complejo (religión, magia, mitos, sociedades complejas, etc.) no puede comenzar hasta que no existan las condiciones necesarias para su creación (capacidades cognitivas necesarias y los medios ambientales precisos para su desarrollo).


- Como sólo podemos conocer todos estos procesos por los pocos y escasos restos que encontramos en los yacimientos, tendrán que ser las características de los mismos los que nos guíen en el desarrollo de estas complejas conductas humanas.


- Si en una sociedad paleolítica (p.e. Musteriense) no encontramos conductas que reflejen un claro desarrollo de la individualidad y de su ubicación en el tiempo y en el espacio. Ni existe un importante desarrollo demográfico, junto con una tecnología, economía y logística poco desarrollada. Es muy difícil poder relacionar las posibles inhumaciones voluntarias que encontremos en su hábitat con un simbolismo de tipo religioso.


La religiosidad puede ser más una intromisión subjetiva del que estudia el yacimiento, que una realidad conductual de sus moradores. Sobre todo, si las únicas pruebas que puede aportar de tal conducta religiosa son las culturales relaciones entre muerte y religión vistas en los periodos históricos posteriores, su propio criterio y la falta de datos que puedan decir lo contrario. Podrá generarnos dudas sobre si es o no religioso su simbolismo, pero no convencernos de tal realidad. Por otro lado, si la sociedad del yacimiento no tiene las características básicas del simbolismo moderno (individualidad, tiempo y espacio), difícilmente podrá tenerlo una de sus manifestaciones (las inhumaciones).


Sin embargo, si puede que haya que justificar la producción de tales enterramientos y la existencia de algún tipo de simbolización que esté en consonancia con los aspectos sociales del grupo. Mucho hay que estudiar en este aspecto, pero desde luego con algún tipo de método y orden.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Simbolismo 2

No es raro que la mención de los conceptos de la individualidad personal o social, del tiempo y del espacio, nos suenen a temas filosóficos muy difíciles de relacionar con la arqueología que tanto nos gusta y apasiona. El principal motivo es que de todos los autores conocidos de la Prehistoria prácticamente ninguno se hace eco del origen y desarrollo de tales conceptos, evidentemente porque ni su formación profesional, ni la tradicional explicación de los yacimientos arqueológicos hacen la más minina referencia a estas abstracciones.


Sin embargo, no todos los prehistoriadores opinan lo mismo. Como ha podido comprobar de primera mano la prehistoriadora Almudena Hernando (1999; 2002: 119-143), profesora de la Complutense de Madrid, la forma en la que los conceptos temporales y espaciales se realizan de forma diferente para cada grupo humano. Un ejemplo característico lo constituyen algunas sociedades primitivas actuales, como ocurre en diversos grupos de amerindios del Amazonas (Bororo, Kayapó, Yanomami, etc.). En su conducta se aprecia ciertas limitaciones en sus propias formas de vida y comunicación, naturalmente en comparación con las nuestras. Sus necesidades tienen siempre cierto carácter urgente, al tener que realizarse dentro de los parámetros del aquí y ahora, por lo que el futuro lejano no existe. Igualmente, estos grupos humanos presentan un concepto temporal limitado a un futuro próximo, donde deben realizarse las acciones que son capaces de pensar. De la misma manera, para ellos, el espacio queda limitado al territorio conocido por medio de sus propias experiencias, el resto es como si no existiera.


El tiempo y el espacio son diferentes para ellos y para nosotros, la realidad es que al no existir como entidades materiales fáciles de observar y coger, hay que crearlos partiendo de cero, lo que significa unas capacidades cognitivas altas, motivación suficiente y adecuación demográfico oportuna.


El conocimiento de cómo realizan las sociedades primitivas actuales estos conceptos, sólo nos puede aportar la certeza de su diferencia, y cierta idea de cómo pudieron los humanos del Paleolítico realizar dichos avances simbólicos. La identificación y el grado de desarrollo que debieron alcanzar en el pasado estos conceptos y el de individualidad deben estudiarse en común, pues todos ellos constituyen la parte estructural del lenguaje. Lo que parece tema de estudio de filosofía. Se convierte en un aspecto casi desconocido de la realidad de nuestros ancestros en el Paleolítico. Creo, que es importante, e incluso apasionante, introducirse en el estudio de estos procesos, que, por otra parte, son temas en los que puede que seamos pioneros en el estudio de la naturaleza cognitiva y simbólica humana.


* HERNANDO, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
* HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).



lunes, 15 de diciembre de 2008

Simbolismo 1

Si algún tipo de simbolismo ha existido siempre en la evolución del género Homo, las diferencias entre el principio y el final de tal cambio evolutivo tendrán que estudiarse desde un punto de vista analítico. No basta decir que tal o cual conducta u objeto fue posiblemente simbólico. Hay que matizar qué tipo de simbolismo conlleva, si es que tenía o podía tener alguno.


La complejidad del simbolismo vendrá dada por las características de las abstracciones que realicemos y que simbolicemos. Esto nos lleva a una crucial pregunta ¿Existen abstracciones básicas y fundamentales para la realización del simbolismo que conocemos? Si es así, de nuevo aparecen nuevas preguntas ¿Cuáles son? y ¿Cómo aparecen?


Siempre que se habla de simbolismo en el Paleolítico, o se menciona como simple hecho de imposible averiguación (el ocre encontrado en los yacimientos musterienses se relaciona con un posible simbolismo ¿cuál?), o se intenta relacionar con conductas religiosas, mágicas, artísticas, sociales, o con procesos conocidos en la actualidad. Sin embargo, estas relaciones simbólicas, aunque sus componentes sean muy elementales, no son los conceptos simbólicos más elementales.


Para cualquier conducta mínimamente simbólica, incluso en el caso de que se trate de las formas más elementales como indicar acciones (comer, cazar, etc), siempre hay que tener la referencia (por lo menos en el pasado con un simbolismo inicial o poco elaborado) de quién hace la acción, dónde y cuándo, ya sea de una forma directa (yo, nosotros, ahora, etc.) o indirecta (dando a entender a los oyentes ciertos datos al respecto). Sin estas referencias simbólicas, tal simbolismo cae en la simple manifestación de deseos sin querer realizar una conducta conjunta. Por ejemplo, podría ser el prototipo del lenguaje de los primates actuales.


Parece claro que cierto desarrollo de estos conceptos abstractos que no se dan en la naturaleza como hechos fácilmente observables, sino que hay que extraerlos de la misma por procesos cognitivos complejos (abstracción), son imprescindibles para el inicio de todo simbolismo conceptuado como conductas religiosas, mágicas, etc. Pues en todas ellas siempre hay componentes de individualidad, y una ubicación en un tiempo y espacio determinado, lo que por lógica hay que crearlo con anterioridad.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Componentes del simbolismo

Si seguimos la definición de simbolismo, vemos que el proceso se compone de varios componentes de diversa índole.


- Psicobiológicos: que nos aportan la capacidad cognitiva de crear las ideas o abstracciones que se quieren simbolizar. La simbolización es una correspondencia directa, en principio, y mucho más compleja con posterioridad, de estas ideas (parte simbólica invisible) y los objetos, sonidos y conductas (hecho simbólico visible). Naturalmente estas capacidades son adquiridas evolutivamente, si bien sólo como potencialidades a desarrollar.


- Sociales. Es absolutamente necesario aplicar un mínimo consenso social a todo el proceso, pues va enfocado a las relaciones sociales.


- Lingüístico. Es imprescindible un lenguaje que sirva de transmisión, enseñanza y almacenaje en la memoria de tales procesos simbólicos.


Las raíces de nuestras capacidades cognitivas se encuentran en las especies de las que provenimos evolutivamente, aunque su grado de desarrollo y las mismas cualidades emergentes que presenta nuestra especie las diferencia claramente. Pero hay que reconocer que incluso entre los primates actuales, parece que existe cierto simbolismo verbal, al aplicar a ciertos sonidos, socialmente reconocibles, determinadas conductas o información. En teoría, parece que se trata de una forma de simbolismo, aunque también hay que reconocer que es de características muy elementales, muy poco variado y limitado a muy pocas especies, casualmente a las más desarrolladas cerebralmente.

Nuestro simbolismo, que sin duda tiene a las anteriores características básicas en su desarrollo, tiene componentes mucho más complejos, consecuencia del carácter emergente de nuestras capacidades cognitivas. Esto ya nos indica un hecho trascendental en la historia de nuestro linaje: si los primates actuales tienen conductas que pueden estar relacionadas con procesos simbólicos (aunque sean muy elementales), todos los homínidos que les siguieron en las diferentes cadenas evolutivas devieron de tenerlo también. Por lo que el simbolismo es una capacidad cognitiva que siempre ha existido en el linaje del género Homo.

lunes, 1 de diciembre de 2008

DEFINICIÓN DE SIMBOLISMO

No cabe duda que la característica cognitiva que más nos caracteriza a los humanos es la capacidad de crear conductas marcadas por un simbolismo consciente, socialmente compartido y con medios adecuados para su transmisión y perduración. Sin embargo, en toda exposición de temas de esta índole, muchas veces existen matices que, si no se delimitan con anterioridad, son la fuentes de discusiones sobre diferentes particularidades o matices, lo que genera confusión y discusiones bizantinas. Por tanto, antes de comenzar con el estudio del simbolismo humano, creo preciso elaborar una definición que sirva de base de la exposición y del debate si se presenta.


El simbolismo es un proceso cognitivo que otorga a determinados objetos, pinturas, sonidos o conductas la representatividad de ciertas ideas, conceptos o creencias, que la sociedad ha generado y aceptado en su conjunto. 


Para su realización es necesario la capacidad de creación tales conceptos abstractos e ideas a los que poder simbolizar, facultad que no siempre se ha tenido plenamente desarrollada. Estas abstracciones tienen una cualidad destacada, como es el desplazamiento, pues existen en nuestra mente sin tener que referirnos necesariamente a un tiempo y lugar determinado, liberándose de la imposición del aquí y ahora. Por tanto, el proceso de simbolización consiste en relacionar estas abstracciones con sonidos y gestos (lenguaje), con objetos (elementos simbólicos) y conductas (usos, costumbres), siendo necesario aplicar un consenso social a todo el proceso. Esta correspondencia simbólica puede ser muy variada, pues muchos son los objetos de la vida cotidiana sobre los que descargar la representatividad elegida. En su inicio surge el problema de no poder distinguir si tal objeto fue creado para un fin útil o para el simbolismo elegido.